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[c=#660000][center][med]VINADORL, LA CUEVA OSCURA :: SHAULEN, LA TORRE DE SHAULEN[/med] [image=https://i.pinimg.com/originals/01/25/11/012511425130ab57d2c7d99341abaf39.jpg][/center]
Había llegado por fin el Día de la Muerte en la cueva oscura, la celebración más importante de la región subterránea y que se celebraría al anochecer, motivo por el que se notaba el ambiente más animado en toda la fúnebre nación de la oscuridad, los preparativos habían comenzado a prepararse ya desde primera hora de la mañana para que estuviesen todos listos en cuanto comenzase a descender el sol, observado desde una cavidad que llevaba a la superficie, haciendo visible el firmamento por encima de la Torre de Shaulen. El ejército Tenebris de la Necravia se preparaba también para el desfile, la mayoría de los nigromantes participarían en dicho evento antes de que el propio Gran Nigromante diese por comenzada la fiesta y pudiesen cada uno ir a celebrarlo como mejor le gustase, era un día para dejar de lado toda preocupación personal y sencillamente disfrutar al igual que honrar a los fallecidos durante el año. Riak como gran nigromante también tenía que preparar algunas cosas, asegurar que todo estuviese listo, que las tropas se hubiesen preparado correctamente y tener también preparadas unas palabras para el momento de abrir la festividad, no iba a aparecer luego del desfile tan pancho diciendo "venga, empieza la fiesta" sin más. Por supuesto también se preocuparía de ir perfecto a la celebración en cuanto a atuendos se refería, ya había preparado dos atuendos diferentes siendo uno el oficial como Lider de la Necravia y otro más cómodo para cuando hubiese terminado su presencia oficial, uno más personal para poder disfrutarlo con sus cómplices que llevaría consigo para cambiarse. Durante todo ese día estuvo bastante ocupado con todo ello, no solo revisaba cada cosa sino que repitió el mismo recorrido una segunda vez por si se le había pasado algo en algún momento, no quería dejar ningún cabo suelto pues era una celebración demasiado importante para dejar alguna cosa a la deriva, era mejor asegurarse dos o tres veces al menos desde su punto de vista. Luego de haberse asegurado dos veces de que todo estaba listo, fue por último a comprobar que todos los soldados y magos que participarían en el desfile estaban preparados, que eran más de la mitad de ellos en realidad, él saldría detrás del desfile -por otro lado, por supuesto- e iría directamente al final del recorrido para hacer su parte. Era muy importante que todo saliera bien, era una forma de honrar a su señor, el Dios.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/33/85/61/Riak--g6by85MtB-b.jpg][/center]
Ostentaba una genuina pieza de herrería que le quedaba como anillo al dedo por su estiloso cuerpo élfico, pero sin dejar de lado su distintivo de la necravia, que lo identificaba como nigromante y líder de la organización a servicio del Dios. Un poco camuflada por su armadura se hallaban las embestiduras de sus cuatro espadas, dos a cada lado de su cintura, un estilo que él dominaba con la mente, pues nunca empuñaba una espada seriamente, pues cual tramposo, usaba su magia y artimañas para ganar siempre. Por último, una máscara de ónice negro le cubría el rostro, brindándole anonimato a la presencia facial del nigromante.

En cuanto comenzó el desfile tal y como se había planeado, él salió por su lado siendo seguido de cerca por la Dama Roja como de costumbre, esperando en el centro de la capital de la cueva que sería el lugar en que finalizaría el desfile tradicional y comenzaría la fiesta más importante de Vinardorl, el desfile obviamente duraría un rato aunque tampoco es que llevase horas, apenas llegaba a la media hora. Se posicionó en cuanto éste se iba acercando a su lugar, recibiéndolos con un saludo tanto a ellos como a quienes habían optado por seguirlo desde el inicio del recorrido, otros directamente esperaban ahí, eso ya dependía del gusto de cada uno o el cariño que le tuviesen a la tradición y al Dios. — [b]Un año más la cueva entera se reúne para celebrar el día de nuestro dios, un día en que se celebra y honra a todos aquellos fallecidos durante el año. Ésta noche nuestro Señor de las Tinieblas y nuestros seres queridos están pendientes de nosotros, no les defraudemos a ninguno, ésta noche es para ellos[/b].— Pronunció en Hik Matul, un derivado antiguo del Klamath que se hablaba comúnmente en la cueva, dando por iniciada la fiesta, a diferencia de lo que muchos pudiesen pensar en otras religiones la muerte en la cueva, si bien era dolorosa, era celebrada con júbilo pues no se veía como el final definitivo sino como un proceso de cambio que era necesario cruzar, cuanto más se celebraba más sencillo era ese paso. Ya habiendo terminado de hablar se retiró por algunos minutos a cambiarse de ropa tal y como había planeado para luego regresar a festejar con un poco de vino que no puede faltar, la mayoría de los nigromantes de la necravia obviamente estarían ahí también, pensaba presumir a ellos de sus hazañas hasta quedarse seco, después de tanto tiempo sin poder hacerlo ahora que los había reunido no se iba a contener de beber ni por un segundo. Ni de la Dama Roja claro, ella seguía estando pegada a Riak casi como si fuera parte de su indumentaria, bueno, según se mirase no era del todo incierto y lo cierto es que ya se había acostumbrado mucho a su presencia, la cuestión era que no le incomodase a alguna de los que iba con él, y por la obsesión que la sacerdotisa tenía con las orejas del elfo. —[b]Bueno venga, que empiece la fiesta. ¿No? [/b]— Dijo riéndose de lo primero planteado antes del discurso, tomó un gran trago de su copa de vino llena y, echó un breve vistazo a su alrededor, todas las luces violáceas invadieron el firmamento rocoso de la cueva y los soldados, magos y aprendices que ya comenzaban con la fiesta.[/c]

