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Ventus Geth has just replied in the topic ¿Tienes adónde ir? [Priv. Ventus & Yui].
Ventus Geth
[med][c=#737373]FÖRSTGARD — Cronum[/c][/med] [c=#808080][code][i]Un tiempo después de la desaparición de Banisari y el éxodo de los cambiaformas...[/i][/code][/c] [center][image=https://webcomicms.net/sites/default/files/clipart/173800/royalty-free-fantasy-art-173800-1979010.jpg] [quote=#ffffff] Miseria. Esa palabra resumía el caos de Cronum [/quote][/center] La ciudad fortaleza no era nada a como la solían describir: artística, exuberante, llena de cultura y vida. No. Todo lo contrario. Oscura, con edificios históricos, sí, pero en decadencia y descuidados, la sobrepoblación se arrastraba como ratas, dejando al descubierto, como un nervio expuesto, un desorden generalizado, la falta de control de las autoridades reemplazadas por las condenas de un nigromante, la perdida de la fe y el horizonte. Si la esperanza fuera un don dado para el mundo, hacía mucho había dejado los límites de los dominios del[i] Juez[/i]. Y con razón: el atolón congelado era objeto de conocimiento popular e inspiración turística; quien hablaba de Förstgard, tarde o temprano mencionaba al Lago Elarciag y la derruída antigua capital de Garnalia del Norte que desapareció en el tiempo, todos la recuerdan por sus tabernas, sus bebidas, su música y baile, la esclavitud servil a disposición de los más acaudalados. Pero ahora, dividida por la situación de asedio que sufría cada día por la migración de los sobrevivientes de la plaga de Garnalia Centro, miles y miles de refugiados cambiaformas invadían los antiguos establecimientos, pidiendo limosna por las calles, tomando control sobre el patrimonio privado, creando un aire de inseguridad que se arrastraba como sarna por los barrios congelado de la ciudad.

Sin embargo, el caos general no detiene la vida del más acaudalado. Con su hogar cerca de la llamada Plaza del Reloj viperino —nombre dado por la escultura de una gran serpiente de piedra entrelazada a un reloj de arena que adorna el lugar—, la vida libertina sigue a pesar de que fuera de los límites de la mansión del nigromante, la ciudad entra en estado de anarquía. Es en estos lugares, barrios que cada vez sufren de la depresión económica por falta de recursos, que poco a poco empezó a llegar la "ayuda" extranjera, con sus suministros de comida y medicamentos. El reto estaba claro: organizar a los extranjeros para que el estado del Nigromante pudiera darles sustento en labores necesarias para fines sociales y militares, respondiendo a los retos que ahora tenían como reino perdido en el tiempo frente a sí mismo, y frente al Dios, señor de las tinieblas.

Ventus había llegado días atrás, junto con Gris. El viejo mayordomo de su mansión poco había envejecido, pues con tantos hechizos de rejuvenecimiento que el nigromante había aplicado en él, cualquiera diría que lo torturaba evitándole la muerte, otros decían que le era necesario, que ese anciano era el único que lograba calmar la cólera del [i]Juez[/i] contra las ratas que poblaban las casas y calles. Aunque el viejo carecía de dotes para la magia, tenía un amplio conocimiento en su memoria; era un adepto en la medicina, la alquimia y la política, distraía al nigromante con sus historias y desde hacía siglos estaba concentrado más en las estrellas que en la tierra, siendo la astrología para él un arte cultivado y por ende, un aspecto que solo él podía entender de Ventus. ¿Cómo podía alguien tan longevo no perder la cordura? Con pocos meses de haber perdido a una pequeña que le causaba calma, y aun las dudas de la existencia en su espalda, el albino se había recluido, quedando el viejo Gris a cargo de la ciudad fortaleza, y de organizar a los nuevos habitantes en Cronum mientras el nigromante se ocupaba de llevar a buen puerto sus pensamientos.

Todos los días desde que llegara, el viejo Gris se había dedicado a la misma rutina: atender a los enfermos cambiaformas, ofreciéndoles donde hospedarse, repartir alimentos en el hospicio de la ciudad y luego, pedía a cambio servir a su señor. Cuando no había tantos enfermos en el lugar, volvía a la mansión donde se entretenía con el huerto que tenían los estudiantes del maestro allí y luego en la azotea, donde había un mirador decorado con un reloj solar de piedra y muchas flores de hielo. Aprendía cada día algo nuevo: la biblioteca de aquel lugar era un santuario en sí mismo, ubicado en el sótano de la estructura. Ese día decidió llevar el parte de refugiados al Lord, debía pensárselo dos veces antes de tocar, no le gustaba acabar congelado por alguna trampa de escarcha sobre la puerta o que su señor lo rejuveneciera tanto que pasaría a ser niño o un bebé que balbucearía sin voz ni voto.

Se acercó a la gran recámara, dando tres suaves toques a la puerta y al cabo de cinco segundos, habló:

  — [b][c=#E57300]Es increíble cómo las rencillas pueden darse entre las razas; diferencias de pensamiento… que nunca falta, pero a la hora de atender las calamidades, sobre todo aquellas venidas por la inquisición, la naturaleza y los mismos dioses, nadie estará solo. Esa es la esperanza de Ethereal, Señor Geth: saber que a pesar de estar dividida, es una y como grupo único tiene un destino y una responsabilidad compartida. De todos. Para todos. ¿Ahora lo ve, mi señor? Que los cambiaformas vengan a nuestra tierra os garantiza prosperidad. Futuros guerreros y buenos comerciantes para que Cronum vuelva a salir a flote, a nivel político, por supuesto.[/c][/b] —Aunque sabía que al albino no le gustaban las bromas, el viejo mayordomo optó por darle un poco de gracia al final de su oración, pues ¿qué más podía flotar toda una ciudad que el mismo nigromante había puesto a levitar?

Pasaron diez segundos exactos y Ventus no respondió. Gris sonrió tras la puerta y se retiró.

[c=#0073E5][big][center]—[b] « ❄ » [/b]—[/center][/big][/c]
Por la tarde, Ventus solía ir a dar un paseo a solas. En ese momento tenía a Gris en casa, algo que provocaba que los paseos se alargaran más de lo que era habitual, ya que no le gustaba tener esa compañía por todo el día, y más si únicamente le sabía hablar de lo mismo siempre. Se había vestido como de costumbre, con la camisa de seda de color blanco, un pantalón ajustado negro y unas botas de cueros impecables, para rematar su vestimenta usaba un largo abrigo de tela negra con detalles plateados y aspecto romanizado que le daba elegancia y porte a su andar. Aquella vez su estoque estaba bajo resguardo en su recámara. No se molestó en peinarse demasiado, pero no consideraba que le hiciera falta. No, ya iba suficientemente arreglado como para dar un paseo de dos o tres horas, realizar una tortura gélida a alguien o tal vez ir a tomar algo si le apetecía. Agradecería algún tipo de compañía, sí, pero una que le resultara interesante, no cualquier persona que quisiera pasear con él, por lo que era excepcional que no estuviera solo. Salió de la mansión sin usar la puerta, materializándose en la entrada, y empezó a caminar por las proximidades de la estructura primero. Se iría alejando poco a poco, seguramente hasta llegar al muelle, pasando por los barrios menos pudientes en el proceso. No solía detenerse demasiado por allí, no le gustaba, sobre todo si su vestimenta y su caminar delataban por completo su posición social. Eso no significaba que de vez en cuando no pudiera hacer alguna buena acción, pequeñas más que nada, para ver el agradecimiento que le daban esas personas a quienes daba una limosna o algo parecido. No le venía de diez o quince coronas sveanas, en realidad, pero no era algo que hiciera siempre ni mucho menos. Ni con todos los que se cruzaba. Es más, más de uno quedaba hecho estatua congelada y formando parte de las numerosas esculturas de hielo que adornan las calles adosadas.

Llegó al puerto —o lo que queda de él—, y se detuvo un momento a observar hacia abajo, el mar. Ese día era ventoso, por lo que sería normal que hubiera olas de tratarse de una ciudad del sur, pero no. Era un mar de costa congelada. No había gente allí, y una figura de tez palidecida, solitaria, plantada en un lugar donde cualquiera se congelaría o que de un empujón se enfrentaría a una gran caída era bastante extraña. Se mantuvo un largo rato observando el glaciar y reflexionando. Cerró los ojos por un momento para sentir el aire frío.

