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[b][c=#2D8056]— 14 de marzo de 2017, 22:00 Hotel Ravel —

La fiesta estaba en su mayor apogeo, globos dorados y azules por doquier, las serpentinas volaban sobre las cabezas de los invitados que presenciaban alucinados el gran pastel que se acercaba en medio del imponente salón. De pronto sonó la típica melodía de feliz cumpleaños a la vez que del pastel salía ella sólo ataviada con un atrevido traje de lencería de ilusión transparente y aplicaciones de diamantes cantando al festejado mientras unos hombres le ayudan a salir de aquel pastel mientras se acerca al hombre sonrojado por la sorpresa combinado con el alcohol que ingirió desde tempranas horas. Ella le besa en la calva mientras se sienta en sus piernas pidiendo vivas para el cumpleañero a lo que los invitados alzan las copas en plena algarabía.

Ella pregunta a las empleadas donde hay un lugar para cambiarse de ropa a lo que una de ellas la lleva a un cuartito ubicado en la zona de vigilancia de aquel hotel a lo que se mete y con prisa se quita el traje y ponerse otro conjunto de lencería y encima, un vestido negro corto, guantes largos, mantilla y zapatos del mismo color de su vestido. Mientras se arreglaba, se miró al espejo repasando su atuendo y no pudo más. Rompió a llorar desesperada, de la nada mientras las sirvientas le tocan la puerta preguntándole si todo está bien a lo que ella responde que le alcancen un vaso de agua; la criada corre hacia la cocina regresando con un vaso de agua tocando la puerta otra vez. Abre para extender la mano y arrebatar el vaso de agua de la mano temblorosa de aquella mujer cerrando la puerta de un sólo golpe. Deja el vaso en el velador de aquel cuarto sacando de su maleta una caja de ansiolíticos para tomar cuatro de ellas y tomarlos con un trago enorme de agua dejando que pase unos minutos para limpiarse las lágrimas, componer su ropa saliendo de aquel cuarto. Las criadas le preguntan si se encuentra bien, responde con una dulce sonrisa que sólo fue una simple crisis producida por el estrés y que por favor lleven su maleta al cuarto del festejado pero que no la abran bajo ningún concepto.


— 14 de marzo de 2017, 24:00 Piso 14, cuarto 1400 —


— Ven pollita, ven, pequeña Marina dime que me tienes de regalo.


La voz sibilante del hombre sonaba por toda la habitación mientras ella estaba en metida en el baño tratando de controlar su asco hacia aquel hombre de voluminoso estómago y calva brillante. Ella sólo decía que se espere por unos momentos que ya estaría lista mientras su móvil no dejaba de sonar, sabía que aquella melodía correspondía a los AWACS aquellas criaturas que se comprometió a “cuidar” en aquella mansión, propiedad de su marido fallecido y que estaba casi encerrada por obligación. Esas misiones que le encargaba el hombre llamado “Crow” le consumían la cabeza y las máquinas le recordaban lo obsesionado que estaba Alain con la tecnología. Tomó una dosis más de ansiolíticos para calmarse y apagar luego el móvil cuyo sonido le estaba taladrando el cerebro.

Al fin salió ataviada con sólo una bata de seda negra cuyas transparencias hacen denotar que no hay nada debajo de esta escasa prenda, se acerca al hombre para darle pequeños sobre esos labios arrugados a lo que él le palmea el trasero con lujuria susurrando palabras en un malísimo acento francés cosa que ella detesta con toda su alma. Se aleja de su cliente para preguntar si tiene cigarrillos, él algo frustrado le ofrece la cajetilla mientras ella saca un cigarrillo para encenderlo caminando hacia el ventanal y abrirlo de par en par para fumar observando el cielo y luego hacia abajo por unos segundos cuando las manos del hombre rodearon su cintura y la atrajeron de nuevo a la habitación; le empezó a besar del cuello hundiendo la nariz en su piel mientras ella sigue fumando evitando a la par de que él le quite su prenda. El hombre le vuelve a susurrar palabras melosas en el oído, pero adicionalmente le susurra un nombre lo cual ella se vuelve con violencia mirando al varón con un gesto de reproche.

— A ella no la pronuncies. Ella es una niña aún, ¿estás loco? Así me quieras pagar el monto más alto no te la daré, es como mi hermana pequeña así que te sugiero no la nombres.

— ¿Qué tiene de malo, Marina? Ella es una niña, sí, pero tampoco es un infante. Tú te iniciaste incluso a una edad temprana, ¿por qué no iniciar también a esa pequeña muñeca? Los hombres darían miles por estar con ella. Anda no seas egoísta y hazme una cita con ella.