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Era la primera vez en años que asistía a una festividad. ¿Por qué en todo este tiempo no lo hizo? Realmente prefería el atender más sus estudios y recuperar su forma dragónica, era muy extraño que se le diera de vez en vez algún que otro capricho. ¿Qué de malo había en eso? Igual era completamente responsable con sus investigaciones en el libro del agua recién adquirido como aprendiz de tercer grado. La ultima vez que se dio un capricho después de tanto tiempo que no hacia algo igual, fue cuando había ido a Ereaten. Que luego de eso le toco el hecho de conocer a una noble de ese mismo reino, y quedar con ella para hacer un tipo de ocupación, que era mejor en estos instantes no recordarlo tampoco. Ahora era más bien el hecho de centrarse en sí en la festividad. En la cual esperaba poder divertirse algo. Hasta había sacado de su armario uno de los tantos trajes que tenía por ahí metido, en este caso. Este nunca lo había usado, pues no le había surgido la ocasión. Tampoco es que este llamara mucho la atención en la fortaleza y no era necesario usarlo precisamente por eso.. Se trataba de una armadura de cuero ligero negro, con una que otra decoración de otro tono en la escala de grises con detalles metálicos. Teniendo por encima una ''capa'' oscura que le cubría el cuello y parte de la boca, y por debajo teniendo un cinto marrón que sujetaba su espada de aprendiz de guerrero envainada. Aparte de tener un collar, que le fue obsequiado por Carol durante su estadía en su mansión. Sin olvidar mencionar que también tenía un corte de cabello nuevo, más decente y corto que el anterior. Las botas también era negras. Por lo menos, iba decente. Sin olvidar mencionar la mascara, que le tapaba media cara, siendo un complemento demasiado importante en este día.

¿Cómo le iría en ese día? Realmente estaba algo nervioso, pues seria la primera vez que vería un desfile. De hecho, nada más llegar no pudo evitar el hecho de observar cada cosa que nunca haya visto en persona. Como si de un niño pequeño se tratara. Podría decirse que se pasaba mucho con alguien más pero no tenía con quien pasar dicha festividad. De hecho, no conocía a nadie de los que estaban por ahí o al menos a los que alcanzó a ver. Pues pese a siempre tratar de hablar con todos, no quitaba el hecho de que fuera frío y reservado. Siendo así que no se quejaría y más bien disfrutaría de esta. Que no se diga que no aprovecha el día como es debido. Porque luego seguramente tendría que volver a la fortaleza a ocuparse de sus propias responsabilidades como era debido. Siendo practicar para convertirse en un guerrero experto o andar como un aprendiz de mago debidamente.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/62/39/48/Yandrack-Dragmire-5TMgQPiae-b.jpg][/center]
Si bien, el objetivo principal de Yandrack era aprender más sobre los nigromantes que conformaban la Necravia, y estaba claro que en aquella festividad los conocería. Primordialmente al director de la gran biblioteca de rossnatt, Tahros, del cual se hablaba en la fortaleza de manera muy baja, llamándole como "el elfo inmortal", teniendo tantos años como la biblioteca misma.

Tras caminar por un momento, el joven dragón divisó a lo lejos una figura conocida, aunque esto más bien lo pensó por la altura característica además del delgado físico que poseía, lo cual le dejaba en claro que aquel hombre enmascarado, cuyas palabras habían marcado el comienzo de todo, debía de ser el maestro Riak. Y si Riak estaba ahí, quería decir que los demás nigromantes no tardarían en salir.
 
 
[center][image=https://i.ibb.co/1dKwHCp/NPC-Necravia.png][/center]
La vuelta por la cueva fue una extraña sorpresa para los más veteranos que escucharon y vieron a la Dama Roja fuera del Templo Oscuro, para los más jóvenes era un motivo más de desconfianza. Que la "devota" sacerdotisa del Dios acabara con su labor de contemplación eterna y saliera por la cueva, encima ocupando inmediatamente un lugar al lado del gran nigromante, recuperando así la confianza del líder de la necravia, motivo por el cual llamaba mucho la atención. La Dama Roja sonreía cada vez que lo pensaba, esos hombres y mujeres aún desconocían el detalle de que era ella la oyente de las tinieblas, la concubina del venerado, la única a la que el siempre hablaba, cuando lo descubrieran los demás, solo sentirían la envidia de no tener un lugar entre los favoritos del soberano.

Un sueño hecho realidad fue verse cerca de aquellas orejas élficas que tanto anhelaba, pertenecientes a aquel nigromante, cómo había deseado más de una vez. Le alegraba haber vuelto a salir del Templo en el preciso momento del inicio del festival, uno de sus acontecimientos favoritos. Riak había preparado todo con recelo, por lo que había contado dos veces se dio una vuelta. Se preparó uniendo dos tradiciones de Vinardorl; un vestido completamente oscuro y una máscara que le cubría parte del rostro. Quizás era la primera vez que verían a la mujer sin rojo en el atuendo, y sin la carmesí venda que le daba sentido a su nombre allá donde fuera.

