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La nada... Ausencia de sonido, visión, olor, gusto, tacto y consciencia... Tan temida por algunos, que caen en la desesperación de la soledad y la desorientación. Tan similar a la muerte, al no estar, al no existir, al no ser. Para Indra aquello era lo único que lo mantenía en un estado en el que no se haría daño a sí mismo ni a otros. Ajeno a todo, hasta de su propio ser, descansaba en el letargo que él mismo se había impuesto. Su cuerpo yacía en un lejano templo de Folka, custodiado por su esposo. Naturalmente, Indra no estaba al tanto de ello.
El sufrimiento había sido tal, que ni si quiera había tenido tiempo de ordenar sus asuntos, o mejor dicho, ya no existían asuntos que le importaran, pues en su ser solo gobernaba el dolor. Y cuando el dolor es tan profundo, la mente no es capaz de asimilarlo y se bloquea, se pierde y se va lejos, más lejos de lo que el cuerpo podría jamás llegar.

Habían transcurrido algunos días desde que el wurm había sido testigo de los acontecimientos horrorosos que habían puesto fin a la vida de su amada y abandonada hija. No había ni un cambio a nivel fisiológico, más que las heridas de sus cuencas oculares ya sanadas, aunque claro, los ojos no se iban a regenerar, al menos no tan facilmente, por lo que el dormido rey de Iscandar permanecería ciego y sin dar señales de despertar. Para quien lo viera, era la viva imagen de la Bella Durmiente; un hombre apuesto, perfectamente vestido, aseado y peinado, en el letargo infinito.

Es difícil comprender lo que ocurre cuando recién se está despertando, más aun cuando ese despertar no significa solo salir del estado del sueño, sino... revivir. Se podría decir que lo que Indra experimentó fue más similar a lo que debe ocurrirle a aquellas especies de anfibios o pequeños microorganismos, que en ciertas estaciones del año entran en un proceso más profundo que la hibernación y después, con las primeras lluvias, su sistema vuelve a activarse y a cobrar vida.
El primer sentido que recuperó fue el oído. Escuchó unos golpes, pero todo le era tan ajeno y lejano, que le tomó unos cuantos largos segundos reaccionar. Lo segundo que recobró, fue la consciencia y el sentir; oh, que horrible castigo... Con un sonido similar al que haría un hombre al estarse ahogando, el albino profirió un quejido agónico. Su hija estaba muerta. Deseó con todas sus fuerzas volver a su estado de abandono, regresar a la nada, pero algo se lo impedía... ¿Qué era?

[i]"Toc toc..."[/i]

¿Cómo es que alguien era capaz de invadir su espacio onírico? Era un as de los viajes dimensionales y un maestro del manejo del plano onírico. Entonces, ¿cómo es que alguien había dado con su paradero y, además, era capaz de llamar a la puerta que solo él podía manipular?

[i]"Toc toc..."[/i]

Otra cosa que advirtió fue que a pesar de que su cuerpo físico carecía de los globos oculares, en esa dimensión sí era capaz de ver, no había perdido la vista en su cuerpo etéreo. Una visión extraña lo invadió, un reflejo maldito en un espejo, no sabía si era él mismo u otro ente, pero cuando eso ocurrió, por un momento la angustia y la tristeza se esfumaron, dando paso a una sensación maravillosa y llena de vitalidad: el odio.

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[c=#006633]—¿Quién...? [/c] —Se acercó curioso al espejo y lo rozó con las yemas de sus dedos, más este desapareció en múltiples brillos dorados, junto a la sensación de odio. El momento había sido fugaz y una vez más la aflicción se apoderó de cada espacio de su ser en un santiamén, volviéndolo a dejar derrotado.

[i]"Toc toc..."[/i]

En medio de la oscuridad total, la puerta frente a él parecía retumbar con cada golpe que recibía. Fue entonces que pensó en algo espléndido. Si ese ser que llamaba era capaz de invadir su espacio como si nada, debía ser lo suficientemente fuerte como para poder darle muerte y fin a su sufrimiento. No era la primera vez que pensaba algo así, años atrás se había topado con una demonio que pensó podría ayudarlo en su cometido de darle muerte, más su idea suicida solo duró unos minutos. Ahora, en cambio, Indra estaba seguro de que no quería seguir viviendo. Sin su niña, ya nada tenía sentido.
Guiado por esas ideas, se arrastró y abrió a la puerta, invitando a quien fuera que estaba del otro lado a entrar.

