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Su debilidad— No juegues de esa manera, Antonia. (?)
 
 
*le atorabailaba una canica en el ombligo *ouo
 
 
No solo ella se perdió luego del incidente [i]Deathshead[/i]. Luego de una operación de búsqueda sin éxito, Boss solamente se descargó contra las instalaciones y puestos de avanzada del cráneo, y luego de una prolongada campaña de exterminio consiguió terminar con su reinado de maldad, pero eso no fue suficiente para compensar la desaparición de ella, de su pequeña Annie. Otro vacío que cargó consigo.

Malcolm también desapareció de la vista de sus propios mercenarios afiliados en Calbourne y se dedicó nuevamente a la base de Outer Heaven; La que [i]Big Boss[/i] le pidió cuidar mientras él preparaba su terreno. Suena confuso, como si hubiesen dos personas o si fuesen solamente uno. Lo que habría sentido [i]Malcolm[/i] al verle habría sido un tanto diferente a la reacción actual de la imagen que está delante de Antoniette. Para este último no hay Annie. Conoce detalles y aspectos de la relación que hubo, pero eso es muy diferente a haberlo vivido en carne propia. El resultado de su aparición es el desconcierto y nerviosismo de la muchacha rubia. Tal y como lo ha pensado, toma la delantera y es él quien avanza ante el palidecimiento de ella. No da lugar a huídas por pánico y está muy atento por si de un momento a otro llegase a recordar que tiene piernas.

[b]_Oye. Habría preferido no tener que invadir tu tranquilidad con mi presencia. Puedo asegurar que luego de esta noche no nos volveremos a ver, pero necesito entregarte algo muy importante.[/b] -Hace una pausa breve en alza de su mano izquierda, viva como antes se mencionó. En la palma tiene un objeto unido a una delgada tira atada sutilmente. Un elegante parche de ojo negro que alguna vez perteneciera a ese hombre. Es la señal de ser incapaz de volver a traer su cuerpo a la vida. Su mirada se entrecierra como conteniendo una impotencia que lo inquieta, mas debe ser fuerte para acompañarla y su voluntad se sobrepone al flaqueo en un instante y extiende la ofrenda a ella. La última voluntad de él.

[b]_Lo lamento mucho. No iba a dejarte sin saberlo. ¿Quieres conocer su voluntad final?[/b] -Cuestiona a la expectativa de la forma en que la muchacha tomara tan terrible noticia. Él está dispuesto a enseñarle todo lo que necesite saber al respecto.-
 
 
OwO *le coloca una canica en el ombligo*
 
 
[Mucho después del incidente Deathshead]

"Él solo quería verla de nuevo. Pero el egoísmo de un mundo mejor para los soldados se interpuso una y otra vez. Eso fue lo que nos llevó al punto de partida, antes de haber disparado esa bala. Es tiempo de terminar esta misión. Yo lo haré."

Un pensamiento que para hacerse realidad requirió de gran pericia y esfuerzos de rastreo y estudio. Hacerlo natural es lo dificultoso. Cualquiera se aparece de golpe y hace el trabajo. Pero muy pocos tienen la sutileza de siquiera dejar rastros de que alguna vez estuvieron allí. Debe tomarse el trabajo para usar la Contrainteligencia y despistar a los nuevos benefactores que la protegen. No es que no pueda hacerse cargo de ellos, pero es de sabios de la guerra evitar conflictos innecesarios. Las rutinas de despeje de Antoniette son caóticas y predecir su próxima parada no es muy sencillo que digamos. El hombre en el velo de sombras trama y ve una oportunidad fortuita.

La rubia ama las películas. Casualmente encontró una reservación a su nombre en un teatro clásico que emite funciones de hace unas tres décadas. Irá sola, pues ha reservado un solo boleto. Su compañero e informante le entrega la ubicación y toma la decisión de actuar. Debe hacerlo sutilmente, y entonces busca su mejor atuendo casual. Uno al estilo clásico de motorista de los 50's y se coloca un ojo de vidrio en lugar de su parche. Así no llamará tanto la atención entre otros fans de lo clásico. Hace juego al atuendo con una motocicleta clásica que aparca a un costado del cine, por las salidas de servicio.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/10/23/15/Lord-Saladin-9v74sbfzd-b.jpg]

Solo debe esperar que la función reservada termine y entonces situarse en un sitio donde pueda ser apreciado entre la multitud saliente. Su mente solo puede figurarse como será tratar con ella después de tanto tiempo, aunque nunca lo haya hecho directamente. Suena confuso, pero el hombre que tuvo la piel de Antoniette es idéntico al que acudirá a verla. Con un parpadeo sostenido busca calmar las ansias en su mente al estar privado de poder encender un puro en un espacio público. La hora se acerca, y con ella los nervios tratan de hacer mella en la mente agrietada del forajido militar. Uno de los detalles que ella podrá apreciar apenas lo vea será la diferencia en el dibujo de cicatrices en su rostro, la ausencia del metal incrustado en la carne y el regreso de su extremidad perdida. Es lo que despertará la duda de si es o no el mismo hombre.

