iOrbix
Email
Password
Comments
 
Send Comment
31-40 of 111
 
Deambulaba de manera tórpida sobre el sendero. Agotada, completamente hastiada de aquella riña innecesaria y letal. 
No habían pasado más de un par de horas que había logrado escapar del "Yomi", el sulfuroso inframundo japonés al cual se había adentrado meses atrás, intentando recolectar - Y sin mucho éxito - datos sobre la diversificación de deidades.

[image=https://2.bp.blogspot.com/-g5Vd42L3w90/V7poPyyqaqI/AAAAAAAA2FI/ZqXmNSstS1MuvDFcxz4ZaVun_fvwkbrqQCEw/s1600/yomi99.jpg]

Su cuerpo, el cual se jactaba de ser esbelto y atlético, intentaba recobrar su vívido aspecto después de haber pasado tanto tiempo "muerto". Mientras sobresalía de los densos tentáculos de aquella insaciable oscuridad, su forma demoníaca se desvanecía al toque de la primera brisa del mundo mortal; mostrándola descarnada, con músculo y huesos expuestos, descamada. Su faz parecía haber salido de algún cuento de terror, o quizá de lo más profundo del infierno.


[image=https://i.pinimg.com/564x/64/30/de/6430de795a5d939bb18edb44d3524adc.jpg]

Vagaba acompañada de una pesada respiración, la cual marcaba su paso a través de aquel sinuoso camino empedrado, guiada por el vibrante e intenso instinto que le llevaba a las magnánimas y místicas tierras nórdicas.
[b]- Joder, malditos japoneses. Ni que fueran algo excepcional.- [/b] Maldecía por lo bajo mientras continuaba avanzando. Podía escuchar el crujir de sus huesos al chocar con las piedras; su poder había sido drenado casi por completo dentro de aquel sagrado lugar, por lo que su regeneración llevaría un poco más de tiempo de lo esperado. [i] - Ni hablar .- [/i] Pensó. Los músculos recubrían con lentitud el esquelético ser, mientras tanto, una tersa y aporcelanada capa de piel cubría las zonas que no se encontraban severamente dañadas; un par de ojos bicolores se hicieron presentes en aquellas órbitas oscuras. Sabía que no tardaría tanto en llegar a su destino.
 
 
Dispar a otras escoltas, los hombres de Kassia adelantaron el paso dejando a su soberana caminando atrás. El tono aperlado de su piel, las facciones finas en conjunto a la mirada oceánica de la Reginâ harían creer a más de uno que era tan frágil como el cristal, pero dentro de esta "pequeña" reina, latía el corazón de una guerrera que había heredado estilos de batalla creados por su progenitor, pero que mantenía ocultos tras una máscara de recato y pulcritud.

Las largas hebras platinas de tan abundante melena danzaron al compás del viento; la falda del vestido se unió después. Por un año pasaba la mayoría de edad, sin embargo, la expresión seria en su rostro atinaba a más años. Y no es que se considerara una mujer huraña, no. Consideraba que el llevar una corona, un cetro y representar a toda una nación merecía a una mujer inquebrantable, sin ningún ápice de niñez. Desde hace tres años, las sonrisas que distinguían a Kassia se hicieron menos frecuentes. Como fuese, continuó con un paso calmado para escucharle atenta. Poco y nada duró la formalidad de la que tanto presumía, cuando una sonrisa dulce se asomó.

[b]— Podrá preguntar todo lo que desee cuando estemos en Arcadia, y no en sus extremos, donde no hay nada más que naturaleza —[/b]

Estaba, de cierta manera, cautivada por esa curiosidad. No era para menos, al tener a un visitante en su reino, se aseguraba en que la historia de su pueblo continuaría viva. ¿Qué mayor dicha que esa?
Y aunque después de la presentación se mostrara la sorpresa al elevar las cejas, Kassia se mantuvo en silencio. En efecto, el hombre no tenía pinta de ser un regente. La escolta se detuvo en seco. Jalaron las riendas de sus caballos; hombres y animales reverenciaron. Kassia inclinó la cabeza hacia adelante, con el mentón cerca a la unión de las clavículas. Tal movimiento duró poco, antes de que aquel séquito de arcadianos retornara a su sendero.

