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[quote][center][b]Cuando el corazón alberga pesar, no hay tierra que no sea amarga[/b][/center][/quote]


[youtube=https://www.youtube.com/watch?v=Lzymj5dAqJA]

El destino es inexorable, una característica que aprendió Astrid tras huir de Eirween, durante la guerra. Aceptar la decisión de su padre, cambió el rumbo del destino, pero al final supo que la alcanzaría y que el dolor que su familia vivía tras la muerte de Adam, era en vano, pues ella debía morir, tal como estaba marcado en su línea de la vida.

Sumergida en la soledad comprendió el significado de su nacimiento, la grandeza de su pureza y la importancia de su existir. Ahora había asumido la responsabilidad de su casta, aquella que los mismos dioses seguramente veían con recelo. Astrid se había convertido en una auténtica líder, siendo emperatriz de una galaxia a la que denominó Sygndra, en honor a sus padres.

[i][c=#8F60BF]—Ha llegado la hora ¿la puerta podrá mantenerse después de mi partida? —[/c][/i] preguntó a Okon, el cuervo que poseía como guía dentro y fuera del mundo onírico. Se encontraba preocupada por su futura muerte y que con ella, el regalo que dejaría para su familia, se perdiera.

[b]—Quedará por mucho tiempo, Astrid. Tal como lo pediste, se cerrará cuando sus corazones sanen, ve a dormir es hora de visitarlo —.[/b] Okon, tomó su forma espiritual y desapareció para encontrar a su joven ama dentro del mundo onírico.
Astrid, acomodo su cama y se dispuso a dormir como cada noche, esta vez sería distinta. Dejaría su deber de gobernante, para ir a ver por última vez al hombre que la ayudó a existir.

Apareció caminando de forma parsimoniosa, con ese rostro imperturbable y grácil que siempre tuvo, esbozaba una sonrisa que apenas era perceptible, sin embargo, estaba feliz, aunque quizás no era evidente. Contempló por unos minutos cada detalle, parecía que todo había quedado perfecto.

Durante años, Astrid se escabullía en los sueños de cada miembro de su familia, conociendo lo que resguardaban con recelo. Creo un mundo onírico, un refugio de paz, una ilusión para sanar el dolor al que parecían estar destinados. Era el castillo de Eirween, lucía imponente, toda una digna fortaleza wurm. En los jardines se había reunido toda la familia; todos luciendo felices, pues ahí su vida era perfecta, cada sueño, cada añoranza, se cumplía en ese lugar.

A la reunión le hacía falta su madre, que se preparaba en su habitación buscando lucir más hermosa que cualquiera de sus hermanas, pero únicamente porque se reuniría con su amado hermano, Indra. Afuera, se encontraba su hermano, Adam, que esperaba con un gesto de hartazgo a su madre, pero la amaba tanto que valía la pena cada segundo de espera, aunque le pareciera absurda.

[i][c=#8F60BF]—Están todos, solo faltas tú… — [/c][/i]Astrid creó una puerta frente a ella, la que lo llevaría al mundo de sueños de su padre. Lo había buscado por mucho tiempo, para poder verlo físicamente, sin embargo, cuando descubrió su amorío con un hombre de otro planeta, Astrid se decepcionó y decidió despedirse a través de los sueños.

Sentía respeto por cada especie en el universo, de eso no había duda en su corazón; a la par estaba segura que los wurm eran la raza superior y que se debía cuidar la casta, e incluso buscar la pureza. Ese pensamiento aunado al sufrimiento que sus padres pasaron para consolidar su amor, le causaba profundas perturbaciones sentimentales; dolor, recelo, hostilidad, emociones ajenas a su naturaleza, y que prefería no externar, de ahí la decisión de verlo a solas y en el plano que ambos compartían.

Abrió la puerta y ahí estaba él, luciendo un traje de telas notoriamente finas; haciendo gala de joyas que portaba como accesorios y eran sin duda de piedras preciosas, su cabello ahora era más largo. Era sin lugar a dudas su papá, el wurm de la envidia, uno que aparentemente renació tras la muerte de su hermano; se preguntó si a ella la reconocería, pues se dejaron de ver cuando ella era solo una niña.