Entonces, empieza la discusión entre ella y su cliente mientras ella toma un cenicero estrellándolo en la pared, el hombre le confiesa un secreto. Él fue uno de los militares que la maltrató y le quitó el ojo aquel fatídico día. Entonces pierde el control de sus actos alzando la voz y culpándolo de todo lo malo que le había pasado, de aquel parche, de su encierro luego casi en un descuido le confiesa su misión con Crow, lo que ella calla de pronto avanzando al baño encerrándose otra vez para llorar desconsoladamente y desesperada por aquella situación que se ponía álgida a cada segundo. Ella toma su última caja de pastillas, lápiz y papel escribiendo varias cosas saliendo luego con la hoja en una mano y las pastillas en la otra.
Empieza a ingerir de golpe aquel bote luego combinándolos con un buen trago de whiskey para comenzar a reírse, el hombre la mira extrañado tratando de acercarse a ella para quitarle la botella y las pastillas para razonar con la joven, pero ella empieza a cantar una nana que le cantaba su nana cuando aún no había sido iniciada en ese maldito negocio por su padre mientras las lágrimas negras manchaban sus mejillas sin dejar de beber agitando de vez en cuando el papel en su mano derecha para por fin romper la botella en el suelo con un seco golpe para irse nuevamente al ventanal abriéndolo para apoyarse en la cornisa. Entonces el hombre alarmado le ruega casi llorando que no se tire a lo que ella sólo atina a reírse de la actitud llorona de su cliente mientras se balancea sin dejar de reírse. Él toma el teléfono del servicio a la habitación para solicitar que la seguridad suba y traigan a la policía y a una ambulancia.

Le ruega nueva cuenta que no haga alguna tontería, que le pagará dinero por el daño que le hizo; ella niega varias veces para sonreírle de manera dulce al hombre y darle un beso volado para tirarse al vacío sosteniendo con fuerza aquella hoja manteniendo esa dulce sonrisa cayendo con un seco golpe encima de un elegante Mercedes Benz propiedad de su cliente. La seguridad llega a la habitación preguntando por Marina a lo que el hombre en medio del llanto señala el ventanal para que aquellos se asomen ahogando un grito de horror al ver a la joven tirada en el medio de ese auto.


—15 de Marzo de 2017, Calle Ravel 02:00 am —

La policía, la prensa y los curiosos se acumulan en aquella fría calle para presenciar el levantamiento del cadáver de Marina, ya la ambulancia había ido para verificar su estado. Su cara estaba destrozada, pero aquella sonrisa no había desaparecido de sus labios dándole un aspecto grotesco, pronto, llegan dos hombres vestidos de blanco. Altos, ambos con bigote y de aspecto sombrío apartando a los curiosos para tomar de la mano de Marina aquel papel sólo dice “Todo lo mío es ahora de Samantha Wilker” también se puede ver una dirección a lo cual uno de ellos gruñe con desgano colocando los dedos en el cuello de la mujer comprobando que increíblemente presenta un débil pulso susurrando en idioma francés al otro. La cargan para llevarla a una ambulancia, la policía los detiene, pero ellos sólo dicen que son la ambulancia del servicio del seguro de la mujer y que ellos son los únicos autorizados a llevarla, que pronto darán noticias de la muerte de aquella mujer a la prensa. Evitan en todo momento que los periodistas se acerquen a tomarles fotos, acuestan el cuerpo en una camilla poniéndola en la ambulancia dando indicaciones al chófer para que ya se vayan de allí. Una vez ya alejados de las miradas ambos hombres se miran mientras otro le da “primeros auxilios” a Marina indicando que la lleven pronto a un hospital a lo que ellos sólo dan órdenes que la lleven a una clínica dando la dirección al conductor para llevarlos lejos.

Una vez dentro de aquella clínica alejada de todas las miradas curiosas, el doctor que la atiende sólo le dicen que espera, que milagrosamente después de ese accidente ella está viva, pero sus probabilidades son pocas para despertar a lo que tienen que esperar a que reaccione.

— Nunca pensé que esa se iba a matar, tiene cojones la mujercita.

— Tendremos que vigilarla hasta que se despierte, si se muere, lo único que queda es quemar el cadáver y tirar sus cenizas hacia la nada.

Aún Marina se encuentra en observación.[/c][/b]
 
 
[center][c=#2D8056][b]Uno, chubby bunny, dos, chubby bunny, tres, chubby bunny,
¿Cuántas bolsas de marshmallows estás comiendo? Pregunta la voz silenciosa,
Respondes que cuatro bolsas de esas grandotas y blancas que parecen nubes de algodón,
Cinco las veces que intentaste vomitar aquellas golosinas con todo el odio visceral que te rodea,
Seis son los marshmallows que te tragaste porque la glotonería te ganó.

Uno, chubby bunny, dos chubby bunny, tres, chubby bunny,
¿Cuántas bolsas de marshmallows estás comiendo? Pregunta llorando el estómago torturado,
Respondes que ya deje de fastidiarte, que no se entrometa en el objetivo que te propusiste,
Anda, mátalo lentamente, el ácido agridulce de tu hígado hará su trabajo fiel,
Al final, cualquier cosa que hagas será bien recompensada.