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Emitió un pequeño chasqueo con la lengua, y utilizó las ondas sonoras para utilizar sus sentidos de ecolocación, fijó entonces su rostro en dirección al nigromante con una sonrisa—: [c=#E50000]Echaba de menos asistir a la celebración, siempre escuchaba la música e imaginaba las luces de Shaulen desde lejos... sabía que tarde o temprano mi Señor me permitiría salir del templo para venerarlo en este día. [/c]—Tahros aún no había llegado ¿Dónde se habría metido ese anciano? Le costaba creer que no fuera asistir después de hablarlo largo y tendido ¿Estaría enfadado? Discutían mucho pero no tan fuerte para que no asistiera—. [c=#E50000]Estoy deseando que estemos todos por fin.[/c] —Presintió otra esencia que los acompañaba; junto con Riak iba Nessa. Le dedicó una leve sonrisa, pero la muchacha se cruzó de brazos desviando la cara molesta—: [c=#E50000]Siento que tu Kai aún no te acepta...[/c] —Susurró al nigromante, no soportaba la idea de que un Kin-Shannay no se llevara bien con su Kai, aunque en el caso de ella, lo había devuelto al otro lado hace muchos años—: [c=#E50000]Nessa ¿Podrías echar un vistazo por alrededor a ver si Tahros se encuentra aquí? Me preocupa la tardanza [/c]—Dijo sin apartarse de Riak a sabiendas de que Nessa la escucharía, después de todo era la kai del nigromante y donde estuviera él, estaría ella.


[center][quote=#000000][c=#ffffff][med]INTERACCIÓN:[/med][sep] Riak y Nessa[/c][/quote][/center]
 
 
Nunca ha asistido al festival de la cueva oscura, el Zoldush, tampoco le llama mucho la atención más de lo necesario. No se ha planteado acudir desde que tuvo las primeras noticias, sin embargo a medida que ve el empeño del que muchos alumnos llaman "maestro Riak" en los preparativos, comprende que era muy importante para él y el momento perfecto para ganarse quizás un poco de su confianza. A veces siente escalofríos al estar cerca de hombres así, pues presiente que debe de sentirse igual que estar cerca del maestro Ventus, notando la oscuridad tras esa sonrisa que ofrecía a sus aprendices y subordinados. bastante le cuesta comprender comprender cómo es posible que llegara al lugar donde está ahora, o que además, tuviese un Kai. Por lo poco que había visto y conocido del líder de la cueva, concluye que se trata de un elfo bastante serio, recto y nada amable, salvo que haya vino de por medio.

Después de pasar un día entero junto con Ako pensando en qué vestir, decidió ir con la misma prenda de siempre, aquella que ni se interesaba en cambiar por la típica túnica de escuela. No quería ni representar su grado de aprendiza allá donde fuera. Por suerte, por motivo del festival todas las tiendas de Shaulen aprovechaban para vender sus productos tradicionales a los habitantes de la cueva, como eran las indumentarias oscuras o las máscara. Quizás es nueva en la cueva, así como en Aressher, pero Nea es lo suficientemente lista para ver que los tenderos intentaron estafarle al comprar la ropa. Esto sin sumarle el hecho de que Ako mantenía bien vigiladas las maniobras del vendedor taimado, que daba bastantes problemas.

Tras una discusión de quince minutos, Nea sale de allí con un atuendo nuevo, el tiempo apremiaba y no tenía ganas de seguir discutiendo con el dichoso hombre que se aprovechaba de su mal manejo del idioma. Se preparó a conciencia, procurando que su nuevo atuendo estuviera correctamente puesto, ya que era la primera vez que se ponía un vestido de ese estilo. Sin embargo, dada su desconfianza decidió colocarse sobre este una capa negra, la cual traía integrada una capucha que usaría a modo de velo, aquel que le cubriría parte del rostro para respetar la tradición de la festividad.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/62/40/81/Nea-Kiritake-K4pOKLuAb-b.jpg][/center]
Una vez en el festival, Ako llegó hasta ella y señaló hacia un hombre alto que destacaba entre los demás, a su lado estaban dos personas, una mujer vestida de manera tan intimidante como él y otra más, de aspecto etéreo, que debía ser su Kai. Desde ahí avanzó por entre la multitud, con paso lento pero seguro, hasta la posición del gran nigromante, comprobando ahora de cerca que se hallaba acompañado, y que además, parecía que la mujer también poseía las capacidades de comunicación con el Kai. Ako pareció atemorizada, pues se ocultó tras la espalda de Nea, mientras estaba preparaba las palabras antes de entonarlas.

—[b][c=#663300] Buenas noches... [/c][/b]—se congeló, no sabía cómo llamar al nigromante—[c=#663300][b] ... Señor de Nyx[/b][/c] —optó por los modales comunes, o quizá solo fue lo primero que se le vino a la mente—[c=#663300][b], señoritas...[/b][/c] —dirigió un jovial saludo a sus acompañantes femeninas— [b][c=#663300]Un festival fantástico, me complace haber asistido [/c][/b]—Justo en ese momento escuchó a la mujer aparentemente ciega pedir a la alma errante que echara un vistazo por si veía al maestro Tahros.

Queriendo ganarse la confianza del nigromante, se despidió para hablar con su Kai, a primera vista parecía una hermosa chica, un tanto molesta, pero esa no era su preocupación. —[c=#663300][b] ¡Disculpa! He escuchado a la señorita que acompañaba al señor Riak ¿Te importa si te acompaño? Te echaré una mano, si buscamos las tres será más rápido[/b][/c] —Dijo con una cálida sonrisa a la albina— [b][c=#663300]Mi nombre es Nea Kiritake, y esta... [/c][/b]—señaló a Ako, su Kai—[b][c=#663300] ...es Ako, mi Kai. Encantada de conocerte.[/c][/b]
 