[image=https://i.gifer.com/942U.gif]


[b]— Debe tratarse de un buen augurio para mi reino el que nos visite un miembro de la realeza, sin embargo hay algo que debe saber.. — [/b]Serenó el timbre de sus palabras; desde que ella estaba al frente de todo, hubo costumbres y protocolos que cambiaron.

[b]— A los regentes no se nos trata con demasiada altura, Rege Ásarr Rhage. No se sorprenda si mi gente se acerca a usted y le trata como un hermano, un amigo, un padre o un hijo. Si hay algo por lo que Arcadia goza en jactarse es eso, la humildad de sus personas y sus gobernantes. No espere un trato especial. [/b]— Adelantó sus pequeños pasos. La yegua que le acompaña en sus paseos vespertinos y matutinos se inquietó al no sentir a la arcadiana cerca. Giró el torso, mirándole de costado. Le llamó con la mano, invitándole a apresurarse. La otra extremidad acarició el lomo de la yegua.

[image=https://thumbs.gfycat.com/OblongQuerulousGraywolf-size_restricted.gif]

[b]— Mi nombre es Kassiane, primogénita de Rege Arzchel y Reginâ Celanea. Puede llamarme Kassia, si le es más sencillo de recordar, Rege Ásarr.—[/b]
 
 
La Reginâ, flanqueada por sus hombres de leal corazón, lanzó un suspiro tranquilo al escuchar las intenciones escasas de malicia del hombre aquel. Fue notorio el momento en que sus expresiones facial y corporal se relajaron. Osciló la mirada a sus soldados al darse media vuelta. Asintió una vez, y éstos, en respuesta, bajaron armas. A pesar de que Kassia era conocida por liderar con mano de hierro y aparentar ser de un carácter duro, escondía un corazón noble, temeroso y sediento de curiosidad. Tal vez eso la llevó a creer en las palabras del hombre. O tal vez fue su desespero por salvar su reino. No tenía tanta certeza.

[center][image=https://66.media.tumblr.com/25c1110ace07eda3abcdcfa74db21cb9/tumblr_o920tlch5J1qj9cp6o1_500.gif][/center]


[b]— Entonces usted nos ha salvado de un destino cruel, a mi parecer. Sería descortés de mi parte llevarlo preso. A cambio, por protegernos sin siquiera saber de nuestra existencia, es mi deber mantenerlo como un huésped durante su estancia. — [/b]

El chasqueo metálico de las armaduras resonó cuando los arcadianos adoptaran una posición sin rigidez, con los brazos a los costados y la cabeza en alto. Silenciosa, con el mismo paso elegante y femenino de siempre, Kassia acortó distancia con el visitante. Elevó sus manos, pequeñas a comparación de las ajenas, para tomarle por las muñecas y obligarlo a permanecer como sus soldados. [b]— Los anteriores regentes de Arcadia tenían el mismo brillo de sus ojos. Confío en sus palabras. — [/b]

Bastó con el chasquido de sus dedos para que la formación de guardianes se rompiera al uno de ellos acercarse a la reina Arcadiana. Reverenció a ambos personajes, llevando la diestra al corazón. Se le conocía como [i]Segnior [/i]Pietro.

[b]— Ia-o pe mare. Trebuie să urmăm protocolul propriu-zis. — [/b]
[b][c=#2D5680]— Da, Doamnâ mea —[/c][/b]

Asintió tras la instrucción, que consistía en guiar la yegua de Kassia él mismo. Ella, por otro lado, escoltaría al Errante. Todo aquello parte del protocolo Arcadiano real. Su mano liberó la masculina, la única que apresaba y se sonrió serena. Posó ambas extremidades suyas sobre su regazo. Giró a media luna, invitándole a seguirle junto con su escolta.

[b]— Sígame, por favor. Me encargaré de hospedarlo en el palacio real. Y podrá contarme sobre sus quehaceres y cómo llegó hasta aquí. Podrá saciar mi.. curiosidad —[/b] Mencionó con un tono más juvenil, alegre y casi bromista.
 
