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[med][c=#737373]FÖRSTGARD — Cronum[/c][/med] [c=#808080][code][i]Un tiempo después de la desaparición de Banisari y el éxodo de los cambiaformas...[/i][/code][/c] [center][image=https://webcomicms.net/sites/default/files/clipart/173800/royalty-free-fantasy-art-173800-1979010.jpg] [quote=#ffffff] Miseria. Esa palabra resumía el caos de Cronum [/quote][/center] La ciudad fortaleza no era nada a como la solían describir: artística, exuberante, llena de cultura y vida. No. Todo lo contrario. Oscura, con edificios históricos, sí, pero en decadencia y descuidados, la sobrepoblación se arrastraba como ratas, dejando al descubierto, como un nervio expuesto, un desorden generalizado, la falta de control de las autoridades reemplazadas por las condenas de un nigromante, la perdida de la fe y el horizonte. Si la esperanza fuera un don dado para el mundo, hacía mucho había dejado los límites de los dominios del[i] Juez[/i]. Y con razón: el atolón congelado era objeto de conocimiento popular e inspiración turística; quien hablaba de Förstgard, tarde o temprano mencionaba al Lago Elarciag y la derruída antigua capital de Garnalia del Norte que desapareció en el tiempo, todos la recuerdan por sus tabernas, sus bebidas, su música y baile, la esclavitud servil a disposición de los más acaudalados. Pero ahora, dividida por la situación de asedio que sufría cada día por la migración de los sobrevivientes de la plaga de Garnalia Centro, miles y miles de refugiados cambiaformas invadían los antiguos establecimientos, pidiendo limosna por las calles, tomando control sobre el patrimonio privado, creando un aire de inseguridad que se arrastraba como sarna por los barrios congelado de la ciudad.

Sin embargo, el caos general no detiene la vida del más acaudalado. Con su hogar cerca de la llamada Plaza del Reloj viperino —nombre dado por la escultura de una gran serpiente de piedra entrelazada a un reloj de arena que adorna el lugar—, la vida libertina sigue a pesar de que fuera de los límites de la mansión del nigromante, la ciudad entra en estado de anarquía. Es en estos lugares, barrios que cada vez sufren de la depresión económica por falta de recursos, que poco a poco empezó a llegar la "ayuda" extranjera, con sus suministros de comida y medicamentos. El reto estaba claro: organizar a los extranjeros para que el estado del Nigromante pudiera darles sustento en labores necesarias para fines sociales y militares, respondiendo a los retos que ahora tenían como reino perdido en el tiempo frente a sí mismo, y frente al Dios, señor de las tinieblas.

Ventus había llegado días atrás, junto con Gris. El viejo mayordomo de su mansión poco había envejecido, pues con tantos hechizos de rejuvenecimiento que el nigromante había aplicado en él, cualquiera diría que lo torturaba evitándole la muerte, otros decían que le era necesario, que ese anciano era el único que lograba calmar la cólera del [i]Juez[/i] contra las ratas que poblaban las casas y calles. Aunque el viejo carecía de dotes para la magia, tenía un amplio conocimiento en su memoria; era un adepto en la medicina, la alquimia y la política, distraía al nigromante con sus historias y desde hacía siglos estaba concentrado más en las estrellas que en la tierra, siendo la astrología para él un arte cultivado y por ende, un aspecto que solo él podía entender de Ventus. ¿Cómo podía alguien tan longevo no perder la cordura? Con pocos meses de haber perdido a una pequeña que le causaba calma, y aun las dudas de la existencia en su espalda, el albino se había recluido, quedando el viejo Gris a cargo de la ciudad fortaleza, y de organizar a los nuevos habitantes en Cronum mientras el nigromante se ocupaba de llevar a buen puerto sus pensamientos.

Todos los días desde que llegara, el viejo Gris se había dedicado a la misma rutina: atender a los enfermos cambiaformas, ofreciéndoles donde hospedarse, repartir alimentos en el hospicio de la ciudad y luego, pedía a cambio servir a su señor. Cuando no había tantos enfermos en el lugar, volvía a la mansión donde se entretenía con el huerto que tenían los estudiantes del maestro allí y luego en la azotea, donde había un mirador decorado con un reloj solar de piedra y muchas flores de hielo. Aprendía cada día algo nuevo: la biblioteca de aquel lugar era un santuario en sí mismo, ubicado en el sótano de la estructura. Ese día decidió llevar el parte de refugiados al Lord, debía pensárselo dos veces antes de tocar, no le gustaba acabar congelado por alguna trampa de escarcha sobre la puerta o que su señor lo rejuveneciera tanto que pasaría a ser niño o un bebé que balbucearía sin voz ni voto.

Se acercó a la gran recámara, dando tres suaves toques a la puerta y al cabo de cinco segundos, habló:

  — [b][c=#E57300]Es increíble cómo las rencillas pueden darse entre las razas; diferencias de pensamiento… que nunca falta, pero a la hora de atender las calamidades, sobre todo aquellas venidas por la inquisición, la naturaleza y los mismos dioses, nadie estará solo. Esa es la esperanza de Ethereal, Señor Geth: saber que a pesar de estar dividida, es una y como grupo único tiene un destino y una responsabilidad compartida. De todos. Para todos. ¿Ahora lo ve, mi señor? Que los cambiaformas vengan a nuestra tierra os garantiza prosperidad. Futuros guerreros y buenos comerciantes para que Cronum vuelva a salir a flote, a nivel político, por supuesto.[/c][/b] —Aunque sabía que al albino no le gustaban las bromas, el viejo mayordomo optó por darle un poco de gracia al final de su oración, pues ¿qué más podía flotar toda una ciudad que el mismo nigromante había puesto a levitar?

Pasaron diez segundos exactos y Ventus no respondió. Gris sonrió tras la puerta y se retiró.

