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[center][b][big]FLASHBACK[/big][/b][/center]

El amor mal encaminado, sumergido en un mundo caótico y lleno de prejuicios sin resolver, podría traer grandes tragedias, y es que incluso la naturaleza es capaz de imponer límites naturales a ciertas formas de amar. Los hermanos Schwarzer, Sigrid e Indra, se revelaron no solo contra su familia, contra todo pronóstico del destino también lo hicieron.

Astrid recordaba que apenas había cumplido 5 años ella y su hermano, cuando sus padres los sentaron en la orilla de la cama. Ambos tenían un rostro afligido, pocas veces los veía así, incluso ella percibió miedo en su mamá, la cual solía ser intrépida e indolente, por lo que esa emoción era impropia de ella. Adam y ella miraban fijamente a sus padres, esperando escuchar la razón de esa extraña reunión.

La que tomó la palabra fue su mamá, disimulando esa falta de serenidad, fingió que les contaba un dato, una historia, un cuento al que no debían más que atender:

[b][c=#E50000]─ Pongan atención, cuando sus tíos y yo nacimos, un garou amenazó a mi madre con cazarnos, si seguíamos reproduciéndonos. Cuando ustedes seguían en mi vientre, siendo muy, pero muy pequeños, fuimos emboscados por ese garou, que nos atacó. Gracias a la valentía de su padre, la de K una amiga de su abuela y por supuesto la mía, logramos ahuyentar a ese perro cobarde─ .
[/c][/b]
La honestidad de Sigrid, era conocida como una cualidad qu[i][c=#8F60BF][/c][/i]e podía reprimir siempre para su beneficio, esa lección tenía algunos vacíos que la beneficiaron, haciendo quedar bien a ella y a su adorado Indra como héroes ante sus hijos. Adam veía con devoción y admiración a su mamá, saltó de inmediato de la cama y cuestionó:

[b]─ ¿Murió? Cuéntame cómo lo has matado, mamá. ─[/b] había una gran emoción en el pequeño, contraria a la falta de expresiones de su hermana, que seguía mirando fijamente esos rostros falsos en sus padres, por lo que se revelaba que la historia era una verdad a medias, pero no tenía interés en cuestionar sus razones para mentir, le interesaba una sola cosa ¿Por qué de pronto les contaban eso?.

[b][c=#E50000]─ Debo decir que él huyó de nosotros en esa ocasión, sigue vivo y ha jurado cazarnos. La gente que trabaja para mí, me ha informado que un grupo de garous ha estado rondando Eirween, por eso es que les pido no se alejen de su padre, de mí o sus tíos, serían los primeros blancos de ese grupo. ─ [/c][/b]Al terminar de hablar, Adam se notó decepcionado, quizás esperaba una historia épica de su heroína, por su parte Astrid se abrazó a las piernas de su padre y restregó su rostro contra é.

[i][c=#802D80]─ Yo estaré siempre, siempre contigo papá, y nos protegeremos toda la vida ¿Verdad? ─ [/c][/i]Alzó su mirada, mientras su rostro dibujaba una enorme sonrisa, esperando ansiosa la confirmación de su papá. Adam, envidioso corrió hacia su mamá y la abrazó imitando a su hermana, pero mostrando su feroz coraje.[b] ─ Yo los protegeré a todos, especialmente a ti mamá, ese hombre será nuestra próxima cena─ [/b] añadió mientras recibía orgulloso las caricias de su madre, giró su rostro esperando cruzar su mirada con la de su hermana y cuando ocurrió le mostró la lengua, acto que fue ignorado por la melliza.

