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Iscandar nunca le había parecido más hermoso desde que se había casado con el rey Máximo y ahora, por consecuencia, él también era rey. Si hasta él mismo pensó que podía volverse aun más insoportable y maquiavélico con una corona sobre la cabeza -porque claro que la llevaba, él no era como su esposo, él amaba ser un rey-, la realidad fue otra, e Indra descubrió una nueva faceta bastante favorable. Había días en que salía durante horas a escuchar al pueblo e intentar resolver sus problemas. No siempre lo conseguía, ya que aun no entendía del todo cómo funcionaban las cosas en el planeta, pero al menos le echaba ganas.

Esa noche había decidido salir a dar una vuelta. Folka y Gamila, los planetas que se veían desde el cielo, lucían hermosos, y la brisa que corría era tibia; mecía la hierba y las flores de manera relajante.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/56/06/43/Indra-Schwarzer-FEbSvPwBj-b.jpg]

Aunque poseía magia y un gran poder para moverse en dimensiones y otras cuantas cosas, no pudo adivinar lo que le iba a deparar esa noche. Nunca imaginó que ese sería el principio del fin de su existencia como la conocía hasta ahora.

Se acostó boca arriba en el pasto y miró al cielo, estirando una mano el espacio infinito. Su ropaje blanco resplandecía al igual que su cabello, casi parecía un ser de luz. Poco rastro quedaba del devastado hombre que deseó la muerte cuando perdió la vida de su hijo, esa herida ya estaba casi sanada.

[c=#006633]—Debería hacer una visita a Astrid.[/c] —Pensó en voz alta [c=#006633]—Aunque no le haga gracia la unión que tengo con Máximo, quiero compartir mi felicidad con ella. [/c]—Sonrió, cerró los ojos y aspiró la brisa. Realmente había extrañado la presencia de su niña (aunque ya era una adulta, pero siempre sería su niña) en la ceremonia.

Estaba por ponerse de pie cuando algo ocurrió... El pájaro de mal augurio se presentaría ante su persona.
 
 
—El eco de su clamor se escuchó en lo más profundo del universo; su vida se apagó y mil estrellas murieron con ella, llenando de luz los rincones más oscuros en el cosmos. — Soren, era el nombre que adquirió en el reino que erigió, Astrid,(Indra lo conoce como Okan ) escribió en su bitácora, la forma en que él percibía la partida de su amiga y discípula.

Las tribulaciones que pasaron juntos, las alegrías y desencantos, eran recuerdos que parecían cobrar vida mientras él hacía su registro, para hacer cumplir la última voluntad de ella. Su corazón se sacudía como el mar que anuncia tempestad, inmerso en dolor, impotencia e ira, apenas mantenía la cordura.

Había fallado como su guardián, la culpa lo estaba consumiendo, pero no faltaría a su palabra, había jurado notificar a los padres de Astrid, sobre su fatal desenlace, las suaves palabras de la albina, hacían eco en su cabeza.

— Soren, cuando todo termine y él venga por mí, debes decirles a mis padres que por fin son libres, que las cadenas del pecado y el incesto se han terminado y el destino será gentil con ellos. Recuérdale a mi padre, que me voy felíz, porque es lo correcto. —

Se fue a dormir ese día, llevando consigo el trozo de tela que la albina había dejado. Con esa esencia, le fue posible comenzar a navegar entre sueños, hasta encontrar a Sigrid e Indra, los padres de la joven Astrid, que había muerto una noche atrás.

Una vez que tuvo la ubicación, decidió que una noticia como esa debía darse de manera presencial. Tras visitar a Sigrid, Soren fue al Reino de Iskandar para hablar con Indra.

Trazó un portal y ahí, haciendo uso de su capacidad de caminante, logró traspasar las barreras del tiempo y el espacio, hasta llegar en cuestión de segundos al ahora hogar del heredero Schwarzer.

