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Caminando aquella vez por el parque, en una tarde en los últimos días de otoño; observando la delicadeza con la que se desplazan las hojas de las copas de los árboles hacia el suelo, de tonalidades muy similares, pero cada hoja con una peculiar diferencia que la hacía única. El sol, que comenzaba a ocultarse tras las montañas y estas lentamente se empezaban a cubrir de blanco para la llegada del invierno tras el término de esta estación, con sus últimos rayos que iluminaban el cielo con las tonalidades de un naranja claro, incrementando su intensidad tornándose lentamente hacia un rojo; mezclándose ambos colores llegando a un rojo carmesí. Pareciendo que el cielo estaba envuelto en llamas, y que las hojas de los árboles traspasadas por los rayos del sol parecían pequeñas llamaradas que estaban a punto de extinguirse.

En la caminata que realizaba por estrechos caminos de concreto, mi mirada se desvió y permaneció fija, en el centro del parque, una chica que se encontraba sentada al borde de una fuente moderadamente grande, en la cual hay una representación de Orfeo en el centro. Aquella chica de cabellos de trigo, posada ahí con su mirada cálida que matizada con sus ojos color verde, sus labios carnosos que vestían de un labial rojo sangre, los finos y delicados rasgos que definían su rostro, que ningún hombre podría trazar en alguna pintura, al mirarla a ella tan sólo por unos cuantos segundos el concepto de “belleza” adquiría un nuevo sentido. Su cuerpo delgado pero bien definido, y su blanca y tercia piel que con gran fervor la hacía tal chica inimaginable, que ningún hombre pudiera tan siquiera haber podio imaginar. Acercándose a ella note que jugueteaba con el agua, deslizando los dedos sobre el punto de tensión en la superficie del agua. Sin saber el porqué, mi cuerpo parecía moverse solo.

Mi mente procesaba este comportamiento inusual en mí y después de unos segundos note que tomaba dirección hacia ella. No hacia ruido en mi caminar, pero la chica volteo a mirarme justo en el momento en que me ponía de pie enfrente a ella, es como si supiera que venía hacia ella (y lo supongo porque tenía su miraba fija en el agua y el ambiente a su alrededor no la distrae en lo más mínimo). Con una seña de su mano me invita a sentarme junto a ella. Sentado en la orilla de la fuente, la mire fijamente a los ojos, sólo nos mirábamos sin pronunciar alguna palabra pero nuestras miradas parecían que tenían una conversación. La fragancia que su cuerpo emanaba era embriagadora que tal aroma era por mucho superior a cual otra esencia que haya podido oler en mi vida.

No sé si era una tarde en la cual hacía calor pero mi cuerpo comenzaban a sentir un calor bochornoso, por alguna extraña razón al parecer ella también sentía un incremento en la temperatura de su cuerpo, desabrocho dos botones en su blusa dejando así descubierto la parte superior de sus pechos. Su furor se asía manifiesto en su rostro. Levanto su mano con la cual jugueteaba con el agua tomando con ella un poco de agua y la vertió sobre su cuello, cada gota deslizándose con la delicadeza sobre su cuerpo, humedeciendo un poco su blusa y volvió a tomar un poco de agua con su mano y la vertió sobre su rostro, cerrando sus ojos y refrescándose. Yo tome mi camisa con mi mano derecha y la abanicaba para amenizar el calor.
Me miro fijamente al abrir sus ojos, se acerco a mí y sujeto mi rostro con sus manos, yo hice lo mismo. Un mechón de su cabello caía y cubría su rostro, moví el mechón haciéndolo a un lado. Nuestros rostros estaban frente a frente separado por unos centímetros uno del otro, cerró los ojos y lentamente acerco sus labios a los míos y me dio un beso tan dulce, tan cálido -que sólo se podría describir así para no caer en una hipérbole-
 
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Adam Arclight | Blog | iOrbix
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