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A paso lento va entrando a la ciudad una figura femenina, la misma es cubierta por una amplia túnica blanca y una capucha que le oculta el rostro, los pasos son lentos, como si estuviese cansada o hubiese viajado por demasiado tiempo, o quizá solo estuviese buscando algo.
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Siguió avanzando y la impresión olfativa le dijo que se encontraba en el lugar correcto, contuvo su necesidad de vomitar por unos momentos, ya que ni si quiera el laberinto de Elro olía tan mal, era un conjunto de eses de animales, vegetales podridos y utensilios de hierro oxidados, sin duda alguna era el mercado. La pequeña figura se pierde fácilmente entre la muchedumbre, como uno más de los que llegan para comprar algo. Meditabunda pasa entre las recovas y otros puestos similares, mas todo le parece tan nauseabundo que incluso el hambre pasa inadvertida.

Los vividos aromas y los gritos provenientes de todos lados, no dejan apreciar la poca música que ofrecen algunos ambulantes, pues los gritos llegan de todas partes:

“Pescado fresco, especies de la india, las mejores telas, quesos, tartas, vino, ovejas, cuero y lana”, todas esas palabras llegan al mismo tiempo al oído de la encapuchada.
Eran los vendedores que a grandes voces trataban de acomodar sus productos, de entre ellos, uno solo llamó su atención:

“Pan, pan fresco del día”
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Se detuvo, ni si quiera el olor era capaz de ocultar que muy probablemente llevaba tiempo sin alimentarse, acercándose al puesto, señaló uno de los panes que no se encontraban mohosos y de la túnica, sacó una blanca y esquelética mano, dejando caer un par de monedas en la mano del mercader, y este entregó el pan, aunque poco podría entender de lo que pasó un instante después, pues un hombre con tintes de furia llegó acompañado de guardias, apunto al mercader y estos prácticamente se llevaron al tipo en rastra, si al mismo que le acaba de vender el pan. Esta por mera curiosidad lo abrió a la mitad, en vez de encontrar harina, encontró una enorme roca.

[c=#802D2D][b]-No se puede hacer nada. -[/b][/c]

Eso fue lo único mencionado antes de devorar dicho pan con todo y piedra.

Tras avanzar otro poco, y poniendo atención a todo lo que gritaba la gente. finalmente encontró con lo que buscaba, una taberna, al parecer el nivel de fama era equivalente al fuerte mal olor y al nivel de la suciedad tan escandalosa que predominaba en el ambiente. Sin embargo, no necesitaba una habitación o dormir en ese lugar, el cual de por si tenía una gruesa capa de polvo sobre la puerta y que todavía trataba de quitar de sus manos.

No era sorpresa para ella lo que encontraría, un par de ebrios sin poderse levantar del suelo por lo borrachos que se encontraban, uno mas vomitando en una esquina, una mujerzuela toqueteándose con otro hombre en uno de los rincones, dio un largo suspiró, y fue a una de las mesas grandes de madera, particularmente a la mesa del fondo.

Ahí podría escuchar a todos, algunos fanfarroneando exageradamente sobre sus logros en batalla, y unos mas hablando sus numerosos cortejos, pero había más. Debería haber más, la taberna era el corazón del mercado, el lugar donde podría conseguir información, donde podría escuchar cosas.

Por debajo de su túnica se deslizó una pequeña araña blanca, que viajo por el suelo, recorriendo el bar, era uno de sus pequeños espías, le ayudaría a buscar en áreas donde supuestamente no podía intentar. Tras asomarse detrás de una de las puertas de las habitaciones, una sonrisa siniestra asomo en los labios de la dama.

Se trataba de un pequeño grupo de misioneros, que justo ahora habían llegado a descansar antes de continuar con su viaje, expandiendo la palabra de dios.
-Es complicado hacerlo con tanta gente...-

Dio un resoplido, escondiéndose por un momento en un pequeño pasillo entre la cocina y el salón, su habilidad con los hilos, le ayudo a recrear la forma en que se encontraban las mujeres de la taberna vestidas, más antes de que abandonara ese pequeño rincón, una de las mujeres de la servidumbre casi choca con ella, llevando consigo algunos tarros de cerveza,
[c=#80562D]
-Perdón- Dijo la trabajadora.[/c]
[c=#802D2D][b]-Espera, yo los llevo, pareces agotada-[/b][/c]

La extraña mujer sonrió, y le dio los tarros a la extraña, claro que no había sudo posible si no hubiese usado un pequeño encantamiento de hipnotismo, dado que nada era casualidad, era un pequeño plan pensado para poder escabullirse hacia el piso superior, y hacia donde estaban los misioneros. Pasar por las escaleras sin que algún guardia le pusiese atención, ir con algún motivo, no había sido tan complicado como lo creyó en un principio.