[center][b][big]PRESENTE[/big][/b][/center]

Apenas unas semanas habían transcurrido desde la advertencia que habían recibido de sus padres, justo como había prometido Astrid pasaba casi todo el día con su padre, incluso dormidos se visitaban entre sueños, no había límites para cuidarse o expresarse su cariño. Ella se sentía protegida, consideraba a su padre el hombre más poderoso del mundo, quizás no lo era, de hecho estaba lejos de serlo, pero su juicio se nublaba cuando se trataba de él. A pesar de su temprana edad, tenía medidos a todos sus tíos, pero aunque sabía en el fondo que se engañaba, nunca admitió que su héroe tenía muchas deficiencias, en comparación con el majestuoso Adler o el disciplinado de Siegfried,

Una trágica madrugada, su sueño se vio interrumpido por un cálido y tembloroso beso en su frente, fingió seguir dormida, pero había logrado perfeccionar una Catarina que vagaba por donde ella elegía y le permitía ver a Astrid lo que ella veía, era una extensión de energía de la menor. Oculta en los jardines de Eirween, había sido testigo del alboroto en el castillo y comprendió las razones de la salida de su papá. No abrió sus ojos hasta que él estaba a punto de cruzar la puerta de la habitación.
[i][c=#7300E5]─ Papá, ten cuidado por favor, tenemos una promesa y estaré aquí esperando tu regreso─ [/c][/i]Con una sonrisa calmada lo despidió y envió a su pequeña mascota a seguirlo, Astrid pudo ver a su madre aparecer, llena de valentía y dispuesta a proteger el honor de la familia, su padre tenía miedo y sería incapaz de luchar así, Recordó la visión que tenía desde que era una bebe, la muerte anunciando que reclamaría su alma, su piel experimentó un profundo escalofrío, se desconcentró tanto, que la Catarina desapareció y perdió la visión de la zona, soltó unas lágrimas y se escondió en el rincón de su habitación

[i][c=#7300E5]─ N-no quiero morir, no quiero─ [/c][/i]sollozó en el rincón, cubriendo con sus piernas su rostro, meciendo su cuerpo tembloroso, buscando calmarse.[i][c=#7300E5] ─ Papi…ven pronto…─ [/c][/i]


[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/29/46/00/Astrid-Schwarzer-IsqSwYfvm-b.jpg]
 
 
Años atrás, Sigrid había mentido deliberadamente para salvar su orgullo y prestar una imagen más favorecedora a sus herederos, Indra lo había permitido y había aprovechado esa situación para darse algo de crédito, aunque sabía perfectamente que la verdad era otra y que, dada las condiciones en que se habían hallado en ese entonces, habían tenido que huir del garou. Algo había quedado resonando en su cabeza, sabía que tarde o temprano las promesas de muerte del anciano atacante se volverían reales y esperaba estar preparado para ese día. No es que temiera tanto por su vida, de hecho, si se le veía con lógica, ¿qué podía hacer un ser como él contra una de las razas más poderosas del mundo? Incluso si muchos de ellos no habían sido capaces de alcanzar la transformación aún. Su sentido común le decía que tenían la batalla ganada, más había una enorme preocupación que le carcomía los pensamientos día a día, y no solo por la amenaza de Yuri, sino por cualquier tipo de amenaza: Sus hijos, más concretamente su amada hija. El mayor temor de un padre es que sus hijos mueran antes que él y en el caso del mago no fue la excepción.

Hoy la amenaza estaba ante su puerta en el más literal de los sentidos.

[c=#2D8056]-Pretendo huir.[/c]-Soltó sin rodeos, importándole poco y nada el orgullo; para el mago, la vida de su pequeña era todo, y si debía escapar con ella para salvarla, lo haría sin dudarlo. Y así lo hizo.

Preso de una idea que jamás cuestionó como producto de algo más que sus propios pensamientos -una idea que le decía insistentemente que debía apurarse y salvar a Astrid, una idea que se implantó en su cerebro gracias a los poderes de una niña wurm-, Indra reunió lo necesario en un abrir y cerrar de ojos y subió las escaleras en cosa de segundos. Pasó fuera de la habitación de su hijo, de Adam, y se permitió un minuto para entrar y acariciar sus negros cabellos con una mano. Nunca había sido afectuoso con él, inclusive ahora le generaba cierto grado de temor, pero de todos modos lo amaba. Se agachó junto a su cama, lo arropó y mentalmente le prometió que todo saldría bien y que se verían pronto. Jamás imaginó que sería la última vez que lo vería dormir plácidamente. Sin perder más tiempo, corrió hasta la habitación de Astrid y tomó a la niña en sus brazos.
Probablemente fue gracias sus familiares, quienes partieron a defender su hogar desde diversos puntos (laboratorio, exterior y dentro del castillo), pero tuvo el tiempo suficiente para poder encerrarse con su hija en uno de los salones ocultos del castillo.

