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[center][code][i]|Gracias por aceptarme, espero podamos llevar una buena historia.[/i][/code][/center]
 
 
Tenía una ligereza agradable en el cuerpo. Como si los labios de Nami fueran el tranquilizante predilecto para su tensión. Y para la fortuna del espadachín, ella había cerrado el contrato entre ambos al responder su beso con tan dulce proceder.
Y él dejó de pensar, se concentró en besarla suavemente y dejarse llevar. Sin pensarlo, las manos se habían colado a la espalda baja de la mujer acariciandola, aprovechando esa desnudes donde solo usaba el top del bikini. Y a pesar de que siempre la veía así, en esos momentos era más que especial. Vivía la piel dulce de esa bella mujer y sus labios eran dignos, dichosos de probar su sabor.

Hizo la pausa a falta de aire y la volvió a mirar. Estaba más tranquila, más decidida y pudo notarlo en la mirada que esos grandes ojos le daban. Debíua admitir que le era satisfactorio no ser rechazado. Se abrazó de ella, con un poco más de firmeza y aumentó el ritmo de lo besos. Escuchar su nombre pronunciado por su linda voz le hacia estremecer. Perdía el control.

Subió las manos por la cintura y se detuvo al sentir en su espalda el amarre del top. Las bajó a su pantalón y sin pensarlo mucho las colocó en el generoso trasero de la navegante, apretando con cierta fuerza su carne. Que bien se sentía. La acercó más abriendo la boca, usando ya su lengua para navegar sus labios, su aliento, su saliva, quería probar cada parte de su divinidad. La levantó para sentarla en la camilla y se detuvo sin dejar de acariciar su cintura.

—No me voy a detener, Nami...-

Le advirtió, desatando el top y arrancandolo para dejarlo caer al suelo y por fin ser testigo de su hipnotizante desnudez.
 
 
A pesar de ir concentrada en guiar el camino de ambas hacia su primer destino, logró escuchar los comentarios de su acompañante, por lo cual detuvo unos momentos su andar. Tal vez Nami no tenia un quirk, pero sin duda que sus habilidades naturales eran excelentes.
[c=#E50073]— ¿Presión? ... Vaya.. Pues tal vez haya gente que pueda hacer algo así. Los quirks son variados y trabajan de formar muy extrañas, no hay un quirk que sea 100% igual a otro. Inclusive hay quienes heredan una mezcla entre los de sus padres. —[/c]

Observó atenta hacía el lugar que había sido señalado. A sus ojos, todo parecía normal. ¿Realmente cambiaría el clima?

[c=#E50073]— Nami, perdón pero, ¿porqué la pregunta? ¿Acaso sentiste algo? —[/c]

Claro, su pregunta era basada en su nulo conocimiento de las habilidades de la pelirroja. Y más que nada, asegurarse en caso de que fuera necesario ir a echar un vistazo.
 
 
El desliz de voz la tomó por sorpresa y al girar con tal prontitud sin notar su presencia se confundió. Sin embargo, el rostro de confusión cambió al presentarse la ondulante imagen de su bella amante. Sacudió la cabeza y le tomó de la mano con fuerza respondiendo cada beso que se hacía más demandante a cada segundo.

—Bueno, sabes que te he extrañado millones. Nami, me preocupo demasiado. -

Su sonrisa se desvaneció y abrió la puerta de su dormitorio para invitar a la pirata entrar. Se aseguró que nadie mirara y que la puerta estuviera asegurada una vez entraron ambas. Suspiró y detuvo el apasionado encuentro por una mirada de intenso pensamiento.

—Te amo por quien eres. Si no fuera una pirata seguro jamás te hubiera conocido... pero... a pesar de que sé que tu tripulación vela por ti y te protege... me preocupo y mucho... Yo sé que tus sueños están en le mar tras de Mugiwara y no quiero ser quien te quite eso pero...-

Se detuvo para sentarse a la cama junto con ella, tomar sus cabellos naranjas y peinarlos sin dejar de acariciar el bello cutis de su mujer.

—Quiero una promesa tuya, Nami. Quiero que me prometas que, al final de tu aventura, no acudirás a nadie más que a mi. Que seré yo con quien elijas vivir. Que ese día en que decidas terminar con la piratería, sea yo tu siguiente paso... Que por ningún motivo te dejarás matar por el mar. Y yo te prometo, que el día que tu lo decidas, yo dejaré de ser un Marine y me dedicaré enteramente a ti... -
 
 
[c=#E50073]— Oh... ¡Suena genial! Me recuerda a uno que vi en una película, pero seguro el de tu mundo debe ser mejor. —[/c]
Sonreía de oreja a oreja, tratando de imaginar aquella maquina descrita por la chica, aprovechando que ya tenia un referente no le costó tanto.

