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- ¿Pastel? ¡Si, nunca he hecho uno, pero si quiero, amo el pastel! [c=#608FBF]-Respondió con gran felicidad y exalto en su voz, pocas veces tenía la oportunidad de pasarla bien con alguna amiga o darse el lujo de comer un postre. Sapphire siguió a la joven Marinnette, olvidándose un momento del tema con su gran similitud con aquella juvenil heroína que ronda por las calles de la ciudad y ayuda siempre en los momentos de peligro o de la propia adversidad.-[/c]
 
 
Las luces de su habitación se había encargado de modificar, un contraste creaba el brillo ocre de si habitación, distintivo ente las luces blancas y amarillas del resto de las ventanas. Era su manera de señalizar a la heroína dónde se encontraba, resaltar el dato que dejó en su tarjeta de presentación.

Se asomó por la ventana, la hora indicada había llegado. Siete y media en punto, el detective inspeccionaba la capital francesa con la mirada, expectante.

Fue entonces que, a la distancia y gracias a sus goggles, que actuaron como binoculares, pudo verla.

"Aquí estoy", señalizaba desde su posición, saludando al agitar su mano.
 
 
- Si, así es, son todos para [c=#608FBF]ti. -Le asintió a la joven viéndola como su verdadera amiga. Alzando su mirada a la chica, señalando uno de los dibujos que tenía una figura femenina con aquel distinguido uniforme rojizo adornado de pequeñas manchas oscuras.- [/c]- Dibujé a esa chica, sé que le dicen Ladybug, por alguna razón, ... Eres parecida a ella. -[c=#2D8080]Dijo la niña logrando llegar a una verdad que pocos conocen, incluso dando en el blanco sin lograr percatarse que ambas son la misma persona.-[/c]

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Sabía que había implantado en ella la duda y la incertidumbre, por supuesto que había sido su plan desde el principio. Con una sonrisa de satisfacción, avanzó entre el ajetreo de las calles parisinas, degustando sus croissants.

El ocaso bañó a la capital francesa en un tinte ocre; el detective estaría entonces en su habitación de hotel, analizando bajo el microscopio varias pistas competentes a un caso distinto al que lo había traído a París. Un pequeño estudio improvisado había dispuesto con una mesa de trabajo y los instrumentos que pudo llevar en la maleta.

—Las siete y media... Me pregunto si irá a aparecer, ¿qué dices tú, Iris?
 
 
—¡Ah! ¡He ahí la encrucijada en la que comúnmente nos encontramos los de este gremio!

Tomó un de las piezas de pan que había comprado, le dio una mordida. El exquisito sabor y textura le obligaron a pausar por un momento.

—Como detective, mi compromiso es con la verdad, no importa qué tan cruenta o afable pueda ser. Si mi labor fuese, hipotéticamente, digamos... Averiguar la identidad de Ladybug...

Volvió a interrumpirse, dio una mordida más. Entonces prosiguió.

—¿... debería adherirme a mi labor a pesar de todo, o manchar la pureza de la verdad con mis objeciones y deliberaciones morales?

Antes de que la joven pudiese siquiera responder, dejó el pago sobre el mostrador, la denominación exacta en billetes y monedas. Adjuntó, además, una tarjeta de presentación con su teléfono y dirección londinense. En el reverso garabateado con bolígrafo, la dirección del hotel y habitación en la que se hospedaba.

—En fin, no la importuno más con mi palabrería. No es como si contándole esto fuese a aparecer Ladybug ante mí, ¿cierto? ¡Ahaha! Tenga una excelente tarde, mademoiselle.
 
 
—¡Oh, es como si tomara las palabras directamente de mi mente, mademoiselle! Justamente pienso de la noble heroína que se esfuerza por mantener la pez en las calles parisinas. Podría incluso llegar a llamarme un fan.

Guardó entonces la fotografía, quizás ya había puesto lo suficientemente nerviosa a la joven. En cualquier caso, esas reacciones le habían dicho todo lo que necesitaba saber, de momento.

—Bueno, dar muchos detalles del caso rompería mi pacto de confidencialidad con el cliente. Por mucho que me encantaría seguir hablando de ello, no sería muy profesional de mi parte. Sólo diré que hay personas muy interesadas en conocer a quien se oculta tras ese antifaz. ¿A usted no le da curiosidad?
 
 
—¡Cuidado, mademoiselle!

Casi como si estuviese esperando ese especie de reacción por parte de la joven, de un ágil movimiento atrapó el frasco a mitad de su descenso, evitando así la catástrofe. Lo entregó a su dueña, portando una sonrisa confiada mientras hacía más notorio aquel agitar de la fotografía entre sus dedos.

—Oh, sólo la he visto en reportajes, ¡qué más me gustaría que conocer en persona a una auténtica heroína! Sabe, aquí entre nos, mi sueño de la infancia era ser un supehéroe enmascarado.

Entonces fue que entregó aquella imagen a la joven, dejándola sobre la tapa del frasco que ella sostenía.

—Dígame, ¿qué opina usted de Ladybug? La verdad es que ella es el motivo de mi presencia en suelo parisino. Un caso bastante particular en el que me encuentro trabajando ahora mismo.
 
 
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- ¡Marinette! [c=#608FBF]-De inmediato se giró para ver a la chica y abrazarla con mucha fuerza en sus pequeños brazos.-[/c] -Pensé que si estaba perdida, venía a buscarte porque hice algo para ti en el salón de arte. [c=#608FBF]-Alzó si vista, retiró sus brazos y abrió aquel cuaderno de endurecida pasta, posteriormente le entregó aquellos dibujos que había hecho, los cuales son meros trazos infantiles, pero con mucha dedicación.- [/c] -Son para ti.
 
 
—Un bello nombre para una bella mademoiselle, ciertamente.

Estrechó la mano ajena, pronunció su sonrisa. Tras dejar ir aquel saludo, rascó su mentón. Un semblante pensativo le abordó.

—Marinette, Marinette... ¿Dónde he escuchado ese nombre antes?

Tomó entonces una fotografía de uno de los bolsillos en su traje. De reojo miraba a la menor, atento a su reacción. No era para menos, puesto que aquella captura era la de aquella heroína enmascarada cuyas fantásticas aventuras ya comenzaban a dar la vuelta al globo.

—Marinette... Hm... Marinette...

Agitó la fotografía, sosteniendo ésta entre sus dedos índice y medio. Y mantenía, de reojo, su atención en las reacciones qué podría arrancar de la joven.
 
 
-No había pasado mucho tiempo desde que Sapphire conoció a una nueva amiga: Marinnette, cuyo nombre al resonar en su mente y en palabras, resulta ser dulce y agradable, era como nombrar a una muñeca o el apelativo de una princesa de un lejano lugar. Aquel día, por fin le otorgaron su libertad de salir por un momento del internado y disfrutar un poco de la vida común fuera de sus muros e instalaciones. Sapphire, llevaba en sus brazos a su querida muñeca, seguido de un cuaderno de hojas blancas, cuyo duro empastado resguardan unos dibujos hechos con acuarelas y crayones de distintos colores, sin duda una serie de regalos que Sapphire había hecho la tarde anterior.-

-Caminó a solas por aquellos suburbios, mirando de un lado a otro, buscando la familiaridad de las calles, sabía que esa chica de cabello azabache y destellos azulados vivía en aquellas cercanías pero ¿Dónde? ¿Acaso estaba perdida?-
 
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Mᴀʀɪɴᴇᴛᴛᴇ ࿈ | Comments | iOrbix
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