iOrbix
Email
Password
Comments
 
Send Comment
1-10 of 28
 
— Jm, el sitio donde estas hay pandillas, no quiero que mi corazón mi guie por esos sitios extraños. — Se puso a comer gomitas sabor mora azul.
 
 
— ¿Dónde estas? — Cómo el le dijo que viniera aquí está la muy obediente.
 
 
+le coloca un dulce en su ombligo+ owo
 
 
[i]"¿Es necesario hablar de aquello?"[/i] Escuchó, y en respuesta simple y llanamente sonrió y añadió:
— [c=#E50000]Me gustaría, sí... Aunque no hay licor, no de momento.[/c]—encogió un tanto los hombros a modo de disculpa muda por no complacer la necesidad del hombre; mas pronto se vio cautivada por la introducción que el moreno hacía, había algo en su manera de hablar que le traía remanso, quizá era el hecho de no haber cruzado palabra alguna con nadie ajeno a los Ulthorr, y no es que estos no fuera buenos conversadores <por increíble que pareciera> sino que, la frescura de Rhaamael le caía bien.

Así fue que escuchó cada palabra y observó cada cambio en el rostro ajeno, podía deducir con suma facilidad como es que el hablar de ello le suponía incomodidad y no le era sencillo; pero curiosa, no hizo nada por frenarlo, por darle sosiego a su "tormento", mucho menos al ver la arena juntándose hasta hacer formas ¿cómo era posible aquello? Le pareció tan fascinante que no evitó la sonrisa en sus labios, esa que se tiñó con visos candorosos y emocionados, haciéndola no sólo escuchar atenta cada palabra, sino, sentir por momentos como si estuviese justo en ese momento, en cada forma que la arena le mostraba sobre la palma de la mano del moreno ¡Era increíble! Y aunque no era una anécdota necesariamente alegre o con tintes armoniosos, no dejaba de ser maravillosa.
Sin embargo, pronto todo dio un giro inesperado con el disipar de la arena; incluso ella misma pareció despertar de un pequeño sortilegio con un ligero respingo, observándole ligeramente confundida, pero complacida finalmente al deducir que toda esa historia se trataba de él, que aquel Príncipe era él y nadie más.

Odessa guardó silencio por unos segundos, los mismos que requirió para tomar un respiro más profundo y carraspear al final—. [c=#E50000]No creo que sea el final de la historia. [/c]—dijo. Y tras ello se puso de pie, yendo hacía una mesita donde aguardaban un par de vasos de cristal y una licorera de cristal bastante fina, considerando claro el lugar donde estaban. Esto yacía sobre una charola de plata—. [c=#E50000]Me atrevo a decir que aún le queda mucho por delante, no es una historia que termine tan fácilmente[/c] —sirvió licor en dos vasos, era un licor de tono ámbar bastante peculiar.

Y así fue que volvió con serenidad, dejando un vaso al frente del moreno, mientras tomaba asiento de nuevo, alzando el vaso—. [c=#E50000]Agradezco el esfuerzo por compartirla, en ocasiones las palabras son como dagas clavándose en la garganta[/c]— y ella bien sabía de eso, hablar de Nashdag le suponía un reto personal, algo que prefería mantener lejos de sus recuerdos, pero siempre, cada noche, volvía con la misma nitidez o más, era increíble y tormentoso el como aquellos trazos de sus memorias se adherían a ella con semejante recelo, como si fuera el precio justo a sus pecados, a la culpa inherente a cada respiro suyo, pues sabía que por cada día vivido, habían cientos de vidas que colgaban a su espalda al no haber podido defender a Nashdag cuando más lo necesitó, cuando Vaedil lo tomó todo... Cuando murió —. [c=#E50000]Pero sé que este licor te ayudará a sopesarlo; puede que su sabor te sea amargo al inicio, pero descubrirás que es muy dulce una vez te acostumbres. Es un licor artesanal, los Ulthorr lo elaboran con sumo cuidado, pues nace a partir de sus propios antepasados[/c]— pausó, observando el líquido en su vaso, esperando que él hiciese lo mismo—. [c=#E50000]Cerca del lago Ecyen yacen los restos de los Ulthorr, enterrados bajo la nieve y la tierra, más allá donde el frío aún permite que las flores crezcan; y es justo ahí donde nacen unas pequeñas flores de tono azul, es increíble verlas florecer contra todo pronóstico. Para los Ulthorr es una flor sagrada que nace de los restos de su gente, y es con ésta y otros ingredientes, con la que preparan este licor [/c]—habló fascinada, realmente admiraba a los Salvajes de hielo, había estado ya por tanto tiempo con ellos, que había aprendido a querer y adorar sus costumbres, por muy lejanas que fueran a las suyas como Aldhar—. [c=#E50000]"Sörtivah"[/c]— dijo y enseguida bebió de su vaso, aquella palabra significaba "Salud" era como lo decían los Ulthorr.
 