[c=#0073E5][big][center]—[b] « ❄ » [/b]—[/center][/big][/c]
Por la tarde, Ventus solía ir a dar un paseo a solas. En ese momento tenía a Gris en casa, algo que provocaba que los paseos se alargaran más de lo que era habitual, ya que no le gustaba tener esa compañía por todo el día, y más si únicamente le sabía hablar de lo mismo siempre. Se había vestido como de costumbre, con la camisa de seda de color blanco, un pantalón ajustado negro y unas botas de cueros impecables, para rematar su vestimenta usaba un largo abrigo de tela negra con detalles plateados y aspecto romanizado que le daba elegancia y porte a su andar. Aquella vez su estoque estaba bajo resguardo en su recámara. No se molestó en peinarse demasiado, pero no consideraba que le hiciera falta. No, ya iba suficientemente arreglado como para dar un paseo de dos o tres horas, realizar una tortura gélida a alguien o tal vez ir a tomar algo si le apetecía. Agradecería algún tipo de compañía, sí, pero una que le resultara interesante, no cualquier persona que quisiera pasear con él, por lo que era excepcional que no estuviera solo. Salió de la mansión sin usar la puerta, materializándose en la entrada, y empezó a caminar por las proximidades de la estructura primero. Se iría alejando poco a poco, seguramente hasta llegar al muelle, pasando por los barrios menos pudientes en el proceso. No solía detenerse demasiado por allí, no le gustaba, sobre todo si su vestimenta y su caminar delataban por completo su posición social. Eso no significaba que de vez en cuando no pudiera hacer alguna buena acción, pequeñas más que nada, para ver el agradecimiento que le daban esas personas a quienes daba una limosna o algo parecido. No le venía de diez o quince coronas sveanas, en realidad, pero no era algo que hiciera siempre ni mucho menos. Ni con todos los que se cruzaba. Es más, más de uno quedaba hecho estatua congelada y formando parte de las numerosas esculturas de hielo que adornan las calles adosadas.

Llegó al puerto —o lo que queda de él—, y se detuvo un momento a observar hacia abajo, el mar. Ese día era ventoso, por lo que sería normal que hubiera olas de tratarse de una ciudad del sur, pero no. Era un mar de costa congelada. No había gente allí, y una figura de tez palidecida, solitaria, plantada en un lugar donde cualquiera se congelaría o que de un empujón se enfrentaría a una gran caída era bastante extraña. Se mantuvo un largo rato observando el glaciar y reflexionando. Cerró los ojos por un momento para sentir el aire frío.

Aquella tierra fría siempre le traía recuerdos, muchos recuerdos de buenos momentos en los que aprendices volaban por los aires y edificios ardían para luego ser cubiertos por una delgada capa de nieve.

Abrió nuevamente los ojos, dando media vuelta. Regresó por un lugar distinto al que había venido, eso sí, para variar su ruta. Caminaba lentamente —sabía que estaba seguro en su capital por lo que no era necesario levitar—, mirando a todo su alrededor, sin que nada suscitara su interés, por lo que llevaba una expresión de bastante aburrimiento. Al menos hasta que algo rompió la monotonía del empedrado levemente congelado por la helada de la mañana. Una capa. Alguien llevaba esa capa puesta, estaba claro, y se trataba de una chica que no aparentaba más de dieciséis años. Ventus la observó durante un minuto, tal vez dos, sin hacer ningún movimiento que pudiera parecer amenazante.

  —[c=#00E5E5][b] ¿Tienes algún lugar al que ir? ¿Te has perdido? [/b][/c]—le preguntó con voz suave. No la había visto nunca, por lo que pensó que a lo mejor era de fuera. Si ella alzaba la vista vería un semblante serio, nada empatico, y unos ojos rasgados de celeste y plateado que la miraban con curiosidad.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/60/59/21/Ventus-Geth-KkoIMdxUc-b.jpg][/center]
 
 
[center][c=#f49e9c][med]✧ ~ ♡ ~ ✧ [/med][/c][/center]
A poco de una semana de su llegada, un nuevo día nacía para Yui. Desde el pequeño espacio que la pequeña cambiaformas había encontrado entre unos tejados, el cual le había asegurado un techo y un pequeño lugar para dormir, Yui observaba, aún abrigada con su capa, como la nevada de la mañana lentamente empezaba a cesar. Suspiró, agradecida. Sería una desgracia que la nieve le impidiera salir de su escondite, pues no había tiempo que perder si aspiraba a sacar algo de provecho a ese día. Sacudió con suavidad la suciedad que se había adherido a su preciada capa rosa, la cual le había ayudado a mantenerse en calor durante la helada de aquella mañana.

Cuando no quedaba más que una delgada capa de nieve cubriendo los tejados, Yui abandonó su escondite. Luego de desperezarse un poco, el estómago de Yui rugió instantáneamente, dándole un ligeramente doloroso aviso. Levantó un poco su capa, revisando con sus pequeñas manos los bolsillos que esta traía en su interior. Sin embargo, la pequeña esperanza de encontrar algún resto de comida se desmoronó, pues hace un día que se había consumido el último trozo de un viejo pan de centeno. Suspiró nuevamente, palpando sus mejillas para sacarse de su ensimismamiento. Decidida, Yui se encaminó a bajar de aquellos tejados. Durante los últimos días, Yui había aprendido algunas rutas y métodos que le facilitarían poder moverse de manera óptima entre los tejados, y empleando su práctica, pocos minutos más tarde finalmente se encontraba caminando entre los callejones de aquella ciudad.

Su primer destino aquel día fue el mercado. Si bien la experiencia de varios meses le había enseñado que ese no era el mejor lugar para mendigar, en ocasiones era posible obtener alguna sobra o algo de algún alma caritativa. Los minutos transcurrieron, hasta que se convirtieron en poco más de una hora. Habiéndose trasladado entre la multitud alborotada, aguantando empujones y alguno que otro insulto, Yui no había sido capaz de obtener más que un pequeño trozo de pan de un tendero que se lo ofreció a cambio de irse. Peor es nada, y resignada, Yui tan solo lo guardó en uno de los bolsillos de su sucia capa. Nunca lograba sacar algo de provecho de las entregas que hacía a diario un hombre viejo que daba comida y medicamentos a los habitantes. Esta vez lo intentó, pero su búsqueda no había sido exitosa, sin embargo, pudo ser peor, mucho peor. Ya habiendo abandonado el mercado, tan solo suspiró mientras se trasladaba a través de unas calles cercanas al puerto, aunque más que puerto, parecía mirador.