[c=#2D8056]-Astrid [/c]-comenzó a decir, manteniendo aún el rostro pálido por el temor [c=#2D8056]-, escúchame bien hija, vamos a irnos de aquí. El castillo ya no es seguro... ¿Recuerdas la historia del ataque del garou? Ha vuelto y mamá y yo tememos por tu seguridad.[/c]-Habló con sus manos en el rostro de la niña, tomándole la cara y viéndola muy de cerca, como si así pudiera asegurarse de que le estaba entendiendo. [c=#2D8056]-Vamos a irnos muy lejos, pero mami y Adam nos acompañarán después, nosotros solo nos adelantaremos un poco. [/c]-Mintió, una mentira que más adelante, en días futuros, tendría que explicarle, porque consideraba que decirle a una niña de solo 5 años que iban a dejar a su madre y hermanito, sería una enorme crueldad.

Suspiró pesadamente, sacó una daga del cinturón y se realizó un corte en la palma de la mano izquierda. Los ruidos de una batalla a punto de iniciar le llegaban de lejos, mientras la sangre le escurría hasta los dedos, mismos que usó para dibujar en el suelo un pentagrama, poniendo toda su magia al servicio de abrir un portal, un truco que había aprendido de su abuelo años atrás. El suelo resplandeció un momento, como si el símbolo trazado con sangre brillara, para luego ser invadidos por la oscuridad total, característica de la magia del wurm. El portal estaba listo e Indra no fue capaz de contener las lágrimas, ni si quiera para mantener a Astrid tranquila.

[c=#2D8056][i]"Adios Sigrid, adiós Adam, imploro a todo lo divino que existe en el mundo para que estén bien... Nos volveremos a ver pronto"[/i][/c], pensó, tendiendo su mano cubierta por el tibio líquido carmesí a su hija, invitándola a entrar a aquel pasadizo interdimencional.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/30/20/28/Indra-Schwarzer-1ncP4ucTm-b.jpg]
 
 
Los temores de sus padres se hicieron realidad y aquellas imágenes que seguramente meses atrás pasaban por su mente, eran superadas por lo que ahora pasaba en las inmediaciones del castillo. Lo último que había podido ver, era su padre inquieto anunciando su partida y su madre dispuesta a partir a la lucha. Astrid sabía la diferencia de carácter entre sus padres, aunque siempre había considerado a su mamá como alguien más temeraria y fuerte en muchos sentidos, en comparación a la fragilidad emocional de su padre e Incluso la física, era normal, siendo que Indra, era un mago, la magia era la expresión suave, primigenia, melodiosa de la energía que circulaba por el universo.

Para nada se sintió decepcionada de la decisión de su papá, primero porque siempre sería su héroe, segundo porque ella estaba aterrorizada y deseaba huir con él. Estaba segura que esas visiones sobre su muerte correspondían a la llegada de los garous y se negaba a partir de ese mundo, tenía mucho que vivir a lado de su padre.

A su corta edad, sabía que existían cadenas, la mayoría emocionales y que te ataban a ciertas circunstancias por el temor a perderlas. Astrid temía morir por una sola razón, no imaginaba la vida de su padre sin ella y eso le aterraba. Su sangre se heló al imaginarse perecer, y ese miedo la arrinconó en la habitación, lugar donde minutos más tarde el mago aparecería, advirtiendo a su pequeña de la tragedia que azotaba el nido de los wurm.

Él tomó el rostro de la menor y la seguridad que transmitía en sus palabras, bastaron para que ella cesara de llorar. Asintió a lo que él decía y con el peluche que cargaba en sus manos tomó la del mayor para seguir sus instrucciones.

