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Indra Schwarzer, un hombre con un ego capaz de compensar con creces su falta de estatura, cuya aura, en sus mejores tiempos, grandiosa y altiva, era capaz de enmudecer a un gigante; un sujeto astuto, calculador, engreído y vanidoso, con una coraza capaz de ocultar todos sus complejos y temores; de porte exquisito, siempre elegante y exuberante, desbordando riqueza y ostentosidad; un hombre de alcurnia, digno de su apellido, siempre perfumado, con su lustrosa cabellera de plata brillante y la tez tersa, vistiendo finas sedas y anillos invaluables en cada dedo. Ese era Indra Schwarzer, o al menos... ese solía ser Indra Schwarzer.

Una choza en medio de un bosque generaba una melodía acuosa en su interior, miles de gotitas que caían sobre cacerolas y demás ollas, cantando la sinfonía de la decadencia. Pero las goteras del techo eran lo de menos, la humedad fría daba la sensación de estar en un sauna, pero con temperaturas bajo cero. Las paredes -echas de tablas y otras chatarras- estaba cubiertas de un moho resbaladizo y olían a madera descompuesta. No había muchas cosas al interior de la vivienda (si es que se le podía llamar así), algunos frascos con residuos de pociones ya empleadas, ropa en el suelo, utensilios de cocina y, los únicos objetos llamativos: un cetro de mango negro con incrustación de piedras preciosas, cuya base estaba compuesta por un cráneo de dragón con una gema verde en cada cuenca; y un cofre negro y plateado en un rincón, sellado con llave.

En una cama hecha de harapos, igualmente húmeda, un bulto sobresalía, cubierto hasta la cabeza, solo dejando entrever unas hebras de un blanco opaco; una maraña larga y descuidada. Aquella cáscara de lo que alguna vez fue uno de los herederos más narcisista de Eirween, temblaba de frío bajo las mantas heladas. El efecto del alcohol -elaborado por sí mismo en base a frutas fermentadas de aquel bosque- ya había cesado y el frío volvía a metérsele en los huesos. Podría haber generado fuego sin esfuerzo, podría haber construido (incluso comprado) una mejor vivienda, podría haberse colado con facilidad en el castillo de algún rey sin si quiera ser descubierto, o incluso podría haber hechizado a una princesa y ser el heredero a alguna corona de ese mundo... Podría haber hecho un sin fin de cosas, pero no quiso.
¿Alguna vez han sentido el deseo de ser miserables, de sufrir hasta no dar más, de abandonarse a su suerte? Indra lo sentía, quería tocar fondo, quería morir, pero no tenía el coraje para quitarse la vida y aunque lo hubiera tenido, ¿podía un wurm morir? Pues aquello, su estado actual, era lo más cercano a la muerte para él.

Había llegado a Dungeon hace aproximadamente dos meses; no estaba seguro de cuánto tiempo era aquello en Eirween, el tiempo entre una galaxia y otra corría muy diferente, por lo que quizás allá sus hermanos ya tendrían más de 200 años, o tal vez solo habían transcurrido unos minutos desde su partida... Quién sabe, ya no importaba.
Era poco y nada lo que sabía de aquel lugar, solo lo indispensable: estaba muy, pero muy lejos de casa... De su palacio, de su familia, de los recuerdos, aunque el dolor se había ido con él, como su sombra.

Ese afán por huir hasta de sí mismo, lo hizo adentrarse en un mundo desconocido, ajeno a cualquier peligro que allí pudiera haber, o tal vez incluso instando a la suerte a jugarle una mala pasada. Era por ello que había elegido ese bosque para instalarse y vivir como un moribundo ermitaño. Incapaz de saber que alguien podría llegar hasta él, alguien que también conocía el arte de la magia... Sus sentidos estaban opacados, se había sumido en un sueño voluntario donde no tenía que pensar ni que sentir, era lo más parecido a no existir. No alertó la presencia que se acercaba y jamás imaginó que ese encuentro que estaba por ocurrir, podría ser su única vía de escape a su agónica tristeza.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/24/64/06/Indra-Schwarzer-8nbigOJkQ-b.jpg]
 
 
Dungeon, un reino conformado por tantos colores, olores, criaturas, climas y diversidades, un paraíso para los seres protegidos por las gobernantes del lugar, un paraíso común a simple vista, pero lleno de misterios si se le veía de cerca, el lugar donde un extraño había caído, era el gobernado por la segunda hermana mayor: Suzume. El entorno en general era tan extraño como ella, los alrededores se encontraban siempre rodeados en penumbra eterna, un sol azul iluminaba el día y una luminosa luna dorada salía por las noches. Las criaturas en su mayoría eran de colores oscuros, los cuales les permitían camuflajearse durante el día y encontrarse durante la noche, un clima incierto que podía variar desde la más despiadada helada hasta el más abrazador calor del infierno y de vez en cuando el clima más agradable que podría existir, sin embargo, todo aquello podía ser controlado por la joven que habitaba ahí, era como si ese pedazo de tierra fuese una extensión más de ella…

Hacia un par de meses, un extraño hombre de aspecto albino había caído a Dungeon una tarde en la cual Suzume se encontraba reposando, como si de un mapamundi se tratara, la azabache generó en la palma de su mano una esfera en la cual logró divisar como había llegado ese extraño ser, no parecía ser una de las criaturas nativas, por lo que solo había una explicación: debía ser alguien con la capacidad de viajar entre dimensiones, y, el haber caído en su tierra podría ser desafortunado para cualquiera de los dos lados si el asunto no se trataba con la delicadeza necesaria, por lo que decidió primero observarle en silencio. Día con día observaba divertida la forma en que actuaba este ser de aspecto humanoide, aún así, había algo en él que le indicaba que esa podría no ser su verdadera forma, un simple mago no podía simplemente llegar ahí, ni siquiera por accidente, lo que veía era la cúspide de la miseria, un hombre que más que abandonar sus ideales parecía haberse abandonado a si mismo, era patético y de vez en cuando le daban ganas de ahorcarlo ella misma para terminar con su sufrimiento de un vez por todas, pero tampoco podía negar que a la falta de tareas en Dungeon, se había convertido un hábito suyo el espiarlo cuando no tenía nada que hacer, aún si no interfería ni hacia acto de presencia lograba verlo todo.

