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La fémina mordisqueó con rigor su labio inferior, manifiesto que preludía a su enorme y famélica curiosidad. Escuchó con atención al nórdico. Su rostro revelaba una singular mueca de asombro e íntriga. [i][c=#660066]¿Frutos de los cuales seres - Ya sean mortales o inmortales - Afirmaban eran vástagos de las estrellas mismas? ¿Sería cierta tal pagana y quizá hasta blasfema afirmación?.[/c][/i] Aquellos pensamientos no paraban de navegar contra marea dentro de su cabeza. El viaje al Yomi había sido arriesgado, inclusive para ella. Su cuerpo se encontraba consumido por el esfuerzo sobrehumano que ella se había exigido para lograr escapar de ese lugar; aunado a ello, la regeneración casi completa de su cuerpo había devorado con creces las últimas reservas de energía que poseía la joven helénica.

Suspiró agobiada, dejando que el vaho helado empañara sus heterocromáticos ojos; del cual el color rojizo de uno comenzaba a desvanecerse para dar paso a un verde centellante frente a las brasas que los acogían a ambos dentro de aquella cabaña. [c=#660066][b] — No te negaré que has tentado parte de mí a seguirte en esa desquiciada cruzada. —[/b][/c] Afirmó sagaz, tomando al mismo tiempo con su diestra el reborde de la prenda que cubria su grácil cuerpo, intentando abarcar cada recoveco de piel desnuda, pues el frío acaecía, penetrando con fiereza hasta los huesos. Mantuvo el silenció sólo por unos instantes. Aquella mordida se convirtió en un arma a presión pues se encontraba a punto de perforar su borde labial. Rodó los ojos por única ocasión e inhaló, dejando que la ráfaga helida tomara sus pulmones. Su piel comenzó a erizarse.

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[c=#660066][b]— Pero al mism[/center]o tiempo sé que necesito recobrar un poco de mis fuerzas antes de salir en búsqueda de algo que imagino, debe ser muy preciado y peligroso. —[/b][/c] Aclaró al fin mientras se encaramaba más en su asiento. [c=#660066][b]— De darte una respuesta sería el día de mañana, ni un minuto menos...—[/b][/c] Hizo una pequeña pausa, fijó aquellos ojos esmeralda sobre él, escaneando la burlesca sonrisa que le propiciaba. Bufó. Negó con la cabeza para terminar. [c=#660066][b]— Y tampoco un segundo más, ¿bien? —[/b][/c] Frunció el ceño, se sentía casi derrotada, pues era más que obvio que Razador ya sabía su respuesta.
 
 
[i]He sido contaminada por la semilla de los dioses.[/i]— Sentenció, palpándose el vientre hinchado. Las nodrizas murmuraban que se trataba de gemelos, o incluso trillizos, a juzgar por el tamaño.

Fueron dos días y dos noches hasta el atardecer del tercero en el que el milagro se consumó. Fueron nueve meses en los que la chamana, Urraca, embarazó en circunstancias insólitas.

Los desgarradores alaridos cesaron el momento en que el sol se encontraba a pleno descenso. Bajo un cielo ensangrentado, la chamana descansó la cabeza en las pieles. Los lugareños, habitantes de un pequeño pueblo cercano, contemplaban con ojos atónitos. La fatiga, al borde del colapso, no le permitió vislumbrar al retoño que recién había parido, mordiendo el pezón. El cuerpo dejaba de responder una vez había cesado el trabajo de parto. Lo que sí pudo escuchar, entre la conmoción, fueron los chillidos animales. Las nodrizas acortaron las distancias con horror, para levantarla por las axilas. Sus rodillas cedían. El cordón umbilical acariciaba sus piernas, una sensación que, desde el recuerdo, le revolvía el estómago.

La energía volvería en ella cuando, tras unos momentos de confusión y de nublada vista, logró enfocar su atención en la criatura. La exclamación no se manifestó fuera de su árida garganta.

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Una criatura, de rostro cánido y dentado, gritaba erguido como el polluelo que aguarda por su comida en el nido. Dotado con alas, las sacudía, elevando el polvo. Bajo él se hallaba otro igual, mas se notaba deshidratado, escuálido. No parecía haber sobrevivido, con su hermano encima, reclamando su sustento.