Cansada y ligeramente desanimada, Yui se sentó bajo la sombra de un árbol petrificado. Tomó el trozo pan del interior de su capa, y mientras observaba como las personas se trasladaban frente a ella, se dedicó a comerlo. Ya habían sido días de situaciones similares, sin embargo, Yui seguía sin estar totalmente acostumbrada a su nueva vida. El choque cultural que le había provocado su exilio parecía ser uno de sus principales problemas, pues no lograba asimilar plenamente las costumbres y la "frialdad" de la sociedad centrogarnálica. Ensimismada, no se percató cuando una figura negra de enorme estatura se acercó a ella. Por instinto, al darse cuenta de su presencia, Yui se preparó para apartarse de un salto. De no ser por la voz suave y la extraña precaución con la que el hombre se dirigió a ella, Yui habría intentado tomar las distancias. Cuando aquel hombre le preguntó si estaba perdida, tan solo se pudo notar una ligera confusión en su rostro.

—[c=#f49e9c]No exactamente... [/c]—Yui encogió ligeramente sus hombros, sin apartar su mirada del albino. Aunque recelosa de hablar de su situación, la joven cambiaformas logró relajarse tras pasar unos segundos, pero aquello solo ocasionó que su estómago volviera a rugir. Con algo de vergüenza, Yui se dirigió al desconocido—: [c=#f49e9c]¿Tendrá algunas monedas que pueda darle a Yui, señor?[/c] —pidió ella educadamente, aunque sin mucha esperanza, con aquella suavidad en su voz en la que se podía captar un notable acento extranjero que prestando algo de atención podía asociarse con el futhark, lengua natal de su especie.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/60/61/10/Y--iwtFhulry-b.jpg][/center] [c=#f49e9c][center][i][code]« A menudo, en los más oscuros cielos es donde vemos las estrellas más brillantes »
[/code][/i]ღ[/c][/center]
 
 
Si se fijaba un poco, Ventus podía ver que no parecía que aquella chica llevara mucho tiempo en esa ciudad. Aún peor, en la calle. La miró con atención. Nada indicaba que estuviera perdida, pero era lo primero que uno solía pensar cuando veía a alguien de aquella edad, o que aparentara aquella edad, solo en la calle. Ella misma lo había dicho... no estaba exactamente perdida. Entonces, ¿qué hacía allí sola? Ladeó con suavidad la cabeza, observándola. La capa que llevaba era horrible, porque estaba sucia. La veía pálida, algo más delgada de lo normal... parecía no tener a nadie, ni adónde ir. Torció suavemente el gesto cuando oyó claramente el rugido de su estómago. No tenía aspecto de haber comido lo que alguien de su edad necesitaba, ni aquel día ni en los anteriores. En otra ocasión, Ventus la habría dejado ahí a su suerte, pero en vista de que quería algo de compañía, pensó que fue el destino que esta vez le sonrió.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/60/67/16/Ventus-Geth-3gSpLj85k-b.jpg][/center]
Decidió que no iba a dejarla así. Estaba claro que uno de los problemas de aquella ciudadela, era que había quien no tenía ni siquiera para comer. Aunque claro, siendo Ventus quien la regía no era habitual que hiciera algo por simple misericordia. De hecho ni siquiera parecía ser posible que su motivo fuera la piedad. O el único al menos. Aun así le esbozó una pequeña sonrisa de lado al encontrarlo, aunque aquella era una sonrisa rara; hacía mucho que no sonreía. Le dio las monedas que ella pedía, no sabía si eran quince o veinte coronas sveanas, pero no se marchó.

  — [b][c=#00E5E5]Ven conmigo [/c][/b]—la instó. Le hizo un gesto en dirección a una taberna cercana—.[b][c=#00E5E5] Te invito a comer algo, parece que lo necesitas[/c][/b] —su voz seguía siendo suave; caramelizada al principio, pero que si te fijabas bien en su pronunciación y si tus oídos eran los suficientemente agudos, notabas un toque seco y áspero al tragar. Ventus no quería que pensara que le iba a hacer daño, porque era todo lo él hacía con aquellos que le incordiaba. De hecho, se estaba planteando la posibilidad de tener un nuevo aprendiz. O una aprendiz, claro.

Ya hacía un tiempo que pensaba que a lo mejor su día a día sería menos tedioso si tenía a alguien a quien enseñar parte de lo que sabía, puesto que era imposible enseñarlo todo. En todo caso debería ver si ella aceptaba o no. Aunque lo primero era lo primero: que ella comiera y presentarse, que aún no lo habían hecho—. [c=#00E5E5][b]Mi nombre es Ventus Geth. ¿Y el tuyo?[/b][/c] —habló en un tono bastante despreocupado, el semblante se le volvió nuevamente inexpresivo, costumbre de él al no ser agradable.

No había esperado que ocurriera aquello en el paseo que solía dar, pero ya que se presentaba la ocasión, ¿por qué no conversar un rato mientras la muchacha comía? A ambos les serviría de provecho, a ella porque se veía que necesitaba comer bien, y a él para hacer un poco de tiempo antes de llegar de nuevo a su mansión.

  — [b][c=#00E5E5]¿Como es que estás sola? No hace falta que respondas si no quieres [/c][/b]—aclaró luego, por si acaso. No quería sacar una historia que le doliera contar, y aunque despertaba su curiosidad el saber si la tenía, decidió que se abstendría de modo que por el momento sería prudente, por eso no le pediría que se la contara quisiera o no, de forma que no se sintiera forzada a hacer o decir nada que no quisiera.
 
 
[med][center][c=#f49e9c]✧ ~ ♡ ~ ✧[/c][/center][/med]
Cubierta bajo la sombra del árbol donde se encontraba sentada, Yui tan solo se dedicaba a observar al hombre que se encontraba junto a ella. Las experiencias vividas desde su llegada a Cronum no le causaban especiales esperanzas, dentro de los mejores casos le daría una moneda o tan solo se largaría. Sin embargo, aquel hombre despertaba algo de curiosidad gatuna en ella, pues aquel aire formal, esa forma de vestir, no era algo tan común de ver por esos lares para una extranjera como ella. Aquel atuendo romanizado destacaba entre el resto de transeúntes de la ciudad, lo que le hizo familiarizarse un poco, al lograr ella también destacar entre el resto gracias a esa sucia capa rosa.

