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Sophia rodea los ojos al oírle y entra sin más. Suspira aliviada de la calidez que la cabaña otorga.

—El día que te violen no vengas llorando a mi. —Cierra la puerta detrás de ella.

Camina hasta donde la sala y le saluda con una sonrisa. Normalmente saludaría con un beso en la mejilla o un abrazo, pero llevaba tiempo luchando contra ese impulso heredado por la familia materna.

—¿Te acabas de despertar? —Inquiere quitándose dejando los postres y su bolsa en la pequeña mesa en medio de la sala de estar.— Ya es medio día Raimei. —Reprimí tomando una postura un poco maternal para su edad.

Se quita su gabardina y la cuelga junto a la chaqueta de él. Mira el lugar sin convencerse que él viviese ahí, estaba limpio y ordenado, ni siquiera olía a ropa sucia como lo hacía las habitaciones de sus primos. Después de recorrer el lugar su atención se vuelve a fijar en él.

—¿De casualidad volviste a quemar tu celular? Trate de marcarte pero decía fuera de servicio. —Se encamina a la cocina donde abre el pequeño refrigerador para guardar los postres en este.
 
 
A las afueras de la gran ciudad había una sección donde amantes de la vida sencilla se acogían en cabañas pintorescas. No había demasiadas, para sorpresa de Sophia cuando emergió de la sombra de los árboles que cubrían dichosas cabañas. Miró a los lados rezando por no haber tenido testigos, del bolsillo de su pantalón sacó un papel donde Raimei había escrito la dirección.

—Cabaña 06... —Dice comenzando a caminar por el lugar.

La cabaña de su amigo es la última. Rústica y encantadora era las palabras que se le venían a la cabeza cuando la vio. Le sorprendió que viviese en tal lindo lugar. Sin esperar mucho tocó la puerta de roble.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/95/23/36/Sophia-D-Aley-uYEROB5HE-b.jpg][/center]

—Si no abres soplare hasta que tu casa derrumbare. —Su voz suena profunda, pero sobretodo dramáticamente fingida como si estuviera leyendo cuentos a infantes.

Por supuesto no había venido con manos vacías. Había traído bebidas y unos dulces caseros que había preparado. Los familiares por lado de su padre le inculcaron que era una falta de respeto presentarse sin un pequeño obsequio en la primera visita a una casa ajena. Sabía que él no era gran fan de lo dulce, o al menos eso aparentaba, por ello es que trajo diferentes tipos de postres con distintos sabores. Ojalá uno fuese de su gusto.

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—Raimei abre ya. ¡Hace frío!
 
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Rᴀɪᴍᴇɪ Dᴇᴍᴏɴ | Comments | iOrbix
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