Las puertas de salida del teatro se abren. Y con indicaciones del personal trabajando la gente sale en filas ordenadas entre comentarios y sonrisas luego de haber disfrutado la película. Parejas, familias, individuos. Casi todos están felices al salir. La mirada del curtido hombre a media operatividad busca el rostro familiar entre la gente. A una distancia prudente y en un punto intermedio la gente pasa alrededor de él, como si no quisieran dirigirle la palabra por parecer "duro". Espera encontrarla y por fin cerrar un ciclo que lleva mucho tiempo creando vacío en él. Una gran duda que necesita ser aclarada de una vez por todas.
 
 
El odio, desde que él pudo conocer a la auténtica violencia, se manifestaba igual; cobraba con víctimas que nada tenían que ver con el origen del problema, el fin de su futuro y los cambios que podrían haber hecho con otras personas se convertían en probabilidades inexistentes cuando les llegaba el tiro a la cabeza, el filo de una cuchilla deslizarse por sus tráqueas y matarlos asfixiados o ahogados en su propia sangre. Las miles de maneras de acabar con sus vidas era para propagar el miedo, una forma rápida de conseguir poder y propagar la imaginación acerca de hasta dónde podían llegar. Él mismo entró a las puertas, joven e inexperto, de ese mundo donde las balas mostraban el fin de los políticos y las leyes, donde lo único válido era quién disparaba más rápido, quién era el más sediento de sangre o asustado hasta perder su cordura cuán hilos filos de agua entre sus dedos manchados de sangre.

Sus métodos eran idolatrados por cualquier agente y capitán que los conociera, los hubiera observado de primera mano o escuchado de su compañero más cercano. Sin embargo, su éxito era tan frágil como la poca eficacia al poder funcionar en muy pocos entornos; ese mismo formaba parte de los imposibles para él. El sigilo y la fuerza no eran válidos en zonas grandes, con enemigos cuyo talento, único en vida, era el asesinato por ser su pan de cada día. Vistas las circunstancias iban más allá de su capacidad.

Estaría atrapado allí mismo si seguía. Vio los cadáveres, los presentes en la sala, y se agachó. Reptó hasta esconderse bajo un escritorio, fuera de la vista de cualquiera. Metió la silla adentro para dejarle menos espacio, pero también reducía las posibilidades de que pudieran pensar que habría alguien ahí.

En un lugar tan reducido reflexionó acerca de qué hacer. Tenía la oportunidad de huir, pero se negaría a hacerlo. No por la mala imagen que podría generarse, sino por aquellos hombres con fusiles en mano y enmascarados. Vivían como buitres, picando de las cumbres de cadáveres que ellos mismos causaban, lo único que seguramente les haría tener esa buena vida a la sombra de la sociedad y justicia; lujos, dinero, corrupción, mujeres por parte de su negocio de trata de blanca.

—[c=#660000]… Ellos son c.. Yo.[/c] — susurró tan bajo que hasta cerca de él era difícil ser escuchado. — [c=#660000]El fuego se comb… C… go. Seguir dejando… Seguir es igual que demostrar que no… biado.[/c] — suspiró.

Apoyó la cabeza sobre la superficie de madera, aquella del interior del escritorio.

—[c=#660000]No…ré.[/c] — levantó la cabeza debido a ruidos.

Los ruidos se trataban de pasos. Venían de la sala de reuniones; habían entrado allí.

—No me hagan nada, por favor… Os lo suplico…— la voz la pudo reconocer; era del periodista polémico.

—[c=#660000]Es hora.[/c] — murmuró Horse.
 
 
mencionado como estrella del vídeo, sudaba a montones. Todo el rato limpiaba su piel con un trapo húmedo mientras respiraba con una ansiedad imposible de detener.

En el piso 60, donde estaban, con el mejor aire condicionado, era donde se hallaba la más grata sala de reuniones, gigantesca y abundante de decoración lujosa. Había música de jazz de fondo para endulzar las palabras ásperas discusiones hostiles entre los representantes de distintas cadenas, fueran de televisión u otros medios. La compañía internacional multimedia de comunicaciones francesa, AODT, era característica también por sus exorbitantes y complejas estructuras de rascacielos.

La música de tono alegre no logró calmar la ansiedad de aquellos alrededor. Ni del propio protagonista.

