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❝ — Seis de la mañana; el sol se comienza a poner en el horizonte, iluminando centímetro a centímetro cada sombra que se oculta en la penumbra de la oscuridad latente; la ciudad se enciende con la llegada del Astro Rey, y al igual que su llegada indicaba que un nuevo día recién empezaba, indicaba también que un día más Balthazar mantenía trabajo en esa pesada jornada de caza.
Revisar el bosque nunca fue de sus más preferidos métodos de caza; un lugar en donde muchas fragancias, movimientos y temperaturas se adjuntan, volviendo hasta cierto punto, difícil la acción de caza. Con la llegada del sol, ahora contaba con el perjuicio de más luminosidad para investigar las huellas que había encontrado hace dos días; el poblado amenazado por la presencia de un Leshen que atormentaba el bosque al costado de un humilde poblado de niños, mujeres y hombres que se esforzaban por traer el pan a la caza.

Sirius buscaba rastrear lo más rápido posible a la criatura, mientras que por otro lado, Balthazar seguía analizando el recorrido de las huellas de la criatura, que de un momento a otro, desaparecían; una situación extremadamente extraña. Le dio vueltas a la situación un par de veces más, era increíble que yacía estancado en el mismo sitio de investigación por nada más y nada menos que dos días. Suspiro, amargado de la situación, y actuó en desespero. Balthazar golpeo el suelo y su magia, crash, se manifestó de forma accidental, agrietando un fragmento de la gruesa capa de tierra que sirve de base para el bosque, desvaneciéndola en polvo; la reacción es extraña debido a que Crash no se activa sobre un objeto sin que este goce de una cantidad de maná en su organismo o contextura. Balthazar se levantó de golpe, y se aproximó en asomar su cabeza en el agujero accidentalmente quebrado, observando el totem del leshen y fragmentos del cadáver de la criatura.
—Que diablos. . . — Murmura Balthazar, bastante extrañado. Baja al cráter y es cuando se dedica a iniciar la autopsia del excéntrico; golpes fuertes en distintas partes de su cuerpo y fragmentos de maná manifestado en forma de energía que molieron a golpes al ser. Una uña incrustada en la contextura del ser. Olfateo la uña incrustada y detectó un aroma adicional; una excéntrica mezcla que nunca antes había detectado.

El aroma se extendía hasta unos veinte kilómetros de distancia. Balthazar se dispuso a salir del cráter y caminar hasta donde provenía el aroma, acortando la distancia hasta coincidir con la contextura de una muchacha en medio del camino.


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Los poblados de Rumania; escalofriantes y llenos de esas malas vibras. Sus viajes estaban acompañados de misterios, de una enorme cantidad de curiosidades y sobre todo de una tonelada de peligro, y pese a tanto perjuicio al que se encuentra acostumbrado, es simplemente incesante sentir ese escalofrió cada vez que pisa territorio rumano. Poblado maldito y lleno de mil y un males, que acechan tanto cielo, mar y tierra; Rumania simplemente era una mierda a la que no gustaba visitar, sin embargo, cuando el deber llama, no hay nada que hacer más que protestar y quejarse, por supuesto, sin tener más alternativa que cumplir con su propósito; todo reclamo es simplemente en vano.
A lomos de Sirius transformado en caballo, cabalgo hacía Rumania en un viaje de al menos doce días desde la ubicación en donde yacía para cuando se le asigno el trabajo. A paso lento, Srirus, su fiel corcel y familiar, se adentra en las instalaciones tenebrosas del país. Un pueblo ubicado a unos doce kilómetros tras entrar en Rumania sería la protagonista del capítulo de cacería.