Cuando escuchó su invitación, Yui le miró resguardada desde el cuello de su capa, el cual sujetó con los dedos de su mano derecha. Dudó por unos momentos, no era común un ofrecimiento como aquel, mucho menos en Cronum. Sin embargo, cuando le vio señalar hacia una de las tabernas de la zona, sus ojos lentamente se iluminaron al pensar en la posibilidad de finalmente poder comer algo caliente. Sea por ingenuidad o tal vez por solo simple hambre, sus dudas se disiparon velozmente, no recordaba perfectamente cuando fue la última vez que lo hizo, mas al pensar en aquellas lejanas ocasiones su estómago rugía con suavidad. Apartó su mirada de la taberna, devolviéndola hacia la de aquel hombre.

—[c=#f49e9c]¡Claro! [/c]—respondió entusiasmada, a la par que asentía.

Emocionada, se levantó de un salto, quedando de pie al lado del árbol que aún la arropaba con su sombra. De pie pudo observar con más detalle la gran diferencia de tamaño que había entre ambos, logrando Yuia duras penas llegar a la altura de su pecho. No apartó su atención de aquel hombre, dedicándose a escuchar su nombre, el cual resonó en su cabeza un par de veces: Ventus. La joven chica juraría haber escuchado ese nombre en algún momento de sus recorridos por la ciudad, pero para su lamento, desconocía las figuras reconocidas de aquella región. No obstante, Yui restó importancia a esto, adoptando con ello un semblante que denotaba algo de seguridad.

—[c=#f49e9c]Yui, la guerrera mewbian[/c]—respondió algo orgullosa, a pesar de que no fuese una figura conocida ni nada por el estilo. Ladeó ligeramente su cabeza a un lado, acompañado por un ademán que buscaba restarle importancia—. [c=#f49e9c]Pero Yui debería de bastar. [/c]—Aunque no pudiese ser observado gracias al largo cuello de su capa [i][code](su vestimenta es la del primer turno)[/code][/i], podía notarse que aquello era dicho con una sonrisa.

Yui se mantuvo observando a Ventus aún desde la sombra de aquel árbol, mientras los transeúntes de Cronum pasaban de un lado a otro. La pregunta respecto a su destacable soledad logró tomarle por sorpresa. Su alegre semblante se oscureció ligeramente de un momento a otro. No dio respuesta, aunque no fuese un tema de que le importase hablar, no parecía querer recordar aquellos sucesos. Al menos a ella le bastaba con suprimirlos. Aquel tono melancólico no tardó mucho en desaparecer, devolviendo una mirada segura al hombre frente a ella.

—[c=#f49e9c]¿Por qué invita a comer a Yui, señor Ventus?[/c] —preguntó con curiosidad Yui. Finalmente dio un paso, abandonando la sombra del árbol. Caminó un poco al rededor de Ventus, dispuesta a seguirle en cuanto empezase a caminar.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/60/80/44/Y--YzBCkLWIA-b.jpg]
[c=#f49e9c][i][code]« In a world without rules, magic would be nonsense »[/code][/i]
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Sus ojos, como dos orbes congelados, le devolvieron una mirada severa, producto de un rostro nada emotivo, serio; quizás frío por la temperatura, pero así era él. Entendía que tal vez fuera extraño que alguien se detuviera a ayudar a una joven que estaba en la calle, y aun más que la invitara a comer en una taberna. Eso le daba igual, en realidad. La gente que pasaba lo miraba con bastante desconcierto precisamente por ese gesto, viniendo de un hombre que causa dolor y tormento, pero a Ventus no era que le importara la opinión de los demás, menos cuando fácilmente los podía matar. Que pensaran lo que quisieran, mientras pudieran... él haría lo que quisiera también.

El entusiasmo de esa chica le recordaba a Banisari cuando tenía a aquella alma entre sus pequeñas manos, y no pudo evitar que el sonido de su risa aflorara a su mente. Enseguida intentó pensar en otra cosa. No podía permitirse enternecerse demasiado, no en ese momento, no siendo lo que es. Cuando la vio levantarse asintió con la cabeza y empezó a caminar lentamente en dirección a la taberna. La invitaría a la comida que quisiera, como si quería acabar con las existencias del lugar. Seguramente Ventus pudiera incluso comprar ese local sin que le supusiera un gasto excesivo, pero no iba a hacerlo, pues la ciudad le pertenecía entera. Cuando ella se presentó él arqueó una ceja, tratando de demostrar interés.

Ahora sabía bien que aquella muchacha, con la inocencia de una flor, no sabía quién era él. El lenguaje corporal despreocupado de la menor le hizo pensar en la ingenuidad de la pequeña, que al tener tal despiadado ser junto a ella, no tenía miedo a su presencia.

  —[b][c=#00E5E5]Encantado de conocerte[/c][/b] —le tendió la mano, enguantada hasta el codo de cuero negro, para estrechársela. Si, incluso en ocasiones como aquella, modales ante todo. Que su madre —que en paz descansa en el otro lado— no dijera que no lo había enseñado bien. Se preguntaba qué diría Gris si le aparecía en casa con una muchacha de la calle. El pensamiento lo divirtió, pero no mostró señal exterior de ello. [i][c=#E57300][b]«¡Ventus, qué es esto! ¡Saca a esta vagabunda de aquí!»[/b][/c][/i]. Aunque le causaba gracia pensar en la expresión que podía llegar a tomar el rostro del anciano, lograba reprimir cualquier atisbo cercano a una risa de una forma tan sencilla como le era el respirar. Estaba claro que a lo mejor convenía a su imagen y entonces no le decía nada. En realidad lo hartaba un poco que estuviera más pendiente de la imagen que daba la familia que de lo que realmente querían—. [b][c=#00E5E5]Sí, [i]Yui [/i]está bien. Es un nombre corto. ¿Sabes lo que significa? [/c][/b]—le preguntó con tal de no crear un silencio incómodo para la chica—. [b][c=#00E5E5]Así que guerrera... sé un par de trucos con la espada.[/c][/b]—la pregunta lo tomó un poco por sorpresa, pero más o menos pudo componer una respuesta. Aún así, otra pregunta invadía su cabeza: ¿Por qué?