Uno, chubby bunny, dos chubby bunny, tres, chubby bunny,
¿Cuántas bolsas de marshmallows estás comiendo? Lees en tu diario todos los días,
Respondes escribiendo como idiota que deseas ser como las modelos,
¿Acaso no puedo tener talla cero?, ¿qué hay de malo en ello? derramas la mina del lápiz,
Cierras el diario y lo arrojas a las fieras del olvido, al rincón de los acusados.

Uno, chubby bunny, dos chubby bunny, tres, chubby bunny,
¿Cuántas bolsas de marshmallows estás comiendo? Señalan tus dedos largos y bonitos,
Respondes que las necesarias hasta que revientes y ellos hagan lo que tú y ellos saben,
Introducirse hasta el fondo de tu garganta, raspando con las uñas pintadas de negro todo el interior,
Revolotear como luciérnagas rabiosas todo lo desagradable que hay en ti.


Uno, chubby bunny, dos chubby bunny, tres, chubby bunny,
¿Cuántas bolsas de marshmallows estás comiendo? Comenta el reflejo de aquel espejo,
En tu delirio escuchas cuchichear a los objetos de tu habitación sombría,
"Que flaca que está" "¿Hasta cuando va a parar? "La ropa le queda enorme"
Pero igual, el ritual de mirarse en el espejo hasta que veas un esqueleto no parará.

Uno, chubby bunny, dos chubby bunny, tres, chubby bunny,
¿Cuántas bolsas de marshmallows estás comiendo? Te preguntas mientras vas al baño,
Siete bolsas enormes de esas rosadas mientras lloras y maldices por dentro,
Ocho las veces que vomitas todo lo que ingeriste de forma exagerada,
Nueve litros de lágrimas botadas en todo tu bonito vestido azul,
Diez minutos son los que gritaste "ya basta" una y otra vez para caer desmayada al suelo.


Uno, chubby bunny, dos chubby bunny, tres, chubby bunny,
¿Cuántas bolsas de marshmallows estás comiendo? Te susurra despacito Mia,
Las suficientes mi reina hecha de vómito, tristeza y frustración, respondes,
Mientras ella te anima a levantarte del piso donde yaces cuando no puedes más,
para continuar con tu meta de pesar lo mismo que la nada.
[/b][/c][/center]
 
 
[b][c=#2D8056]Chocolates, caramelos, helado, crema pastelera, panecillos, frutas, agua, café, limonada. Y eso no es suficiente para calmar mi apetito. Me lo meto a la boca con toda la fe del mundo y con más hambre (y eso que estuve sin comer por varias horas) cuando me voy a mi sofá y abrazo a mi peluche favorito mirando el reloj en forma de gatito cuyos ojos saltones parecen juzgar lo que estoy haciendo.

Le hecho la culpa a mi "estrés" a que voy creciendo, aunque me vea exactamente igual. No, miento, no me veo igual; estoy más delgada, más cansada, más débil, pero que importa eso si no le hago a nadie, si yo compro la comida con algún dinero que me cae de por allí, sólo que no me gusta lo que veo frente al espejo todos los días y lo necesito, en serio que lo necesito porque es mi única manera de escape, mi forma de sentirme mejor, de completar la caja aunque esta esté llena de vacío.

Entonces, el momento llega en el que ya no puedo contener más la comida y corro al baño a encerrarme por más de media hora devolviendo en cada ataque de tos el vómito de desilusiones, rabia, frustración, soledad, los dulces que hacen que mi cara tenga una expresión angelical aunque en realidad sea una mocosa odiosa. No paro de toser, no paro de meterme los dedos hasta el fondo de mi asqueroso interior. Salgo de allí tranquila, liberada (hasta ahora no sé de qué) para ir a tomar una jarra de agua helada y un par de mentitas para disimular mi aliento a muerto, así haya cepillado mis dientes como treinta veces, luego me siento abrazando a mi peluche mientras siento la mirada inquisidora de mi reloj en forma de gatito, dejando que pasen las horas para volver a la cocina a buscar otra vez comida, pero no hay. La refrigeradora está más vacía que mi estómago.

La mañana llega y una vez más me surto de comida de todo tipo, veo que la gente observa algo asustada el que yo compre tanto; mientras una amable señorita me atiende por que sí. Veo mi lánguida figura que se refleja en los vidrios de la puerta de aquella tienda, más flaca que un palillo chino; sin gracia, casi que la ropa me baila y amenaza con caerse en cualquier momento, pero logro sonreír, pagar a la chica e irme canturreando cualquier canción que sale de mi cerebro remojado en café (mentira, tomé café con leche y un paquete de galletas de chocolate y coco) regresando a casa caminando porque así quemo más calorías ¿calorías de qué?.

Llego a casa y me preparo galletas con mermelada, ensalada de papa, fideos sin salsa, pastel de queso, chocolate amargo derretido, pimientos quemados y muchas cosas que compré, cosas que acabarán en mi estómago en cuestión de minutos dentro de esa orgía de comida ingiero pastillas, bebo jarabe para la tos todo sazonado con leche de magnesia y picante en polvo. Con tal de vomitar todo soy capaz de comer mi propia mierda cubierta de azúcar y es que soy extrema, extrema con mi vida, extrema con mi cuerpo, pero que importa. Lo que importa es que me siga quedando mis uniformes de colegiala, los vestidos de princesa y toda esa porquería de disfraces que hacen que yo me convierta en la linda niña que todos aman.