Aquella tierra fría siempre le traía recuerdos, muchos recuerdos de buenos momentos en los que aprendices volaban por los aires y edificios ardían para luego ser cubiertos por una delgada capa de nieve.

Abrió nuevamente los ojos, dando media vuelta. Regresó por un lugar distinto al que había venido, eso sí, para variar su ruta. Caminaba lentamente —sabía que estaba seguro en su capital por lo que no era necesario levitar—, mirando a todo su alrededor, sin que nada suscitara su interés, por lo que llevaba una expresión de bastante aburrimiento. Al menos hasta que algo rompió la monotonía del empedrado levemente congelado por la helada de la mañana. Una capa. Alguien llevaba esa capa puesta, estaba claro, y se trataba de una chica que no aparentaba más de dieciséis años. Ventus la observó durante un minuto, tal vez dos, sin hacer ningún movimiento que pudiera parecer amenazante.

  —[c=#00E5E5][b] ¿Tienes algún lugar al que ir? ¿Te has perdido? [/b][/c]—le preguntó con voz suave. No la había visto nunca, por lo que pensó que a lo mejor era de fuera. Si ella alzaba la vista vería un semblante serio, nada empatico, y unos ojos rasgados de celeste y plateado que la miraban con curiosidad.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/60/59/21/Ventus-Geth-KkoIMdxUc-b.jpg][/center]
3 weeks ago · · · Reply »
Yᴜɪ' 〤 · 2 weeks ago
[med][center][c=#f49e9c]✧ ~ ♡ ~ ✧[/c][/center][/med]
¿Acompañarle a casa? Si bien Ventus le estaba ayudando, Yui se encontraba insegura con esa pregunta. Ventus parecía ser un hombre pudiente, y aquella descripción de su hogar era cuanto menos apetecible para cualquiera. Sin embargo, la duda se podía notar en su rostro y su falta inmediata de respuesta. Un montón de cosas pasaron por su cabeza, siendo principalmente aquella problemática pregunta sobre si de verdad debería confiar en las palabras de Ventus. Un breve silencio incómodo le acompañó, mientras pensaba. No fue hasta el siguiente tema que Yui abandonó su ensimismamiento. Tan solo asintió ante las palabras de Ventus.

—[c=#f49e9c]Aún así, Cronum es un lugar mágico y misterioso... [/c]—O al menos lo era para Yui. No era un lugar al que estuviera acostumbrada, al pasar toda su vida en centrogarnalia. Además que las historias que había escuchado sobre esa fortaleza despertaban su curiosidad, sobre todo aquellas relacionadas con el conocimiento sin fin de las artes mágicas que hacían volar esa ciudad—. [c=#f49e9c]Es algo hermoso a su manera. [/c]—Sonrió nuevamente a Ventus.

Cuando escuchó el origen del nombre de Ventus, se mostró ligeramente interesada. Ladeó su cabeza y observó fijamente al albino, entrecerró sus ojos, intentando leer los del hombre. Finalmente recobró su postura y se dirigió a él.

—[c=#f49e9c]¿Ventisca? Creo que encaja... [/c]—meditó Yui. Asintió y prosiguió—:[c=#f49e9c] denotas un aire fresco a pesar de ser misterioso. ¡Y dominas la espada! un arma rápida como el viento... Ya le encantaría a Yui poder dominar la magia del dulce. [/c]—Fingió estar ligeramente decepcionada tras decir eso último, acompañándole una suave risa al final.

Yui comió con ánimo, casi como si fuesen a arrebatarle de un momento a otro su plato de comida, o como si fuese a despertar de un sueño y aprovechase los últimos minutos. Cuando probó uno de los rollos de canela, su semblante se iluminó y devoró el resto a pocos mordiscos. El siguiente rollo sufrió un destino similar—. [c=#f49e9c]¿Yui puede pedir otro? [/c]—preguntó. Parecía en aquel momento más interesada por comerse todos los dulces de la taberna en vez de disfrutar algo más salado.

—[c=#f49e9c]¿Sargento?[/c] —Yui se mostró ligeramente decepcionada. Observó a Ventus de pies a cabeza, no parecía a primera vista ser un militar. Aún así, parecía que conocía algo de magia y alquimia, suficiente para despertar la curiosidad de la chica—. [c=#f49e9c]Mamá solía enseñarle a Yui desde pequeña algunas cosas sobre la magia.[/c] —Estiró su mano derecha a través de la mesa, abriendo su puño boca arriba. Sobre él se dibujó un sello mágico que dejó emerger una pequeña llama azul. Rápidamente se evaporó cuando cerró su puño—. [c=#f49e9c]Decía que podría aprender cualquier cosa sobre magia en esta ciudad. Pero... [/c]—Yui se calló a si misma, suspiró y dio una última mordida a su rollo de canela. Su rostro se iluminó de nuevo, como si aquella esencia dulce con solo pasar por su boca mejorara su existencia.

Cuando culminó su comida, Yui tan solo se quedó en silencio, pensando, ¿acaso debería aceptar la propuesta de Ventus? Realmente era tentador, teniendo en cuenta lo que había vivido. Sin embargo, era difícil para cualquier confiar en alguien que apenas acaba de conocer, y por más ingenua que Yui pueda llegar a ser, sabía los peligros que había en seguir a un desconocido. Seguramente aquella duda se reflejara lo suficiente en su rostro para que Ventus pudiera leerla. Yui le dedicó una mirada al fin. Su expresión denotaba una fuerte inseguridad, como si fuese a huir como un gato de observar un movimiento brusco. Jugueteaba con sus dedos en su asiento, esperando que Ventus rompiera el silencio.

Pero no era lo que esperaba escuchar del hombre. Había previsto que varios hombres se levantaran de sus asientos provistos de armas, tanto filosas como contundentes, en su contra. Yui tembló nerviosa, pues Ventus no parecía armado, ella no lo estaba. Y aquellos hombres eran muchos como para ser combatidos a puñetazos. Eso, o que el albino se disculpara con ellos, quizá así lo dejarían tranquilo.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/61/45/39/Y--cpHLE1YUN-b.jpg]
[code][c=#f49e9c][i]« Words are our most inexhaustible source of magic; able to hurt and heal »[/i]
ღ[/c][/code][/center]
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Ventus Geth · 2 weeks ago
Al ver esas dudas en el rostro de la chica, no tardó en comprender que tal vez se había apresurado al proponerle aquello. Sí que estaba falto de alguien en casa, de cierto contacto con alguien que no fuera Gris, su mayordomo, pero a lo mejor aquello había sido demasiado. No dijo nada al respecto, y prefirió cambiar de tema, al menos hasta que ella pudiera darle una respuesta. No la iba a presionar en absoluto, al final no le quería ningún mal, sino lo contrario. Se sentía responsable de que hubiera estado en la calle todo ese tiempo, pero aún no podía decirle la verdad. O no lo creería o tal vez sería peor decírselo. No, no podía. Le esbozó una sonrisa cuando cambió de tema, y asintió con la cabeza.

—[b][c=#00E5E5]Eso es. A su modo, es hermosa... es fría, pero tiene su belleza para quien sabe apreciarla. Y veo que sabes[/c][/b] —elogió. Apreciaba que una persona supiera ver belleza donde otros no lo hacían... o, mejor dicho, donde él lo hacía. Era una ciudad muy hermosa, sí. Pero su frialdad a veces hace que no se vea eso. Había pasado en más de una ocasión, y le gustaba que alguien supiera ver más allá de las primeras impresiones. Pidió para sí otro de los rollos de canela que Yui tenía, ya que presentaban muy buen aspecto, y la muchacha empezó a comerlo con gusto. Le gustaban mucho los dulces, y aunque a él le solían abrir un poco el hambre, se negaba de comerlos públicamente. Luego en casa comería bien. La miró a los ojos, con su habitual destello argénteo en ellos, aunque alzó las cejas al oír que podía ser fresco. En realidad el aire tenía ambas facetas, ¿no? Él a lo mejor también.

