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Aɴɴɪᴘᴇ ᴳᵃⁿˢⁱˢ
Aɴɴɪᴘᴇ ᴳᵃⁿˢⁱˢ
 
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en posición conforme desarrollaba su estrategia. Se le ocurría una mera locura, si el sujeto estaba en posición diagonal y Annipe justo en el medio de ambos, tuvo que tomar medidas drásticas. Esperaba que ella entendiese, al lanzar su estaca, sería dotada de un vendaval integró que resonaría en el lugar como un dardo avanzando de frente, esa estela de viento puro permitiría a la Hija del Fuego ser atraída a esa esencia de viento, permitiendo inyectarla en sus llamas y transportarse en ese proyectil si el arma era incapaz de matar al sujeto, probablemente estrellaría contra el escudo de alguno de sus guardias, de ella dependía.
 
 
[b]Espíritus...No me abandonen. [/b] Pero no era ningún espectro, ni ninguna otra cosa salvo su propia energía circulando, su cuerpo cansado. Heridas tales como golpes, entumecimientos en sus huesos, dolor extremo de cuello ¡Que poco le quedaba! Y sentía que Annipe estaba en las mismas prácticamente. Debían ambos, pese a detestarse, trabajar juntos para poder cumplir la misión con éxito, ella desde sus llamas y él desde la importancia de sus ojos, ubicados en buscar al objetivo. Fue ahí, casi en diagonal a la distancia de Annipe, casi perfectamente ubicado en perpendicular dirección, vio su corona, vio a sus guardias rodeandole al caminar. Era él, en definitiva, pero debían moverse a una distancia feroz en instantes ¿Como? Rhaamael era indudablemente dotado de una velocidad muy superior, pero no poseía la potencia ofensiva de Annipe. Se concentró, por ultima vez sus ojos llevaron el djed a su lanza, canalizando ahí todo lo que poseía, el ultimo respiro ofensivo será este. Se colocó...
 
 
que se lo pagaría con el bien puro y nada de mal. Plegarias desesperadas de una mujer agotada que se esforzaba por llevar a ese mismo cuerpo que de nuevo perdió la forma al límite.

Una bola de fuego, tan diminuta que casi parecía una vela. Una bola que pululó hasta entrar en la torre, aprovechando para parecer desapercibida por culpa de la luz que entraba por las ventanas y el jaleo de una ciudad. Entró silente, tan pegada al techo como le fue posible, comenzando a buscar entre toda la gente, apretaba, que estaba allí al principal motivo de su busca.
 
 
Desde la cúspide misma donde había caído vio, observó con atención todo lo que allí pareció dar lugar en segundos. Figuras pequeñas que asediaban, ínfimas en comparación a cómo serían si las tuviese frente a ella que en comparación a cómo es que se veían a metros y metros de distancia. Figuras que parecieron caer rendidas ante los pies de una batalla que ya, al menos para los escorpiones, parecía llegar a su final.

Agradeció internamente que la edificación tuviese ventanas, al parecer cerca de su cúspide no sería menos. Aprovechando que aun el fuego ardía iluminando la ciudad, el revuelo del tumulto, su jaleo y que el humo asediaba la ciudad fue que abusó, una vez más, de sus poderes de una forma casi desesperada. Casi como último remedio a un problema que nunca debió ocurrir, confiando, ciegamente, en el príncipe y en que aquel niño no tendría otro mejor lugar para no dejarse ver que aquella torre misma.

Sus ojos aun brillaban y suplicó a su estrella que no la abandonara aún, ..
 
 
civiles y nobles ¿Cómo harán para destruirlo? Estaba repleto de guardias y de gente inocente, de niños. Daba dolor solo pensar aquello.
 
 
Un suspiró ahogado se escapó de sus labios en un ahogado, muy estridente al aparecer finalmente en un balcón de aquella torre, pese a eso y la sorpresa de los guardias ahí presentes Rhaamael se movió con brutalidad feroz, estridente y efectiva en evitar muertes más no frenó hasta dejarlos desmayados, al primero le golpeo en la nuca con el dorso de su lanza, y al segundo lo noqueo con un férreo impacto en su mandíbula que los dejó ahí. Debía esperar que Annipe reaparecería, pero debían ser extremadamente sigilosos dado que ya podían ver desde abajo el rumbo de los ejércitos marchando, los refugiados entrando y todo el caos que desde el horizonte se avecinaba sin dudar, sin importar un instante previo desde que yacía en su espíritu un sol que se volvía oscuro por el humo, el flagelo, el aumento de la víspera combativa.