— De acuerdo papi, sé que mamá y Adam estarán bien, puedo sentirlo,aquí— señaló con su peluche su pecho a la altura de su corazón, segura de lo que había dicho. A su corta edad, suponía que de verdad todo saldría bien, que era capaz de evadir el destino sin ninguna consecuencia.

Un destello que la cegó por unos segundos apareció frente a sus ojos, parte del incomensurable poder de su padre y justamente ahí ambos desaparecieron de Eirween. ¿Qué lugar eligió su padre para llevarla? ¿Cómo sería su nuevo hogar? ¿Cuánto tardaría su madre en encontrarlos?

Atravesaron en cuestión de segundos el portal, al menos eso fue lo que sintió, quizás fue más tiempo, pero no lo notó. Finalmente su destino estaba frente a ellos, abrió sus orbes lilaceos y contempló el esplendor del nuevo mundo.

Una ciudad hecha de piedra que destellaba una tonalidad entre rosácea y café, se erigía frente a ellos. Astrid y su padre se encontraban a varios metros fuera de la ciudad en un frondoso bosque, que permitía oler toda clase de árboles y frutos, al igual que se oía un cuerpo de agua que parecía alimentar la zona.

Astrid con su pequeña mano, apretó la de su papá, sonriendo, felíz de lo que sus ojos infantiles observaban. Si el paraíso existía, ellos habían llegado a uno, quizás era una exageración, con el tiempo probablemente lo entendería, pero para una niña de 5 años, que solo conocía Eirween, ese lugar representaba la realidad de un sueño, una pintura de cualquier libro de fantasía.

— Papá ¿Lo ves? Llegamos al paraíso, mamá y Adam, estarán felices cuando lleguen —.
 
 
En aquel entonces, Indra no era tan experto en los viajes interdimensionales a nivel físico, su magia nata era la onírica y la oscuridad, por lo que ese tipo de desplazamientos solía consumir una gran cantidad de su poder, mismo que era proporcional a la distancia a la que viajara. En esta ocasión, el mago había abierto un portal al universo más lejano que conocía. Su intención era pasar unos días ahí, para después explorar -y para ello probablemente requeriría la ayuda de su hija- otras galaxias a través de los viajes oníricos y así volver a abrir un portal más adelante, cosa de alejarse siempre más y más de La Tierra, ya que no sabía hasta donde podrían rastrearlos. Debido al enorme desgaste, el albino apenas pudo asentir al entusiasta comentario de su pequeña.

[c=#2D8056]—Sí... es hermoso... [/c]—Fue lo único que alcanzó a decir antes de soltar la mano de su hija y caer de rodillas, jadeando al intentar recuperar el aliento. No quería preocupar a Astrid, pero ponerse en pie ahora parecía imposible.

Ante ellos estaba la ciudad de Simarin, ciudad del planeta Suntur, caracterizada por antiguas ruinas ricas en fuentes de magia que emergía de sus aguas, uno de los lugares predilectos para Indra cuando exploraba en su cuerpo astral. Literalmente ahí podrían darse baños de energía mágica, lo que le vendría muy bien.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/33/27/09/Indra-Schwarzer-KmTGdr16Y-b.jpg]

Sin embargo, la ciudad no era todo un paraíso propiamente tal; múltiples trampas y criaturas peligrosas asechaban, especialmente en la noche, la que al ocultarse sus soles se volvía un reino de hielo. Había que cuidarse de plantas venenosas capaces de moverse, seres incorpóreos que amenazaban con meterse en los pensamientos de las personas y dominar su actuar, animales salvajes y claro, el clima cambiante e inhóspito a veces. De no haber sido el planeta más lejano que el mago conocía, jamás hubiera llevado a la niña ahí... Una cosa era aventurarse en Suntur en un viaje onírico y otra muy diferente era hacerlo de manera física.