El graznar de un cuervo, rompió el silencio del lugar. Revoloteó alrededor de Indra, el mago onirico que se encontraba disfrutando la paz que su vida le había dado. Finalmente, el cuervo aterrizó a un costado del albino y ahí su fisonomia cambio, se convirtió en un humano. De cabello rubio y más de 1.90 cm.,de altura, el varón bajó la mirada para captar la atención de su contrario. El ojo del cuervo seguía cubierto con un parche, que ocultaba la herida de batalla, ahí donde no solo perdió la vista, también a su pupila. Vestido de negro, anunciaba en silencio el dolor y el luto que llevaba.

De inmediato, colocó una rodilla en el suelo y presentó la formalidad necesaria. No por el título que ostentaba el padre de Astrid, sino por el gran amor que profesaba por ella.


— Mi señor, soy el cuervo que guiaba a Astrid, me temó que soy portador de malas noticias... De la última voluntad de su hija.— con la voz entrecortada, apenas pudo terminar la frase, esperaba la reacción del varón, para poder actuar.
 
 
Las casualidades no existen, dicen por ahí. Apenas el mago había pensado en su hija, vio una pluma negra caer del cielo en dirección a su rostro. No necesitó escarbar en su memoria para dar con el recuerdo del cuervo, era el compañero de su hija, Okon. Lo había conocido en un sueño, meses atrás, más ahora por primera vez se veían en el mundo físico. ¿Eso significaba que también vería a su hija con un cuerpo terrenal? ¿Por qué no se sentía emocionado y feliz entonces? ¿Por qué se le había oprimido el pecho y formado un nudo en la garganta?

Se puso lentamente de pie, mientras el ave tomaba la forma de un hombre muy alto. Se cruzó de brazos en actitud emocionalmente defensiva, pues su cuerpo temblaba cual gelatina sin razón aparente, y no había forma de culpar al clima.

[c=#006633]—Okon.[/c] —Correspondió al saludo con una inclinación de cabeza y escuchó lo que tenía que decir. Para ese entonces ya era evidente que Astrid no había viajado con él, lo que solo pudo incrementar su nerviosismo.

[i][c=#006633]"¿De qué está hablando?... ¿Su última voluntad?... ¿Qué significa eso?"[/c][/i], pensaba, sintiéndose extrañamente mareado. Algo en su cabeza le pedía a gritos salir de ahí, huir, correr lejos, tal como lo había hecho años atrás. Hizo un ademán de querer dar un paso para alejarse, pero no se movió, el "cuervo" aun no había dicho nada concreto, ¿cierto? [i][c=#006633]"No ha dicho nada, no hay necesidad de alarmarse." [/c][/i]Miró a la luna, su mente continuaba enviándole señales de evasión, como si su inconsciente se hubiera percatado primero que una guerra estaba por desencadenarse en las emociones del albino.

[c=#006633]—Prosigue.[/c] —No supo de dónde sacó la voluntad de formular esa petición. Al igual que el rubio, la voz del albino era temblorosa. Los dedos de sus manos estaban clavados en sus brazos, apretando con más fuerza de la necesaria, sin duda dejaría marcas en su piel, pero por ahora el wurm era incapaz de sentir el dolor.

[i][c=#006633]"No escuches... Vete de ahí, vete ahora, no le des oportunidad de hablar."[/c][/i] Casi parecía oír esos ocultos pensamientos, la voz en su interior que lucha por sacarlo de ahí. Una imagen extraña se coló en su mente, la oscuridad y la soledad, cadáveres, un profundo sentimiento de envidia. El rey sacudió la cabeza e hizo una mueca, ¿por qué estaba teniendo esas visiones ahora? Parpadeó un par de veces y fijó la mirada en el cuervo, obligándose a permanecer ahí y escuchar lo que tenía que decir.
 
 
— El destino nos alcanzó, mi señor...su hija ...— pausó breves segundos y retrocedió unos pasos, tomando de su bolso izquierdo un polvo que había preparado con antelación al viaje. Abriría los sentidos del mago, duplicando su percepción y permitiéndole acceder más fácil a su mente, los sopló en el ambiente, para que poco a poco comenzara su efecto y retomó la palabra. — Ella y yo fuimos acorralados por un hombre, se hacía llamar el Ejecutor. —

Entonces, todo comenzaría a cambiar para ambos, el pasado habría llegado para Indra y Soren. — Todo lo que ahora verá, es solo mi recuerdo y el de ella, siendo trasladado a su mente. — La primera imagen, era Astrid en el bosque a lado de Soren, a la orilla de un lago, el Sol resplandecía como pocas veces en esa localidad.