Astrid, veía la figura de su padre frente a ella, mientras él le daba la espalda. Ella era más alta ahora, se acercó a paso lento y colocó su mano derecha sobre uno de los hombros del mago, apenas lo tocó con la punta de sus dedos.

[i][c=#7300E5]—Papá, ¿me recuerdas? —[/c][/i] cuestionó con voz suave, buscando no perturbarlo con su inesperada llegada, ella se alejó para indicarle que cruzara con ella la puerta, se quedó a esperar su respuesta justo debajo del marco.
Sus manos se quemaban por poder abrazarlo, realmente tenía la necesidad de estrecharlo contra ella y sentir todo ese cariño que por años le había hecho falta, lo mismo deseaba con su madre, pero para ella ya habría tiempo.

Él ahora vería, que su hija se había convertido en una mujer adulta. Su cabellera alba, se mostraba larga por debajo de su cintura, su rostro era poco expresivo y su tez seguía siendo pálida. A diferencia de la mayoría de su familia, ella poseía un cuerpo estilizado y no era voluptuosa como su madre o tías, pero sí poseía el toque femenino que las caracterizaba. Tal como en la infancia, ella seguía vistiendo de negro, con escasos ornamentos o accesorios.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/26/79/22/Astrid-Schwarzer-ygxzXDHGd-b.jpg]
 
 
Un hermoso prado verde, con flores luminosas y múltiples arbustos de distintas tonalidades, se abría pasó ante sus ojos, mientras aspiraba el aroma fragante de una brisa tibia que mecía sus cabellos largos. Era un sueño simple, pacífico, sin gran trama ni preocupaciones, el tipo de sueños que ahora el mago wurm se obligaba a crear gracias a sus habilidades.
Desde la muerte de Adam, Indra había evitado todo contacto con su familia, hasta el punto de negarse a sí mismo soñar con ellos, dedicándose solo a evadir. O l menos así había sido hasta aquel día que había decidido buscar a Sigrid para liberarla de su atadura y contarle que se iba a casar. De todos modos, no es que no pensara en ellos, involuntariamente siempre estaban rondando en su cabeza, en sus recuerdos, en sus emociones; el solo hecho de sentir un aroma familiar, algún perfume, alguna flor que hubiera habido en los jardines de Eirween, alguna comida... hacían que Indra rememorara de inmediato algún suceso del pasado junto a los suyos. Eso le dolía. Pero al menos las noches podía controlarlas y optar por no soñar nada o tener sueños simples, donde los Schwarzer no eran los protagonistas de sus pensamientos y emociones.
Esa noche iba a ser diferente. Una fuerza mayor a la suya lo obligaría a salir de su refugio onírico y encarar a la persona que más amaba en todo el infinito.
Una puerta se abrió a sus espaldas, Indra pudo sentirla, alguien, un poder que lo superaba incluso en el área que mejor dominaba, había abierto una brecha para llevarlo a otro lado. No tuvo que mirarla, a penas la puerta invadió su espacio, él supo de quién se trataba.

[i][c=#2D8056]"Astrid..."[/c][/i], pensó, temeroso de voltear y verla. Suspiró y con el corazón en la garganta sintió su tacto y escuchó su voz, la que no era la que él recordaba. Lentamente volteó, viendo a una linda mujer que, para él, siempre sería la niña de sus ojos. No pudo contener la sonrisa melancólica que se formó en sus labios, la amaba tanto, más que a su propia vida. Bastó una mirada para darse cuenta de cuánto la había extrañado, a pesar de que en Iscandar, el planeta en el que actualmente vivía, el tiempo no había transcurrido tan aprisa como se notaba que sí lo había hecho en la galaxia donde había dejado a Astrid.

[c=#2D8056]—Mi pequeña...[/c] —murmuró al cruzar la puerta y tenerla de frente. Su voz era una contradicción entre alegría y melancolía. —[c=#2D8056]¿Cómo podría no recordarte? No sería capaz de olvidarte ni en mil vidas. [/c]

Permaneció unos segundos dubitativo antes de estrecharla entre sus brazos. Su fisionomía había cambiado, era alta, o al menos más alta que él, y tenía las formas de una mujer, aunque de manera más sutil que la mayoría de las mujeres de la familia. La admiró en silencio, era preciosa, simplemente perfecta, podría postrarse a sus pies con total dignidad, y es que no solo era bella, sino también poderosa y eso podía percibirlo con solo estar a su lado. Su niña era, a su punto de vista, lo que una diosa debía ser. Pero el momento de admiración debía ser pausado, palabras mayores debían ser pronunciadas.