 
Para los Ulthorr las palabras sobreactuadas de Rhaamael no eran más que una razón más para no quitarle el ojo de encima, no era del todo bien recibida esa actitud y mucho menos en un territorio donde los modales no eran precisamente habituales, mucho menos la pulcritud al hablar. Y Yitien no era la excepción a la regla, por suerte no había escuchado lo que el moreno había comentado acerca de ella, de lo contrario, se habría lanzado sobre él sin chistar directo a matar.

Pero Odessa sí que lo había escuchado, mas no había comentado nada <de momento> pues se dedicó a terminar de ordenar los papeles, dejando al hombre ir y venir dentro de su tienda a placer, no es que tuviese pertenencias que lamentara perder, las únicas eran su vida, y la misteriosa y preciosa joya que mantenía en su cuello, aún alojada entre la piel de oso polar que le vestía. Y sólo reparó al volver la mirada hacía él al mencionarle el boceto que permitió ser tomado con un ligero asentir de su rostro en respuesta, y como permiso implícito en la acción, era un dibujo ligeramente elaborado, dos grandes estatuas de guererros, una a cada costado de una puerta de tallado precioso, eran las puertas de Nashdag, su tierra natal.
La albina estaba tranquila, paciente, serena como quien prefiere el silencio antes de soltar cualquier palabra al aire, quizá, por enseñanzas de una vida pasada. Al menos hasta escuchar sus preguntas.

— [c=#E50000]Fui una Reina alguna vez [/c]—dijo. Y luego de ello acomodó la capucha de su abrigo, dentro de la tienda el frío aminoraba considerablemente a la luz de las velas repartidas en varios puntos—. [c=#E50000]Y permanezco aquí bajo ese título, y aunque mis tierras son lejanas a éstas, mi nombre ha recorrido distancias más grandes; gracias a eso, los Ulthorr me han ofrecido un hogar tras perderlo todo... [/c]—pausó, y enseguida su mirada se posó en el dibujo que él había señalado hace unos momentos, su hogar, su Reino, su vida entera era sólo un anhelo perdiéndose en la densidad de esa nieve, en ese frío que atormentaba su espíritu en ocasiones, y en las memorias que latentes permanecían—. [c=#E50000]Los Ulthorr pueden lucir duros, pero son fieles a mis antepasados, mientras sigas las indicaciones que te de, podrás salir vivo de aquí, Rhaamael.[/c]

Su actuar era correcto y mesurado, siempre con el porte plasmado en cada acción y expresión de su rostro, ese de lienzo terso y níveo, de rasgos delicados y casi irreales, en especial sus ojos y cabello tan distintivo de su raza: Aldhar. Si bien, hacía tiempo que se había resignado a la idea de permanecer en Iralnor, ahora, ante las palabras del moreno, un nuevo panorama se abría, tal vez ligeramente contagiada de su frescura, de ese "algo" aventurero que podía sentir en él; tal vez... Ir a sus tierras podría volverse una opción, pero no era suficiente con ir sola, siquiera yendo con Yitien o todos los salvajes de Hielo, necesitaba un ejército, pues Nashdag necesitaba su regreso, una tierra divina, tierra de Dioses que se había visto inmersa en el dolor, traición y la sangre, y que ahora era regida por [b]Vaedil[/b], señor de Nashdag, apodado el "Falso Rey" "Rey de la traición" Un ser cuya ambición lo había cegado, ahora Nashdag era un Reino invadido por seres de naturaleza oscura, muchos Aldhar habían muerto, incluida su madre y hermanos, ancianos del consejo, familias reales, fieles sirvientes y ella misma, con la única diferencia de que al menos ella había podido volver.