Indra, podría sentir la conexión emocional con Astrid. Ahí ella se sentía tranquila, de pronto su corazón se alteraría cuando los animales comenzaron a huir despavoridos, provocando que ella se sobresaltara.

Apareció ante ellos, un hombre que emergía del agua. Su larga y oscura cabellera asomó junto a esos ojos brillantes y dorados. Una siniestra sonrisa fue dirigida a la albina, mientras él salía por completo del cuerpo.

— He venido por ti — apenas hubo pronunciado esas palabras, su índice diestro lo elevó y con una pequeña sacudida, Astrid fue lanzada por los aires, varios metros lejos. El sonido de sus huesos romperse, sería el único ruido que se podía escuchar. Indra podría sentir el dolor que ella sentía, mientras intentaba ponerse de pie.

Cuando lo logró, él ya estaba detrás de ella con su mano sobre la frente de la fémina, donde la despojo de todo poder con una sola caricia. Astrid era tan solo una humana ahora, pero con un defecto. Su muerte solo era autorizada por él.

Soren buscó ayudarle, pero cada ataque resultaba inútil, él había quedado afuera de una burbuja que el Ejecutor creo, para torturar a placer.

— Astrid, eres un error en la naturaleza, eres caos en el universo, pecado en tu familia, por eso he vendido por ti, pero has de pagar tu nacimiento y muerte — al pronunciar esas palabras, tomó la delicada mano de ella y la cortó.

— Esto es por cada caricia que diste a tu padre, impidiendo el correcto desarrollo del destino. — el grito desolador de Astrid y el dolor se hicieron presentes, ella de no haber sido un ente puro, no habría resistido el dolor, aún en una forma humana, le quedaba su fortaleza mental. Indra seguramente sentiría un dolor agudo en sus manos.
 
 
Cada palabra que el cuervo daba, era como una aguja clavada en el corazón del wurm. Ya no quería que continuara, porque ya sabía lo que iba a decir. Prefería haber vivido en la ignorancia, ajeno a la realidad, y feliz. Pero ya era demasiado tarde para escapar, Soren había soplado el polvo que lo llevaría a la entrada de su fatídico destino. Todo a su al rededor cambió y no tuvo tiempo de implorar por una huida. Sin embargo, cuando vio a Astrid a la orilla del lago, sintió un poco de calma, era la conexión emocional con el recuerdo de su hija. Lamentablemente, la paz duró poco, el mago wurm era víctima de las emociones de la albina y de las suyas propias, intensificándose su temor.

De haber habido alguien más en las praderas de Iscandar, habrían visto y oído a Indra gritar con pánico y correr intentando alcanzar a un ser que solo estaba en su imaginación. Con la voz desgarrada pedía a Astrid que se alejara, que escapara, pero todo sucedió demasiado aprisa y él mismo cayó de bruces al suelo en posición fetal, sintiendo el dolor del brutal golpe que la joven había recibido.
La horrible sensación de vulnerabilidad y debilidad que el rey experimentó cuando su hija fue despojada de sus poderes, lo hizo perder el equilibrio una vez más, y cuando la mano de Astrid fue cortada, Indra gritó tan fuerte que pensó que además se cortarían sus cuerdas vocales.
Las palabras eran crueles, horribles dagas envenenadas que lo llenaban de culpa... ¿La estaban torturando por el pecado que él había cometido? ¿Ese hombre iba a poner fin a la existencia de ella... solo pro su culpa?

[c=#006633]—¡Basta, déjala, es mi hija... ! Por favor, por favor, no le hagas más daño a mi niña..."[/c], pedía entre sollozos, derrotado en el suelo, apretándose la mano que le generaba un dolor tan agudo que le llegaba hasta el entrecejo. [c=#006633]—¡Ayúdela, alguien, por favor...![/c] —Una parte de él se negaba a aceptar que estaba viendo el pasado y que sin importar cuánto implorara, el destino de Astrid ya había sido escrito. Su pequeña había muerto mientras él se regocijaba de una vida de lujos y alegrías. Jamás podría perdonarse algo así.