—[b][c=#00E5E5]Nunca me habían dicho que tengo un aire fresco[/c][/b] —le sonrió, aquella vez de forma genuina, y luego soltó una risa divertida cuando oyó lo de la magia del dulce. Se encogió de hombros y recuperó los estribos—. [b][c=#00E5E5]No sé si hay magia de dulce, pero desde luego podrías aprender magia aquí, y ver si puedes hacer algo con los dulces [/c][/b]—rió suavemente y asintió ante su pregunta, invitándola a pedir más rollos de canela, los que quisiera—. [b][c=#00E5E5]Pide lo que quieras[/c][/b]—le dijo. Si estaba allí era para que al menos una vez se alimentara bien. Le sonrió y pidió más rollos de canela para Yui. Guardó silencio mientras esta comía y miró lo que hacía ella, y asintió con la cabeza al ver aquella chispa de magia que efímera surgió y desapareció—.[b][c=#00E5E5] Interesante... [/c][/b]—él extendió la palma, e hizo surgir una corriente de aire frío en dirección a ella, que congeló al instante el bollo dulce que estaba por llevarse a la boca.

Cuando se quedaron en silencio, él la miró, y decidió tomar la palabra. Respiró hondo y se inclinó un poco sobre la mesa. —[b][c=#00E5E5]A ver, si no quieres no pasa nada, eso lo primero. Pero no creo que alguien como tú deba estar sola, en la calle, y mucho menos en un lugar tan frío como este. Y si te soy sincero... me recuerdas a una pequeña que tuve bajo mi resguardo[/c][/b] —acabó por decirle. Aquella niña, Banisari, durante su estancia en Cronum había sido vivaz, alegre y dulce.

Ventus mantuvo la atención de la cambiaformas siempre en él, evitando así que ésta se percatara del conjuro temporal que había recitado disimuladamente con cada palabra que vocalizaba, el carácter del albino infundía más que respeto, sino terror, pero para ella no parecía importarle compartir la mesa con un nigromante. Todo a su alrededor parecía ir en cámara lenta, el ojiplateado recitó otro conjuro que desafiló las armas de los hombres que se habían levantado, ahora si parecían verdaderos juguetes, previendo que les quedaba poco tiempo antes de que el efecto pasara y sobre ellos dos todos los hombres se abalanzaran.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/62/08/90/Ventus-Geth-9V7d6EPQq-b.jpg][/center]
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Yᴜɪ' 〤 · 1 day ago
[med][center][c=#f49e9c]✧ ~ ♡ ~ ✧[/c][/center][/med]
Yui escuchaba con atención las palabras de Ventus. Le regaló una sonrisa al ver que no emanó una de él al escuchar el pequeño cumplido de Yui. Asintió alegremente ante la posibilidad de aprender más sobre magia, y en su cabeza se dibujaron ideas relacionadas con el concepto de la magia de dulce. Aunque perdida en su imaginación, parecía estar contenta con la idea. Salió finalmente de su ensimismamiento, y se dedicó alegremente a comer los nuevos rollos de canela servidos. Cuando escuchó el pequeño relato, Yui asintió con curiosidad.

—[c=#f49e9c]No tienes pinta de soldado[/c] —admitió Yui, sin ánimos de ofender a Ventus. Ladeó ligeramente su cabeza, observando a Ventus. Al oírle hablar sobre la magia, sonrió. Yui aspiraba ante todo a incrementar y reforzar sus conocimientos sobre la magia, una parte de ella le decía que si se mantenía con él, podría abrir las puertas a tal conocimiento. Sin embargo, la duda persistía.

Cuando acabaron de comer y el silencio se adueñó del ambiente, Yui destinó su atención al intento de Ventus por romperlo. En un inicio aún se mostraba dudosa ante sus palabras, a pesar de que sabía que tenía la razón. Por encima era una oportunidad única, era en todos los aspectos mejor que lo que había estado viviendo los últimos meses—. [c=#f49e9c]Tienes razón, pero... [/c]—Yui no pudo culminar, cuando las palabras se negaron a salir de su boca. Tal vez simplemente no tendría más opción que esa. Por un momento aquel comentario que la comparaba con otra chica cautivó su atención—. [c=#f49e9c]¿En serio? ¿Por qué?[/c] —preguntó. Le causaba curiosidad la razón por la cuál le comparaba con alguien más, y que sobretodo usara las palabras "pequeña" y "resguardo" en su oración. Sin embargo, Yui notaba un aire diferente en aquella afirmación—. [c=#f49e9c]¿Le ocurrió algo? [/c]—preguntó con cierta vergüenza, en un tono notablemente bajo.

A pesar de que sus fuertes dudas luchaban por dominarle, aquel hombre que se presentaba ante ella no parecía ser alguien que se dignara a engañar de esa manera a alguien como ella. Además, era la oportunidad que buscaba—. [c=#f49e9c]Yui sabe lo que es perder un ser querido, por eso quiere cumplir con lo que mamá le dijo. Yui quiere ser alguien capaz de proteger lo que quiere. [/c]—A pesar de sus palabras, un aire de serenidad la envolvió. Hablaba con sinceridad, acompañada de una sonrisa oculta bajo el cuello de su capa. Después de pensarlo con detenimiento ¿Qué otra oportunidad se le podría presentar así a ella? ¿Acaso viviría siempre oculta entre los tejados esperando a que los dioses se apiadaran de ella? Se encontraba decidida en ese momento. Sin embargo, aún había algo que quería hacer—. [c=#f49e9c]Eso es lo que Yui quiere. ¿Prometes ayudar a Yui con eso?[/c] —preguntó. Aquella inocente sonrisa se desvaneció. En aquel momento su semblante denotaba seriedad en ella, en su voz. Esperaba impaciente la respuesta.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/60/56/85/Y--kWt6VUsvB-b.jpg]
[code][c=#f49e9c][i]« Belive in yourself, and you can do anything »
[/i]ღ[/c][/code][/center]
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Ventus Geth has new friends.
Eɪʀ ᴬ́ˢʸᶰʲᵃ࿔ Add as Friend
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2 weeks ago · ·
Ventus Geth
Aunque invisible para muchos ojos, excepto para aquel cuya lengua temeraria es capaz de exprimir contra su paladar el fruto de la alegría, y cuya alma, tras beber la tristeza de su poderío, será colgada entre sus vastos trofeos sombríos como recuerdo eterno, de aquella estrella de la noche, que está en los pétalos que florecen, en un cuarto silencioso, en los pájaros que cantan, en cada pequeña cosa.
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Ventus Geth has new friends.
2 weeks ago · ·
Ventus Geth has just replied in the topic ¿Tienes adónde ir? [Priv. Ventus & Yui].
Ventus Geth
[med][c=#737373]FÖRSTGARD — Cronum[/c][/med] [c=#808080][code][i]Un tiempo después de la desaparición de Banisari y el éxodo de los cambiaformas...[/i][/code][/c] [center][image=https://webcomicms.net/sites/default/files/clipart/173800/royalty-free-fantasy-art-173800-1979010.jpg] [quote=#ffffff] Miseria. Esa palabra resumía el caos de Cronum [/quote][/center] La ciudad fortaleza no era nada a como la solían describir: artística, exuberante, llena de cultura y vida. No. Todo lo contrario. Oscura, con edificios históricos, sí, pero en decadencia y descuidados, la sobrepoblación se arrastraba como ratas, dejando al descubierto, como un nervio expuesto, un desorden generalizado, la falta de control de las autoridades reemplazadas por las condenas de un nigromante, la perdida de la fe y el horizonte. Si la esperanza fuera un don dado para el mundo, hacía mucho había dejado los límites de los dominios del[i] Juez[/i]. Y con razón: el atolón congelado era objeto de conocimiento popular e inspiración turística; quien hablaba de Förstgard, tarde o temprano mencionaba al Lago Elarciag y la derruída antigua capital de Garnalia del Norte que desapareció en el tiempo, todos la recuerdan por sus tabernas, sus bebidas, su música y baile, la esclavitud servil a disposición de los más acaudalados. Pero ahora, dividida por la situación de asedio que sufría cada día por la migración de los sobrevivientes de la plaga de Garnalia Centro, miles y miles de refugiados cambiaformas invadían los antiguos establecimientos, pidiendo limosna por las calles, tomando control sobre el patrimonio privado, creando un aire de inseguridad que se arrastraba como sarna por los barrios congelado de la ciudad.

Sin embargo, el caos general no detiene la vida del más acaudalado. Con su hogar cerca de la llamada Plaza del Reloj viperino —nombre dado por la escultura de una gran serpiente de piedra entrelazada a un reloj de arena que adorna el lugar—, la vida libertina sigue a pesar de que fuera de los límites de la mansión del nigromante, la ciudad entra en estado de anarquía. Es en estos lugares, barrios que cada vez sufren de la depresión económica por falta de recursos, que poco a poco empezó a llegar la "ayuda" extranjera, con sus suministros de comida y medicamentos. El reto estaba claro: organizar a los extranjeros para que el estado del Nigromante pudiera darles sustento en labores necesarias para fines sociales y militares, respondiendo a los retos que ahora tenían como reino perdido en el tiempo frente a sí mismo, y frente al Dios, señor de las tinieblas.

