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[center]✧ ✧ ✧[/center]
[c=#802D2D][center]𝘈𝘯𝘥 𝘐'𝘥 𝘤𝘩𝘰𝘰𝘴𝘦 𝘺𝘰𝘶:

𝘪𝘯 𝘢 𝘩𝘶𝘯𝘥𝘳𝘦𝘥 𝘭𝘪𝘧𝘦𝘵𝘪𝘮𝘦𝘴,
𝘪𝘯 𝘢 𝘩𝘶𝘯𝘥𝘳𝘦𝘥 𝘸𝘰𝘳𝘭𝘥𝘴,
𝘪𝘯 𝘢𝘯𝘺 𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘰𝘯 𝘰𝘧 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘪𝘵𝘺...

𝘐'𝘥 𝘧𝘪𝘯𝘥 𝘺𝘰𝘶 𝘢𝘯𝘥
𝘐'𝘥 𝘤𝘩𝘰𝘰𝘴𝘦 [b]𝘺𝘰𝘶[/b].[/center][/c]

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/20/02/77/-A--4TEjg92Jv-b.gif]
[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/20/02/78/-A--6sMDni7vk-b.gif]
[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/20/02/79/-A--UKsbcap9w-b.gif][/center]
 
 
El reloj digital de su interfaz virtual, bañándole el rostro con su luz artificial blanquecina, estaba programado con una exactitud rigurosa: 23:58.

Tan sólo dos minutos y escasos segundos la separaban de EL día.

Secretamente, Asuna había estado maquinando acerca de ello toda la semana; la dispersión deliberada a la que su mente la había estado arrastrando, una y otra vez, en un bucle inacabable, le había valido más de un llamado de atención por parte del comandante Heathcliff durante la última misión de reconocimiento en los calabozos superiores.
Pff. No era como si fuera a bajar la guardia, a morir o algo... Simplemente los engranajes de su mente se hallaban más inquietos de lo habitual. ¿Qué tan malo era eso? No mucho si podía justificar la razón.

23:59.

Tomó aire, alimentada por la anticipación, y pronto se incorporó, procurando moverse con cuidado sobre el colchón de su cama compartida.
Una risilla silenciosa se derramó entonces de entre las comisuras arqueadas de sus labios, aguardando la cuenta regresiva del segundero, siguiendo el conteo en su mente tan pronto éste alcanzó la última decena: 10, 9, 8...

Quizá para él no significara mucho. Tal vez ni siquiera recordara el día en el que se lo confesó, pero ella... Ella no había podido evitar marcar con un círculo verde aquella fecha en su calendario como si no existiera ninguna otra: Octubre 7.

[b][center]⁘[/center][/b]
Cierto era que las horas de sueño en SAO eran sagradas; lo sabía. Era, quizá, la única función biológica real que tanto el cuerpo como su réplica virtualizada realizaban a la par: cuando se dormía en el juego, el cerebro entraba también en un reposo apacible, descansando de todo estímulo. De modo que... Sí, despertar a alguien allí seguía siendo tan reprochable como despertar a alguien en el mundo real luego de una larga jornada laboral, pero... aún así...

[center]7, 6, 5...[/center]
Debía hacerlo. ¡Una vez al año no iba a matarlo!

[center]4, 3, 2...[/center]
Su mano acarició suavemente el hombro del chico de cabellera azabache que reposaba a su lado. Lo sacudió y llamó su nombre un par de veces en un murmullo almibarado.

Aguardó a que abriera los ojos y se incorporara, como era su costumbre, con aquel sopor adormilado que no le daría tiempo a reaccionar.

[center]1...[/center]
Inclinándose sobre él, sus brazos lo rodearon. Su boca halló naturalmente su camino hasta la suya, sellando sus labios con un beso.
[center]
[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/18/62/48/-A--WkEHpzzbo-b.jpg]
[/center]
[center][b]00:00 - Octubre 7[/b][/center]
—[c=#BF8F60]Feliz cumpleaños, Kirito-kun. ♡[/c] —simplemente no habría podido dejarlo pasar.
 