 
El trémulo corazón de la Reginâ Arcadiana intentaba dominar sobre todo pensamiento racional y precavido al encuentro con el navío. Por un lado, estaban las opiniones de sus más leales jinetes que advertían a la regente no acercarse. Se hablaron los unos a los otros con una lengua extraña, desconocida para el mundo, ancestral para Arcadia. Era una peculiar mezcolanza de rumano con otros dialectos arcaicos. Los que ya esperaban el arribo del barco, alzaron armas y espadas en son defensivo. Tres años sin tener visitantes y que, súbitamente, apareciera una nave con tripulantes era inusual. Pero más inusual fue el que sólo uno de ellos se presentara.

Volviendo a Kassia, quien por unos segundos mostró una faceta infantil y llena de emoción, relajó las facciones del rostro, desvaneciendo toda sonrisa al descender las comisuras de sus labios en una línea recta y serena.

[b][c=#608FBF]— Arcadia Reginâ—[/c][/b] Susurró uno de los jinetes al acercarse a la albina. [b][c=#608FBF]— No debería exponerse a lo desconocido. El Rege Arzchel desaprobaría tal decisión y su hermana Nerea no está en condición de gobernar el reino si algo llegase a pasarle, mi Doamnă — [/c][/b]

Ella, con el espíritu inquieto y sediento de curiosidad, bailó la mirada entre el cielo y el mar. La brisa salada trajo la respuesta.

[image=https://66.media.tumblr.com/c41c947b38c031066b04927ea1da8da1/tumblr_ow04bdkwWc1vhcfgeo6_250.gif]

[b]— Tal vez esta sea nuestra última oportunidad de ser salvados —[/b] Confesó [b]— "La vida está llena de riesgos", era ese el mantra de mi padre. —[/b] El hombre a su lado bufó y reverenció. La decisión fue tomada. Recibir a todo viajero. Montaron caballos y descendieron por el peñasco, Kassia hasta el final, puesto que su mirada oceánica no tardó en encontrarse con la de aquel que ofreció una sonrisa tranquila.

Elevó una ceja en media luna. Subió a su yegua, halando las riendas para alcanzar a los demás. Ni el trote del animal calmó la oleada de ideas en su cabeza. ¿Estaría tomando la decisión correcta?

Bajó, posándose frente al grupo de jinetes. No ignoró el alzar de armas y estandartes con el sello de la Casa Arcadiana. Más que una amenaza, era una bienvenida diplomática y tradicional. Abrió los labios, a fin de cuestionar al hombre, cuando al primer aliento uno de sus caballeros interrumpió, sin darle paso a pronunciar palabra alguna.

[b][c=#6060BF]— Mi Doamnă, viene desarmado, pero sus manos.. —[/c][/b] Fijó la mirada donde se le indicó. No fue difícil identificar el brillante carmesí adherido. Kassia inhaló y exhaló despacio, profundo. No tenía intenciones de atacar ni tratarlo cual esclavo. Rezaba que, esa calidez en su pecho, tuviera razón.

[image=https://66.media.tumblr.com/087046d375ccf86e3f1e0d8a93a16f69/tumblr_ow04bdkwWc1vhcfgeo4_250.gif]

[b]— "Loialitate față de Arcadia. Întotdeauna liber". ( Lealtad a Arcadia. Siempre libre)[/b]— Recitó con firmeza. Los caballeros detrás respondieron al unisono "Întotdeauna" (Siempre). La regente descendió de la yegua, y caminó cautelosa al límite del mar, donde las olas golpeaban intranquilas el navío.

[b]— Usted que ha venido de muy lejos, antes de pisar tierras Arcadianas debe jurar que sus intenciones son buenas y que no ha llegado aquí por ambición. De lo contrario, no se le permitirá habitar mi reino. —[/b] Alzó suavemente el rostro, en espera de una respuesta deseada. Una simple oración donde "no" y "conquistar" estuvieran de la mano.
 
 
La voz severa de uno de los jinetes quebrantó la quietud con la que Kassia admiraba el horizonte de Arcadia. El canto de las aves, el choque del oleaje en la playa y el batir de alas de los dragones embelesaba fácilmente a la joven. Ésta, miró por encima del hombro derecho a su fiel caballero. Le recibió con una sonrisa cariñosa pero mirada seria. El hombre reverenció y continuó.

