iOrbix
Email
Password
Comments
 
Send Comment
1-10 of 15
 
En recíproco agradecimiento, parpadeó lento y sonrió gentil pero con viso señorial al ver que aquélla mujer correspondió a su saludo. Después de todo, en ademanes seguía siendo un rey que sobrevivió al holocausto de la memoria y a los amarescentes periodos del tiempo. Consumó su bebida, y frotó sus fauces para degustar a su paladar con la última sensación del té. Se puso en pie, y se dirigió hacia la moza quien amablemente había atendido a su capricho; la mujer se impresionó y sonrió con sutileza, creyendo que recibiría una propina a su labor.

Y así fue, aquél en añadidura por la atención brindada, le obsequió no cualquier décimo, le había obsequiado una moneda de oro batido y puro, reluciente y genuina, cuyo coste se excedía en creces. La mujer se paralizó, mirándole deslumbrada y estupefacta, sin pronunciar palabra alguna desde su boca abierta—[c=#663300] [b]P-pero, Sr... Yo...[/b][/c] —balbuceó, atrayendo la atención de los presentes alrededor. Sobre todo, cautivando la atención de las mozas que trabajaban como sus colegas; aquéllas también se impresionaron. El joven, bendecido con la juvenil belleza de un príncipe que no encanecería, sonrió una vez más, cortés y refinado.— [b][c=#2D5680]Es poca recompensa a tu labor. Por favor, acéptala.[/c][/b] —Mencionó con un tono inglés que no carecía de dulzura alguna y asintió como un gesto ligero de reverencia. La camarera enérgica sonrió, sin poder contener más su alegría. Retozó y se unió a sus compañeras, quienes frotaban sus ojos al no creer la suerte que aquélla tuvo.

El caballero, remoto de su época y engalanado con atuendos atípicos a sus costumbres pero modernos, se aproximó a la mesa de la célebre mujer de dorados cabellos como los suyos, después de haber dejado tras de sí un caos de ojos curiosos que se sembraban sobre él. Nada a lo que no estuviese acostumbrado. Una vez habiendo estrechado distancias, agregó con pulcritud.— [b][c=#2D5680]Debo decir que sé reconocer un buen festín, y ese sin duda es uno.[/c][/b] —le dijo, conservando una distancia prudente pues no pretendía interrumpir su cena.— [b][c=#2D5680]Muy bien elaborado... ¿Es parte de la nobleza, Milady?[/c][/b] —le preguntó, luciendo ingenuo respecto a ciertas ocupaciones de la época en la que hallábase.
 
 
Sus ademanes eran tan atípicos de la época moderna en la que hallábase, que no tardó en llamar la atención por parte de la clientela de aquél restorán. Reacciones varias que a los míticos ojos verdemar del caballero, no pasaron desapercibidas, lo que llevó a colorear sus lívidas mejillas; una vez más. Sus cejas cayeron, dejando un noble gesto ensombrecido— [b][c=#2D5680]...Huh...[/c][/b] —musitó con suavidad. A pesar de la actitud segura e inamovible que acogió durante su monarquía, no estaba acostumbrado a que le mirasen con extrañeza. Sutil, afinó la garganta, cerró los párpados y siguió bebiendo con la gracia que le precedía.

La bandeja llegó a la mesa de la fémina, a manos de uno de los servidores del local. Una vez que la cubierta fue levantada para mostrar los alimentos, el joven caballero desde su mesa sembró los ojos en éste con una leve perplejidad. Alzó las cejas, a riesgo de verse como un "impertinente". No tardó mucho en buscar que su noble mirada se encontrase con la de ella, para asentirle un dejo señorial y alzar con la diestra la taza de té a una breve altura. Su expresión falta de palabra alguna, le decía [i]¡Salutem! —ó [i]Salud[/i]— en latín[/i].
 
 
El té inglés llegó a su mesa con prontitud, con una patena de porcelana bajo la taza. Enhiesto y garbo, el [i]Rey de Caballeros[/i] hizo gala de sus refinados ademanes, y comenzó a beber con placidez, dejando que aquélla bebida verdinegra le endulzase las fauces, acentuando su bermejo matiz. [b][c=#2D5680]«Huh...»[/c][/b] musitó en la privacidad de sus pensamientos. Se vio sorprendido pero embelesado al notar que el distinguido sabor tenía una afinidad muy característica al té de fechas remotas que le servían en [i]Britannia[/i]. El corazón de dragón se le alegró, y gentil sonrió—. [b][c=#2D5680]Ahh. Qué buenos recuerdos me trae. No importa la época, siempre gozaré de un buen té.[/c][/b] —

   — [b][c=#2D5680]¿Hm?[/c][/b] —Más su embeleso se vio interrumpido por una mujer, de dorados cabellos como los suyos, que parecía atraer la atención de la clientela. A su vez le recordó a él mismo, cuando su presencia causaba impresión y júbilo entre su pueblo. Así, solo asumió que se trataba de alguien célebre en aquél tiempo. Cerró los párpados y bebió otro sorbo del té, con la elegancia típica en él, para notar que al abrirlos, frente a sus ojos se hallaba el lugar donde el mesero le condujo.
 