 
[b]18:31 - ʜᴏʀᴀʀɪᴏ ᴅᴇ ᴀɪɴᴄʀᴀᴅ.
ᴍᴀᴢᴍᴏʀʀᴀꜱ ᴅᴇʟ ᴇᴠᴇɴᴛᴏ - ᴅᴇꜱɪᴇʀᴛᴏ ᴅᴇ ᴋᴀᴍᴅᴇᴛ; ᴘɪꜱᴏ 74.[/b]

El horrible sonido de la muerte. Aquel característico efecto de sonido mortuorio de los cuerpos estallando, uno tras otro, en cientos de fragmentos de luz poligonal: aún podía oírlos… aún podía verlos danzar frente a la conmoción oscura de sus ojos, perplejos, como si fueran dos fosos sin fondo.

A pesar de que los muros a su alrededor se erigían duros e inamovibles, la enorme estructura del laberinto parecía querer tragársela hasta obstruir sus vías respiratorias.

¿Cómo? ¿Cómo habían llegado a eso?

Asuna sacudió la cabeza, presa del pavor, cuando un nuevo alarido −profuso, ronco− se hizo eco de su agonía: otro cuerpo se desintegraba sin que ella pudiera hacer nada.
Su boca se había abierto sin emitir ningún sonido y un grito de muda desesperación rasgó su garganta cuando la afilada cornamenta de la bestia híbrida, que se erguía sobre sus dos patas traseras, atravesó los anillos de hierro forjado de la pechera de su decimosegunda víctima como si estuvieran hechos de cartón mojado.
Los siempre rosados labios de Asuna perdieron su color hasta volverse blancos y trémulos como la hoja suelta de un diario aún sin escribir. Un paso secundó al otro en un retroceso tímido, pasmado. ¿Qué? ¡¿Qué podía hacer?!

—[c=#BF8F60]Imposible...[/c] —la mano derecha que empuñaba su estoque se estremecía, demasiado consciente del verde brillante que comenzaba a menguar en su indicador de vida, amenazando con apagarse hasta convertirse en un amarillo opaco, señal de peligro.

Imposible. Imposible enfrentarse a un Jefe así.

[center][b].
.
.[/b][/center]


[b]3 ʜᴏʀᴀꜱ ᴄᴏɴ 27 ᴍɪɴᴜᴛᴏꜱ ᴀᴛʀáꜱ.
ᴅɪꜱᴛʀɪᴛᴏ ᴄᴏᴍᴇʀᴄɪᴀʟ ᴅᴇ ᴀʟɢᴀᴅᴇ; ᴘɪꜱᴏ 50[/b].

Por tratarse de un día que iba a conllevar una convulsión equiparable a un temblor de tierra, la jornada había empezado con una calma de lo más engañosa. El Teleport de la plaza central había sido el punto designado para el encuentro. Un total de catorce jugadores se habían reunido voluntariamente en torno a la plataforma para llevar a cabo una misión:

[b]“¡El [i]‘Autumn's bellow’[/i]![/b] anunció con entusiasmo infantil y a viva voz, el último en integrarse al equipo, casi desgañitándose de alegría. Se trataba de un joven, probablemente próximo a la edad de Klein, de un cabello castaño muy brillante y toneladas de energía. Había llegado a trote, acompañado de otro grupo de cinco hombres; todos ellos ataviados de blanco y rojo, sin excepción. Las presentaciones no hicieron falta, aquellos rostros no eran desconocidos para Asuna, todos ellos eran miembros del KoB ([i]Knights of the Blood[/i]), Gremio del que ella era subcomandante.

