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́caléndula ༄ gave a gift (Tulip) to Thrum Gor'gaz.
-Tocó el suelo con un dedo para hacer crecer una flor.- De mi para ti este regalo. Por favor, no la prives de la vida.
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Thrum Gor'gaz Add as Friend
Age: 43
Gender: Male
Status: In a Relationship
1 year ago · ·
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1 year ago · ·
́caléndula ༄ has just replied in the topic [Trama Paralela] Conociendo al Enemigo 2: Veneno de Escorpión..
Rhaamael Du Kin
[center][code] Ciudad de Danzing - Principado Imperial [/code]
[/center]
[image=https://cdna.artstation.com/p/assets/images/images/003/876/710/large/davis-engel-taj-mahal2.jpg]

No es más que una brisa, un susurro imperceptible que se pierde entre las fuertes corrientes de viento que rodean la ciudad en la cercana tarde. El tumulto de las personas parece estar por fin cediendo, Danzing es una ciudad famosa por ser cosmopolita y una de las capitales religiosas del Reino del Sol, sumado así como un punto comercial bastante considerable en el mercado interno de los demás principados. El movimiento de las personas es siempre atroz, abismal y tan poblado que el asesinato silente resulta impensado por la caterva de guardias, de centinelas y pretorianos que recorren las calles bajo el sello de la Diosa de la Muerte.

Pero está vez, él sería la Muerte. Rhaamael amaba las grandes ciudades por sus fiestas, sus inciensos, sus amantes y por su exquisito vino, se llevaba más que bien con grandes cúspides Imperiales pero aún así no llegó a la ciudad como el famoso peregrino de blancos cabellos, sino que traspasó sus murallas como un viento helado que solo podía significar que no había espacio para burlas ni para fiestas, lamentablemente solo la furia de sus filos y su veneno sería mella el paso de la noche.

Bajo la [i]Danza del Oculto[/i] fue más rápido que el ojo humano, y tan solo instantes necesitó para cruzar desde las murallas hacía los poderosos techos de teja de los templos, de los hogares y palacetes que ahí habían. Jamás frenó, era un proceso donde su celeridad se hacía espacio y se hacía instante unidos en una marcha que incansablemente le condujo hacía su destino. El Hijo del Viento se había envuelto en una larga marcha que le convertía en un fragmento etéreo de pura velocidad que no parecía dejar evidencia entre los guardias que andaban por los callejones, en las plazas y en un eterno vaivén de vigilancia.

Esperó a que la noche llegará, paciente a orillas de un Templo del Sol. Las horas pasaban y él yacía ahí, escondido en la atalaya reinante que permitía una visión panóptica del lugar de su objetivo; Ahí estará la Sacerdotisa Mahonari. No podía verla, quizás esté escondida en una de las tantas salas del templo que frente al palacete existía. Miró directamente hacía su gran plaza, ubicada en el medio de las pequeñas murallas que lo rodeaban en un gran rectángulo, había grandes extensiones de hierbas y pocos arboles.

Necesitaba que la noche fuese más noche para poder intentar colarse en ese edificio maldito, asesinar a su objetivo y alejarse la ciudad tan pronto le fuese posible, no era propio de un Escorpión Blanco entablar batallas contra ejércitos enteros por voluntad propia, debían de matar a su objetivo y a quien evitará el mismo, estos últimos deberían ser los más evitables. Rhaamael no contaba con ser el único con intenciones de matar está noche.


[code] Trama abierta para todos. Solo manden privado para acordar el orden, por ahora es: Rhaamael - Annipe - ETC. [/code]
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́caléndula ༄ · 1 year ago
-Su estado de inconciencia le impidió sonreír con la satisfacción de una cazadora, pues ya no sentía ni percibía; algo más actuaba por ella. Y con suerte, pues con la oportunidad de razonar no hubiese logrado ni la mitad de lo que deseaba proponerse para defenderse en una situación como aquella.

Tan metida en si misma estaba, que no vio venir a aquel que arremetió contra su cuerpo para tomarla. La sorpresa y el cambio de estado, que antes era el de un fuerte roble, la obligaron a abrir sus ojos con desesperación por ver quién era el que la tomaba. Pero el dolor que sintió en sus manos y espalda la confundieron nuevamente. Aquellas ramas que metidas bajo el suelo estaban, no tuvieron tiempo de volver retraídas a su poseedora, y el tirón que forzó la rapidez del contrario con simpleza las arrancó desde su base. Y es que la alerta no la había escuchado; y ahora por culpa de su descontrol vengativo ya no tenía dedos. Y los luceros que antes brillaban como rosas en sangre bañadas, como nunca habían estado, volvieron tras un único alarido tortuoso al verde oscuro y habitual que la caracterizaban.


[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/03/26/64/calendula--WHwfRzIPB-b.jpg][/center]

Antes de ser encandilada por el brillo extremo de aquella explosión latente fue que notó que su captor era aquel que la estaba ayudando. Y volviendo a sí temió haberlo lastimado con las púas que aún cubrían su cuerpo, y terminaron por esconderse con la pena del que asesina sin querer. Aún comprendiendo, por el alboroto que se percibía, que era tomada por su bien, no dudó en forcejear lo más que pudo para ser liberada. La realidad es que había dejado de confiar en todo, más que en sí misma. Y hubiese deseado que sus pies hayan sido los que le daban huida. Pero la ausencia de su fuerza se lo impidió y de una forma realmente sorpresiva, pues no recordaba lo que había hecho con esta minutos atrás.

Entonces, vencida y silenciosa, procuró aferrarse del ajeno para no caer por culpa de la fuerza de dicha “corrida”. Las palmas viscosas por la sabia que brotaba sin cesar le dificultaron el agarre, mucho más luego de del estruendo proveniente de la explosión que la hizo temblar y resbalar. Agradecida por ser sostenida con tanta firmeza, contrajo su cuerpo lo más que pudo para incluso ocultar el rostro contra su brazo, deseando que todo aquello termine de una vez.-
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Aɴɴɪᴘᴇ ᴳᵃⁿˢⁱˢ · 1 year ago
Como el mismo fuego dio, regaló la vida y puso comienzo a un todo, también dictó, nada más empezarla, el fin de esta. El génesis del mundo y el fin en sí mismo, escrito uno luego del otro, seguidos por momentos y de los cuales presa serían todos. Víctimas de una vida brindada y por la que tendrían que pasar, y mismas víctimas de que esta, sin aviso, les fuera arrancada.