Subió apresurada las escaleras y empujo la puerta con ayuda de los tarros.

[c=#802D2D][b]-Para los caballeros santos-[/b][/c]

Dicho esto dejó caer todos los tarros al suelo, resquebrajando el hialino cristal de los tarros, esparciéndose por el suelo de madera, Los hombres, confiados de que era una simple mujer quien les acababa de hacer una grosería se levantaron en su contra, sin embargo, el soltar los tarros solo fue para lanzar hilos de araña a los barrotes que sostenían el techo con sus manos, y en cuanto estos se acercaron a la dama de banco, se estiraron, tomando los cuellos de cada uno, colgándolos luego de que los hilos rodearon sus cuellos.

Sus ojos permanecían cerrados aún, desde que entró ala ciudad, abriéndolos solo en cuanto se encontró con ellas, encontrándose cara a cara con una mirada cercana a la de la misma muerte, y si no lo era, la menos era tan aterradora como ella o quizá aun más.

4 pupilas se vislumbraban dentro de cada una de sus pupilas, rojas al igual que el iris, el rojo era el único color destacado, algo abrumador para quien alcance a conocerlo, esa fue la mirada que los espanto y acallo sus gritos, mientras morían en silencio, completamente aterrados, son embargo, ello no era suficiente.
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Los cuerpos hinchados y azules aun tenían cierto peligro que estuvieran ahí, entonces manipulo los hilos para que cortaran sus cabezas, escuchándose el crujir de los huesos y filtrándose el aroma de la sangre por las fosas nasales, su estómago rugió, ansiaba y reclamaba su trofeo como buena cazadora, pero esta vez no era como las de siempre, con un gesto amargo dio un pequeño resoplido, saliendo una especie de arena de sus labios, arena que envolvió los cuerpos de los fallecidos misioneros, y de forma literal los llevo a la putrefacción en instantes-
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De la túnica volvió a salir la esquelética mano, quien tras juntar sus dedos, apareció una guadaña sostenida a ellos, una que al agitarla, cortó por sobre las cabezas de los hombres de dos, destrozándolas por completo y dejando cuerpos mutilados y descompuestos.

[c=#802D2D][b]-Que desperdicio, ni si quiera puedo comerme la carne- [/b][/c]Murmuró antes de dar la media vuelta y abandonar el lugar, echando una ultima ojeada al lugar, tan solo había algunos langucientos comiendo algo de carne.

Poco después se escuchó un grito y ajetreo, apresuró el paso para salir del lugar, era obvio que se darían cuenta rápidamente siendo un lugar tan frecuentado.

[c=#802D2D][b]- Humanos, en todas partes son iguales… pero con esto debería de haber terminado con los 12, y la religión debe de haber dejado de expandirse por medio de ellos…-[/b][/c]

Si. Había matado un total de 12 misioneros desde que llegó a ese reino, hombres bien adiestrados en las artes de la religión y los debates, entrenados en las armas y la teología, misioneros de elite, ahora no eran mas que un montón de cuerpos putrefactos.

La gobernante de la pereza no era una mujer aficionada al trabajo, sin embargo ciertos acontecimientos recientes lo habían cambiado ridículamente sus circunstancias, al punto que no podía si quiera mandar un familiar a hacer el trabajo, era ella misma quien debería de encargarse del asunto-
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Probablemente quien se diera de esto actos atroces, y que estos fueron hechos por una sola persona, no se detendrían en llamarla “asesina” o “monstruo” sin embargo, después de todo ella era una sirviente de una diosa del mal, y su existencia solo valía por dos motivos, para entretener a D o para hacer el trabajo sucio de D, aunque [c=#802D2D][b]
-creo que en esta ocasión parte de la culpa es mía en su totalidad, por tanto no me queda mas que limpiar este desastre-[/b][/c]

Al final de lo acontecido, ella pudo ver también el final del panadero, retenido se encontraba expuesto desnudo en una picota mientras le lanzaban tomates y otros vegetales podridos.[c=#802D2D][b]
-Vaya.. el crimen no paga pero.. no pienso pagar por esto… así que mejor me voy-[/b][/c]

Y Dicho esto comenzó a perderse entre las callejuelas, mientras el ropaje cambiaba de color a uno completamente oscuro
 
 
Al igual que las otras 26 personas, rencarne en un nuevo mundo, teniendo una conciencia e identidad falsas, destinada a morir apenas naciendo, pues a diferencia de otros que renacieron como humanos, yo renací como lo que era originalmente, una pequeña araña, y en vez de nacer en un pueblo, mi nacimiento tuvo en el lugar más peligroso del mundo.