—Yo... Konstantin. Es un pésame este vídeo...

—¡ESTÁ POR TODAS PARTES, TODAS! ¡¿No pueden hacer nada?! — gritó Konstantin, al borde de las lágrimas; sus ojos estaban enrojecidos y húmedos.

—Es Abdul Haqq Vorobiov, ¿no?

—Pero... En el vídeo no hay nada que indique...

—Sí. Su voz. Es el líder de uno de los núcleos del crimen organizado checheno, ¿no? Fue detenido en varios países y devuelto a Chechena, pero siempre logra salir. Usted mismo como checheno sabe que su gobierno...

—¿Eso...?

—¿Eso qué? No podemos hacer nada. Lo menos que queremos es tener problemas con un gobierno corrupto y que todas nuestras empresas se vayan. Los problemas políticos deben estar ajenos a nuestra compañía.

—Pero yo... Yo les daré toda la información sobre ellos. M-miren.— con desesperación, metió la mano en su bolsa para sacar un cúmulo gigantesco de documentos que hasta le pesaban en sus brazos gordos.— Solo deben darme protección, lo ruego... Dios mío, lo ruego. Mis padres no pueden perderme... No les quedaría nada.

—Somos parciales en esto. ¿Acaso nos ha visto alguna vez hablar intensamente de estas organizaciones o de sus gobiernos corruptos?

—No... No... Pero...

—Pero nada, señor Gólubev. No nos incumbe su problema. Ahora váyase o llamaremos a seguridad.— la voz senil y fuerte del más anciano del lugar sonó en un tono intimidante.

Konstantin iba a abrir la boca hasta que algo interrumpió su cadena incesante de insultos. La música y su iluminación quedaron desvanecidas con un apagón dentro de toda la estructura.

—¿Cómo...?

—¿Qué está pasando?

—¡Llame a la señora Xia!

—No hay cobertura, señor Nilsson.

—¡¿No?!

—Están aquí...

[sep]

[center][youtube=https://www.youtube.com/watch?v=-h5snZTfoEA][/center]

—[c=#660000]¿No era el piso 55?[/c] — se preguntó hacia sus adentros.

Allí mismo estaba él como un desconocido ajeno a la empresa. Después de tantos minutos en ascensor, fue en vano; acabó en una gigantesca oficina donde todos los trabajadores estaban desconcertados y preocupados, contemplando el inmenso paisaje de la ciudad donde habían luces.

—Somos los únicos sin luz.

—¿Qué habrá pasado...?

Escuchaba las voces ajenas a él con atención, pero no logró sonsacar nada. Allí estaba en búsqueda de un extraño periodista extranjero que llevaba asentado algunos años en la ciudad, polémico en múltiples noticias por su vídeo. Según sus fuentes, sería una ayuda vital para localizar y arrancar de raíz a los principales núcleos de prostitución y extorsión.

—[c=#660000]El piso 60 entonces.[/c]— susurró.

Pasó de largo entre los oficinistas, llegando a las escaleras de emergencia. Las subió a gran velocidad hasta alcanzar la gran puerta que conducía a un largo pasillo. Había otra sala que introducía a seguir subiendo por escalones, el ascensor, una habitación exclusiva a secretarios y luego la parte de reuniones. Quedó sorprendido al ver la puerta de secretaría abierta, habiendo trazos de sangre a lo largo del suelo.

Rápidamente desenfundó la pistola, una HK USP Compact, para retirarle el seguro y ponerse en posición: hombros alzados, espalda ligeramente encorvada y arma a una distancia media. Se acercó en pasos rápidos y cortos hasta acabar justo a un lado de la puerta, apoyando la espalda sobre la pared. Poco a poco se desplazó hasta quedar a nada de la entrada.

—[c=#660000]Aquí Horse.[/c]—murmuró.

Por un momento desprendió su derecha del mango para presionar el comunicador.

—[c=#660000]Necesito refuerzos. Ataque posible en el pájaro. Cambio.[/c]

—[c=#0000E5]Lo sabíamos antes que tú, así que enviamos a una agente a tu posición hace unas horas. Tiene que estar cerca de ti, a unos pisos abajo. Cambio.[/c]

—[c=#660000]¿Qué...? Bueno.[/c]—cortó la llamada.

Puso ambas manos definitivamente y, poniéndose en posición, se metió de lleno en la entrada para ver qué había sucedido.
 
 
[center][youtube=https://www.youtube.com/watch?v=vYeDysZS80w][/center]

Vestía con un pasamontañas negro y ropa de camuflaje. Sus ojos, verdes intensos, destacaban dentro de la grabación.

‘Como familia, no entramos dentro de los valores italianos. Demasiado arcaicos.’