La visión de ver sufrir a un ser amado era insoportable. Indra intentaba ponerse de pie una y otra vez para luchar contra la nada, sintiendo como en cada intento su alma se iba fragmentando un poco más. Si aquello continuaba, no iba a ser capaz de soportarlo.

[c=#006633]—Okon, detenlo, dentén esto. No quiero ver, no quiero ver más, para...[/c] —Se retorció en el suelo, el llanto lo dejaba sin aire, haciéndolo emitir un sonido ahogado y agudo. El pecho le dolía más que la mano, pues era el dolor de la angustia de perder a quien más se ama y no poder hacer nada. [c=#006633]—Ayúdenme... Ayúdenme... [/c]—Azotó la cabeza contra el suelo, pero parecía demasiado blando para sus huesos. Necesitaba borrarse de ahí, sabía que no iba a aguantar mucho más...
 
 
Soren comenzó a ser invadido una vez más por dolor e impotencia, al revivir ese fatídico momento. Sintió pesar por los alaridos que Indra, había comenzado a exclamar en un tono de dolor y desesperación. El clamor del albino, claramente fue atendido por el cuervo. A pesar que Soren sentía desprecio por el padre de Astrid, se sabía consciente de mostrar siempre su lealtad, por la conexión que tuvo con su hija. El cuervo siempre guardó cierto recelo por el mago, pues por años fue testigo de las lágrimas que en silencio, Astrid derramaba; miró con nostalgia como ella construye una familia en el mundo onirico, para sentir un poco de calor, todo mientras su padre vivía feliz.

Él detuvo el trance, no era nadie para juzgar a ese hombre, le ahorraría ver la parte más horrible. Indra podría sentir como estaba por salir de esa vivencia, pero algo salió mal.

La imagen continúo a pesar del esfuerzo que el cuervo estaba realizando, su magia había sido usurpada por algo completamente desconocido a él. Una voz profunda se escuchó en sus cabezas, Soren la pudo reconocer, probable, Indra lo haría, pues lo había escuchado en el recuerdo de su hija.

— Te niego el derecho a no ver, debes contemplar las consecuencias de tus acciones, quiero que puedas sentir su dolor, me alimentaré de tus lágrimas, aunque no sean tan dulces como el corazón de tu hija.—

Soren, supo que el Ejecutor lo había probablemente seguido y ahora él tenía el control de su poder. Tan sólo atinó a intentar socorrer al deshecho mago. Astrid podría verse sollozando en la representación, moviéndose torpemente ante el dolor.

Esos ojos lilas que una vez brillaron con fulgor, yacían muertos en esas cuencas que los albergaban. Esa entidad asesina, la hizo levitar una vez más, sacudiendo su cuerpo, una y otra vez, hasta dejarla caer nuevamente. Astrid comenzó a arrastrarse intentando levantarse; del Ejecutor emergió una garra, que filosa como espada mutiló una pierna, el alarido que se escuchó hizo que el cuervo cayera al suelo, cubriendo sus oídos.

— Tu pierna, la tomo, por cada paso que diste, sin tener derecho — musitó con serenidad aquél hombre. Finalmente caminó hasta ella, la levantó con su mano diestra; su dedo índice izquierdo se alargó como una daga y la clavó sobre uno de las orbes lilas de la albina.

— Este ojo, lo llevo, por cada paisaje que no debiste ver. — no hubo más ruido, ni queja en Astrid, a pesar que su cuerpo seguía obligado a vivir, ella había dejado de existir, al experimentar dicha tortura. El Ejecutor, bajó su dedo y lo clavó en su pecho, comenzando a hacer un agujero y extrajo el corazón de al albina. Una vez que lo tuvo, se podía ver una larga lengua bifurcada salir de entre sus delgados labios. Lamió el contorno de ese órgano y en un solo movimiento lo devoró.

— Tu corazón, lo he tomado por vivir sin merecerlo — antes de dejar caer el cuerpo de Astrid, el pelinegro besó sus labios, para absorber su alma. Soltó finalmente los remanentes del cuerpo de la albina, que cayó al suelo como si fuese una muñeca de trapo.