 
[c=#60BFBF]El día de la Fiesta de la cueva, parecía ser uno de los días más importantes de su Kin-Shannay por su significado y sus tradiciones aunque también era uno de los días más tensos para Nessa, era el día en que la gran mayoría de magos oscuros y guerreros al servicio de un Dios oscuro estaban en la fiesta en el desfile previo al inicio de la misma, era una ocasión demasiado perfecta para un atentado de cualquier tipo en el resto de la cueva por parte del concilio o la inquisición. Por otra parte le tranquilizaba que la ubicación de la misma era tan específica que ni siquiera ella podría guiar a un grupo de magos consagrados o archimagos sin que al menos uno se perdiera y todo eso, por lo que no actuaría en un día como ese arruinando una tradición mucho más antigua y directamente relacionada con el Dios, aun con ello le seguía preocupando que se repitiese la historia de la niña huérfana al que crían sin ningún tipo de valor para que asesine a sangre fría sin piedad, y que luego, una vez que encuentra la paz la traigan de regreso a este mundo atormentado al lado de un nigromante patético... Es por ello que por mucha festividad que fuese y por mucho que le doliese como "Kai de Riak", no se reflejaría de la forma tradicional ni se relajaría, continuaría haciendo su papel de "Kai" pegada a la sombra del nigromante como de costumbre, siendo observada solo por él. Aún así, iba vestida de un atuendo oscuro, llevando una máscara blanca que mostraba una expresión siempre sonriente, cubriéndole por completo el rostro.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/54/60/85/Nessa--Xqc63ldMf-b.jpg][/center]
Además de seguirle en los recorridos que hizo y estar pendiente de todo movimiento mientras éste pronunciaba sus palabras, se quedó junto a él cuando se reunió con una dama vestida completamente de negro y los ojos cubiertos, manteniedo aquella sonrisa tan mecánica de su máscara que no tenía sentimiento alguno, sin embargo su voz era prácticamente imposible distinguirla de una normal y una alegre gracias a la práctica que tenía. Tras algunos minutos escuchó la voz de la otra mujer, que por como su aura daba a renacer, también era nigromante, como su Kin-Shannay, dirigiéndose a ella aunque no le habló directamente, a lo que ella respondió elevando los hombros y soltando un suspiro disgustada. —[b] De acuerdo...[/b] — Apenas terminó de hablar y dar un paso en dirección contraria al grupo para comenzar a buscar, escuchó una nueva voz de una chica que, por la forma en la que se presentó hacia Riak, parecía que recientemente había ingresado a la fortaleza, y además también parecía tener el don que tenía Riak y la mujer a su lado, los tres eran Kin-Shannay, pero a ninguna de las dos había podido aún verlas en acción ni presentarse oficialmente y por esa noche al menos no lo haría. — [b]Muchas gracias por el ofrecimiento, cuatro ojos ven más que dos. Mi nombre es Nessa de Nyx.[/b] — Se presentó de vuelta al hacerlo ella y continuó ahora si con su búsqueda, quizás lo más evidente sería mirar en la torre de Shaulen, sino seguir el camino en dirección a Rossnatt, hasta la biblioteca, por si estaba ocupado y de ahí el retraso.[/c]
 
 
-[ ¡Uhlalá! ¡Cuánto trabajo! Qué agotador. Desde que había fundado la Orden, el trabajo aumentó en proporciones inimaginables, ya casi no tenía tiempo para ir de paseo o hacer sus acostumbrados viajes, por otro lado se sentía satisfecho, pues todos sus esfuerzos estaban dando frutos. Ya solo le quedaba pendiente el orden de los nombramientos. Todos los estudiantes estaban alterados desde que anunció que se elegirían a los mejores para ocupar oficialmente los cargos mas importantes y entre estos, los mas codiciados eran los relacionados a la administración y a las estrategias. Alquimia geofísica también era otra atracción, pero los mas disputados eran los que trabajaban mano a mano con el fundador. Sobretodo por el tipo de recompensas que eso les deparaba.

Asi que las dos montañas de papeles en su escritorio, no eran nada mas que los reportes enviados sobre los avances mensuales de los chicos y chicas que allí se encontraban. Entre estos los seis expedientes mas destacables correspondían a varios estudiantes, algunos nuevos que ya había conocido y otros mas antiguos que recibían una diligente asesoría de su parte.

Se levantó de su sitio tras soltar el último. Necesitaba estirar un poco. Tanto tiempo sentado le cansaba. Abrió ambos brazos haciendo crujir tanto sus nudillos como sus hombros, para dirigirse hacia el ventanal que daba a sus espaldas, desde donde podía contemplar a sus anchas todo el patio y los pasillos estudiantes atestados de sus activos estudiantes. Internamente aquellos pequeños discípulos le enorgullecían. Principalmente porque había incluso niños entre ellos que el había aceptado por instancias de los padres y cuyos avances eran impresionantes. Los infantes ya mostraban la agresividad y el manejo de armas cortas a sus nueve años y en ocasiones derrotaban a sus maestros. Claro, las armas que se manejaban en la Orden, no eran normales. Se acoplaban al peso y movimiento del portador para no estorbar sus movimientos y no podían ser usadas por otros, por lo que cada una de las armas era diferente. Al igual que las armaduras, hechizos de armas y otros detalles, cada uno era personalizado, supervisado y en ocasiones, favorecido por el fundador.

Un delicioso aroma a incienso y especias llegó a su nariz., recordándole que fecha era, haciéndole sonreír de gusto ¡Qué dicha! Una vez al año, la gente de las ciudades principales se reunía para preparar a sus muertos, ataviarlos hermosamente y luego presentarlos ante el Venerado, quien con su gracia los juzgaría en el Oscuro Juicio para determinar el peso de las almas. A su mente vino ese maravilloso momento ¡Qué gozo! ¡Qué honra! Ellos serían capaz de escucharle, sentirle, verle tal cual el lo había hecho ¡Aún recordaba ese día! ¡El grandioso día de su consagración! Oh... ¡Si pudiese volver a ese maravilloso lugar de nuevo! ... Unos golpes secos le sacaron de sus pensamientos. El musitó algo por lo bajo y la puerta se abrió lentamente dando paso a uno de sus estudiantes. Este entró en la habitación y cerró con cuidado la puerta, inclinándose frente a el.

