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Verle reír a cántaros le sacó una sonrisa que poco a poco se fue distorsionando en medio de suaves y titubeantes alborozos que al final del caso, termino estallando en una poderosa e intermitente carcajada que se unió al coro de risas del lugar.

–[c=#2D802D]¡Le deberé mi vida entonces![/c]– Asintió con la sien mientras iba recibiendo una jarra de vino, sirviéndose un vaso con presteza un trago para celebrar como es debido.

– [c=#2D802D]¿Sorprendida? [/c]– Por un instante se le quedo mirando, con cierto grado de desconcierto.

–[c=#2D802D]Tengo 5 hermanos más, todos hijos de mi Padre, Rhage y mi Madre la Reina Tawny de Émeraude.[/c] – Inclinó ligeramente su rostro hacia un lado, a medida que iba sorbiendo lentamente el discurrido vino que le recordaba a incontables frutas que alguna vez probó.

La casualidad que traía consigo el haberse encontrado con una persona que conociera a su padre y que, por bendición o maldición fuese tan parecida a una conocida suya, parecía no tener credibilidad aún en ese instante para él mismo. Y la forma en la que la mujer le iba contando sobre sus hazañas con Rhage le terminaban de confirmar lo práctico, además de conveniente que resultaba haber decidido ir por ella en lugar de seguir las otras presencias.

– [c=#2D802D]Me urge encontrarlo ya que en Zemlja está mi hermana Ástryr en cama y solamente lo llama en medio de sus delirios...[/c] – Volvió a beber lo que quedaba del vaso y soltó un hondo, pero pausado suspiro. – [c=#2D802D]Y es mi deber hacer que él vaya a su encuentro.[/c] –
 
 
Nuevamente se sintió confundido: le pareció por un instante oír salir de sus labios otra voz, igual de cálida, serena, tranquilizadora. Tanto fue su desconcierto que se le hizo apreciar a través de aquél par de zafiros unos irises completamente diferentes, a pesar de su similitud; sin embargo, fue sacado de su ensimismamiento al escuchar el nombre de su padre de un solo golpe.

– [c=#2D802D]¿Le conoces? [/c]– Cuestionó alegórico, levantándose de su asiento dejando únicamente sus enormes muñecas puestas sobre la mesa, ignorando bien sea por emoción o torpeza que al hacer esto, tumbó de tajo los vasos de cristal puestos sobre la mesa y derramo su contenido por todo el suelo.

– [c=#2D802D]¡Sabía que los Dioses me bendecirían al haberme conducido hasta usted, mi Lady![/c] – Sobrepuesto en sus emociones agitó los brazos un par de veces producto de su exaltación y para cuando se dio por enterado de lo que había logrado con su comportamiento, tomó rápidamente asiento y con un tono de voz moderado, le dijo en voz baja.

–[c=#2D802D]Sabrá usted disculparme, pero la emoción pudo conmigo. [/c]– Recuperó la mesura, sabiendo que todos los presentes le veían con una mirada desaprobadora e incisiva. – [c=#2D802D]Podría, si no es mucha molestia… ¿Prestarme algo de dinero para pagar los daños que ocasioné en este lugar? Supongo que la moneda nativa de mi Reino no compensaría a la suya. [/c]– Al haber explorado un par de años algunos Planetas, entendió que el comercio y la misma forma de pago variaba según el lugar, y en ocasiones, su moneda no tenía mayor peso en algunos reinos y ese parecía no ser la excepción.
 
 
A medida que iba desplazándose hacia el centro de la Ciudad, siguiendo una línea curva que daba lugar a un extenso andén adoquinado al lado de la calle, no podía evitar prestarle suma atención a la mujer que se encontraba a su costado diestro, sujetándole con firmeza y delicadeza la palma el tiempo que duró su cordial saludo. El tacto de ella se sintió firme, cálido, suave, dando la impresión de poder y ternura combinados en una sola persona. “[i]Lyanna[/i]” Su nombre retumbó en lo más profundo de su mente, extrañamente, aquél nombre le era familiar y parecía estar atado a algún recuerdo de su infancia que estaba a punto de olvidar y por ello, se le hacía cada vez más borrosa su confiabilidad.

