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Ghost Boy

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/54/23/90/Danny-Phantom-icWsxgRqn-b.jpg][/center]

[i]Cada día es lo mismo[/i], quería poder decir. Cada día era una nueva aventura con sus chiflados padres, energéticos, brillantes y excéntricos cómo nunca antes visto por el adolescente. Un nuevo invento, una nueva idea para contactar el “más allá”. Invertían una cantidad considerable de dinero en sus aparatos para cazar fantasmas, el sótano necesitaba estar expertamente organizado para poder navegar entre invenciones fallidas y en proceso. Jazz los detestaba por ello. Los detestaba cómo una joven detestaba quedarse sin señal o una conexión débil con el internet. Sí, eran una familia “normal” a pesar de todo.

El fracaso más reciente de su padre: “El Portal de Fantasmas” provocó que el voltaje en su casa se debilitara, difuminando la iluminación neón en su habitación y en el resto de la casa. Alzó su mirada a las luces, más que acostumbrado a incidencias así, pero escuchó algo que envió terror a su pubescente corazón: estática en la tele. – [b]¡No, no, no, no, no![/b] – Dejó el mando sobre la alfombra, el cable alargado hasta la consola que ya no respondía al subir y bajar del interruptor por más que reclamó. Gruñó un poco, golpeando el mando en el suelo antes de recapacitar, antes de recordar que tendría que ahorrar para remplazar la consola por su cuenta. – [b]No puede ser.[/b] – Cerró sus ojos, frotando sus cabellos negros entre los dedos para contener la ira y ansiedad. Se centró con un suspiro profundo, poniéndose de pie para ir a investigar.

[b]¡Dile a esos locos que todo esto quedará escrito en mi autobiografía![/b] – Gritó su hermana mientras el menor pasaba por el marco de su puerta abierta, ella leía un tomo de: “Cómo sobrevivir la adolescencia con psicoterapia.” La indiferencia característica de su generación, a su edad, ya comenzaba a sembrarse en su cabeza, haciéndolo dejar de lado el dolor de su soldado caído. Completamente inconsciente de que esta sería la última vez que bajaría aquellos ruidosos escalones con vida.

El sótano estaba despejado, más iluminado que el resto de la casa en neón blanco. De suelo brillante y paredes cubiertas en planos, teorías y tablas de inteligencia central que contenían de todo desde periódicos hasta teorías absurdas de famosos que podrían ser fantasmas. [i]Los fantasmas no existen[/i] se había dicho una y otra vez, sabiendo que su hermana era la más cuerda en la familia y que sus padres los habían agraciado al no heredarles su locura.

Se sentó en la silla giratoria de su padre, enorme y aún cálida al toque por la huella que dejó el corpulento científico. Suspiró, olvidando un instante el murmullo de aquella máquina que hizo que frieran su entretenimiento. Gradualmente el sonido se hacía más vibrante y fácil de captar entre el otro mundo de aparatos electrónicos en aquella oficina casera. Al rabillo de su ojo izquierdo miraba la máquina cuando le ganaba la curiosidad al desencanto. Desvió el hielo en sus iris por la oficina, encontrando el overol blanco y negro que sus padres habían confeccionado para él ( al lado del de su hermana, doblado en su lugar y acumulando polvo ). La parte trasera de sus piernas empujó un poco la silla con rueditas cuando este se levantó decidido a vengarse.

[b]No puedo creer que me vaya a poner esto…[/b] – Lo sostuvo de los hombros, contemplándolo, examinándolo. Había visto suficientes accidentes de parte de sus padres, sabía que el traje lo protegería considerablemente en caso de que el portal estallara o pudiera darle una potente descarga. La primera parte era relativamente fácil, lo demás lo facilitó su delgada figura. Subió el cierre desde bajo el ombligo hasta su cuello, donde comenzaba el mismo negro de sus guantes y las botas. El traje se ceñía a su cuerpo cómo un sellado pero no incomodaba.

La luz se hacía más escasa según se internaba bajo el arco del fallido portal, incrustado en bombillos y cables sueltos pero organizados junto a las placas metálicas del aparato. Al final del túnel yacía la pared, donde se suponía que surgiera el camino al plano de los muertos. Incluso bajo el material experimental de los guantes, al tocar uno de los arcos sentía el frío que acumulaba. – [b]¿Cómo no está funcionando esta cosa?[/b] – A sus yemas sintió como vibraba débilmente el portal a pesar de estar oscuro por dentro. Ya no quería sabotear la máquina o tenderles una broma a sus padres, ahora quería saber qué era lo que no estaba sucediendo. – [b]¿Será?..[/b] – Las luces en la casa volvieron a difuminar una y otra y otra vez, invocando un grito frustrado de parte de Jazz en su habitación.

Llevaba horas en el suelo bajo el arco, no sabría cuántas hasta subir a su habitación. Una bocanada profunda de aliento sirvió para hacerlo sentar de golpe, de pecho muy agitado por el susto que vivió. Poco a poco recopilaba fragmentos de lo que sucedió. Recuerda su mano en un botón y.. Penumbra, frío, desolación. Un desgarrador grito femenino dio comienzo al coro de almas torturadas que escuchaba llorar, gritar, reír y lamentar. Se sintió tomado por manos que desaparecían pero no dejaban de halarlo al desvanecimiento. De eso se levantó con guantes blancos en lugar de negros, el negro ahora dominaba la paleta de colores de su traje, detallado en blanco. Se llevó la zurda a la cabeza, pensando que había tenido un mal sueño y en él se había visto con otro traje.

No se apercibió del verde reflejado en sus guantes cuando confirmó que aún tenía su cabello. Las hebras se vieron al margen superior de su vista, eran blancas ahora. Ni se había fijado en lo poco que sentían sus dedos, como si estuviesen entumecidos. Realmente todo su cuerpo se sentía así. Ya no pudo más con la ansiedad y se puso de pie corriendo desesperadamente al baño en busca de respuestas. Se detuvo al marco de la puerta. Sabía que miraba hacia el espejo pero ¿qué era lo que estaba viendo? Ojos verde neón iluminaban el vidrio y el baño a luz apagada. Ojos de demonio que jamás olvidaría, que jamás dejaría de ver. Quería gritar, pero de su garganta no salía sonido.
 
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