Las horas pasan una vez más mientras veo "Taxi Driver" en la tele disfrutando de un tarro grande de palomitas con mantequilla y una botella enorme de Coca Cola, casi llegando al estado de la excitación en mi pequeño cuerpo cuando escucho a Robert De Niro hablarme —Are you talkin' to me? — ¡Sí, sí te hablo a ti! como quisiera tener a un hombre como aquel personaje. Un tipo duro, que me de un buen golpe por hacerme daño, que de una cachetada me lleve a la realidad, que me grite. No, no veo a nadie y de nuevo voy a vaciar la caja en el baño que ya me toca limpiar mientras vomito y digo como una oración aquella frase "Are you talkin' to me?" mientras me da una arcada y expulso todo hasta ver rojo en mi boca y borroso el techo cayendo al piso del baño con la boca abierta delirando de placer.


¿Qué hora es? No lo sé, no tengo noción del tiempo. Me levanto del suelo con un espantoso dolor de cabeza y la ropa oliendo a basura. Sí, dormí sobre mi propio vómito y hasta me oriné encima sin darme cuenta; limpio todo con paciencia para luego tomar un baño, veo mi cuerpo en el espejo: Pequeño, delgado y fácil de romperse, tomo el baño y luego una vez más tomo café con leche. (miento de nuevo, fue café con leche, galletas de chocolate y coco y una Coca Cola ligth) para ir a dormir profundamente mientras sueño que Robert De Niro susurra en mi oído — Are you talkin' to me, Sammy? — y río como estúpida para que a mitad de la noche termine de vaciar la caja y una vez más tome una jarra con agua y dos mentitas.

Y los días y las tardes y las noches seguirán así comiendo sin parar, vomitando sin control, viendo "Taxi Driver" obsesionada con Travis Bickle, soñando que me saca del infierno en el que yo misma me he metido.

Todo con el objetivo de completar la caja llena de vacío.[/c][/b]
 
 
[c=#60BF8F][b]15 de octubre.

Una vez más me encuentro en su departamento, me prometió darme peluches, dinero y algo de comida a cambio de que lo acompañe a enseñarle a manejar bicicleta, sólo unas horas y ya había aprendido a manejar más o menos. Daniel es un buen hombre, dice que me quiere y adora mis cambios de color de cabello, aunque su favorito es el color rosa; dice que me hace ver más tierna y adorable, como olvidar cuando lo conocí una mañana mientras repartía publicidad de una dulcería vestida de rosa y blanco con unas orejas de conejo en la cabeza y un calor monumental en la calle aumentando mis ganas de salir corriendo y olvidar que me iban a pagar quince dólares y un paquete de galletas a lo que él como un ángel vino a salvarme de la humillación y de las miradas a mi traje de conejito.

Me llevó a su departamento y me pidió que me quite el traje de conejo frente a él, no tenía que avergonzarme de nada ya que debajo llevaba mis jeans y una blusa negra, me di la vuelta para que baje el cierre del disfraz, pero lo hizo de una forma tan lenta que pensé que se había quedado dormido. Me olvidé que la blusa es abierta en la parte de atrás y que él estaba viendo mi espalda con detenimiento y que sus manos me obsequiaban el más delicioso masaje que nunca había tenido en mis cortos años; un suspiro con sabor a gemido salió de mi boca culposo, pero él lo escuchó y sólo se limitaba a reírse. Ese día almorzamos, jugamos vídeo juegos...y nos bañamos juntos. Después me regaló dinero, comida y dinero para comprar cosas con la única promesa de que "me portara bien" ¿Portarme bien?, Le pregunté si significaba bañarme a su lado y él con esa sonrisa de pícaro me dijo que sí.

Y siguieron las visitas, sus compras, los cariñosos besos en la frente, los largos baños juntos en los que pasaba la esponja por mi espalda y aquellos besos robados, no me interesó cuando su novia nos vio juntos. Ese día estaba sentada en sus piernas mientras él me leía un cuento. Con mi gesto de inocencia le conté que sólo era su hermanita... hermanita, que dulce palabra. Me agrada cuando me lo dice "eres mi hermanita" cuando besa mis muslos o cuando las burbujas con olor a lavanda nos embriaga los sentidos, "hermanita" cuando nos tocamos mutuamente tumbados en su cama, "hermanita" cuando se acuesta encima mío rozándome hasta perder el aliento, "hermanita" cuando intentó robar mi virginidad, pero lo detuve, "hermanita" cuando le besaba su hombría pasando mi piercing por toda su extensión, "hermanita" cuando me explica lo que es tener sexo, "hermanita" cuando me amarra las manos, "hermanita" para todo, "hermanita" la excusa perfecta para que me des todo lo que quiero y cuando me de la gana con la única condición de que porte bien contigo como tu hermanita.