Cuando el wurm pudo recuperarse un poco, se puso de pie y volvió a aferrar la manita de Astrid. [c=#2D8056]—Vamos, buscaremos refugio en las ruinas. [/c]—Miró al cielo, ya iba a anochecer, no había tiempo para el baño de agua mágica, debería recargar sus poderes de forma natural al menos hasta que amaneciera. [c=#2D8056]—Escúchame bien... no toques nada, no hables con nadie y sobre todo, mantente alerta. Es un planeta hermoso, pero tiene peligros... [/c]—Comenzó a caminar junto a la pequeña por un puente de piedra, dirección a una de las entradas de la ruina más cercana. Los soles que iluminaban el lugar se iban escondiendo a una velocidad abrumadora y el frío no tardaba en hacerse presente. [c=#2D8056]—Recuerda que eres fuerte, hija, dentro de ti se esconde un enorme poder, no temas dejarlo libre...[/c] —Sabía el doble filo que sus palabras podían tener, el poder que la niña podría llegar a manifestar bien podía ser un caos si no era correctamente encausado, pero Indra tenía fe en que no sería el caso.

La ruina les proporcionó la protección que necesitaban de los animales y plantas salvajes, más no del clima. Ya sin los soles brillando en el cielo, la temperatura llegó a lo que en La Tierra sería el equivalente a -90°, un wurm podría soportar eso, pero de todos modos el frío era espantoso. No tardó en congelarse todo, el ruido de las cascadas afuera dejó de escucharse, puesto que el agua se solidificó en cosa de segundos. El mago temblaba y sus dientes castañeaban sin cesar, sin energía mágica le costaba más regular su temperatura corporal. Odiaba que la menor lo viera así, no quería preocuparla, así que la abrazó, acurrucándola contra su regazo para intentar hacerla dormir.

[c=#2D8056]—Du... duerme...[/c] —Le susurró entre temblores, intentando cubrirla con su ropa holgada y darle algo más de calor. [c=#2D8056]—Mañana... el sol saldrá... y... será maravilloso de... nuevo...[/c] —Le sonrió, intentando verse optimista. [c=#2D8056]—Podré hacer... un conjuro... para las próximas noches... Solo será esta... la más helada... Ya lo verás... [/c]—Besó su frente, incapaz de sentir sus propios labios al tocar la piel de la niña por lo congelada que la tenía. Comenzó a mover su cuerpo de atrás hacia delante, meciéndola suávemente, mientras cantaba la canción de cuna que solía emplear cada noche para hacerla dormir. [c=#2D8056]—Buenas noches... buena noche... Cubierta de rosas, rodeada... de claveles... [/c]—Su canto era suave, intentando contener la amargura y el miedo. Él no dormiría, se mantendría alerta por si cualquier peligro llegase a asechar esa noche a su pequeña niña.
 
 
El punto más lejano del universo representaba una distancia casi inimaginable. Era el lugar más seguro para esconderse de la amenaza, pero llegar ahí tomaría un costo alto, el mago lo sabía y ahora lo estaba sintiendo. Su energía mágica disminuyó de forma dramática, por su cuenta, Astrid seguía animada por el viaje que había realizado. El paisaje nutrió sus sentidos al instante, su padre apenas pudo responder a su entusiasmo, de inmediato comenzó a instruirla sobre los peligros del lugar y le protocolo que debía seguir.

Astrid sabía su papá probablemente conocía el lugar gracias a los sueños, ella aunque en teoría era más poderosa que él, no lograba todavía viajar tan lejos en el plano onírico. De ahí derivaba su peculiar sorpresa al llegar a su escondite, notó el agotamiento de su padre y también la preocupación, la tarde comenzaba a caer y la noche no tardaría en cubrir todo con su manto oscuro.

Lo primero que atrajo su atención fueron esas peculiares cascadas, podía sentir la magia que se vertía por eso líquido que resultaba vital en más de una forma, suspiró con resignación al darse cuenta que no podrían hacer escala ahí. Esa sensación de insatisfacción, no era por ella, era por su padre que apenas podía mantener su andar, requería recargar energía de manera inmediata, pero lo inhóspito del lugar por ahora se los impediría.