Ventus había llegado días atrás, junto con Gris. El viejo mayordomo de su mansión poco había envejecido, pues con tantos hechizos de rejuvenecimiento que el nigromante había aplicado en él, cualquiera diría que lo torturaba evitándole la muerte, otros decían que le era necesario, que ese anciano era el único que lograba calmar la cólera del [i]Juez[/i] contra las ratas que poblaban las casas y calles. Aunque el viejo carecía de dotes para la magia, tenía un amplio conocimiento en su memoria; era un adepto en la medicina, la alquimia y la política, distraía al nigromante con sus historias y desde hacía siglos estaba concentrado más en las estrellas que en la tierra, siendo la astrología para él un arte cultivado y por ende, un aspecto que solo él podía entender de Ventus. ¿Cómo podía alguien tan longevo no perder la cordura? Con pocos meses de haber perdido a una pequeña que le causaba calma, y aun las dudas de la existencia en su espalda, el albino se había recluido, quedando el viejo Gris a cargo de la ciudad fortaleza, y de organizar a los nuevos habitantes en Cronum mientras el nigromante se ocupaba de llevar a buen puerto sus pensamientos.

Todos los días desde que llegara, el viejo Gris se había dedicado a la misma rutina: atender a los enfermos cambiaformas, ofreciéndoles donde hospedarse, repartir alimentos en el hospicio de la ciudad y luego, pedía a cambio servir a su señor. Cuando no había tantos enfermos en el lugar, volvía a la mansión donde se entretenía con el huerto que tenían los estudiantes del maestro allí y luego en la azotea, donde había un mirador decorado con un reloj solar de piedra y muchas flores de hielo. Aprendía cada día algo nuevo: la biblioteca de aquel lugar era un santuario en sí mismo, ubicado en el sótano de la estructura. Ese día decidió llevar el parte de refugiados al Lord, debía pensárselo dos veces antes de tocar, no le gustaba acabar congelado por alguna trampa de escarcha sobre la puerta o que su señor lo rejuveneciera tanto que pasaría a ser niño o un bebé que balbucearía sin voz ni voto.

Se acercó a la gran recámara, dando tres suaves toques a la puerta y al cabo de cinco segundos, habló:

  — [b][c=#E57300]Es increíble cómo las rencillas pueden darse entre las razas; diferencias de pensamiento… que nunca falta, pero a la hora de atender las calamidades, sobre todo aquellas venidas por la inquisición, la naturaleza y los mismos dioses, nadie estará solo. Esa es la esperanza de Ethereal, Señor Geth: saber que a pesar de estar dividida, es una y como grupo único tiene un destino y una responsabilidad compartida. De todos. Para todos. ¿Ahora lo ve, mi señor? Que los cambiaformas vengan a nuestra tierra os garantiza prosperidad. Futuros guerreros y buenos comerciantes para que Cronum vuelva a salir a flote, a nivel político, por supuesto.[/c][/b] —Aunque sabía que al albino no le gustaban las bromas, el viejo mayordomo optó por darle un poco de gracia al final de su oración, pues ¿qué más podía flotar toda una ciudad que el mismo nigromante había puesto a levitar?

Pasaron diez segundos exactos y Ventus no respondió. Gris sonrió tras la puerta y se retiró.

[c=#0073E5][big][center]—[b] « ❄ » [/b]—[/center][/big][/c]
Por la tarde, Ventus solía ir a dar un paseo a solas. En ese momento tenía a Gris en casa, algo que provocaba que los paseos se alargaran más de lo que era habitual, ya que no le gustaba tener esa compañía por todo el día, y más si únicamente le sabía hablar de lo mismo siempre. Se había vestido como de costumbre, con la camisa de seda de color blanco, un pantalón ajustado negro y unas botas de cueros impecables, para rematar su vestimenta usaba un largo abrigo de tela negra con detalles plateados y aspecto romanizado que le daba elegancia y porte a su andar. Aquella vez su estoque estaba bajo resguardo en su recámara. No se molestó en peinarse demasiado, pero no consideraba que le hiciera falta. No, ya iba suficientemente arreglado como para dar un paseo de dos o tres horas, realizar una tortura gélida a alguien o tal vez ir a tomar algo si le apetecía. Agradecería algún tipo de compañía, sí, pero una que le resultara interesante, no cualquier persona que quisiera pasear con él, por lo que era excepcional que no estuviera solo. Salió de la mansión sin usar la puerta, materializándose en la entrada, y empezó a caminar por las proximidades de la estructura primero. Se iría alejando poco a poco, seguramente hasta llegar al muelle, pasando por los barrios menos pudientes en el proceso. No solía detenerse demasiado por allí, no le gustaba, sobre todo si su vestimenta y su caminar delataban por completo su posición social. Eso no significaba que de vez en cuando no pudiera hacer alguna buena acción, pequeñas más que nada, para ver el agradecimiento que le daban esas personas a quienes daba una limosna o algo parecido. No le venía de diez o quince coronas sveanas, en realidad, pero no era algo que hiciera siempre ni mucho menos. Ni con todos los que se cruzaba. Es más, más de uno quedaba hecho estatua congelada y formando parte de las numerosas esculturas de hielo que adornan las calles adosadas.

Llegó al puerto —o lo que queda de él—, y se detuvo un momento a observar hacia abajo, el mar. Ese día era ventoso, por lo que sería normal que hubiera olas de tratarse de una ciudad del sur, pero no. Era un mar de costa congelada. No había gente allí, y una figura de tez palidecida, solitaria, plantada en un lugar donde cualquiera se congelaría o que de un empujón se enfrentaría a una gran caída era bastante extraña. Se mantuvo un largo rato observando el glaciar y reflexionando. Cerró los ojos por un momento para sentir el aire frío.

Aquella tierra fría siempre le traía recuerdos, muchos recuerdos de buenos momentos en los que aprendices volaban por los aires y edificios ardían para luego ser cubiertos por una delgada capa de nieve.

Abrió nuevamente los ojos, dando media vuelta. Regresó por un lugar distinto al que había venido, eso sí, para variar su ruta. Caminaba lentamente —sabía que estaba seguro en su capital por lo que no era necesario levitar—, mirando a todo su alrededor, sin que nada suscitara su interés, por lo que llevaba una expresión de bastante aburrimiento. Al menos hasta que algo rompió la monotonía del empedrado levemente congelado por la helada de la mañana. Una capa. Alguien llevaba esa capa puesta, estaba claro, y se trataba de una chica que no aparentaba más de dieciséis años. Ventus la observó durante un minuto, tal vez dos, sin hacer ningún movimiento que pudiera parecer amenazante.

  —[c=#00E5E5][b] ¿Tienes algún lugar al que ir? ¿Te has perdido? [/b][/c]—le preguntó con voz suave. No la había visto nunca, por lo que pensó que a lo mejor era de fuera. Si ella alzaba la vista vería un semblante serio, nada empatico, y unos ojos rasgados de celeste y plateado que la miraban con curiosidad.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/60/59/21/Ventus-Geth-KkoIMdxUc-b.jpg][/center]
3 weeks ago · · · Reply »
Yᴜɪ' 〤 · 2 weeks ago
[med][center][c=#f49e9c]✧ ~ ♡ ~ ✧[/c][/center][/med]
¿Acompañarle a casa? Si bien Ventus le estaba ayudando, Yui se encontraba insegura con esa pregunta. Ventus parecía ser un hombre pudiente, y aquella descripción de su hogar era cuanto menos apetecible para cualquiera. Sin embargo, la duda se podía notar en su rostro y su falta inmediata de respuesta. Un montón de cosas pasaron por su cabeza, siendo principalmente aquella problemática pregunta sobre si de verdad debería confiar en las palabras de Ventus. Un breve silencio incómodo le acompañó, mientras pensaba. No fue hasta el siguiente tema que Yui abandonó su ensimismamiento. Tan solo asintió ante las palabras de Ventus.