Tu hermanita, mi querido hermanito mayor...[/b][/c]
 
 
[center][c=#60BF8F][b]Sólo soy una princesa inútil, una niña bonita de cabello negro,
Purpura, rosa, azul, según la situación. Me niego a crecer,
Me niego rotundamente a ser mujer,
Porque quiero conservar aún mi candor de chiquilla malcriada.

Siento que quiero reinar sobre un mundo de ciegos,
De hombres hambrientos de tener a una virgen en sus camas,
De mujeres envejecidas por la envidia y el tinte de cabello,
Gobernar en un lugar donde las emociones son una amalgama multicolor,


Mi reino es un sencillo sofá marrón desvencijado por el tiempo,
Sobre el deposito mi cuerpo y empiezo a soñar las más locas ideas,
Es mi fortaleza, mi palacio de Versalles, el más bello del mundo,
Es mi cama, mi refugio, es sólo mío y lo conseguí a cómodas cuotas.

La indumentaria que llevo también es única como yo,
Blue jeans rotos, camisas anchas, zapatillas viejas,
Como joyas mis piercings que denotan mi naturaleza extraña,
Y como siempre mi corona de plástico adornando mi sagrada cabeza.

Y así soy yo, una loca princesa psicodélica de emociones flotantes,
Con ideas bizarras de exquisito sabor a frambuesa,
Fuera de lo convencional,
Fuera de lo llamado normal.
[/b][/c][/center]
 
 
[c=#8F60BF][b]Bueno, sé que nadie de igual manera lo va a leer, pero de todas maneras dejo esto por aquí porque es mi única manera de desahogarme (creo).

Debido a las críticas, bullying, personas tóxicas y cosas de ámbito muy a parte de mi mundo de rol decidí que ya Marina y Samantha deben de no aparecer más seguido por aquí porque a nadie (creo que a la mayoría) les gusta el rol de una prostituta y una niña rebelde que cambia de color de cabello seguido.

Desde que inicié con Marina todo el mundo se me vino encima y no concebía el hecho de que una persona haga de una prostituta en rol. Simplemente es algo que me apetecía hacer, porque de magas, hechiceras y brujas que se hacen las santas, pero, hacen follirol hasta más no poder me aburría. A parte también vi el rol de chicas "sexys" que de sensuales no tenían un pelo, eran más bien vulgares y su rol era patético que me agobiaba, Marina es una mujer que si bien sabe de su oficio y es buena en lo que hace, es una mujer elegante, refinada y educada con el que la conoce, ¿creían que ella iba a ser una puta vulgar como el resto? Se equivocan, tampoco el hecho de hacer ese rol me dedique a hacer "follirol" 24 x 7, simplemente la gente que me agregaba y de frente se osaba a que les hiciera cosas y encima con mala ortografía lo mandaba a mi lista de ignorados.

Sami, una chica de eterna belleza infantil de catorce o quince años que se niega a crecer, ama los peluches y darlos a los que se merecen y tratar de hacer amigos, y sí, señores, Sam es una "loli" pero no de las que abundan acá de rosado perfil y las que se tapan los ojos si escriben la palabra "sexo" y se asustan con ver a un hombre desnudo, ¡por favor! ¿a quién quieren engañar? Eso lejos de verse tierno, es realmente hipócrita y hasta gracioso de ver. Samantha tiene una apariencia encantadora y se ve dulce a simple vista, pero en el fondo es una pendeja que sabe lo que quiere, lo busca y simplemente lo obtiene sin poner en riesgo su integridad física. Una chica inspirada en la Lolita de Nabokov. Graciosa, inocente, bonita, pero muy avispada que saca partido a su juventud y atractivo para obtener lo que desea. Esa es Sami, no una idiota que se la pasa subiendo imágenes de anime loli y está todo el tiempo "de buen humor".

A parte de ello, me he cruzado durante mi estancia con personas demasiado tóxicas que aún no separan el mundo rol con el mundo real, ¡carajo, despierten! Tantos años que tengo en este mundo y aún hay personas que no aprenden que hay una delgada línea entre ambas vidas, no sé si son niños nuevos o los mismos de siempre con otros personajes que siguen jodiendo al mundo con su mala onda.

Mi trabajo también me tiene apartada de aquí, porque cubro el turno de madrugada y solamente vengo a casa a dormir, a hacer unas cosas y ya. Sólo podría venir en los días en que me toque descansar, pero no creo que sea posible, pero trataré de estar aunque sea un rato sólo para ganar moneditas y dar abrazos. Rol no creo que haga porque no vale en parte la pena seguir insistiendo.

Y... eso es todo, gracias a los que son mis amigos por este medio, gracias por compartir con mis niñas un rato agradable. Les estoy eternamente agradecida por esos ratos de risas, apoyo y rol, aunque haya sido poquito. Pasaré por aquí para dejarles un saludito, un abrazo y quizá Sam les deje un Kirby.

