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Hijo del Dios todopoderoso, recalculó y se dio cuenta que tal vez era un semidiós como ella [i]— ¿Eres hijo de Zeus? Espera...—[/i]Se corrigió sobre la marcha, teniendo en cuenta que había utilizado las palabras “amo” e “infierno” en la misma oración. Su rostro se contorsionó en una expresión de suma sorpresa, ya que no esperaba encontrarse a ningún dios una salida de viernes a la noche. Tal vez en alguna otra época no hubiese sido completamente alocado encontrar a Dionisio, pero ni se imaginaba posible que el padre de Kaiser prestara asistencia allí. [i]— ¿Hades? —[/i]Es claro que siendo ella misma hija de una deidad griega, no iba a asumir que existían dioses distintos a los antiguos y que en teoría, dejando de lado su faceta romana, solo existían ellos.
 
 
De un momento a otro sus piernas se dejaron de mover pero misteriosamente ella seguía avanzando; resultado de que ahora flotaba en el aire sostenida por los brazos del joven que había conocido horas atrás. Mientras se dirigían a la salía, pudo escuchar cómo unas pocas personas se quedaban sin aliento o gritaban asustadas, para luego seguir con sus conversaciones convencidos de que lo que habían visto había sido solo una mala pasada de su mente. Ophelia sabía que todo aquello era su culpa; eran el típico episodio donde sus poderes brotaban sin avisar y no podía controlarlos.

[i]—Mejor que nunca. —[/i]Afuera, la brisa la despeino en el segundo que sus pies volvieron a tierra, sintiéndose renovada casi de inmediato. Las nauseas habían comenzado a desaparecer y cuando abrió los ojos se dio cuenta que no veía nada fuera de lo normal. Allí fue cuando su ralentizado cerebro a causa del alcohol hipotetizó lo que minutos atrás habría sido imposible. [i]—No eres humano. ¿Qué...?—[/i]Las palabras escaparon de su boca, que fue cubierta rápidamente con su mano, reflejando un arrepentimiento ante haber pronunciado tal declaración. Incluso si no estuviese en lo correcto, ahora debía dar explicaciones de cómo llegó a tal deducción. Lo cierto era, que un simple humano no podría haber no visto lo que ella había proyectado allí dentro, ¿entonces qué era él? ¿Demasiado distraído?

[center][image=https://media.giphy.com/media/10EVuVDM87i2rzMSbF/giphy.gif][/center]
 
 
[center][i]—Aire.
[/i][/center]
Fue lo único que vocalizó Oph antes de apretar con fuerzas sus ojos algo mareada, rehusada a que su penoso lado divino le arruinase siquiera un segundo más de su vida. Se acercó a Lucifer y se sostuvo de su brazo, para que la conduciera hacia fuera. No abrió los ojos en el trayecto, porque tenía miedo de ver con que se las había ingeniado su cerebro otra vez. Sin embargo espió un poco para ver a su acompañante, que parecía no estar afectado por lo mismo que a ella la acogía. ¿Acaso no vería nada extraño?
 
 
Lo observó con cierta gratitud en sus ojos mientras vaciaba los pequeños vasos sin ningún remordimiento, los cuales parecían encantados, ya que cada vez que elevaba su vista volvían a estar llenos y listos para que los consuma. Tal vez todo no estaba tan bien como Ophelia le gustaba hacerse creer, pero no fue hasta dentro de un rato cuando todo lo bebido hizo efecto, cuando su centro comenzó a caer poco a poco. Fiestas como esas le traían malos recuerdos, creía ver rostros que no quería volver a encontrar y comenzó a alterarse un poco, no pudiendo distinguir si eran reales o no.

Cruzó sus brazos sobre la barra y apoyó su frente sobre ellos, dió una gran bocanada de aire e intentó aclarar su mente. Lo que no tenía en cuenta, era que aquellas caras ahora desfiguradas y un poco aterradoras por su creciente descontento, no solo las veía ella...incluyendo a su desafortunado acompañante en sus ilusiones.
 
 
Le fue imposible negarse, así que tomó su mano y ambos se dirigieron a la pista. Intentó hacerlo girar, pero su corta estatura no le permitió más que Patrick se golpeara la frente con su brazo. Estalló en una carcajada mientras continuaba bailando, ahora sí, sin intentar hacer algún truco extraño y comenzó a saltar al compás con una energía que no sabía que tenía. Y así fue como bailó la canción que le siguió a esa, y la otra también, hasta que el cansancio acumulado del día comenzó a hacerle efecto y suplicó con señas a su acompañante ir a sentarse un rato. También estaba sedienta.