— [c=#E50000]... Pero, cuéntame acerca de ti ¿cómo es qué llegaste hasta aquí? ¿Es que acaso no sabías lo que ponías en riesgo? [/c]—curiosa ahora, retomó la postura luego de haberse sumido en sus pensamientos por un breve momento, ahora quería saber sobre él.
 
 
Las miradas de algunos Ulthorr caían sobre ellos, atentos a cualquier movimiento sospechoso; y es que, aún ese fuera un "amigo" de la Soberana, no perdían de vista que ésta ya había sido traicionada en antaño por su propio Rey.
Odessa se sabía observada, era lo más lógico y razonable, no iba a juzgar tal medida de seguridad por parte de los salvajes de Hielo; por ello, permaneció tranquila, con un gesto sereno y calmo, a momentos con una dócil sonrisa surcando sus labios al escuchar a Rhaamael, algo había detrás de él, algo que ella misma había visto desde el primer momento en que sus miradas se cruzaron, no era normal encontrarse con alguien de esas características en medio de un territorio tan hostil, asumía que el moreno era tan ajeno a esas tierras y sus lindes, que por ello se había atrevido a pisarlas, o en el peor de los casos, era demasiado osado y confiado de si mismo.

Exhaló breve y suave observándolo, siguiendo con su mirada cada movimiento y gesto de su supuesto amigo; parecía no comprender la posición en la que estaba, no, en la que estaban ambos ahora. Por ello, apenas le vio prepararse para marcharse, rió bajito, dando un profundo respiro después.

— [c=#E50000]¿Mi buen amigo que me ha buscado por tanto tiempo se marcha apenas me encuentra? —preguntó en tono inocente—. He apostado por tu vida, no por tu muerte y allá afuera, más allá del territorio Ulthorr, no hallarás mejor suerte; no puedes marcharte ahora[/c] —si se basaba en lo que él mismo le había dicho, el moreno no aguantaría la inclemencia del clima por la noche, y mucho menos, los peligros que más allá se encontraban. Y si no era un buen guerrero, tampoco podría hacer frente a la ira de los Ulthorr si éstos caían en cuenta de la mentira— [c=#E50000]Te marcharás cuando sea el momento, cuando tu vida valga lo que tenga que valer como para conservarla.[/c]

Odessa no pretendía tenerlo cautivo, jamás habría cruzado por su mente una situación de tal calibre, y mucho menos, adoptarlo como una clase de fiel sirviente o esclavo que ahora tuviera que pagar por su buena voluntad, por salvarle la vida. Ella era testigo en carne propia de la traición, víctima de ésta, y no buscaba en absoluto, someterlo a tal destino. No obstante; era evidente que si él se marchaba en ese momento, saltaría a la luz que todo había sido una mentira, y puede que ella sería perdonada si fingía haberlo confundido, o si mentía nuevamente y manifestaba haber sido atacada o traicionada por él, su historia le precedía después de todo; pero, no quería caer en tal escenario crítico.

Pronto comenzó a andar entre la espesa nieve en dirección a su tienda, una mediana y cómoda, cubierta de pieles en totalidad. El anochecer entraría dentro de poco y en los cielos ya era tan evidente como en el viento que se volvía más gélido, capaz de rasgar las mejillas y helar la sangre.

— [c=#E50000]Acompáñame[/c] —.instó, adentrándose a la tienda donde dentro, las velas iluminaban el, a su modo, acogedor refugio.