El plan constaba de un guion previamente esquematizado. Era simple: reportarse en Algade, formar la [i]party[/i], reunirse con Argo ‘La Rata’ en un callejón de la ciudad, obtener de ella el mapa más actualizado de la mazmorra del esperado evento autumnal, para entonces moverse hacia el desierto de Kamdet, donde −los rumores auguraban− esperaba el mejor premio de la temporada: un [i]drop[/i] en cofre de un total de 8 MegaCol (el doble en costo de lo que a Asuna le había salido su −para nada modesta− vivienda amueblada en el centro de Selmburg).

[b]“Se dice que, además, hay una recompensa bonus: una pista para vencer al [i]boss[/i] del piso siguiente”[/b], continuó el joven con su forma tan casual de comunicarse [b]“también se rumora que el evento podría estar disponible de nuevo en tres años. ¡Tres años! ¡¿Pueden creerlo?!”[/b] Nadie cuestionaba la exhaustiva labor que Argo llevaba a cabo para obtener información de primera, sin embargo… ¿Realmente Kayaba Akihiko planeaba extender la durabilidad de SAO por tanto tiempo? A esas alturas, Asuna estaba segura de que cada miembro del equipo había llegado a una síntesis similar: sus cuerpos −los reales− difícilmente podrían soportar tanto tiempo de inactividad vegetal, postrados en una cama de hospital. De modo que… el momento era ‘ahora o nunca’. Además, 8 MegaCol era, sin lugar a dudas, una recompensa jugosa.
A sabiendas de cuál sería el premio, algunos habían sido impulsados allí por simple y llana codicia; otro tanto, un pequeño Gremio que recientemente abría sus puertas con un modesto número de cinco integrantes, aspiraban al reconocimiento; un puñado aún menor, el restante, se hallaban allí por la adrenalina ingenua de la aventura. Y ella... por amor.
El costo de su luna de miel les había valido, tanto a ella como a Kirito, la venta total de todos y cada uno de los ítems raros que albergaban en su inventario, pero, aun así, su pequeña casita forestal había valido cada centavo... Ahora era tiempo de restaurar las pérdidas y Asuna había hallado la ruta fácil. Obtener la recompensa final del evento de otoño, incluso con un botín dividido entre cada miembro de la [i]party[/i] y la correspondiente cuota destinada al gremio, seguía siendo lo suficientemente elevada como para sorprender a Kirito; reponer los gastos sería su forma de sorprenderle, de agradecer cada instante de dicha, cada capricho que él había decidido complacerle desde su retiro transitorio de las líneas delanteras.

La llave al éxito; el camino fácil.
O eso había pensado.


[center][b]⁘[/b]

[quote][c=#802D2D][b]«Pᴏʀ ᴀᴍᴀʀ ᴀʟ ᴛᴏʀᴏ ʙʟᴀɴᴄᴏ ᴅᴇ ᴄʀᴇᴛᴀ
ꜱᴇ ʜᴀ ᴅᴀᴅᴏ ᴀ ʟᴜᴢ ᴀ ᴜɴ ᴍᴏɴꜱᴛʀᴜᴏ (...)

¡Lʟᴀᴍᴀᴅ ᴀ ᴅéᴅᴀʟᴏꜱ!
Qᴜᴇ ᴄᴏɴꜱᴛʀᴜʏᴀ ᴜɴ ʟᴀʙᴇʀɪɴᴛᴏ.

Dᴏʏ ʟᴜᴢ ᴀ ᴍᴀʀɪᴏɴᴇᴛᴀꜱ ᴅᴇ ᴘᴏʟᴠᴏ ʏ ᴏᴛᴏñᴏꜱ:
7 ʜᴏᴍʙʀᴇꜱ ᴀ ʟᴏꜱ qᴜᴇ ꜱᴇñᴀʟé ᴄᴏᴍᴏ ᴇʟᴇɢɪᴅᴏꜱ,
7 ᴍᴜᴊᴇʀᴇꜱ qᴜᴇ ᴅᴇꜱᴀᴘᴀʀᴇᴄɪᴇʀᴏɴ ᴇɴ ʟᴀꜱ ᴇꜱqᴜɪɴᴀꜱ.»