  —[b][c=#00E5E5]Bueno, primero, porque parece que necesitas comer. Luego también tengo un motivo un poco más egoísta... suelo estar solo, ¿sabes? Y un poco de compañía nunca viene mal [/c][/b]—sus palabras fueron directas, como balde de agua fría, con sus motivos—.[b][c=#00E5E5] Además, te cruzaste en mi camino. La mayoría de personas que están en la calle por esa ciudad buscan pasar desapercibidas, evitándome, pero tú pareces querer lo contrario, con esa capa rosa tan horrenda[/c][/b] —aunque estaba sucia, podía apreciar la buena confección de la prenda, y su color rosa brillante, color que contrastaba con los del nigromante.

Abrió la puerta y la dejó pasar a aquel horrendo local en el que, según Gris, tan buena bebida y comida parecían servir. Lo primero que les recibió fueron estruendosos gritos de hombres; humanos y cambiaformas, discutiendo entre ellos. Había olvidado que se hallaba entre humanos también y al parecer también lo molesto que resultaba estar con la mayoría de estos, sobretodo cuando sobreponían su raza con aquella arrogancia que solo se comparaba con la élfica. Ventus era humano, pero hacía mucho tiempo que no se consideraba como tal, pues aquello era ya un término demasiado generalizado y culminaba siendo usado como insulto por otras razas.

Se volvió hacia la chica y le señaló una mesa libre para dos, en un rincón. Era casi la única que estaba desocupada, y las demás que lo estaban eran muy grandes—.[b][c=#00E5E5] Por cierto, no hace falta que me llames señor. Ventus está bien[/c][/b] —luego indicó al camarero con un ademán de su diestra que le sirviera a Yui todo lo que ella quisiera, sin embargo, pareció no prestarle atención al estar más pendiente de detener el bullicio combinado con gruñidos de los indeseables seres presentes.

  —[b][c=#00E5E5] ¿Se puede saber a qué viene tanto chillido, niñas?[/c][/b] —su voz, fría e insultante, pudo ser escuchada con claridad pese a los fuertes gritos de los hombres y el refunfuñar de las bestias. Muchos se giraron en dirección al nigromante, claramente heridos en su orgullo y con mirada asesina.

Éste ignoró a los hombres volviendo la mirada a la pequeña, alzó el rostro para ver mejor a la joven y esperó.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/60/81/85/Ventus-Geth-zUhurylfZ-b.jpg][/center]
 
 
[center][med][c=#f49e9c]✧ ~ ♡ ~ ✧[/c][/med][/center]
Aunque los transeúntes a su al rededor observaban de vez en cuando la escena con algo de confusión, no era algo en lo que Yui se fijara especialmente. A pesar de sus llamativos colores, Yui ya se había acostumbrado a la indiferencia de los habitantes cronienses y a pasar por no más que una simple vagabunda. En cambio, su atención estaba fija sobre Ventus, le causaba curiosidad el por qué un hombre como él se detendría tan solo para atender a alguien como ella. No era un acto de benevolencia que estuviera acostumbrada a observar. Yui estrechó la mano de Ventus con ánimo, sujetándola con sus dos manos, y acto seguido empezó a seguirle hacia la taberna, sin apartar su atención de él, observándole de pies a cabeza.

—[c=#f49e9c]Mamá siempre solía recordarle a Yui que su nombre significa 'Azúcar' [/c]—respondió Yui aún con algo de ánimo luego de haber asentido a la pregunta. Recordar aquel detalle no despertó ningún sentimiento melancólico, sino que por lo contrario le trajo simples y rápidos recuerdos, que se difuminaron paso tras paso—. [c=#f49e9c]Algunos dicen que encaja bien, otros solo se ríen un poco y asienten.[/c] —Yui se encogió de hombros, denotando algo de indiferencia—.[c=#f49e9c] ¡Pero Yui piensa que es perfecto, los dulces son maravillosos![/c]

Continuó al lado de Ventus luego de su explicación. Cuando formuló aquellas palabras sobre el manejo de espadas, Yui tan solo asintió. No dio inmediatamente una respuesta, más que alguna que otra exclamación. Aquello simplemente despertaba un poco más de su curiosidad, no era la primera vez que observaba a alguien que dominara la espada, pero no estaba aún del todo acostumbrada a ella. Los motivos que Ventus presentó para ayudarla le extrajeron una sonrisa, la cual se pudo notar con una leve risilla que le acompañó.

—[c=#f49e9c]Está bien. Yui sabe lo que es estar sola [/c]—afirmó Yui. Al decir aquellas palabras no las decía con el mismo tono alegre de antes, sin embargo, no se le notaba triste por ello. Le devolvió su mirada a Ventus, y asintió alegremente—. [c=#f49e9c]Yui te acompañará, ella piensa que nadie debería sentirse solo [/c]—respondió, esta vez con el mismo tono animado de antes. Su gesto se desvaneció para dar paso a uno que denotaba ligera confusión, dirigiendo su atención hacia su propia vestimenta. Soltó otra leve risilla y se dirigió de nuevo a su acompañante—:[c=#f49e9c] ¡A que lo es! Esta es una ciudad realmente fría, y el rosa es un color hermoso. De todas maneras, Yui suele pasar desapercibida ante la indiferencia del resto aún con su color. Yui aún no logra entender del todo cómo funciona la ciudad.[/c]

Al aproximarse a las puertas de la taberna, le invadió repentinamente la duda; no se encontraba en un aspecto especialmente presentable, estaba sucia, y seguramente no olía a rosas. No sería la primera vez si le echaran de algún lugar por eso. Tan solo se detuvo y observó de reojo a Ventus, su insistencia le relajó ligeramente, suponía que al estar él presente sería diferente. Finalmente entró, y al tomar asiento, se sintió aliviada de que no le obligaran a irse del lugar. Al percatarse de eso, tan solo dejó correr su mirada por la taberna, no era la primera vez que visitaba una, pero ciertamente había sido mucho tiempo desde la última vez que lo hizo. Casi era como si fuese la primera vez.

El bullicio la invadía, hombres y cambiaformas batiéndose en duelo lírico uno con el otro, bebiendo hasta caer rendidos de sueño. Si lo veías desde un punto positivo, podías notar que al menos, en algún lugar de la fría y oscura ciudad, había sitio para el libertinaje, la diversión y el disfrute con amigos, o eso pensó Yui hasta escuchar el comentario del albino. Algo tuvo su voz, que los demás nada más verlo se callaron. Yui desconocía si aquel era un hombre de renombre, y aunque algunos parecían ofendidos otros temblaban intimidados.