La mayoría de cosas y pertenencias que poseían los Ulthorr eran hurtos, o tributos de comunidades y poblados aledaños, nadie quería ser presa de éstos salvajes de Hielo, ni sus hombres, ni sus mujeres. Gracias a eso, la tienda otorgada a Odessa, tenía lo suficiente para hacerla sentir en casa, un lecho cómodo, una mesa y sillas donde solía escribir memorias varias, y dibujar de vez en cuando, o enseñar a las pequeñas de la comunidad algunas palabras de su natal Nashdag.
Además, estaba decorado en telas rojizas, que según las mujeres Ulthorr, la distinguían como alguien de la realeza; a veces se sentía halagada de más, solía ser una Reina, pero ahora... Eso estaba lejano y aún así esa gente la reconocía como tal.

Así, pasó a tomar asiento en una de las sillas, ordenando en breve dibujos y escritos, tenía buena mano para el dibujo y una letra que a simple vista resaltaba su refinada educación y adiestramiento. Ahí esperaría por el moreno, apostando por su instinto de supervivencia, pues afuera, los Ulthorr no le quitaban la vista de encima, en especial las chicas que antes estaban con Odessa, sobre todo Yitien, que no perdió la oportunidad de amenazarlo, pasándose el pulgar extendido con dirección a su garganta por el cuello [i]"Te cortaré la garganta"[/i] Ese, era el mensaje a cualquier paso en falso.
Necesitaba saber sobre él, su nombre, su historia y quien era; porqué dentro de si misma un presentimiento agudo saltaba en su pecho.
 
 
— [c=#608FBF]¡¿Cómo te atreves a hablarle con tanta confianza a mi lady?! Es tu lady también ¿cierto? [/c]—reprendió Yitien a Rhaamael aún no lo conociera siquiera; era una jovencita de facciones ligeramente gruesas y tez clara, de largos cabellos castaños como el resto de salvajes de hielo y una mirada oscura y penetrante, así como tatuajes que surcaban sus mejillas.
Yitien había desarrollado gran estima y lealtad a Odessa, a quien internamente deseaba ver llegar a su trono nuevamente.

— [c=#E50000]Yitien [/c]—le llamó Odessa—, [c=#E50000]déjenme a solas con él.
[/c]
Ambas chicas se miraron titubeando, pero obedeciendo al momento con una pequeña reverencia. Para Yitien fue difícil tragarse el coraje, pero la pequeña Yuna ésta vez fue más consciente al tirar del brazo de Yitien y retirarse en silencio; mas ésto no aseguraba que se alejarían, estarían cerca, al cuidado de su señora.

Así, una vez a solas, la albina se acercó aún más al hombre que permanecía de rodillas, extendiendo su diestra hacía él para ayudarle a levantarse—. [c=#E50000]De pie, mi buen amigo. [/c]

Su voz era tersa como el roce de una flor fresca y sus ojos, esos ojos de intenso rojizo parecían transportar a otro plano, eran profundos y cálidos, como su presencia distinguida y pulcra. Odessa una Aldhar, hija de los Dioses, seres nacidos del deseo de los Dioses como representantes suyos sobre la tierra; era, sin duda un ser irreal a comparación del resto, una mujer que ahora permanecía oculta y lejos de su Reino, sin trono ni corona, pues éstos eran ocupados por un falso Rey.
Si su presentimiento era certero, ese hombre: Rhaamael, podría marcar un antes y un después en sus días.

Para ella era fácil distinguir la estirpe, quizás para los salvajes de hielo eso era innecesario, pero para ella saltaba a la vista que ese hombre no era un forastero común y corriente; desde sus facciones hasta sus ropas, sus manos que delataban batallas libradas y el espíritu fresco de quien viaja al viento.

— [c=#E50000]No eres alguien que deba permanecer de rodillas, puedo verlo[/c]—aseguró—. [c=#E50000]Soy Odessa, aquella a quien ahora debes tu vida[/c]—su tono fue un tanto más serio al decir lo último; aunque también florecía un rastro de gracia evidente en sus labios curvados, era bastante curiosa tal situación.
 