–[c=#2D802D]El gusto es todo mío. [/c]– Le observaba intrigado, aunque con la suficiente mesura como para no levantar incomodidades innecesarias para el momento; ella le sería de utilidad de una u otra forma, así que debía abrazar la cordialidad para no asustarla. Paro en seco frente a un enorme edificio.

“[i][c=#2D802D]¿En verdad podré quedarme aquí?[/c][/i]” Entreabrió de asombro sus esmeraldas, ya que no acostumbraba a dormitar en lugares como aquél y lo más cercano a comodidad a la hora de descansar, habría sido su propio cuarto dentro del Castillo de Zemlja. Como no estaba familiarizado con el servicio de hospedaje que ofrecía aquél hotel, ignoraba por completo que debía solicitar un cuarto, por lo que siguió a la mujer directamente al restaurante de la terraza, siendo asechado por incontables miradas de espanto –[i]en algunos casos por gusto[/i]– de las Damas y Caballeros que acostumbraban ir al lugar.

–[c=#2D802D]Parece que no están muy acostumbrados aquí de ver a un Hombre sin camisa. [/c]– Murmuró tan bajo como para que Lyanna le escuchará, como si ésta fuese su confidente para aquél instante, así que, ignorando por orgullo mismo las miradas ajenas, tomo asiento, relajó los hombros y en un descuido del mesero agarró un vaso de agua que llevaba sobre una bandeja de cristal y lo tomo de un sorbo.

–[c=#2D802D]Como le dije antes, vine desde muy lejos buscando a alguien. [/c]– Dejó caer con suavidad el recipiente sobre la mesa, agradeciendo con un suspiro lleno de placidez. Aquél agua había caído con una frescura tal que todo su cuerpo pareció relajarse de golpe. –[c=#2D802D]Mi padre, para ser exactos. En estos momentos, mi hermana se encuentra muy enferma y es prioritario que él acuda a verla. [/c]– El semblante en su rostro palideció en medio de la mesura, aquel hecho parecía no favorecerle el ánimo en lo absoluto, y aunque él mismo tratase de evidenciarlo, bastaría buscar en sus orbes, ese profundo par de esmeraldas, para darse cuenta de lo profundo de su tristeza.

–[c=#2D802D]Rásóðr[/c]– Le devolvió la mirada, una vez se encomendó a cumplir la razón de estar en aquellas tierras. –[c=#2D802D]Ese es su nombre. [/c]–
 
 
El sonrojo rápidamente paso dejándolo a merced de aquella Dama, con una serenidad impropia de alguien que ha pasado por tal bochorno, pero así era él: despreocupado, relajado, un alma tranquila. “[i]No pasa nada, mi lord ¿Se encuentra bien?[/i]” creyó haber disimulado su vergüenza, pero fue leído con tanta facilidad que no pudo evitar echarse a reír en voz alta.

–[c=#2D802D]Discúlpeme, pensé poder ocultar mis desvaríos pero veo que no puedo hacerlo con usted[/c]– Recuperó la mesura, mientras aprobaba con la sien su invitación a tomar agua o descansar un poco, no le vendría mal tras su largo y fatigoso viaje.

–[c=#2D802D]Agradezco su amabilidad, necesito reponerme de un viaje muy largo, así que no me vendría nada mal tomar algo y descansar en un buen Hásæti, sí se me permite claro está. [/c]– Relajó un poco sus hombros haciéndolos tronar en el proceso, a medida que iba avanzando un poco más hacía ésta, esperando a ver a donde le dirigiría.

–[c=#2D802D]A propósito, por alguna razón siento que conoces a alguien a quien estoy buscando.[/c] – Agregó en voz baja, mientras le obsequiaba una ligera sonrisa.

–[c=#2D802D]No puedo pensar en otra cosa más en lo conveniente que ha resultado ser nuestro encuentro.[/c]– Tomo un poco de aire, dejando salir un hondo suspiro.

–[c=#2D802D]Mi nombre es Einarr y he venido con fines pacíficos, es un gusto conocerle.[/c] – Le estiro la mano en señal de respeto.
 
