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La costumbre de él y sus hermanos de estudiar en la madrugada en el instituto, se vio perturbada debido a la petición de otro instituto, donde, por proyectos vecinos, ambas instituciones harían una especie de crossover; con el fin de aumentar las posibilidades academicas de ambas instituciones.
Obligado a acudir al instituto aliado, Ayato se encaminó a bordo de la limusina familiar. Llevaba puesto el uniforme de su propios instituto y un maletín donde llevaba sus útiles escolares. El rostro del muchacho no mostraba más que seriedad, no era algo que le emocionara, casi nada lo hacía en realidad.

Habiendo llegado, decendió del vehículo, tomó su maletín con la mano izquierda y se adentro pasando por en medio de las enormes puertas que custodiaban la academia. El chófer cerró la puerta que Ayato había dejado abierta y se alejó del lugar.
El chico echó un ojo a su itinerario en el dispositivo móvil percatándose que tendría una hora libre; había llegado demasiado temprano, el cambio de horario le había jugado una mala pasada.

─[c=#E50000] Sigh...[/c]─ exhaló con pesar
─. [c=#E50000]¿Qué haré en una hora?[/c]

De reojo vio un edificio llamativo, parecía tener una cúpula como techo. Al fijar su vista en la leyenda que se percibía en la entrada, éste pudo constatar que se trataba de la biblioteca.

─ [c=#E50000]No hay más qué hacer [/c]─dijo y se encaminó al lugar pasando entre una muchedumbre de estudiantes de su propio instituto y el aliado.

El muchacho ya estaba dentro, echó una mirada e identificó a la recepcionista; una anciana de esas que sabes son malhumoradas. Avanzó con paso silencioso y se posó frente a ella detrás del escritorio. La mujer le pidió una identificación, a lo que Ayato entregó la escolar y se dispuso a entrar. Sus ojos recorrían el interior del lugar, una cantidad de libros exuberante, incluso más de los que tenía en la mansión. Más se detuvo unos instantes al sentir un aroma familiar. Sus pasadas silenciosas le llevaron a un lugar detrás de unas estanterías, donde tomó asiento en una de las mesas rectangulares y largas.

─ [c=#E50000]Las cosas que tengo que hacer para no joder mi horario... [/c]─ musitó, y estirando sus brazos por encima de su cabeza bostezó.
─ [c=#E50000]Es un fastidio el tener que esperar.[/c]

Abrió el maletín donde cargaba sus utensilios y sacó una revista, aprovechaba que en esos instantes se encontraba solo.[/code]

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/12/44/20/Ayato-Sakamaki-L0ttcGYM6-b.jpg]
 
 
× [i]Gracias por aceptarme, humana.[/i]
 
 
Odiaba tener que admirar la misma escena repetitiva que acababa con sus planes hundidos en el lodo. Su mirada efímera capturaba en un pestañeo el cuerpo tendido a escasos metros de él, bañado en su propia sangre con una nula consciencia de lo que sucedía a su alrededor, la tela rojiza que cobraba vida al tener un color marrón esparciéndose hasta dejar visibles manchas. Podía decir que la única lástima que sentía en ese momento era la de meditar su siguiente movimiento cuando bien podría aprovechar de los segundos en arrancar la carne restante que lo mantenía con vida. La desventaja de haber nacido en la miseria al tener sangre humana corriéndole por las venas era lo que le traía tan mala suerte, su desdicha era el reflejo de la luna llena contra los borrosos estanques de agua que sus pies pisaban para acortar distancias con la criatura en el suelo.
El filo de sus uñas golpeaban con ansias la empuñadura de la Tenseiga al costado de su danzante mokomoko desfilando elegante por las ráfagas de aire en consecuencia del mal clima. Y con la velocidad de mil hojas arrastrándose a causa del viento, fue testigo del sonido de la cuerda avanzando hacia atrás con la punta de hierro apuntando hacia él, el arco de madera rechinaba por la presión. Al frente, estaba de nuevo esa temblorosa mujer pendiente de que se mantuviera lo más lejos posible de la bestia arrumbada. Aunque no entendía el nexo creado por ellos dos, no le cabía duda que ella era de suma utilidad para su hermano menor desde el preciso momento en que sus manos sirvieron para mover a Tessaiga. Esa mujer representaba algo más que una simple compañía, era los ojos de la bestia enceguecida por sus impulsos habituales, lo que lo detenía y daba una estrategia peculiar para derrotar a cualquier enemigo.
No le quedaba duda de que su padre había pensado correctamente en no ceder y alimentar la codicia del mayor de sus hijos. Quizá, el detalle estaba en que le irritaba toda la ventaja que tenía al por mayor aquel hanyō, pesaba más la rabia de admitirlo que cualquier bloque de hierro.


[b]— No eres ordinaria como tanto lo pensaba. —[/b] Añadió con sorna, seguido de mantener sus pies apenas moviéndose para mantener a la fémina con la guardia en alto. A él no le servía de nada el tomarla consigo, pues eso sólo le traería como consecuencia incontables estorbos que lo llevarían a perder la paciencia como en la mayoría de ocasiones en las que lidiar con InuYasha se volvía una molestia más que lo llevaba a desviarse de sus prioridades.


[center]       [b]❝ — ¿Quién eres en realidad? ❞[/b][/center]

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ʜᴀʀᴜᴋᴏᴍɪ ᴄʜɪɪꜱᴀɴᴀ | Comments | iOrbix
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