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في يوم عادي ، تبدأ هذه القصة
— En un día normal comienza esta historia.

Una frágil chica que vive en Alexandria, Egipto nace en el seno de una familia humilde. Dónde junto con su padre y madre, viven en armonía, pero no siempre fue así. Pues tiempo atrás ya habían perdido a un hijo y Nenet antes de nacer, parecía que también tendría el mismo destino. Pero fue su padre quien rezo al cielo, a los dioses antiguos que le concedieran un deseo. Daría y haría todo por qué su esposa diera a luz a su primogénita; que después de varios días de ayuno. Se le fue concedido su deseo dando a luz a una bebé. Quién nació con la particularidad de tener la piel tan oscura como un abismo sin fondo. Sumando un par de marcas sobre los brazos y espalda pero menor fue su importancia, pues todo lo que sentían fue la alegría de tener por fin, a un bebé. Se dice que en aquella noche fue cuando una sombra misteriosa le hizo una visita a la bebé, quien dormía en paz sin percatarse de quién o que era aquella visita misteriosa.

El tiempo paso y ella creció, aceptando que era muy diferente a los demás, lo que le ganó burlas e incesante acoso de los demás niños y de su comunidad. Lo que hizo que se aislara en su habitación, por ello y en su soledad, aprendió a leer pues su padre le leía cuento tras cuento cada noche. Hasta que ya cerca de los 17 años, era amante de la literatura buscando un día poder observar el mundo con sus propios ojos. Ahora su más ferviente deseo era poder salir de su país natal y así, poder escribir su propia historia donde con mochila en mano, su corazón cuan brújula se embarca en un sin fin de aventuras.

De complexión delgada con cabello corte bob mediano color negro, en sus ojos se delinea una sutil curva atractiva que atrapa con solo la mirada, sus labios también se colorean del mismo color haciendo brillar cada sonrisa que entrega. De carácter sonriente, amigable y sociable con ganas de descubrir el mundo. Su vestimenta consta de un corset de batalla dejando ver sus hombros, brazos, abdomen. En sus brazos como en su espalda como se mencionó antes, posee lo que a primera vista parecen tatuajes dorados, pero va más allá de eso y nadie, hasta ahora ha podido saber su origen o significado. En su cuello se erige un collarín que eleva del mismo solo un poco. Un pantalón de tela con un encaje de fuego que sobresale desde el talón hasta la cintura, terminando en un par de sandalias.
Siendo una guerrera tiene muy arraigada la disciplina de combate, con un temple indomable. Fuera de todo eso es una chica amable, dulce, caritativa y siempre con el afán de servir a otros. Aunque con temor, no duda en salir al peligro para enfrentarse a lo que fuera con tal de ayudar a quienes lo necesiten.

En la ciudad del Cairo a las 2:45 p.m va caminando con mochila en hombro observando a su alrededor como los edificios se alzan formádose en una fila desigual casi surrealista. Asombrándose por el caos citadino cuan niña que va conociendo el mundo por primera vez. Así es como ella va dando cada paso a la espera de descubrir algo nuevo. En la esquina de la acera se detiene para dar paso a los vehículos, mientras espera nota la curiosa mirada de los transeúntes pero ya está acostumbrada a eso. Tanta era la gente que al dar el tercer paso, es empujada casi hasta caer pero todo el tráfico hace que caiga su mochila perdièndola entre la muchedumbre. Se quedaría justo a la mitad hasta que todos pasarán pero cuando eso pasa no la encuentra llegando a sentir un enorme vacío. No se puede dar el lujo de perderla pues ahí tiene su bitácora, cosas de uso personal, dinero, pasaporte, Identificación etc. De perderlo se quedaría literal en las calles, también se da cuenta que estando a mitad de la calle los autos tocan el claxon para que se retire de la acera. Lo que enciende las alarmas en su cabeza haciendo que corra al otro lado, al llegar el tráfico sigue su curso. Se cruza de brazos molesta por perder su mochila con un vacío enorme en el estómago y que decir de la culpa que siente por ser tan distraída. No se detendría hasta encontrarla y ser más precavida; es entonces que un grupo de niños alardean sobre tener su propiedad comenzando a correr por entre los angostos callejones. Nenet solo espera a que la luz del tráfico esté en rojo para poder pasar dándoles caza. — ¡Oigan eso es mío! - Grita con ainco al otro lado de la acera alzando las manos brincando buscando evitar que corran pero se pierden entre los callejones.