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[center][b][quote]Yo, no vivo, yo ardo, Yo, no lloro, yo lluevo, yo no escribo, yo destilo. Yo, soy el tiempo y tú el engrane del reloj de la vida

[/quote][/b][/center]


Lejos, en un punto inexpugnable del universo se encontraba la estrella más brillante del cosmos y al mismo tiempo la única imperceptible para toda civilización. Justamente ahí, yacía el trono estelar bajo el que se sentaba el ser que se hacía llamar el Ejecutor. El aroma del dolor y la desesperación lo despertó, bajo el cuerpo masculino que ocasionalmente tenía, olfateo y ahí sentió de quién provenía.

[b]— El joven wurm se ha enterado...—[/b]musitó para ponerse de pie, caminó sobre un suelo cubierto de agua cristalina, imperceptible, dada la oscuridad que prevalecía en el lugar. El libro de la vida (destino) se encontraba al centro del lugar, la página mostraba el rostro de un hombre de cabello blanco, su historia estaba por ser cumplida. Cada verso de su vida, fue plasmado ahí, unos párrafos se borraron por su necedad y otros más fueron corregidos por el Ejecutor, como parte del castigo ante sus actos, que desafiaron al destino mismo.

La visión era clara, la noticia de la muerte de su hija, llevaron al wurm, a un estado de letargo, en el que la misma evolución de la consciencia era cuestionable. Ahí él existía para el cosmos, pero a la inversa, la existencia misma era negada. Indra, no pensaba y por ende, no existía; se privó del dolor, de recuerdos y de cada uno de sus sentidos. El Ejecutor, sabía que la hora había llegado; el gran juego comenzaba y era momento de visitarlo.

La forma masculina de poco más de 2 m , comenzó a adquirir una forma femenina, de apenas 1.70 m,la cabellera negra, se convirtió en hebras blancas que caían largas por debajo de esa exquisita cintura; la piel apiñonada, palideció y acentuó unas femeninas facciones. Un par de cuernos emergieron de la cabeza femenina y una pícara sonrisa se formó en esos carnosos labios. Sus ojos grandes y expresivos tenían una tonalidad indefinida, bajo la luz se veían liliáceos, mientras que en la oscuridad parecían carmesí. Sus piernas parecían no existir, cubiertas completamente de negro, debajo de ese manto cósmico se encontraban ese par de contorneadas extremidades, que llevaban unos tacones deliberadamente colocados por el Ejecutor. En un parpadeó, el agua bajo la que de encontraba de pie la devoró, esa imponente mujer en la que se transformó desapareció y se coló al interior de la mente del Rey de Iscandar.

El sonido de sus pasos rompían el silencio en ese mundo onírico. Altiva y con aire travieso se movía a voluntad en ese lugar que le era ajeno. Era una fortaleza construida para proteger al mago, pero ella era la conquistadora de mundos y ahí haría que todo se doblegara ante su inesperada presencia. Finalmente la había encontrado, un par de vueltas bastaron para celebrar el hallazgo, el sonido de sus pasos cesó, pero le siguió su fina mano empuñada, que con fuerza y ligera ansia, tocaba la puerta que escondía al adolorido wurm.


[b]— Toc-toc ¿Hay alguien en casa ? Me gustaría compartir un pequeño mensaje con usted. —[/b] una voz dulce, resonó en la falsa paz que había creado el máximo representante de Iskandar. Inquieta, esperaba afuera la respuesta, evidentemente por cortesía, pues ella era capaz de derribar la puerta con tan solo un ridículo toque. [b]— ¡Yuju, yuju...! No se vale esconderse, sé que estás ahí y te conviene escuchar, te traigo un excelente trato ¿Acaso no te gustaría vengar a tu pequeña niña? —
[/b]

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Las palabras eran lejanas, el dolor las transformaba en algo demasiado ajeno y extraño, como si la voz tras esa puerta hablara otro idioma, más bastó con que solo distinguiera dos para que todo su ser retumbara por dentro.

