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[center][med]Más allá de Iralnor...[/med][/center]

La travesía había comenzado y los tiempos ya anunciaban el clamor de la batalla en el viento, en el cimbrar de las tierras más allá del crudo invierno en las tierras de Iralnor, pues el destino le conduciría a tierras hostiles, donde buscaría estrechar una alianza aún con años de enemistad entre su Reino, [i]Nashdag[/i], y el Reino de [i]Dryahall[/i], un reino rico en tierras fértiles y minerales, gran exportador de éstos y con una cultura ceñida a códigos férreos, forjándose e identificándose como un Reino casi independiente al resto, pues nunca aceptaron la voluntad de los Dioses como verdad suprema, sino que eligieron interpretar por si mismos el decreto de los Dioses, aislándose de las tierras sagradas: [i]Nashdag. [/i]
Y aunque no había una declaración de enemistad concreta, tampoco habían lazos amistosos entre ambos, pues su padre en los tiempos donde fue Rey, nunca aceptó el camino que Dryahall tomó, e incluso se evitó totalmente cualquier nexo, aún fuera político y comercial, siendo Dryahall uno de los únicos reinos fuera de la autoridad de [i]Nashdag. [/i]

— [c=#006600]¿Está segura de querer ir con la gente de Dryahall, mi señora? [/c]—murmuró Yitien al alcanzar a la Reina, montada en un gran oso de pelaje blanco, el único de ésta tonalidad entre el gran grupo de bestias montadas por los Ulthorr <Gigantes de hielo>— [c=#006600]Ellos son... Molestos, tan creídos de sí ¡Me molestan! Y juro que si ellos la tratan de forma despectiva, yo... Yo ¡AGH![/c] —Yitien se mostró molesta, y hasta tiró fuertemente de las cuerdas que ataban a su oso pardo, estaba ardiendo por dentro, era una mujer férrea, de cuerpo fuerte y hábil a la hora de pelear como toda mujer del hielo, los Ulthorr eran como bestias, salvajes por naturaleza y violentos por convicción, pero eran ellos quienes le habían dado asilo en su exilio de Nashdag, en su aparente muerte mientras un falso rey: Vaedil, su "esposo" Reinaba, creyéndola muerta.

Odessa rió muy bajo, reprimiéndose al considerar el enojo de quien era ya una gran amiga y aliada.

— [c=#660033]Mi gente también es así, Yitien ¿Lo olvidas? [/c]—respondió humilde, calma, con la voz serena que le caracterizaba. Y sin embargo pronto alzó el rostro y dio un respiro hondo al mirar al frente mientras el gran oso blanco avanzaba con casi trescientos hombres detrás, unos montados en osos y otros más a pie, forrados de armas y pieles. Sólo trescientos de poco más de tres mil hombres que se habían quedado en Iralnor— [c=#660033]El Rey de Dryahall tendrá que escucharme. Su Reino corre peligro si no acepta una alianza, veremos que es lo que pesa más para él, su gente, o su propia vida. [/c]—volvió la mirada hacía Yitien, que la miraba ceñuda aún— [c=#660033]Y si no acepta, no debes preocuparte, querida amiga, el decreto de los Dioses es claro, ese trono me pertenece.[/c] —la seguridad en su gesto le dió a Yitien un gran abrazo de calma, la Ulthorr admiraba e idolatraba a Odessa con una lealtad pulcra y sincera.

— [c=#660033]Mi señora...[/c] —respondió Yitien ensimismada, viéndose abrumada de pronto por los gritos de los Ulthorr que iban al frente abriendo el camino. Resonando al tiempo el sonido de los djembes y el marchar imponente de los gigantes de hielo al llegar a las puertas de Dryahall que se abrieron para dejar salir sólo a cinco personas, representantes del Rey.
Hombres en túnicas café bordadas con vivos dorados, de cabellos atados en altas coletas con artilugios dorados adornando sus hebras. Odessa alzó la diestra al frente y el grito y resonar de los djembes menguó ipso facto, dejando en un eco la estridencia de su llegada.

— [c=#006666]Los Ulthorr desplazándose de sus tierras... Algo inusual, algo que jamás vi en todos mis años. [/c]—habló uno de los hombres, el de mayor edad. Sus párpados caían arrugados y su postura era chata, encorvado por los años encima— [c=#006666] ¿Qué es lo que los trae a las tierras de Dryahall? [/c]

Uno de lo Ulthorr fue quien se adelantó, con la postura firme, orgulloso de su proceder y mensaje, no eran hombres correctos o instruidos, mucho menos educados.

— [c=#660000]¡Nuestra Reina reclama una reunión con tu Rey! Ella, la Reina más allá de Iralnor, soberana de tierras sagradas, heraldo de Dioses y la voluntad de los hombres, tiene un mensaje para éstas tierras.[/c] —el Ulthorr habló fuerte, férreo y determinado. La bravura en su rostro era evidente en las cicatrices que por éste surcaban al igual que en su pecho desnudo y resto del cuerpo. Un hombre grande, rozando los dos metros de altura y cuerpo fibroso como todo el resto de hombres en Iralnor.

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メ Kʜᴀʟɪʟ | Comments (Page 3) | iOrbix
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