[center][c=#0000E5]Gran Maestro. Los preparativos están listos. Esperamos su orden para salir.[/c][/center]

El no respondió. Desde su posición observó como lentamente las filas de estudiantes se conformaban en el patio frente a un gran trípode de bronce acerado que estaba colocado a gran altura en el centro. Todos ataviados con sus túnicas negras en cuya espalda estaba bordado un gran dragón rojo en un complicado patrón alrededor de otros elementos, conformando el escudo de la Orden. Todos tenían la mirada puesta en este, como si esperasen lo evidente. Aquel trípode contenía en su centro no leña, ni siquiera papel o tela como es usual en las antorchas. No. Contenía en su centro trozos de carne mezclados con rocas de colores apagados, todas ensangrentadas junto a un olor particular. [i][c=#E50000]"Sangre de Claxbalos."[/c][/i] Pensó. En si la preparación de dicho contenido era un secreto que solo los grados superiores conocían muy bien. Era una mezcla peligrosa, pues al menor frote, toque o golpe, podía estallar en un terrible incendio y matar a quienes lo preparasen. [i][c=#E50000]"Han aprendido bien."[/c][/i] Se giró hacia el joven que seguía inclinado. Este alzó la mirada y eso bastó para que ambos se entendieran. El joven asintió irguiéndose de prisa y salió de la habitación, mientras que el rubio simplemente ordenó los papeles. Miró el reloj en la pared, un objeto reciente que le permitía saber si en el exterior de la Cueva era de día o de noche. Suspiró ligeramente, aún había tiempo. Se dirigió al armario donde guardaba el traje de gala y se cambió las prendas.

Quince minutos después, el fundador de la Orden bajaba las escaleras de caracol directo al patio.

En cuanto su figura apareció, todos le hicieron inmediata calle de honor. Los estudiantes, como si estuviesen programados para ello, se inclinaron al mismo tiempo, saludando en coro respetuoso su nombre. Ash se detuvo en el centro, justo al lado del trípode y observó por un momento el amplio mar de cabezas oscuras a su alrededor.

[c=#E50000][center]El día de hoy es una fecha importante para ustedes y sus familias. Es una fecha sagrada. Vayan y recuerden que sin el favor de nuestro Señor Oscuro, no somos nada. ¡Tenebris nascimur, cum suscipiet eam vitam amovebimus Sit dea regni confusa![/center][/c]

[center][i]¡¡¡¡Sit dea regni confusa!!!![/i][/center]

Diciendo esto, incendió su diestra con las vivas llamas verdes y lanzó una esfera hecha de estas hacia el trípode, que ardió al instante en una luz mortecina siniestra, iluminando el rostro de todos los presentes, en medio de gritos de júbilo y alegría. Las filas se deshicieron y todos los estudiantes se marcharon para unirse al evento, ayudando diestros a preparar a sus muertos. Por su parte, el rubio se arregló el traje y fue envuelto en un torbellino de llamas verdes que lo trasladó sin problemas desde la Orden hasta la comitiva que se reunía en Shaulen. Sonrió divertido al ver a tanta gente en los preparativos, especialmente porque al aparecer en su forma acostumbrada, algunos retrocedieron asustados cuando un repentino torbellino de llamas verdes apareció de la nada. Pero su sonrisa no era mas que una fachada. Su interior era vacío, frío y a la vez ardoroso. Desde su consagración ya no era el mismo, menos cuando se sabía con auténtica compañía a su lado que nadie podía sentir. Oh si, su espada siempre pasaba desapercibida, lo que era conveniente para si. En completo silencio se acercó al elfo que esta vez, lucía sus ropas de gala, notó que tenía compañía e hizo una elegante reverencia, pero no dijo nada. Solo le acompañaba una pequeña sonrisa, cuando se colocó detrás de este en completo silencio. No se sabía si era por la penumbra, por la luz u otra cosa, pero su cabello dorado se veía extrañamente de un tono blanco plata.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/99/53/87/Ash-Crimson-orkueQqwb-b.jpg][/center]

Escuchó en silencio todo el discurso, cerrando los párpados con una imperceptible sonrisa de gusto ¡Qué envidia! Si por el fuera, se quedaría a vivir en el Zigurat, el lugar mas hermoso de todo lo existente e inexistente. Entreabrió apenas para pasear su vista disimuladamente por el panorama. El situarse detrás de Riak era para fastidiarle un poco con su presencia y por otro lado, cumplía un pequeño pedido que cierto objeto le estaba haciendo. Nunca dijo para qué exactamente, pero aprovechó a abrir los labios solo para susurrar.

[c=#E50000][center]En dos días ve por tu espejo mon amour...[/center][/c]

Que fuera escuchado o no, no importaba. En cuanto terminó la pequeña ceremonia de apertura, se paseó entre los presentes tranquilamente hasta encontrar una banca donde se sentó para contemplar el panorama mas tranquilo. Un día sin las labores de la Orden le vendría muy bien. Sus estudiantes pululaban por doquier y el observaba satisfecho. En diez días exactos y si los planes eran correctos, la Orden pronto dispondría de tres escuadrones, uno por especialidad, incluyendo el de ataque que contaba ya con un impresionante número de voluntarios y que el estaba entrenando personalmente. Solo un poco mas y podría enviar el informe completo a Riak, para oficializar su propia Facción e informarle de las nuevas organizaciones. Si, tenía la firme meta de darse a conocer y por último, una meta mas ambiciosa a largo plazo, que por ahora y debido a ciertos entrometidos, tendría que esperar...]-
 