La puerta se abrió, mientras Indra aun asimilaba lo que acababa de oír, las palabras clave que ese ser, que ahora era capaz de apreciar como una extraña y sobrenatural mujer, acababa de pronunciar.

[c=#006633][i]"Vengar...[/i][/c], se formuló en su mente, [i][c=#006633]"a mi hija..."[/c][/i], continuó. [i][c=#006633]"Vengar a Astrid..."[/c][/i]

Clavó sus astrales ojos color ámbar, refulgentes -lo opuesto a las cuencas vacías de su cuerpo físico-, en ese rostro que aparentaba amabilidad, a la vez que se ponía de pie en un santiamén. Su cuerpo, tieso como una roca, mostró una emergente ola de valentía y desafío, platándose de lleno a menos de un centímetro de distancia de la criatura. Más parecía una aparición que un hombre, con el cabello como un manto blanco cubriéndole parte del rostro, dejado pequeños espacios entre hebras por donde el brillo dorado de sus orbes, escrutaban a la recién llegada.

[c=#006633]—¿Puedes?[/c] —Una desesperación que reflejaba locura inundó su voz. [c=#006633]—¿Puedes ayudarme a vengar a mi niña? [/c]—Movió la cabeza de manera ondulante, como una víbora inquieta, sin parpadear, con los ojos brillantes. [c=#006633]—Pagaré el precio que sea necesario, incluso con mi alma si eso te complace.[/c] —Todo en él irradiaba determinación, una determinación descabellada pero sincera.

Era un hombre sin nada que perder, no temía a la muerte ya, no tenía más apegos pues la capacidad de añorar y poseer le habían sido arrebatadas al ver morir a su hija. Era incapaz de pensar en otra cosa que no fuera ella, el amor a su pareja probablemente aun existía, pero estaba en un plano totalmente lejano a él actualmente, no existía vida si no existía Astrid.

La mujer era imponente, a pesar de su expresión "simpática" y esbelta figura. Quizás eran los enormes cuernos o el poder que irradiaba, bastante superior al del mago wurm. Indra estaba al tanto de ello, de su inferioridad, más no le importaba, pues se sentía el ser más infeliz y desdichado del universo con el solo hecho de haber perdido a sus dos pequeños. Tal vez fue por ello que no demostró ni una cuota de respeto a la recién llegada y en vez se enfocó en su petición.

[c=#006633]—Alguien… algo, se robó su alma. El infeliz ser que terminó con su vida, tomó también su alma como reclamo. [/c]—Hablaba apresurado, con un timbre cargado de emociones; rabia, tristeza, desesperación, como si reviviera en parte los sucesos que el cuervo le había revelado días atrás. [c=#006633]—No podrá reencarnar ni regresar a la vida sin su alma.[/c]—Su atrevimiento fue más allá y sujetó a la imponente mujer por los hombros, apretándola con sus dedos con bastante fuerza. [c=#006633]—Tienes que ayudarme. Si no puedes hacerlo, entonces mátame. Ya no temo a la muerte, es más, la añoro… pero si puedo marcharme habiendo vengado el nombre de Astrid… me daré por satisfecho, moriré feliz. [/c]
 
 
El mundo onirico de Indra, cambió de dueño, en cuanto le abrió la puerta a la aún misteriosa mujer que se presentó ahí. Estando frente a frente, ella hacía gala del porte que la caracteriza; su espalda erguida y su figura esbelta, dotada de unas curvas que bien podrían llevar a rivalizar con aquella que fue la amante del wurm, la demonio de la lujuria. Esos ojos lilas que rivalizan en brillo con los de la difunta Astrid. Toda ella hacia eco del pasado de Indra, a veces fuerte, otras de forma tenue. Sus cuernos gruesos y duros, parecían forrados de piel de serpiente; desde la base hasta su enroscada punta poseía aros que simbolizaban las civilizaciones que había devorado.