Tras dos meses de observación, un buen día simplemente se hartó, decidió hacer el primer contacto para conocerlo y saber de manera directa qué rayos hacia él ahí, ¿Por qué había llegado a ese lugar? Si el buscase algo simplemente lo hubiera tomado hace mucho, pero solo parecía ser alguien ahogado en su propia desdicha, fuera cual fuera el caso, estaría muy cerca de averiguarlo, salió de su tina y colocándose sus prendas, solo acomodó un poco su cabello, tomó una pluma de Fénix para juguetear y dibujó un nuevo pentagrama en el suelo de su habitación, que por cierto, estaba lleno de símbolos de runas, hilos y pentagramas por todos lados, algo digno de calificar como un completo caos. Tarareaba y movía un poco sus pies dibujando los símbolos exactos para aparecer en el lugar de su interés.

Después de algunos segundos terminó, se colocó en el centro de su pentagrama y comenzó a desaparecer como si fuese tragada por la mismísima tierra, segundos después, apareció a unos 50 metros de su destino, no quería llamar la atención y tampoco hacer fácil de encontrar el lugar donde ella había aparecido.

[c=#E5E500]—Bien, si logró detectar no es alguien común, si no lo hizo, podría ser alguien solo un poco por encima de la media.[/c]

Sus movimientos siempre se enfocaban y basaban en medir a su enemigo o en este caso al desconocido ser que había penetrado en sus dominios. Caminó con lentitud, casi como si a propósito estuviese tratando de retrasar el encuentro o hacerlo solo un poco más interesante. Al llegar frente a la choza, un evidente olor a humedad inundó sus sentidos de golpe, todo parecía estar en ruinas, y todo en solo 2 meses, era un dolor de cabeza, ella era desordenada pero jamás había caído en tal inmundicia, molesta, apretó sus dientes hasta el punto de hacerlos rechinar, cerró sus puños y levantando su pierna derecha, golpeó el intento de puerta que había en la choza, entró sin pedir permiso y observó a aquel hombre aún en su cama, su cuerpo, parecía estar temblando y era normal, no había estado comiendo adecuadamente, sus pies estaban demasiado flacos, casi al punto en que era difícil distinguir la piel de los huesos, tenía el aspecto de un vagabundo desnutrido, necesitaba levantarlo de ahí, así mismo si moría, se ahorraría la gran molestia de tener que moverlo de lugar o mínimo tratar con él. Levantó su índice derecho y comenzó a formar un poco de humo dorado que giraba alrededor de su mano hasta formar una chispa que generó fuego azul, poco a poco su mano se vio llena de esta llama, y sin más, la lanzó hacia los pies del visitante con una sádica sonrisa de medio labio.

[c=#E5E500]—Escúchame bien, quiero tu nombre y tu motivo para estar aquí, si no cumples con lo que te pido ese fuego subirá y subirá hasta que te consuma por completo, así que te recomiendo cooperar.[/c]

Relamió sus labios con lentitud pasando después a sus pronunciados y filosos colmillos mientras esperaba su respuesta.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/18/50/67/Suzume-Strump-Queen-TAIGH7HTg-b.jpg][/center]
 
 
La peculiaridad de aquel mundo jamás le extrañó, había conocido tantos universos peculiares, donde inclusive sus habitantes no poseían cuerpo, o donde la gravedad parecía ir de lado y todo lucía como derretido, así que el tono azulado del día no le llamó la atención. Así mismo, jamás se percató de haber estado siendo vigilado, en gran medida porque no le importaba, de hecho, esperaba que tarde o temprano alguien fuese a matarlo... y rogaba porque lo consiguiera; él no opondría resistencia.

Sumido en la nada, en la inconsciencia en la que conscientemente había elegido hundirse, donde no pensaba, no sentía, no soñaba, no recordaba y su existencia era casi como el no existir, Indra fue interrumpido muy a su pesar. [i][c=#2D8056]"Alguien viene"[/c][/i], su magia le jugó la mala pasada de hacerlo notar que, a algunos metros de distancia, alguien se aproximaba al asecho. [i][c=#2D8056]"No importa... No quiero despertar"[/c][/i], se dijo a sí mismo, con los ojos apretados, obligándose a volver a ese estado en que parecía más muerto que vivo.
No advirtió cuando la mujer ya estaba dentro de su choza, mucho menos cuando conjuró la llamarada que lanzó a sus delgados pies... Más sí que sintió el ardor en la piel y la carne.

—[c=#2D8056]¡..N-no...! [/c]-Balbuceó con una voz alarmada, quebrada y llena de terror. No es que el dolor del fuego lo hubiera asustado tanto, no, no era el fuego, no era el dolor, era lo que aquello significaba. —[c=#2D8056]¡Lo siento... lo siento, lo siento, lo siento...! [/c]—Se encogió, ocasionando que el fuego se extendiera por las mantas húmedas, lanzando humo negro. Hundido bajo las frazadas, con las manos aferrándose la cabeza, chilló, estallando en un llanto digno de un niño temeroso. —[c=#2D8056]Lo siento...Sigrid... [/c]—Gimoteó otro poco; la culpa reflejada en su entonación, hasta que...

