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Un encuentro fortuito con una joven, una historia de amor frustrado, dos caminos que se separaron por malas decisiones, dos corazones destrozados.

Dos culpables, dos dolientes, dos personas que se amaron, que se aman y se amaran.

El amor puede llegar a ser el estado de la vida más intenso, que trae felicidad, un sentimiento que puede hacer sentir a los que lo experimentan un renacer constante en cada mañana, con tan sólo un saludo del ser amado.

El amor aquella emoción que originó la vida y que ayuda a conservarla.

Hoy al ver a esos dos enamorados, me acordé de ti, a tantos años de tu partida, como cada noche tu ausencia se hizo presente.

He llorando tu partida y deseado reencontrarme contigo, todo en vano pues sé que nuestro adiós fue para siempre.

A pesar de todo cada día espero poder volver a verte.
 
 
La mañana transcurría como cualquier otra en esa ciudad. Las personas entregadas a las exigencias vanas de su vida mortal, preocupados por su día a día. Deseando cosas materiales que no pueden tener, peleando entre sí por situaciones sin importancia, emociones negativas y positivas prevalecían en ese lugar, smog, ruidos de automóviles, gente gritando, música de todo tipo, risas, un sin fin de sonidos algunos imposibles de identificar entre la multitud y la propia naturaleza de la metrópoli.

Si, en efecto era un día cualquiera en la ciudad, las personas se disponían a vivir como un rutinario día más de sus vidas ¿Qué tenía de especial? Eso era lo que unas horas después todos descubrirían. Iniciaron las clases, se entró a trabajar, se anunciaba um simulacro, um trágico recuerdo para ese lugar ¿Eso era lo especial del día? Seguramente las viejas generaciones, eso pensaron.

La vida actual nos hace olvidar las cosas más importantes de la vida, nos preocupamos por situaciones tan banales, frivolidades, nos atormenta lo material. En las grandes urbes es común ver el desapego entre las personas, la disminución de la empatía, no estrechar lazos, generar rivalidades.
Este día ¿Cuántos salieron de sus casas enojados con sus parejas, padres,hijos? ¿Cuántos quizás discutieron con sus vecinos, hermanos? ¿Cuántos más llevaban preocupaciones tan grandes que olvidaron alegrarse de haber iniciado un nuevo día?

La vida siempre nos ayuda a recordar, lo que es valioso y ese día muchos lo recordaron.

El reloj marcaba las 13:14 p.m el suelo comenzó a moverse poco a poco cobrando fuerza, provocando un estado alerta y caos en todo el lugar, las personas en ese instante recordaron por breves segundos lo finita que es la vida, sus instintos los llevaron a tratar de ponerse en un lugar seguro, no la razón, al menos no en todos. Segundos de pánico y caos reinaron en el lugar, una vez que todos se veían con vida, inició una segunda fase de estrés localizar a todos aquellos que aman, aquella tecnología que la actualidad nos brinda, incluso para contactar personas de otros continentes, ese día nos falló hasta para comunicarnos con aquellos que se encontraban a unas calles de distancia.

Una fase más llegaría para marcar este día, cuando la información comenzó a circular por los alrededores, entonces nos dimos cuenta de la realidad y magnitud del daño.

Una escuela derribada por la naturaleza, las victimas en su mayoría niños de no más de siete años, cientos de manos se fueron sumando a los pocos minutos para ayudar a aquellos pequeños cuya vida cambio dramáticamente en unos segundos. Sus suaves voces se oían entre los bloques de cemento, la cadena humana de mano en mano removían las piedras.

¿La lección del día? El corazón del hombre aunque se vea endurecido, las pruebas que exceden sus propios límites logran alimentar las emociones más puras de los mismos. Es en situaciones así, cuando los milagros se ven, cuando los ángeles aparecen. ¿Milagros, ángeles? sí de esos palpables, aquellos que se ajustan perfecto a las definiciones espirituales, pero que son representados por simples hombres, sin poderes extravagantes, sin inmortalidad de por medio.

El silencio se hace en el lugar, un rescatista se percata de una voz, el riesgo de entrar es inminente el resto del edificio puede caer en cualquier instante, cientos de manos se mueven para remover todo lo que pueden, el grupo de rescatistas comienza a moverse, después de unos minutos de silencio abrumador, en el que puedo asegurar que los latidos de los corazones parecían ser lo que más se oía....por fin el milagro llegó emergió cual ángel con un pequeño en sus brazos.

Esas almas valientes, son verdaderos ángeles, esos sobrevivientes son los milagros que a veces la vida nos permite ver.
 
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Sora Livitenko | Blog | iOrbix
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