Por fin conocía al Rey de Iscandar, como le gustaba hacerse llamar, un título estrafalario, para un diminuto ser que requería reconocimiento para sentirse alguien, dentro del infinito cosmos. Las fosas nasales de ella se abrían y cerraban, olfateando el olor de la desesperación,el dolor,la impotencia, la ineptitud, entre otras sensaciones que de él destilaba, en el perfume de su cuerpo; lo que le provocó un gesto de asco, no existía nada más desagradable que ver a un ser arrogante, derrotado por un estrellarse contra la realidad.

[b]— Primera lección...—[/b] respondió al sentir las manos de Indra sobre sus hombros, elevó su delgada mano y la llevó hacia atrás para luego dar una fuerte bofetada, equilibrada sin duda, con la suficiente fuerza para sacudir al wurm de la envidia y marcar su piel, pero con el insuficiente vigor para dañarlo . —[b] Te decía, lección número uno, jamás me toques sin mi permiso —[/b] su rostro volvió a mostrar un gesto dulce y su pose recobró la gallardía, había completado con éxito el primer objetivo del encuentro, aclarar las jerarquías; seguramente para el rey de Iscandariano, había quedado claro que ante ella su título o especie no tenían valor alguno, en consecuencia, la que mandaba era ella.

Acercó un poco más su faz al mago y con su mano diestra retiró las hebras blanquecinas, ahí fue que pudo contemplar de mejor manera esos ojos ámbar, esos luceros que destellan ante ella. [b]— ¿Acaso no percibes mi poder? Porque es evidente que puedo ayudarte a vengar su muerte, aunque he de ser sincera, existe un problema, tu alma no bastara para hacer un contrato conmigo ¿Qué más estás dispuesto a ofrecerme? —[/b] la punta bifurcada de su lengua, se asomó de entre sus labios y relamió el contorno de estos, saboreando el trato que estaba por cerrar. Ella era magnifica negociante, sabía que debía ofertar un poco más, para lograr disipar las dudas en él, para que tuviera el deseo de servirle, tal como otros ya lo hacían. Tras ese gesto casi animalesco, el podría observar que en los ojos de ella se formó una especie de cruz carmesí, un destello de travesura. [b] —¿Sabes? Entiendo perfectamente tus deseos, ese dolor que tu corazón esta desbordando, la impotencia de ver el fracaso que eres como padre, la desgracia de tu existencia, lo diminuto que eres en comparación a "eso" que se llevó a tu nena, y porque te entiendo, estoy aquí. —[/b]Esas largas trenzas níveas que conforman su abundante cabellera, levitaron de forma juguetona, era una forma de manifestar esas ansias por detonar como una bomba al mago. [b] —Me llamo Heiten, memoriza mi nombre, porque estoy aquí para convertir la basura que ahora eres, en un verdadero rey, en un emperador. Haré que ardas como fuego eterno y que sacies en la sangre de tus enemigos, tu sed de venganza. Yo seré el vehículo y tu dolor, será el combustible que te lleve a liberar el alma de tu hija. Yo, haré de ti, un ser lleno de rabia y energía, el padre orgulloso que siempre debiste ser...pero ¿qué me darás a cambio, querido Indra?~ —[/b]


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Tiempo atrás, Indra hubiera considerado cortar no una, sino las dos manos de quien lo abofeteara. Ahora, sin embargo, no tenía energías ni deseos de si quiera protestar por el golpe recibido, mismo que le ladeó el rostro y lo hizo sentir el calor creciente de la sangre acumulándose en su mejilla. Lentamente giró la cabeza hacia el frente y dio un paso hacia atrás, tomando cierta distancia a modo de respeto.
No había sido consciente hasta ahora, pero desde que la mujer había traspasado la puerta, la atmósfera de su escondite había cambiado totalmente. El mago hizo un sigiloso intento por alterar la realidad, dar algo de luz al espacio donde estaban, pero nada pasó, ya no tenía el control, ese ya no era más su mundo. Lejos de asustarlo, le complació, sirviéndole como otra muestra del poder superior de ella.