—[c=#f49e9c]Aún así, Cronum es un lugar mágico y misterioso... [/c]—O al menos lo era para Yui. No era un lugar al que estuviera acostumbrada, al pasar toda su vida en centrogarnalia. Además que las historias que había escuchado sobre esa fortaleza despertaban su curiosidad, sobre todo aquellas relacionadas con el conocimiento sin fin de las artes mágicas que hacían volar esa ciudad—. [c=#f49e9c]Es algo hermoso a su manera. [/c]—Sonrió nuevamente a Ventus.

Cuando escuchó el origen del nombre de Ventus, se mostró ligeramente interesada. Ladeó su cabeza y observó fijamente al albino, entrecerró sus ojos, intentando leer los del hombre. Finalmente recobró su postura y se dirigió a él.

—[c=#f49e9c]¿Ventisca? Creo que encaja... [/c]—meditó Yui. Asintió y prosiguió—:[c=#f49e9c] denotas un aire fresco a pesar de ser misterioso. ¡Y dominas la espada! un arma rápida como el viento... Ya le encantaría a Yui poder dominar la magia del dulce. [/c]—Fingió estar ligeramente decepcionada tras decir eso último, acompañándole una suave risa al final.

Yui comió con ánimo, casi como si fuesen a arrebatarle de un momento a otro su plato de comida, o como si fuese a despertar de un sueño y aprovechase los últimos minutos. Cuando probó uno de los rollos de canela, su semblante se iluminó y devoró el resto a pocos mordiscos. El siguiente rollo sufrió un destino similar—. [c=#f49e9c]¿Yui puede pedir otro? [/c]—preguntó. Parecía en aquel momento más interesada por comerse todos los dulces de la taberna en vez de disfrutar algo más salado.

—[c=#f49e9c]¿Sargento?[/c] —Yui se mostró ligeramente decepcionada. Observó a Ventus de pies a cabeza, no parecía a primera vista ser un militar. Aún así, parecía que conocía algo de magia y alquimia, suficiente para despertar la curiosidad de la chica—. [c=#f49e9c]Mamá solía enseñarle a Yui desde pequeña algunas cosas sobre la magia.[/c] —Estiró su mano derecha a través de la mesa, abriendo su puño boca arriba. Sobre él se dibujó un sello mágico que dejó emerger una pequeña llama azul. Rápidamente se evaporó cuando cerró su puño—. [c=#f49e9c]Decía que podría aprender cualquier cosa sobre magia en esta ciudad. Pero... [/c]—Yui se calló a si misma, suspiró y dio una última mordida a su rollo de canela. Su rostro se iluminó de nuevo, como si aquella esencia dulce con solo pasar por su boca mejorara su existencia.

Cuando culminó su comida, Yui tan solo se quedó en silencio, pensando, ¿acaso debería aceptar la propuesta de Ventus? Realmente era tentador, teniendo en cuenta lo que había vivido. Sin embargo, era difícil para cualquier confiar en alguien que apenas acaba de conocer, y por más ingenua que Yui pueda llegar a ser, sabía los peligros que había en seguir a un desconocido. Seguramente aquella duda se reflejara lo suficiente en su rostro para que Ventus pudiera leerla. Yui le dedicó una mirada al fin. Su expresión denotaba una fuerte inseguridad, como si fuese a huir como un gato de observar un movimiento brusco. Jugueteaba con sus dedos en su asiento, esperando que Ventus rompiera el silencio.

Pero no era lo que esperaba escuchar del hombre. Había previsto que varios hombres se levantaran de sus asientos provistos de armas, tanto filosas como contundentes, en su contra. Yui tembló nerviosa, pues Ventus no parecía armado, ella no lo estaba. Y aquellos hombres eran muchos como para ser combatidos a puñetazos. Eso, o que el albino se disculpara con ellos, quizá así lo dejarían tranquilo.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/61/45/39/Y--cpHLE1YUN-b.jpg]
[code][c=#f49e9c][i]« Words are our most inexhaustible source of magic; able to hurt and heal »[/i]
ღ[/c][/code][/center]
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Ventus Geth · 2 weeks ago
Al ver esas dudas en el rostro de la chica, no tardó en comprender que tal vez se había apresurado al proponerle aquello. Sí que estaba falto de alguien en casa, de cierto contacto con alguien que no fuera Gris, su mayordomo, pero a lo mejor aquello había sido demasiado. No dijo nada al respecto, y prefirió cambiar de tema, al menos hasta que ella pudiera darle una respuesta. No la iba a presionar en absoluto, al final no le quería ningún mal, sino lo contrario. Se sentía responsable de que hubiera estado en la calle todo ese tiempo, pero aún no podía decirle la verdad. O no lo creería o tal vez sería peor decírselo. No, no podía. Le esbozó una sonrisa cuando cambió de tema, y asintió con la cabeza.

—[b][c=#00E5E5]Eso es. A su modo, es hermosa... es fría, pero tiene su belleza para quien sabe apreciarla. Y veo que sabes[/c][/b] —elogió. Apreciaba que una persona supiera ver belleza donde otros no lo hacían... o, mejor dicho, donde él lo hacía. Era una ciudad muy hermosa, sí. Pero su frialdad a veces hace que no se vea eso. Había pasado en más de una ocasión, y le gustaba que alguien supiera ver más allá de las primeras impresiones. Pidió para sí otro de los rollos de canela que Yui tenía, ya que presentaban muy buen aspecto, y la muchacha empezó a comerlo con gusto. Le gustaban mucho los dulces, y aunque a él le solían abrir un poco el hambre, se negaba de comerlos públicamente. Luego en casa comería bien. La miró a los ojos, con su habitual destello argénteo en ellos, aunque alzó las cejas al oír que podía ser fresco. En realidad el aire tenía ambas facetas, ¿no? Él a lo mejor también.

—[b][c=#00E5E5]Nunca me habían dicho que tengo un aire fresco[/c][/b] —le sonrió, aquella vez de forma genuina, y luego soltó una risa divertida cuando oyó lo de la magia del dulce. Se encogió de hombros y recuperó los estribos—. [b][c=#00E5E5]No sé si hay magia de dulce, pero desde luego podrías aprender magia aquí, y ver si puedes hacer algo con los dulces [/c][/b]—rió suavemente y asintió ante su pregunta, invitándola a pedir más rollos de canela, los que quisiera—. [b][c=#00E5E5]Pide lo que quieras[/c][/b]—le dijo. Si estaba allí era para que al menos una vez se alimentara bien. Le sonrió y pidió más rollos de canela para Yui. Guardó silencio mientras esta comía y miró lo que hacía ella, y asintió con la cabeza al ver aquella chispa de magia que efímera surgió y desapareció—.[b][c=#00E5E5] Interesante... [/c][/b]—él extendió la palma, e hizo surgir una corriente de aire frío en dirección a ella, que congeló al instante el bollo dulce que estaba por llevarse a la boca.

Cuando se quedaron en silencio, él la miró, y decidió tomar la palabra. Respiró hondo y se inclinó un poco sobre la mesa. —[b][c=#00E5E5]A ver, si no quieres no pasa nada, eso lo primero. Pero no creo que alguien como tú deba estar sola, en la calle, y mucho menos en un lugar tan frío como este. Y si te soy sincero... me recuerdas a una pequeña que tuve bajo mi resguardo[/c][/b] —acabó por decirle. Aquella niña, Banisari, durante su estancia en Cronum había sido vivaz, alegre y dulce.

Ventus mantuvo la atención de la cambiaformas siempre en él, evitando así que ésta se percatara del conjuro temporal que había recitado disimuladamente con cada palabra que vocalizaba, el carácter del albino infundía más que respeto, sino terror, pero para ella no parecía importarle compartir la mesa con un nigromante. Todo a su alrededor parecía ir en cámara lenta, el ojiplateado recitó otro conjuro que desafiló las armas de los hombres que se habían levantado, ahora si parecían verdaderos juguetes, previendo que les quedaba poco tiempo antes de que el efecto pasara y sobre ellos dos todos los hombres se abalanzaran.

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Yᴜɪ' 〤 · 1 day ago
[med][center][c=#f49e9c]✧ ~ ♡ ~ ✧[/c][/center][/med]
Yui escuchaba con atención las palabras de Ventus. Le regaló una sonrisa al ver que no emanó una de él al escuchar el pequeño cumplido de Yui. Asintió alegremente ante la posibilidad de aprender más sobre magia, y en su cabeza se dibujaron ideas relacionadas con el concepto de la magia de dulce. Aunque perdida en su imaginación, parecía estar contenta con la idea. Salió finalmente de su ensimismamiento, y se dedicó alegremente a comer los nuevos rollos de canela servidos. Cuando escuchó el pequeño relato, Yui asintió con curiosidad.