—¿Qué dices? Estoy de humor para unos shots.—Dijo metiendo su mano en su cartera para sacarla rápidamente y golpearse con su pulgar la frente, no tenía dinero y no, no había aparecido mágicamente mientras bailaban. —Aunque creo que con agua del lavado, por hoy, me conformo.
 
 
Los caballeros de brillante armadura contemporáneos venían en todas las formas y tamaños, por lo cual era un poco difícil reconocerlos o saber sus intenciones. Sin embargo, había que poner sobre la mesa los hechos; de todas las personas que la estaban observando segundos atrás, nadie se había dignado a darle una mano excepto el joven que acababa de aparecer por arte de magia. Giró su rostro para conocer a este misterioso personaje y siguió sus movimientos con sus pupilas hasta que se quedó a su lado, bajó la vista anticipando que iba a dirigirse a ella, no quería quedar en evidencia. La música estaba muy fuerte, así que a pesar de la cercanía no pudo deducir del todo lo que el joven le había dicho. Y como toda persona en esa situación, sonrió un poco y asintió prestando un poco más de atención a lo que diría después.

—Por cierto, gracias Patrick. Ophelia. —Respondió a su pregunta, mientras tomaba de sus manos la bebida y la bebía el restante de un trago. Se sentó en la banqueta que se acababa de desocupar frente a ella, invitando a su ahora conocido a sentarse junto a ella. Recapitulando lo que había escuchado, ¿eso era acaso un acento inglés? No le sorprendía, Nueva York estaba lleno de residentes y turistas de todas las partes del mundo; una de sus cualidades favoritas de la ciudad.

—¿Cómo va tu noche?— Jugó con la copa vacía entre sus manos, pasándola de un lado al otro, hasta que el camarero frente a ellos preguntó si quería más ella negó con la cabeza y se la devolvió apartándola de sus manos juguetonas. Debería pensar en volver temprano ya que no tenía dinero para el taxi de la vuelta, así que era un largo trecho para caminar hacia su apartamento. ¿Cómo pudo olvidarla? Empezó a sonar una canción que realmente le gustaba, sus facciones se iluminaron y comenzó a mover de forma leve los hombros al compás.
 
 
[b][center]A little party never kill nobody...right?[/center][/b]
[center][image=https://gfycat.com/secondimpureabyssiniancat][/center]

Caminando esa tarde por una de las calles mas transitadas de su ciudad natal, encontró publicidades de una gran fiesta por todas partes. ¿Cuando había sido la última vez que había asistido a una? Esos tiempos parecían ahora tan lejanos, que con un poco de nostalgia comenzó a plantearse asistir. Si no estaba en su destino ir a esa fiesta, no debería haber reparado en los carteles en primer lugar. Aquello se presentó como una oportunidad de ser una adolescente normal por un rato antes de volver a ser una campista responsable; así que sin pensarlo demasiado arrancó uno de los millares de posters y se lo guardó en el abrigo. [i]¿Qué podría salir mal?[/i]

Horas mas tarde entró sin problemas a la discoteca ya que un viejo conocido del instituto la reconoció y dejó pasar. Detestaba mentir pero inventó una historia de donde había estado últimamente dada la insistencia de Greg en ponerse al corriente, no podía decirle que había descubierto que no era humana y todo lo que había acarreado. Para su fortuna las obligaciones del masculino finalizaron la prematura conversación por ella. Se dedicó a matar el tiempo rondando entre la oscuridad interrumpida por intervalos luminosos, hasta que recurrió al bar para comprarse un trago o mejor, una botella.

Se hizo espacio entre las personas que interrumpían su trayectoria y preguntó el valor de lo que a ella le interesaba. No recordaba cuanto dinero llevaba consigo, así que atinó a revolver su bolso en busca de su billetera. Énfasis en atinó porque fue lo máximo que pudo hacer respecto a su billetera, la había olvidado en su maleta. Maldijo en voz baja, consciente de la mirrada del bartender sobre ella mientras volvía a revisar sin ningún éxito. Se rindió y lista para enfrentar la vergonzosa situación, sacó del closet una de sus mejores sonrisas. Sin embargo, toda esa parafernalia fue detenida por unas palabras de un extraño.

[b]— Ponlo en mi cuenta. [/b]
 
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Lᴜᴄɪғᴇʀ Mᴏʀɴɪɴɢsᴛᴀʀ | Comments | iOrbix
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