Se había quedado pensativo, ¿qué podía ofrecerle?, más las siguientes palabras que ella formuló le removieron las emociones. Ya fuera porque Heiten se había metido en su mundo, teniendo así acceso a su ser, o bien, porque simplemente era demasiado evidente hasta para una desconocida, el hecho era el mismo: era una basura de padre. No importaba cuánto intentara tapar el sol con un dedo y omitir sus carencias paternales, la realidad era esa. Atrás y en el olvido habían quedado esos meses donde había sido todo lo atento y dedicado en el cuidado del embarazo de su hermana amante y, posteriormente, en las atenciones que le había dado a Astrid siendo bebé. En ese entonces creía que era el mejor papá del mundo, habría dado todo de sí por su hija... ¿Entonces por qué la había abandonado a su suerte en un planeta lejano? Y qué decir de Adam, jamás le dedicó el amor y la atención necesaria, ni fue capaz de salvarlo de su horrible final. Bajó la cabeza y sus hombros se estremecieron, las pequeñas manchas circulares de sus lágrimas se dibujaron en el suelo. Cayó derrotado, una vez más, a los pies de la mujer.

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[c=#006633]—Antes que nada, mis disculpas... [/c]—Fueron las primeras palabras que pronunció una vez que logró calmarse. Era sincero, en ese estado le era difícil ser el hábil mentiroso y sarcástico hombre. Necesitaba de la salvación que ella le ofrecía, mitigar la tristeza de su ser y convertirla en rabia, era lo único que le devolvería al menos parte de la cordura y le permitiría llevar a cabo su venganza, porque en el estado actual en que se encontraba, solo era carnada barata.[c=#006633] —Puedo ofrecer mi vida, mi poder, mi lealtad. [/c]—Suspiró, recobrando un poco la compostura, irguiéndose un poco, apoyando una rodilla en el suelo y emitiendo una reverencia. [c=#006633]—No estoy a su nivel, lo tengo claro[/c]—otra cosa que antes le hubiera dolido admitir, pero ya no importaba[c=#006633]—, pero puedo ser fuerte, en teoría, debería llegar a serle útil. Así que, si me ayuda a cumplir mi venganza, a dar caza a ese ser que me arrebató lo más preciado que tenía y a dejar de sentir tristeza, le daré lo que más me costará entregar... Le daré el derecho de obligarme a vivir, de no poner fin a mi triste existencia y tenerme a su servicio por toda la eternidad. Si llego a perecer en servicio, le ofrezco mi alma, mis memorias, mis genes y todo lo que le sea útil para traerme de vuelta y obligarme a seguir a su lado.[/c]

¿Qué podía ser más valioso para alguien que añoraba desaparecer de la faz del universo, que negarse a la muerte y ofrecer un contrato de servidumbre y lealtad eterno?
 
 
Heiten, no bloqueó la magia de Indra en el mundo onírico, simplemente ahora había asumido el control, por eso él no podía ejercer cambio alguno ahí. La oscuridad había bañado por completo el lugar, las puertas se perdieron en la eterna noche que ella dejó caer.

No tenía duda respecto al poder que yacía dormido al interior de Indra, rey de Iscandar. Era minúsculo en comparación al poder que ella ostenta, pero formidable en comparación a muchas otras criaturas que habitan en el universo. El estado actual del albino, lo convertía en una carga, más molesto que un trozo de basura, pero entre lágrimas y palabras adoloridas, él había aceptado hacer un trato.

Congratulada escuchó todo lo que él daba a cambio de la ayuda que le fue ofrecida. Su vida, su alma, sus genes mismos podrían pertenecer a Heiten. Esa sonrisa grácil que poseía se hizo nuevamente de una aire lleno de travesura y picardía. Las lágrimas que el mago vertía las hizo flotar y ahí ella formó una pequeña esfera.

La esfera cristalina, fue hecha de la manifestación de las emociones del mago. Heiten comenzó a hacerla crecer, hasta formar sobre ambos, un cuerpo esférico más grande que él o ella.