 
[c=#660000]¡Qué bochorno! ¿Cómo era posible que eso era todo lo que Riak podía decir en tan importante festividad? Y es que, se había preparado, si, pero ¡Maldita sea! ¿De verdad tenía que aparecer él detrás y desconcentrarlo completamente mientras se dirigía hacia los demás? Mira que, más tarde se las tendrá que pagar al nigromante. Y es que interiormente le hizo pasar tal humillación tan... tan... bueno, no hay que ser tan duro con el maestro, mucho ha hecho con arreglar el espejo. ¿No? En fin, la celebración comenzó tal como lo esperaba, con aprendices vitoreando, ciudadanos festejando y todos los Tenebris con sus preciadas armaduras negras demostrando en las calles de Shaulen la verdadera y suprema belleza de la Necravia. Riak si que se estaba enamorado de como había perfeccionado esas piezas tan fúnebres y elegantes, que a su vez resistían tanto el daño físico como a un menor grado el mágico, y es que de no ser por estar en presencia de otros nigromantes no tan reconocidos como él y otros que quizá no lo pueden ver, estaría sonriendo embobado (y embriagado) de tanta magnificencia tenebrosa.

Aunque una pregunta invadía su mente, lo carcomía por dentro sin contemplación: ¿Habrá suficiente Vino para todo el festival? Sabía que Ventus le había prometido las mejores reservas de Cronum, pero la verdad es que aquella vieja agua tinta no se comparaba ¡en lo ABSOLUTO! a la prestigiosa bebida de su patria; Tamika. A ver, a ver. Que el Nigromante de nigromantes no bebe cualquier bazofia que le ofrezcan, y es que aquel vino es para él su fruto del edén, y si pudiera, cambiaría cada gota de su sangre por la del vino y se haría daño a si mismo, cada segundo, con tal de disfrutarse a si mismo. ¡Qué maravilla! ¿Os lo imagináis? Las dos cosas que más ama Riak, el vino y su cuerpo, en una sola pieza. Solo el mero hecho de pensarlo podría despertar pensamientos indecentes en su mente, aunque, volviendo a la realidad, no era momento para tales banales imágenes y menos con la anoréxica a su lado. Esa mujer de los ojos vendados le daba muy mala espina, sobretodo por la primera reunión de la necravia, cuando alegó haber cortado todas esas orejas élficas solo para mejorar sus capacidades extrasensoriales. ¿Y ahora viene con esa cosa de la ecolocación? ¡Parece murciélago! No... incluso un murciélago es más encantador que aquella mujer.

—[b] No te acostumbres, Rosette.[/b] —Pronunció su verdadero nombre con aquel tono encantador con el que le gustaba engatusar a las hijas de los nobles—[b] Estoy seguro de que en cuanto termine el festival, irás corriendo nuevamente al Templo. [/b]—sonrió con sorna, amaba sacar de quicio a aquella mujer pese a saber que quizás lo lamentaría, aún así, ya había vivido demasiado y de algo hay que morirse, ¿No?

Lo más insensato de la mujer es que ni siquiera reparó a responder la justificada burla del nigromante, y además, insultarlo en la cara al hablar directamente con su Kai sin pedirle autorización a él ¿¡Pero qué es lo que tienen estas mujeres de hoy!? Incluso Amy (con todos sus golpes y gritos) pedía permiso para entrar en la mente del elfo y usar para provecho mutuo las capacidades mentalistas que la [i]empoisonneuse[/i] posee. ¡Pero bueno! Que nos desviamos, estamos en Zoldush, ¿cierto? Enfrascarse en esos pensamientos fue lo que, al menos, le salvó del hecho de sentirse ofendido por la nigromante, aunque gracias al Dios que logró salir de su ensimismamiento debido a una joven de melena flamante que se acercó a él con subordinación que siempre muestran sus aprendices. Todo iba... bien, salvo por la parte en la que lo llamó "señor", aquello le gustó pero a la vez no, a ver, le causaba gracia que usaran aquel modismo despectivo para darle elegancia a un título que ganó cometiendo traición a su patria y matando uno que otro noble que su corte no necesitaba. A lo que quiero llegar es que a Riak le parece tan gracioso que lo traten con tanta elegancia que él nunca demostró a sus congéneres.

—[b] Tú debes de ser esa tal Nea... Si, he oído de ti. ¡Una erudito! Eso dicen... [/b]—sonrió burlón—.[b] Llámame Maestro Riak, la palabra Señor no va de la mano con el Nyx [/b]—Se encogió de hombros e hizo ademanes despreocupados con ambas manos— [b]Tengo suerte de contar con Ventus para hacer de sustituto en las clases que no son de mi interés impartir, como las pociones. ¡Para eso tengo a mi propia pocionista! Deberías conseguir alguna... [/b]—dijo y la despidió con un leve movimiento de su mano, no quería ser grosero, o eso aparentaba mientras hacía que la aprendiza se alejara de él.

Ay, Riak es... irremediable. Es curioso que la única persona conocida que le soporte (de verdad) sea él mismo.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/63/88/57/Riak--9kWT9UqRr-b.jpg][/center]
La ventaja del lugar que ostentaba era que le brindaba una perfecta visión de casi cada rincón de la cueva, claro que requería de algún hechizo de visión amplificada para mirar aquellos recónditos lugares, pero si se concentraba y tenías un ligero conocimiento de la cueva además de sentido de la orientación, podías admirar las luces de cada punto lejano y observarías cada gran edificación demostrando al Señor de las Tinieblas su supremacía subterránea. Al Este se visualizaba enormemente todas las luces de la Fortaleza de Aressher, aquellas iluminadas en la entrada, otras en la cúspide, y algunas más creadas por aprendices. Reparó sobretodo en la que hacía un hermoso espectáculo lumínico en el torreón asignado a la Facción del Maestro Crimson, pese a ser su primer Zoldush, parecía haberse adaptado lo suficiente a la cueva como para seguir la, ajena para él, tradición.