 
Continuó transitando las calles de Tokio, como si lo hiciese en los vastos mercados que alguna vez en fechas pasadas hicieron parte de sus dominios. La nobleza, en candor y la pureza de su pálido rostro británico, incluso en sus expresiones, le despojaban de cualquier malicia. Era un caballero con valores y principios más que arraigados en su temple, por ello a simple vista; aunque se aunase entre el gentío, siempre luciría diferente a ellos. Más aún con ello, en lugar de impresionarse por el mundo moderno, como lo había hecho alguna vez atrás, su gallarda mirada parecía estar sumida en sus propios pensamientos, cavilando y estudiando por mero instinto las razones que le llevaron a manifestarse una vez más en aquél sitio. [b][c=#2D5680]«Debe haber algo más, algo que quizás no terminé no la última vez...»[/c][/b] Se dijo.

Halló una cafetería entre su andar, pero ante de ingresar en ella, dio un corto vistazo a lo alto. Se trataba de un rascacielos cuya cúspide parecía perder entre el cielo nocturno. Ingenuo a primeras impresiones se vio su rostro, pues un leve sentimiento de impresión imperó en él. Prontamente ingresó en aquél lugar, enhiesto y erguido, como los nobles de su época, pidiendo respetuosamente una de las mesas para poder tomar asiento. El repetido [i]¡Tilín![/i] de una campanilla, advirtió su llegada.
   —[b][c=#80562D]¡Bienvenido, Sr! ¿Qué puedo servirle?[/c][/b]— le atendió una camarera asiática, quien con una indiscreta mirada, le curioseaba. —[b][c=#2D5680]¡Oh, hola![/c][/b] —alzó la diestra, en un amigable pero extraño aspaviento, en aras de lucir "moderno". La camarera enarcó una ceja y una tenue sonrisa que derrochaba bondad se dibujó en las fauces bermejas del rey, con un tizne rosáceo sobre sus pómulos pálidos. —[b][c=#2D5680] Gustaría de... un té verde inglés. Espero no ser de mucha molestia.[/c][/b] —su noble sonrisa se tornó más armoniosa y grácil, tanto así, que causó rubor en la mujer — [b][c=#80562D]¡P-por supuesto! Tome asiento, por favor.[/c][/b] —respondió aquélla con amabilidad en su voz entrecortada. El varón de cabellos dorados le obsequió una ligera reverencia y tomó un asiento, discreto y señorial, frente a un amplio ventanal con vista a las calles.
 
 
[b]Cierto día, a horas de la noche, en alguno de los distritos de Tōkyō.[/b]

Una vorágine azulina y celeste habíale envuelto como un amplio manto, deífico en todo su esplendor. La vastedad de la inmaculada y abstracta energía espiritual; desmesurada, se apreciaba visiblemente en las proximidades —aunque se hallaba solo en aquél lugar—; como la mansedumbre de flamas albugíneas manando de aquél. A su alrededor la atmósfera se turbó, y el viento le arremolinó hasta que poco a poco comenzó a desvanecerse, tornándose calmo y dejando un suave bruma pálida pero límpida, que poco a poco se disiparía.

Sólo una armónica brisa le aunó al culminar. [b][c=#2D5680]«Uh. Una vez más he regresado a este lugar»[/c][/b] Se dijo en la privacidad de sus pensamientos, conservando la quietud en aquél soliloquio, en un rostro palidecido y de cándido aspecto. [b]Sabía que se había materializado una vez más en el Tokio moderno.[/b] Al finalizar el breve vaticinio, notó que se encontraba en un parque deshabitado, en horas del anochecer. Sólo el crujir de una rueda giratoria, moviéndose por obra del viento, se escuchaba…

A su costado diestro, observó desde la lontananza las luces en los descomunales rascacielos, antes de encaminarse a la ciudad. Vehículos transitaban, al igual que los lugareños bajo la luz de las lámparas, que para él se asemejaban a los candiles y los faroles. Aquél Rey lucía moderno; desprovisto de su habitual armadura resplandeciente para entreverarse en el gentilicio actual, vestía una chaqueta de tela negra y una playera roja. Con las manos enfundadas en los bolsillos de su túnica, veía el pasar de la gente desde sus cetrinos ojos, brillantes como ningunos. Y un gesto cándido imperó sobre su joven rostro, mientras en su mente, surcaban ideas y conjeturas sobre aquél deber que tenía por cumplir.

[i]Quizás alguna pista más sobre… [/i]

Sin tan siquiera meditarlo mucho, el gesto en sus ojos se tornó determinante y decisivo. Frunciendo los labios. Seguramente su primera parada sería algún café en sus cercanías, si algo no le interrumpía.
 
 
Todo lo que has pasado te pasa por ser tan dura sobre todo con nosotros los hombres
 
 
No fue nada a ti por agregarme
 
 
-La chica saca de un portafolio portátil sus cubiertos, va a la cocina y se pone a preparar uno de sus mejores platillos-
 
1-10 of 15
Erina Nakiri | Comments | iOrbix
JavaScript is disabled on your browser.
iOrbix won't work properly if your browser doesn't have JavaScript enabled.
Please enable JavaScript, or alternatively, access iOrbix Mobile.