Aquella bola, ínfima, dio fin a todo lo que había a su alrededor, o eso pretendió cuando solo un toque dio contra una superficie la cual ni siquiera supo diferenciar. Algo pequeño que solo parecía necesitar un incentivo para estallar y, al parecer, dicho toque lo fue.

Esta “pelota” se agrandó en segundos, dando pie a una explosión que se llevó todo por delante. Una bomba que estalló y solo dejó fuego. Los que fueron tocados y hundidos en llamas, tal vez, nada quedaría de ellos, quizás solo cenizas y humo, mas, por otro lado, todo aquel que veía o cerca quedó solo sentiría el calor del fuego arder.

Sentir como una hoguera quemaba leña a un paso de distancia, una hoguera en la que las llamas no paraban de avivarse. Que quemaba, pese a no tener el placer de ser tocados por el fuego. Una luz, un candor que podría dejar ciego y que iluminaría la noche ya fuera por segundos o minutos. Algo que dejaría represalias en el templo sin duda, pero que, con suerte, había conseguido su cometido.

Una mujer que se había multiplicado en segundos, un cuerpo de fuego que llevaba el peso de los que eran como ella. Que llevaba el peso de tener que sacrificar decenas de cuerpos con el fin de acabar con algo que no tenía remedio. Dar el placer de reencarnarse a aquellos que poco o ningún daño hicieron y purgar a aquello de lo que ni rastro debía quedar.

Así pensó y así hizo. Su objetivo estaba claro, fue aquel y el caos sembró a su lado, buscando hacerle adentrarse en él a medida que el fuego comía y tragaba como animal. Un cazador que rectó por todo lugar y incluso más por solo el cumplimiento de un fin. Un fuego que brillaba como los ojos de la muchacha responsable de aquello, hasta que este, tras el pasar del tiempo, se fue apaciguando, hasta que Annipe cogió forma.

El fuego paró y solo llamas ardían en ciertos puntos del templo, arraigado a la vida que quedaba allí, mientras que en el centro de la explosión quedó la mujer de fuego. Gansis no tenía cuerpo, mas, sí forma. Una llama que tenía la figura de una mujer quien respiraba de manera pesada, cansada, viendo a su alrededor. Trataba de cerciorarse de que el peligro hubiese pasado y que la misión, por fin, quedase cumplida.
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Rhaamael Du Kin · 1 year ago
Fue excesivo, pero no impropio de los Hijos del Fuego. Rhaamael no podía entender ese afán por destruirlo todo de manera tan exagerada ¡Y peligrosa! Casi mata a sus propios "aliados" en un simple parpadeo. Menos mal que el Príncipe se consideraba así mismo como el más poderoso de todos los poderosos es una egocéntrica autopercepción, aún así, si había gastado de manera noble toda su energía con tal de poder rescatar a la chica planta, sin motivos eróticos de por medio, o tal si. Pero al final, contaban las intenciones y las suyas eran casi por completo buenas. Su sangre fue testigo de ello, cuando su rostro era clavado por sus púas de manera accidental, desgarrando un poco sus aceitunadas mejillas que tan valiosas eran por su belleza física, una de ellas incluso invadió su ojo diestro, atravesándolo y cegándolo de ese flanco en un muy espumoso suspirito. Aún así, debió continuar, ella no tenía la culpa de sus heridas, era su propia naturaleza. Luego podría sanar su vista, cuando sea el momento, no sería la primera vez ni la ultima que una mujer le causa un daño irreparable para un humano promedio.

Usar el Secreto Blanco era ir más allá de la velocidad, pues al final, nadie podía decir que los Hijos del Viento no eran los más rápidos e infames de todos sus compañeros. Podían superar todos sus limites en un destello de vendaval donde corrían de forma tan increíble que superaban a la mayor cantidad de seres, era tal que al moverse se difuminaban creando ilusorios fragmentos de ambos al estar sujetos entre sí, donde en parpadeos podían avanzar distancias irreales como si fuese una capacidad de teletransportación, cosa que no era, era pura y llana velocidad.

[center][image=https://i.pinimg.com/564x/74/90/9c/74909cc32f05e61668468e2ff88862a3.jpg][/center]

El amanecer ha llegado para los cazadores sin patria, no había más oscuridad en ese escenario para los Señores de las Arenas y la sufrida dríade. Los tres agotados al punto del borde del colapso, algunos heridos y otros no tanto, aún así, si incluso el orgulloso Rhaamael se derrumbó al llegar a destino tras entrar por la ventana de un desocupado hogar que rompió con su paso. Dio, uno, dos pasos con ella en brazos. Su ojo sangraba cerrado, mientras que el otro se mantenía vivaz, sus tupidos labios secos, la armadura abollada y la capa chamuscada por el fuego de la morena. Procuró dar uno, dos y tres pasos más hasta intentar dejar a la mujer hierba en uno de los cómodos sillones de seda y almohadones de plumas, para una vez hacerlo, sin más honor se derrumbe en el suelo, cayendo desplomado sobre sus nalgas. La espalda contra el mueble, mientras un camino de sangre le seguía por debajo formando una pequeña orilla de lago rojo, arrancó un pedazo de tela que amarró suavemente en su frente cubriendo su cerrada luz por un rato. Liberó si apenas su larga trenza oculta tras la capucha y rotó su rostro para poder ver a la dama del bosque.

—Mi nombre es Rhaamael, me enviaron a rescatarte...—mintió, le habían enviado a matar a la otra mujer, pero aún así, más le valía quedar bien—. ¿Cuál es tu nombre? Cuéntame tu historia, ahora estas segura aquí.

Y ella podría hablar por unos minutos, hasta que el férreo aleteo cruzó el cielo, frente a la mujer de llamas (mejor dicho, su cansada silueta) aparecerá el gran halcón blanco, un espíritu típico y aliado de los Señores de las Arenas. Animal nombre de pecho de plumas de plata, pico dorado y grandes alas que podían batir por distancias irreales con gracia, en su pata por encima de la gran garra que lo sostenía yacía el pergamino que cayó al suelo con el nuevo contrato.

—¡¡Gansis!! ¡¡Gansis!! ¡¡Rhaamael!! ¡¡Rhaamael!! Tienen que llevar a la dríade al Norte del Continente. Los dos fueron contratados, ¡¡Ambos!! ¡¡Ambos!! Los Escorpiones Blancos no admitimos conflictos internos... A la Fortaleza de la Montaña ¡¡Viva!! ¡¡Viva!! —dijo sin responder pregunta alguna, se batió en sus grandes alas en retirada.

