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Aɴɴᴀʟɪssᴇ Dᴜrᴇᴏᴜx
Aɴɴᴀʟɪssᴇ Dᴜrᴇᴏᴜx
So lost, so lonely.
 
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4 months ago · · Translate
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(...) Ella era el despojo de lo que una vez fue humano y él, inalcanzable. Conforme los segundos pasaban, volvía a perderse a a sí misma una vez más, como cada día. De esa forma, solo pudo pronunciar las palabras que terminaban por dividirlos y mostrar su posición; hoy, mañana y siempre.— Amo...
 
 
(...) pero con un poco de esfuerzo, logró que la luz se colara por sus retinas, pero era tan leve que costaba distinguir más allá. Ya no había dolor, solo quedaba el cansancio, la debilidad y la lección aprendida. Hizo a separar sus labios, pero los sintió tan resecos que tuvo que relamerlos antes de siquiera tomar aire con ellos e incluso esto fue una tarea complicada porque su garganta picaba, exigía líquido. Movió levemente su rostro hasta que este enfocó la figura causante de sus heridas y, posiblemente, la razón de que siguiera con vida. Con lentitud, el rosa de sus ojos fue subiendo, dibujando la silueta en su mente, memorizando. Annalisse la humana se desvanecía para dar paso a la muñeca que servía al magus. Cuando enfocó el azul, cual cielo despejado, extendió el brazo con infinita dificultad hacia él. Las puntas de los dedos hacían un intento imposible por tocarlo, por llegar hasta donde se encontraba, pero esa era la realidad con la que debían vivir. (...)
 
 
(...) Solo en la inmensidad de su mente, podía desbloquear aquello que construía su ser, que la definía como una persona, solo la oscuridad rompía el sello de sus memorias. Pero este sello era tan frágil como la luz de una vela en medio de la tempestad. Fácil de apagar, tan solo un pequeño soplo bastante para encadenar lo que nunca debió ser abierto. Su vida se resumía a una tormenta de sufrimiento que nunca traía paz y se desvanecía tan pronto como los sueños acababan, como si nunca hubiera existido, sin dejar ni un solo rastro de su presencia. Primero fueron los dedos, pequeños movimientos contra el suelo. El cuerpo le pesaba como si una tonelada de concreto se encargara de aplastar cada rincón. Pegajoso, ferroso, desagradable, todas las sensaciones cubrían su cuerpo menos su rostro. En la neblina que envolvía sus sentidos al despertar podía sentir, aunque fueran por breves segundos en lo que recuperaba la conciencia por completo. Los párpados le pesaron (...)
 
 
¿Qué tan profundo en la mente habitan los demonios? ¿Qué tanto pueden torturar a una persona en lo más oscuro? El tiempo pierde el significado dentro de la mente, los minutos pueden ser horas y la eternidad segundos; no hay reglas fijas, solo la certeza de que no será un viaje placentero. Annalisse era como una rosa blanca, frágil y cuyos pétalos se manchaban con facilidad, los cuales incluso una suave brisa podía arrancar y sumirla en la más profunda desesperación. Los llantos, las risas, los gritos, todo se entremezclaba en una sinfonía de lamentos. Una balada que resonaba en cada rincón. Imágenes de momentos que nunca volverán, que vivían selladas en lo más profundo de su interior. "No se vayan". "No me dejen sola", eran gritos mudos que permanecían en su mente. La desesperación de estar encadenada en el infinito y no poder estirar los brazos en búsqueda de aquellos que habían significado algo en el pasado. (...)
 
 
[...] sentado lo haría donde antes la observó, solo que esta vez en pleno sosiego aguardó, notando que su té se había enfriado y que su sabor por algún motivo le resultó amargo.
 
 
[...] el cansancio formaría parte de esas secuelas ineludibles por el resto del día, era una suerte que las labores más arduas siempre tuviesen lugar pasadas unas horas de alba. Lo aportado por su parte no tendría porqué agobiarlo, mas mucho pudo significar su acción en solitario, aunque poco importancia a eso él le prestó, en realidad nunca le interesó esa clase de detalles, mucho menos con ella. A sabiendas de que su vida no corrió más peligro, volvió a erguirse, dejó pasar por alto el hecho de que su pantalón se ensució y rápidamente fue en búsqueda de uno de una almohadilla perteneciente a uno de los sillones del estudio. Pulcra, procuró acomodar su cabeza sobre esta, la razón por la cual no la acarreó hasta otro sitio fue para no darle más trabajo, además, todo debía quedar impecable en cuestión de horas, muy estúpido de su parte hubiese sido arruinar así el tapizado o la alfombra. Con el detalle resulto, a él únicamente le quedó esperar el despertar de Annalisse [...]
 