Va tras ellos con cierta agilidad felina agudizando sus sentidos logrando poder percibir el aroma de estos, llegando dentro de una casa abandonada. Sucia y empolvada se adentra con pasos sigilosos atenta a lo que puede escuchar que, de pronto, se deja escuchar algunos varullos en un patio. Atraves de una manchada ventana los encuentra pensando en cómo darles un buen susto por haberle robado sus pertenencias. Para salir al patio hay una puerta vieja de madera que usaria cuan película de miedo abriéndola lentamente. Dónde
 
 
-Eran gustosas las ovaciones que recibía tras su show. En verdad tan solo eran un par de aplausos, tristes contra el silencio de la tarde, pero dentro de su mente Fifika imaginaba a una enorme multitud. Hizo un par de reverencias, como todo artista haría, y luego recibió nuevamente el cigarro para llevarlo directo hacia sus labios.

Mientras daba una nueva calada le dio tiempo a hablar a la intrusa, pero tanto cotorreo sin sentido le provocó una carcajada desafortunada, que concluyó en una tos descontrolada. Una mano fue hacia su rodilla, como sostén para poder inclinarse un poco; mientras tanto la contraria, que aún tenía la colilla encendida, hizo un gesto circular para indicarle que aún así continúe hablando.

[c=#660000]“¡BENDITA SUERTE!”[/c] Gritaba en su mente luego de escuchar aquella pregunta que le pareció terrorífica. ¿Mala? Había pasado años entre los gajes y aún no entendía su rara forma de socializar. Agradeció seguir atorada para ese instante, teniendo una excelente excusa para evitar responder.
Nuevamente se reincorporó, con ojos rojos y llorosos; pero con una sonrisa amplia que deseaba compensar la ausencia de respuesta.

- [c=#660000][b]“Me llamo Fifika. “[/b][/c] – Comenzó aún con la voz tomada por el humo que irritaba sus pulmones, era lo único que tenía para decir sobre sí misma (nada de tonterías sobre bondad o maldad, una pérdida de tiempo). – [c=#660000][b]“Y vaya que te gusta hablar. No eres de aquí, ¿Cierto?”[/b][/c] – Preguntó aún sabiendo la respuesta, pues su intuición nunca fallaba.

Y como aún seguía pendiente del posible revuelto, el cual tranquilamente podría resolver nuevamente con un par de golpes, comenzó a caminar despacio en dirección a la calle; segura de que sería seguida. -
 
 
- Sería una mentira afirmar que Fifika tuvo complicaciones en reconocer la voz de la desconocida, pues era una realidad expuesta el hecho de que aún estaba pensando en ella, aunque sea de una forma cómica. Escucharla sin siquiera verla le dio un sobresalto, pequeño pero reconocible. ¿Acaso debía escapar nuevamente? ¿Vendría a regañarla así como la gitana había escuchado que hacía con los otros? No hubo tiempo suficiente para que pudiese preocuparse por ello, ya que con rapidez entendió la broma de la morena.

Hubiese sonreído si no fuese porque la vio acercarse donde aún reposaba. Aunque lo hacía por dentro, una enorme mueca que mostraría su blanca dentadura y le daría pie a un acercamiento más confiado. Pero no, por fuera solo aflojó el ceño, alzando las cejas y frunciendo levemente sus labios finos. No era un gesto duro o despectivo, si no uno auténticamente teatral que la prepararía para lo siguiente.

Había escuchado las instrucciones mientras, apoyada contra el tronco del árbol, se ponía de pie para acercarse más a ella. Siguiendo el juego posó las manos en la cintura, pisando firme e inflando el pecho. Con el mentón en alza y la vista al cielo replicó la famosa “pose de poder” que terminó de meterla en aquel papel que ciertamente parecía maternal.

“[i][c=#660000] - Niños… ¡Niños! - [/c][/i]“ Repitió alcanzando un tono casi idéntico, ahora mirándola de reojo. Claro que no buscaba su aprobación, pues siempre había reconocido su habilidad en la interpretación. Aún así, sin bajar la guardia ni fiarse de las intenciones ajenas, avanzó un paso derrumbando su postura heroica.