La escena se repitió cuando el pájaro entró por la misma ventana que Rhaamael rompió, el mismo mensaje, solo que quizás con una nueva respuesta.

—¡No puede ser! —dijo al borde de desangrarse—. ¿Voy a viajar con dos hermosas mujeres? Adoro esté trabajo ¡Al Norte entonces!
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́caléndula ༄ has new friends.
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Rhaamael Du Kin
[center][code] Ciudad de Danzing - Principado Imperial [/code]
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[image=https://cdna.artstation.com/p/assets/images/images/003/876/710/large/davis-engel-taj-mahal2.jpg]

No es más que una brisa, un susurro imperceptible que se pierde entre las fuertes corrientes de viento que rodean la ciudad en la cercana tarde. El tumulto de las personas parece estar por fin cediendo, Danzing es una ciudad famosa por ser cosmopolita y una de las capitales religiosas del Reino del Sol, sumado así como un punto comercial bastante considerable en el mercado interno de los demás principados. El movimiento de las personas es siempre atroz, abismal y tan poblado que el asesinato silente resulta impensado por la caterva de guardias, de centinelas y pretorianos que recorren las calles bajo el sello de la Diosa de la Muerte.

Pero está vez, él sería la Muerte. Rhaamael amaba las grandes ciudades por sus fiestas, sus inciensos, sus amantes y por su exquisito vino, se llevaba más que bien con grandes cúspides Imperiales pero aún así no llegó a la ciudad como el famoso peregrino de blancos cabellos, sino que traspasó sus murallas como un viento helado que solo podía significar que no había espacio para burlas ni para fiestas, lamentablemente solo la furia de sus filos y su veneno sería mella el paso de la noche.

Bajo la [i]Danza del Oculto[/i] fue más rápido que el ojo humano, y tan solo instantes necesitó para cruzar desde las murallas hacía los poderosos techos de teja de los templos, de los hogares y palacetes que ahí habían. Jamás frenó, era un proceso donde su celeridad se hacía espacio y se hacía instante unidos en una marcha que incansablemente le condujo hacía su destino. El Hijo del Viento se había envuelto en una larga marcha que le convertía en un fragmento etéreo de pura velocidad que no parecía dejar evidencia entre los guardias que andaban por los callejones, en las plazas y en un eterno vaivén de vigilancia.

Esperó a que la noche llegará, paciente a orillas de un Templo del Sol. Las horas pasaban y él yacía ahí, escondido en la atalaya reinante que permitía una visión panóptica del lugar de su objetivo; Ahí estará la Sacerdotisa Mahonari. No podía verla, quizás esté escondida en una de las tantas salas del templo que frente al palacete existía. Miró directamente hacía su gran plaza, ubicada en el medio de las pequeñas murallas que lo rodeaban en un gran rectángulo, había grandes extensiones de hierbas y pocos arboles.

Necesitaba que la noche fuese más noche para poder intentar colarse en ese edificio maldito, asesinar a su objetivo y alejarse la ciudad tan pronto le fuese posible, no era propio de un Escorpión Blanco entablar batallas contra ejércitos enteros por voluntad propia, debían de matar a su objetivo y a quien evitará el mismo, estos últimos deberían ser los más evitables. Rhaamael no contaba con ser el único con intenciones de matar está noche.


[code] Trama abierta para todos. Solo manden privado para acordar el orden, por ahora es: Rhaamael - Annipe - ETC. [/code]
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́caléndula ༄ · 1 year ago
-Su estado de inconciencia le impidió sonreír con la satisfacción de una cazadora, pues ya no sentía ni percibía; algo más actuaba por ella. Y con suerte, pues con la oportunidad de razonar no hubiese logrado ni la mitad de lo que deseaba proponerse para defenderse en una situación como aquella.

Tan metida en si misma estaba, que no vio venir a aquel que arremetió contra su cuerpo para tomarla. La sorpresa y el cambio de estado, que antes era el de un fuerte roble, la obligaron a abrir sus ojos con desesperación por ver quién era el que la tomaba. Pero el dolor que sintió en sus manos y espalda la confundieron nuevamente. Aquellas ramas que metidas bajo el suelo estaban, no tuvieron tiempo de volver retraídas a su poseedora, y el tirón que forzó la rapidez del contrario con simpleza las arrancó desde su base. Y es que la alerta no la había escuchado; y ahora por culpa de su descontrol vengativo ya no tenía dedos. Y los luceros que antes brillaban como rosas en sangre bañadas, como nunca habían estado, volvieron tras un único alarido tortuoso al verde oscuro y habitual que la caracterizaban.


[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/03/26/64/calendula--WHwfRzIPB-b.jpg][/center]

Antes de ser encandilada por el brillo extremo de aquella explosión latente fue que notó que su captor era aquel que la estaba ayudando. Y volviendo a sí temió haberlo lastimado con las púas que aún cubrían su cuerpo, y terminaron por esconderse con la pena del que asesina sin querer. Aún comprendiendo, por el alboroto que se percibía, que era tomada por su bien, no dudó en forcejear lo más que pudo para ser liberada. La realidad es que había dejado de confiar en todo, más que en sí misma. Y hubiese deseado que sus pies hayan sido los que le daban huida. Pero la ausencia de su fuerza se lo impidió y de una forma realmente sorpresiva, pues no recordaba lo que había hecho con esta minutos atrás.

Entonces, vencida y silenciosa, procuró aferrarse del ajeno para no caer por culpa de la fuerza de dicha “corrida”. Las palmas viscosas por la sabia que brotaba sin cesar le dificultaron el agarre, mucho más luego de del estruendo proveniente de la explosión que la hizo temblar y resbalar. Agradecida por ser sostenida con tanta firmeza, contrajo su cuerpo lo más que pudo para incluso ocultar el rostro contra su brazo, deseando que todo aquello termine de una vez.-
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Aɴɴɪᴘᴇ ᴳᵃⁿˢⁱˢ · 1 year ago
Como el mismo fuego dio, regaló la vida y puso comienzo a un todo, también dictó, nada más empezarla, el fin de esta. El génesis del mundo y el fin en sí mismo, escrito uno luego del otro, seguidos por momentos y de los cuales presa serían todos. Víctimas de una vida brindada y por la que tendrían que pasar, y mismas víctimas de que esta, sin aviso, les fuera arrancada.

Aquella bola, ínfima, dio fin a todo lo que había a su alrededor, o eso pretendió cuando solo un toque dio contra una superficie la cual ni siquiera supo diferenciar. Algo pequeño que solo parecía necesitar un incentivo para estallar y, al parecer, dicho toque lo fue.