Tᴀᴍᴀñᴏ ɪᴅᴇᴀʟ ᴅᴇ ʟᴀ ᴘᴀʀᴛʏ: 14 ᴘᴇʀꜱᴏɴᴀꜱ[/b].[/c][/center][/quote]
Rezaba la ventana del evento que, con un toque de una mano, se desplegó ante los ojos de la subcomandante a cargo, a esperas de que la [i]Quest[/i] fuera aceptada.

Ninguna indicación más. Nada más allá de aquella leyenda fungiendo de epitafio. Tal como los rumores afirmaban, las características del evento estaban cifradas bajo una pista temática y, a menos que alguien −un jugador, o un grupo de ellos− decidiera aventurarse dentro de sus murallas laberínticas, la naturaleza total de lo que se hallaba en las entrañas del [i]dungeon[/i] seguiría siendo un misterio. Todo era tan nuevo que ni siquiera Argo, la indiscutible comerciante de información de todo Aincrad, había sido capaz de obtener datos validados del Boss, como ser el valor indicativo de sus puntos de HP, velocidad de ataque, habilidades, ni mucho menos las características y tasas de daño que envolvían a un arma también desconocida.

Misterio o no, ya se encontraban allí y la retirada era inadmisible.

Sin más, Asuna pulsó el botón azul circular de la ventanilla virtual emergente. Con un sonido preprogramado las pesadas compuestas de piedra del calabozo se abrieron y lo primero que sus ojos detectaron fue la oscuridad alquitranada que navegaba entre el frío sepulcral del estrecho corredor que daba su bienvenida al grupo. Nadie dijo nada, no hizo falta. La duda más recelosa se instaló en cada uno de ellos: «Laberinto de Creta»; en el fondo todos sabían qué esperar.

No sería la primera vez que SAO contaba con un evento que traía a sus tierras el recordatorio de alguna historia del “otro mundo”, es decir, el real. A modo de acertijo o, quizá, como tributo a los gustos de su creador, aquel evento no podría ser muy distante a lo que Asuna asumía sería semejante a aquella memorable, aunque un tanto disparatada, [i]Quest[/i] con temática del Mago de Oz que habían tenido que completar para ganar su preciada cabaña del Piso 22.


[center][b]⁘[/b][/center]

[b]“¡Ahí! ¡Allí adelante! ¡Puedo verlo![/b] El entusiasmo se levantó entre los presentes, especialmente para aquel joven rubio de media melena (un jugador nuevo en las líneas de defensa y, aunque líder de su pequeño gremio, el de menor nivel del grupo de incursión), que exclamó al hallarse de frente con el último corredor, no demasiado largo pero sí lo bastante estrecho, que desembocaba en una recámara circular de gran acústica.

Nadie podría haber dicho que fue fácil. Los corredores del laberinto eran en extremo intrincados y demasiado oscuros a pesar de las antorchas de luz azulada que se adherían a cada lado de los muros. Dos horas y media habían demorado en alcanzar la cámara central, la habitación del [i]boss[/i], sin embargo, la ausencia de centinelas a lo largo y ancho del dédalo latía con fuerza haciendo que la sospecha fuera absoluta.

No. No había sido fácil de alcanzar. Pero tampoco hubo tropiezos ni sustos que justificaran que aquel fuera el gran evento de la temporada. Y, además, el Jefe lucía como…

—[c=#BF8F60]¿Un becerro?[/c] —señaló ella, entre un ligero parpadeo y otro.