 
Su llegada a aquella Tierra se le hizo eterna; sus ojos, acostumbrados a la belleza natural y arquitectónica que se hace de todo su Reino se entristecía por las opacas y frías calles, colmadas de nativos con ropa estrafalaria –[i]Según su propio concepto[/i]–. Deslizó sus esmeraldas de un lado hacia otro, persiguiendo a la distancia una figura oculta entre las personas y que resaltaba por su protuberante energía, rogándoles a los Dioses que su presencia fuese una guía divina que lo encaminará hacia su propósito.

–[c=#2D802D]Supongo que no se irá…[/c]– Sonrió a medio labio, haciendo crujir sus hombros en un estiramiento poco usual de sus brazos hacía atrás. Las personas a su alrededor pasaron del desconcierto a ignorarle rápidamente, a pesar de encontrarse sin camisa y tener una apariencia bárbara, parecían estar familiarizados con aquél tipo de indumentaria. –[c=#2D802D]Así que son guerreros[/c]– Tan solo pudo deducirlo por la forma en la que descartaban su presencia como una amenaza: si bien no poseían una fuerza espiritual apreciable, tal vez poseían la suficiente destreza física como para batirse contra él en una batalla. “[i][c=#2D802D]¡Admirable![/c][/i]” Se estremeció de emoción solo de imaginarse enfrentando a cientos de Guerreros terranos.

Y cuando parecía estar perdido en medio de sus invenciones, la persona a la que buscaba en aquél lugar había hecho acto de presencia: la notó como se aprecia a un lucero, distante, cálida, hermosa, irradiaba una estela violácea que adornaba sus perfectas facciones níveas y la pulcritud de su perfil se le hizo tan familiar, que no pudo evitar alegrarse de lleno. Llegó incluso a confundirle con alguien más, tanto como para desplazarse furtivamente hacía ésta, con su muñeca estirada buscando rozar con suavidad su mejilla: pero despertó de un golpe de realidad cuando estuvo lo suficientemente cerca para darse cuenta de que se trataba de otra persona.

–[c=#2D802D]Disculpe usted, mi Lady. [/c]– Aprovechó la postura de su mano para llevarla a la altura de su pecho e hincarse grácilmente justo en frente de ella, sin perder la compostura y los modales que se le habían enseñado desde muy temprana edad. Su mirada se había escandalizado momentáneamente y un débil rubor se apodero por instantes de sus mejillas. Parecía que su pasado lo perseguía hasta ese lugar y no podía evitar el bochorno, así que trató de eludir su mal momento levantando nuevamente su mirada e irguiendo su postura, expectante a la reacción de la mujer frente a sí mismo.
 
 
Fascinado por la sublime expresión radiante del Astro solar, regidor imperial de aquél punto de la Galaxia sobre su propio sistema; las ondas explosivas de sus gases le maravillaban, como si se tratase de un revolcón de centellas tratando de bailar al unísono, mientras nutren de calidez los astros circundantes, sofocando unos e ignorando a los menos afortunados y más distantes... Y, gracias a sus habilidades innatas de adaptación ambiental podía encontrarle gracia, belleza y fascinación a los entornos más hostiles, por lo que aquello resultaba ser un espectáculo visual para él.

No tardó mucho en recorrer cientos de millones de kilómetros como para encontrar su objetivo, razón de su largo viaje: un Planeta natural, hermoso y singular al que se conoce como “Tierra”. Su apariencia le recordaba de cierto modo a Emeraude, su tierra natal, aunque ésta a diferencia del planeta que tiene en frente, sobresale enteramente por su vívido tono esmeralda que resulta de sus grandes y frondosos bosques que en resumen consumen la mayor parte del Planeta, mientras que la Tierra parecía estar compuesta la mayor parte por agua, o al menos eso pudo deducir.

