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Te dejo el kissu aquí porque está prohibido por regalos.
Y una cosa más. u/u
 
 
[code][c=#660000]Te amo, Ariadnae. Mi todo.[/c][/code]
 
 
—[i]¿Amor, madre? ¡Ese hombre es un egoísta que destruye cuanto ama! Leonidas... Mi hermano... Murió por su culpa. Y tu vida fue arrebatada por él. Sé del secreto en el sótano, madre. Él no me importa; pero tú... Tú, estás aquí. Dioses. Te he extrañado tanto... No tengo nada que perdonarte.[/i]
 
 
—[i]Deseché el apellido Clairt desde que ese hombre... Ese infame... Te asesinó. Madre, yo... ¡Nunca supimos por qué! ¡Ese bastardo te arrebató de nosotros! ¿Cómo podría continuar llevando su nombre? Está muerto para mí. Y si pudiese, lo mataría con mis propias manos por lastimarte.[/i]
 
 
—[i]Ma... ¡¿MADRE?! Por todos los Dioses, ¡¿estás viva?![/i]
 
 
[center] [youtube=https://youtu.be/x_sAupNdv2o]

🖤[/center]
 
 
[center][image=https://data.whicdn.com/images/242470319/original.gif]

[code]If I should think of love
I'd think of you, your arms uplifted,
Tying your hair in plaits above,
The lyre shape of your arms and shoulders,
The soft curve of your winding head.
No melody is sweeter, nor could Orpheus
So have bewitched. I think of this,
And all my universe becomes perfection.
But were you in my arms, dear love,
The happiness would take my breath away,
No thought could match that ecstasy,
No song encompass it, no other worlds.
If I should think of love,
I'd think of you.[/code][/center]
 
 
[code]Ahí estaba ella, hecha un ovillo en un rincón del sótano, destrozándose los pulmones a gritos; tan teñida de rojo como las paredes, la mesa, el cuchillo que se hallaba caído a un par de metros de ella. Todo perdió sentido en ese momento. No había duda: [b]su esposa había sido la asesina[/b], y demostrado tal saña que incluso Jules sintió el terror primigenio a la muerte, enraizado en su psique, aflorando a su conciencia impresionada. Sin embargo, no había terror en sus facciones; solo la pregunta inevitable: [b]por qué[/b], teñida de la angustia que sentía, en nada aliviada a pesar de que había encontrado a su esposa, por fin. No era el momento para lloriqueos. [b]Sabía[/b], en su fuero íntimo, que Ariadnae no haría una cosa así. Sin temer por su propia seguridad, sin dudar por un segundo, Jules corrió hacia su esposa, sorteando los montículos siniestros, sin importarle mancharse con la sangre que levantaba al pisar el charco esparcido por el suelo. Se hincó frente su mujer, ahora tan vestido de bermejo como ella, y sus ojos demostraron una infinita tristeza, comenzando a entender. Él sabía de algo - [i]alguien[/i] - capaz de inspirar tal crueldad. No podía negarlo: estaba ahí, entre ambos, al acecho; y esta vez había ganado la partida. Pero no la guerra.

Jules se sobrepuso al galope de su pecho, estirando los brazos de inmediato para abrazar a Ariadnae, sin importarle nada más que ofrecerle el refugio que, esperaba, la ayudara a regresar a sus cabales. En ese momento, sus ojos se anegaron, dejando salir las lágrimas de la impotencia; pues una vez más había fallado en proteger lo que más amaba en todo el universo, sintiéndola temblar cual una hoja en el agua, tan desvalida, tan escandalizada de sí misma y su obra. El dolor de su corazón era infinito, mas no tenía tiempo para sí mismo. Todas sus atenciones se volcaron en ella, la luz de su existencia; y no permitiría que se apagara por nada en el mundo. La acunó, mesó sus cabellos pringosos por la sangre, besó su frente a pesar de que sus labios le llevaron el sabor metálico de la vida arrancada a golpes de cuchillo; y, haciendo acopio de sus últimas fuerzas, le susurró a su esposa, intentando hacerse escuchar por encima del escándalo al hablarle al oído.

—[c=#660000]Estoy aquí. Contigo. Amor mío, estás a salvo. Soy yo, Jules, tu esposo; el que te ama hoy y siempre. No has sido tú. Vuelve a mí, Ariadnae; regresa... Aquí estoy.[/c]

En ese momento ya no pudo reprimir los sollozos, que sacudieron su ser pero no impidieron que siguiera abrazándola, tratando de brindarle la calidez que ella seguramente necesitaba con urgencia. Lloró sin vergüenza alguna, con el corazón tan deshecho como los restos del desafortunado que se hallaba disperso por el cuarto; lloró por sí mismo, por su esposa, por la sensación de haberle fallado una vez más. No obstante, eso no le impidió proteger a Ariadnae de sí misma, dándole un refugio que ella jamás perdería; y todo su ser, sus fuerzas, intentaban hacérselo saber, sin importar nada más que ella.[/code]
 
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Aʀɪᴀᴅɴᴀᴇ Cʀᴏᴍᴡᴇʟʟ | Comments | iOrbix
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