iOrbix
Email
Password
Comments
 
Send Comment
1-10 of 455
 
[ Al parecer te daré más votos de ahora en adelante, hon. Yummi. ]
 
 
Una vez más, su andar hizo eco entre la espesura, sosegado y taciturno; hubo de debatirse entre mantener la forma humana en actividad, so pena de delatarse si había alguien más que el objeto de su búsqueda en las inmediaciones; o abandonarse a sus sentidos normales, que serían incapaces de registrar más allá de sutiles detalles, imperceptibles para el humano promedio. La cautela imperó en su actuar, de modo que el hálito alrededor de sus ojos se disipó, dejando tras de sí el color alquitranado de sus pupilas, profundas cuales abismos de perdición tras el carmesí que las había rodeado. No le tomó más de dos segundos ajustarse a la penumbra, arreglándoselas para absorber los rayos lechosos que se colaban entre la fronda y guiarse merced a ellos, distinguiendo con escalofriante certeza las formas ensombrecidas. Se abrió paso con mesura, demostrando una vez más su agilidad de depredador nato.

Puede que el mismo ser a quien buscaba se hubiera percatado también de su presencia, y por ello emprendiera la marcha con el fin de encontrarle; lo cierto fue que, sin pensarlo, pronto se halló palmo a palmo frente al hombre de sus recuerdos, cuya aura no necesitaba ser leída por medios preternaturales para dejar en claro que se trataba de alguien con poderío abrumador. Un escalofrío de anticipación recorrió sus sentidos antaño obnubilados, y vivificados ahora por la sangre demoníaca que calentaba sus venas; no había temor, solo la consciencia plena de hallarse frente a alguien que podría ser eficaz aliado o insufrible enemigo; aunque, a juzgar por el feliz encuentro de noches atrás, la segunda opción quedaba descartada, si bien procedería con la cautela necesaria para no llegar a ella. El brillo de su incisivo superior izquierdo traicionó su condición sobrenatural, cuando una sonrisa ladina tiró de sus comisuras y permitió ese atisbo delator; preámbulo al devenir de su voz profunda, con tintes de ultratumba y sobrada de confianza, con la que se dirigió a tan singular hombre.

Pues, ahí estaba él: el indómito Santo de Escorpio, la inusitada presencia que le había fascinado antes con su cortesía teñida de desparpajo. En una alusión clara a ese momento crucial, Liam - sabía adaptarse bien a su papel, así fuese innecesario el disimulo - paró el devenir de la moneda áurea entre sus falanges anteriores, cerrando el puño alrededor de ella antes de alzar el brazo y deshacer ese último gesto. Aquello, mientras escuchaba los comentarios, ciertamente jocosos, del ilustre varón que había acudido a su encuentro. Su mirar se desvió durante un par de segundos hacia el brillo metálico que reposaba en su palma; y, tras una muy breve risa, preludio a aclararse la garganta, respondió en voz clara y orgullosa, como correspondía a su alto rango; mas, curiosamente, desprovista de sorna, pues el respeto matizó sus palabras. Indudablemente, su vena diplomática halló la mejor ocasión para manifestarse en ese momento.

[i]Feliz noche es ésta, pues has acudido a mí. ¿Cómo habría de malgastar el pequeño memento que me dejaste? Antes, debería hacer honor a mi palabra, y usarla a manera de colgante. Sin embargo, he preferido que su peso se mantenga en mi bolsillo, como sutil recordatorio de que algún día debía buscarte nuevamente.[/i]

Tan escueta presentación fue acompañada por el amago de una reverencia a la vieja usanza, genuflexión que quedaría mejor en un caballero de alta cuna; mas el duque la ejecutó con tal elegancia, que sería imposible tomar a burla el gesto. Una vez que su columna vertebral retornó a la pose erecta y orgullosa de antaño, adelantó la diestra con pretensiones de responder el saludo; y así lo hizo, estrechando la mano ajena con vigor durante un par de segundos. Sin el menor recato, su mirar reparó en el porte apolíneo del hombre gallardo frente a él; resultaría casi increíble que pudiese admirar a alguien de esa manera, pero ahí estaba, dignando con su deferencia a quien antaño le había demostrado igual atención.

[i]¡Ah! Perdona; es inevitable cuando la bruma te acompaña cual perro fiel. Moderaré mis ímpetus, te lo aseguro... Aunque, solo los infiernos saben qué pasaría con la quietud si decidiera abandonar esta forma enojosa; ¡quizá los espectros vendrían a mi encuentro! Ven, amigo mío, y caminemos entre los árboles; ¿sabías que existen tesoros macabros ocultos entre la espesura? Algunos de ellos fueron abandonados por mi raza, con tal de atraer a los incautos... Vamos. Probablemente, las entrañas de esta tierra helénica guarden tales reliquias para nosotros. Además, lejos de posibles intrusos, nos será más ameno charlar; una amistad como esta debe permitir las más sabrosas pláticas.[/i]

Dicho lo cual, dejó ir la mano del rubio sonriente, y sustituyó el apretón con un ademán claro, que invitaba a una nueva andanza sobre la ruta que había seguido para llegar a ese punto. Las sombras esperaban, inquietantes, a que tan curioso dúo se internara en ellas.
 
1-10 of 455
Escorpio Milo ᴱˡ ᴶᵘᶦᶜᶦᵒ ᴰᶦᵛᶦⁿᵒ | Comments | iOrbix
JavaScript is disabled on your browser.
iOrbix won't work properly if your browser doesn't have JavaScript enabled.
Please enable JavaScript, or alternatively, access iOrbix Mobile.