El sol sucumbía engullido por las fauces, antes de que se perdiese en el horizonte. Una promesa se selló, y una profecía floreció en el crepúsculo.

[center][big][ [c=#660000]ᛒ[/c] ][/big][/center]

Corría el amanecer del inicio de invierno. La mula rebuznaba, permitiendo hidratarse con las partículas de nieve que se posaban en su lengua. El camino de sus pasos se borraba bajo el manto de nieve. Se presentaron a las puertas del mercado siendo inaugurado. Los cascabeles tintineaban en una placentera sucesión de sonidos que traían paz a las mentes que lo escuchaban. De su bastón tendían, anunciando su llegada. Las miradas solo se podían dirigir a la bolsa que tendía de su cuello, allá donde se hallaba lo extraordinario, lo irreal. Con una mano sostenía su peso, con la otra, cargaba un fragmento de cuarzo ahumado que centelleaba aún en su cualidad opaca.

Descendió de la montura en cuanto dio con el pesebre donde disponer al animal.
Las noticias habían dado de qué hablar. La chamana había retornado, como era ordinario, a limpiar con sus minerales y rituales la energía de aquella fresca mañana. El cambio de estación requería de su mano en la honra de los espíritus, la comida así fuera servida en buen estado, las impurezas ingeridas en los cristales, y la salud de aquellos que la sufragaban radiase con las danzas y los cantos en celebración por los ancestros.

El eco de los tambores y cantos de guerra fluían en las calles, glorificaban su llegada al puente entre los vivos y los muertos, así como también anunciaban al mundo, al enemigo, su fuerza y poder. La tierra reverberaba y con ella, los corazones de quienes la sentían.

[center][image=https://i.gifer.com/6to2.gif][/center]
 
 
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La exhalación de Ragnell estuvo por manifestarse como dos hilos de humo brotando desde la nariz (de no ser por las restricciones que conlleva esa apariencia humana), en cambio, chispas iracundas bailotearon incesantes sobre su mirada. No solo acababa de recibir un intento de insulto a su modo de defenderse, también a su casta. Para desgracia suya, la historia mantiene a los dragones retratados vigilando una torre y un tesoro, o resguardados bajo la comodidad de una cueva escondida en las profundidades del bosque, factor que le pareció peyorativo al considerarse una criatura impulsada por la libertad y lo primero que pensó fue que ese hombre la consideraba así: un animal salvaje dedicado al resguardo.

[b]— Ásarr Rhage... —[/b] Ronroneó bajo. El gesto áspero tallado en sus facciones cambió a una matiz pícara, concluida por la extensión de su sonreír. Alzó el mentón apenas, envuelta en aire vanidoso, característico de su progenie. Echó una mirada detrás del Asgardiano; el bosque aclamaba con sus silencios el continuar de esa peculiar escena. Luego inspeccionó el sendero; ¿Por dónde escapar? No confiaba en nadie que se presentara con esa calma y jurara carecer de malas intenciones. En tiempos remotos, los cazadores de dragones utilizaban esa excusa para obligar a los Drakonia a bajar la guardia, a que se acostumbraran a tener el oído endulzado y que el origen del ataque fuera genuina sorpresa.

Aguantándose las punzadas al costado, Ragnell descansó las manos en la cadera. [b]— Soy selectiva [/b] — Excusó velozmente [b]— y no confío en ti. ¿Por qué tengo que revelarte mi verdadera forma? Lo cierto es que pareces conocer mejor este lugar, y ese reino que prometes existe. "Arcadia" — [/b]Varió el timbre de sus palabras a una ola de ironías. [b]— Perdono tu vida e insolencia. Mi nombre es [i]Ragnell[/i], no "mujer dragón". Suena despectivo. Pero... —[/b] Ajustó el arco a su espalda, cerca de las flechas. Las palabras de [i]Rázaðor[/i] iban colmadas de verdad: cargaba armas primitivas. [b]—...en caso de que hables con la verdad, y para olvidar tu ofensa, he decidido hacerte mi guía en este bosque. Sácame de aquí. —[/b]

Rudeza y mal temperamento, combinación idónea para un dragón.