 
Los segundos bailoteaban cual si fueran horas y la tensión era palpable en cada fibra de su ser sensible por la incertidumbre y la fría mirada del Líder de los Ulthorr que meditaba en silencio aquella repentina confesión; todo estaba tirado a la suerte, Odessa lo sabía y rogaba a todos sus Dioses que su impulso y mentira salieran bien librados, y claro, sobre todo ella y el prisionero que desde ese momento se había vuelto su responsabilidad moral, por así decirlo.

Inhaló y exhaló en repetidas ocasiones, liberando en cada exhalación el vaho de su aliento mientras todos comenzaban a murmurar por lo bajo y la pequeña salvaje que le acompañaba, ahora la sujetaba del brazo, como acto de apoyo ante los demás.

Su mirar rojizo se mantuvo firme ante el Líder, quien lentamente bajó su lanza, reposándola en el suelo a su costado, acción que el resto siguió, bajando sus armas por igual.

Para el Líder, [b]Rorth[/b], toda la labia del prisionero no había sido más que un murmuro al viento, palabras más, palabras menos que florecían a consecuencia de verse entre la vida y la muerte. Pero, lo que sí rescató fue la respuesta del hombre, incluso todos se sorprendieron, pero sobre todo: Odessa. Pues la suerte era caprichosa, pero en ese momento se había volcado sobre ellos; las palabras del prisionero eran tan certeras para complementar su mentira, que la albina no pudo evitar quedarse muda por unos segundos donde sus ojos se abrieron más de la cuenta ante tal sorpresa, un tanto descolocada bajo el escrutinio de los salvajes de hielo.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/05/50/55/Odss--v5i4wGVMk-b.jpg][/center]

— [c=#802D80]¿Mi lady?[/c] —cuestionó la pequeña, dando un pequeño tirón al brazo de Odessa.

— [c=#E50000]... A-Así es ¡Sí! [/c]—se adelantó poco más, abandonando a la niña en el proceso. Acercándose respetuosamente, solicitando con sus movimientos el permiso para ello, pues aunque ella fuera Reina de Nashdag, esas no eran sus tierras, y era una invitada—. Mi buen señor, éste hombre es un viejo conocido de mis tierras, fue acogido bajo la protección de mi padre en tiempos lejanos, ha sido testigo de la caída de mi Reino y mi desaparición forzada. Le pido que perdone su vida, y a cambio de ello yo responderé por él.

Las piel blanca y brillante de un oso polar revestía a la albina, siendo la única en portar ese color de piel, un obsequio por parte de Rorth y los salvajes que vestían pieles oscuras. En ella relucía su clase y porte de noble dama, una Reina sin trono ni corona, la digna hija de los Dioses.

Rorth asintió tras un momento, dando un profundo respiro. El respeto que guardaba por la albina era lejano a las costumbres de los salvajes de hielo con forasteros; pero ¿entonces por qué hacía distinción con ella?
Antes, muchísimos años y eras atrás cuando Nashdag floreció, los salvajes de hielo vagaban sin un lugar al cual pertenecer, luchando por sobrevivir, rechazados por el resto de Reinos, excepto Nashdag... Y bajo un acuerdo de paz y lealtad, los salvajes de hielo obtuvieron las tierras al norte de Iralnor, cedidas y otorgadas por el rey en turno, nombrados guerreros y protectores de éstas. Los Ulthorr le debían lealtad a los Aldhar, y por ello, cuando Odessa llegó hasta ellos, fue recibida y protegida, pues huía de hechos fatales que trascendían más allá de los lindes del Reino: Odessa había muerto, víctima de su Rey, con quien había contraído nupcias apenas momentos antes de ser asesinada; Nashdag había sido traicionado, y ella, al igual que su padre, asesinada por la ambición de otros.