—[c=#E5E500]Escúchame bien, quiero tu nombre y tu motivo para estar aquí, si no cumples con lo que te pido ese fuego subirá y subirá hasta que te consuma por completo, así que te recomiendo cooperar.[/c]

[i][c=#2D8056]"Esa no es su voz..."[/c][/i] Alzó la cabeza de entre las mantas, un rostro a penas visible entre tanto cabello blanco pegado a la cara. Un ojo inquieto repasó la fisionomía que tenía ante sí... El cabello era similar, la expresión sádica y cruel también, pero... no era ella, no era su hermana.

—[c=#2D8056]¿Quién mierda eres tú? [/c]—Preguntó molesto, moviéndose las hebras de pelo enredado de la cara con rabia, viendo con los ojos aun vidriosos y la nariz húmeda de mocos a la mujer lo había atacado.

El haber creído que su hermana había llegado a buscarlo, a vengarse por dejarla y por no haber podido proteger a su hijo, le había alarmado a tal punto que el comprobar que en realidad no se trataba más que de una criatura de ese mundo, lo hizo enfurecer. Aunque esa ira solo duraría un momento.
Se levantó de la cama con los pies ennegrecidos y el fuego subiéndole por los tobillos, metió las piernas a las ollas y cuencos llenos de agua de las goteras del techo, dándole la espalda sin preocupación y, sobre todo, sin mucha claridad de lo indefenso que lucía y estaba en su estado actual. Su delgadez era tal, que el pantalón húmedo y roído que llevaba se le cayó, arrugándose a la altura de sus rodillas, dejando su huesudo trasero y partes nobles a la vista en una deplorable escena. Fue cuando percibió por primera vez aquello que había estado ignorando durante esos dos meses: su propia persona. Parpadeó un par de veces al notar la escasez de ropa, bajando la mirada y encontrándose con unos muslos tan flacos como un par de antebrazos ¿Ese era él? Alzó una mano ante sus ojos, movió el brazo y emitió un jadeo: era hueso y piel y venas sobresalientes.

—[c=#2D8056]Termínalo... [/c]—dijo, con la voz tan temblorosa como su mentón. —[c=#2D8056]¿Puedes?[/c] —Se volteó de frente a ella, aferrándose el pantalón con una mano para cubrir la poca dignidad que aun tenía —[c=#2D8056]¿Puedes matarme?[/c] —Dio un paso hacia delante, o eso intentó, puesto que tropezó penosamente con el cuenco donde tenía el otro pie, cayendo de bruces ante ella, como si hubiera hecho una reverencia a sus pies. Alzó la cabeza, permaneciendo en el suelo ahora apoyado en sus rodillas, como un bicho. Le aferró las tiernas pantorillas con las manos, suplicándole, una vez más con el trasero al aire tras volverse a caer su pantalón. —[c=#2D8056]No puedo...[/c] —negó con un movimiento de cabeza— [c=#2D8056]no puedo soportarlo más... Por favor... ¿Eres fuerte, cierto?[/c] —Sus ojos ambarinos se clavaron en los de ella llenándose de lágrimas grandes que cayeron como perlas por sus mejillas, emitió un sonido con la nariz al sollozar y hundió su mocoso rostro entre las rodillas ajena, dando un gemido desgarrador que sonó como un cachorro golpeado.

La escena era tragicómica, ridículamente lastimera al punto de caer en lo detestable. Indra Schwarzer, el engreído y altanero mago wur, hijo de Liannette Schwarzer, la poderosa emperatriz de Eirween... Indra Schwarzer, un patético hombre que imploraba por su muerte a una total desconocida.
 
 
¿Qué rayos era escena tan patética que acababa de ver? Era un despojo de persona lo que tenía frente a ella, ese lloriqueo parecía venir de un ser que había perdido más de lo que estaba dispuesto a dar. La miseria, el llanto y el dolor de su contrario solo causaron placer en la híbrido, quien de manera sádica esbozó una sonrisa burlona y relamió sus labios lentamente deteniéndose en sus colmillos unos instantes.

[c=#562D80]—Con que ¿Sigrid? No tengo idea de quien sea ella, pero se ve que te dejó en la ruina.[/c]

Al instante en que ella observó que su contrario al menos hizo algo por apagar el fuego, tronó sus dedos para permitir que este se apagará por el agua como si fuese normal, pero sin decirle; Su mal estado era notable a leguas, aún recordaba al hombre que había llegado a refugiarse a la choza, en aquel entonces a pesar de su semblante, poseía una figura orgullosa y algo gallarda a pesar de su baja estatura, inclusive se atrevería a decir que era algo apuesto.

El hecho de que su pantalón se hubiese bajado, la hizo notar aún más su delgadez, por un momento llegó a sentir algo de pena o lastima quizá, pero después eso se vio opacado por un par de risas, elevó sus cejas y lo observó salir mal encarado de aquellos baldes, de igual manera cayendo al suelo y mostrando aún más el grado tan lamentable en el que podían caer los seres vivos.

Hasta el momento había ignorado las palabras que ella quería, no se había presentado aún, y en realidad no lo haría hasta que él le dijera su nombre de manera adecuada, siguió sus movimientos con los ojos y cruzó sus brazos hasta tenerlo a sus pies.

“Mátame” fueron las palabras que salieron de la boca ajena, de pronto lo que hasta el momento le había parecido ligeramente divertido ahora se había vuelto un tremendo enojo en su ser, entrecerró sus ojos con desprecio y altivez, lo miró desde arriba y levantó su mentón, después mencionó en un tono sarcástico.