Nací en el laberinto de Elro, el laberinto más grande del mundo, un gigantesco túnel laberintico que conecta dos continentes, y claro este era subterráneo, el túnel consta de 4 capas, la capa superior, la capa media, la capa inferior y … la capa del fondo.

Mi nacimiento tuvo lugar en la capa superior, en el nido de la reina taratek, una especie muy rara y poderosa de araña, sin embargo, la gran reina taratek era todo menos una dama maternal. Claro está mi primera reacción fue el quejarme por haber nacido como una araña, dado que según mis recuerdos falsos yo era una chica de secundaria…

Clasificado como una bestia nivel mito, una calamidad para la humanidad, la reina Taratek tenía un destino cruel para todos sus hijos, incluyéndome, al verla me aterrorice, pero me aterroricé más al ver que con una de sus patas tomaba, penetraba y asesinaba a uno de sus hijos y lo devoraba como si fuese un bocadillo, ello me dejo absorta, pero… era el principio, al parecer todos estaban hambrientos, incluyéndome, pero sus instintos los llevaban a algo aterrador… el devorarse unos a otros, en una canibalística lucha, donde se arrancaban piernas brazos y torsos con la única finalidad de sobrevivir…

Un cruel destino, siendo tan débil, un recién nacido, era más que obvio que iba a morir, iba a morir en ese lugar, ese era el gran destino de la segunda vida planeado para mi… sin embargo me puse renuente ante eso, siendo mi único pensamiento -voy a sobrevivir- no importa cómo. Solo corrí pensando en sobrevivir, y así fue como milagrosamente pude conservar esta vida, era mi naturaleza, el pensamiento básico de todo ser vivo. EN ese entonces no sabía que era una taratek, que era tan débil que hasta un humano promedio podría asesinarme…

Sin embargo, escapar fue la parte sencilla.
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¿Miedo? Claro que se lo que es el miedo, ha corrido por mis venas, incluso mi más antiguo recuerdo es uno aterrador, fue hace mucho tiempo…
Yo no era nada de lo que soy ahora, tan solo era una simple araña, un tranquilo insecto viviendo en el rincón de en un salón de clases, mi mundo era muy pequeña y en ese entonces carecía de la conciencia de un humano

Casi toda mi vida como araña ha sido olvidada, a excepción de se momento, que marcaría mi vida entera, como insecto, como monstruo y como deidad. Era una forma de vida tan débil, tan frágil que inclusive un mocoso podría acabar conmigo en un traspié, pero ella lo evito.

Nunca voy a olvidar ese sentimiento de gratitud, de agradecer por salvar mi vida, una joven maestra que detuvo al mocoso antes de que extinguiese mi vida, ella no ganaba nada al hacerlo, sin embargo, aun así lo hizo, me permitió continuar con mi tranquila vida como araña… hasta que ello aconteció.-
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No recuerdo haber sentido dolor, de hecho desde ese punto mis recuerdos tienden a ser sumamente borrosos, lo que si se es que todo el salón fue víctima de un accidente de otro mundo, proveniente de otra dimensión, y ese mundo tomo responsabilidad de todas las almas de los fallecidos para darles una segunda oportunidad. incluida yo, una araña, el alma de una pequeña araña que vivía en ese salón.

Sin embargo a mi me fue dado un regalo extra, una conciencia humana, recuerdos falsos de una vida humana y una identidad falsa, que solo reconocía mi mente, Hiro, Watanabe Hiro, esa creí ser mi antigua yo, pero era solo porque estaba destinada a morir después de mi nacimiento, como un chivo expiatorio, pero no fue así y ese fue el inicio de una serie de irregularidades que llevó a un simple insecto a convertirse en un dios.

Sin embargo, escapar en esa ocasión, tan solo era el inicio, de todo lo que estaba por venir[center]
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Shiraori Kumo-Chan | Blog | iOrbix
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