¡Gracias totales!.[/b][/c]
 
 
[c=#BF608F]— ¿Acaso nunca tú?... ¡No me lo creo! ¿Aún eres virgen?

Digo de manera jocosa mientras te observo caminar de aquí a allá con aquellas bolsas llena de peluches y dulces que te había pedido a cambio de que tuvieses esa "cita" conmigo, ¿qué hicimos? almorzamos, fuimos al zoológico, al centro comercial para modelarte los vestidos que quería comprar. Al final, me querías llevar a un lugar privado a pasarla bien. Yo, dentro de mi ingenuidad acepté porque me dijiste que me invitarías un batido de fresas y acepté; me llevaste en tu auto a tu casa, una vez allí tu madre (mujer canosa de casi cien años, ciega y con batita de flores) te saludó y te llenó de quejas, de las cuentas, de los mandados, de la enfermera, que se ensució en la cama y sólo me presentaste como tu alumna a lo que yo extendí la mano a la señora y un fuerte olor a orines, heces e inmundicia inundó mi nariz e hice lo posible para forzar una sonrisa amable mientras aquella mujer me mostraba una sonrisa desdentada cuyo aroma bucal casi hizo que me desmayase en el acto.

Me llevaste escaleras arriba hacia tu habitación, típica de soltero cuarentón que aún vive con su madre, decorado con fotos de modelos, cantantes, discos de vinilo que ya ni existen, una montaña de papeles con escritos y un álbum de fotografías de jovencitas de mi edad, hasta niñas de ocho años en poses provocativas, en ropa interior y hasta desnudos que hizo que cayera en cuenta de que querías de mi. Pero no te la iba a dejar fácil, no dejaría que un hombre con pinta de responsable y figura paternal acabase con lo único preciado que me queda de mi "inocencia" Así que me decidí a seducirte a que me tomaras fotos, pero nunca acceder a acostarme contigo.

Siento tus manos ahora, rodear mi cintura mientras hueles mi cabello ahora rosa y me preguntas por que cambié el color, respondo que lo vi de una revista y me gustaba mucho ese color; respondes que el pelirrojo me queda mejor y escapo de tus manos arrugadas y callosas, voy a la ventana a respirar un poco de aire, ya que no soporto el aroma raro que emana de ese lugar. Otra vez, agarras mi cintura y retiras mi cabello descubriendo mi cuello al cual le das un cariñoso beso; gruño, porque odiaría que me dejases una marca allí y sólo te limitas a recitarme "Annabell Lee".

[i]
[center]Yo era un niño y ella era una niña
en este reino junto al mar
pero nos amábamos con un amor que era más que amor
—yo y mi Annabel Lee—
con un amor que los ángeles sublimes del Paraíso
nos envidiaban a ella y a mí.[/center][/i]


— Pero, ya tú no eres un niño... — Dije mientras suspiraba despacio, un tanto aburrida, un poco apurada por irme de allí. A veces tu voz me encadila, es seductora, grave y cadente como una canción de saxofón; pero no puedo evitar sentir asco por ti, por tu apariencia y tu urgencia de verme todos los días, ¿Acaso jugamos a ser Lolita y Humbert Humbert? Parece que sí, porque a veces me dices que soy como el personaje de Nabokov: Traviesa, inocente, pura pero maliciosa y yo opto una vez más por sonreír con el mero objetivo de complacerte a pesar de que la ando pasando mal porque al igual que tu madre tu olor es insoportable por muy traje limpio y planchado que tengas. Una vez más escapo de tus manos y me siento al borde de la cama y una blanca, espesa y olorosa mancha me hace levantar de la cama, te maldigo y digo muchas cosas las cuales sólo bajas la cabeza pidiéndome perdón, que patético eres y te ofreces a cambiar la sábana a lo cual me levanto de la cama y lo haces con la premura de una ama de casa. En eso se escucha la estridente voz de tu madre gritar de que le vayas a dar su pastilla de la hora y bajas maldiciendo; una vez sola me pongo a espiar más de tu habitación, no veo nada emocionante, hasta que me topo con varias fotos tuyas vestido de mujer, puesto una peluca con coletas y siendo penetrado por un negro; empiezo a reventar de risa por las cosas que leo en tu diario donde encontré esas imágenes horrendas. "Soy una niña mala, castígame, soy una putita, ¡Dame más fuerte! " escondo las fotos y corro hacia la ventana como si nada pasara y una vez más coges mi cintura para seguir recitando aquel poema hasta terminar.