Al Oeste estaba Rossnatt, aunque sus luces eran distintas a las de Shaulen, siempre brillaban con aquel exquisito tono celeste gélido, quizá el nigromante se rió por un momento, y es que descubrió en ese momento de dónde el pequeño Ventus había sacado su afición por el color ¡Teniendo un maestro como Tahros! ¿Quién no? Parece que al viejo elfo cascarrabias también le gusta el color. De hecho, ¿dónde estará metido? Y es que no lo ha visto y sin él, no pueden dar inicio a la ceremonia final, que tendrá lugar a media noche, cuando la luna llena se postre esplendorosa sobre la Torre de Shaulen e ilumine con su magnificencia la llegada de Nuestro oscuro Señor.

Al Norte... bueno, no hay nada que ver al norte. Pese a que se encuentre el Templo Oscuro, además de la Necravia, ambos son imposibles de visualizar por las cavernas que llevan a su entrada, pero lo que si pudo entrar en su campo de visión fue aquella cabellera albina que destacaba entre las demás y unos ojos violetas que no podía ignorar. ¡Era Yandrack! Ese pequeño renacuajo había vuelto de la superficie. Y menos mal, ya había pensado que quizá se lo había comido un Dodo en el camino o quizá lo había agarrado los inquisidores. ¡Oh espera! Mejor aún... que habría encontrado la Torre y se huibiese unido a la Diosa, eso si que hubiese sido una tragedia, ¿verdad? Bah... en lo que a Riak respecta, aquel chico es la llave de una cerradura que oculta a un poderoso dragón tras su puerta. Pronto lo haría salir, pronto...

Pero ese era plan para otro momento, por ahora, solo disfrutaría de la ceremonia.[/c]
 
 
Pasó parte de la mañana conversando con Gris, poniéndose al día sobre las tradiciones y la festividad del Zoldush de Vinardorl, quería llegar y tener una idea bastante clara de lo que iba a encontrarse, además invitó al mayordomo a que le acompañara a la festividad, tal vez pudiera sentirse abrumado con tanta gente alrededor, pero al tratarse de Ventus, una persona con una presencia relevante, no estaría con todo el gentío, ocuparía un lugar menos alborotado junto a los otros nigromantes, por lo que el anciano se debería de sentir bastante cómodo. — [b][c=#00E5E5]Aún sois una buena enciclopedia, anciano. [/c][/b]— Se levantó de la silla y se acercó a la puerta—:[b][c=#00E5E5] En dos horas os espero en el jardín, pues vais a venir al festival conmigo.[/c][/b]— Le señaló con un dedo y le guiñó un ojo mientras cerraba la puerta para dejar a solas al mayordomo.

Regresó a la habitación para ponerse un traje completamente negro y una camisa blanca, —elegante ante todo—. Botas de los mismos colores oscuros, así como los guantes y la capa que nunca se quitaba. Por último, pero no menos importante, sacó de la primera gaveta de su cómoda una media máscara que cumpliría con las normas establecidas para la tradición de Vinadorl.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/64/52/55/Ventus-Geth-G9hPY7zWK-b.jpg][/center]
Se acomodó el cuello de la camisa, la chaqueta y salió al pasillo para reunirse a mitad de camino con un Gris ya preprado. — [b][c=#00E5E5]¿Preparado para una experiencia más?[/c][/b] —Le miró por encima del hombro al encorvado, viejo y frágil humano, adelantándose para bajar antes las escaleras y reunirse arriba con Ogadrack, aún no había llegado por lo que rápidamente ordenó preparar a los Ejecutores —guardias oscuros al servicio del nigromante— un Thestrals para que Gris se pudiera subir encima sin problema y así llegar con él a Shaulen—. [b][c=#00E5E5]Esta montura te acompañará en el viaje, está totalmente domada, aunque no te aseguro que no te vaya a ocurrir nada.[/c][/b] — Al girarse se dirigió hacia otros ejecutores—.[b][c=#00E5E5] ¿Habéis preparado el vino para entregárselo a Riak?[/c][/b] — Miró las alforjas de los ejecutores que le acompañaban—: [b][c=#00E5E5]Bien. [/c][/b]—Ayudo a Gris a subir a la montura con un leve gesto de la mano, el anciano despegó los pies del suelo gracias al hechizo de levitación y quedó sentado sobre la grupa del tenebroso corcel, momento justo en que los sonidos guturales hacían eco entre las montañas y las ráfagas de viento de unas enormes alas siendo abatidas se adueñaba del momento. El oscuro dragón, tan negro como la noche, aterrizó obediente e inclinó su cabeza con subordinación ante el nigromante, éste avanzo con paso firme, tomó las riendas de la bestia y se montó en él. Desde ahí observó que Gris se encontraba cómodo y seguro en su montura, así como otros dos ejecutores con sus Thestrals que llevarían las alforjas llenas de Vino.

Una vez todos listos, era hora de alzar el vuelo y dirigirse a la capital de la Cueva Oscura.
  