[c=#562D80]—Bien, si quieres que te haga ese favor, debes lamer mis pies.[/c]

Levantó su pie derecho manteniendo perfectamente bien el equilibrio, y lo acercó a su rostro, sin embargo, como si no fuera suficiente esa humillación, pateó su pecho para empujarlo hacia atrás y en el momento que él empezaba a caer al suelo, se inclinó a su altura al ponerse en cuclillas y lo tomó con una sola mano de su delgado cuello para estamparlo con fuerza contra el suelo, hundiendo inclusive un poco el suelo en el que había dado el impacto, hizo presión con sus dedos con la intención de cortarle un poco el aire, se acercó a su oído y susurró en su voz más demoníaca y maquiavélica que tenía

[c=#562D80]—¿Quieres que te mate? ¿Qué es lo que te hace pensar que eres merecedor de que yo te mate? No te haría tal favor, si tantas ganas tienes de morir, entonces ¿Por qué entraste al balde de agua cuando las llamas llegaron a tus pies? Si las hubieses dejado correr ya estarías incinerándote, no eres más que un cobarde que busca morir sin dolor para terminar tu sufrimiento y ahora me aseguraré de que vivas hasta que hayas sufrido todo lo que sea mi placer.[/c]

Lo soltó y se puso de pie y acercándose al catre maloliente y lleno de hollín, tomó una de las frazadas con su diestra y se la lanzó para cubrir sus partes nobles.

[c=#562D80]—Usa eso para cubrirte en lo que encontramos algo que te quede, no quiero tener que pagar el castigo de ver tus miserias al aire como hace unos momentos, date un baño decente y te espero afuera, de hoy en adelante eres mi sirviente, si lo haces bien, puede que te dé la muerte que deseas, de lo contrario ya te dije, vivirás hasta que toda tu esencia se pudra lentamente y los gusanos corroan tu carne.[/c]

Salió de la habitación y se quedó afuera esperando con los brazos cruzados sin darle si quiera la oportunidad de protestar. ¿Quizá tenía un plan? Nadie lo sabía, sin embargo ahora se había encaprichado con algo y sin duda no lo dejaría escapar hasta lograr su cometido.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/19/08/91/Suzume-Strump-Queen-pdfQc9YiC-b.jpg][/center]
 
 
Humillación, esa era la palabra que mejor describía lo que sentía, humillación y desconcierto. ¿Cómo podía haber alguien tan cruel y carente de compasión para no tener piedad de un pobre hombre sumido en sufrimiento y agonía y tratarle de esa manera? De pronto algunos recuerdos llegaron a su mente: un joven Indra maltratando humanos, insultándolos, golpeándolos e incluso matándolos, escuchando sus súplicas y lamentos como si fueran melodías... Él había sido peor. Desde el suelo, con los ojos muy abiertos en sus cuencas hundidas, se preguntó si acaso estaba pagando por lo que había hecho tantas veces sin sentir culpa.

Tosió y unas pequeñas gotitas de sangre salieron de su boca, manchando la comisura de sus propios labios. De haber sido un humano, sus órganos internos -sus pulmones y el corazón- habrían quedado reducidos a papilla, y sus huesos -el tórax, las costillas y la columna- se habrían quebrado en múltiples partes; por suerte no era humano y su fisionomía era muchísimo más resistente, aunque de todos modos le había hecho daño. Sintió la falta de aire, esa desesperante sensación de no poder respirar que ya había experimentado años atrás. Emitió un sonido agónico, se revolvió como una cucaracha bajo la fuerza de la pierna que le oprimía el pecho, intentando zafarse, pero era inútil en su estado actual. Por suerte fue ella quien le liberó de su agarre, aunque no de sus palabras, las que quedaron resonando en su mente como cuchillas.

Aferró la manta que lo cubría, apretándola más contra sí, como una reacción automática de vergüenza al sentirse tan horrendo y disminuido en comparación a su antiguo ser. Se sentía miserable, como un gusano o algún bicho despreciable y patético, de esos que los niños sienten deseos de matar. Se giró a duras penas, recuperando el aliento, con los ojos inyectados de sangre y odio, más no dijo nada y esperó a que ella le diera espacio retirándose del lugar.
Por su mente se repetía la escena recién vivida: ese pie ante su rostro, la aberrante petición de lamerlo, la sensación de confusión al no recibir un trato compasivo, el temor al ser estampado contra el suelo, la ira de la humillación y, sobre todo, esas palabras que reflejaban la dolorosa verdad que se negaba a ver. No quería morir, no tenía el valor, aunque se hubiera estado tratando de auto-convencer todo ese tiempo, era demasiado cobarde.

[i][c=#2D8056]"Perra, maldita perra..."[/c][/i], pensó, rechinando los dientes, caminando temblorosamente hacia sus únicos objetos de valor en la habitación: el cofre y su báculo. [i][c=#2D8056]"No sabe con quién está tratando, no sabe quién soy, mugrosa asquerosa. Pero ya conocerá mi nombre y sufrirá el castigo que se merece, ya verá quien soy..."[/c][/i] El reflejo en un charco de agua cerca del cofre le hizo burla a sus pensamientos, ¿quién era ahora? Solo parecía un mendigo, un viejo loco, debilucho y penoso, con sus ojos hundidos y los pómulos sobresalientes, la barba hasta la clavícula tan enmarañada como su cabello, los labios resecos y expresión de cadáver. [i][c=#2D8056]"Adler... ¿Sentirías vergüenza de llamarme hermano ahora?"[/c][/i] Pisó el charco con su pie ennegrecido, aunque ya más recuperado gracias a la rapidez de su regeneración racial; no quería ver la realidad de su físico. Lo primero sería recuperarse, ponerse en forma y mostrarle a esa perra quién era, o al menos, quién podía llegar a ser, no importaba si para ello debía seguirle el juego del sirviente, la usaría y cobraría venganza después.