Una trampa. No podía ser de otra manera; tenía que serlo. Era eso o una broma de muy mal gusto patrocinada por Kayaba Akihiko, porque… si de situaciones de mal gusto se debía hablar, él era el experto—. [c=#BF8F60]¿[i]Inma… turo[/i]?[/c] [c=#BF8F60]¿[i]"Inmaturo"[/i]?[/c] —leyó allí arriba, por encima de la cabeza del animal, el nombre que coronaba una barra de vida tan exigua como la de aquellos jabalíes que habitualmente rondaban el Campo Occidental, setenta y tres pisos más abajo en la Ciudad de Los Inicios.

Asuna no era una experta en el tema, pero había sido una estudiante modelo, lo suficientemente buena y despierta como para haber reparado en las clases de Literatura Clásica Occidental donde, de vez en vez, palabras provenientes del latín adornaban aquellos textos de difícil escritura tan distante al japonés.

¿Inmaturo? La imposible idea infestó su mente como una semilla, germinando su sospecha allí.

Inmaturo. Inmatūrus: —[c=#BF8F60]No está maduro…[/c] —balbucearon sus labios al tropezar con la verdad, pero ya era demasiado tarde.

Para ese momento, el joven rubio de antes no se detuvo hasta haber alcanzado el centro de la estructura radial. Dándole impulso a su pequeña hacha de mano cayó de lleno sobre el pequeño animal que, al verse cercado por el filo de la hoja, dejó escapar un bufido polvoriento. La expresión dentro de los ojos del becerro escondía una llama de un rojo fulgurante y su mirada se deshacía y rearmaba a sí misma con una ferocidad violenta, ajena al ser indefenso que se mostraba allí de pie.

—[c=#BF8F60]¡Detente! ¡No lo hagas![/c] —ella lo había notado… Asuna había visto todo en medio de aquellos ojos carmesí que parecían querer consumirlo todo, pero su advertencia no había sido advertida. Sus brillantes ojos avellana se congelaron ante la escena y todo su cuerpo se enfrió, empezando desde las yemas de sus dedos, expandiéndose por todo el camino hasta el centro de su cerebro.

Una explosión de luz estalló ante el impacto del hacha que en un segundo se deshizo en el aire, haciendo añicos su durabilidad.
El empedrado bajo sus pies tembló y, de entre medio de todo, la cabecilla antes pequeña de la criatura duplicó su tamaño varias veces, perdiendo el aspecto angelical de un becerro inmaduro. En su lugar, un enorme hocico se ensanchó en una fila de dientes afilados como puntas de flecha, enmarcados por cinco barras de vida que ondulaban junto a su oreja. Imponentes cuernos nacieron desde el centro superior de la cabeza al instante en el que su enorme cuerpo se irguió sobre su columna, perdiendo su condición cuadrúpeda.
Las fosas nasales de la ahora bestia exhalaron una vaharada caliente que consiguió hacer retroceder a la línea de tanques. El nombre sobre su cabeza sufrió entonces un temblor que desbarató su orden natural, generando un anagrama.

Las letras colisionaron, se mezclaron y superpusieron hasta alinearse y revelar la nueva identidad, la verdadera: [b][c=#802D2D]Mɪɴᴏᴛᴀᴜʀ.[/c][/b]


[center][b].
.
.[/b][/center]

[i]El horrible sonido de la muerte; aquella imborrable visión de los cuerpos estallando en polígonos de luz…[/i]
[center].
.
.[/center]

Tan sólo lo vio caer pesadamente sobre los bloques de granito que formaban el suelo y, luego, todo se emborronó.
Asuna corrió al encuentro del último miembro caído de su [i]Guild[/i]; un cristal verde se precipitó en sus manos en un intento en vano de restaurar sus puntos de vida al borde de la extinción. —[c=#BF8F60][i]Heal![/i][/c]—, prorrumpió su voz, pero nada ocurrió.
Un último susurro resbaló de los labios de aquel joven de hebras castañas que poco tiempo atrás había contemplado tan repleto de vitalidad en la plaza central de Algade; el último en unirse a su gremio, el último en perder su vida en la redada. Asuna se quedó inmóvil viendo cómo su cuerpo amenazaba con fragmentarse entre sus manos mientras intentaba controlar su respiración.
Su conciencia se volvió un zumbido, las manos le temblaron y, entonces, todo acabó con un estallido de luces que consiguió reducir a uno lo que antes había sido una flagrante [i]party[/i] de catorce jugadores.