–[c=#2D802D]Espero que las historias no sean falsas y éste sea el lugar donde vives. [/c]– Aunque podía sentirse cierto deje de negativa en su expresión, atesoraba como cierta la posibilidad de encontrar a quién tanto requería en aquél instante; sin embargo, se encontraba polarizado entre una verdad incierta que tenía poco sustento más que un par de relatos sustentados por los bardos de su Reino y los propios sollozos de una Reina. Su barco frenó de ipso facto, sin mostrar intenciones de querer penetrar la atmosfera desgastada –[i]según su percepción visual[/i]–. Aquél mundo le generaba un insipiente sabor amargo que se calaba por entre su boca y se asentaba en su vientre. Podía sentir como éste iba siendo consumido por sus habitantes y la sola idea le resultaba indignante. ¿Cómo podría estar allí esa persona? Se preguntó casi al instante, desconociendo la profundidad de sus lazos para con ese mundo.

Dejó caer la fina tela que cubría sus ojos y meditó un buen rato, llegando a la instancia de ensimismarse por el grado de concentración que tuvo, como si estuviese buscando enfocarse en algo o alguien. Volvió a abrir su par de esmeraldas, los cuales no paraban de deslizarse de un lado a otro; su búsqueda inicial fue un fracaso, así que ahora debería decidir al azar a donde ir, confiándoles la suerte a los Dioses de su buen rumbo, no tardó mucho en decidirse. Al oriente, ubicó un punto donde logró percibir una fuente de energía particular, aunque el mundo era amplio, estos “recipientes” de grandes reservas de energía parecían escasos, por lo que se concentró en la más llamativa del momento.

–[c=#2D802D]Bien, allá voy.[/c] – Resignado, caminó erguido hasta la popa y escaló por encima del rostro de “[i]Níðhöggr[/i]” envainando su sable en su vaina sujeta a su espaldar. –[c=#2D802D]Bien mi querida compañera, por favor espérame, prometo no tardar mucho… [/c]– Y con un despido poco usual entre él y su pequeña embarcación, flexionó ambas piernas y saltó hacia el planeta, ganando en el proceso un halo de energía que le envolvía cual cometa y le propulsaba cada vez más, hasta atravesar de un tajo la atmosfera, la cual pareció responder a su deseo y cedió paso para él.

Atravesó cual estela fugaz el amplio celaje envuelto en una incandescente fuente de energía rojiza que emanaba a su espalda un pronunciado haz ondulante que terminaba disipándose en el cielo, y parecía encaminarse inminentemente contra una ciudad tradicional, deslucida para su exigente percepción de belleza. A medida que iba cayendo, ondas sonoras se extendían a su alrededor haciendo vibrar la tierra ligeramente apenas como para ser sentido. Y cuando estuvo a mitad de recorrido entre el suelo y su anterior posición, un colchón de aire apareció frente a él de modo que amortiguaría gran parte de su velocidad al punto de neutralizar cualquier posibilidad de impacto destructivo y reducir las llameantes ondas cobrizas a su alrededor a una fina capa de energía rodeando su fina tez pálida. Cayó grácil, con ambas piernas flexionadas y su puño enterrado un par de centímetros sobre una capa de asfalto de la calle donde aterrizó, con la precaución tal que se aseguró de que sus movimientos resultarán lo menos dañinos posibles para los pobladores de aquél lugar.

Tal vez su aparición llamativa a las cercanías de él o la poseedora de aquella energía especial le conduciría hasta él o simplemente generaría rechazo y huiría.
 
 
El Viento cósmico –[i]Como él prefería llamarle a la energía adscrita al espacio-tiempo, que rigen y constituyen el Universo[/i]– abrazaba ferozmente el Casco de su Drakkar, una embarcación de considerable envergadura, con un estrecho puente entre unos rudimentarios remos y un considerable mástil que brillaba con una intensidad sublime a razón de los rayos estelares reflejados sobre su altura. Su constitución no era ordinaria, de serlo no podría tan siquiera moverse entre la nada infinita que consume el Cosmos y al contrario, parecía desplazarse con una facilidad inaudita: sin mover un centímetro sus rudimentarios remos o la vela sujeta al mástil, su modo de desplazamiento parecía aún más especial que su simple travesía sobre aquel lugar, pues, la Imperial “[i]Níðhöggr[/i]” con su Popa en forma de Dragón rugiente, escudos emblemáticos de su Reino aferrados por encima de su casco, parecía más una embarcación de lujo perdida en el espacio.