Ragnell pasó por un lado de Rhage, no sin hacer una pausa y vociferar en una 'respetuosa' cercanía: [b]— Curioso nombre el tuyo. ¿Por qué los dioses te castigarían así? —[/b]

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[ Ragnell dialogando con Rhage:

[youtube=https://www.youtube.com/watch?v=Ke4L7mSSExM]

{?} 😂 ]
 
 
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[i]Arcadia.[/i]
Bajar la guardia o disparar. Ragnell pensó en las enseñanzas de su familia, en especial de su hermano Hekka:

[i]« La supervivencia es primordial, Nell, pero sigue la voz de la intuición. En ti es más fuerte que en cualquiera de la tribu, tan acertada como las flechas dando justo al blanco... » [/i]

Empero, sintió miedo. ¿Qué tal si confiaba en esa voz y fallaba? No los volvería a ver, ni oportunidad de despedirse tuvo. No volvería a escuchar las risotadas de Hekka frente a la fogata, burlándose de la ineptitud de Eldur, ni ver a Pyll tratar de conquistar alguna mujer recibiendo solo el rechazo. Un segundo lleno de recuerdos alcanzó a cristalizarle la mirada. Solo quería volver a casa.

Repasó la lengua sobre la sequedad de sus labios, provocada por el acelero de su corazón y ansiedad. Era cierto, con una herida en el flanco derecho no era muy amenazante. Pero ya había aprendido que huir no era una opción, al menos no ahí.

[b]Estás de suerte. He decidido perdonarte la vida. [/b] Vociferó bajando el arco, enfundando la flecha junto a las otras. [b] Pero eso no significa que requiera tu ayuda. Soy un Dragón. [/b] Levantó el mentón, orgullosa de su casta. Pensó que con revelar su identidad sembraría algo de miedo en el extraño al que juzgó como arcadiano. Dio unos pasos hacia él, donde la ensanchada sonrisa presumida fuera tan clara como el agua a sus espaldas.

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[b]Y los dragones nos recuperamos al volver a nuestra imponente forma. [/b] Pequeño detalle: no supo cómo hacerlo, pero sacaría información de él.

[b]¿Quién eres y cómo diste conmigo? ¿Vienes a matarme? ¿O tal vez a...[/b] El dolor en sus costillas interrumpió la conversación. Ragnell se llevó una mano a la zona, apretándose para menguar las constantes punzadas. Por el ritmo pausado de su respirar, era evidente la magnitud del dolor. Vaya suerte, hacerse un ovillo frente al enemigo.
 
 
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Sus ojos emitieron un fugaz brillo rojo con la intensidad de los incendios que ha provocado con anterioridad; estoica, empuñó el arco con firmeza, digna de maestría. La flecha tenía el trayecto ya trazado, solo hacía falta que fuese liberada, no obstante, el cómo la llamó ablandó el agarre.
[center][image=https://66.media.tumblr.com/7e9fd75cc21b5a24bdcaf6798c16ab78/tumblr_inline_od2l7eiG6c1rifr4k_500.gif][/center]

[b]¿Cómo dijiste? ¿Arcadiano? [/b] Ese nombre resonó en alguna parte de sus memorias; recordaba que, cuando niña, a finales de mes los Drakonia tenían la costumbre de reunirse al rededor de una gran fogata elaborada por los más fuertes de la tribu, y que las pocas familias se apiñaban calurosamente para escuchar historias antiguas. Entre ellas, alguna vez escuchó sobre un mítico reino llamado ‘Arcadia’, nacido del idilio entre dos naciones. Solo que la historia de ese sitio quedaba como una leyenda, nadie pisó las tierras magníficas por las que tanto revuelo provocó Arcadia cuando emergió.

No, no. Quizás hablaba de otra cosa y no de «ese» Arcadia. Ser juzgada como un Arcadiano era demasiado ambiguo hasta para ella.

[b]No soy ningún Arcadiano. Esa raza existe solo en los papiros viejos que están por volverse polvo. Así que... [/b] Apretó con fuerza la curvatura del arco, enrojeciéndose los dedos dada la presión. [b]...dame un buen motivo, uno solo, por el que no deba clavarte la flecha en medio de las cejas. [/b]

Ella, a contrario del fornido hombre, retrocedió al notar que se acercaba. La adrenalina del momento no fue suficiente para que el dolor en las costillas diera tregua, estaba ahí, latente, haciéndose notar con espasmos que obligaban a Ragnell a gesticular muecas cargadas de dolor. La presión al arco pasó a ser un desahogo inocuo, silente y necesario.
 