El cofre se abrió en cuanto él acercó una mano y por arte de magia una botellita con una antigua poción saltó hasta caer en su palma. Bebió el contenido, sintiendo como su energía se recobraba un poco. Botó la botella vacía y a su palma saltó otra, cuyo efecto fue revitalizante a nivel físico, sus pies sanaron por completo y las magulladuras, externas e internas, del azote que la mujer le dio contra el suelo, también curaron. Lo siguiente era asearse... Un paño y un barra de jabón salieron del misterioso cofre, que si bien parecía pequeño, su interior era mágicamente enorme. Utilizando el agua de las goteras en los tiestos, el albino lavó su cuerpo, su cabello y su barba, luego, con una fina túnica blanca y verde oscuro-que también salió del cofre y le quedaba holgada-, se vistió y sus pies los calzó con unas botas de cuero de dragón. Aún lucía demacrado y estaba débil, pero al menos había recuperado algo de la energía y decencia que le hacía falta para volverse a dirigir a la mujer.

Salió de la habitación con su cofre y báculo flotando en el aire tras de sí. Si bien su expresión todavía tenía rastros del llanto anterior y la amargura en su ser era evidente, en sus ojos se podía ver reflejado el fulgor de una pequeña llama revivida; la ira y el orgullo, pecados pertenecientes a sus hermanos pero también presentes en su personalidad. Su andar era altivo y a pesar de lo delgado de su cuerpo, conservaba cierta elegancia aristocrática en los movimientos, ocultando con bastante éxito el cansancio que sentía.

-[c=#2D8056]Indra Schwarzer, ese es mi nombre.[/c] -Respondió tardíamente a la interrogante que la mujer le había hecho -[c=#2D8056]Wurm hijo de la emperatriz Liannette Schwarzer, de Eirween, proveniente de una galaxia lejana. [/c]-Era un tanto absurdo, pero al murmurar su nombre y orígenes se sentía importante y superior, era como si quisiera recalcar que él era más importante que ella y que no estaba tratando con un simple mortal. Más debía meterse en su papel si no quería recibir otra golpiza, aunque fuera difícil rebajarse a ese nivel -[c=#2D8056]Entonces... ¿Cuál es su plan, mi señora? ¿Cómo quiere que le sirva? [/c]

[i][c=#2D8056]"Durará poco, pero debo hacerme a la idea de tratarla con respeto. Necesito comer, fortalecerme y recuperarme antes de apuñalarla por la espalda",[/c][/i] pensaba, mientras sus labios se curvaban en una falsa y -por su apariencia- espeluznante sonrisa huesuda, totalmente incapaz de reconocer que de no ser por ese encuentro y la paliza que acababa de recibir, su depresión hubiese durado mucho más. Aunque aun estaba lejos de acabarse su amargura y de sanar sus heridas emocionales, al menos un fragmento del mago wurm había despertado.
 
 
*Las gotas de sangre que habían escapado de entre los labios del albino, dibujaron una sádica sonrisa en el rostro de Suzume, quien por su naturaleza demoníaca y ligeramente despiadada gozaba sin dudas el sufrimiento de algunos seres, sobre todo cuando imploraban por su muerte cuando aún tenían mucho por dar, escoger la senda más sencilla para salir, le parecía una elección de lo más baja posible, incluso más que quitar una vida en nombre del orgullo o la venganza, debía darle una lección y sin decirle, le ayudaría a alimentos llegar a ser el wurm que alguna vez fue, la presión que colocó sobre su cuello y verlo moverse como un inmundo animal, al menos le confirmaba que morir de una manera consciente no era lo que esperaba, debió haber sido un niño mimado por muchos años, pero eso estaba por terminar, pudo notar el desconcierto y molestia en sus ojos, tal parecía que su apariencia y raza era de lo poco que le quedaba y ahora, había sido ridiculizado por ellas, por lo que se encargaría de mantener su ritmo.

Mientras esperaba fuera de la decadente choza comenzaba a pasar lista de las cosas que aún tenía por hacer y en las que, quizá, su nuevo “esclavo” podría serlo útil, o quizás no.

[c=#E5E500]—¿Cuánto tiempo más piensas demorar? No soy muy paciente y detesto esperar, gusano.[/c]

Lo llamó por un apodo ofensivo, a secas, sin ningún sufijo que denotara respeto, cariño o siquiera reconocimiento, de momento lo trataba como lo más bajo que ella pudiese encontrar en esas tierras, cuando por fin lo vio saliendo de la choza ya más revitalizado y mínimamente aseado y un calzado sobre sus pies se sorprendió, pero su rostro jamás lo reflejaría, solo arqueó una de sus cejas y emitió una risilla.

[c=#E5E500]—Vaya, así que el gusano sabe vestir adecuadamente, por la forma en que flotan tus objetos, deduzco que debes manejar magia, tu nombre ya no me interesa, ahora deberás ganarte el derecho a ser llamado por él, que te sirva de castigo y aprendas que cuando pregunto algo o pido algo debe de ser dado en el momento, gusano.[/c]

A pesar de sus duras palabras, La azabache grabó en su memoria el nombre y el linaje del muchacho, sabía que probablemente se estaba ganando todo su rencor, pero también sabía que al menos eso le daría motivos para intentar asesinarla o buscar el coraje para hacer algo por si mismo.