[center][image=https://dbdzm869oupei.cloudfront.net/img/sticker/preview/350.png][/center]

Frente al mástil, sin existir alguna guía tallada sobre el barco nórdico, yacía un hombre con sus brazos cruzados, sentado, de espalda recta. Su apariencia reflejaba sesgos divinos, desde su protuberante mentón barbado a su simple porte, hacían resaltar en él, aún ante la desfachatez de su forma de vestir, aires de la realeza. Sus brazos se encontraban completamente descubiertos, ya que su camisa, resentida por un posible conflicto pasado tenía rasgadas sus mangas por hiladas. Llevaba puestos unos pantalones de gruesa y fina tela, ensombrecidos por un tizne grisáceo solo comparable con el tono de sus botas encueradas. A su lado, recostada sobre el mástil se encontraba su compañera de luchas “[i]Helhesten[/i]”, una espada en cuyo mango figuraba el rostro de un corcel escupiendo fuego.

Su rumbo parecía incierto, su forma de transitar el espacio para él era un simple juego, gracias a sus habilidades innatas, podía adaptarse a cualquier tipo de ambiente, inclusive la del espacio, por lo que lejos de resultar afectado por éste ambiente, resulta completamente normal para él estar allí. Ni siquiera la falta de oxígeno le afectaría.

Irguió postura, al divisar un sistema planetario conocido en una de sus incursiones pasadas, y, se encaminó al tercer planeta del lugar, donde pensaba poder encontrar información sobre cierto familiar suyo.

Sería cuestión de tiempo para llegar hasta allí, las ansias le hicieron obligar a su Níðhöggr a acelerar el paso.
 
 
[c=#666666]┊ 𝕃𝕦𝕟𝕖 ⋆


☆[/c]


Suspiró profundo, entrelazó sus manos a la altura de su pecho, cerró los párpados y comenzó a elevar su cosmoenergía. En segundos alcanzó el sexto sentido, una explosión de energía se expandió como una onda en el lugar.

Bajo los pies del ser demoniaco se dibujó un circulo perfecto que se expandió en un diámetro de 4 metros, era el reflejo de la luna llena que en un efecto eclipsante se tiño de negro.

[c=#595959]“𝘓𝘢 𝘭𝘶𝘯𝘢 𝘳𝘦𝘧𝘭𝘦𝘫𝘢 𝘦𝘭 𝘢𝘭𝘮𝘢 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘭𝘭𝘢𝘮𝘢. 𝘓𝘶𝘯𝘢 𝘴𝘦 𝘵𝘪𝘯̃𝘦 𝘭𝘭𝘦𝘯𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘰𝘴 𝘴𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘶𝘻, 𝘭𝘶𝘯𝘢 𝘢́𝘮𝘣𝘢𝘳 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘰𝘴 𝘮𝘰𝘳𝘵𝘢𝘭𝘦𝘴, 𝘭𝘶𝘯𝘢 𝘳𝘶𝘣𝘪́ 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘰𝘴 𝘴𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦, 𝘺 𝘭𝘢 𝘭𝘶𝘯𝘢 𝘯𝘶𝘦𝘷𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘭𝘰𝘴 𝘴𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘰𝘴𝘤𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥”[/c]

La luna nueva, bajo los pies de Lyanna, volvió a brillar platina, la circunferencia arrojó una luz vertical que creo la ilusión de tubo cristalino alrededor del cuerpo de la demonia.

[c=#595959]“𝘓𝘢 𝘰𝘴𝘤𝘶𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘰 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘦 𝘤𝘰𝘳𝘳𝘰𝘮𝘱𝘦𝘳 𝘭𝘢 𝘭𝘶𝘻. 𝘓𝘰 𝘱𝘶𝘳𝘰 𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘢𝘮𝘪𝘯𝘢, 𝘭𝘰 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘢𝘮𝘪𝘯𝘢𝘥𝘰 𝘴𝘦 𝘱𝘶𝘳𝘪𝘧𝘪𝘤𝘢; 𝘭𝘰 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘰 𝘴𝘦 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘷𝘦 𝘮𝘢𝘭𝘰, 𝘭𝘰 𝘮𝘢𝘭𝘰 𝘴𝘦 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘷𝘦 𝘣𝘶𝘦𝘯𝘰; 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘷𝘪𝘷𝘦 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘦 𝘺 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘦 𝘳𝘦𝘯𝘢𝘤𝘦.”[/c]

Abrió sus celestes ojos y un resplandor añil rodeó su cuerpo, se giró hacia la oscura mujer y extendió sus palmas hacia ella.