Esta “pelota” se agrandó en segundos, dando pie a una explosión que se llevó todo por delante. Una bomba que estalló y solo dejó fuego. Los que fueron tocados y hundidos en llamas, tal vez, nada quedaría de ellos, quizás solo cenizas y humo, mas, por otro lado, todo aquel que veía o cerca quedó solo sentiría el calor del fuego arder.

Sentir como una hoguera quemaba leña a un paso de distancia, una hoguera en la que las llamas no paraban de avivarse. Que quemaba, pese a no tener el placer de ser tocados por el fuego. Una luz, un candor que podría dejar ciego y que iluminaría la noche ya fuera por segundos o minutos. Algo que dejaría represalias en el templo sin duda, pero que, con suerte, había conseguido su cometido.

Una mujer que se había multiplicado en segundos, un cuerpo de fuego que llevaba el peso de los que eran como ella. Que llevaba el peso de tener que sacrificar decenas de cuerpos con el fin de acabar con algo que no tenía remedio. Dar el placer de reencarnarse a aquellos que poco o ningún daño hicieron y purgar a aquello de lo que ni rastro debía quedar.

Así pensó y así hizo. Su objetivo estaba claro, fue aquel y el caos sembró a su lado, buscando hacerle adentrarse en él a medida que el fuego comía y tragaba como animal. Un cazador que rectó por todo lugar y incluso más por solo el cumplimiento de un fin. Un fuego que brillaba como los ojos de la muchacha responsable de aquello, hasta que este, tras el pasar del tiempo, se fue apaciguando, hasta que Annipe cogió forma.

El fuego paró y solo llamas ardían en ciertos puntos del templo, arraigado a la vida que quedaba allí, mientras que en el centro de la explosión quedó la mujer de fuego. Gansis no tenía cuerpo, mas, sí forma. Una llama que tenía la figura de una mujer quien respiraba de manera pesada, cansada, viendo a su alrededor. Trataba de cerciorarse de que el peligro hubiese pasado y que la misión, por fin, quedase cumplida.
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Rhaamael Du Kin · 1 year ago
Fue excesivo, pero no impropio de los Hijos del Fuego. Rhaamael no podía entender ese afán por destruirlo todo de manera tan exagerada ¡Y peligrosa! Casi mata a sus propios "aliados" en un simple parpadeo. Menos mal que el Príncipe se consideraba así mismo como el más poderoso de todos los poderosos es una egocéntrica autopercepción, aún así, si había gastado de manera noble toda su energía con tal de poder rescatar a la chica planta, sin motivos eróticos de por medio, o tal si. Pero al final, contaban las intenciones y las suyas eran casi por completo buenas. Su sangre fue testigo de ello, cuando su rostro era clavado por sus púas de manera accidental, desgarrando un poco sus aceitunadas mejillas que tan valiosas eran por su belleza física, una de ellas incluso invadió su ojo diestro, atravesándolo y cegándolo de ese flanco en un muy espumoso suspirito. Aún así, debió continuar, ella no tenía la culpa de sus heridas, era su propia naturaleza. Luego podría sanar su vista, cuando sea el momento, no sería la primera vez ni la ultima que una mujer le causa un daño irreparable para un humano promedio.

Usar el Secreto Blanco era ir más allá de la velocidad, pues al final, nadie podía decir que los Hijos del Viento no eran los más rápidos e infames de todos sus compañeros. Podían superar todos sus limites en un destello de vendaval donde corrían de forma tan increíble que superaban a la mayor cantidad de seres, era tal que al moverse se difuminaban creando ilusorios fragmentos de ambos al estar sujetos entre sí, donde en parpadeos podían avanzar distancias irreales como si fuese una capacidad de teletransportación, cosa que no era, era pura y llana velocidad.

[center][image=https://i.pinimg.com/564x/74/90/9c/74909cc32f05e61668468e2ff88862a3.jpg][/center]

El amanecer ha llegado para los cazadores sin patria, no había más oscuridad en ese escenario para los Señores de las Arenas y la sufrida dríade. Los tres agotados al punto del borde del colapso, algunos heridos y otros no tanto, aún así, si incluso el orgulloso Rhaamael se derrumbó al llegar a destino tras entrar por la ventana de un desocupado hogar que rompió con su paso. Dio, uno, dos pasos con ella en brazos. Su ojo sangraba cerrado, mientras que el otro se mantenía vivaz, sus tupidos labios secos, la armadura abollada y la capa chamuscada por el fuego de la morena. Procuró dar uno, dos y tres pasos más hasta intentar dejar a la mujer hierba en uno de los cómodos sillones de seda y almohadones de plumas, para una vez hacerlo, sin más honor se derrumbe en el suelo, cayendo desplomado sobre sus nalgas. La espalda contra el mueble, mientras un camino de sangre le seguía por debajo formando una pequeña orilla de lago rojo, arrancó un pedazo de tela que amarró suavemente en su frente cubriendo su cerrada luz por un rato. Liberó si apenas su larga trenza oculta tras la capucha y rotó su rostro para poder ver a la dama del bosque.

—Mi nombre es Rhaamael, me enviaron a rescatarte...—mintió, le habían enviado a matar a la otra mujer, pero aún así, más le valía quedar bien—. ¿Cuál es tu nombre? Cuéntame tu historia, ahora estas segura aquí.

Y ella podría hablar por unos minutos, hasta que el férreo aleteo cruzó el cielo, frente a la mujer de llamas (mejor dicho, su cansada silueta) aparecerá el gran halcón blanco, un espíritu típico y aliado de los Señores de las Arenas. Animal nombre de pecho de plumas de plata, pico dorado y grandes alas que podían batir por distancias irreales con gracia, en su pata por encima de la gran garra que lo sostenía yacía el pergamino que cayó al suelo con el nuevo contrato.

—¡¡Gansis!! ¡¡Gansis!! ¡¡Rhaamael!! ¡¡Rhaamael!! Tienen que llevar a la dríade al Norte del Continente. Los dos fueron contratados, ¡¡Ambos!! ¡¡Ambos!! Los Escorpiones Blancos no admitimos conflictos internos... A la Fortaleza de la Montaña ¡¡Viva!! ¡¡Viva!! —dijo sin responder pregunta alguna, se batió en sus grandes alas en retirada.

La escena se repitió cuando el pájaro entró por la misma ventana que Rhaamael rompió, el mismo mensaje, solo que quizás con una nueva respuesta.