[c=#2D8056]—¿Hay algo que pueda hacer para expresar lo mucho que siento todo lo que te he hecho? ¿O algo para compensarte?[/c] —Su sentimiento de culpa era real, lo había tenido desde hace mucho, aunque este no había sido suficiente incentivo para que diera la cara y afrontara la realidad.

Recién en ese momento notó el lugar en el que estaban, reconoció los rosales, el pasto verde perfectamente cortado, los arbustos, los muros del castillo... Eirween. También escuchó las voces lejanas, reconoció a sus hermanos, hermanas y a su madre ahí, en perfecta armonía y paz. La situación, aquel mundo de fantasía, era tan perfecto que llegaba a ser triste, o al menos así lo percibió el mago. Una tristeza doble, el dolor de ver a quienes había dejado atrás por voluntad propia, por no querer convivir con nada que le recordara a su difunto hijo; y el dolor de saber que la soledad de su adorada Astrid debió ser tan inmensa, que se obligó a crear un universo falso, lleno de sombras felices jugando a ser su familia.
Aun abrazado a ella, mirando a todos con el rostro acomodado sobre el espacio entre su cuello y hombro izquierdo, Indra exhaló un sonido de angustia, aunque logró mantenerse lo suficientemente intacto para no llorar.

[c=#2D8056]—Lo siento tanto, Astrid... He fallado en todos los aspectos en que un padre y un hombre podrían fallar. [/c]—Lentamente se separó de su abrazo y pasó una mano por los cabellos blancos de ella, mirándola con la culpa impresa en sus ojos ámbar.

De pronto, se preguntó algo, sintiendo el enorme poder de su hija, que seguramente no era una cuarta parte de lo que realmente poseía, se cuestionó el por qué lo buscaba ahora, habiendo podido localizarlo antes. Le dio miedo formularlo con palabras, así que lo dejó estar. No había visto a la menor en mucho tiempo -aunque claro, para ella había sido más tiempo aún-, así que si podía al menos aprovechar algo de la reunión que ella se había esmerado tanto en realizar, lo haría, más que mal, se lo debía.
 
 
Aprendió a temprana edad que los problemas debían resolverse actuando y no esperar a que te consuman mientras te lamentas. Cuando se encontró sola en algún lugar remoto en el universo, asimiló eso que de niña aprendió; la soledad y el dolor de la ausencia de su familia, carcomía su interior, sabía que los necesitaba, pero no podía estar con ellos. Una peculiaridad de Astrid, es que es una asidua coleccionista, entre las cosas que gusta recolectar, están los deseos que se manifiestan en los sueños. Fue ahí que descubrió que podía estar con su familia, sin retar el destino; creando un mundo perfecto, la ilusión eterna de la felicidad. Cada noche, recolectaba recuerdos y deseos de su familia, hacía a un lado su dolor, sus temores y construyó el mundo que cada uno deseaba. El poder que ella poseía, le permitió que su mundo fuera un espacio, que cambiara a voluntad de la consciencia que estuviera dentro.

La visión que ahora ella mostraba a su padre, era el sueño de Astrid. Pudo sentir el dolor del mago al estrecharse en ese abrazo que era parte de un dulce reencuentro y a la par tenía un suave sabor amargo, que recordaba todo el dolor que ambos habían recorrido hasta poder llegar a este día.

Escuchó a su papá expresar ese profundo arrepentimiento, para ella no existían los secretos, algo que le desagradaba y había intentado controlar, sin éxito. Sabía que su papá estaba arrepentido, que sentía culpa e impotencia. Lamentablemente, también había visto a su mamá, deshecha por el último encuentro con él, uno que terminó por destrozar la mente de ella, acabando con la escasa cordura que siempre le acompañó. Astrid se esforzó por no reprocharle a su papá su relación, era una hija celosa, eso lo admitía, pero además una orgullosa wurm pura; una que sobrevivió gracias a la determinación y ambiciones de su madre, y al loco amor de su padre. Suspiró calmada y besó la mejilla de su papá, un pequeño acto que habría de extender su perdón, ese que tanto parecía buscar él.