[c=#595959]“𝘈𝘭𝘮𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘦 𝘩𝘢𝘴 𝘴𝘶𝘮𝘦𝘳𝘨𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘥𝘦𝘴𝘰𝘭𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯, 𝘲𝘶𝘦 𝘷𝘢𝘨𝘢𝘴 𝘦𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘤𝘢𝘭𝘭𝘦𝘫𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘵𝘳𝘪𝘴𝘵𝘦𝘻𝘢 𝘺 𝘮𝘪𝘴𝘦𝘳𝘪𝘢, 𝘵𝘦 𝘨𝘶𝘪𝘢𝘳𝘦́ 𝘢𝘭 𝘴𝘶𝘦𝘯̃𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘱𝘦𝘵𝘶𝘰. . . [u]𝘐𝘯𝘧𝘪𝘯𝘪𝘵𝘶𝘮 𝘚𝘰𝘮𝘮𝘪𝘶𝘮[/u].”[/c]

El holograma de la pálida mano de la sacerdotisa cubrió la vista de Lyanna, las funciones sensoriales del cuerpo comenzaron a disiparse, el sistema nervioso se paralizó dejando inertes sus extremidades, y la pesadez se apoderó de los párpados y el sueño la abrazó. El cuerpo de la demonesa quedó suspendido en el aire, indolente, siendo acariciado por el suave viento.

Al finalizar el hechizo, la sacerdotisa llamó a sus estrellas, las cuales, descendieron de la vía láctea para fungir como tálamo y mantener el cuerpo de la demonesa en diagonal con el solar.

[c=#595959]- ¿Aún queda alguien más, cierto?[/c]

— 𝐷𝑒𝑠𝑐𝑖𝑢𝑑𝑎. 𝐷𝑒 𝑙𝑎 𝑛𝑖𝑛̃𝑎 𝑚𝑒 𝑒𝑛𝑐𝑎𝑟𝑔𝑎𝑟𝑒́ 𝑦𝑜.—Habló la alada mujer al tiempo que acariciaba la frente de Lyanna. — 𝐿𝑜 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜, 𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑠𝑜𝑛 𝑜́𝑟𝑑𝑒𝑛𝑒𝑠. 𝐷𝑒𝑠𝑐𝑎𝑛𝑠𝑎 𝐿𝑦𝑎𝑛𝑒𝑒.

[c=#595959]- A su hija piensas dormirla tu para que cuando llegue el momento, sea su voz la que despierte a su madre ¿No es así? [/c]

Lune caminó hasta la habitación que había preparado. Un recinto decorado con platinadas flores, al centro, un receptáculo de cristal se hallaba, adornado con cuarzos translúcidos los cuales, crecieron en diferentes direcciones sellando dentro de sí, el inerte cuerpo de la oscura dama.

[c=#595959]- Sólo yo puedo deshacer el hechizo. O en su caso, la niña, pero ella no sabe cómo hacerlo. Cuando llegue el momento le dirás como romperlo ¿Cierto? Es por eso que necesitas ser tu quien duerma a esa criatura.[/c] —La serafín asintió. — [c=#595959]Te conozco desde hace muchos siglos Tsuki, sé cómo piensas, y lo que sientes. Te has visto reflejada en ella ¿No es así?[/c]

— 𝐺𝑟𝑎𝑐𝑖𝑎𝑠 𝐿𝑢𝑛𝑒. 𝐸𝑠𝑝𝑒𝑟𝑜 𝑛𝑜 𝘩𝑎𝑏𝑒𝑟𝑡𝑒 𝑐𝑎𝑢𝑠𝑎𝑑𝑜 𝑝𝑟𝑜𝑏𝑙𝑒𝑚𝑎𝑠 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝐷𝑖𝑜𝑠 𝑑𝑒𝑙 𝑆𝑜𝑙. — Tsuki miró por última vez la imagen de su fiel amiga, dio la vuelta y se acercó a la salida.

