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[center][code]Lumine fue... Una increíble coincidencia en el camino, una variable que no formaba parte de una compleja ecuación y que, cuando se añadió con tanta soltura, se resolvió como el problema más simple y perfecto de todos. Un sistema que iba a funcionar de manera maravillosa, como una exquisita receta de sopa, con la cantidad precisa de especias y cocida durante el tiempo exacto sin pasarse un solo segundo en el fuego.

Ella tenía la capacidad de conectar con dos mundos que no estaban dispuestos, del todo, a cooperar y creer que de algún modo la evolución implicaba un cambio. Adeptus y humanos deberían aprender no solo a convivir por el bien de sus tierras, sino también el de su nación; hacer que los hombres dependieran de los Dioses, en algún punto, podía ser un error, pero observando la soltura con que Lumine se desenvolvía ante los problemas y la amabilidad que mostraba ante los dos bandos, era imposible no pensarlo y asegurarse cada vez más de que había tomado la decisión correcta: Dejar a los hombres avanzar por el sendero que durante milenios se encargó de labrar para ellos con tanta dedicación.

Pero la viajera no solo había servido como un vínculo entre los dos mundos, se convertía también en un vínculo importante para Morax, ahora Zhongli, al encontrar comprensión en alguien como ella. Siempre atenta, siempre curiosa y dispuesta en ayudar, de alguna manera, a los demás antes que a ella misma sin importar los problemas en que terminara. Era una sensación agradable la que su compañía le brindaba, era una persona más que le permitía ir descubriendo, lentamente, eso que llamaban emociones y de las que tanto tiempo se privó. Una amiga más, un compañero de armas más en quien podía sentirse más tranquilo de dejar la protección de la ciudad en sus manos; si entre los humanos existían más como Lumine, seguramente los adeptus lograrían confiarles la ciudad como se esperaba.

Un catalizador más, perfecto, para iniciar una era donde los hombres podían ser libres de la guía y del yugo de los Dioses, donde todas esas enseñanzas, que pasaran de generación en generación, fuesen las mejores herramientas para evolucionar y caminar por un nuevo sendero donde demostrarán poseer el coraje, la convicción y la determinación de vivir sin la espera de que Rex Lapis, una vez más, levantara su lanza para destruir el mal cimbrando la tierra con el estruendo de la Perforanubes.[/code][/center]
 
 
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[center][code]No hay mejor exponente del elemento hydro que él. A veces es como el río, dejándose llevar y fluyendo en la dirección que su vida lo ha de llevar, sin miedo ni duda, sin alguna preocupación aparente que deje ver en su cristalina superficie, pero cuando te adentras en ello o caes por accidente, notarás que en un parpadeo te puede acabar. Como un riachuelo era incluso su relación con él, a veces de socios, a veces de conocidos, colegas o un prestamista más al cual nunca le iba a pagar, sinceramente, todo lo invertido en sus gustos y en él.

A veces lo sacaba de quicio, con un espíritu vibrante y fuerte, jovial y enérgico, mas al final del día encontraba tranquilidad en su compañía, en el silencio que podía existir mientras hablaba por horas de los mismos temas triviales una y otra vez; tan paciente como las aguas en calma que rodean el puerto dándole vida; pero tan violento y audaz como una tormenta embravecida. Como el agua misma, en cualquiera de sus formas y presentaciones, así es por la facilidad con la que puede adaptarse y transformarse para enfrentar la situación más inusual.

Un camino, una amistad, un vínculo que se fortalece con el paso del tiempo pese al inminente destino que, para los humanos, es la muerte. Una oportunidad de aprender, una vez más, con la paciencia que alguien de su edad merece.

Tartaglia, para el viejo consultor, no es solo un camarada más; es un amigo, un colega en el cual puede confiar, a veces a medias, a veces por siempre, pero es consciente de que algún día, tal vez, sus caminos se bifurquen con violencia obligándolos a enfrentarse. Mas aquella no sería una batalla meramente por el poder; desde el punto de vista del ex arconte, aquella sería una batalla legendaria que le haría hervir la sangre, no de ira, sino de emoción. De la emoción que durante siglos reinó en aquel conocido como Dios de la Guerra, en aquel que fuese inhumano y sanguinario sin ápice de culpa. Una batalla que podía durar toda una vida, horas o simples minutos, porque la vida de los mortales es tan frágil y efímera, que pensar en el futuro debería ser injusto.
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[center][code]Un contrato corresponde a dos o más entes que buscan obtener un beneficio mutuo, con reglas previamente establecidas y acuerdos perfectamente definidos que permitan alcanzar el éxito deseado. Pero, hubo un tiempo, donde el contrato fue más un acuerdo de común camaradería que se transformó en una fuerte y profunda amistad.

Guizhong no era alguien fuerte, su complexión era delgada y pequeña, tan delicada como esas flores que tanto le gustaba mirar en los alrededores de la llanura. Y también era como ellas: grácil y delicada, pero astuta y brillante con una inmensa capacidad de pensamiento. Tal vez ella era más lista que Morax, incluso más sentimental que él; la diosa y el adeptus eran una extraña dualidad que había permitido a las personas de la llanura Guili prosperar rápidamente.

Ella sabía de todo y, como una madre amorosa y dulce, enseñaba a los hombres que la adoraban sobre los secretos secretos la vida: La agricultura, las ciencias, la importancia de una vez ágil y la nobleza que debía existir en sus acciones del día a día. Guizhong, incluso, intentaba transmitir esa amabilidad al [i]bruto[/i] de Morax, un adeptus cuya expresión parecía indiferente, pero se tornaba bestial o incluso iracunda cuando la situación lo ameritaba.

Guuzhong era el manto suave con el que se cobijaban los hombres ante la tempestad, mientras que Morax era la espada y el escudo que protegía los sueños y los anhelos por vivir de ese pueblo. Era la diosa no sólo una compañera y camarada, era una maestra que se esforzaba en enseñarle a su alumno la importancia de los sentimientos humanos y su manifestación. Una sonrisa era algo que adoraría ver en un rostro tan serio como el suyo que, de vez en cuando, le miraba indiferente con la sangre aún cubriéndole como si fuese nada.

Su relación era... Diferente, inusual, un contrato que había nacido de una necesidad que Guizhong sabía no era capa de brindar: Protección ante los demás dioses iracundos y las criaturas malditas que aún buscaban engrandecer su podría para gobernar en esa tierra que comenzaba a nacer.[/code][/center]
 
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Zhongli 钟离 | Blog | iOrbix
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