[b][c=#608FBF]— No hemos encontrado nada en los extremos del reino. Ni siquiera en los campos cercanos, mi señora. Arcadia sigue olvidado.—[/c][/b]

"Olvidado", repitió mentalmente. Esa palabra era odiada por la Arcadiana, puesto que todo lo que deseaba era poder regresar su hogar a esos días de gloria que vivió en su niñez. Bajó la mirada con cierta decepción, mientras su mano izquierda paseaba por las largas crines platinas de la yegua. El animal reconoció el cálido tacto de su jinete al responder con un meneo de cabeza y pronunciado bufido.

[b]— Podemos volver al palacio.—[/b] Ordenó calma, sin embargo, al intentar darse la media vuelta, todo hombre junto a su Reginâ escucharon el alzar de voz del jinete que indagó en el risco, cerca al mar. Kassia parpadeó rápidamente, incrédula a lo que el hombre, incansable, repetía a gritos. "¡VIAJEROS!"

Kassia fue la primera en halar las riendas del animal para correr al sitio elevado. Sin esperar a sus guardias, bajó de la montura y, ni bien sus pies tocaron tierra, corrió hasta lo más alto, donde pudiera ver el mar. El latir de su corazón se apremió, tanto que temió éste escapara de su pecho. El resto de los hombres la alcanzaron y miraron igual de sorprendidos, o más, ese navío que se acercaba a la costa. Y fue ahí, que la figura esbelta, menuda y perlina de Kassia resaltó en medio de altos guerreros vestidos de negro y piel trigueña.

[image=https://66.media.tumblr.com/2a86a0a68d916de68cfbf094ebc138d8/tumblr_mvtodfo5C21sjro9ko6_500.gif]


[b]— Viajeros. Después de tres años. Fuimos recordados.—[/b]

A diferencia de Kassia, que mostraba un deje de emoción pueril, se mantuvo quieta en el risco. Los demás bajaron. Tenían que defender Arcadia en caso de que, en vez de viajeros, se trataran de invasores.
 
 
Las labores de una próxima Reginâ Arcadiana se iniciaban cuando el primer rayo de sol pasaba las ventanas del castillo. A diferencia de muchas otras naciones donde la guardia real se encargaba de cumplir dichas tareas sin exponer al regente, en Arcadia se acostumbraba que, Rege o Reginâ, salieran a supervisar los extremos del reino. Tras completar el típico ritual de Kassia, el cual consistía en baños de leche y miel para mantener la piel suave y sedosa; junto a un largo tiempo dejándose trenzar el cabello por las criadas del palacio y portar ostentosos vestuarios tradicionales de Arcadia, la albina se dirigió junto con un grupo de jinetes al establo escondido en el palacio. Ahí, cada uno montó su caballo correspondiente, todos de tonalidades ébano y marrón, con ornamentos a los costados hechos de tela e hilo ocre. La única yegua blanca le pertenecía a Kassia. Era un animal manso, puro y obediente. Justo como el corazón de la Reginâ. Tras montar la yegua y tomar las riendas de cuero, dio un tirón para que el animal comenzara a caminar.

Desde la tragedia de hace tres años, el imperio Arcadiano nunca fue el mismo. Ya no era el imperio ilustre y codiciable de años atrás. Por sus calles la gente se lamentaba del escaso conocimiento de Kassia por el nuevo título, y que ésta ignorara más de una vez sus peticiones por tratar de salir de ahí. No es que fuera una chica egoísta, pero sí miedosa. Para no demostrar el miedo, se mostraba ante su pueblo como una joven regia, sin un rastro de imperfección, sabia y sobretodo, dotada en seriedad. Los pocos Arcadianos que ya rondaban por las calles del reino, reverenciaban con alegría a su reina. Tal vez tenía mano de hierro pero dentro era bondadosa.

Finalmente, Kassia y compañía cabalgaron hasta la brecha que divide Arcadia del resto del mundo. Detuvo los pasos de la yegua y miró al frente. Seguía sin comprender porqué esas visitas matutinas eran el pan de cada día, si desde hace tres años Arcadia no recibía viajeros. Eran.. un imperio perdido. Un imperio olvidado.