[b][c=#E50073]— Si encontramos pronto el dispositivo de este mundo, quizá me atrevería a ir a visitar el tuyo. —[/c][/b]

No mentía, en la noche hasta había intentado pensar en alguna excusa para justificar su ausencia tanto en la escuela cómo con su familia. Una risilla salio de su boca, de sólo imaginarse en camino a una aventura de tal magnitud.

[c=#E50073]— Nuestro primer destino esta cerca, en la siguiente parada debemos dirigirnos a una zona comercial. Hay una tienda de antigüedades y objetos de segunda mano. Y no muy lejos de ahí hay un pequeño museo dónde hay una muestra de culturas antiguas. Esperemos encontrar ahí nuestro objetivo. —[/c]

Más positiva no podía sentirse, si bien, era apenas la primer parada de todas las que había podido identificar por su cuenta anoche, el pensar en terminar pronto de manera exitosa seria lo mejor.

Se escuchó el mensaje de la parada en el altavoz, y a los pocos minutos llegaron. Las puertas se abrieron y la gente descendió. Inmediatamente tomo a la pirata por la mano, guiándola a la salida de la estación. Ahora sólo debían caminar aproximadamente diez minutos para llegar a aquella vieja zona comercial. El camino era sencillo, pero aun así, la castaña se tomó la molestia de sacar su celular y usar la aplicación del mapa. Disfrutaba enormemente poder usar de este aparato, ya que, hasta no hace mucho tenia un dispositivo más sencillo y básico.

[c=#E50073]— Vamos bien, Nami, sígueme. ~ —[/c]
 
 
[c=#006600]No sé xD[/c]
 
 
Le besó con profunda pasión, con una fuerte descarga de cariño, amor y dulzura. Separó los labios de los ajenos con palpable sufrimiento y se alejó son mirar atrás. Quería y deseaba en lo más profundo de su corazón que ella fuera capaz de llegar a su habitación y poder continuar la velada juntas, en una cama, donde debían estar.
La capitana misma fue quien prendió las alarmas para comenzar un protocolo de búsqueda guiando a sus hombres lejos de la pirata. Insistió en que había tenido compasión por la mujer y la había soltado para darle un descanso, la astuta pirata le arrebató el abrigo y escapó de la marine. Le historia fue creída al instante y corrió tras sus subordinados, esperando que Nami estuviera bien y alejándolos del paso de su dama.

—¡Vamos! Seguro está en los muelles. Conozco a esa mujer, deberá estar abordando un salvavidas, si la localizamos podremos seguirla a su tripulación igual. -

Decía mientras se desviaba, daba órdenes a diestra y siniestra para no pasar por una mentirosa y avisó que tomaría un curso diferente. Y así fue. Desapareció de las líneas de búsqueda y se escabulló al final del pasillo indicado. La esperaría ahí, cuidando que nadie más pasara por esos pasillos y le dieran la libertad de llevarla a un lugar seguro.
Era muy emocionante, nunca se portaba mal. Estaba preocupada pero muy emocionada, por ella haría cualquier cosa, cualquier cosa que Nami le pidiera Tashigi sería capaz de hacer.
 
 
[c=#E50073]— ¡Vamos! —[/c]

Dirigió su caminar afuera de los dormitorios, para salir pronto del instituto. Una vez fuera, ni tarda ni perezosa se dirigió a la estación del metro mas cercana. Al estar ahí, tomó por la muñeca a su acompañante, la afluencia de gente era mayor en este tipo de lugares y seria una desgracia separarse. Afortunadamente el abordar el vagón del metro fue rápido y fácil. Tomó asiento, guiando consigo a la pelirroja, suspirando de alivio de haber llegado hasta este punto sin mayor problema.

[c=#E50073]— ¡Al fin! ¿Nami, en tu mundo hay lugares cómo esto? —[/c]

Trató de hacer su pregunta en voz baja, si alguien las escuchaba seguro pensarían que estaban locas. Mientras esperaba por la respuesta de Nami, sacó su libretita, necesitaba verificar las anotaciones que había hecho en la noche previa sobre las rutas que debían seguir.
 