 
[...] —Claramente fue para cumplir mis órdenes, pero en esta fantasiosa obra que ambos interpretamos, jugaré en que también fue para obtener mi perdón; porque no puedes vivir sin que te mire a los ojos, sin que te confíe mi vida —solo le robó unos segundos, permitirse más provocaría daños que siquiera él podría reparar y muy poco dispuesto estuvo a deberle un favor a otro [i]magus[/i]. Le dio reposo en su propia sangre, pues ambas manos fue lo que necesitó para comenzar a canalizar una gran cantidad de energía mágica y así realizar un sencillo, pero aún así extremadamente potente hechizo de curación. Debido a que ese era su taller mágico y las pinturas allí que ornamentan lejos estaban de ser mera decoración fue que obtuvo resultados precisos sin necesidad de algo más complicado. Lo roto volvió a construirse, lo desgarrado como en un inicio se unió y los efectos colaterales por el desmayo revertió. Un baño de abundancia la ayudaría a recuperarse más rápido, pero [...]
 
 
[...] antecesores al priorizar la lealtad, así justificó su benevolencia y el hecho de irrumpir su merienda para salvar la vida de aquella taciturna sirena de rosadas hebras, cuya cuna fue ese lago carmesí que emanó de sus arterias. Se levantó de su asiento, sus pasos resonaron sobre la encerada madera hasta que su posición coincidió con el costado diestro de su sirvienta. Frente a su ruina se postró, ambas rodillas tuvieron contacto con el suelo, con una pesarosa quietud se perdió aquellas facciones venusinas. Una caricia regaló a la mejilla más lejana, el rojizo nada tardó en cubrir sus desnudos dedos, mas no hizo asco a ello, sino que solo evidenció esa ligera muestra de afecto que concluyó sobre sus labios entreabiertos, los cuales pintó con el paso de la yema de su delgado pulgar, maquillada con desgracia finalmente él expresó piedad en sus ojos, sonrió con lúgubre dulzura a quién no la podía escuchar—. Aún sabiéndote incapaz lo hiciste— susurró antes de acentuar su sonrisa [...]
 
 
[...] obligó a provocarse, pues más que nadie conocía la naturaleza de aquella "mujer"; así como la abrumó con riquezas que jamás la podrían deleitar, también era capaz de contradecir esa naturaleza que la limita y como toda máquina, cualquier discordancia derruía su funcionalidad. Esa certeza, esa consciencia de elección provocó un agitado temblor en su diestra cuando se aferró del asa, el fino recipiente osciló junto a él, pero ni una gota se derramo, ni antes, mucho menos después de concluido lo que antes se expresó. El calor que invadió su garganta lo sosegó, la porcelana encontrándose de nuevo sobre la mesa anticipo un suspiro, coincidente con el último intento que ella realizó para cumplir su orden, consumar lo único sagrado en su vacua existencia. Aquel seco golpe lo llevó a descender sus párpados por unos instantes, se deshizo de toda idea que diera pie a la perpetuación de la tortura, concibió que demasiado martirio fue por un nimio error, siguió el ejemplo de sus [...]
 
 
Por más veces que lo hiciera, por más que repitiera aquella tortura, cada vez que contemplaba ese rostro desencajado él sentía un placer que simplemente no podía explicar. Su corazón comenzaba a latir con fuerza, la sonrisa no pudo ocultar, es más, sus pupilas se contrajeron para ahogarse en la decadencia que emponzoñó la totalidad de su grácil existencia. Se lo cuestionó, en algún lugar de su consciencia se preguntó si aquel comportamiento era realmente correcto o un desfasaje que heredó de su padre, pero entre tales cuestionamientos él no pudo renegar de aquel deleite, ¿qué clase de ofensa sería hacia su familia si siquiera se atreviera a repudiar lo que a su ser tanto contenta? Percibió su derrumbe con la totalidad de sus sentidos aún a la distancia y cuando hubo de percibir la carne magullada por lesiones esplendentes, de carmín inmaculado, fue que volteó su rostro únicamente para dar un generoso sorbo a ese cálido té, de alguna manera teñido por las heridas que le obligó [...]
 
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