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Kᴀᴇʏᴀ Aʟʙᴇʀɪᴄʜ
— Siempre debes pensar en más de una estrategia. Imagina que tienes un tablero de ajedrez delante, cada uno de tus movimientos a realizar será una nueva estrategia que deberá evolucionar de acuerdo a los movimientos de los demás. Es complicado, pero una buena táctica y un correcto análisis te ayudará a obtener lo que buscas.
 
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Finalmente sentenció aquello cuando la miró de nuevo, con total atención para descubrir cada gesto que sus palabras podían causar en ella. Y sin embargo suspiró cuando sintió que estaba siendo demasiado rígido con ella.

—[c=#6060BF] Si tus convicciones son más fuertes que tus miedos y tus inseguridades, es probable que logres todo aquello que te propones por muy difícil que sea.[/c]—De nuevo suspiró, un tanto cansado y terminó por reírse de manera breve y refrescante.— [c=#6060BF]Me recuerdas a alguien muy importante para mí, ella es igual que tú. Trabaja hasta el agotamiento por el bienestar de los suyos, quizá me dejé llevar por aquellas cosas que he querido decirle y no asimilaría jamás, o que simplemente me diría que lo acepta porque es su responsabilidad... Sin embargo, creo que tus convicciones son buenas y sabrás tomar una decisión correcta.[/c]
 
 
Y sabía que se esforzaba, porque la había notado con atención desde su llegada al santuario: Siempre en movimiento, siempre trabajando, delegando, leyendo, estudiando y pensando; con bolsas bajo los ojos, cansancio acumulado en el cuerpo y en el rostro que no se borraba fácilmente ni se ocultaba ante un ojo experto en mentir como el suyo.

— [c=#6060BF]Si estás dispuesta a dormir y tener pesadillas con aquellos a los que juraste o debiste proteger, serás una buena estratega. Lo mismo si estás dispuesta a que los demás te acusen de herirlos o asesinarlos, a escucharlos decir cuán incompetente eres y cuántas veces te dijeron que el plan era arriesgado y estúpido. Si aceptas el odio de los demás por tus errores, antes de los elogios por tus victorias, serás una buena estratega. Pero si dudas de lograr algo así… Aún estás a tiempo de buscar alguien que pueda ocupar tu lugar. [/c]
 
 
Una vez que terminó de realizar unos cuantos trazos más, se apresuró a tomar el mapa de Kokomi que colocó sobre el suyo para examinarlo mejor.

— [c=#6060BF]¿Estás dispuesta a cargar con la muerte de los tuyos para siempre, Sangonomiya Kokomi-san? [/c]

Su pregunta llevó un tono sereno, pero lleno de una fuerza que dejaba entrever la realidad de la situación: Si ella tanto deseaba convertirse en estratega, debía prepararse para lo peor que aquella guerra le podía traer. Quizá la mayoría habían resultado heridos, capturados en combate y quizás algunos desaparecidos por azares del destino; sin embargo, ¿realmente iba a poder superarlo con tanta facilidad? Kokomi, ante sus ojos, parecía ser alguien con un carácter recio que escondía, tras una coraza, un ser noble que podía romperse en pedazos con la presión necesaria.
 
 
Su voz comenzó a sonar tan seria que no parecía corresponder a esa expresión serena que de a poco se iba llenando de melancolía con cada nuevo trazo que iba realizando sobre su mapa. Ser un estratega era más que solo animar a las tropas, más que solo estar al frente de un grupo y darles discursos motivadores; era demostrar que la mente siempre podía vencer sobre el cuerpo, sobre los números, sobre las estadísticas y sobre todas las posibilidades existentes.

— [c=#6060BF]Delegar las responsabilidades es algo que un buen líder debe hacer, pero no siempre puede serse el estratega y el líder. El primero solo debe afrontar la derrota y pensar una mejor estrategia para la próxima ocasión y encontrar sus fallas sobre la marcha mientras analiza cómo pudo evitar tantas bajas; por otro lado, el líder es quien carga con la responsabilidad, con las heridas, con el dolor, con el odio de aquellos que amaron a los caídos. [/c]
 
 
[ ... ] En esa persona que deseaba: La valiente estratega que pudiera guiar a sus tropas por los caminos más seguros y perfectos hasta la victoria irrefutable con el menor esfuerzo posible y, quizá, las jugadas más locas o arriesgadas para lograrlo.

Finalmente, una sonrisa se apoderó de los labios de Kaeya ante la imagen que su mente fue capaz de crear en tan pocos minutos, retomó la atención de sus propios mapas y allí se perdió por un momento, como si realmente estuviera reflexionando con absurda seriedad en lo que debía decirle para hacerla sentir aún más animada. Pero, siendo sinceros, ¿mentirle como siempre lo hacía con cualquier otro la ayudaría a ser mejor? Quizá, pero quería hacer las cosas por una vez bien.