Me volteas y observas lo que llevo puesto. Pantalón jean que le llega hasta las rodillas, camiseta corta de mangas largas con rayas verticales azules, zapatillas negras y el cabello suelto, ordenas que me quite la ropa para tomarme unas fotos. Pregunto si me darás lo que compraste para mi y respondes que sí con un tono ansioso difícil de disimular a lo cual sólo asiento como si nada pasara y empiezo a quitarme la ropa frente a ti como si estuviera sola y sólo quedo con unas pantaletas de Hello Kitty cruzando los brazos cubriendo mis inexistentes senos, a los cual tu sólo te quedas como imbécil mirando como te observo con un gesto amargo cuando cualquier hombre me tiraría al suelo y violarme hasta quedarse sin energía, sólo te limitas a tomar fotos en todos los ángulos hasta que hago algo que ni tú te lo esperabas: Me quito las pantaletas mostrándome totalmente desnuda ante ti, pero tú ni al caso sólo me tomas fotos, incluso me indicas posar encima de tu cama, abierta de piernas, de rodillas, cubriéndome con la sábana y tu cara es una oda al pervertido violador de niñas más grande de todos los tiempos, veo que de tu boca sale una fina línea de saliva espumosa, como la de un perro con rabia en celo, pobre imbécil si supieras que sé de tus secretos y tus fotos de mariquita con negros grandotes.

Señalas la cama para que me acueste sobre ella mientras te colocas en mi costado y con un dedo recorres mi cuerpo entero, mientras miro al techo queriendo que todo termine, entonces te hago la misma pregunta del inicio, ¿Así que eres virgen? y sólo asientes mientras haces forma en mi vientre mientras evito reírme en tu cara estúpida repleta de huellas de acné. Aparté tu mano cuando iba a llegar a aquel lugar que veías con una estúpida devoción y sólo repetías "es lisa, hermosa, rosada, pura, como te adoro" di por terminado tus oraciones de fanático y me levanté aduciendo que debía de volver a casa, que ya estaba oscuro y sólo asentiste. Pero antes de vestirme te di un último regalo, me empecé a toquetear suavemente mientras observaba tu patética expresión tomando una vez más la cámara tomándome fotos hasta que me cansé y me vestí cogiendo las bolsas y te pedí dinero lo cual bajaste a la velocidad de la luz y una vez más volviste a gritarle a tu madre mientras tomabas su cartera y sacabas varios billetes los cuales me dabas y me fui sin despedir, demasiado incómoda, pero al final feliz de descubrir tu secreto de gay de closet. Te gusta seducir a niñas inocentes, pero te dejas penetrar por negros musculosos.

Al fin al cabo, quizás tengas razón y sea como Dolores Haze. Una niña inocente que se las sabe todas para sacar provecho de mi belleza y juventud. Una pendeja adolescente que se congracia con tu dolor estúpido y valerme de los oscuros secretos de algunos adultos pervertidos que aun viven con sus madres.[/c]
 
 
[center][c=#2D802D]Hace dos años y un día que no roleo con él,
hace dos años y un día en que no lo he vuelto a ver,
y aunque he roleado con nekitos he aprendido a vivir sin su épico rol,
pero, al ir olvidando que existía, de pronto una noche se conectó.

¿Quién es?
Soy yo, tu patner de rol,
¿Que vienes a buscar?
Tu rico rol hentai,
Ya es tarde,
¿Por qué?
Porque ahora soy yo la que te elimina de mi perfil.

Por eso vete,
olvida mi nombre,
mi facebook, mi whatsapp,
y date la vuelta,
jamás te pude comprender,

Vete, olvida mis orbes,
mis falanges, mis belfos,
que no te desean.
estás mintiendo yo lo sé.

Vete, olvida que existo,
que me agregaste a Iorbix y no te sorprendas,
olvida las largas noches de rol que tuvimos,
que tu para eso, tienes experiencia.

En busca de otras necesidades, un día marché,
de un mundo de roleras bien sabrosas que no encontré,
y al descubrir que la mayoría eran fujoshis y futanaris volví,
porque quería que tu fueras la única que me ukeara a mi.

Adiós,
acéptame otra vez,
me tengo que desconectar,
te mando un starter, baby,
Adiós,
¿Por qué?
Porque ahora soy la que te elimina de mi perfil.

Por eso vete,
olvida mi nombre,
mi facebook, mi whatsapp,
y date la vuelta,
jamás te pude comprender,

Vete, olvida mis orbes,
mis falanges, mis belfos,
que no te desean.
estás mintiendo yo lo sé.

Vete, olvida que existo,
que me agregaste a Iorbix y no te sorprendas,
olvida las largas noches de rol que tuvimos,
que tu para eso, tienes experiencia.[/c][/center]
 
 
[center][c=#2D8056]Se muy bien, que soy multicuentas,
pero el día en que todas estas mueran,
se que tendrás que llorar,
¡Llorar y llorar, llorar y llorar!

Sé muy bien que no me quisiste,
y con un nekito hentai te fuiste,
y con un "te miro y te zonrio" te vas a quedar.

Con roleo y sin roleo hago siempre lo que quiero,
y mi trama interesante es del ley,
no tengo foro, ni grupo de facebook, ni nadie quien me comprenda,
pero sigo siendo el rey.


Mi conciencia rolera en el camino,
me enseño que mi destino,
es rolear y rolear,
¡Rolear y rolear, rolear y rolear!


Después me dijo un roler supremo,
que para el follirol no hay que acabar primero,
pero hay que saber follirolear.