Horas pasaron hasta que Sirus y Balthazar llegaron al pequeño pueblo, encargándose de que Sirius adquiriera la forma de gato antes de intervenir directamente en el poblado con sus presencias. El gato escalo por las gastadas ropas de Balthazar hasta finalmente llegar a su hombro en donde se mantuvo reposando como si de un perico se tratase. Balthazar camino a paso lento hasta los interiores del pueblo, entrando a la taberna donde se había hecho la solicitud de la caza, coincidiendo con una mujer que en ese entonces reclamaba mayor información, con papel en mano, y por supuesto, parlamentaba sobre el pago de la recompensa.
Balthazar dio un par de pasos y tomó asiento en una de las mesas de la taberna, dedicándose únicamente a escuchar de la charla para adquirir información y posteriormente salir a darle caza a esta excéntrica criatura.
Sirius se bajo del hombro de Balthazar y se fue por allí, a mendingar comida como usualmente hace en tabernas. La mesera del establecimiento se acerco a Balthazar, y le brindo un tarro de cerveza; el viajero pago y degusto de la bebida, mientras seguía escuchando los detalles sobre la caza de esta aparente “bruja” excéntrica.

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❝ —En una noche oscura, iluminada meramente por los residuos del sol reflejados en la luna, el entorno es demasiado volátil; las situaciones que se manifiestan bajo las oscuras jornadas en el que el astro rey se ausenta, son demasiadas, en donde hay casos de los más cotidianos y otros más excéntricos. Pese a que en situaciones como homicidios, la policía cuenta con la responsabilidad de lidiar con los acontecimientos que dejan consecuencias al momento de que la noche pasa, hay circunstancias en las que simples humanos no tienen la capacidad de tratar con las manifestaciones de peligros que son de índoles inusuales; es allí donde el enviado actúa, es allí en donde Balthazar toma el protagonismo y por supuesto, la tarea de averiguar lo que acontece en casos de extrema rareza…, como el presente.
Sangre negra coagulada, y mordidas que se extienden a lo largo de la piel del vampiro; una batalla entre dos seres de similitud fisiológica, sin embargo, en la que solo uno se alzo como el vencedor. Balthazar analizaba la piel seca del cadáver próximo a descomponerse en medio de una nube de polvo que sería arrastrada por el soplido del viento a la distancia, hasta deshacerse en el olvido.
Símbolos de desesperación y de una presente energía bastante inusual; excéntrico por la forma en que los huesos se deformaron ante la presión de una mordida que carece de un atributo, que carece de una coherencia en manifestación; ningún patrón de mordisco coincide con el otro, cosa que resulta en sí bastante extraña.

Balthazar le dio bastante vuelta al asunto. A la distancia, el sol se comenzaba a poner y la azotea del edifico en donde se diagnosticaba esta especie de necropsia sobrenatural. Ante la aparición del sol, un fuerte tibio terral sopló, deshaciendo el cadáver del vampiro en medio del viento matutino. La investigación había comenzado.

Balthazar coincidió con algo en medio de su investigación; pese a que este había muerto, el susodicho adverso al fallecido, yacía con heridas, por ende, no habría de andar lejos. El bosque sonaba como escondrijo tentador; cincuenta metros de distancia solamente…

¿Serían las sospechas de Balthazar correctas? Acompaño sopló del viento con el amargo sabor de la nicotina. Un portal se abría al costado del Taumaturgo, portal al que el hombre ingreso y desapareció.

Una mañana jugando al gato y al ratón, en donde el ratón había sido tan astuto como para dejar algún rastro de sospecha, o al menos, no muchos para estimular la certeza del cazador de excentricidades.

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❝ —Una temporada fuera de caza; vivir de hacer nada sonaba tentador, pero más tentador sonaba la idea de introducirse en una sociedad y tratar de vivir de forma integral con el entorno que le rodea. Se afeito la barba y se hizo un corte de pelo; genero un vestido bastante apropiado y su fragancia de viajero desapareció de una manera tan simple como si de bostezar se tratase, reemplazando su antiguo aroma nada agradable por una fragancia más dócil y seductora a las fosas nasales. Se arreglo la corbata y se peinó de forma decente; El profesor Balthazar estaba entrando en acción.
El vestido era decente, una camiseta de marca y unos pantalones de tela negro que encajaban perfectamente con sus zapatos; un cinturón que le hiciera conjunto, buscando fomentar una aguda presencia con el simple mirar, todo con el propósito de incitar a buenas opiniones en su primer día de clase en esa institución estudiantil.

Eran las ocho de la mañana. Armado con su reloj de bolsillo y un vaso plástico que contenía el café de su desayuno, emprendió camino a las afueras de su departamento, hasta la parada donde esperaría pacientemente al transporte público que le dejará lo más cerca de la Terminal Este; veinte metros de donde se asienta el complejo universitario. El transporte llego y tan cual como llego, retomo la ruta hacía la terminal donde Balthazar tomaría la iniciativa de docente.