[c=#0073E5][big][center]—[b] « ❄ » [/b]—[/center][/big][/c]
Bajó de Ogadrack y se quedó mirando a Gris en sus intentos de desmontar el Thestrals, verlo poner tanto esfuerzo y sufriendo por no lograrlo, lo disfrutaba. Esperó a que los ejecutores bajaran para aproximarse a ellos, no le preocupaba como se podría llegar a sentir el ancianio teniendo en cuenta que estaba acostumbrado a vivir bajo la sombra de Ventus y ahora iban a meterse en una ciudad en fiestas repleta de gente. —[b][c=#00E5E5] Parece que nos iremos pronto. [/c][/b] —Miró al anciano cubierto por la túnica y la capucha—. [b][c=#00E5E5]No te separes de los ejecutores, si te pierdes no me preocupa dejarte aquí. [/c][/b] —sentenció en un tono no muy alto—.[i][c=#00E5E5] Avant.[/c][/i] —Se dirigió a los escoltas, para que comenzaran a caminar tras él—.[b][c=#00E5E5] Pero tranquilo, anciano. Puedes divertirte.[/c][/b]

Toda la ciudad estaba muy animada, tanto que a Ventus le repugnaba, había gente vestida con la ropa tradicional y otros con aparentes disfraces, la gran mayoría ocultos tras una máscara, otros con un velo y muchos más con maquillaje. Confiaba en encontrar al Líder de la Necravia porque seguramente estaría con algún otro nigromante o miembro de la necravia, por lo que más o menos sería sencillo ubicarlo. Uno de los dos ejecutores que les acompañaba iba delante abriendo paso entre la multitud, aunque poco antes de llegar volvió su vista hacia un lateral.

Ahí, en un banco sentado entre la multitud, el recién nombrado guerrero de las tinieblas parecía también disfrutar de la fiesta, Ventus no reparó en darle atención, y continuó su andana hasta donde el gran nigromante se encontraba.

  —[c=#7300E5] Canciller Geth... [/c] —Se detuvo un instante el ejecutor para destacar la presencia del Gran Nigromante de la nación de oscuridad al albino. Ventus asintió y se aproximaron al alto elfo—: [c=#00E5E5][b]Riak...[/b][/c] —Saludó al elfo y su acompañante haciendo una leve reverencia con la parte superior del cuerpo—. [c=#00E5E5][b]He de felicitaros por la animada fiesta… Y para acompañar la festividad, le traigo este presente.[/b][/c] —Cogió la caja que vino que contenía 6 botellas gran reserva y se la entregó al nigromante—: [b][c=#00E5E5]Es uno de los mejores vinos de Cronum, de la última cosecha estival. Espero que lo disfrute.[/c][/b]
 
 
Yandrack paseaba por el lugar intentado no resaltar, la multitud le abrumaba pero no le causaba desconfianza. Sabía que en la cueva estaba seguro pese a que cada calle rocosa de aquella oscura ciudad le recordara a los tranquilos caminos de piedra labrada de los mercados humanos. Fue cuando pensó que lo mejor para él era divertirse, no solo quedarse pasmado en un sitio mirando allá donde se reunían los nigromantes y miembros destacados de la Necravia con un entusiasmo de muerte. Inclusive apareció aquel maestro Albino que lo trajo en primer lugar a la fortaleza de aressher, aquel mago por el que no sentía mucho aprecio pero en quien debía confiar si su forma de dragón algún día quería recuperar. Yandrack ahogó un suspiro, sinceramente no conocía a nadie, ni siquiera a sus compañeros de clases por el hecho de andarse estudiando más la superficie que el subterráneo, sabía muy bien que si sus sueños eran verdad así como sus recuerdos pasados, ya había pasado más de los años suficientes en una caverna como para pretender pudrirse en esta.

—[c=#E57300]¿Cómo será ese tal Tahros? [/c]—se preguntó, acomodando nuevamente el cuello de su capa para ocultar parte de la cara.

Se cruzó de brazos, y esperó. Sabía que era elfo y además de eso, viejo. Un elfo viejo no se ve todos los días, ha de tener milenios de vida para que su "perfecta" eternidad se vea alterada. Mucha razón para ser el director de la gran biblioteca que almacena teóricamente toda la información de Ethereal, pero ver libros durante años y años... Yandrack no se cree capaz de tal hazaña.

Fue entonces cuando una peculiar escena llamó su atención, en medio de todas las capuchas, máscaras y maquillajes, dos mechones color sangre se asomaban por debajo de la visera de una capucha y adornaban de manera hermosa el delicado rostro de una joven chica. Aquella quizás también era una aprendiza, aunque algo le decía a Yandrack que no era más que una loca de la calle, pues por si no estaba dando cuenta, hablaba sola en medio de la multitud. Incluso parecía llevar tan buena conversación que se dirigía hacia una y luego hacia otra. ¿Tiene distintas personalidades a caso? El hecho es que llamó la atención del dragón maldito, quien descruzó los brazos para apoyar sus manos de la superficie donde se había sentado, impulsarse y pararse para dar comienzo a una caminata en dirección a la chica.

Mientras más se acercaba, con más atención podía escucharla. Yandrack no sabía aún no que era respetar la privacidad ajena, por lo que gracias a su fisgoneo aprendió que el nombre de aquella chica es Nea. Aunque pronunció también otro nombre. Se acercó a ella de espaldas y le dio varios suaves toques a su hombro.

—[c=#E57300]Disculpa, ¿Nea? ¿Te encuentras bien? [/c]—dijo suave y calmado, pero pese a que era una pregunta preocupada, la forma en la que lo dijo no presentaba sentimiento alguno— [c=#E57300]Parece que sabes divertirte contigo misma, ¿Estudias en Aressher? [/c]

Definitivamente al dragón aún le costaba relacionarse con los humanos, pero al menos lo intentaba. Sobretodo encajar en una sociedad llena de oscuridad, donde los modales a veces importan como otras veces no. Donde puedes recibir un saludo jovial o un puñal en las tripas.
 
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