Tras aquella demostración de poder moral, Ventus volvió a mirar a Yui, y ésta con una sonrisa le correspondió la mirada. Pensó que era mejor liberar al varón de la presión, por lo que hacerle hablar era la mejor opción.

—[c=#f49e9c]Sí, Ventus está bien. Es un nombre bonito. ¿Sabes lo que significa?[/c] —respondió Yui a Ventus, claramente imitándole. No tuvo reparo en ocultarlo, y a ello le acompañó una pequeña risa. Cuando le indicó al camarero traer todo lo que Yui pidiese, sus rosados ojos se iluminaron nuevamente. Muchas cosas pasaron por su cabeza en ese momento, en primer lugar pensó en pedir todo lo que se ofreciera en esa taberna, y si era necesario una segunda ronda. Luego simplemente lo meditó en su mente, pensando en que no debería abusar de la generosidad de una personas. Por como Ventus vestía y actuaba, no le quedó duda a Yui de que era una persona con suficiente dinero del que ella podría imaginar. Sin embargo, finalmente se inclinó por moderarse, y pidió tan solo algo de carne de alce y un par de rollos de canela para satisfacer su necesidad de ingerir algún alimento dulce.

—[c=#f49e9c]¿Se dedica a algo, Ventus?[/c] —preguntó mientras esperaba por la comida. Aunque tratase de ser menos formal, Yui no dominaba a la perfección el lenguaje del norte—.[c=#f49e9c] ¿Es un guerrero? ¿Uno de Jorvasskr? ¿o un mago? ¡Adoro la magia! [/c]—presionaba ligeramente la joven Yui, algo emocionada. Había escuchado más de una historia sobre la sede de los más valientes guerreros del norte y de las escuelas de magia que poblaban el continente humano, suponía que alguien tan importante como Ventus aparentaba podría tener un lugar ahí.

Al tener la comida frente a ella, a duras penas lograba resistir la tentación de finalmente poder devorar algo caliente. —[i][c=#f49e9c]¡Provecho![/c][/i] —exclamó en su lengua natal, futhark. Aunque quisiese decirlo con más entusiasmo, tan solo se aseguró que Ventus pudiese oírlo.

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[c=#f49e9c][code][i]« Love is another level of magic... can you feel it? »[/i][/code]
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Azúcar... realmente le pegaba. Parecía dulce, por su mirada más que nada. Ventus pensó en esbozar una pequeña sonrisa, pero se limitó a asentir con la cabeza. —[c=#00E5E5][b]Dulce... quizás demasiado. [/b][/c]—le comentó. Esa era la sensación que él tenía, pero luego debería ver si realmente era así o si eran sus impresiones—. [b][c=#00E5E5]Y sí, los dulces son... dulces.[/c][/b] —dijo calmado. Metió por un momento la mano en uno de sus bolsillos, más que nada para establecer algo de contacto con una de sus pertenencias, entre estas un pequeño reloj de bolsillo. Y también porque allí guardaba una pequeña bolsa de dinero, que sacó, y lanzó al dueño de la posada, que la atrapó con un movimiento ágil y lanzó un guiño hacia ambos a modo de agradecimiento. Ventus le dedicó una sonrisa pequeña, casi de cómplice, y luego se sentó en la mesa, enfrente de ella.

  —[b][c=#00E5E5]Pues si puedo hacer algo para evitarlo ya no estaréis sola [/c][/b]—Yui... ese nombre le sonaba bastante. De repente sus ojos se abrieron bastante, aunque controló el impulso muy rápido. Ella era... joder. Los putos soplones en Cronum. Suspiró suavemente. El camarero ya le trajo algo de comer, y le puso un plato repleto delante—. [b][c=#00E5E5]Claro, podéis acompañarme. De hecho, ¿os gustaría venir a mi hogar?[/c][/b] —le ofreció—. [b][c=#00E5E5]Es grande y muchas veces no hay casi nadie, sólo un mayordomo bastante huidizo [/c][/b]—sonrió. Él hacía sus tareas, pero lo cierto era que una vez terminaba de hacerlas se encerraba en su habitación, haciendo quien sabía qué mientras el viejo se la pasaba la mayor parte del día en la calle. A él tampoco le importaba demasiado, de forma que cada uno se metía en sus asuntos—.[b][c=#00E5E5] Cronum es fría, pero al mismo tiempo da el espacio que uno necesita para estar solo. Es una ciudad muy particular, eso supongo que ya lo habéis visto, y no siempre de la mejor manera, especialmente con los que más necesitan a alguien a su lado [/c][/b]—aquello era cierto. de toda Wölfkrone, Cronum era una ciudad de costumbres frías, sobre todo con la gente más vulnerable. El norte en si lo era, pero en esa ciudad la sensación se acentuaba, posiblemente por el tiempo y la altura a la que estaba diariamente suspendida, o tal vez porque eran así todos ellos.

  —[c=#00E5E5][b]Según me dijeron una vez, Ventus significa "Vestisca" en una lengua antigua, muy antigua [/b][/c]—le explicó. Tal vez otra cosa no, pero debía decir que Gris era una persona sabia, bastante sabia de hecho, y que sabía mucho sobre muchas cosas. Él aspiraba a saber tanto algún día, aprender de la vejez del hombre, y en aquel momento sí que había leído bastante, pero no era como el. Él pidió para si una sopa caliente, y también hizo que trajeran una jarra de hidromiel de buena calidad. Le gustaba esa bebida caliente y especiada, y si ella quería le serviría un poco. Respondió luego a su pregunta con tono cortante—. [b][c=#00E5E5]No, no soy un mago. Soy militar. Sargento, para ser concretos [/c][/b]—Mintió—. [b][c=#00E5E5]Provecho [/c][/b]—respondió él en Klamath.

Sin embargo, en cuanto el nigromante se disponía por disfrutar de su comida y bebida caliente, los hombres se habían levantado y sacado espadas, navajas y alguna maza. Él no se volvió y continuó dando pequeños sorbos de la sopa que retenía en la cavidad de la robliza cuchara. Sintió el cálido sabor a vegetales en su boca, luego tragó y la sensación le recorrió la garganta hasta desaparecer. Ahí hizo una pausa, y con una peligrosa calma habló.