Su padre la llevaba de la mano, podía sentir con orgullo la diferencia de tamaño entre ambos. La mano de la infante, apenas representaba un tercio de la de Indra, eso lo hacía un gran hombre ante su hija. Caminó a la par de él, sus ojos se abrieron lo más que pudo, sus sentidos se avisparon lo más que alguien de su edad podría hacer. Olía, veía y oía con atención cada cosa que a su alrededor se podría estar gestando. Finalmente encontraron una cueva para reposar, durante todo el camino ella guardó silencio y se limitó a asentir a cada institución de su padre.

Cuando se sintió segura en ese lugar y los soles se apagaron, el frío la llevó a apegarse a su papá. Su pequeño cuerpo temblaba, su piel lucia más pálida de lo normal, también tenía sed y hambre, sin contar que le preocupaba que su mamá y hermano hubiesen llegado .

[i][c=#7300E5]— P-p-pa-pà ...—[/c][/i] tiritando de frío comenzó a hablar. [i][c=#7300E5]—Yo te cuidaré, esta noche seré una heroína como tú—
[/c][/i]
Comenzó a mecer a su cuerpo al ritmo de los movimientos de su papá y de aquella canción de cuna. No era diestra en el manejo de su poder, pero el amor por su papá la ayudaría a liberar parte de la grandeza que su mamá siempre decía que había heredado ella y su hermano.

Se abrazó a su papá, depositó un beso sobre la mejilla ajena y entonces comenzó a elevar poco a poco su temperatura corporal, era difícil competir con el clima, podía llegar a un punto en el que se friera a si misma. Por lo que su cuerpo comenzó a transferir el calor que ella generaba a la cueva y al cuerpo de su padre.

- 90° Celsius, era algo con lo que resultaba difícil competir, sobretodo para una niña de 5 años. Su temperatura en el cuerpo iba en un aumento desmedido a pesar de transferir la mayor parte del calor, había remanentes que estaban comenzando a alterar su cuerpo. Su padre habría de lograr sentir que de un momento a otro el lugar había generado más que suficiente calor y que la piel de Astrid comenzaba a arder.

[i][c=#7300E5]—Papá...dime cuando ya no tengas frío...— [/c][/i]sus ojos de pronto se pusieron completamente blancos, su espíritu guardián le obligó a unirse a él en una especie de trance y así le mostró una amenaza que comenzaba a gestarse en los alrededores de la cueva. Pudo ver a una pequeña criatura peluda, que se ocultaba entre la nieve que se formó bajo la noche. Llevaba consigo una pipa que traía encendida, vigilaba la cueva, al parecer alguien había descubierto su llegada. Parecía infoensiva ante los ojos de la menor, justo como aquellos peluches que dejó atrás en su habitación, sin embargo, el instinto de supervivencia y por supuesto de cazadora, venía grabado en su ADN, sabía que de algún modo esa cosa, sería el principio de sus problemas en Suntur.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/35/97/44/Astrid-Russoft-qpc3Zrkxi-b.jpg]

La visión terminó de manera abrupta, dejando a Astrid casi inconsciente. La temperatura de su cuerpo comenzó a descender y la cueva quedó apenas por encima de una temperatura tolerable. El esfuerzo de la menor permitió que ambos estuvieran expuestos a tan solo - 20 °Celsius.

[i][c=#7300E5]— Perdón, papá, no pude continuar...—[/c][/i] sabía que fracasó y ocultó su rostro en el pecho del albino, apagando así sus deseos de llorar. [i][c=#7300E5]— Alguien nos observa desde afuera...—[/c][/i] fue lo último que dijo para cerrar sus ojos y caer dormida.
 