[i][c=#802D80]¿Sabes? No he venido a reprocharte algo, ni siquiera esa relación que ahora tienes…[/c][/i]lo había expresado, a pesar del esfuerzo por callar, ahora se había liberado de ese peso y podía entregarse a adorar a su padre, su héroe.[i][b][c=#802D80] -…siempre serás mi héroe, en esta vida y en otras, a tu manera me salvaste, por eso estoy aquí. Te he extrañado mucho y sé que la culpa no te ha dejado ser feliz del todo.[/c][/b][/i]

El abrazo finalizo y la mirada triste permanecía en el rostro de él. Probablemente la visión de Astrid, reforzaba la melancolía que resguardaba el mago celosamente en su corazón. Pensó en cambiar el ambiente, pero las risas de sus tíos y ver a su madre aparecer con Adam a su lado, la motivaban a seguir, ese mundo falso que ella creó, era lo que la mantuvo feliz todo ese tiempo y le costaba renunciar a él, se negaba a dejar de sentir la calidez de esa familia que no pudo tener.

La tranquilidad que toda la vida acompañó a Astrid, comenzó a desaparecer. ¿Cómo le diría que había ido a despedirse?¿Qué su madre tenía que acabar con ella? No podía eludir su destino y tampoco alterarlo. Años le tomó prepararse para la despedida, en cada una de los escenarios que preparó, terminaba por mentir a su papá, así que entendió que por más doloroso que fuera mentirle, la verdad resultaría en un dolor más profundo.

[i][c=#802D80]¿Sabes? He visto a mamá en sus sueños, ella está muy mal…iré a buscarla, la sanaré con ayuda de todos y ella volverá a ser la misma. Vine a despedirme, porque sé que ahora estás feliz, con él; y yo definitivamente por más amor que te tenga, soy incapaz de ver a un wurm con otro ser que no sea nuestra misma casta.[/c][/i]

Mintió a medias, era verdad que no podía ver a los wurm con otros ajenos a la especie, pero no era motivo para no amarlos o verlos. Aunque eso su papá no lo sabía, volvió a abrazarlo con fuerza, mientras rompía en llanto; ni ante la muerte de su hermano, había llorado, pero ahora despedirse de él, por fin había roto toda fortaleza que en ella hubiese. Se sintió agradecida con ese dolor, sería útil para entregarse a la muerte, aquella que tantas veces vio y que ahora tomaría la figura de su madre, para finalmente llevarla a encontrarse con Adam.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/27/62/14/Astrid-Schwarzer-ME5yAcdmZ-b.jpg]
 
 
El reproche de un hijo es, probablemente, uno de los más dolorosos, porque refleja que se ha fallado como padre y se ha decepcionado a la persona más importante, a esa que se engendró con parte de uno mismo, esa que es una extensión de la propia vida. Indra desvió la mirada cuando Astrid se refirió a su relación con el folkeano, era un golpe doble, el reproche de estar con un ser de otra raza y el haber dejado a Sigrid por éste. Iba a murmurar otra disculpa, cuando su hija continuó hablando, por lo que el "lo siento" se transformó en un "gracias."

No le costó notar la aflicción en su niña, la había visto reír, llorar y rabiar un sin fin de veces desde que era una bebé, y si bien habían estado algunos años separados (años que habían sido más para ella que para él, debido a la diferencia espacio-temporal de sus galaxias), podía seguir percibiendo las emociones de ella.

[c=#2D8056]-¿Qué ocurre?[/c] -Preguntó y casi de inmediato obtuvo la respuesta: claro, le preocupaba su madre. La mirada del albino volvió a desviarse, recordando el encuentro que había tenido hace poco con Sigrid; aun era doloroso, muy doloroso, pero a diferencia de Astrid, no se quebró, al contrario, logró hacer uso de un coraje que rara vez emergía en él, una valentía que probablemente solo surgía cuando estaba con su hija. La estrechó con fuerza, cobijando sus lágrimas con la calma de un hombre mucho más valiente de lo que usualmente aparentaba ser, mientras acariciaba sus brillantes cabellos y emitía sonidos tranquilizadores de consuelo, mismos que había empleado infinidad de noches en que la niña había extrañado a su madre y hermano, cuando huyeron solos de Eirween. Desconocía totalmente el real motivo del llano ajeno, de haberlo sabido, su templanza se hubiera destruido en mil pedazos...