Todo ser ajeno a los Ulthorr estaban seguros que ella había muerto, que la raza de los Aldhar había muerto con ella aquel fatídico día, pero no sabían que el destino era caprichoso, y que su retorno a la vida había sido por voluntad de hombres y seres buscando su poder: [i]El poder de los Dioses [/i]que en ella reposaba. Y tras liberarse de sus invocadores, había vagado hasta llegar a Iralnor, donde su nombre y título aún eran reconocidos con respeto y fidelidad.

— [c=#660000]Los amigos de mi señora son nuestros amigos [/c]—dijo, tan imponente como su gran estatura, dando indicaciones de soltar al prisionero—. [c=#660000]Y serán recibidos en éstas tierras que también son las de todo Aldhar.[/c]

Odessa sintió por fin alivio, internamente había ahogado todos sus nervios y sentía el cuerpo tiritar; sin embargo, se forzó a ser firme y mantener el semblante sereno tras la sorpresa, pues ahora los salvajes que antes habían sometido al [i]Rhaamael[/i], soltaban sus ataduras.

La albina realizó una venia con su rostro, respetuosa y agradecida. El resto calmó sus aires y ánimos bravíos; el líder no era de muchas palabras, y por ello sólo se apartó junto con sus hombres, retomando la actividad usual, al igual que resto de la comunidad, excepto las chicas que acompañaban a Odessa en todo momento.

{...}
 
 
claro que ella no pertenecía a los salvajes de Iralnor pero convivía con éstos... Entonces ¿Cómo era posible qué ella siguiera con vida, siendo una forastera al igual que aquel prisionero?

[center][i]Tal vez, por mera suerte.[/i][/center]

La albina sintió algo dentro de si misma, el hombre lucía agotado y afectado por el frío, pues sus ropas no eran las adecuadas. Pero había más, algo en su pecho le pedía hacer algo, lo que fuera con tal de ayudar al prisionero.

Y de pronto, todos voltearon a mirarla cuando salió al frente:

— [c=#E50000] ¡Lo conozco! [/c]—Alzo la voz, el vapor de sus labios se hizo evidente; era mentira pero, sabía que era lo correcto, que había algo más detrás de ese hombre, era un presentimiento inexplicable, pero que no dejaría pasar.

La oriunda de Nashdag buscó con la mirada la del prisionero, tratando de comunicarse con él de esa manera, y así, poder moldear esa espontánea y falsa revelación.
 
 
[center][med]Las tierras al norte de Iralnor.[/med]

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/05/19/63/Odss--fXac298YA-b.jpg]

[i]❝ [c=#003366]El frío en [b]Iralnor[/b] es como el de su gente, salvajes de hielo que han forjado su espíritu en las aguas más heladas, sólo aquel que sobrevive a éstas es capaz de llamarse un [b]Ulthorr[/b]. Se dice que sus recién nacidos son lanzados su lago más grande: [b]Ecyen[/b], y sólo aquellos que logran sobrevivir a sus heladas aguas, serán futuros guerreros de Hielo.[/c] ❞[/i][/center]

El acaecer del atardecer se dejaba sentir sobre las tierras de Iralnor, pues aunque el frío era permanente, los rayos del sol lograban dar apenas una ligera sensación de calidez sobre las mejillas. Aquel día era como cualquier otro, los salvajes de Hielo cazaban y sus mujeres cuidaban de sus hijos, dándoles alimento y entrenamiento, pues incluso en esas tierras, las mujeres eran férreas guerreras.

— [c=#562D80]¿Cómo eran tus tierras, Odessa?[/c] —preguntó una de las niñas Ulthor mientras la albina cepillaba sus largos y castaños cabellos.

— [c=#608FBF]¡Lady! ¡Es una Lady! [/c]—reprendió enseguida una mujer de nariz respingada y pómulos poblados de pecas, que le daban un toque llamativo. Yitien era su nombre.