  — [b][c=#00E5E5]Guardad vuestros juguetes antes de haceros daño[/c][/b] —Sonrió y repitió la acción anterior, cosa de que no se interrumpiera la travesía que recorría la sopa desde el cuenco hasta su estómago. Aún así, estaba seguro que los hombres se abalanzarían sobre él, ignorantes de su rango como Nigromante, ¿Pero qué se puede decir de Ventus? que aun así le gustaba provocarles, hacerles rabiar, pues le resultaba más divertido.

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[med][center][c=#f49e9c]✧ ~ ♡ ~ ✧[/c][/center][/med]
¿Acompañarle a casa? Si bien Ventus le estaba ayudando, Yui se encontraba insegura con esa pregunta. Ventus parecía ser un hombre pudiente, y aquella descripción de su hogar era cuanto menos apetecible para cualquiera. Sin embargo, la duda se podía notar en su rostro y su falta inmediata de respuesta. Un montón de cosas pasaron por su cabeza, siendo principalmente aquella problemática pregunta sobre si de verdad debería confiar en las palabras de Ventus. Un breve silencio incómodo le acompañó, mientras pensaba. No fue hasta el siguiente tema que Yui abandonó su ensimismamiento. Tan solo asintió ante las palabras de Ventus.

—[c=#f49e9c]Aún así, Cronum es un lugar mágico y misterioso... [/c]—O al menos lo era para Yui. No era un lugar al que estuviera acostumbrada, al pasar toda su vida en centrogarnalia. Además que las historias que había escuchado sobre esa fortaleza despertaban su curiosidad, sobre todo aquellas relacionadas con el conocimiento sin fin de las artes mágicas que hacían volar esa ciudad—. [c=#f49e9c]Es algo hermoso a su manera. [/c]—Sonrió nuevamente a Ventus.

Cuando escuchó el origen del nombre de Ventus, se mostró ligeramente interesada. Ladeó su cabeza y observó fijamente al albino, entrecerró sus ojos, intentando leer los del hombre. Finalmente recobró su postura y se dirigió a él.

—[c=#f49e9c]¿Ventisca? Creo que encaja... [/c]—meditó Yui. Asintió y prosiguió—:[c=#f49e9c] denotas un aire fresco a pesar de ser misterioso. ¡Y dominas la espada! un arma rápida como el viento... Ya le encantaría a Yui poder dominar la magia del dulce. [/c]—Fingió estar ligeramente decepcionada tras decir eso último, acompañándole una suave risa al final.

Yui comió con ánimo, casi como si fuesen a arrebatarle de un momento a otro su plato de comida, o como si fuese a despertar de un sueño y aprovechase los últimos minutos. Cuando probó uno de los rollos de canela, su semblante se iluminó y devoró el resto a pocos mordiscos. El siguiente rollo sufrió un destino similar—. [c=#f49e9c]¿Yui puede pedir otro? [/c]—preguntó. Parecía en aquel momento más interesada por comerse todos los dulces de la taberna en vez de disfrutar algo más salado.

—[c=#f49e9c]¿Sargento?[/c] —Yui se mostró ligeramente decepcionada. Observó a Ventus de pies a cabeza, no parecía a primera vista ser un militar. Aún así, parecía que conocía algo de magia y alquimia, suficiente para despertar la curiosidad de la chica—. [c=#f49e9c]Mamá solía enseñarle a Yui desde pequeña algunas cosas sobre la magia.[/c] —Estiró su mano derecha a través de la mesa, abriendo su puño boca arriba. Sobre él se dibujó un sello mágico que dejó emerger una pequeña llama azul. Rápidamente se evaporó cuando cerró su puño—. [c=#f49e9c]Decía que podría aprender cualquier cosa sobre magia en esta ciudad. Pero... [/c]—Yui se calló a si misma, suspiró y dio una última mordida a su rollo de canela. Su rostro se iluminó de nuevo, como si aquella esencia dulce con solo pasar por su boca mejorara su existencia.

Cuando culminó su comida, Yui tan solo se quedó en silencio, pensando, ¿acaso debería aceptar la propuesta de Ventus? Realmente era tentador, teniendo en cuenta lo que había vivido. Sin embargo, era difícil para cualquier confiar en alguien que apenas acaba de conocer, y por más ingenua que Yui pueda llegar a ser, sabía los peligros que había en seguir a un desconocido. Seguramente aquella duda se reflejara lo suficiente en su rostro para que Ventus pudiera leerla. Yui le dedicó una mirada al fin. Su expresión denotaba una fuerte inseguridad, como si fuese a huir como un gato de observar un movimiento brusco. Jugueteaba con sus dedos en su asiento, esperando que Ventus rompiera el silencio.

Pero no era lo que esperaba escuchar del hombre. Había previsto que varios hombres se levantaran de sus asientos provistos de armas, tanto filosas como contundentes, en su contra. Yui tembló nerviosa, pues Ventus no parecía armado, ella no lo estaba. Y aquellos hombres eran muchos como para ser combatidos a puñetazos. Eso, o que el albino se disculpara con ellos, quizá así lo dejarían tranquilo.

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[code][c=#f49e9c][i]« Words are our most inexhaustible source of magic; able to hurt and heal »[/i]
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Al ver esas dudas en el rostro de la chica, no tardó en comprender que tal vez se había apresurado al proponerle aquello. Sí que estaba falto de alguien en casa, de cierto contacto con alguien que no fuera Gris, su mayordomo, pero a lo mejor aquello había sido demasiado. No dijo nada al respecto, y prefirió cambiar de tema, al menos hasta que ella pudiera darle una respuesta. No la iba a presionar en absoluto, al final no le quería ningún mal, sino lo contrario. Se sentía responsable de que hubiera estado en la calle todo ese tiempo, pero aún no podía decirle la verdad. O no lo creería o tal vez sería peor decírselo. No, no podía. Le esbozó una sonrisa cuando cambió de tema, y asintió con la cabeza.

