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[b][i]” Cuándo alguien necesita desesperadamente que le tiendan una mano al momento de tocar el fondo del abismo, lo peor que podemos hacer, exactamente es no hacer nada, nunca sabemos cuándo necesitemos que nos ayuden de la misma forma.” [/i][/b]



[c=#0000E5]-“Birdwhistle”, un apellido que había tomado alojamiento en la cabeza del santo desde hace años atrás, un recuerdo profundo de una familia dedicada a la causa, a la protección del mundo de generación en generación, un apellido importante para el paladín de antaño, quien tuviese el honor de pelear junto a ellos en la adversidad, derramando sangre, sudor y lágrimas como hermanos, Morgan y Mistra eran 2 de 3 nombres que vivían tan frescos en su memoria como el viento acariciando las hojas de los árboles y los pétalos de las flores en una mañana de primavera, ejemplares paladines de su época durante su estadía con aquella excelsa estirpe de su propia especie, llenos de honor y compromiso, pero, lamentablemente para el Alexis, la noticia de su partida a manos de un lord infernal golpearía duro en lo profundo de su ser, como una daga clavada en su corazón, especialmente cuando el valeroso retoño y fruto del amor de aquella pareja, fuera reportada desaparecida al buscar venganza contra tal entidad, algo impensable en la cabeza de Alexis quien conocía los reglamentos de los paladines.

“Buscar venganza solo te llevara a la oscuridad”, era una de los consejos más sabios que un superior pudiese inculcar al santo en aquellos ayeres, lleno de total sabiduría y enriquecido de verdades, era imperativo que buscase a la chica y este pudiera regresarla a casa en una pieza… El problema era que ese suceso había ocurrido ya muchos años atrás, talvez ya no se tenía una fecha en concreto, pero en cualquier caso el paladín la hubiese considerado muerta y hubiese ido a buscar sus restos de cualquier forma para regresarlos a su lugar correspondiente entre las salas del honor de su casa, de no ser por el rumor de habían visto, en una región remota del norte, a una mujer con rasgos similares a esa pequeña que hubiese conocido en su juventud, el tercer nombre que vivía grabado en su mente, Nanna.

Su fe estaba renovada y su esperanza, ahora era su guía para avanzar y decidir embarcarse en un viaje cuyo rumbo era totalmente desconocido, sujeto a azares, altas y bajas, pero cuya meta estaba clara en su cabeza: Traer a Nanna de vuelta a casa. Métodos y decisiones quedarían directamente a manos de su ingenio y la situación en la que pudiesen encontrarse a medida que se acercara el inevitable re-encuentro, pasando varios días, posiblemente más de una semana entre parada y parada por puntos de interés para buscar pistas de Nanna de forma minuciosa, no quería dejar pasar ningún detalle por alto y eventualmente, su último destino termino en zonas verdes y pantanosas por las cuales tenía la necesidad de mantener su arma desenfundada, una bella espada larga con el grabado de un par de alas en la guarda y un brillante rubí escondido en el pomo del arma, atento a todo momento pues sus instintos le indicaban que no estaba solo, algo se escondía entre las sombras.-[/c]

[b]. . . Sé que estás ahí, me veré viejo, pero no significa que no sepa defenderme o que no pueda tirar un árbol a golpes, es mejor que te presentes y sigas con tu camino en vez de interponerte en el mio.[/b]

[c=#0000E5]-Advirtió el albino ferozmente, pero manteniendo la compostura al momento que permitía a sus sentidos adaptarse constantemente a los ruidos que le rodeaban, a veces al cantar de la fauna salvaje en el lugar, el crujir de las hojas bajo el pesado metal de las grebas el soplar del viento, llevando olores familiares y extraños a la nariz del albino cuya zurda se acercaba a la cadena cruzando su torso desde el hombro diestro hasta su costado siniestro, preparado a desmontar su masivo escudo de torre cuando fuese necesario defenderse de algún taque.-[/c]
 
 
Ajeno a la presencia de Zœel esa tarde en el mercado estaba el joven Remy, quien pese a vestir con ropa de civil de lo más mundana acaparaba tantas miradas no deseadas como de costumbre pues llevaba sus ojos al descubierto. Ojos de iris carmesí y córneas azabache. Vestía con zapatos marrones, jeans de un azul oscuro y una remera negra con una chaqueta de cuero marrón abierta sobre ésta; nada destacable en ese aspecto, mas lo esbelto de su cuerpo y lo fino de sus facciones acentuadas por el cabello pardo que cae perfectamente liso por los lados de su rostro harían que su aspecto en general sea más atractivo que el de la mayor parte de los humanos presentes en ese lugar si tan solo no fuese por la ya mencionada evidencia mutante en sus ojos, claro está.
Lejos de avergonzarse de cualquier mirada que viniese en su dirección, la mayor parte de desprecio por quienes notan lo que es, él continúa haciendo sus propias compras con normalidad. Eso sí, quizás su normalidad no sea la misma que para el resto de personas presentes, puesto que ser una persona responsable y de buen corazón no cambia su naturaleza de ladrón y no siempre se puede ser muy exigente con lo que roba. Si bien hay tantas miradas sobre él, el hecho de que el foco de éstas sean sus ojos deja la cancha libre a sus manos, que camufladas tras movimientos corporales de lo más naturales sacan la cartera de los bolsillos de algunos de quienes pasan por su lado y con la misma discreción se deshace de ellas para guardar solo el dinero, que le sirve para sus subsecuentes compras.
Centrado en terminar rápido con sus obligaciones, pues no las disfruta tanto como Zœel, no presta más atención de la necesaria a las personas del lugar, pero no puede evitar que su vista se bloquee por unos instantes en ella cuando pasa por su campo visual, pero asumiendo que no es más que otra cara bonita de las tantas que uno se puede cruzar al día en una ciudad grande no le presta más atención antes de seguir con lo suyo.
 
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