“[i][c=#660000] - ¿Así está mejor? -[/c][/i] “ Ahora si mostró una tenue sonrisa, acercándole el el cigarro a medio fumar, con la ceniza aún pegada, en ofrecimiento. Más prosiguió sin esperar respuesta, reiterando internamente que no la necesitaba. “ [i][c=#660000]- A todo esto, ¿ Quién rayos eres tu? -[/c][/i] “ Sonaba como una respuesta sincera, sin intención alguna de ser ofensiva. Aunque si la misteriosa mujer frente a ella tomase aquello como un insulto, sería divertido aún así molestarla. Pues seguía sin confiar en quien se metía en asuntos ajenos, dubitativa ante la posibilidad de que fuese conocida de los idiotas que había dejado atrás. Por las dudas, solo por si las dudas, dio un paneo general con la mirada para con disimulo cerciorarse de que los mencionados no estén aguardando a los alrededores. -
 
 
- No detuvo su corrida apresurada hasta que sintió los pulmones maltrechos quitándole la respiración. Refunfuñó con nariz fruncida al notarlo, ¿Cómo podía ser tan joven y ya quedarse sin aire en medio de un escape? "Claro, el cigarro." Pensó para sí al buscar una explicación, para luego convencerse de que seguramente era obra de algún mal de ojo, impulsado por su personalidad altanera y agresiva. Siempre intentaba que los malos hechos no sean culpa de si misma, si no de los demás. Pero sin importar la razón por la cual su movida se transformó en trote y luego se disminuyó a pasos largos y apresurados, debía detenerse para tomar respiro.

Había cruzado ya al otro extremo del parque, el cual era extenso y diverso en ocupación. Creyendo que aquel trayecto era suficiente, pues no había escuchado sonido alguno que demostraba que estaba siendo perseguida, concluyó aquel acto al girarse hacia atrás para encontrarse con un vacío. Aliviada suspiró, acercándose al árbol más cercano para celebrar el triunfo con un... si, con un cigarro. Reposó bajo la sombra de piernas cruzadas y extendidas, dejando a la vista aquel par de pies sucios de tierra y césped.

Mientras liaba con agilidad el tabaco saborizado de chocolate detuvo la mirada en el cielo despejado, como quién se pierde en sus pensamientos. Realmente repasaba una y otra vez la escena que había dejado atrás.

[i][c=#660000]" - Esos idiotas... - "[/c][/i] Murmuró mientras su pecho era tomado por un calor intenso, que por más que la tuviese acostumbrada, aún quemaba al punto del quejido. Injusticias, injusticias, injusticias. Siempre terminaban atacándola por gitana, ¡¿Por qué no por gritona?! ¡O por desobediente frente a la sociedad! No, la sangre pesaba más que cualquier cosa, y eso la enfurecía.

Intencionalmente cambió de pensamientos, ahora llevaba el cigarro encendido entre los labios, inhalando profundamente. ¿Y qué hay de esa mujer? Realmente su presencia había sido extraña, tanto como la reacción que tuvo frente a una disputa que no le correspondía. Además había algo en ella que le parecía muy inusual... Un "no se que", una corazonada.

[i][c=#660000]" - Niños, niñooos. - "[/c][/i] La imitó con voz chillona y una mueca pronunciada en el rostro. El humo escapaba de su boca, hasta que salió despedido por completo; pues no pudo retener la carcajada que le había provocado su propia actuación. -
 
 
-Tan inmersa en su propio odio estaba, que la presencia femenina la pasó por alto en un principio. Extraño para alguien que vivía atenta a lo que la rodeaba, pero hace tiempo había comenzado a perderse a si misma sin darse cuenta. ¿Cuándo había sido el quiebre?

Quiebre, ¿otro más? Solo el de la voz desconocida que la sacó de su trance violento. La mirada de Fifika hizo un vaivén repetido. Primero la observó a ella con una mirada propia de la desorientación. Se veía tan peculiar, enérgica, con iniciativa. De alguna forma pudo verse a si misma a través de aquellos ojos color sol, y eso era de temer. ¿Qué probabilidades había de que dos locas de soltura se encontraran en la misma porción de mundo? Retrocedió un paso, dos, sin siquiera escuchar lo que aquellos labios morenos reclamaban con énfasis a los presentes.

[i][c=#660000] “ - ¿Qué carajos…? - “[/c][/i] Apenas abrió la boca para murmurar. Escuchar su propia voz nuevamente la avivó. Como un latigazo giró hacia los muchachos palidecidos por aquel escena que se había ido de las manos de todos. La sangre que escurría por el rostro de uno de ellos, lejos de darle satisfacción, la hizo sentir expuesta ante la testigo. Boquiabierta y con ojos desorbitados finalmente observó sus manos temblorosas, armadas con lo innecesario. Está bien, eran gajes (lo más similar a animales desde su perspectiva despectiva), pero el camino de la gitana no era matadero.