—¡No puede ser! —dijo al borde de desangrarse—. ¿Voy a viajar con dos hermosas mujeres? Adoro esté trabajo ¡Al Norte entonces!
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́caléndula ༄ has just replied in the topic [Trama Paralela] Conociendo al Enemigo 2: Veneno de Escorpión..
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[image=https://cdna.artstation.com/p/assets/images/images/003/876/710/large/davis-engel-taj-mahal2.jpg]

No es más que una brisa, un susurro imperceptible que se pierde entre las fuertes corrientes de viento que rodean la ciudad en la cercana tarde. El tumulto de las personas parece estar por fin cediendo, Danzing es una ciudad famosa por ser cosmopolita y una de las capitales religiosas del Reino del Sol, sumado así como un punto comercial bastante considerable en el mercado interno de los demás principados. El movimiento de las personas es siempre atroz, abismal y tan poblado que el asesinato silente resulta impensado por la caterva de guardias, de centinelas y pretorianos que recorren las calles bajo el sello de la Diosa de la Muerte.

Pero está vez, él sería la Muerte. Rhaamael amaba las grandes ciudades por sus fiestas, sus inciensos, sus amantes y por su exquisito vino, se llevaba más que bien con grandes cúspides Imperiales pero aún así no llegó a la ciudad como el famoso peregrino de blancos cabellos, sino que traspasó sus murallas como un viento helado que solo podía significar que no había espacio para burlas ni para fiestas, lamentablemente solo la furia de sus filos y su veneno sería mella el paso de la noche.

Bajo la [i]Danza del Oculto[/i] fue más rápido que el ojo humano, y tan solo instantes necesitó para cruzar desde las murallas hacía los poderosos techos de teja de los templos, de los hogares y palacetes que ahí habían. Jamás frenó, era un proceso donde su celeridad se hacía espacio y se hacía instante unidos en una marcha que incansablemente le condujo hacía su destino. El Hijo del Viento se había envuelto en una larga marcha que le convertía en un fragmento etéreo de pura velocidad que no parecía dejar evidencia entre los guardias que andaban por los callejones, en las plazas y en un eterno vaivén de vigilancia.

Esperó a que la noche llegará, paciente a orillas de un Templo del Sol. Las horas pasaban y él yacía ahí, escondido en la atalaya reinante que permitía una visión panóptica del lugar de su objetivo; Ahí estará la Sacerdotisa Mahonari. No podía verla, quizás esté escondida en una de las tantas salas del templo que frente al palacete existía. Miró directamente hacía su gran plaza, ubicada en el medio de las pequeñas murallas que lo rodeaban en un gran rectángulo, había grandes extensiones de hierbas y pocos arboles.

Necesitaba que la noche fuese más noche para poder intentar colarse en ese edificio maldito, asesinar a su objetivo y alejarse la ciudad tan pronto le fuese posible, no era propio de un Escorpión Blanco entablar batallas contra ejércitos enteros por voluntad propia, debían de matar a su objetivo y a quien evitará el mismo, estos últimos deberían ser los más evitables. Rhaamael no contaba con ser el único con intenciones de matar está noche.


[code] Trama abierta para todos. Solo manden privado para acordar el orden, por ahora es: Rhaamael - Annipe - ETC. [/code]
1 year ago · · · Reply »
́caléndula ༄ · 1 year ago
-Su estado de inconciencia le impidió sonreír con la satisfacción de una cazadora, pues ya no sentía ni percibía; algo más actuaba por ella. Y con suerte, pues con la oportunidad de razonar no hubiese logrado ni la mitad de lo que deseaba proponerse para defenderse en una situación como aquella.

Tan metida en si misma estaba, que no vio venir a aquel que arremetió contra su cuerpo para tomarla. La sorpresa y el cambio de estado, que antes era el de un fuerte roble, la obligaron a abrir sus ojos con desesperación por ver quién era el que la tomaba. Pero el dolor que sintió en sus manos y espalda la confundieron nuevamente. Aquellas ramas que metidas bajo el suelo estaban, no tuvieron tiempo de volver retraídas a su poseedora, y el tirón que forzó la rapidez del contrario con simpleza las arrancó desde su base. Y es que la alerta no la había escuchado; y ahora por culpa de su descontrol vengativo ya no tenía dedos. Y los luceros que antes brillaban como rosas en sangre bañadas, como nunca habían estado, volvieron tras un único alarido tortuoso al verde oscuro y habitual que la caracterizaban.


[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/03/26/64/calendula--WHwfRzIPB-b.jpg][/center]

Antes de ser encandilada por el brillo extremo de aquella explosión latente fue que notó que su captor era aquel que la estaba ayudando. Y volviendo a sí temió haberlo lastimado con las púas que aún cubrían su cuerpo, y terminaron por esconderse con la pena del que asesina sin querer. Aún comprendiendo, por el alboroto que se percibía, que era tomada por su bien, no dudó en forcejear lo más que pudo para ser liberada. La realidad es que había dejado de confiar en todo, más que en sí misma. Y hubiese deseado que sus pies hayan sido los que le daban huida. Pero la ausencia de su fuerza se lo impidió y de una forma realmente sorpresiva, pues no recordaba lo que había hecho con esta minutos atrás.

Entonces, vencida y silenciosa, procuró aferrarse del ajeno para no caer por culpa de la fuerza de dicha “corrida”. Las palmas viscosas por la sabia que brotaba sin cesar le dificultaron el agarre, mucho más luego de del estruendo proveniente de la explosión que la hizo temblar y resbalar. Agradecida por ser sostenida con tanta firmeza, contrajo su cuerpo lo más que pudo para incluso ocultar el rostro contra su brazo, deseando que todo aquello termine de una vez.-
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Aɴɴɪᴘᴇ ᴳᵃⁿˢⁱˢ · 1 year ago
Como el mismo fuego dio, regaló la vida y puso comienzo a un todo, también dictó, nada más empezarla, el fin de esta. El génesis del mundo y el fin en sí mismo, escrito uno luego del otro, seguidos por momentos y de los cuales presa serían todos. Víctimas de una vida brindada y por la que tendrían que pasar, y mismas víctimas de que esta, sin aviso, les fuera arrancada.

Aquella bola, ínfima, dio fin a todo lo que había a su alrededor, o eso pretendió cuando solo un toque dio contra una superficie la cual ni siquiera supo diferenciar. Algo pequeño que solo parecía necesitar un incentivo para estallar y, al parecer, dicho toque lo fue.