[c=#595959]- Descuida ángel, te cobraré este favor en un futuro.[/c] -Los ahusados labios de la sacerdotisa mostraron una sonrisa.- [c=#595959]Ella estará bien aquí, nadie la encontrara, las encontrara. Así que cuando tengas a la niña, tráela aquí, prepararé el tálamo junto al de su madre.[/c]

Así fue como termino. Lune, sacerdotisa de la Luna custodiando un cuerpo ajeno a su conocimiento, exhausta y con migraña; y Tsuki, surcando los cielos, alejada ya del Santuario Lunar, buscando a la pequeña Kiara.
 
 
☾ ┊𝑻𝒔𝒖𝒌𝒊┊ ☽



Sonrió en silencio al escuchar las últimas palabras de la demonesa, cerró sus párpados, de golpe su energía se elevó alcanzando el máximo necesario para invocar un portal astral que conectara, por unos segundos, la Mansión con el Santuario Lunar. Hasta el momento, todo iba según lo planeado. Frente a ellas una cancela de estilo barroco con runas impresas en el arco, se hizo presente abriendo sus puertas ante ellas. La serafina emprendió la caminata adentrando a ambas al portal astral, una luz cegadora penetró en sus ojos y al ceder el efecto del deslumbramiento un zócalo platinado se abrió ante sus miradas. Era un espacio libre, amplio, completamente albino, sin imperfecciones. El portal cerró sus puertas cancelando la conexión.

— 𝐴𝑑𝑒𝑙𝑎𝑛𝑡𝑒, 𝐿𝑦𝑎𝑛𝑛𝑎. 𝐸𝑠𝑡𝑎𝑟𝑎́𝑠 𝑏𝑖𝑒𝑛, 𝑡𝑢́ 𝑦… —Observó su vientre. — 𝑇𝑢 𝘩𝑖𝑗𝑜, 𝑎𝑚𝑏𝑜𝑠 𝑒𝑠𝑡𝑎𝑟𝑎́𝑛 𝑏𝑖𝑒𝑛.

Frente a ellas una fugaz estrella descendió, un destelló, un flash, y la imagen de la hija de Artemisa se hizo visible. Una mujer de piel tan blanca como la Luna misma, de cabellos platinos como el halo del satélite, sus ojos eran el reflejo del mar, celestes, inmensos y profundos; de complexión delgada y estatura promedio, vestida con el manto nocturno de Nix. Abrió las cortinas de su visión y las observó; asintió en silencio y les dio la espalda para alejarse un par de metros.

El heraldo de Lucifer giró su cuerpo hacia la demonesa, le mostró una sutil sonrisa, y caminó para alejarse del ritual, quedando en una alineación: Lune, Lyanna, Tsuki; cada una de ellas separadas por un espacio prudente. En la memoria de la serafín solo se repetía la orden que había recibido de “El más hermoso” aquella mañana. “𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐬𝐞𝐦𝐢𝐥𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐦𝐚𝐥 𝐧𝐨 𝐠𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐞 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐜𝐨𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐞𝐥𝐥𝐚, 𝐡𝐚𝐳𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐬𝐜𝐚𝐧𝐬𝐚𝐫. 𝐈𝐠𝐧𝐨𝐫𝐚 𝐬𝐮𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐨𝐬 𝐲 𝐜𝐮𝐦𝐩𝐥𝐞 𝐦𝐢𝐬 𝐨́𝐫𝐝𝐞𝐧𝐞𝐬 ¿𝐄𝐧𝐭𝐞𝐧𝐝𝐢𝐝𝐨?.”
 
 
┊ 𝕃𝕦𝕟𝕖 ⋆




El céfiro golpeó su espalda como resultado de un aleteo silencioso. No fue necesario alzar la vista pues conocía a la perfección a la dueña de aquella cosmo energía, sus pálidas manos cubiertas por unos delicados guantes se mantenían firmes en la actividad de jardinería que desarrollaba, el canto de las aves plateadas era lo único que palpitaba en el profundo eco del Santuario Lunar.