Movió la mano a lo largo de una mesa cuya superficie estaba destrozada por cortes. Agarró en un movimiento sofisticado una bayoneta M9 que estaba encima, forzando sobre el mango los dedos, morenos y peludos; tal abundaba el pelo que podía verse desde la pésima cámara en la que estaba siendo él grabado.

‘Somos una familia distinta. No valoramos tanto la sangre, sino cómo afianzamos las relaciones y demostramos nuestra lealtad. Con el tiempo el más irrelevante pasa a ser dueño de este mundo. El mundo será suyo y de todos, compartido por igual… Siempre y cuando…’

Iba moviéndose en círculos dentro de una pequeña sala, de paredes podridas y llenas de humedad. La única iluminación en un cuarto tan pequeño la portaba una bombilla débil, acechada continuamente por pequeños insectos atraídos hacia ella.

‘No sea un traidor.’

Al cansarse de dar vueltas, giró hacia la derecha donde señalaba la cámara. El hombre salió por un momento del campo de visión para mover una silla con alguien sentado, dejando al individuo justo a su lado para que pudiera ser visto.

De tez morena, rasgos árabes y melena negra rizada, no tenía nada más destacable en su apariencia física. Demostraba estar vivo al respirar y además despierto por, continuamente, levantar y dejar la cabeza gacha. A juzgar por su semblante inexpresiva no buscaba oponerse; parecía esperar algo, impaciente, carcomido por ello en unos ojos que forzaban los párpados, en desesperación, en cuanto miró a la cámara.

‘Hay algo que duele más que un ladrón, porque todos lo somos. Si es un traidor desde su inicio, no importa. Fue una sucia rata que no entendió nuestro código. Si decide aliarse con otras organizaciones es un sucio sin hogar, desde el inicio. El problema es cuando se ganó nuestra confianza durante años y como nuestro aliado nos abandona. Toda esa relación de lealtad, casi como un hermano… Nos deja atrás. Prefiere chivárselo todo a esos inmundos afiliados a quien destrozó nuestra patria. Cuando cayó el imperio, nosotros podríamos haberla restaurado. Pero él mismo apareció y lo hundió más en esos valores capitalistas vacíos.’

Agarró del cuello, con su derecha, al hombre atado. No opuso resistencia alguna.

‘Perder a tu camarada duele como cuando la madre ve al hijo morir en las calles sin hacer nada. Duele cuando tu hermano más unido se une al consumismo del cual sobrevivimos nosotros, nos ensuciamos de él para propagar nuestras ideas y vivir como podamos por nuestros ideales en este mundo destruido. Lleno de cerdos ricos capitalistas… Que corrompen a hermanos como tú. ¿O es que desde raíz fuiste un traidor, Ivánovich? 4 años después, en una sola semana, descubrimos que no eras Maks. Eras un periodista de tres al cuarto que como no enchufaban prefirió meterse de espía durante 4 años… 4 años, Ivánovich.’

La mano libre se desplazó hasta palpar la papada. Allí mismo forzó los dedos para exponer más la garganta hacia delante.

‘¿Espía o camarada que por un maletín deja atrás todo? Ya sabrán ellos. Te dejaríamos ser consumido, que te arrepientas en la cárcel cuando te traicionen como ellos hacen. Pero… Primero iremos nosotros. ¿Por qué? Porque has ensuciado nuestra imagen. No queremos meternos a todos en el mismo saco como tú hiciste.’

Hundió la bayoneta en el extremo derecho de su tráquea cual carne tierna, penetrando lo más profundo que pudiera. Una vez en su punto, desplazó el arma blanca en un movimiento habilidoso como si desgarrara a un cerdo hasta alcanzar la extrema izquierda. Desprendió el cuchillo ensangrentado y permitió que la cámara fuera testigo cómo de aquella herida, se desprendieron borbotones de sangre intensamente carmesí recorriendo toda la piel y ropa que pudieran.

‘Limpiaremos nuestra imagen. Es demasiado tarde para recuperar esa información. Tendremos que irnos. Pero… La imagen perdurará antes que las acciones fallidas, Konstantin Gólubev.’

Giró el rostro. No podía describirse su cara con el pasamontañas, pero aquellos ojos esmeraldas mostraban la fuerza con la que afirmaba sus palabras. La mirada llena de odio fue el final del vídeo.

[sep]

Los hombres estaban sentados alrededor de la gran mesa, algunos sobresaltados y otros como si hubieran visto algo corriente. Konstantin, el periodista
 
 
Toña guapa.
 
 
– Por eso mismo deberías hacerlo, cuestión de peivilegios adquiridos por antigüedad.(?)
 
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Antoniette Viácheslav | Comments | iOrbix
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