[c=#2D8056]-Tranquila... [/c]-Susurró, con voz cálida y afectuosa, frotando la espalda y la larga cabellera de su hija. [c=#2D8056]-No llores, volveremos a vernos...[/c] -Besó su rostro y su frente, parándose sobre la punta de sus pies para alcanzarla, sonriendo después por aquello, por lo alta, grandiosa, hermosa y poderosa que era la heredera de sus genes.[c=#2D8056] -Confío en que así será[/c] -agregó, cuando la muchacha mencionó que lograría que su madre volviera a ser la misma de antes[c=#2D8056]-, eres la criatura más fuerte que haya conocido... Así que no llores, mi niña, todo saldrá bien. [/c]-Realmente creía que sería así, se había tragado la mentira por completo, permitiéndose sentir una egoísta sensación de calma, como si las piezas de un rompecabezas por fin calzaran. Su hija solucionaría el desastre que él había ocasionado, Sigrid volvería a tener la cordura y fortaleza de antaño y podría volver a ser feliz, rehacer su vida y convertirse, por primera vez, en la hermana que nunca pudo ser a raíz de su caótico amorío.

De súbito, la serenidad y fortaleza paternal se vieron drásticamente destruidas. Mientras limpiaba con el dorso de su mano las lágrimas de Astrid, tomando algo de distancia, vio a lo lejos una figura que caminaba con la gracia y elegante soberbia que la caracterizaba; por supuesto, cómo no iba a estar ahí presente en ese mundo de fantasía. La imagen de su amada Sigrid se desplazaba por los perfectos jardines de Eirween, y tras ella...

[c=#2D8056]-No...[/c] -La voz a penas le salió, como un gemido ahogado. Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo y la sangre congelársele en las venas, palideciendo su rostro en cosa de segundos. Qué mejor ejemplo podría haber que decir que vio un fantasma. La figura de un hombre ya adulto, irradiando un poder magnífico y un porte excepcional, penetró en sus ojos que no tardaron en nublarse por las lágrimas acumuladas. [c=#2D8056]-Adam... [/c]-Volvió a hablar con un timbre tembloroso, dando un paso hacia atrás, como si quisiera huir de esa visión que reconoció, a pesar de la diferencia de edad, como su difunto y adorado hijo.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/28/62/42/Indra-Schwarzer-dyqrLWHeJ-b.jpg]

Se llevó las manos al rostro, tratando de cubrirse los ojos, pero dejando espacio entre los dedos, le dolía ver, quería escapar, pero a la vez no podía dejar de mirarlo, y de un momento a otro el deseo de huir mutó a la inversa, y en un carrera con más velocidad de la que jamás hubiera demostrado en batalla alguna, Indra se encontró junto a la ilusión de su hijo, abrazándolo con tal fuerza que podría haber destrozado el cuerpo de cualquier humano. Su llanto fue desgarrador, como un aullido. Sus manos palpaban el fuerte cuerpo que tenía ante sí -su espalda, los brazos, el rostro-, intentando acaparar a su hijo por completo, antes de hundirse en su pecho a derramar su triste y conmovida emoción. Por un momento deseó pedirle a Astrid que no se fuera, que se quedaran ahí, en ese mundo perfecto para siempre. No pensó en nadie más, ni en Máximo, ni en Sigrid, anhelando con toda su fuerza vivir ahí por el resto de la eternidad, junto a su familia, junto a sus hijos, sumido en la más dulce irrealidad... Pero una parte de él, un dejo de madurez que había adquirido con todos los años de experiencia vividos, frenó ese impulso y lo centró en sus ideas.