[i]— 𝐼𝑛𝑓𝑖𝑛𝑖𝑡𝑢𝑚 𝑆𝑜𝑚𝑛𝑖𝑢𝑚.[/i]

Fueron las palabras que la seráfica figura pronunció, palabras que la obligaron a detener su labor. Lune, la sacerdotisa de la Luna, se incorporó, retiró los guantes de sus delicadas manos y dio media vuelta. Aquella serafina era justo como la recordaba, no pudo evitar sonreír al entrar en contacto con la abismal mirada.

[i]— 𝑁𝑒𝑐𝑒𝑠𝑖𝑡𝑜 𝑢𝑛 𝑓𝑎𝑣𝑜𝑟, 𝐿𝑢𝑛𝑒[/i]

La suma sacerdotisa negó suavemente, omitió expresar su voz al momento que dirigía sus pasos hacia el interior del platino templo. Caminó por los largos y solitarios pasillos cubiertos por delgadas cortinas de cristalina agua sirviendo como guía al ser alado que la acompañaba.

[i]— 𝐸𝑛 𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑑𝑜, 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑙𝑎𝑠 𝑠𝑜𝑚𝑏𝑟𝑎𝑠 𝑛𝑢𝑏𝑙𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑚𝑖 𝑐𝑜𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑦 𝑙𝑎 𝑑𝑒𝑠𝑜𝑙𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑔𝑜𝑏𝑒𝑟𝑛𝑜́ 𝑚𝑖 𝑎𝑙𝑚𝑎, 𝑡𝑢́ 𝑚𝑒 𝑠𝑎𝑙𝑣𝑎𝑠𝑡𝑒 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑠𝑒 𝘩𝑒𝑐𝘩𝑖𝑧𝑜. 𝐴𝘩𝑜𝑟𝑎 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑖𝑒𝑛 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑖𝑡𝑎 𝑑𝑒 𝑡𝑖. ¿𝐿𝑜 𝘩𝑎𝑟𝑎́𝑠?[/i]

[c=#595959]- [i]Eres preciada para mí, Tsuki, pero ese hechizo no puedo hacerlo sólo por petición. Es algo sacro, divino, que solo a pocos se nos es permitido. [/c][/i] — Hizo una pausa. —[c=#595959] [i]Sin embargo, sé que si no fuera importante para ti no vendrías hasta aquí, donde por tu naturaleza eres vulnerable.[/i][/c]

Agitó su brazo con gracias, y a su llamado, centenares de estrellas bajaron del firmamento para colocarse a sus pies.

[i][c=#595959]- Iré al Parnaso, imploraré a mi Tío para que me permita ayudarte. Tú debes ir por esa persona y traerla hasta aquí. ¿Está bien?[/c][/i]

Y en compañía de sus fieles estrellas, la sacerdotisa partió del sacro lugar.



┊𝑻𝒔𝒖𝒌𝒊 ☾ ┊

Extendió sus alas al llegar al borde del abismo a la tierra y dejó caer su cuerpo; el aire acariciaba su pálida piel, surcaba entre sus oscuras hebras y coqueteaba con cada una de sus plumas, incitándolas a unirse, tomar fuerza y aletear. Y así lo hizo. Tomó vuelo, surcó las oscuras tierras que con frecuencia en un pasado visitaba, hasta llegar a la lúgubre mansión objetivo de sus ojos.

No tocó, no se anunció, ni siquiera se molestó en detenerse cuando los esbirros se lo pidieron, ella voló directamente al balcón de la recámara principal, donde sabía, estaba segura, que la demonesa se encontraba. Sus alas lograron una ventisca necesaria para abrir de par en par los grandes ventanales, y así, ante la líder de los Prakliatys la imagen seráfica se hizo presente. La oscuridad acompañaba sus pasos al adentrarse, sus alas se contraían hacia su espalda y sólo extendió su mano hacia ella. No hicieron falta palabras, sabía que Lyanna estaba al tanto del motivo de su visita, y el objetivo que buscaba con su presencia.

[i]— ¿𝐸𝑠𝑡𝑎𝑠 𝑙𝑖𝑠𝑡𝑎?[/i]
 
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