[b]— Acepto el trato, tú, y todo lo que posees, cuerpo, alma, sangre, posesiones y destino, ahora me pertenecen. Serás mi soldado, mi siervo, mi mago particular. Te ayudaré con poder, con ejércitos, información, aliados, todo lo que necesites, siempre que seas capaz de obedecer. —
[/b]
Suspiró con un poco de pesadez, había llegado el momento de retribuir lo que él había dado. Ella le haría liberar su fuerza, su esencia de poder, esa chispa primigenia que detonaría su ser.

[b]— Te voy a mostrar todo lo que pudiste tener, si tan solo tus falsas ambiciones y miedos no fueran las luces que alumbraron tu camino, el del fracaso y dolor —
[/b]
El cuerpo de agua formado por esos sollozos y la magia de la ilusión y el tiempo que ella poseía, permitieron que ese líquido se regará sobre Heiten y el mago, dando lo necesario para comenzar ese breve viaje.

Indra y ella entraron a una visión, la luz sería el primer nuevo elemento perceptible. Una vez familiarizado con el entorno, serían capaces de ver una enorme jardín, rodeado de flores de distintos colores y de fondo habría risas, que para Indra serían conocidas.

[b]— ¿La ves? Es tu esposa, Sigrid, se ha convertido en la reina que tú tanto buscaste, te ayuda a dirigir el imperio que formaste. —[/b] tomó la mano de Indra y lo llevó a recorrer la visión, Sigrid se encontraba hablando con unos soldados, que le traían buenas noticias, habían logrado adherirse un nuevo territorio, sin necesidad de derramar sangre, solo con negociación. Se le veía madura, bella, pero sin duda con un gesto más noble y lleno de vida, que con el que seguramente Indra la recordaba.

En el camino pasaron un par de niños pelinegros corriendo, un par de gemelos de alrededor de 6 años. Lanzando agua entre ellos, con solo el manipular de sus dedos índices.

[b]— Ellos, son tus nietos, son hijos de Adam, sus primogénitos —[/b] avanzó sin soltar al albino, llegando al jardín trasero, ahí había un hombre vestido de militar, con el cabello negro y esos ojos brillantes y llenos de vida, rojos que parecían palpitar. Tenía tomada por la cintura a una adorable mujer de cabello castaño y en un acto furtivo parecían disfrutar de un cálido beso, aprovechando ese momento de privacidad . [b]— Pasemos rápido de aquí...no los quiero interrumpir, porque están a punto de hacer a tu próxima nieta —[/b] tiró con fuerza del albino y corrió al interior del castillo.

Una vez dentro, Astrid apareció, caminando presurosa, terminando de arreglar la mesa. Potajes de toda clase estaban servidos ahí, un par de botellas de vino fueron colocadas; la vajilla más fina era la que fue colocada. La voz de Astrid resonaba en el lugar, llamando a todos a sentarse, luciendo ansiosa por la inminente reunión.

Las puertas principales se abrieron y ahí, vestido de gala, con una pose completamente ajena para Indra, apareció él mismo. El mago en compañía de Heiten, podría notar claramente la diferencia entre el hombre de la visión y él. Ese Indra, iba vestido completamente de blanco, su cabello sostenido en una coleta, resaltando esos ojos brillantes que poseía. Su porte, varonil y atractivo provocó la mirada de uno que otro sirviente que lo veía llegar. Su sonrisa revelaba felicidad y su cuerpo emanaba fuerza, valentía, liderazgo. Caminó al comedor y ahí fue sorprendido, una comida especial para celebrar su último triunfo diplomático, había sido organizada por su hija.

Aplausos, música y abrazos de cada miembro de su familia, fue el premio que recibió. Un cálido beso en sus labios, fue depositado por Sigrid,el sentimiento de amor que desprendían, lo habría de percibir también el mago que era guiado por Heiten.

[b]— ¿Sientes el amor de tu hermana? Es completamente diferente al sabor amargo que ahora conoces de ella ¿No? —[/b] tras el beso que el otro recibió, siguieron los abrazos y el cariño de sus hijos y nietos.[b] — ¿Puedes percibir el calor de Adam? ¿Su alegría? ¿Sus risas? Son tan diferentes a los gritos de dolor que emitía mientras era asesinando.—[/b] Astrid nuevamente al fina de la visión, se colgó del cuello de su padre y dejó un beso en cada mejilla y susurró al oído de su padre, tocando su vientre, anunciaba el éxito de su trabajo entre mundos, ahora estaba embarazada. [b]— ¿La habías visto tan feliz? Seguramente sí, pero esa sonrisa desapareció cuando la dejaste. ¿Sientes la vida que lleva dentro de ella? Es tan distinto de cuando la viste apagarse ante tí. —[/b] Cada emoción en su contraparte, él la habría sentido, siendo tan opuesta a las que él hasta ahora había vivido.