—[c=#f49e9c]No tienes pinta de soldado[/c] —admitió Yui, sin ánimos de ofender a Ventus. Ladeó ligeramente su cabeza, observando a Ventus. Al oírle hablar sobre la magia, sonrió. Yui aspiraba ante todo a incrementar y reforzar sus conocimientos sobre la magia, una parte de ella le decía que si se mantenía con él, podría abrir las puertas a tal conocimiento. Sin embargo, la duda persistía.

Cuando acabaron de comer y el silencio se adueñó del ambiente, Yui destinó su atención al intento de Ventus por romperlo. En un inicio aún se mostraba dudosa ante sus palabras, a pesar de que sabía que tenía la razón. Por encima era una oportunidad única, era en todos los aspectos mejor que lo que había estado viviendo los últimos meses—. [c=#f49e9c]Tienes razón, pero... [/c]—Yui no pudo culminar, cuando las palabras se negaron a salir de su boca. Tal vez simplemente no tendría más opción que esa. Por un momento aquel comentario que la comparaba con otra chica cautivó su atención—. [c=#f49e9c]¿En serio? ¿Por qué?[/c] —preguntó. Le causaba curiosidad la razón por la cuál le comparaba con alguien más, y que sobretodo usara las palabras "pequeña" y "resguardo" en su oración. Sin embargo, Yui notaba un aire diferente en aquella afirmación—. [c=#f49e9c]¿Le ocurrió algo? [/c]—preguntó con cierta vergüenza, en un tono notablemente bajo.

A pesar de que sus fuertes dudas luchaban por dominarle, aquel hombre que se presentaba ante ella no parecía ser alguien que se dignara a engañar de esa manera a alguien como ella. Además, era la oportunidad que buscaba—. [c=#f49e9c]Yui sabe lo que es perder un ser querido, por eso quiere cumplir con lo que mamá le dijo. Yui quiere ser alguien capaz de proteger lo que quiere. [/c]—A pesar de sus palabras, un aire de serenidad la envolvió. Hablaba con sinceridad, acompañada de una sonrisa oculta bajo el cuello de su capa. Después de pensarlo con detenimiento ¿Qué otra oportunidad se le podría presentar así a ella? ¿Acaso viviría siempre oculta entre los tejados esperando a que los dioses se apiadaran de ella? Se encontraba decidida en ese momento. Sin embargo, aún había algo que quería hacer—. [c=#f49e9c]Eso es lo que Yui quiere. ¿Prometes ayudar a Yui con eso?[/c] —preguntó. Aquella inocente sonrisa se desvaneció. En aquel momento su semblante denotaba seriedad en ella, en su voz. Esperaba impaciente la respuesta.

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Ventus Geth posted a note on the wall of Lumière Noire.
Lumière Noire
Jorrvaskr vanglory
4 weeks ago · · · Post a note »
Ventus Geth · 3 weeks ago
[center][b][c=#00E5E5][[/c][/b] Si sigues actuando así, necesitarás esto:
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Ventus Geth has just replied in the topic ¿Tienes adónde ir? [Priv. Ventus & Yui].
Ventus Geth
[med][c=#737373]FÖRSTGARD — Cronum[/c][/med] [c=#808080][code][i]Un tiempo después de la desaparición de Banisari y el éxodo de los cambiaformas...[/i][/code][/c] [center][image=https://webcomicms.net/sites/default/files/clipart/173800/royalty-free-fantasy-art-173800-1979010.jpg] [quote=#ffffff] Miseria. Esa palabra resumía el caos de Cronum [/quote][/center] La ciudad fortaleza no era nada a como la solían describir: artística, exuberante, llena de cultura y vida. No. Todo lo contrario. Oscura, con edificios históricos, sí, pero en decadencia y descuidados, la sobrepoblación se arrastraba como ratas, dejando al descubierto, como un nervio expuesto, un desorden generalizado, la falta de control de las autoridades reemplazadas por las condenas de un nigromante, la perdida de la fe y el horizonte. Si la esperanza fuera un don dado para el mundo, hacía mucho había dejado los límites de los dominios del[i] Juez[/i]. Y con razón: el atolón congelado era objeto de conocimiento popular e inspiración turística; quien hablaba de Förstgard, tarde o temprano mencionaba al Lago Elarciag y la derruída antigua capital de Garnalia del Norte que desapareció en el tiempo, todos la recuerdan por sus tabernas, sus bebidas, su música y baile, la esclavitud servil a disposición de los más acaudalados. Pero ahora, dividida por la situación de asedio que sufría cada día por la migración de los sobrevivientes de la plaga de Garnalia Centro, miles y miles de refugiados cambiaformas invadían los antiguos establecimientos, pidiendo limosna por las calles, tomando control sobre el patrimonio privado, creando un aire de inseguridad que se arrastraba como sarna por los barrios congelado de la ciudad.

Sin embargo, el caos general no detiene la vida del más acaudalado. Con su hogar cerca de la llamada Plaza del Reloj viperino —nombre dado por la escultura de una gran serpiente de piedra entrelazada a un reloj de arena que adorna el lugar—, la vida libertina sigue a pesar de que fuera de los límites de la mansión del nigromante, la ciudad entra en estado de anarquía. Es en estos lugares, barrios que cada vez sufren de la depresión económica por falta de recursos, que poco a poco empezó a llegar la "ayuda" extranjera, con sus suministros de comida y medicamentos. El reto estaba claro: organizar a los extranjeros para que el estado del Nigromante pudiera darles sustento en labores necesarias para fines sociales y militares, respondiendo a los retos que ahora tenían como reino perdido en el tiempo frente a sí mismo, y frente al Dios, señor de las tinieblas.

Ventus había llegado días atrás, junto con Gris. El viejo mayordomo de su mansión poco había envejecido, pues con tantos hechizos de rejuvenecimiento que el nigromante había aplicado en él, cualquiera diría que lo torturaba evitándole la muerte, otros decían que le era necesario, que ese anciano era el único que lograba calmar la cólera del [i]Juez[/i] contra las ratas que poblaban las casas y calles. Aunque el viejo carecía de dotes para la magia, tenía un amplio conocimiento en su memoria; era un adepto en la medicina, la alquimia y la política, distraía al nigromante con sus historias y desde hacía siglos estaba concentrado más en las estrellas que en la tierra, siendo la astrología para él un arte cultivado y por ende, un aspecto que solo él podía entender de Ventus. ¿Cómo podía alguien tan longevo no perder la cordura? Con pocos meses de haber perdido a una pequeña que le causaba calma, y aun las dudas de la existencia en su espalda, el albino se había recluido, quedando el viejo Gris a cargo de la ciudad fortaleza, y de organizar a los nuevos habitantes en Cronum mientras el nigromante se ocupaba de llevar a buen puerto sus pensamientos.

Todos los días desde que llegara, el viejo Gris se había dedicado a la misma rutina: atender a los enfermos cambiaformas, ofreciéndoles donde hospedarse, repartir alimentos en el hospicio de la ciudad y luego, pedía a cambio servir a su señor. Cuando no había tantos enfermos en el lugar, volvía a la mansión donde se entretenía con el huerto que tenían los estudiantes del maestro allí y luego en la azotea, donde había un mirador decorado con un reloj solar de piedra y muchas flores de hielo. Aprendía cada día algo nuevo: la biblioteca de aquel lugar era un santuario en sí mismo, ubicado en el sótano de la estructura. Ese día decidió llevar el parte de refugiados al Lord, debía pensárselo dos veces antes de tocar, no le gustaba acabar congelado por alguna trampa de escarcha sobre la puerta o que su señor lo rejuveneciera tanto que pasaría a ser niño o un bebé que balbucearía sin voz ni voto.

Se acercó a la gran recámara, dando tres suaves toques a la puerta y al cabo de cinco segundos, habló:

  — [b][c=#E57300]Es increíble cómo las rencillas pueden darse entre las razas; diferencias de pensamiento… que nunca falta, pero a la hora de atender las calamidades, sobre todo aquellas venidas por la inquisición, la naturaleza y los mismos dioses, nadie estará solo. Esa es la esperanza de Ethereal, Señor Geth: saber que a pesar de estar dividida, es una y como grupo único tiene un destino y una responsabilidad compartida. De todos. Para todos. ¿Ahora lo ve, mi señor? Que los cambiaformas vengan a nuestra tierra os garantiza prosperidad. Futuros guerreros y buenos comerciantes para que Cronum vuelva a salir a flote, a nivel político, por supuesto.[/c][/b] —Aunque sabía que al albino no le gustaban las bromas, el viejo mayordomo optó por darle un poco de gracia al final de su oración, pues ¿qué más podía flotar toda una ciudad que el mismo nigromante había puesto a levitar?