Esta “pelota” se agrandó en segundos, dando pie a una explosión que se llevó todo por delante. Una bomba que estalló y solo dejó fuego. Los que fueron tocados y hundidos en llamas, tal vez, nada quedaría de ellos, quizás solo cenizas y humo, mas, por otro lado, todo aquel que veía o cerca quedó solo sentiría el calor del fuego arder.

Sentir como una hoguera quemaba leña a un paso de distancia, una hoguera en la que las llamas no paraban de avivarse. Que quemaba, pese a no tener el placer de ser tocados por el fuego. Una luz, un candor que podría dejar ciego y que iluminaría la noche ya fuera por segundos o minutos. Algo que dejaría represalias en el templo sin duda, pero que, con suerte, había conseguido su cometido.

Una mujer que se había multiplicado en segundos, un cuerpo de fuego que llevaba el peso de los que eran como ella. Que llevaba el peso de tener que sacrificar decenas de cuerpos con el fin de acabar con algo que no tenía remedio. Dar el placer de reencarnarse a aquellos que poco o ningún daño hicieron y purgar a aquello de lo que ni rastro debía quedar.

Así pensó y así hizo. Su objetivo estaba claro, fue aquel y el caos sembró a su lado, buscando hacerle adentrarse en él a medida que el fuego comía y tragaba como animal. Un cazador que rectó por todo lugar y incluso más por solo el cumplimiento de un fin. Un fuego que brillaba como los ojos de la muchacha responsable de aquello, hasta que este, tras el pasar del tiempo, se fue apaciguando, hasta que Annipe cogió forma.

El fuego paró y solo llamas ardían en ciertos puntos del templo, arraigado a la vida que quedaba allí, mientras que en el centro de la explosión quedó la mujer de fuego. Gansis no tenía cuerpo, mas, sí forma. Una llama que tenía la figura de una mujer quien respiraba de manera pesada, cansada, viendo a su alrededor. Trataba de cerciorarse de que el peligro hubiese pasado y que la misión, por fin, quedase cumplida.
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Rhaamael Du Kin · 1 year ago
Fue excesivo, pero no impropio de los Hijos del Fuego. Rhaamael no podía entender ese afán por destruirlo todo de manera tan exagerada ¡Y peligrosa! Casi mata a sus propios "aliados" en un simple parpadeo. Menos mal que el Príncipe se consideraba así mismo como el más poderoso de todos los poderosos es una egocéntrica autopercepción, aún así, si había gastado de manera noble toda su energía con tal de poder rescatar a la chica planta, sin motivos eróticos de por medio, o tal si. Pero al final, contaban las intenciones y las suyas eran casi por completo buenas. Su sangre fue testigo de ello, cuando su rostro era clavado por sus púas de manera accidental, desgarrando un poco sus aceitunadas mejillas que tan valiosas eran por su belleza física, una de ellas incluso invadió su ojo diestro, atravesándolo y cegándolo de ese flanco en un muy espumoso suspirito. Aún así, debió continuar, ella no tenía la culpa de sus heridas, era su propia naturaleza. Luego podría sanar su vista, cuando sea el momento, no sería la primera vez ni la ultima que una mujer le causa un daño irreparable para un humano promedio.

Usar el Secreto Blanco era ir más allá de la velocidad, pues al final, nadie podía decir que los Hijos del Viento no eran los más rápidos e infames de todos sus compañeros. Podían superar todos sus limites en un destello de vendaval donde corrían de forma tan increíble que superaban a la mayor cantidad de seres, era tal que al moverse se difuminaban creando ilusorios fragmentos de ambos al estar sujetos entre sí, donde en parpadeos podían avanzar distancias irreales como si fuese una capacidad de teletransportación, cosa que no era, era pura y llana velocidad.

[center][image=https://i.pinimg.com/564x/74/90/9c/74909cc32f05e61668468e2ff88862a3.jpg][/center]

El amanecer ha llegado para los cazadores sin patria, no había más oscuridad en ese escenario para los Señores de las Arenas y la sufrida dríade. Los tres agotados al punto del borde del colapso, algunos heridos y otros no tanto, aún así, si incluso el orgulloso Rhaamael se derrumbó al llegar a destino tras entrar por la ventana de un desocupado hogar que rompió con su paso. Dio, uno, dos pasos con ella en brazos. Su ojo sangraba cerrado, mientras que el otro se mantenía vivaz, sus tupidos labios secos, la armadura abollada y la capa chamuscada por el fuego de la morena. Procuró dar uno, dos y tres pasos más hasta intentar dejar a la mujer hierba en uno de los cómodos sillones de seda y almohadones de plumas, para una vez hacerlo, sin más honor se derrumbe en el suelo, cayendo desplomado sobre sus nalgas. La espalda contra el mueble, mientras un camino de sangre le seguía por debajo formando una pequeña orilla de lago rojo, arrancó un pedazo de tela que amarró suavemente en su frente cubriendo su cerrada luz por un rato. Liberó si apenas su larga trenza oculta tras la capucha y rotó su rostro para poder ver a la dama del bosque.

—Mi nombre es Rhaamael, me enviaron a rescatarte...—mintió, le habían enviado a matar a la otra mujer, pero aún así, más le valía quedar bien—. ¿Cuál es tu nombre? Cuéntame tu historia, ahora estas segura aquí.

Y ella podría hablar por unos minutos, hasta que el férreo aleteo cruzó el cielo, frente a la mujer de llamas (mejor dicho, su cansada silueta) aparecerá el gran halcón blanco, un espíritu típico y aliado de los Señores de las Arenas. Animal nombre de pecho de plumas de plata, pico dorado y grandes alas que podían batir por distancias irreales con gracia, en su pata por encima de la gran garra que lo sostenía yacía el pergamino que cayó al suelo con el nuevo contrato.

—¡¡Gansis!! ¡¡Gansis!! ¡¡Rhaamael!! ¡¡Rhaamael!! Tienen que llevar a la dríade al Norte del Continente. Los dos fueron contratados, ¡¡Ambos!! ¡¡Ambos!! Los Escorpiones Blancos no admitimos conflictos internos... A la Fortaleza de la Montaña ¡¡Viva!! ¡¡Viva!! —dijo sin responder pregunta alguna, se batió en sus grandes alas en retirada.

La escena se repitió cuando el pájaro entró por la misma ventana que Rhaamael rompió, el mismo mensaje, solo que quizás con una nueva respuesta.