Miró de reojo a Astrid, pidiéndole permiso con la mirada, y se alejó junto a Adam, pasándole un brazo por la espalda en el primer y último paseo de padre e hijo que tendrían. Se fue por lo que bien podría haber sido una hora o una semana, aprovechándose de la divinidad del mundo onírico, recorriendo diversos lugares del reino. Le pidió perdón y se permitió escuchar de vuelta la tan necesitada aceptación de disculpa; bromeó con él, hablaron de proyectos, del futuro, de mujeres y amor; midieron fuerzas en un pequeño juego de pulsos, solo para imaginar lo extremadamente fuerte que era su hijo; comieron y bebieron de un imaginario banquete en la gran mesa del castillo, misma mesa que ayudó a concebir a esos poderosos wurm; se abrazaron ebrios, lloraron y rieron; jugaron juegos de mesa, apostaron dinero falso y se sentaron a ver un amanecer en los frondosos bosques del jardín, mientras el mago le contaba todo lo relacionado a su relación con Sigrid, los secretos de la familia y todo aquello que nunca pudo hacer mientras el otro estaba vivo.
Ya con el corazón vaciado y la capacidad de despertar de esa maravilla de mundo, volvió con su hija. Tal vez para Astrid, ese momento que su padre pasó con su hermano, no fue más que un efímero instante de minutos.

[c=#2D8056]-Estoy listo.[/c] -Le dijo, tomando su mano y mostrándole una sonrisa algo cansada, propia de la resignación. A pesar de su juvenil rostro incapaz de envejecer como el de un humano, Indra lució un poco más viejo, pero en su expresión había algo de paz tras haber podido realizar todas las cosas que nunca se atrevió y que nunca alcanzó a hacer con Adam, aunque fuera por medio de una fantasía. [c=#2D8056]-Puedo despertar ahora...[/c] -Besó la mejilla de su pequeña y le dio un pequeño último abrazo. [c=#2D8056]-Y tú puedes ir a salvar a tu madre... Perdóname por poner ese peso sobre tus hombros, pero de verdad sé que eres la única capaz de hacerlo.[/c] -Acarició su rostro y dio un paso atrás. [c=#2D8056]-Y gracias... La próxima vez que nos veamos, todo estará bien y será gracias a ti, mi dulce Astrid. [/c]

De haber sabido que sería la última vez que hablaría con ella en vida, se hubiera aferrado a ese mundo de fantasía para no largarse jamás.
 
 
Pocas veces era expresiva, sus emociones las mantenía dominadas y silentes en su interior, no encontraba necesidad de exteriorizar lo que sentía. En la galaxia que gobernaba, era conocida por mantener ese aire imperturbable, aun en los peores escenarios. Ahora estar frente a su padre, había provocado que ella fuera capaz de ceder al capricho de sus sentimientos, emociones contrapuestas despertaban en su interior, probablemente solo eran aquellas que habían estado anidando en su corazón; alegría, tristeza, decepción, orgullo, eran algunas de las sensaciones que la estaban estremeciendo en ese instante. Deseaba detener sus sollozos, pero parecía que había perdido el control sobre si misma; fue entonces que se concentró en él, en sus suaves murmullos, que parecían cánticos celestiales, los mismos que de pequeña lograban serenar su ser, ese momento no fue la excepción. Se entregó a los brazos de su padre, para disfrutar de la paz que él le brindaba, las palabras del crédulo de él, provocaban una extraña sensación en su interior.

Había mentido, le dolía ver la falsa esperanza que había entregado a la persona que más amaba en todo el universo, el único que la amaba con la mima fuerza. Su corazón, al menos de manera metafórica se había hecho pedazos, los suficientemente pequeños, para no volver a ser reparado, deseaba poder hacer de ese instante en los brazos del albino, un momento que se congelara por la eternidad. Miles de veces, por años y años, había estado abrazada a él, y finalmente hoy tenía al verdadero Indra, al menos esa versión onírica del real, ¿qué habría sentido de poder tenerlo físicamente?, sería una duda que seguramente se llevaría a la tumba. Secó sus lágrimas, asintiendo a las palabras de aliento de su padre, que lucía irreconocible, valiente y determinado, buscando proteger a su cría, amándola, alentando a su grandeza, se sintió más que orgullosa de verlo de esa manera, sabía que él tenia un potencial que no había logrado alcanzar.