— El beso, fue para llevar tu alma al castigo eterno— la imagen cesó, la voz del Ejecutor se fué, Soren pudo recuperar el control en su ilusión, terminando con todo. Corrió a buscar a Indra para tratar de ayudarle, suponiendo lo mal que estaba tras lo que pudo observar.

— Lo lamento tanto, todo ha salido de mi control...— desconsolado y desconcertado, el rubio intentaba dar explicaciones sobre el trágico momento que acababa de presenciar.
 
 
Un hilo de esperanza parecía haber aparecido cuando Soren se dispuso a librarlo de la maldición de ver la agonía de su hija, y en buen momento, pues Indra ya estaba colapsado en el suelo, no solo por dolor físico, sino por tener el corazón y el alma rotos. Más cuando esa voz ya tan conocida se apoderó de la situación, sintió el fuego inundarlo por dentro. Buscó en todas direcciones, intentando dar con la fuente de ese timbre tan odiado, pero no lo encontró. La ira de saberse prisionero de ese ser le dio una oleada de coraje y rugió con los ojos inyectados de sangre, dejando salir una onda de oscuridad que inundó toda la pradera. Pero los siguientes acontecimientos trágicos que vio en el pasado de Astrid, volvieron a reducirlo en cosa de segundos.

[c=#006633][i]"No quiero ver, no quiero ver más..."[/i][/c], movía la cabeza de lado a lado, sorbiendo por la nariz y derramando un mar de lágrimas.

[c=#006633]—¡No me hagas ver, maldito hijo de puta![/c] —Gritó. El auxilio de Soren era inútil, aquello no iba a detenerse y él ya no aguantaba más. Su pequeña siendo mutilada, la vida abandonando su mirada, esos gritos desgarradores que no deberían ser pronunciados por esa voz tan dulce... Fue demasiado. [c=#006633]—¡¿Por qué a ella?! ¡Castígame a mi, castiga a Sigrid! [/c]—La voz lo abandonó unos segundos en que el llanto se apoderó de su respiración, y luego, con una honda inhalación, pudo volver a implorar. [c=#006633]—¿Por qué no mataste a Sigrid..? ¿Por qué no me mataste a mi...? ¡Nosotros somos los culpables..! Ella es inocente... [/c]

Ya no pudo soportarlo, en un arranque de desesperación y arrebato de locura, se llevó los dedos a los ojos, buscando aplacar el martirio al que era sometido, arrancándose las orbes color miel de un tirón. Las cuencas sanguinolentas derramaron sangre por doquier, empapando la hierba ajena a su sufrimiento. El dolor era nulo, su desesperación nubló las propias sensaciones corpóreas, aunque no las compartidas por Astrid. Y aun así, la visión no se esfumó. Fue obligado a ver el último suspiro de ese cuerpo y, peor aún, el secuestro de esa alma inocente.

Para cuando la visión terminó y Soren corrió a socorrerle, Indra ya no era nada. De rodillas sobre el césped, su cuerpo yacía tieso y ajeno, era difícil saber su expresión al carecer de ojos, pero su semblante no reaccionaba a ningún estímulo. Estaba sumido en un estado de shock total, no podía sentir, no podía pensar, no podía reaccionar. Las palabras que el rubio le profirió no fueron captadas por sus oídos, y a los pocos segundos su cuerpo se desplomó como inerte. En un último hálito de supervivencia, su mente lo había llevado al reposo absoluto. El wurm se hallaba en un estado aun más profundo que el coma, era como si hubiera dejado de existir totalmente, sumido en un sueño sin sueños, del que no planeaba despertar nunca más.

Tras la muerte de Adam, el deseo de acabar con su vida había sido una de las primeras opciones, más nunca pudo concretarlo. Probablemente, en esta ocasión, su mente ya había previsto que, aunque lo intentara, no sería capaz de morir bajo sus propias manos, así que la única opción era hundirse en lo más profundo del plano onírico y simplemente "desaparecer."

Indra Schwarzer, a su manera, había muerto.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/56/20/01/Indra-Schwarzer-YDwvPOsr9-b.jpg]
 
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El Principio del Fin {Privado con Soren} | Echoes of the Universe | iOrbix
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