Y como a los ojos de cualquiera que no fuese Rom ella era pura estafa, agresión y delincuencia, no encontró plan más conveniente que el de huir. Mientras los regaños musicalizaban perfectamente sus intenciones, la gitana recuperó esa sonrisa pícara que la ponía en el papel que la sociedad le otorgaba a la fuerza. Palpó el bolso a medio abrir para meter el par de cuchillos nuevamente en su lugar mientras retrocedía a paso apresurado. Uno, travieso, cayó al suelo. Pero eso no le impidió girarse, para levantar la larga falda morada que cubría las piernas atléticas que la dieron en fuga.

[i][c=#660000]“ - ¡NI SE LES OCURRA VOLVER A METERSE CONMIGO, CERDOS ESTÚPIDOS! ¡LA PRÓXIMA LES ROMPERÉ LAS PIERNAS! - “[/c][/i] Gritó con ánimos mientras se alejaba dando largas zancadas, algunas dolorosas por sus pies descalzos. Pero, ¿qué más podría hacer? ¿Quedarse a pedir perdón? ¿Golpear también a la mujer extrañamente similar a ella? Nah. Si hay algo que caracterizaba a la rom además de olvidar rápido sus errores, era su habilidad para salirse con la suya… Aunque debiese desaparecerse para ello. -
 
 
- Tal vez el aburrimiento la impulsaba inconscientemente, o aún no se adaptaba al ambiente hostil de España; tal vez no podía escapar de los problemas, o los buscaba con ganas. Sin importar el motivo, Fifika nuevamente estaba en aprietos, pues las miradas desbordantes de tensión y las palabras despectivas la habían llevado a liarse con dos rudos muchachos en plena luz del día.

Allí, en un parque cualquiera tras una de las grandes escaleras, los insultos pasaron a empujones, y estos a golpes en descontrol. Obviamente la gitana era quién escalaba en agresión, pues la idea de ser vencida por un par de sucios gajes, monos sin cerebro, aumentaba su furia al punto de hervirle la sangre maldita. Había logrado romperle la nariz a uno de ellos con el primero puñetazo, aparentemente inesperado, pues los contrarios no parecían dispuestos a ir a mayores. Este se apartó, dejando la pista libre a su compañero.[i] “¿Uno contra uno? Pobre gaje, realmente está en desventaja”[/i], pensó para si, confiada como siempre en sus capacidades. Pudo haber terminado la situación allí, pero el resentimiento era tal, que no parecía dispuesta a detenerse y entregase al conformismo.

El golpe del segundo si logró descolocarla, impactando directamente contra la mejilla que terminaría teñida de un rojizo llamativo. Más aún alterada, la concentración que implementaba en combate la salvó de los siguientes puñetazos; giraba y esquivaba con soltura casi agraciada, como si de un baile se tratase. Pelear, bailar, para ella era lo mismo.

Pero la confianza la traicionó al notar que, siendo superada en fuerza, no pudo más que seguir evadiendo sin atacar nuevamente. La mandíbula tensa del dolor le impidió abrir la boca para gritarles, transformando el rostro de Fifika en uno que sería irreconocible para cualquiera que antes la haya visto sonreír. La melena alborotada, cuyo lazo de seda luchaba por no salirse con los zarandeos, caía sobre su rostro sudado e iluminado por la luz del sol. Se echó para atrás, tomando distancia. Solo le bastó un par de segundos para darse cuenta, entre jadeos, que no podía vencer sin llegar más allá de lo que su frágil ética le permitía.

Palpando firme contra su bolso, no dudó en meter su mano para sacar de allí un par de cuchillos que siempre cargaba con ella. Eran pequeños, pero peligrosos en manos de una tiradora entrenada como lo era la gitana. Los tomó por el mango para hacerles frente a ambos, que aún seguían insultando su origen y su cultura, tal vez de forma indirecta. Solo había pasado por alto una única cosa importante antes de entregarse al desastre, corroborar si había alguien más allí.-
 
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Aɴɴɪᴘᴇ ᴳᵃⁿˢⁱˢ | Comments | iOrbix
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