Se mantuvo cubierto ahí, mientras veía el paso de las personas, nobles...¡Y POR FIN! El objetivo, estaba a la lejanía en aquella larga sala repleta de refugiados, de...
 
 
[b]¡Y que valga pido! ¡Lo único![/b] - habló, importándole poco que ya él hubiese abandonado su lado.

Gritaba casi para ser oída en medio del caos, pero como mismo hizo el esfuerzo su voz, también su cabeza. Hizo un breve uso del DJed para comunicarse, como si viera realmente necesario el malgastar energía, de la cual ya escaseaba, par solo unas pocas frases para aquel inútil sin remedio.

Quiso ver cómo iba, cómo abandonó el lugar, pero ya sus ojos le habían perdido cuando quiso darse cuenta, solo aquella torre nombrada por él quedó. Luego, como mismo hizo el varón, mismo hizo ella. Tiró de su capucha y poco tardó en desaparecer por completo de aquel lugar, ni rastro dejo para caer segundos después en el punto máximo de la torre que parecía asediado por cantidades ingentes de hombres.
 
 
Miró y escuchó, atenta sin moverse siquiera pese a la situación que acontecía y que la punta de una flecha acabara frente a ella. Demasiado estática, tanto que incluso a la mujer le alcanzaba a picar el hecho de no actuar de una vez, si no que deber esperar, paciente o eso trataba parecer, a lo que serían unas posibles indicaciones.

Los ojos de ella, como buena costumbre, brillaban, tranquilos como si nada ocurriese y una guerra estuviese siendo librada, sosegados con el solo sentir el tener su elemento cerca. Poco le importaba el estar, muy probablemente, en una situación precaria, pero, ¿a quién quiso engañar con aquel pensamiento? Toda su vida pasó una situación similar, mejor, igual o peor. Mas, en todos esos momentos que frente a sus ojos pasaron solo una cosa había, su único consuelo: el fuego y una estrella, la cual solo aparecía cuando el cuerpo despertaba.

- [b]Solo haz algo por una vez, ¡por una sola príncipe! La que, con suerte, no será única...[/b]
 
 
dirección hacía la lejana torre, conforme tomaba la estridente velocidad de su elemento fue perdiendo su propia estirpe física para trasmutar en más que brisa, en un autentico vendaval furioso que solo podía ser visto por la capacidad ajena de sentir el Djed, barría el suelo con una velocidad avasalladora, esquivando a las legiones que combatían entre ellas, a los cadáveres inocentes, a las armas clavadas en el suelo, a la tétrica de todas las muertes. Podía ver como refugiados corrían en dirección a las grandes puertas de aquella gigante torre de babel, quizás tendrían una ultima chance de hacer efectivo el asesinato ¿Pero escapar? Más difícil aún.
 
 
[b]Mira, encantito. Si tuviera forma de saber ¡COMO VIENTOS SALIR DE AQUÍ! [/b] Elevó el tono justo cuando una flecha atravesó la pared y casi, casi le atravesaba la nuca de no haber "por fortuna" clavarse a tres centímetros de su mejilla. Siendo la punta testigo para ambos de la peligrosidad de esas armas. Rhaamael parpadeó un par de veces mientras asomaba sus ojos una vez que la gran lluvia había terminado de caer, mientras suspiró con gran estrés. [b]A los salones rojos de la torre de homenaje...Deben estar ahí los refugiados nobles, es la ultima defensa del lugar...[/b] Le dijo mientras frenaba el sangrado que tenía en uno de sus brazos, rodeándolo con varias capas de su tela blanca del uniforme. [b]No tengo tanto djed como para poder durar mucho...Intenta no tardar mucho...[/b] Sus ojos se mermaron en el amarillo más sulfurante mientras su cuerpo empezaba a exhalar suave brisa visible en una espumante ebullición. Se dispuso a salir del refugió mientras comenzaba a correr en...
 
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Aɴɴɪᴘᴇ ᴳᵃⁿˢⁱˢ | Photo (3512941) | iOrbix
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