—Escúchame bien, gusano, de ahora en adelante me dirás “ama” vivirás conmigo en mi casa bajo mis reglas, ahí tendrás un techo, cómoda, cama y una ducha, pero antes de que te emociones, eso tiene un precio, deberás encargarte de todo lo relacionado a limpieza y mantenimiento del lugar incluyendo lo mío, tienes prohibido acercarte a mi habitación sin mi permiso, además deberás estar a mi disposición en mis caprichos o necesidades y tendrás que acompañarme a mis diligencias diarias, si no te parece entonces

Apareció un látigo negro con espinas a su largo alrededor y lo azotó sobre el suelo con la fuerza suficiente como para hacer una ligera fisura en su composición.

[c=#E5E500]—Me encargaré de encerrarte por el resto de tu miserable existencia, te torturare y ni siquiera tendrás las fuerzas suficientes para implorar por tu muerte, desearás no haber nacido y cuando termine contigo me aseguraré de devorarte personalmente mientras aún estés consciente te llevaré al siguiente nivel de dolor que jamás habías conocido y ni siquiera tus huesos quedarán de pie ¿Entendido?[/c]

Su rostro que antes parecía solo pícaro y ligeramente sádico ahora estaba lleno de una seriedad sepulcral, sus ojos brillaban con gran intensidad mientras su propia aura cubría su cuerpo y la hacia ver de alguna manera un poco más amenazante.

[c=#E5E500]—Ahora pregunto ¿Estás dispuesto? Si es así, toma mi mano y sellaremos el trato.[/c]

Extendió su diestra de manera franca mientras esta se llenaba de llamas azules desde su hombro hasta sus uñas, este fuego no quemaba, pero serviría para hacer un pacto con el wurm al cual espero para ver su decisión final.*

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/18/50/75/Suzume-Strump-Queen-NQwt1jlXf-b.jpg][/center]
 
 
Gusano... ¿Qué mayor ofensa podía haber para un Wurm que ser llamado gusano? ¿Acaso su presentación no la había asombrado ni un poco? Indra estaba atónito, sus ojos hundidos por el hambre parecían aún más profundos ahora y una mueca de desagradó se reflejó al arrugar tanto su nariz como el entrecejo. [i][c=#2D8056]"Perra engreída, ignorante, no se atrevería a hablarme así si me conociera..."[/c][/i]

[c=#2D8056]-Claro que sé vestir adecuadamente.[/c]-su voz sonaba forzada, estaba haciendo un gran esfuerzo por contenerse[c=#2D8056]-Se asombraría de mi exquisito porte, de haberme conocido antes. [/c]-Miró de reojo sus flotantes pertenencias y asintió con un movimiento de cabeza [c=#2D8056]-Lo soy, soy un gran mago.[/c] -Murmuró entre dientes, sintiendo que si volvía a escuchar la palabra "gusano" una vez más, iba a estallar.

La gota que rebalsó el vaso llegó en el momento en que le nombró sus actividades de forma tan despectiva, cambiándole el nombre por aquella maldita palabra, humillándolo como si fuese un plebeyo, para posteriormente amenazarlo una vez más, haciendo gala de un arma que, debía admitir, lucía imponente y dolorosa. Sin embargo, debía aceptar la oferta, era su única salida para recobrarse actualmente, así que sí, la aceptaría... pero no se quedaría callado.
Extendió su diestra, sin temor a quemarse, estrechando la mano ajena, asombrándose cuando notó que las llamas no lastimaron su piel. "Acepto", fue lo que dijo, segundos antes de que varios metros del entorno que los rodeaba se cubriera de una espesa y vaporosa aura negra.

[c=#2D8056]-Jaja... Jajajaja...[/c] -Sin soltar la mano que sostenía, se llevó la otra al rostro y lo cubrió mientras reía. De su cuerpo emergía aquella niebla oscura, como humo, que se esparcía por doquier. Su cabello se mecía levitando, como si hubiera un viento huracanado que lo movía, contrastando en su resplandeciente blanco con su aura oscura. [c=#2D8056]-Escúchame bien, [b][i]ama[/i][/b], o mejor dicho, perra inmunda y altanera...[/c] -Empezó a decir, con la voz ensombrecida y arrogante que lo había caracterizado en antaño. Su mano apretó con más fuerza la contraria, causando que las venas de su delgado brazo y los nudillos de su dorso se marcaran notoriamente [c=#2D8056]-Mi nombre es Indra, no gusano... Soy el hijo de una emperatriz, jamás lavaré tus sucias ropas... Y si me vuelves a faltar el respeto una vez más, me aseguraré de... Agh... [/c] -De un momento a otro, el aura se esfumó, los objetos levitantes cayeron al suelo con un estrepitoso ruido y su hermosa cabellera dejó de florar. Estaba agotado, demasiado débil para haberse permitido ese descargue insensato de energía. Acabó, una vez más, de rodillas en el suelo ante ella, respirando agitado, falto de aliento.

En el acto supo que había cometido un enorme e imprudente error a causa de su impulsividad y arrogancia... Alzó la mirada hacia la imponente mujer, con deseos de huir de ahí, más sabía que en aquel estado no hubiera sido capaz de correr más veloz que un simple humano. [i][c=#2D8056]"Mierda..."[/c][/i], maldijo mentalmente, viendo esos ojos heterocromáticos con temor. El inicio de sus días como esclavo habían empezado.
 
 
[c=#E5E500]—Vaya, ¿Quién lo diría? Igual no esperaría mucho de ti, logré verte desde que llegaste aquí, aún con todo tu porte soy más alta que tú, y al verte de cerca te ves más enano de lo que esperaba.[/c]

*Una vez más, la azabache hacia de menos su físico, aumentando más la humillación que ya le había hecho.