 
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El arco pasó de ser un arma a una especie de bastón con la que sus pasos pudieron sopesar el dolor cercano a las costillas. Ponía a duda una posible fractura, tenía huesos resistentes como piedras pero eso no la hacía una criatura exenta al sufrimiento físico. No obstante, cada que movía un pie frente al otro, esa molestia acrecentaba. Se volvió imperativo encontrar un refugio dónde revisarse la herida y pasar la noche; un bosque como ese, donde es una completa ignorante de lo que pueda habitar, es sinónimo de alto riesgo hasta para un dragón. De cualquier modo, se anduvo con cautela y suavidad para no estar débil en caso de tener que defenderse.

[b]¡Hekka![/b] Volvió a llamar al mayor. Recorrió con la mirada y nada, ¡nada! Hekka, el líder de la familia, yacía ausente y Ragnell era apenas aprendiz en supervivencia comparada a él. Maldijo en su interior junto a un ceño fruncido; reacia a saberse sola y sin la protección de sus hermanos, continuó caminando.

En algún punto del gran laberinto de árboles que era ese reino, escuchó el choque de agua contra piedras. « Una cascada, fantástico. » La naturaleza proveía una vez más alivio a los problemas de la Drakonia; sin pensárselo dos veces, Ragnell cambio el rumbo. Alzó la vista del sendero rocoso y se estremeció. Detrás del cúmulo de árboles se descolgaba una cascada amplia, ruidosa y espumeante que le llenó los ojos de alegría, como si estuviera frente a ella la salvación. Al pie de la cascada se dibujaba un lago esmeralda de aguas transparentes como un espejo. El frescor de las pequeñas gotas saltarinas llegó a sus mejillas a pesar de hallarse todavía lejos. Se sentía como en casa, cuando junto a sus hermanos y amigos iba a nadar en las calurosas tardes del verano.

Llegó a la orilla del lago y dejó el arco sobre la tierra semi húmeda. Colmó las manos -hechas un cuenco- de esas aguas cristalinas, llevándoselas a la boca para beber hasta saciarse la sed. Después, limpió el rastro seco de sangre en su frente y nariz. Un respiro hondo calmó el ansia que carcomía su alma desde que despertó.

[b]¿Dónde están...?[/b]

De pronto, el crujido que provocan las pisadas le agudizó el sentido. Miró detrás, a los lados. No, estaba frágil para pelear, y sin la posibilidad de volverse un imponente dragón, ¿qué haría? No era una chiquilla temerosa, en realidad era considerada de las más salvajes entre su gente pero en ese estado... Tenía las de perder.

La joven estiró la mano izquierda hasta hacerse del arco; la mano derecha desenfundó una flecha y la tensó junto a la cuerda, apuntando entre los arbustos de los que le pareció escuchar una voz.

[center][image=https://68.media.tumblr.com/9e3c64cbe043ceaf257f8c535d421a45/tumblr_o10sjiwjgp1r00543o1_500.gif]
[b]¡Muéstrate![/b] Gritó firme. El toque de la voz era delicado y dulce como una rosa, pero peligroso como las espinas de ésta, al igual que la mueca impasible pintada en ese bonito rostro de porcelana. Los arbustos se menearon. Lo que sea que emergiera de ellos, Ragnell estaba preparada para eliminarlo. [/center]
 
 
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[i]Llega la tempestad[/i][/center]

Después de afrontar la marea brava y la intensidad del sol asomándose por el horizonte entre las montañas, pudo divisar a lo lejos las pequeñas chozas que fueron construidas por generaciones anteriores y que, a pesar de los años y de los marcados golpes que el destino les puso, resistían como pilares de mármol. Ese era su hogar: Drakoniaskog.