— [c=#E50000]No importa, está bien[/c] —. Odessa rió por lo bajo, pues la pequeña se sobaba el brazo donde fue pellizcada por la mujer. Y tras dar un pequeño suspiro, terminó de trenzar un mechón del cabello de la niña, asegurándolo con un listón, añadiendo—: [c=#E50000]Mis tierras eran cálidas, su gente era amable y sus paisajes preciosos, solía ser tan puro como las aguas del Manantial de Grialdor que alimentaba sus campos y valles, pero todo ardió... Todo se consumió cuando el hambre de poder se anidó en nuestro Reino, manchándolo de sangre y muerte. [/c] —. La voz de la albina mutó, volviéndose melancólica al recordar, pues incluso cerró los ojos, llevándose la diestra al pecho, justo sobre la valiosa joya que reposaba entre ambas clavículas.

Yitien y la pequeña se quedaron mirando por un momento, observando a Odessa acongojadas, pues el silencio imperó tras sus palabras, no por mucho, ya que Yitien le propinó un golpe en la cabeza a la pequeña.

— [c=#608FBF]¡Hiciste que mi Lady se pusiera triste! ¡Tonta! ¡Debiste congelarte al nacer! [/c]

— [c=#562D80]¡Auch! ¡¿Por qué siempre me golpeas?! [/c]—chilló. Volviendo luego su atención a Odessa, quien ya reía nuevamente por las constantes discusiones y peleas entre ambas chicas.

— [c=#E50000]No pasa na-... [/c]— no pudo continuar, pues de pronto los gritos de los hombres Ulthorr alarmaron a todos.

[center][med]❝ ¡Matenlo de una vez! ¡Debe ser un enviado! ¡¿Qué esperan?! ¡Tírenlo al lago! ❞[/med][/center]

Odessa y ambas chicas se levantaron ipso facto, abrazándose la más pequeña a la albina, refugiándose entre las gruesas pieles que le protegían del frío.
Enseguida los salvajes alzaron sus armas, lanzas y arcos, emitiendo aullidos y gritos graves al rodear a un hombre que mantenían sujeto por los brazos, imposibilitándolo por completo; era un hombre de tez morena y claros cabellos, a simple vista resaltaba el hecho de ser un forastero, por sus ropas y demás.
En Iralnor era ley asesinar a los forasteros que cruzaran el límite a sus territorios, aquellos que osaran a acercarse, sufrirían una muerte lenta y tortuosa, y en la mejor de las suertes, serían lanzados al lago a morir congelados. Los salvajes de Iralnor no eran amables con el resto, pues ya muchas veces han sido capturados y llevados como esclavos o atracciones exóticas, o bien, como guerreros forzados.

El alboroto continuo con antorchas encendidas alrededor del hombre, ya muchos de los Ulthorr se habían reunido entre las tiendas, mujeres y niños también. Así, el líder de los salvajes hizo su aparición: Un alto hombre de largos cabellos castaños, fornido e imponente, ataviado de pieles. Sus ojos eran oscuros y su rostro hablaban las batallas, pues cicatrices se extendían por su piel. Llevaba consigo una lanza más grande en su afilada punta que la del resto, colgando colmillos de grandes osos como adorno; ahí, la algarabía fue sustituida por un silencio sepulcral con la demanda de su líder al alzar la mano.

— [c=#660000]¿A qué has venido a nuestro territorio? Pisar nuestras tierras es prohibido, sólo un tonto lo haría [/c] — la punta afilada de su lanza se alojó justo sobre la garganta del ahora prisionero, presionando la piel peligrosamente.

Todos observaban el momento, esperando una respuesta por parte del hombre de cabellos blancos. Odessa ya se había acercado junto a Yitien y la pequeña, haciéndose espacio entre la multitud para verlo de cerca, resaltando entre todo ese gran grupo de hombres altos e imponentes y mujeres bravías de oscuros cabellos, pues su tez era un lienzo níveo y terso; sus cabellos eran tan claros como los de aquel hombre y sus ojos llamaban a gritos ante el intenso fulgor rojizo que desprendían {...}
 
1-10 of 28
Rhaamael Du Kin | Comments | iOrbix
JavaScript is disabled on your browser.
iOrbix won't work properly if your browser doesn't have JavaScript enabled.
Please enable JavaScript, or alternatively, access iOrbix Mobile.