—¡No puede ser! —dijo al borde de desangrarse—. ¿Voy a viajar con dos hermosas mujeres? Adoro esté trabajo ¡Al Norte entonces!
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́caléndula ༄ has just replied in the topic ¡LLAMADO A LAS ARMAS!.
Aziz Voltaire
[u][center][big]¡PRESÉNTENSE MIEMBROS DE EL HUESO![/big][/center][/u]

[big]¿DESEA SALTARSE LA INTRODUCCIÓN? SI 🗸 NO ❌[/big]
[c=#E50000][b]Aviso: el siguiente extracto es para aquellos que quieran conocer la Fortaleza de la Montaña y algunos aspectos de la Compañía. Si quieren ir directo al tema, vayan al final, al recuadro bajo la imágen.[/b][/c]

[b]Extracto del tema "Trama Central: El Hijo del Trueno Aparece".[/b]

[quote]Los años, las batallas y en general, el mas absoluto caos había pasado por aquella zona desde que el continente se formo. Tantas veces fue destruida, reconstruida y vuelta a construir por distintas manos, distintas artes y distintos propósitos. Los enanos habían antiguamente explorado sus minas y atesorado sus recursos, aunque aun la pétrea roca impoluta del paso de los años aun generaba las conocidas cadenas montañosas que daban altura y estrechez al territorio, denotando las buenas defensas naturales que poseía, si ni incluso el mar, que se encontraba en el extremo norte daba violentos vuelcos contra los escombros de naturales segmentos terrestres sin hacer temblar ni un centímetro de adoquin.

Formaban casi un circulo de intratables dunas montañosas que impedían y favorecían la vigilancia, así como la unión de refuerzo con cualquier construcción que existiese. Las olas nacían junto a una breve playa, donde un aun en construcción puerto se encontraba. Las maderas de roble y de abeto formaban un solido piso para permitir acceder a los barcos encallados, que este caso eran únicamente chalupas de construcción amarradas por hilos trenzados, el movimiento era casi comparable con el de trabajadoras hormigas que encontraban manipulando la natura en aquel malvivido astillero. Peones orcos corrían por la playa portando no armas, sino herramientas tales como mazas, hachas y carromatos extremadamente llenos, donde no entraba ni tan solo una aguja extra. Portaban madera, que era procesada por carpinteros humildes de la misma raza.

Los tablones eran amoldados y condicionados para disponer de lo que parecía ser una avanzada barcaza, donde su cubierta estaba trabajada por aquellas largas extensiones de madera. Martillada fuertemente y clavada por los artesanos piel verdes. Quizás Zyx, el goblinoide encargado de supervisar cual fuera invento que precisara mas que solo musculo y batalla estuviera en aquella playa, donde los trabajadores parecían siquiera descansar en su labor.

El humo de las chimeneas podría verse desde enorme distancia, incluso desde el mar, llevando la estela de vapor cálido y olor a aserraderos bestiales que garantizaban los recursos de las campañas del Hueso. Cualquier visitante, sea esperado o no tenía dos puntos de acceso para alcanzar la Fortaleza, el primero era el anterior puerto. La otra manera de poder acceder a conocer el lugar de mil batallas y mil tribus asentadas era a través del nubo-bosque.

La madera de abeto y de roble reinaba en aquel lugar, fertilizado por siglos de sangre y animales que moraban sus tierras dedicados a la caza, cada tanto alguna manada de huargos, o grandes lobos generaba alguna atrocidad en cualquier pobre cazador que intentara vivir de la naturaleza sin pensar en los riesgos. Había senderos, senderos que los peones orcos y los miembros de aquella compañía usaban, conocidos y controlados por ellos mismos, caminos de afianzada tierra frecuentados con los carromatos que portaban la materia prima a través de bisontes de montaña o otro animal de carga. No era de extrañarse que la Cazadora y Ama de Peones morara por aquellas vírgenes tierras, o quizás la gigante Skadi entrenando junto a sus tan fieles guerreras, entre ellas Samantha, la alumna y ahora conocida guerrera junto a su fiel compañera, la misteriosa Cryztal. Si estaban ahí u en otro lugar era un completo misterio.

Apenas los senderos caminados, se topaban con las aun en refacción murallas, portones y defensivas torres, respaldadas por oscuras callejuelas, frecuentadas quizás por los miembros mas desconocidos, así como también mas tétricos miembros del Hueso. La hierba, las enredaderas y los musgos aun yacían en las paredes impolutas aun de sus cualidades defensivas, era increíble como cada parte del fuerte era solo un rompecabezas de empalizadas orcas, murallas humanas, torres de arquitectura elfica, todo lo que se encontraba de pie era mantenido y acondicionado.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/96/99/45/Aziz-Voltaire-IWDlZAh4k-b.jpg][/center]

Las madrigueras y chozas orcas parecían ser en gran parte el paisaje "civilizado", pues era la población del Sur refugiada. Que si bien no eran parte del Hueso, pues estos habitantes eran hombres y mujeres, junto a sus crías incapaces de levantar una espada, pero si para servir como el motor de construcciones y de producción de la Compañía. Detrás de ellas, que formaban una comuna del tamaño de un pueblo completo, se gestaba la fortaleza en si. Un castillo, pero que no rebosaba de finura ni de comodidades, huecos eran refaccionados diariamente.

En su interior posiblemente hubiera movimiento; el gran comedor era una cantina que sus habitantes anteriores usaban para deleitarse del licor que atesoraban, descansar y llevar banquetes, pero por ahora, ningún miembro del Hueso tenia cualidades de servidumbre o manutención compleja alejada a cazar y comer carne cruda. Así que esa zona por ahora era un lugar de paso para aquellos que iban de una misión a otra, la biblioteca bastaba de un numero de volúmenes desconocidos y si no fuera por Aziz, inclasificables, tan solo el estaría interesado en tan ardua tarea que en su mayoría ignoraba la importancia de los conocimientos que los antiguos dueños habían abandonado.

El sonido de las explosiones era moneda corriente, el acero crujiendo y los martilleos que evitaban un silencio tranquilo. El taller/herrería era el lugar de tanto el travieso goblin, cuyas risotadas eran el himno diario de festejo al encontrar alguna nueva forma de adaptar la tecnología a la guerra, o posiblemente alguna rata se colo entre sus herramientas, para el deleite del pequeño Llamador de la Guerra. La herrería estaba manejada en gran parte por Elaine, la dragona que brindaba su extraño metal, y que muy en contra de las normas comunes del Hueso, odiaba el caos que sus compañeros gestaban día a día, por menester hasta la fecha sus provisiones de acero seguían siendo perfectas. Se desconocía que acontecería hoy.

