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Odiaba tener que admirar la misma escena repetitiva que acababa con sus planes hundidos en el lodo. Su mirada efímera capturaba en un pestañeo el cuerpo tendido a escasos metros de él, bañado en su propia sangre con una nula consciencia de lo que sucedía a su alrededor, la tela rojiza que cobraba vida al tener un color marrón esparciéndose hasta dejar visibles manchas. Podía decir que la única lástima que sentía en ese momento era la de meditar su siguiente movimiento cuando bien podría aprovechar de los segundos en arrancar la carne restante que lo mantenía con vida. La desventaja de haber nacido en la miseria al tener sangre humana corriéndole por las venas era lo que le traía tan mala suerte, su desdicha era el reflejo de la luna llena contra los borrosos estanques de agua que sus pies pisaban para acortar distancias con la criatura en el suelo.
El filo de sus uñas golpeaban con ansias la empuñadura de la Tenseiga al costado de su danzante mokomoko desfilando elegante por las ráfagas de aire en consecuencia del mal clima. Y con la velocidad de mil hojas arrastrándose a causa del viento, fue testigo del sonido de la cuerda avanzando hacia atrás con la punta de hierro apuntando hacia él, el arco de madera rechinaba por la presión. Al frente, estaba de nuevo esa temblorosa mujer pendiente de que se mantuviera lo más lejos posible de la bestia arrumbada. Aunque no entendía el nexo creado por ellos dos, no le cabía duda que ella era de suma utilidad para su hermano menor desde el preciso momento en que sus manos sirvieron para mover a Tessaiga. Esa mujer representaba algo más que una simple compañía, era los ojos de la bestia enceguecida por sus impulsos habituales, lo que lo detenía y daba una estrategia peculiar para derrotar a cualquier enemigo.
No le quedaba duda de que su padre había pensado correctamente en no ceder y alimentar la codicia del mayor de sus hijos. Quizá, el detalle estaba en que le irritaba toda la ventaja que tenía al por mayor aquel hanyō, pesaba más la rabia de admitirlo que cualquier bloque de hierro.


[b]— No eres ordinaria como tanto lo pensaba. —[/b] Añadió con sorna, seguido de mantener sus pies apenas moviéndose para mantener a la fémina con la guardia en alto. A él no le servía de nada el tomarla consigo, pues eso sólo le traería como consecuencia incontables estorbos que lo llevarían a perder la paciencia como en la mayoría de ocasiones en las que lidiar con InuYasha se volvía una molestia más que lo llevaba a desviarse de sus prioridades.


[center]       [b]❝ — ¿Quién eres en realidad? ❞[/b][/center]

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ᴿᵉᵗˢᵘᵏᵒ Cₕₐₙ | Comments | iOrbix
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