Con roleo y sin roleo hago siempre lo que quiero,
y mi trama interesante es del ley,
no tengo foro, ni grupo de facebook, ni nadie quien me comprenda,
pero sigo siendo el rey.[/c][/center]



[Ahí les la ranchera del roler. Espero que les guste, no es con mala intención. <3 ]
 
 
[c=#2D802D]La tienda donde aquel amable viejo atendía le da la bienvenida una vez más, puso en la mesa una bolsa de papel de esas de comprar pan y dispuso sus ahorros, cincuenta billetes de un dolar y unos cuantos centavos. El hombre examina el rostro de la pelirroja con esa sonrisa cansada y le palmea el hombro con gesto conciliador y hasta paternal; ella lo rechaza y niega un tanto incómoda aquel contacto de parte del dueño de la tienda de juguetes. Sólo se limita a sonreír caminando hacia la bodega dejándola sola mientras ella con su triste mirar recorre la tienda una vez más palmo a palmo observando fascinada los juguetes hechos a manos de ese señor. No se dio cuenta que él la miraba con aquella mezcla de ternura y hasta de admiración porque a pesar que la dejaba sola por unos minutos; no se lleva nada de la tienda. La llama para capturar su atención mientras coloca el bello oso de peluche disfrazado con un bello vestido de princesa color aguamarina, con velos en las manguitas y en el ruedo de la prenda en color plateado, las orejitas adornadas con listones y una rosa blanca en la manita derecha del juguete.

No puede disimular la alegría y la emoción que le embarga tener aquel muñeco, mas que ello. Es gracias a sus pequeños ahorros que consigue haciendo recados o ayudando a algunas personas a hacer tareas sencillas que le permiten tener ese dinero para comprar lo que de verdad le hace sentir contenta. [/c]

[i][c=#0000E5]— ¿Por qué te gusta tanto comprar muñecos de peluche—[/c][/i]

[i][c=#BF60BF]— Son mis únicos amigos, ellos no me abandonan ni me hacen daño, Kitty es mi amiga y me escucha, también siento su consuelo cuando a veces me pongo a llorar, con mis peluches no me siento tan sola, son mis verdaderos amigos. —[/c][/i]

[i][c=#0073E5]— ¿Acaso no tienes amigos de verdad? ¿Sabes? Hay muchos chicos y chicas allá en la calle que pueden ser tus amigos y escuchar tus problemas, darte un consejo cuando lo necesites, reírte con ellos, bromear. Ya sabes. —[/c][/i]

[i][c=#BF60BF]—No, no necesito esos amigos, porque son malos, los adultos también son malas personas y me quieren hacer daño. Estos peluches nunca me dejarán sola. —[/c][/i]

[i][c=#0000E5]—Sammi, algún día vas a conocer a un joven y te enamorarás, ¿no has visto a aquellas parejas en la calle? —[/c][/i]

[i][c=#BF60BF]—No, porque yo no soy bonita. Soy una odiosa y se irán con otra chica, ¡Ya basta, Erik! Dame mi peluche ahí esta el dinero. —[/c][/i]


[c=#2D802D]No quería seguir con el hilo de la conversación, aquello en cierta forma le hace daño. Ya ella tiene su peluche, el viejo su dinero y se va a aquella casa abandonada al que llama hogar. Logra entrar con dificultad para ir hacia el sótano donde tiene su sofá cama y una repisa la cual acondicionó como hogar pasa sus pequeños muñecos de felpa de todos los colores, tamaños y formas. Su favorito es un oso de peluche de color marróncon una costura en lugar de ojo y con un solo brazo el cual abraza con cariño; es su oso de peluche que tiene desde niña, el único recuerdo que tiene de su infancia. Juega con el, lo pasea por su roja cabellera para finalmente saltar sobre el sofá cama riéndose, sintiéndose feliz en aquel lugar desordenado junto a sus muñecos.

Se cansa y se sienta dejando al oso a su lado. Coge un viejo cuaderno y un lápiz mordido para pasar las hojas donde practicaba su escritura, ya que ella no desarrolló bien esas habilidades. [/c]

[b][i][c=#BF60BF][quote]Mis peluches son mis únicos amigos, los únicos que me quieren, me comprenden y me cuidan. Cuando estoy triste, ellos me escuchan en silencio y cuando lloro, Brownie me consiente y me dice que todo está bien, que deje de llorar porque soy una buena niña y que me va a proteger de todos los malos. Kitty me acompaña a tomar el té y conversamos de varias cosas que me pasan, mis peluches son mis verdaderos amigos con ellos no me siento tan solita. [/quote][/c][/i][/b]

[c=#2D802D]Escribe con caligrafía infantil un tanto entendible para cerrar el cuaderno y ponerlo a un lado acostándose sobre el sofá cama abrazando fuerte a su peluche, un sollozo suave se logra escuchar, para después de unos minutos todo se quede en silencio.[/c]



[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/01/99/49/26/Samantha-Wilker-dOzSu46jq-b.jpg][/center]
 
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Sophie Bach | Blog | iOrbix
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