[i][c=#BF60BF]- Tienes razón, todo estará bien y cuando nos veamos de nuevo, esta imagen será real y no una ilusión- [/c][/i]dedicó una sonrisa, la mejor que pudo esbozar tras sus lágrimas, un genuino gesto de amor y esperanza por en verdad deseaba eso pudiera cumplirse de algún modo.

Percibió la perturbación en su padre al arribo de su madre, y hermano; especialmente ante la presencia de Adam, en el que su mundo, lo representaba como debía haber sido su destino. Un magnífico varón, que portaba un uniforme militar, propio del estilo de Sigrid, su madre y a quién él admiraba. Se mostraba como un digno wurm puro, uno que sería el que guiara a su raza, por encima de cualquier otro de su especie, capaz de despertar los celos de los más viejos en la dinastía, envidiando el poder que se gestaba en tan solo el chasquido de sus dedos, a tan temprana edad. Así de perfecto construyó a Adam, Astrid. Asintió a ese permiso silencioso que su padre le pidió, lo dejó ir a encontrarse con su hermano.

Por su parte ella se acercó a su madre, tan única y bella entre todas las mujeres de su familia. Sigrid, poseía unos ojos rojos bastante pícaros, que resaltaban como dos rubíes en ese fondo negro que era su cabello, que adornaba la piel pálida. DE estatura más baja, que la Astrid, siempre aparecía como alguien orgullosa, desafiante y sin duda burlona. Ese día Astrid se acercó a estrecharla entre sus brazos, gesto al que su madre correspondió sin ningún problema. Condujo a su madre al otro lado de los jardines, lejos de sus tíos, de su padre y hermano.

-[i][c=#BF60BF]Te contaré un secreto, mamá. Hace tiempo se me reveló mi muerte, mi inmadurez y seguramente el miedo, me llevaron a negarlo y evitarlo, por eso Adam murió, era yo quien debió estar aquel día en su lugar-[/c][/i] Bajó la mirada avergonzada y con temor, había miedo al revelar aquello a esa ilusión, pero sabía que su madre aunque no estaba realmente presente, recibiría su mensaje, gracias a la magia onírica de Astrid, que liberaría un sello para unir ambas consciencias.

[i][c=#BF60BF]- Durante este tiempo en el que no nos hemos visto, entendí que no puedo eludir esta batalla, que requieres saciar tu sed de venganza, pero debo decirte que no estás eligiendo el camino adecuado, no triunfarás en tu tarea. Pronto te haré llegar un obsequio que labré en este exilio al que inconscientemente, mi padre me envió. Con eso serás capaz de tomar lo que yo te arrebaté, y es mi vida, mi alma por la de Adam, tu dolor por el de mi padre. Ambos lograrán una catarsis que les permita seguir su camino. -[/c][/i] Por última vez abrazó a su madre y besó su frente, la dejó atrás para verse con su padre que estaba listo para despertar.

[i][c=#BF60BF]- Hasta pronto, papá, te amo. Este lugar estará para siempre abierto, siempre podrás encontrar algo de mí aquí-[/c][/i] Agitó su mano a manera de despedida, mientras lo observó cruzar la puerta por la que ella lo había traído. El cuervo que la guiaba, en un aleteo desapareció la figura de su madre, haciendo que se uniera a la real, para recibir el mensaje.

Astrid, finalmente despertó, a su lado se encontraba la figura de un varón de cabello negro que acariciaba con suavidad sus platinados cabellos, mientras limpiaba sus lágrimas con un suave pañuelo.

[i][c=#BF60BF]-Todo ha quedado listo para su retorno a Eirween, la profecía para su sucesor ha sido revelada y he preservado todo lo que me has pedido, puedes ir tranquila en busca del sueño eterno, mi pequeña onironauta-[/c][/i]Okon, el cuervo había tomado una forma humana, gracias al mismo poder de la wurm, en él descansaba una porción de ella, que permitiría mantener el sueño perfecto con vida aún después de su muerte.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/08/15/50/Astrid-Schwarzer-AgPwkfjxC-b.jpg]



(Fin del tema :D )
 
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El último encuentro, la puerta a la felicidad. | Echoes of the Universe | iOrbix
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