 
Es espantoso el dolor cuando el frío alcanza los huesos y la sangre. Los dedos de las manos y pies del mago wurm estaban hinchándose y ardían, la sangre no circulaba bien y moverlos era una tarea lenta y tortuosa. Sabía que gracias a su raza era muy difícil que pereciera de frío, pero su cuerpo realmente había empezado a sentir que la vida en él se congelaba. Fue cuando algo grandioso ocurrió: su pequeña niña, hábil en su magia nata, había conseguido elevar la temperatura de su cuerpo. No tardó en experimentar un calor que lo hizo estremecer de agrado, era una bendición. Si bien su hija parecía no haber heredado nada de sus genes wurm, las habilidades maternas y de su abuelo, más la magia que Indra le había transmitido, habían hecho de ella una niña excepcional.
Poco a poco, el calor le fue devolviendo la movilidad y parte de su energía. Al menos sin estar entumido podría recuperarse más pronto, pues no tendría que gastar de su poder para regular su propia temperatura.

[c=#006633]—Está bien así. No te sobre-esfuerces hija... ¿Astrid? [/c]—Algo no estaba bien, la niña parecía haber perdido la consciencia o entrado en algún tipo de trance. Él por su parte, no fue capaz de advertir la presencia que los asechaba fuera, su magia estaba demasiado debilitada aun. Cuando la menor volvió en sí, la temperatura ya había dejado de incrementar, pero al menos no eran los -90° C. Con -20° C, Indra podría moverse y pensar con claridad, sin sentirse tan adormecido por el frío. [c=#006633]—¿Qué dices?[/c] —Preguntó cuando la albina recobró momentáneamente la consciencia y señaló que alguien los acechaba fuera de la cueva.

Indra se puso de pie, plantándose ante su hija en posición defensiva, mientras la pequeña yacía rendida en sueños. Sabía que no podía usar magia, como mucho conseguiría lanzar chispitas por los dedos de manera patética, así que solo contaba con su cuerpo. Quebró una estalactita y apuntó con ella hacia delante justo en el momento en que una zona de la cueva estallaba en mil pedazos de hielo. Lo primero que entró por ella -además de frío- fue humo, un aromático humo con olor a hierbas fragantes. Indra conocía ese aroma, lo había percibido e incluso había experimentado con él años atrás, en sus visitas a lugares similares a casinos y bares de otros mundos; era una potente droga alucinógena. Lo segundo que entró, fue una criatura de apariencia adorable e inofensiva, pero que sin duda ocultaba un gran poder. La pipa en su boca indicaba que el portador de la droga era él. Indra contuvo la respiración e intentó ir a cubrir la boca y nariz de Astrid, más apenas realizó el primer movimiento, la criatura se había acercado dos metros en solo un parpadeo. Estupefacto, el albino le lanzó la estalactita directo a la cabeza, para luego cargar a su niña en los brazos e intentar ponerla a salvo... Pero algo ocurrió... ¿Desde cuando el suelo se había llenado de flores? Desorientado, miró a su alrededor y lo primero que notó, fue que ya no estaba en una cueva, sino en una hermosa y soleada pradera; lo segundo, que lo que tenía en sus brazos no era su hija, sino un bicharraco blanco, con múltiples patas, antenas y alas, como una polilla gigante. Horrorizado, lanzó lejos al insecto que cargaba.

[c=#006633]—¡Astrid! [/c]—Comenzó a llamar a la infante, sin verla en ni un lado. Así mismo, tampoco había rastros de la criatura. [c=#006633]—¡Astrid! ¡¿Dónde estás?![/c] —Curiosamente, notó que a pesar de estar en una cálida pradera, rodeado de hermosas flores y con un radiante sol sobre su cabeza, cada vez que gritaba salía vaho de su boca, como si el frío fuera terrible.

Escuchó un ruido tras de sí y lo que ante sus ojos era un árbol, le lanzó un golpe en la boca del estómago, quitándole el aliento. Logró mantener el equilibrio sin saber cómo, arqueando solo la espalda hacia abajo a la vez que tosía y recuperaba el aire. Subió la mirada con expresión amenazante, pero ante él solo estaba el mismo árbol, ya inmóvil. Retrocedió un poco y continuó llamando a su hija, más en un abrir y cerrar de ojos, sintió que el piso se desvanecía y caía sobre una enorme telaraña, quedando prisionero e inmóvil. En una de las esquinas había una pequeña araña de aspecto repulsivo, Indra supuso que era la causante de todo, así que debía apresurarse a matarla antes de que pudiera dañar a su hija. Haciendo un esfuerzo enorme, logró liberar algo de su energía oscura y cortar las telas que lo apresaban. Jadeando por falta de energía, caminó tambaleándose hacia el insecto y se dispuso a luchar contra éste.