Mientras el transporte avanza, es inevitable que el pensamiento de; “¿lo haré bien?” se vuelva principal aperitivo de desayuno; el café amargo, su favorito, no era capaz de noquear la distracción provocada por los nervios, y así fue durante todo el viaje hasta que el transporte dio el veredicto de que se encontraban en la estación del Este, lugar del desembarque del novato profesor.
Aspiro aire en sus pulmones y lo suspiro por sus labios, concentrando su ritmo cardiaco; ni cazar abominaciones lo volvía tan nervioso. Salió del transporte y con su primer paso a las afueras de la terminal, todo empezó.

El profesional, Balthazar, Corazón de León, se aproximaba paso a paso hasta el campus universitario. Cuando toco el césped de la instalación, el sonido de la campana se manifestó; ya eran las nueve y media de la mañana. El primer día de la jornada universitaria había comenzado, y los estudiantes estaban obligados a asistir a la primera clase que le correspondían.

El profesor de química, pacientemente espero a que todos en la clase entrasen. Pronto manifestaría su épica introducción…, por lo que mientras tanto…, aun los nervios lo seguían matando.
Ya era hora de entrar al aula.
El profesor Balthazar abrió la puerta y se manifestó a pasos lentos y perfectos, con una postura al caminar que demostraba una enorme disciplina. Se coloco frente su pupitre, y al levantar la mirada, un centenar de escritorios y mesas, repletos por estudiantes que esperaban al inicio de la clase, se manifestaban frente al mismo.
Trago saliva y procedió a continuar.

[center][big]Comenzó la clase. [/big][/center]

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❝ —Doce de la noche en punto. Hedor a nicotina, channel y alcohol como principales fragancias que componen el panorama de una cantina a la que Balthazar había asistido durante un descanso de su jornada como docente, y también de su principal profesión como cazador de excentricidades. Un dulce piano, seductor por cada murmullo exclamado en armónica melodía que suena provocadas por las dóciles manos de una mujer de cabello rojo junto a la orquesta musical de sus espaldas. Cada tecla que presiona le roba el aliento al cazador, que siempre tuvo una amplia debilidad a la melodía, y mucho más si cuando el principal factor que domina su cordura es la amarga nicotina mezclada con la pestilente esencia del alcohol.

Con cigarro en mano, posiciono el mismo sobre sus labios y de sus dedos la chispa se encendió. El león rugió, pero de cansancio; tantos años peleando contra el mal no le habían dado la dicha de poder ser él quién se sumergiera en las tentaciones mundanas que el mundo moderno le ofrecía a vagabundos o víctimas de las emociones durante una noche de febrero.

Sigue escuchando el piano; extrañamente suena tan perfecto. Su vista se mantiene concentrada en la entidad que manifiesta cada tecla que resuenan dentro de las cuatro paredes del establecimiento. Su visión, torpe, enfoca a la mujer que parece volar encima del escenario ante la magnifica escena que plasmaba frente los presentes; todos atraídos, cegados como moscas ante faro de luz por la magnitud del talento..., seducidos de forma tan atroz por demoníacas notas musicales.

Botellas de champán desplomadas en el suelo y ceniza de cigarro esparciéndose por el aire con la más fina banda sonora de fondo. Balthazar se eleva de su lugar, algo inestable y escucha como la maldad se regocija en cada sonido proveniente del piano; embriagantes como el mismo alcohol, pero tan maléficos que lograron hasta cautivar temporalmente al emisario de Dios.

—Un demonio. — Murmuro para sí mismo. Su mirada sigue en esa silueta que yace en el escenario, tocando tan cual caricia a un amante cada tecla del fino instrumento.

¿Que debería hacer?; cazar o simplemente observar..., disfrutar solo por hoy. Tentaciones mundanas; placer y música. El Rey mago titubea en sus acciones sobre que hacer y que no hacer ante la situación en que se encontraba frente la demoníaca entidad que yacía a diez metros de él, sobre el escenario.

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Sir Balthazar | Blog | iOrbix
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