[b]— Mi querido, Indra, todo eso, era tu destino, pero te negaste a tenerlo y te esforzaste en que nunca llegara. Arruinando la vida de tu hermana, la de tus hijos y negando a tus nietos la oportunidad de nacer. Ahora estás aquí ante mí, derrotado y dándome lo último que te queda para al menos saciar tu enojo—
[/b]
Lo soltó, la visión pretendía mostrarle todo lo que perdió, siendo víctima de sus temores y egoísmo. La mano de Indra tendría una pequeña marca, un espiral que simbolizaba que el pacto se había concretado; el símbolo fue elegido porque significa evolución, crecimiento, expansión, elementos que Heiten haría vivir a su ahora siervo.

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[b][i]"El pájaro rompe el cascarón. El cascarón es el mundo . Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo." [/i][/b]— Hermann Hesse.

[c=#006633]—Yo creo que... fue inevitable...[/c] —Susurró, derramando la última lágrima antes de que la visión cesara y el pacto quedara sellado. El símbolo en su palma derecha no solo le recordaría que acababa de vender todo su ser a aquella criatura, sino también el despertar de la envidia.

Su cuerpo levitó un poco, su cabeza cayó hacia atrás y un gruñido muy bajo y apenas perceptible comenzó a crecer en su garganta. Ante él, una puerta abierta se materializó, mostrando el cuerpo físico del mago, acostado en un altar de piedra.

La visión que Heiten le había brindado había sido la cúspide del dolor y la rabia. Todo era tan y simplemente... perfecto. Su pecho desbordó de anhelo por esa vida, por ser ese Indra, por haber dado vida a hijos, nietos, éxito y paz, por tener la vida con la que siempre soñó y creyó, ilusamente, que podía tener junto a su actual esposo. Y si bien estaría eternamente agradecido por todo -el amor, las risas, la paz y el poder- lo que Máximo Vasilios le había brindado, sin sus hijos él jamás estaría completo; su vida jamás estaría completa.
Con la mandíbula tiesa, los dientes apretados y los ojos acuosos, se obligó a ver, oír y sentir cada goce que esa versión de él disfrutaba. Era insoportable. Insoportable, porque ese no era él, ese no había sido el desenlace de su vida, pero pudo serlo... Pudo tener todo eso, pero su impertinencia, su egoísmo y, por qué no decirlo, su estupidez, habían hecho de él el hombre desdichado que ahora era. En un comienzo rogó porque la visión finalizara, no quería ver más, pero Heiten no se iba a detener, y curiosamente, conforme más veía ese futuro alternativo, menos tristeza y más ira sentía. Ya al finalizar las imágenes, las uñas del wurm yacían clavadas en sus palmas, y la sangre cayó por la comisura de sus labios ante la mordida colérica que se había dado al tensar tanto la mandíbula.
Lo que sentía era indescriptible, era veneno puro naciendo de lo más profundo de su ser, corriendo por su venas con un ardor que le cortaba la respiración. Era el estado más puro de la envidia, su máximo exponente... Indra se envidió a sí mismo, a todo lo que pudo ser y jamás sería, a todo lo que pudo tener y ya jamás tendría. Su mundo se destruyó, él se destruyó. Hijos, nietos, amor, triunfo, gloria... todo ese mundo murió antes de si quiera nacer y lo que quedaba del marchito mago, murió con él.

Suspendido en el aire, continuó emitiendo aquel gruñido, más la consciencia no la perdió, pues ese no era más que su cuerpo onírico, mismo que no se vería sujeto a la transformación que estaba por ocurrir. Sin embargo, la puerta que se había materializado y mostraba el cuerpo físico de Indra, reflejó el despertar de una nueva fuerza. El capullo se abría y dejaba emerger a un ser milenario, con el increíble poder de su raza y familia.