  —[b][c=#00E5E5]Eso es. A su modo, es hermosa... es fría, pero tiene su belleza para quien sabe apreciarla. Y veo que sabes[/c][/b] —elogió. Apreciaba que una persona supiera ver belleza donde otros no lo hacían... o, mejor dicho, donde él lo hacía. Era una ciudad muy hermosa, sí. Pero su frialdad a veces hace que no se vea eso. Había pasado en más de una ocasión, y le gustaba que alguien supiera ver más allá de las primeras impresiones. Pidió para sí otro de los rollos de canela que Yui tenía, ya que presentaban muy buen aspecto, y la muchacha empezó a comerlo con gusto. Le gustaban mucho los dulces, y aunque a él le solían abrir un poco el hambre, se negaba de comerlos públicamente. Luego en casa comería bien. La miró a los ojos, con su habitual destello argénteo en ellos, aunque alzó las cejas al oír que podía ser fresco. En realidad el aire tenía ambas facetas, ¿no? Él a lo mejor también.

  —[b][c=#00E5E5]Nunca me habían dicho que tengo un aire fresco[/c][/b] —le sonrió, aquella vez de forma genuina, y luego soltó una risa divertida cuando oyó lo de la magia del dulce. Se encogió de hombros y recuperó los estribos—. [b][c=#00E5E5]No sé si hay magia de dulce, pero desde luego podrías aprender magia aquí, y ver si puedes hacer algo con los dulces [/c][/b]—rió suavemente y asintió ante su pregunta, invitándola a pedir más rollos de canela, los que quisiera—. [b][c=#00E5E5]Pide lo que quieras[/c][/b]—le dijo. Si estaba allí era para que al menos una vez se alimentara bien. Le sonrió y pidió más rollos de canela para Yui. Guardó silencio mientras esta comía y miró lo que hacía ella, y asintió con la cabeza al ver aquella chispa de magia que efímera surgió y desapareció—.[b][c=#00E5E5] Interesante... [/c][/b]—él extendió la palma, e hizo surgir una corriente de aire frío en dirección a ella, que congeló al instante el bollo dulce que estaba por llevarse a la boca.

Cuando se quedaron en silencio, él la miró, y decidió tomar la palabra. Respiró hondo y se inclinó un poco sobre la mesa. —[b][c=#00E5E5]A ver, si no quieres no pasa nada, eso lo primero. Pero no creo que alguien como tú deba estar sola, en la calle, y mucho menos en un lugar tan frío como este. Y si te soy sincero... me recuerdas a una pequeña que tuve bajo mi resguardo[/c][/b] —acabó por decirle. Aquella niña, Banisari, durante su estancia en Cronum había sido vivaz, alegre y dulce.

Ventus mantuvo la atención de la cambiaformas siempre en él, evitando así que ésta se percatara del conjuro temporal que había recitado disimuladamente con cada palabra que vocalizaba, el carácter del albino infundía más que respeto, sino terror, pero para ella no parecía importarle compartir la mesa con un nigromante. Todo a su alrededor parecía ir en cámara lenta, el ojiplateado recitó otro conjuro que desafiló las armas de los hombres que se habían levantado, ahora si parecían verdaderos juguetes, previendo que les quedaba poco tiempo antes de que el efecto pasara y sobre ellos dos todos los hombres se abalanzaran.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/62/08/90/Ventus-Geth-9V7d6EPQq-b.jpg][/center]
 
 
[med][center][c=#f49e9c]✧ ~ ♡ ~ ✧[/c][/center][/med]
Yui escuchaba con atención las palabras de Ventus. Le regaló una sonrisa al ver que no emanó una de él al escuchar el pequeño cumplido de Yui. Asintió alegremente ante la posibilidad de aprender más sobre magia, y en su cabeza se dibujaron ideas relacionadas con el concepto de la magia de dulce. Aunque perdida en su imaginación, parecía estar contenta con la idea. Salió finalmente de su ensimismamiento, y se dedicó alegremente a comer los nuevos rollos de canela servidos. Cuando escuchó el pequeño relato, Yui asintió con curiosidad.

—[c=#f49e9c]No tienes pinta de soldado[/c] —admitió Yui, sin ánimos de ofender a Ventus. Ladeó ligeramente su cabeza, observando a Ventus. Al oírle hablar sobre la magia, sonrió. Yui aspiraba ante todo a incrementar y reforzar sus conocimientos sobre la magia, una parte de ella le decía que si se mantenía con él, podría abrir las puertas a tal conocimiento. Sin embargo, la duda persistía.

Cuando acabaron de comer y el silencio se adueñó del ambiente, Yui destinó su atención al intento de Ventus por romperlo. En un inicio aún se mostraba dudosa ante sus palabras, a pesar de que sabía que tenía la razón. Por encima era una oportunidad única, era en todos los aspectos mejor que lo que había estado viviendo los últimos meses—. [c=#f49e9c]Tienes razón, pero... [/c]—Yui no pudo culminar, cuando las palabras se negaron a salir de su boca. Tal vez simplemente no tendría más opción que esa. Por un momento aquel comentario que la comparaba con otra chica cautivó su atención—. [c=#f49e9c]¿En serio? ¿Por qué?[/c] —preguntó. Le causaba curiosidad la razón por la cuál le comparaba con alguien más, y que sobretodo usara las palabras "pequeña" y "resguardo" en su oración. Sin embargo, Yui notaba un aire diferente en aquella afirmación—. [c=#f49e9c]¿Le ocurrió algo? [/c]—preguntó con cierta vergüenza, en un tono notablemente bajo.

A pesar de que sus fuertes dudas luchaban por dominarle, aquel hombre que se presentaba ante ella no parecía ser alguien que se dignara a engañar de esa manera a alguien como ella. Además, era la oportunidad que buscaba—. [c=#f49e9c]Yui sabe lo que es perder un ser querido, por eso quiere cumplir con lo que mamá le dijo. Yui quiere ser alguien capaz de proteger lo que quiere. [/c]—A pesar de sus palabras, un aire de serenidad la envolvió. Hablaba con sinceridad, acompañada de una sonrisa oculta bajo el cuello de su capa. Después de pensarlo con detenimiento ¿Qué otra oportunidad se le podría presentar así a ella? ¿Acaso viviría siempre oculta entre los tejados esperando a que los dioses se apiadaran de ella? Se encontraba decidida en ese momento. Sin embargo, aún había algo que quería hacer—. [c=#f49e9c]Eso es lo que Yui quiere. ¿Prometes ayudar a Yui con eso?[/c] —preguntó. Aquella inocente sonrisa se desvaneció. En aquel momento su semblante denotaba seriedad en ella, en su voz. Esperaba impaciente la respuesta.

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[code][c=#f49e9c][i]« Belive in yourself, and you can do anything »
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