 
No podía dejar de mirarla, se estaba comportando de una forma extraña... diferente mejor dicho. Nami nunca se había negado a ayudarle en algo y menos si se trataba de cosas como aquellas. Zoro ponía atención en lo que hacía, genuinamente ponía atención. Sus manos, delicadas, se escabullían en su morena piel, surcando sus múltiples cicatrices y entonces lo notó. Aquello no era una simple inspección de rutina medicinal, no, ella estaba aprovechando para mirarlo, admirarlo y tocarlo. Iba a decir algo, quizá de broma, quizá de reclamo pero fue interrumpido por ese "Gracias".
¿Gracias? ¿De qué habla esta mujer? Zoro arrugó el entrecejo y antes de que pudiera pedir explicación alguna, ella le dijo todo. El hombre soltó un suspiro silencioso y relajó el rostro. Estaba sonrojada. Zoro pensaba mucho, demasiado. ¿De verdad era Nami, esa Nami que siempre lo molesta, le ordena y le grita? Parecía ser una mujer indefensa en esos momentos.

Reaccionó rápidamente y la tomó de la mano para evitar que se alejara de forma abrupta. Le buscó la mirada y con ese rostro estoico sacudió suavemente la cabeza.

—Si, lo hice por órdenes de Luffy. Y si, no confiaba en ti. Pero... -

Hizo una pausa y rizó los labios en una sonrisa apenas notable. Subió la mano a la mejilla de la navegante y recorrió sus facciones con la mirada mientras que las yemas de sus dedos le acomodaban el cabello detrás de la oreja.

—Estoy feliz de que ahora seas libre. Y que estés con nosotros. Realmente pienso que sin ti esta tripulación no habría durado. -

Soltó una pequeña risa y pensó rápidamente. Ella estaba dando todas las señales... ¿No? ¡ah! era pésimo cuando se trataba de mujeres, entenderlas era muy complicado, así que decidió actuar por instinto y seguir sus propios deseos. Le soltó la mejilla y la tomó de la cintura, se acercó, muy cerca, sus narices rozaron y se detuvo.

—¿Qué sería de esta tripulación sin tus curvas, sin tus gritos, sin tu escancia? ¿Qué sería de mi sin tu guía? Y aunque suelo no soportar tus tratos hacia el cocinero imbécil, justo ahora solo me miras a mi. ¿Cierto? Espero que si... -

Soltó su mano y giró el cuerpo junto con ella para empujarla suavemente en la camilla y así acorralarla. Le besó los labios, aún sin recostarla. Le besó profundo, apenas invasivo, quería saber su reacción, quería no hacer algo que ella no quisiera. Le besó entonces cerrando su ojo y sus manos ásperas se deslizaron por esa curva de ensueño que era su cintura. Sentía sus suaves senos en su pecho y la emoción le comenzaba a repiquetear el cuerpo entero. Le besó suave y se embriagó de su dulce aroma femenino, sintiéndose dichoso, disfrutando genuinamente de su compañía y aprovechando ese espacio a solas, juntos, sin temor a nada, solo ella y él.
 
 
Lo había conseguido, tenía ahora el cuerpo bañado en el orgasmo ajeno y era maravilloso. Amaba darle placer, devolverle un poco de lo que Nami tanto le daba, la hacía feliz y en esos momentos la marine sonreía de oreja a oreja. Se dejó recostar en el suelo nuevamente con su dueña encima. Le besó tendida y profundamente, sus carnosos labios eran las puertas del cielo, su aliento, su saliva, su sudor, su olor, todo en ella la hipnotizaba. Como amaba a esa mujer. Tashigi recuperó el aliento junto con ella y se giró para poder mirarla.

—Yo te amo más...

Indicó mientras se incorporaba y miraba a su alrededor regresando a mirarla a ella. Verla ahí, recostada, como una diosa la incitaba a continuar, no quería terminar nunca, no quería que ella se fuera, pero sabía que su tiempo juntas era escaso.

—Te sacaré de aquí. Vístete.

Le ordenó. Ella misma se levantó y comenzó a colocarse sus ropas y arreglar un poco su cabello. Le ofreció su abrigo rosa y pensó un poco. ¿Cómo la puedo sacar de aquí sin que se den cuenta los demás? Tashigi tenía planeado llevarla a sus aposentos y por supuesto disfrutar de su compañía una vez más, sin embargo, no estaban tan cerca y en la puerta había guardias.

—Tendré que salir yo por donde entré, tarde o temprano vendrán a buscarme, pero, hay una salida que te va a llevar a un pasillo que casi nadie frecuenta. Ahí te veré.

Se preguntaba si en realidad Nami atendería sus instrucciones y la vería ahí o si aprovecharía para escapar. Confiaría en ella, de cualquier forma, ella misma la dejaría ir al día siguiente. Le indicó la salida y las instrucciones de donde se verían para así, separarse por al menos unos minutos.
 
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Nami ナミ | Comments | iOrbix
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