[image=https://i.imgur.com/a3Qwszm.gif]

Se mantuvo a la expectativa. Algunos jinetes se separaron, tomando rumbos a la izquierda y derecha. Kassia respiró hondo. Miró a un costado y asintió. [b]— Podemos retirarnos. Todo sigue igual. —[/b]
 
 
Finalmente empezó a aclimatarse, y la fogata le hizo entrar en calor. La atlante frotó sus manos frente a la candela y exhaló al juntarlas y ponerlas en su boca; esos minutos fueron oro para la peliroja, Aquawoman había recuperado fuerzas y con el descanso necesario podría seguir su largo éxodo. Todo normal hasta que escuchó la maleza moverse, varios pasós, contabilizó uno... dos, no, ¡tres! eran tres personas quienes se acarcaban, ella lo sabía, nadie podía dejar ese fuego y provisiones como si nada. Ella se preparó, y solo se levantó frente a los dos primeros, que con tanta algarabía hablaron. El primero, el más longevo, de forma atrevida, ganándose la mala mirada de la peliroja quien antes de chistar algo fue interrumpida por el más joven, estaba con ambos frente a ella, pero en medio de estos surgió uno de edad mediana entre ambos, y sin lugar a dudas, por el silencio y como se apartaron a la llegada del barbado significaba solo una cosa, él era el líder. Era conflictivo, como el juego de policía bueno y malo con los primeros en encararla, pero el último en escena no se dejó llevar por formalismos o agresividades, fue al grano. Ella caminó para quedar en frente de aquel trío, vestían con ciertas particularidades que llamaban la atención de ella, ¿eran acaso de alguna tribu nómada nórdica? Sin más, Mera se daba a conocer, no sin antes mandar una pulla al más viejo. [b][c=#660000]<< Incluso los grandes tiburones blancos temen a los megalodones. >>[/c][/b] y ella notó bien que el líder fue el último en hablar y que tenía una evidente autoridad sobre los otros, miró al joven, sin remordimiento con él, para responder a la pregunta que tenía en común con el líder, al cual también observó y respondió con firmeza, pero conservando humildad sin perder de vista que ella también era una jerarca. [b][c=#660000]<< Yo soy Mera Xebel. Reina del reino submarino de Atlántida. Actualmente la reina de los océanos. Yo estoy bien, mis señores, mi transporte encalló en la lejana costa y he caminado hasta toparme con su fuego. No soy una bandida y les aseguro, mucho menos he venido a molestarlos. Tomaré mi camino, si eso los reconforta. >>[/c] [/b]

Por alguna razón confió en la afabilidad de ese grupo, bueno, de dos de ellos, menos del veterano. La soberana una vez que respondió tenía que, desde luego, regresarle la pregunta, y es que aún era visible el agotamiento que tenía y ni siquiera ella estaba segura de partir bajo esas penumbras y temperaturas bajo cero, experiencia que solo podía ser comparadas a nadar en los océanos del ártico y antártico. Miró al más alto de los tres, a ese cuya apariencia y temple indicaban que estaba dotado de ese liderazgo innato y tajante, y fue general en su expresión verbal con ellos. [b][c=#660000]<< Ahora, creo que merezco saber el nombre de ustedes, caballeros. Y por Poseidon mismo, reciba de antemano mis más sincero gusto por conocerlos. Al menos, a dos tercios de ustedes. >>[/c][/b] Y quedó con esa espina con el mayor de ellos, no sólo por ser confundida por una vil bandida, su expresión "encima mujeres" era algo intolerable para la princesa de Xebel y reina de Atlantis, una mujer descendiente de nobles y, además, incapaz de obrar inmoralmente, pensó que él era apenas un bárbaro, y posiblemente la diplomática solo pueda entablar a gusto una conversación con el último que preguntó de esa tercia.
 
 
Pues sube más, sube todas jajaja 😍😏💕
Voy a ayudar, aunque seguramente ya tendrás las que te envíe, al menos el intento haré.
#losojosmasbonitosdeiorbix será nuestro club 😂
 
 
¿Cuándo subes más fotos?, Para ir preparándome para un paro cardíaco jajaja.
😍😂
 
31-40 of 111
Ásarr Rhage | Comments (Page 4) | iOrbix
JavaScript is disabled on your browser.
iOrbix won't work properly if your browser doesn't have JavaScript enabled.
Please enable JavaScript, or alternatively, access iOrbix Mobile.