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Eɪɢʜᴛғᴏᴏᴛ Jᴏᴇ ᴰᶤˢᶰᵉʸ ᵛᶤˡˡᵃᶤᶰ ᴿᵉᶜʳᵘᶤᵗᵉʳˢ
Eɪɢʜᴛғᴏᴏᴛ Jᴏᴇ ᴰᶤˢᶰᵉʸ ᵛᶤˡˡᵃᶤᶰ ᴿᵉᶜʳᵘᶤᵗᵉʳˢ
Lo mejor es no volver a vernos jamás, sirena...
 
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... - Joe no le respondió de inmediato. Se quedó contemplando aquellos ojos azules de la pelirroja, mientras uno de sus tentáculos acariciaba la cola de la sirena y una de sus palmas acariciaron su mejilla. - Eres una tonta, ¿Lo sabías? - Le sonrie ligeramente, para después acercarse a los labios de ella y besarlos suavemente, cerrando sus ojos mientras mantuvo esos besos. -
 
 
— A dónde sea... —Fue ella quién cortó la distancia entre ambos, buscando aferrarse a los costados ajenos— Tú, tú tampoco volverás con Ursula, ¿cierto?...
 
 
¿Eh? Espera, espera. ¿Irnos? ¿Pero a dónde? - Preguntó el cecaelia, contrayendo sus tentáculos para sí, mirando perplejo a la pelirroja. - Sólo vine hasta aquí para verte y luego, me iré. No puedes venir conmigo a la guarida de mi ama y lo sabes. - Le regañó Joe frunciendo un poco su ceño, mientras se acercaba a ella. - Vine para...Hablarte de algunas cosas...Sobre nosotros.
 
 
Ahogó un gritito de sorpresa cuando se vio aprisionada por aquellos tentaculos, relajándose al instante que entendió a quiénes pertenecían. Su corazón acelerado pronto se calmó, un efecto esperado, al final de cuentas, su Joe siempre era sinónimo de paz — Nos vamos a ir juntos, ¿verdad? Traigo ya todo aquí...
 
 
... - Dos tentáculos salieron de entre esas algas. Uno le rodeo la cintura y el otro, se enroscó en una de las delicadas manos de la pelirroja. - Ven aquí... - Le indicó Joe, estando en la parte más oscura y profunda de esa gruta, recostado sobre sus demás tentáculos en el suelo arenoso y acolchado por algas. Aquello daba la impresión de un lecho oculto en la oscuridad. -
 
 
Todo lo que necesitaba, estaba en su bolso. Era lo único que llevaba, además de un pequeño colgante al rededor de su cuello. La noche cayó sobre su pueblo y con cierta facilidad burló los escoltas que su padre colocó a las afueras de su habitación. Sentía el corazón latir demasiado rápido y un millar de preguntas se arremolinaban en su mente, llegando a marearla.

¿Y sí él no quería huir con ella? ¿Podría dejarla? El corazón frágil de aquella sirena no estaba preparado para ese escenario, entonces, ¿Qué haría si era el final de su historia?

Nadó por entre los juncos y arrecifes, llegando a la gruta donde prometieron verse. — ¿J-Joe? ¿Estás aquí? —Susurró en voz muy baja, adentrándose entre las algas.
 
 
- La noche había llegado y muchos en la Atlántida ya descansaban de todas sus labores en el pueblo submarino. Sin miedo de que pudiera ser descubierto por la guardia real, Joe logró penetrar las verjas del reino, escabulléndose por todos los rincones del lugar, buscando la gruta de algas. -

- La gruta de algas era una cueva profunda y oscura, la cual estaba repleta de algas, lo cual le daba cierta privacidad e intimidad a ese lugar. Joe entró sigilosamente alli, impulsándose por sus tentáculos y ocultándose entre esas algas, a la espera de l sirena. -
 
 
Se quedó un momento viendo al peliblanco alejarse, hasta que tomó su decisión; sí él no era bienvenido en Atlántida, ella encontraría un lugar donde ambos pudieran tener una vida juntos. Así es como ella lo quería y dentro de su interior, sabía que Joe también lo deseaba. Esa misma noche partiría.
 
 
— P-pero, ¡tú no eres como ella! —Se aferró a él lo más que pudo, recibiendo su abrazo con todo el desespero que sentía, enterrando su rostro contra su pecho, los brazos enganchados contra su espalda— Te necesito, aquí, conmigo... No puedo estar sin ti.

Su padre era un tirano, después de todas las veces que su cecaelia la protegió y cuidó, Tritón lo había echado en la misma bolsa que a Úrsula y ahora los desterraba como si sus méritos propios no significaran nada. Sus palabras le dieron consuelo, pero al romper el abrazo, todo su ser se estremeció y se dio cuenta que nadie, ni siquiera Erick o Melody podrían llenar el vacío que dejaría Joe si desaparecía de su vida sin más. Las lágrimas desbordaban y aunque era irónico, pues estaban debajo del agua salada, Ariel probó cada un de ellas como el trago más amargo de toda su vida.
 
 
Los cecaelias ya no somos bienvenidos aquí: Así lo ha ordenado el Rey... - Murmuró con pesar, viendo con ojos entrecerrados y llenos de rencor al Rey Tritón, el cual se alejaba de allí junto a su séquito de caballeros tritones, luego de que este diera la orden de desterrar a Úrsula, a causa de sus incontables crímenes en contra de los habitantes de la Atlántida. -

- Trató de calmar a la sirena sujetando su mano y acariciando su mejilla con uno de sus oscuros y viscosos tentáculos. Luego, la abrazó para sí, susurrando en tono veloz al hablar. - Encuéntrame en la gruta de algas esta noche... - Y sin esperar respuesta de ella, la soltó y se fue nadando de allí, siguiendo a su ama. -
 
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