Ragnell iba acompañada de 6 hermanos -tres mayores y tres menores-, cada quien con una red llena de pescados colgando al hombro, entre calurosas risas y gotas de sudor que se arrastraban desde la frente al rojo vivo de las mejillas. Ellos, junto a otros Drakonia, eran el juvenil anhelo de las alegrías pasadas y venideras, de la seguridad que se deshizo como nieve bajo el sol tras la guerra y que ahora no pasaba de un mal sueño. Su familia, al menos, se caracterizaba por tener piel blanca como la leche moteada por pecas, melena naranja como el fuego y ojos tan verdes como el bosque que los cobija del peligro. El mundo tenía escrito en libros la existencia de estos dragones, pero su ubicación era un misterio... hasta esa mañana, cuando la tierra bajo sus pies vibró.

Hekka, el hermano mayor, leyó miedo en los ojos de Ragnell y los demás cuando frenaron el andar a casa.

[i]« Fue apenas una sacudida. Aseguro que un derrumbe cerca del río es el motivo de esto. ¡Andaos! Que nuestra gente espera por alimento. » [/i] La voz ronca de Hekka sonaba segura, lo suficiente para convencer a sus hermanos menores, a excepción de Ragnell; ella no se movió. Todo aquel que fue a pescar desfiló por los costados de la pelirroja, mientras que Hekka, que debía liderar el camino a casa, regresó a palmearle la espalda y con eso sacarla del trance. La mujer le lanzó una sonrisa superficial para menguar las preocupaciones, sin embargo, aunque recibió la indicación de seguir, sus pies se negaron a ponerse en marcha.

[center][image=https://celebritytoob.com/wp-content/uploads/2014/04/games-recap-ep7-9.gif][/center]

Algo advertía que esa sacudida no era provocada por lo que Hekka explicó; en realidad, lo que se supone debe ser un bosque vasto de acústica ambiental, había sido silenciado de golpe.

Habría ignorado sus pensamientos de no ser porque esta vez la tierra se sacudió con violencia, haciéndolos caer como un árbol recién talado. Ragnell buscó con desespero a los demás, aferrando las manos a las pastizal sobresaliente, encontrando a los hombres en la misma situación: confusión y un inevitable instinto por huir de ahí. Dejó los pescados regados en el pasto al levantarse e ir a ayudar, cuando una radiante onda cegó dicha intención.

[center]« ... »[/center]

El cantar de las aves logró despertarla. Elevó la cabeza y sintió un dolor punzante del lado derecho de las costillas; además algo caliente caía con la tranquilidad de los ríos por su frente y nariz; al tocarse y mirarse la yema de los dedos, descubrió sangre. Lo primero y más lógico que le surcó la mente era el ataque imprevisto de cazadores o enemigos. Claro, sin importar el paso de los años, las escamas de un Drakonia equivalían a oro, ni hablar de los dientes o garras. Soltó un bufido. Culpaba el candor con el que salían a cazar sin revisar los alrededores, extremadamente confiados a lo oculto; he ahí las consecuencias de no seguir los consejos de los sabios de la tribu: inspeccionar antes de zarpar.
Colocó una mano en la zona que le dolía; ayudándose del arco que suele cargar a todos lados, logró ponerse de pie.

[b]¡Hermanos! ¿Dónde están? ¡Hekka![/b] Ni un alma contestó a su llamado. Fue entonces que se dio cuenta que ya no estaba en Drakoniaskog. Ragnell era tan curiosa que desde niña recorrió el bosque de norte a sur, de este a oeste, y grabó la ubicación de cada roca, arroyo o madriguera en su memoria; ese bosque frío con ríos de niebla espesa y grisácea que apenas la dejaban buscar un camino para indagar era nuevo. Cargándose el dolor, hizo el intento por transformarse en dragón, no obstante, no pasó de ser envuelta en una cortina verde. ¿Qué peor para su casta que verse incapaz de regresar a su forma natural? Un « algo » en ese bosque la censuraba, rareza que dimanó en una sola pregunta:

[center][image=https://66.media.tumblr.com/9398bcccf2b3f1d5afad3975746264cc/tumblr_inline_nvtdwzVLg91qlt39u_250.gif]
[b]¿Dónde estoy?[/b][/center]
 
 
[i]♡; Ya lo sabía. . soy inigualable (?' /u\[/i]
 
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Ásarr Rhage | Comments | iOrbix
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