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[code]Matices rojizos y naranjas adornaban el horizonte, donde el astro rey se despedía para darle paso a la luna. El silencio rodeaba a la azabache, que se mantenía contemplando el espectáculo, su mirada observaba todo y a la vez nada.

— ¿Que intentas descubrir?

— No estoy segura, es cómo si el horizonte me llamara y dentro de mí, fuera incapaz de negar ese llamado. —La brisa besaba su piel y revolvía su cabello, entorpeciendo la tarea de observar a la persona a su lado. Einar se había situado a su derecha, con las manos en los bolsillos. Permanecía imperturbable y ajeno a todo como de costumbre.

— Quizás la respuesta se encuentra albergada en tu corazón, pero tu mente aún no está preparada para comprenderla.

— ¿Y si nunca llego a estar preparada? Es difícil tratar de complacer a los demás, cuando no te entiendes a ti mismo. —murmuró dejando que sus temores se filtraran en el tono de voz. El miedo a decepcionar a los que la rodeaban comenzaba a cernirse sobre su espalda, como una parca dispuesta a consumirla.

Einar suspiró mientras la muda comprensión se tejía a una velocidad vertiginosa sobre sus facciones. Extendió el brazo para rodear la cintura de la chica y atraerla a su cuerpo de un pequeño tirón. Bajo su semblante, el albino escondía palabras que deseaba decir, pero no le eran permitidas, así que optó por una verdad a medias.

— No debes temer.

Al escucharlo hablar con tanta seguridad y firmeza, era capaz de creer. No obstante, en su interior se mantenía esa espinita diciéndole que nada iba a salir bien y que tenía motivos para temer, es más, debía temer.

— Si mis miedos nublan mi juicio y me atraen a un pozo sin fondo ¿estarás ahí para evitarlo?

— Lo estaré. — [i]Aunque no me puedas ver[/i], añadió en sus pensamientos. Él, a diferencia de ella, si conocía la totalidad de la prueba que estaban a punto de enfrentar. Algunos dicen que el conocimiento es poder, pero en su caso era una maldición. Una maldición que lo iba a condenar a hacer sufrir a la persona que más quería en soledad.

Esas palabras fueron suficientes para calmar la mente y corazón de la chica, Siriana había apoyado su cabeza en el pecho del chico, mientras lo rodeaba con sus brazos, en una especie de medio abrazo. Cerró los párpados dejando que el calor de Einar la envolviera, alejando, aunque fuera por un corto período, sus demonios.

Cuando la mirada rojiza del albino comprobó que la chica se encontraba en calma, se permitió, por un segundo, dejar caer la máscara de seguridad que siempre portaba. Las sombras se apoderaron rápidamente de su rostro, y una expresión lastimera se instaló en sus facciones.

— Lo siento tanto, ojalá todo fuera diferente. —susurró al viento de forma inaudible. Nunca se iba a perdonar por lo que haría.
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Sɪʀɪᴀɴᴀ Nᴏᴛᴛ | Blog | iOrbix
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