A poca distancia, la felpuda criatura continuaba echando humo con su pipa, completamente divertido al ver como el mago wurm, tras haber lanzado lejos a su hija al confundirla con una polilla, se disponía ahora a intentar acabar con ella, presa de la ilusión de su droga. Él por su parte, no tendría que hacer mucho, esperaría a que ambos se mataran mutuamente o al menos quedaran lo suficientemente debilitados antes de utilizarlos como sujetos de investigación.
 
 
Ese lugar que por momentos la había llenado de entusiasmo, ahora le causaba un ligero pesar. Aunque era una niña, podía entender el agotamiento de su padre, entendía lo que significaba ser un wurm y verlo en ese estado, era poco alentador, incluso para alguien con la inocencia de una infante.

El desgaste de energía que hizo para aumentar la temperatura, sumado al trance en el que entró con Okon, terminaron por desgastarla. A pesar de ese pequeño desliz, ella había alcanzado a avisar a su padre de la amenaza. Si bien ella no fue testigo, Indra hizo cuánto esfuerzo estuvo en sus manos por protegerla, en vano, pues ella alcanzó a respirar parte de esa sustancia que invadió el aire.

Seguía dormida, hasta que su cuerpo se estrelló contra el suelo, ahí de manera abrupta despertó, presa del dolor y el miedo por lo que había pasado. No sabía que era su padre, la persona que la arrojó al aire.

Escuchaba la voz del mago, que gritaba con desesperación su nombre, y comenzó a moverse rápidamente hacia él. Ella se sorprendió cuando al estar cada vez más cerca, se encontró con un gusano gigante, que tenía dos manos negras y filosas, como si fueran un par de garras.

La pequeña Astrid, comenzó a retroceder al ver que el ataque era contra ella, pero al mismo tiempo por ahí estaba su papá, podía escucharlo. Sus ojos pudieron observar a la pequeña criatura que fumaba, sosteniendo una sonrisa traviesa y porqué no decirlo, triunfal.

Astrid, comenzó a gritar...— ¡PAPÁ! ¿Dónde estás? Ayúdame, papá ... — sus latidos se aceleraron, era la primera vez que estaba en peligro, a pesar de su poder, ella no sabía cómo usarlo. Tras varios minutos, corriendo para evadir a las garras de ese gusano ( su papá), Astrid finalmente logró pinchar su dedo uno de sus zarcillos, la gota de sangre cayó y Okon se materializó frente a ella.

Él aún no caía bajo el influjo de la droga y aunque no podía hacer nada contra Astrid o Indra, si podía frenar al causante.
Para Astrid, Okon lucía como un enorme buitre a punto de devorar a su padre. Porque la pequeña criatura ahora tenía el aspecto del wurm de la envidia. Okon en un aleteo convocó a varios cuervos que comenzaron a envolver a la criatura, con la única intención de hacerle perder la pipa.

Astrid, no podía entender porqué su cuervo se transformó y atacaba a su papá. En consecuencia su voz se alzó en un grito tan fuerte, de enojo y desesperacion, que la cueva comenzó a sacudirse como si fuera un terremoto, esa era una nueva habilidad de la pequeña. Algunas rocas comenzaron a caer, sino se movían, quizás ahí alguno podría perecer.

— ¡PAPÁÁÁÁÁÁÁ! — Fue el grito que se escuchó y que sacudió completamente el terreno, alrededor de la niña apenas caían pequeñas piedras, pero no sería así para su papá, Okon o esa pequeña y traviesa criatura; ellos de no moverse quedarían bajo ese inminente derrumbe que la pequeña estaba causando, víctima del estrés y miedo que las alucinaciones causaban.
 
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Cuando el pasado nos alcanza, por el fruto de nuestros pecados. (Privado con papá) | Echoes of the Universe | iOrbix
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