— [c=#6060BF]La respuesta más fácil no sería delegar tu cargo, la respuesta más fácil sería abandonar una campaña que no piensas luchar y sabes que no podrías ganar. [/c]
 
 
La atención de Kaeya se centró totalmente en Kokomi, y aunque al principio sintió lastima por lo que iba escuchando, le resultaban tan familiares sus palabras que, por un momento, se sintió incómodo de ahondar tanto en sus pensamientos. Casi podía jurar que escuchaba a Jean, la Gran Maestra, en los primeros días que asumiera su posición en lugar de su padre y esa ferviente necesidad de seguir los pasos de Venessa al pie de la letra: Ser perfecta, ser amable, ser amada y defender con justicia los ideales en los que creía por el bienestar de su gente.

El capitán suspiró, casi soltó el aire en una exhalación tan pesada mientras que le apartó la mirada para no dejar entrever sus incomodidades. Quizá por el hecho de ver tan reflejada a una amiga de su infancia, a la que había visto crecer y en la que depositaba su confianza, se sintió aún más comprometido con ayudarla a lograr convertirse [ ... ]
 
 
—Y en efecto, la responsabilidad de ser la estratega de la isla Watatsumi es una muy grande. Como líder tengo que ser una figura que inspire seguridad y una sensación de bienestar a mis soldados, no solo a ellos, también a mi gente. La respuesta fácil a mi predicamento sería entregar mi cargo a alguien como usted Kaeya-san, alguien más capaz que yo, alguien con más experiencia y firmeza para guiar a todos.— Pausó un breve momento para retomar su aliento y mirar finalmente con seriedad al capitán.

—Pero yo no quiero elegir la respuesta fácil. Me interesa proteger a la gente de la Isla Watatsumi y que puedan tener una vida feliz en la isla. Es por eso que pese a mis carencias, no planeo delegar ésta responsabilidad a alguien más.—
 
 
Cuando éste terminó sus preguntas y de hablar, la expresión de la sacerdotisa pasó de entusiasmada a una sonrisa cansada. —Le sorprenderá saber que ser estratega no es algo que yo hubiera deseado para mí, no estoy hecha para ser una líder.— Conforme iba explicando, su mirada ya no era animada, sino más serena como resultado. —Me resulta agotador tratar con otras personas, los discursos me ponen tan nerviosa que me sudan las manos. Mi aspiración era ser una simple consejera y que mi participación en asuntos importantes sea de forma indirecta.—

Ésta conversación la había tenido solo con la viajera en la seguridad de su escondite secreto. Mencionar ésta información la hacía sentir bastante vulnerable, pero a su vez ahora que lo había dejado salir, se daba cuenta que no tenía problema en compartir su punto de vista sobre su posición con el capitán.
 
 
En cuanto éste la llamó, ella dejó su carboncillo sobre la mesa para no ensuciar su trabajo, dando toda su atención a lo que el capitán tuviera que decir. La sonrisa que tenía plasmada en sus facciones no correspondía a la presente atmósfera de seriedad. El hombre era bueno para simular pero aquí estaban entre estrategas, ella como buena observadora, sabía que había algo más detrás de aquella galante sonrisa.

Sus sospechas fueron confirmadas cuando finalmente escuchó aquellos cuestionamientos salir de sus labios. Era evidente que no eran preguntas hechas de forma maliciosa, pero aún así estaba dando de lleno en sus inseguridades. Haciéndola recordar dificultades por las cuales pasó en la actual nueva etapa de paz de la isla Watatsumi. Pero lo que más recordaba era su conversación con la viajera.
 
 
Estaba en su propio mundo una vez que se concentraba en idear sus estrategias, su alrededor algo ajeno y lejano. Sólo que ésta vez al no encontrarse sola en dicho proceso, no se podía perder como de costumbre, se mantenía atenta en lo posible a su acompañante. Continuaba trabajando en su mapa a la par que atendía los consejos del capitán de los Caballeros de Favonius. Sólo que a la larga, fue pausando el insistente roce del carboncillo contra el pergamino. Y es que de pronto había una atmósfera solemne la cual no sabía como identificar realmente pero que la hizo pausar sus actividades para mirar al hombre discretamente. Parecía que los consejos que estaba recibiendo evocaban recuerdos que dejaron marca en el peliazul. Su ojo bueno en lugar de observar los planos de Inazuma de la pelirosa, parecía clavado en un mapa de Mondstadt de forma insistente.
 
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