Sólo ella quedaba en pie ahora.

El imponente [i]boss[/i], aquella bestia de enorme cornamenta, rugió arrancándola del trance al que la pérdida la había arrojado. Entonces, su mente se aclaró al reparar en un solo detalle: aquella era un área anti cristales.

[center][b]⁘[/b][/center]

Nada tenía sentido… Cada uno de los caídos, todos habían sido guerreros habilidosos, en su mayoría de alto nivel. Entonces, ¡¿cómo era siquiera posible?! Trece personas −sus vidas− habían sido barridas de un soplido.

Uno por delante de otro, sus pies se precipitaron en una huida frenética. Debía alcanzar la arcada, salir de la habitación central y dejar atrás la travesía. No había forma de que ella pudiera hacerlo sola, incluso con su actual nivel y posición.

Justo cuando creyó que perdería la última gota de aire que quedaba en sus pulmones, la punta blanca de su botín alcanzó a traspasar la línea que separaba la cámara del resto de la estructura de la mazmorra.
Un rugido feroz resonó a sus espaldas, haciéndola girar a medio trayecto del corredor que la sacaría de allí, pero entonces algo ocurrió: el gigantesco jefe había traspasado lo que usualmente suele ser el sector que delimita su zona de movimientos, quebrantando el patrón común que regía como ley universal [i]"Los monstruos jefes nunca abandonan la habitación que protegen". [/i]

—[c=#BF8F60]No puede… ser…[/c] —exhausta y a completo retroceso, su mirada no se apartó un instante de lo que sus ojos veían, cayendo en cuenta de su nueva realidad: el laberinto en su totalidad era la cámara del [i]boss[/i]. ¡Debió suponerlo! La apariencia sólo era un juego visual, el verdadero calabozo y su jefe final se habían activado y dado inicio desde el instante en el que había pulsado el botón que daba comienzo al evento.

Siete campanadas sonaron desde alguna parte, liberando en tandas de siete a centinelas que no podía ver, pero que sí alcanzaba a oír merodear a través de ecos enronquecidos que circundaban los pasillos a oscuras.

Terror.
Una pesadilla.

El temible minotauro daba inicio a la contienda con el primer [b][i]bramido del otoño[/i][/b].

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/17/70/59/-A--HrLgeAcQk-b.jpg][/center]
 
 
[center]✧ ✧ ✧[/center]
[c=#802D2D][center][b]「[/b] 𝘈𝘯𝘥 𝘐'𝘥 𝘤𝘩𝘰𝘰𝘴𝘦 𝘺𝘰𝘶;
𝘪𝘯 𝘢 𝘩𝘶𝘯𝘥𝘳𝘦𝘥 𝘭𝘪𝘧𝘦𝘵𝘪𝘮𝘦𝘴,
𝘪𝘯 𝘢 𝘩𝘶𝘯𝘥𝘳𝘦𝘥 𝘸𝘰𝘳𝘭𝘥𝘴,
𝘪𝘯 𝘢𝘯𝘺 𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪𝘰𝘯 𝘰𝘧 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘪𝘵𝘺...

𝘐'𝘥 𝘧𝘪𝘯𝘥 𝘺𝘰𝘶 𝘢𝘯𝘥
𝘐'𝘥 𝘤𝘩𝘰𝘰𝘴𝘦 [b]𝘺𝘰𝘶[/b]. [b]」[/b][/center][/c]

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/09/83/29/-A--tqAT6GFiQ-b.gif][/center]
 
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