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Habían asesinado a uno de los duques pertenecientes a la organización de Darah, el cadáver, vilmente arrojado a un barranco había sido encontrado por los hermanos Berzelius una semana después del crime. Las ganas de querer venganza por parte de aquellos que habían sido los más cercanos al duque eran evidentes.

La primera alarma roja se activó. Cualquier miembro de la organización podría escoger a un guardaespaldas. Los hermanos Berzelius siempre eran los primeros en ser escogidos, Sokar por delante, después Amelia y luego Devnet, las cabezas al mando de la mafia eran sus protegidos.

La junta se daba por terminada, habían puesto en orden algunas ideas que quedaban sueltas, el permanecer encerrados en casa no parecía del todo atractivo, pero era lo más seguro que podían hacer en esos momentos, o por lo menos, hasta que se encontrase al culpable.

— Un callejón. — Escuchó decir a la pelinegra de ojos carmín, llevaba aquel sombrero negro y el vestido de cóctel, tan elegante como siempre. — Tú sola, Amelia. No lleves a Sokar, es hostil y no queremos que nada salga mal. — Repitió las ordenes dadas a la pelinegra, haciéndola bostezar a modo que daba entender que poco le importaba, Sokar era su hermano y si no se trataba de algo más serio que aquella estupidez de trabajo, no planearía dejarle sólo.

Esperó a que el sol se metiera, justo como estado acordado. Las runas habían perdido su efecto justo a la media noche, estaba lista para salir. Llevaba aquella ropa de color negro, los vaqueros, las botas militares, la camiseta y la chaqueta de cuero. Las orbes eran lo que resaltaban en la noche, la luna estaba perfecta, en lo alto del cielo, donde los humanos se pudieran deleitar con su luz, pero no tocarle. Las orbes de la azabache parecían un par de estrellas, tan claras que parecían titanio liquido, mientras que la linea que les rodeaba y ciertos destellos negros, le salvaban de perderse con el resto de la cornea, eso era lo que delataba su presencia, también lo pesado que era su mirada y el mal humor que traía al tener que ir sóla.

Sostenía un cigarro entre sus dedos, observaba el humo viajar por en frente de ella, directo a esfumarse un par de segundos después. No era un simple cigarro, uno de esos de tabaco, no, era un cigarro de marihuana, algo que los hermanos Berzelius solían consumir con frecuencia. Se recargó en la puerta de entrada, era un edificio viejo para ser un antro que recibía gente de todo tipo. Su víctima se encontraba adentro pero, había demasiada gente como para ingresar como si nada, así que ahí permaneció, oculta, esperando a que llegase alguien que pudiera servir como señuelo, una mujer, una guapa, eso le serviría.
 
 
[center]Out:[/center]
[center]Hola, guapa, ¿gustarías crear una historia conmigo? :3[/center]
 
 
Ooc: Perfecto, doy inicio.

— Manhattan, Museo Metropolitano de Arte; 13:50

Todo está en la maleta ¿tienes el libro? — Claro que tenía el libro, cualquier movimiento en falso podría provocar la muerte de ese maldito traficante de arte.

Sabía perfectamente que un alboroto de ese tipo atraería la atención a la organización y esa atención pondría en peligro anos de trabajo, no lo sólo el de ella; había enviado su ubicación a Solar, sabía que era cuestión de segundos para que aquél llegará y le echara una mano en dado caso de ser necesario. Esa tarde estaban tratando con uno de los libros que pertenecían a la familia Berzelius, escrito por la madre y cuyo contenido formulaba un repertorio de magia celta muy antigua. Sortelha, su hogar de origen, había desaparecido del mapa y todas las entradas en la tierra habían dejado de existir.

Amelia poseía una libreta con direcciones, dónde guardaba todos y cada uno de los ladrones con los que Marcus había tenido contacto.

Claro que lo tengo — Contestó el sujeto después de un momento, extendió un paquete envuelto en cuero, Ophelia comenzó a desenvolverlo hasta identificar la portada, cuando estaba a punto de alzar la mirada al sujeto, aquél había acortado la distancia considerablemente y ahora le apuntaba con un arma.

Yo no haría eso si fuera tú. — Protestó la pelirroja mientras alzaba ambas mano.

Mejor ni te muevas, he oído que ustedes son muy peculiares.— Dijo aquél con un dejé de incredulidad en su voz. Ophelia entendía de lo que hablaba, la miraba como si se tratara de un animal peligroso, lo veía en la forma en que la miraba. — Nadie se mueva.— Volvió a hablar el sujeto, llamando la atención de los pocos presentes.

Vamos, podemos arreglar esto entre nosotros. — Comenzó diciendo la pelirroja mientras miraba a su al rededor contando a los presentes. Mientras hacía aquello, el sujeto había avanzado hasta coger a una chica, rodeando su cuello con el brazo izquierdo y sosteniendo con la derecha la pistola contra su cabeza.

Nada me garantiza que vinieras sola. — Respondió el masculino mientras apretaba a la chica. — Vamos, saldrán conmigo — Indicó aquél, Ophelia no se movió, no se movería.
 
 
Ooc: ¡Gracias por aceptar! Cuando gustes podemos comenzar una historia.
 
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Alexis Scheinberg | Comments | iOrbix
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