Pasaron diez segundos exactos y Ventus no respondió. Gris sonrió tras la puerta y se retiró.

[c=#0073E5][big][center]—[b] « ❄ » [/b]—[/center][/big][/c]
Por la tarde, Ventus solía ir a dar un paseo a solas. En ese momento tenía a Gris en casa, algo que provocaba que los paseos se alargaran más de lo que era habitual, ya que no le gustaba tener esa compañía por todo el día, y más si únicamente le sabía hablar de lo mismo siempre. Se había vestido como de costumbre, con la camisa de seda de color blanco, un pantalón ajustado negro y unas botas de cueros impecables, para rematar su vestimenta usaba un largo abrigo de tela negra con detalles plateados y aspecto romanizado que le daba elegancia y porte a su andar. Aquella vez su estoque estaba bajo resguardo en su recámara. No se molestó en peinarse demasiado, pero no consideraba que le hiciera falta. No, ya iba suficientemente arreglado como para dar un paseo de dos o tres horas, realizar una tortura gélida a alguien o tal vez ir a tomar algo si le apetecía. Agradecería algún tipo de compañía, sí, pero una que le resultara interesante, no cualquier persona que quisiera pasear con él, por lo que era excepcional que no estuviera solo. Salió de la mansión sin usar la puerta, materializándose en la entrada, y empezó a caminar por las proximidades de la estructura primero. Se iría alejando poco a poco, seguramente hasta llegar al muelle, pasando por los barrios menos pudientes en el proceso. No solía detenerse demasiado por allí, no le gustaba, sobre todo si su vestimenta y su caminar delataban por completo su posición social. Eso no significaba que de vez en cuando no pudiera hacer alguna buena acción, pequeñas más que nada, para ver el agradecimiento que le daban esas personas a quienes daba una limosna o algo parecido. No le venía de diez o quince coronas sveanas, en realidad, pero no era algo que hiciera siempre ni mucho menos. Ni con todos los que se cruzaba. Es más, más de uno quedaba hecho estatua congelada y formando parte de las numerosas esculturas de hielo que adornan las calles adosadas.

Llegó al puerto —o lo que queda de él—, y se detuvo un momento a observar hacia abajo, el mar. Ese día era ventoso, por lo que sería normal que hubiera olas de tratarse de una ciudad del sur, pero no. Era un mar de costa congelada. No había gente allí, y una figura de tez palidecida, solitaria, plantada en un lugar donde cualquiera se congelaría o que de un empujón se enfrentaría a una gran caída era bastante extraña. Se mantuvo un largo rato observando el glaciar y reflexionando. Cerró los ojos por un momento para sentir el aire frío.

Aquella tierra fría siempre le traía recuerdos, muchos recuerdos de buenos momentos en los que aprendices volaban por los aires y edificios ardían para luego ser cubiertos por una delgada capa de nieve.

Abrió nuevamente los ojos, dando media vuelta. Regresó por un lugar distinto al que había venido, eso sí, para variar su ruta. Caminaba lentamente —sabía que estaba seguro en su capital por lo que no era necesario levitar—, mirando a todo su alrededor, sin que nada suscitara su interés, por lo que llevaba una expresión de bastante aburrimiento. Al menos hasta que algo rompió la monotonía del empedrado levemente congelado por la helada de la mañana. Una capa. Alguien llevaba esa capa puesta, estaba claro, y se trataba de una chica que no aparentaba más de dieciséis años. Ventus la observó durante un minuto, tal vez dos, sin hacer ningún movimiento que pudiera parecer amenazante.

  —[c=#00E5E5][b] ¿Tienes algún lugar al que ir? ¿Te has perdido? [/b][/c]—le preguntó con voz suave. No la había visto nunca, por lo que pensó que a lo mejor era de fuera. Si ella alzaba la vista vería un semblante serio, nada empatico, y unos ojos rasgados de celeste y plateado que la miraban con curiosidad.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/60/59/21/Ventus-Geth-KkoIMdxUc-b.jpg][/center]
3 weeks ago · · · Reply »
Yᴜɪ' 〤 · 2 weeks ago
[med][center][c=#f49e9c]✧ ~ ♡ ~ ✧[/c][/center][/med]
¿Acompañarle a casa? Si bien Ventus le estaba ayudando, Yui se encontraba insegura con esa pregunta. Ventus parecía ser un hombre pudiente, y aquella descripción de su hogar era cuanto menos apetecible para cualquiera. Sin embargo, la duda se podía notar en su rostro y su falta inmediata de respuesta. Un montón de cosas pasaron por su cabeza, siendo principalmente aquella problemática pregunta sobre si de verdad debería confiar en las palabras de Ventus. Un breve silencio incómodo le acompañó, mientras pensaba. No fue hasta el siguiente tema que Yui abandonó su ensimismamiento. Tan solo asintió ante las palabras de Ventus.

—[c=#f49e9c]Aún así, Cronum es un lugar mágico y misterioso... [/c]—O al menos lo era para Yui. No era un lugar al que estuviera acostumbrada, al pasar toda su vida en centrogarnalia. Además que las historias que había escuchado sobre esa fortaleza despertaban su curiosidad, sobre todo aquellas relacionadas con el conocimiento sin fin de las artes mágicas que hacían volar esa ciudad—. [c=#f49e9c]Es algo hermoso a su manera. [/c]—Sonrió nuevamente a Ventus.

Cuando escuchó el origen del nombre de Ventus, se mostró ligeramente interesada. Ladeó su cabeza y observó fijamente al albino, entrecerró sus ojos, intentando leer los del hombre. Finalmente recobró su postura y se dirigió a él.

—[c=#f49e9c]¿Ventisca? Creo que encaja... [/c]—meditó Yui. Asintió y prosiguió—:[c=#f49e9c] denotas un aire fresco a pesar de ser misterioso. ¡Y dominas la espada! un arma rápida como el viento... Ya le encantaría a Yui poder dominar la magia del dulce. [/c]—Fingió estar ligeramente decepcionada tras decir eso último, acompañándole una suave risa al final.

Yui comió con ánimo, casi como si fuesen a arrebatarle de un momento a otro su plato de comida, o como si fuese a despertar de un sueño y aprovechase los últimos minutos. Cuando probó uno de los rollos de canela, su semblante se iluminó y devoró el resto a pocos mordiscos. El siguiente rollo sufrió un destino similar—. [c=#f49e9c]¿Yui puede pedir otro? [/c]—preguntó. Parecía en aquel momento más interesada por comerse todos los dulces de la taberna en vez de disfrutar algo más salado.

—[c=#f49e9c]¿Sargento?[/c] —Yui se mostró ligeramente decepcionada. Observó a Ventus de pies a cabeza, no parecía a primera vista ser un militar. Aún así, parecía que conocía algo de magia y alquimia, suficiente para despertar la curiosidad de la chica—. [c=#f49e9c]Mamá solía enseñarle a Yui desde pequeña algunas cosas sobre la magia.[/c] —Estiró su mano derecha a través de la mesa, abriendo su puño boca arriba. Sobre él se dibujó un sello mágico que dejó emerger una pequeña llama azul. Rápidamente se evaporó cuando cerró su puño—. [c=#f49e9c]Decía que podría aprender cualquier cosa sobre magia en esta ciudad. Pero... [/c]—Yui se calló a si misma, suspiró y dio una última mordida a su rollo de canela. Su rostro se iluminó de nuevo, como si aquella esencia dulce con solo pasar por su boca mejorara su existencia.

Cuando culminó su comida, Yui tan solo se quedó en silencio, pensando, ¿acaso debería aceptar la propuesta de Ventus? Realmente era tentador, teniendo en cuenta lo que había vivido. Sin embargo, era difícil para cualquier confiar en alguien que apenas acaba de conocer, y por más ingenua que Yui pueda llegar a ser, sabía los peligros que había en seguir a un desconocido. Seguramente aquella duda se reflejara lo suficiente en su rostro para que Ventus pudiera leerla. Yui le dedicó una mirada al fin. Su expresión denotaba una fuerte inseguridad, como si fuese a huir como un gato de observar un movimiento brusco. Jugueteaba con sus dedos en su asiento, esperando que Ventus rompiera el silencio.