[c=#E5E500]—Si eres un grasas mago, solo espero que estés a mi nivel, de lo contrario serás devorado y no pienso protegerte.[/c]

Al momento de sentir su mano pensaba soltarlo, hasta que la gran aura negra y vaporosa se hizo presente, era impresionante, quizá los wurm poseían un poder tremendo, aunque, a diferencia de Indra, Suzume no temía a la muerte, desde pequeña se había acostumbrado a someterse a grandes peligros y buscar de lidiar con seres más poderosos que ella, por lo que solo sonrió de medio labio y esperaba regresarlo a lo que un día fue. Pero después, todo se vio arruinado cuando el wurm decidió insultarla, ella era más orgullosa que nadie en su familia, debía darle una lección ejemplar, aquella aura monstruosa que desprendía de él dejaron de impresionarla y ahora lo veía de una manera inexpresiva esperando a atacar y justo cuando pensaba regresarle todo, su aura se vio estimada, lo cual solo ocasionó una sonora carcajada en la chica que no pudo contener a pesar de haberse esforzado por ello.

[c=#E5E500]—JAJAJAJAJA ¿Es todo lo que tienes? ¿Es ese tu máximo potencial? Por lo que veo no solo tú eres pequeño, sino también tu poder.[/c]

Levantó su brazo con el látigo y fue entonces que ahora viéndolo desde arriba cuando cayó arrodillado ante ella, sacudió su mano ocasionando que el látigo negro se enredara en la garganta de wurm en tres vueltas, lo ajusto hacia arriba para apretarlo más y después lo tiró al suelo pisando su cabeza, y ahora, era su turno. Una temible aura demoníaca en forma de monstruo con ojos bicolor se apareció atrás de ella mientras sus ojos brillaban, la tierra en el lugar comenzaba a abrirse a su voluntad y un círculo los engulló a ambos hacia un lugar que parecía ser un subterráneo, quitó su pie de la cabeza del wurm y se inclinó hacia donde estaba el sin soltar el látigo aún

[c=#E5E500]—Cambie de opinión, tanto te pesa tener un poco de humildad y servir a alguien más, no me sirves para un carajo, maldito gusano, retuércete e implora por tu vida si es que deseas salir de aquí.[/c]

Llevó sus dedos a su boca y sin levantarse aún, emitió un ruido sordo, la tierra y el lugar comenzaron a temblar anunciando la llegada de un animal colosal. Pronto apareció una especie de cíclope amorfo con 4 dientes y 20 metros de altura.

[c=#E5E500]—Serás su comida, espero que no se indigeste ¿Tus últimas palabras?[/c]

En realidad aquella criatura era un pequeño bebé que aún no generaba su gusto por devorar sangre, pero le gustaba juguetear con los aperitivos que de vez en cuando, Suzume se encargaba de llevarle, él se acercó al pequeño albino y tras quitarle el látigo lo levantó, para asegurarse de dejarlo indefenso, Suzume recitó un hechizo para dejar al debilitado wurm inmóvil, solo consciente y con la capacidad de hablar.

[c=#E5E500]—Vamos, te escucho, quisiera saber tus últimas palabras ¿Alguna petición? Quizá quieres que lleve tus restos a tu amada Sigrid [/c]

Sonrió con dulzura e inclusive calidez como si fuese el ser más inocente del mundo, mientras fingía que aquellas palabras le importaban.*
 
 
Su mayor orgullo, como una forma de compensar su debilidad física, había sido su poder mágico, más ahora que estaba tan debilitado y disminuido, no era ni un suspiro de lo que alguna vez fue. Las burlas de la mujer le dolieron más que el látigo lleno de púas al rededor de su cuello y ese pie aplastándolo contra el suelo, por segunda vez. Por primera vez desde que había llegado, la tristeza abandonó su ser por un instante, dando solo cabida la ira, algo bastante más llevadero.

El aura demoniaca le recordó a sus experiencias de niño, cuando se adentraba en otras realidades contra su voluntad y era acosado por toda clase de criaturas espeluznantes, lo que si bien lo intimidó -especialmente por lo vulnerable que se encontraba-, ayudó a que no sintiera terror. Lo que no pudo anular, fue la desesperante sensación de ahogarse con su propia sangre, puesto que las púas incrustadas en su delgado cuello le habían generado múltiples agujeros en el esófago; si eso no lo mataba era solo por sus habilidades raciales, nada más.

[i][c=#2D8056]"Soy un idiota, soy un completo idiota"[/c][/i], pensaba, escuchando las palabras de su captora en aquel subterráneo, había perdido la opción de ser ayudado, todo porque no había sido capaz de tragarse el orgullo. [i][c=#2D8056]"Pero soy un Schwarzer, jamás podría haberme sometido sin oponer algo de resistencia a sus humillaciones"[/c][/i], se consoló mentalmente, intentando levantar la cabeza ahora que aquel aberrante pie no se la aplastaba contra el suelo, más era muy difícil con ese látigo aun asfixiándolo. Solo gracias a la adrenalina que le produjo el temblor en la tierra, pudo alzar el rostro a duras penas, viendo a aquel ser que se acercaba a él. De pronto, el pánico volvió a existir en su vida. Recordó la imponente figura de Brigit transformada en wurm, sus feroces fauces cerrándose en torno al cuerpo de su hijo, la sangre y las entrañas desparramándose por doquier, salpicándole el rostro, el crujir de sus huesos y el sonido de la bestial garganta al tragar los restos del muchacho.

[c=#2D8056]-¡Gggaaaaaaaaahhhh![/c] -gritó de forma ahogada por la sangre en su garganta, misma que le subía a borbotones por la boca, desparramándose como una cascada por su barba, el látigo y su pecho. Morir devorado actualmente era la peor muerte que podría existir para él. [c=#2D8056]-Agh... glho... Pog flavogh...[/c] -Intentó suplicar, más hablar era demasiado difícil.