Thrum, o como le conocían quienes le respetaban y le temían el "Jefe de Guerra". Se encontraba perdidamente herido, era común en el dado su porte de guerrero violento, sádico pero honrado el estar continuamente arruinado por las batallas pasadas, pero en este casó no fue el filo de una espada el que le afecto. Era fuego mágico y una extraña maldición, ya tratada y asistida, pero aun dejando mella en su físico que precisaba descanso, pero dada su cabezoneria era extraño que quisiera guardar reposo, si incluso había ayudado a los peones a bajar escombros, utilizando su inmensa fuerza. Pero que llevaron a que terminara brutalmente azotado por el agotamiento, lucía cuando menos rabioso. Envuelto en vendas amarronadas con ungüentos sanadores, obligándose a portar sus armas en su espalda, a pesar de que tan solo el susurro del viento significaba una punzada batalla sobre sus quemaduras en sanación.

Posiblemente, si es que no se encontraba siendo regañado por su hija, o por cualquier miembro de su escuadron, el en persona estaría regañando a cualquier ser que en su pensamiento holgazanearía. Tan solo Manahasraddhya, el mas paciente del Hueso, a lo sumo voz de la razón en momentos de extremo peligro podría tolerar sin aturdirse los griterios del Jefe de Guerra, con un coste enorme de horas y horas de meditación en soledad.

Era costumbre que Hueso recibiera a diaro caudillos, guerreros, aventureros o desamparados Señores nobles que venían a pedir auxilio, o servicios por parte de esta escuadra. Otros, simplemente venían a unirse a las filas de la Compañía, a veces ignorando los riesgos, pero hambrientos de la gloria que solo estos energúmenos desprendían. La diversidad de las miembros permitía que distintas razas, distintos tipos de individuos buscaran anexarse, la mayoría lo lograban, pero difícilmente sobrevivían lo suficiente como para tenerlos en cuenta en futuras misiones.

Todo era movimiento, todo era peligro. Pues cualquier persona podría imaginar, que a pesar de la actitud ferrea, valiente, a veces infame y mezclada con una dosis de locura, eran tiempos donde destinos peores que la muerte acontecían a diario. Países enteros quedaban resguardados a simples cenizas, criaturas consideras milagrosas terminaban en manos tétricas con extrema facilidad. En esencia, tiempos oscuros eran aquellos que se avecinaban, y solo esta extraña compañia parecía poder sostener la poca luz que restaba."[/quote]

La Fortaleza de la Montaña no es para nada ostentosa, simplemente una vieja fortaleza abandonada que fue tomada por los miembros hace ya mucho tiempo, la cual pasó de ser un pequeño campamento de operaciones a lo que es hoy en día.
La verdad es que se ha convertido en una pequeña ciudad, donde los refugiados pieles verdes y tantos otros aliados que se han unido a la causa han encontrado mucho más que un simple campamento de guerra: se ha convertido en su hogar. Y como en toda sociedad, debe de haber un orden para que dé resultado.

Uno de los lugares que escapa a la simpleza cotidiana y mantiene un orden casi envidiable es [i][b]"la Torre del Tuerto"[/b][/i]. Y aunque Aziz nunca quiso nombrarla así, tampoco es algo en lo que se haya molestado en cambiar. ¿Acaso han tratado de hacer entrar en razón a un orco? Cuando algo les parece divertido o quieren aplastarlo, es inútil intentarlo. Ahora, imaginen eso con cientos y entenderán el porqué era una guerra perdida.
Pocas cosas pueden derrotar a un orco...

- [b]Muy bien...[/b] - atravesando la entrada de la torre se puede ver un recibidor con una larga alfombra carmín con bordados dorados que hacen juego con las gruesas cortinas. La oscuridad es alejada por esferas de vidrio grabado que contienen una luz asombrosa. Estas lámparas están colocadas en candelabros y paredes, sustituyendo velas y antorchas para evitar un incendio. Después de todo, allí lleva mucho más que libros.
- [b]Bienvenidos todos, por favor formen fila y pasen de uno en vez. Si, sé que esto es muy molesto pero hay que hacerlo. [/b]- tras un escritorio se encuentra el rumano sosteniendo una libreta, leyendo atentamente y asintiendo.
- [b]¡Ah! Así que eres tú... recibimos tu carta hace un buen tiempo, Thrum pensaba que te habías convertido en la cena de... ¿Eh? ¡Ah! Nada, nada... Te estábamos esperando. Por favor, firma aquí y continúa por esa puerta, te llevará hacia el taller de Zyx para que te ayuden con tu equipo. [/b]- tras ello, el rumano le ofrece un libro en cuya página está anexada la carta y los datos del nuevo integrante.
- [b]¡Espera! Algo más...[/b]

[i][center][quote][b]"Bienvenido a la Compañía de El Hueso." [/quote][/center][/i]

- Aziz Voltaire, escriba de la compañía.[/b]

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/42/86/57/Aziz-Voltaire-DDMu6DCGP-b.jpg]

[quote]
Esta sección se hizo exclusivamente para mantener un control de los miembros, por lo que no es necesario que respondan con nada elaborado. Simplemente tienen que poner "presente" y así sabremos que son miembros activos del grupo, de lo contrario, procederemos a eliminar el personal excedente.
Esto no quiere decir que a futuro no puedan volver a ingresar en caso de que lo deseen. También pueden avisar aquí si, por el motivo que sea, quieran tomarse algunas vacaciones. [/quote]
1 year ago · · · Reply »
Mephistopheles Namtar · 1 year ago
[b]Presente.[/b] -Se asoma desde el baño que es su habitación. "¿Por qué mierda hay tanta gente?" Piensa.-
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Svartur Blóð · 1 year ago
[i]Presente[/i]

Respondió bajito, mientras barre el suelo con una escoba, no quería llamar la atención y había suficiente mierda de rata como para no evitar barrerla.
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Aziz Voltaire · 1 year ago
[quote][center][big]¡CERRADO![/big][/center]

¡Agradecemos a todos los que se tomaron la molestia de responder este tema! Se comenzarán a colocar los anuncios para las siguientes misiones en el grupo y cualquier duda, sugerencia o trama que quieran llevar a cabo podrá ser planteada comunicándose por privado con cualquiera de los administradores del foro.

¡Disfruten de su estadía en El Hueso!

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/92/63/14/Aziz-Voltaire-UA4LGyT4w-b.jpg][/center][/quote]
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