[med][center][b]Gran Colina del Dragón, Ryu no Kage, Folka[/b][/center][/med]

Recostado entre las ruinas donde su esposo lo había depositado sabiamente, anticipándose a un fatídico evento, el cuerpo de Indra se sentó de súbito. La venda que cubría las cuencas vacías donde alguna vez estuvieron sus ojos, se manchó de sangre y dos surcos rojos corrieron por sus mejillas. Su boca se abrió de par en par, mostrando primero la perfecta hilera de bellos dientes que tenía, con los que usualmente mostraba una encantadora pero cínica sonrisa, más aquellas perlas no tardaron en convertirse en colmillos y su mandíbula, emitiendo un crujido, se desencajó y abrió aun más, de manera anormal. El mismo gruñido que el cuerpo astral de Indra emitía, se oyó salir de su garganta, aumentando en volumen hasta convertirse en un rugido. El aura negra que caracterizaba parte de los poderes del mago, lo rodeó totalmente y se alzó hacia el cielo, como un rayo hasta el infinito, segundos antes de que su cuerpo comenzara a deformarse. Su cuello y cabeza se alargaron, su piel se volvió negra y escamosa y comenzó a erguirse más y más. Una nueva oleada de energía oscura, como humo denso, llenó el lugar impidiendo la visión por algunos segundos, hasta que una criatura de aproximadamente 25 metros de largo se elevó cortando los cielos. Era oscuro, con una cubierta similar a las rocas, sin ojos visibles y con una boca llena de afilados colmillos del tamaño de enormes espadas. Rayos negros repicaban a su alrededor y el ruido que salía de sus fauces era capaz de anular cualquier sonido.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/76/84/60/Indra-Schwarzer-IYXu7ywc4-b.jpg]

[center][med][b]Mundo Onírico[/b][/med][/center]

[c=#006633]—Así que... así es como fue... [/c]—murmuró, aun suspendido en el aire, observando como su forma wurm acababa de nacer y se trasladaba a una distancia sobrenatural, abarcando cintos de kilómetros en cosa de segundos, destruyendo parte del templo y colinas de Folka. [c=#006633]—Y pensar que alguna vez añoré tanto que llegara este momento. Ahora, sin embargo, desearía que... [/c]—guardó silencio, ¿qué deseaba? El dejo de arrepentimiento, tristeza o culpa que había estado a punto de sentir, se extinguió en el acto. Al parecer, le era demasiado difícil sentir remordimientos. Soltó una pequeña risa que bien podría confundirse con una nueva serie de gruñidos. [c=#006633]—Puedo sentirlo. [/c]—Cerró los ojos y aspiró profundo. [c=#006633]—Mi cuerpo cortando el viento, mis enormes dimensiones... El poder. [/c]—Emitió un sonido similar a un gemido de placer, degustando la maravilla de experimentar su cuerpo original, su estado puro; el wurm.

La imagen de la puerta abierta reflejó el final de aquella transformación; como era habitual, el primer despertar no solía ser demasiado duradero ni controlado. A poco más de 1.000 kilómetros de distancia de la Gran Colina del Dragón, se perdió el wurm, y en el lugar al que había ido a parar, ahora yacía un cuerpo recostado boca abajo sobre la hierba, con su larga cabellera cubriendo su desnudez. Estaba inconsciente, pero pronto despertaría.

El cuerpo onírico de Indra volvió a poner los pies en el suelo y se giró hacia su ahora Emperatriz y ama. Emitió una reverencia, con los ojos fríos y sin rastros de emoción más que una refulgente rabia, hablando con la voz algo aplanada,

[c=#006633]—La próxima vez que nos veamos, no será en esta dimensión. Visitaré su imperio a la brevedad y comenzaré con mi servicio, ama.[/c]

El cuerpo etéreo desapareció y en Folka, el cuerpo de Indra despertó.

[b][center]-Fin del tema-[/center][/b]
 
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El Despertar {Privado con The Executor} | Echoes of the Universe | iOrbix
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