Su cuerpo temblaba de horror, encontrándose en un estado mitad consciencia de la realidad y mitad recuerdos del fatídico día de la muerte de su hijo, y si bien el cíclope no lucía físicamente como la forma wurm de Brigit, el ver su boca tan cerca solo lo hacía pensar en ella.
Contra todo pronóstico, el bebé cíclope lo liberó del látigo, aunque Indra no fue capaz de asimilar esa acción como una ayuda ni de suponer que quizás no se lo comería, pero al menos ahora no tenía la presión asfixiante en su cuello y tal vez podría hablar con más claridad. Lo primero que hizo fue intentar conjurar un hechizo, más aun estaba atorado con su sangre y no contaba con energía mágica para hacerlo. Su segundo plan fue usar su cuerpo para defenderse, pero notó que la maldita mujer lo había dejado inmóvil; no había nada que pudiera hacer.

[c=#2D8056]-Agh Sigridh n-nog...[/c] -Intentó suplicar que Sigrid no se enterase de su muerte y que no le llevaran sus restos, ya que eso le haría un daño enorme a su amada. [c=#2D8056]-Pog favog...[/c] -con cada momento que pasaba su garganta se iba regenerando un poco más y la sangre que fluía de los orificios en su tráquea era cada vez menos [c=#2D8056]-No me... mates... Lo siento, de verdad..[/c]. -Tosió restos del líquido carmesí y dio una bocanada de aire, que sonó húmeda y desagradable, para poder seguir hablando. [c=#2D8056]-No debí decir aquello, ama... Me... me excedí... No quiero acabar comido, haré lo que sea...[/c] -La voz se le escuchaba temblorosa y sus ojos reflejaban el miedo que esa situación le producía, viéndose su mirada por momentos perdida, cada vez que los recuerdos se repetían en su cabeza. [c=#2D8056]-¡Así no! ¡No quiero morir así! ¡Que no me coma! ¡Piedad, mis últimas palabras son piedad! [/c]

El resto fue incoherencia pura, comenzó a balbucear el nombre de su hijo muerto, llamó a gritos a su mellizo, Adler, incluso se despidió trágicamente de Sigrid y finalmente mencionó algo sobre "perdón" y no ser capaz de cumplir su venganza. Si la sádica mujer quería darse un festín de risas gozando del sufrimiento ajeno, probablemente ese sería el mejor momento del grotesco show.
 
 
*El sangriento látigo que ahora estaba lleno de la sangre del wurm de la envidia había sido atrapado por la híbrido que con placentera expresión observó y logró sentir el pánico del albino que con gritos ahogados por su propia sangre comenzaban a salir desesperados entre borboteos que manchaban su recién cambiado vestuario, la escena era tan divertida, grotesca y patética al mismo tiempo que no pudo evitar llevar la diestra hasta su ojo azul y cubrirlo mientras reía con una sádica expresión al unísono que su ojo dorado brillaba con gran intensidad, se sentía la orgullosa creadora de una obra maestra.

[center][youtube=https://www.youtube.com/watch?v=QLKI_4QsWHc][/center]

Relamió sus labios y después con una ligera expresión de éxtasis enredó el látigo sobre su siniestra, lo olió lentamente y después lo chupó sólo unos segundos dejando que el carmesí líquido bajara por su garganta, la peor parte de la azabache había salido a relucir, aquella esencia que normalmente contenía en su más bajo subconsciente se apoderó de ella, hasta que, bajó su mirada y soltó un pesado suspiro al escucharle pedir piedad, entonces desapareció el látigo que había en su mano y levantó la mirada hacia arriba observando lo que aquel bebé hacia al ignorante wurm quien por las apariencias temía por su vida.

El pequeño ciclope, era ligeramente tosco, pues hasta el momento solo estaba acostumbrado a los juguetes que Suzume le llevaba de vez en cuando, por lo que acercó a Indra a su boca y comenzó a lamerlo te manera brusca, y mordisquearlo de manera suave, sin embargo, la sangre del wurm, le había causado desagrado, por lo que, con ambas manos, le tomó de las extremidades y lo estiró hasta que escuchó que los huesos le crujieron.

Fue entonces que la azabache aplaudió un par de veces y el pequeño soltó a Indra quien aún estaba completamente paralizado e indefenso, moviéndose para asegurarse de que no le cayera encima, Suzume movió sus pasos y lo observó estrellarse de cara contra el suelo, entonces se acercó hacia el cuerpo de Indra y se colocó de cuclillas hablando en un tono altivo y dominante.

[c=#E5E500]—Vaya, es una pena, ni siquiera para aperitivo sirves, le has dado asco a mi pequeño bebé cíclope, bien, no me queda de otra, te dejaré vivir por lo mientras.[/c]

Tronó sus dedos y la inmovilización al wurm había terminado, emitió algo de aura hacia el malherido albino y con una sonrisa ladina, aceleró el proceso de curación en su garganta.

[c=#E5E500]—Es hora de comer, vamos a ir a mi casa, tomarás un baño y te presentarás a cenar, mañana temprano debemos comenzar con algunos deberes y necesito que al menos comas, no quiero cargar con un cadáver hasta acá, más te vale estar listo y encontrar valor.[/c]

Un nuevo pentagrama fue abierto y antes de partir, dio una pequeña caricia al bebé quien alegre esperaba por ver de nuevo a su protectora, tomó a Indra del cuello de la playera y prácticamente a rastras se lo llevó; ahora Suzume sabía algunos de los nombres que más efecto hacían en él, la tarea probablemente sería difícil pero quizá el orgullo y la vanidad podrían más con el albino para que intentase mejorar, veía en el un aliado poderoso a futuro y por conveniencia propia y ajena, quería ayudarlo a resurgir de su miseria.

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