Pero no era lo que esperaba escuchar del hombre. Había previsto que varios hombres se levantaran de sus asientos provistos de armas, tanto filosas como contundentes, en su contra. Yui tembló nerviosa, pues Ventus no parecía armado, ella no lo estaba. Y aquellos hombres eran muchos como para ser combatidos a puñetazos. Eso, o que el albino se disculpara con ellos, quizá así lo dejarían tranquilo.

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[code][c=#f49e9c][i]« Words are our most inexhaustible source of magic; able to hurt and heal »[/i]
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Ventus Geth · 2 weeks ago
Al ver esas dudas en el rostro de la chica, no tardó en comprender que tal vez se había apresurado al proponerle aquello. Sí que estaba falto de alguien en casa, de cierto contacto con alguien que no fuera Gris, su mayordomo, pero a lo mejor aquello había sido demasiado. No dijo nada al respecto, y prefirió cambiar de tema, al menos hasta que ella pudiera darle una respuesta. No la iba a presionar en absoluto, al final no le quería ningún mal, sino lo contrario. Se sentía responsable de que hubiera estado en la calle todo ese tiempo, pero aún no podía decirle la verdad. O no lo creería o tal vez sería peor decírselo. No, no podía. Le esbozó una sonrisa cuando cambió de tema, y asintió con la cabeza.

—[b][c=#00E5E5]Eso es. A su modo, es hermosa... es fría, pero tiene su belleza para quien sabe apreciarla. Y veo que sabes[/c][/b] —elogió. Apreciaba que una persona supiera ver belleza donde otros no lo hacían... o, mejor dicho, donde él lo hacía. Era una ciudad muy hermosa, sí. Pero su frialdad a veces hace que no se vea eso. Había pasado en más de una ocasión, y le gustaba que alguien supiera ver más allá de las primeras impresiones. Pidió para sí otro de los rollos de canela que Yui tenía, ya que presentaban muy buen aspecto, y la muchacha empezó a comerlo con gusto. Le gustaban mucho los dulces, y aunque a él le solían abrir un poco el hambre, se negaba de comerlos públicamente. Luego en casa comería bien. La miró a los ojos, con su habitual destello argénteo en ellos, aunque alzó las cejas al oír que podía ser fresco. En realidad el aire tenía ambas facetas, ¿no? Él a lo mejor también.

—[b][c=#00E5E5]Nunca me habían dicho que tengo un aire fresco[/c][/b] —le sonrió, aquella vez de forma genuina, y luego soltó una risa divertida cuando oyó lo de la magia del dulce. Se encogió de hombros y recuperó los estribos—. [b][c=#00E5E5]No sé si hay magia de dulce, pero desde luego podrías aprender magia aquí, y ver si puedes hacer algo con los dulces [/c][/b]—rió suavemente y asintió ante su pregunta, invitándola a pedir más rollos de canela, los que quisiera—. [b][c=#00E5E5]Pide lo que quieras[/c][/b]—le dijo. Si estaba allí era para que al menos una vez se alimentara bien. Le sonrió y pidió más rollos de canela para Yui. Guardó silencio mientras esta comía y miró lo que hacía ella, y asintió con la cabeza al ver aquella chispa de magia que efímera surgió y desapareció—.[b][c=#00E5E5] Interesante... [/c][/b]—él extendió la palma, e hizo surgir una corriente de aire frío en dirección a ella, que congeló al instante el bollo dulce que estaba por llevarse a la boca.

Cuando se quedaron en silencio, él la miró, y decidió tomar la palabra. Respiró hondo y se inclinó un poco sobre la mesa. —[b][c=#00E5E5]A ver, si no quieres no pasa nada, eso lo primero. Pero no creo que alguien como tú deba estar sola, en la calle, y mucho menos en un lugar tan frío como este. Y si te soy sincero... me recuerdas a una pequeña que tuve bajo mi resguardo[/c][/b] —acabó por decirle. Aquella niña, Banisari, durante su estancia en Cronum había sido vivaz, alegre y dulce.

Ventus mantuvo la atención de la cambiaformas siempre en él, evitando así que ésta se percatara del conjuro temporal que había recitado disimuladamente con cada palabra que vocalizaba, el carácter del albino infundía más que respeto, sino terror, pero para ella no parecía importarle compartir la mesa con un nigromante. Todo a su alrededor parecía ir en cámara lenta, el ojiplateado recitó otro conjuro que desafiló las armas de los hombres que se habían levantado, ahora si parecían verdaderos juguetes, previendo que les quedaba poco tiempo antes de que el efecto pasara y sobre ellos dos todos los hombres se abalanzaran.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/62/08/90/Ventus-Geth-9V7d6EPQq-b.jpg][/center]
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Yᴜɪ' 〤 · 1 day ago
[med][center][c=#f49e9c]✧ ~ ♡ ~ ✧[/c][/center][/med]
Yui escuchaba con atención las palabras de Ventus. Le regaló una sonrisa al ver que no emanó una de él al escuchar el pequeño cumplido de Yui. Asintió alegremente ante la posibilidad de aprender más sobre magia, y en su cabeza se dibujaron ideas relacionadas con el concepto de la magia de dulce. Aunque perdida en su imaginación, parecía estar contenta con la idea. Salió finalmente de su ensimismamiento, y se dedicó alegremente a comer los nuevos rollos de canela servidos. Cuando escuchó el pequeño relato, Yui asintió con curiosidad.

—[c=#f49e9c]No tienes pinta de soldado[/c] —admitió Yui, sin ánimos de ofender a Ventus. Ladeó ligeramente su cabeza, observando a Ventus. Al oírle hablar sobre la magia, sonrió. Yui aspiraba ante todo a incrementar y reforzar sus conocimientos sobre la magia, una parte de ella le decía que si se mantenía con él, podría abrir las puertas a tal conocimiento. Sin embargo, la duda persistía.

Cuando acabaron de comer y el silencio se adueñó del ambiente, Yui destinó su atención al intento de Ventus por romperlo. En un inicio aún se mostraba dudosa ante sus palabras, a pesar de que sabía que tenía la razón. Por encima era una oportunidad única, era en todos los aspectos mejor que lo que había estado viviendo los últimos meses—. [c=#f49e9c]Tienes razón, pero... [/c]—Yui no pudo culminar, cuando las palabras se negaron a salir de su boca. Tal vez simplemente no tendría más opción que esa. Por un momento aquel comentario que la comparaba con otra chica cautivó su atención—. [c=#f49e9c]¿En serio? ¿Por qué?[/c] —preguntó. Le causaba curiosidad la razón por la cuál le comparaba con alguien más, y que sobretodo usara las palabras "pequeña" y "resguardo" en su oración. Sin embargo, Yui notaba un aire diferente en aquella afirmación—. [c=#f49e9c]¿Le ocurrió algo? [/c]—preguntó con cierta vergüenza, en un tono notablemente bajo.

A pesar de que sus fuertes dudas luchaban por dominarle, aquel hombre que se presentaba ante ella no parecía ser alguien que se dignara a engañar de esa manera a alguien como ella. Además, era la oportunidad que buscaba—. [c=#f49e9c]Yui sabe lo que es perder un ser querido, por eso quiere cumplir con lo que mamá le dijo. Yui quiere ser alguien capaz de proteger lo que quiere. [/c]—A pesar de sus palabras, un aire de serenidad la envolvió. Hablaba con sinceridad, acompañada de una sonrisa oculta bajo el cuello de su capa. Después de pensarlo con detenimiento ¿Qué otra oportunidad se le podría presentar así a ella? ¿Acaso viviría siempre oculta entre los tejados esperando a que los dioses se apiadaran de ella? Se encontraba decidida en ese momento. Sin embargo, aún había algo que quería hacer—. [c=#f49e9c]Eso es lo que Yui quiere. ¿Prometes ayudar a Yui con eso?[/c] —preguntó. Aquella inocente sonrisa se desvaneció. En aquel momento su semblante denotaba seriedad en ella, en su voz. Esperaba impaciente la respuesta.

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Ventus Geth has new friends.
3 weeks ago · ·
Ventus Geth
Puedes correr, pero el tiempo siempre te encontrará. - Cronum
 
3 weeks ago · · · Translate · View Album »
Ventus Geth
Perdona, pero me sorprende que en tu complejidad seas tan profundamente simple.
3 weeks ago · · · Translate
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