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¡Joel!
 
 
Gracias por aceptarme, me refirieron a cierto contrabandista... Dicen, que acabó con Robert hace unos años, ¿Eres tú?.
 
 
No había nada mejor que un buen descanso, el cuarentón lo sabía, pero era raro que lo obtuviera.
Con la llegada de la mañana, la luz del sol y los trinos de las aves comenzaban a espantar el sueño de los supervivientes; ya nada era como antes, ya no podías estar tranquilo.

A pesar de todo, no tenía el pendiente de la urgencia en llegar a la ciudad dónde Bill, pues hacía poco habían gastado demasiada energía al huir de unos carroñeros y buscar refugio.
Según lo que Joel había visto en su inspección, el lugar parecía haber sido saqueado con anterioridad; no deberían de llegar si no es por error.

Un

El revoloteo de una pequeña ave que se coló por una de las ventanas rotas despertó a Joel. Éste abrió los ojos y apuntó con su mirada hacia el sitio, anteponiendo su diestra con intención de defenderse.

— Sólo fuiste tú... — musitó con alivio bajando la guardia—. Me alegra de cierta forma. Ellie, arriba, tenemos que...

La pequeña no se encontraba recostada. Joel se levantó de inmediato, revisó su mochila notando que hacía falta su rifle y el arco.
— Joder, Ellie, ¿Dónde te fuiste?

Olfateó, se sentía olor a pólvora. « Podría pertenecer a mi rifle» pensó, pero no, hacía días que no lo disparaba. Dejó la mochila en paz un momento y se asomó por la ventana quitando con la mano la cortina vieja y mohosa. Chasqueó con la lengua enfadado, habían llegado carroñeros.
« Uno, dos, tres, cuatro, cinco... Joder, son más de diez ». Si había algo que le fastidiada, es estar en peligro y no saber dónde se encontraba Ellie ; ella era el motivo por el cuál él arriesgaba tanto. Eso creía.

Regresó al sillón tomando un par de balas, dos cargadores y los introdujo en el bolsillo trasero de su pantalón de mezclilla azul obscuro, las balas en el derecho y los cargadores en el izquierdo.
Sacó también de la mochila el revolver que había conseguido semanas atrás y la pistola a quien le correspondían los cartuchos. Y por si acaso, llevaría un machete colgado en el cinturón.
Guardó la mochila debajo del sillón y se pegó a la puerta trasera pensando en la forma como buscaría a Ellie. Si fuera necesario, tendrían que pelear.
 
 
Los rayos del amanecer entraban por la ventana rota de la habitación, pegándole a la cara de la niña infectada. Abrió los ojos y acto seguido, limpio sus pequeños ojos con los puños de sus manos. Cuando su vista se aclaró, sacó sus piernas del sleeping bag color azul oscuro y se levantó para poder doblarlo y recogerlo. Dio un pequeño bostezo y dirigió la mirada al sillón roto más cercano donde se encontraba un gran bulto descansando. Joel.

Dio unos pasos hacia él, acercándose poco a poco a él, comprobó que la Bestia seguía dormida. Joel roncaba como oso en invierno. Si los cazadores llegaban a encontrarlos, sería por culpa de los ruidosos ronquidos de él.
Caminó hacia la cocina de la casa abandonada para ver si quedaban algunas reservas, pues en cuanto despertara Joel, emprenderían el viaje hacia el pueblo de Bill.
Ellie se acercó a la alacena, para su mala suerte y 14 años de edad, no alcanzaba. Se levantó "de puntitas", estirando su brazo para poder alcanzar la manija de la alacena y abrirla. Mala suerte. Fracasó.

— Mierda... — Susurró.

Caminó hacia el comedor, encontró una silla. Mala suerte otra vez. La silla era pesada y Ellie no contaba con la fuerza suficiente para llevarla a la cocina. ¿Y si la arrastraba? Oh no, claro que no. Haría ruido y despertaría al grandulón de Joel.
Fue cuando se le vino a la mente una gran idea. Caminó hacia donde se encontraba la mochila de Joel, tomó el rifle de caza y el arco con sus respectivas flechas, y salió de la casa por una ventana rota. ¿Qué pasaría si Joel despertaba y no la encontraba? O peor, ¿no encontraba sus armas? Qué más da. Ellie tenía hambre.

Ellie recorrió las cocinas y almacenes de casa por casa, no encontró nada. Hasta que llegó a una casa donde encontró varias latas de comida con fecha de caducidad de 4 años más tarde. Ellie guardo las latas en su mochila y comenzó a caminar hacia la puerta principal, antes de abrir la puerta escuchó unas voces aproximarse.

— ¡Estoy cansado y hambriento! Ya visitamos todas las casas del condado y no hemos encontrado comida aún. Deberíamos volver a casa. —

— Tenemos órdenes. No volveremos hasta que encontremos reservas, conoces las reglas.

— Al diablo las reglas... —

Cazadores. Ellie se dio media vuelta y caminó hacia la habitación más cercana, el baño. Se metió dentro de la regadera, cerrando la cortina detrás de ella. Sacó el pequeño cuchillo que cargaba con ella, esperando a ser atacada...

— Joel... — susurró.
 
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Joel Baker | Comments (Page 3) | iOrbix
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