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[b]Vailak, previo a la llegada al planeta Tierra.[/b]

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/20/24/02/Gm--F77Uwy0xs-b.jpg]

[center][i]Ekiel, un Vairant encargado de la planeación sobre viajes a otros mundos, caminaba a pasos presurosos por los pasillos del castillo, anteriormente conocido como el reino de los Kalael, ahora siendo las tierras preferidas del nuevo rey total de Vailak, Daiónes Berios.

Aquel varón, caminó con cierta agitación, se le podía ver nervioso, no respondía saludos o consultas de algunos soldados que cuidaban el castillo, estaba muy concentrado en que decirle o como explicarle al nuevo rey lo que habían descubierto. Llegó al gran salón, donde una enorme puerta le esperaba, con su cabeza indicó que la abrieran y así tendría acceso al trono real, donde sabía que encontraría a Daiónes.

—Mi señor, he recibido los informes luego de la reanudación en las exploraciones.

Hizo una pequeña pausa mientras pasaba algo de saliva para calmar sus nervios, tras aclarar su garganta, prosiguió con el aviso.

—S-se ha reportado... La presencia de tres Vairant en ese planeta, Xíon, Zet e Yzis, además se registran rastros mas débiles, parecen ocultarse, se cree que puede tratarse de Azroth, Lusdry, Eribeth e incluso Aideroth, pero no se tiene certeza.

Nuevamente hubo una pausa, se aseguraba que aquel pelirrojo estuviera prestando atención a su aviso, pasó la página, ya que no quería entrar en detalle de las mediciones en sus energías, eso se lo dejaría para su posterior análisis, si él lo deseaba.

—Al parecer, se han adaptado a la forma de vida dominante que existe en ese planeta, al parecer esos seres albergan el exilio y pueden hacer uso de la energía de su respectivo Vairant. Aun no sabemos con exactitud si pueden hacer uso de todo su poder. Lo que si pudimos registrar fue el fallo en el destierro, la energía de Yzis y Xíon desviaron tu sello y lograron cambiar el destino del destierro.
Y quiero añadir, que tuve el atrevimiento de adelantarme a los acontecimientos, pedí que se comunicaran con la Élite 5, consideré que serían los ideales para hacer frente a esta amenaza, no deberían tardar en hacerse presentes.

El silencio se apoderó del muchacho, quién solo esperaba alguna palabra de su superior, agachó la cabeza, casi postrado, confiaba en que hizo lo correcto y Daiónes lo tomaría muy bien.[/i][/center]
 
 
— Muy bien, otra vez.

[i]Musitó en voz baja mientras miraba sus manos empuñando firmemente su fiel Claymore, buscaba una perfecta sincronía entre el flujo de su poder y la respuesta inmediata del arma. Con firmeza la levantó y girando su cuerpo apenas 90°, lanzó el arma de manera horizontal, girando esta sobre su propio eje y así rebanando varios troncos de aquel profundo y abundante bosque.

Las copas de varios árboles cayeron y la mitad de muchos otros, el albino tan solo observa como aquel poderoso arma avanzaba sin cuidado, su mano diestra se extendió al frente y con un poco de concentración logra establecer aquella conexión tan cercana con su arma personal. La misma que estuvo girando segundos antes, se detiene en seco, incluso dejando aquel giro que estaba dando.

Segundos después, el arma regresó a toda velocidad, siguiendo el mismo trayecto pero con una velocidad superior, sin dar giros, el mango de la gran espada quedó a disposición del varón y fácilmente fue tomado por este, blandiendo de nuevo el arma.-[/i]

— Aun tarda un poco, en combate podría ser un verdadero problema.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/68/54/53/Mephiriz-Felguez-H7M8DfdoC-b.jpg][/center]

Clavó su arma en el suelo, y tras un suspiro, retrocede para verle directamente, justo en aquel instante, alguien se acercó a espaldas del albino, presencia que fue detectada antes de tan siquiera voltear a verle.

— Déjame adivinar... ¿Una misión?

Una respuesta positiva vino de parte de aquel individuo, mismo que entregó los puntos importantes de aquella misión, aunque no veía por ninguna parte algún sello directo de Daiónes que le diera la aprobación como una misión legítima. "Debes presentarte en el castillo antes, el rey le espera a usted y a sus compañeros", segundos después, aquel soldado se marchó del lugar, dejando solitario al albino, aun con la duda de si era una misión oficial.
 
 
[i]Xifias se encontraba en uno de los tantos pueblos que solía visitar al buscar algún material novedoso para crear sus armas, siempre estaba en el constante aprendizaje para volverse aún mejor de lo que ella ya se consideraba pues tenía una pequeña meta personal.

Había ocupado una modesta casa que convirtió en su taller provisional, no pensaba quedarse mucho tiempo, por lo cual el lugar se veía un poco desordenado a vista de los demás, pero para ella tenía un orden específico, un orden en donde todo encajaba y estaba al alcance de sus manos.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/84/33/24/Xifias-Vael-7oLeboJfj-b.jpg]
[/center]
Jugaba con un pequeño ser de metal esférico, el cual tenía dos uniones redondas que servían como pies. —[c=#BF60BF] Y ahora ven[/c]. — Dijo Xifias con el tono de voz muy calmado, casi como un susurro en la abarrotada habitación y esa pequeña máquina giró hasta llegar a los pies de la mujer, ella sonrió, satisfecha por aquella prueba y en ese preciso momento, escuchó un ruido en la puerta al está abrirse, tumbando algunas piezas que se encontraban amontonadas a un costado del arco de la madera.
—[c=#BF60BF] Pero quién... [/c]
No terminó de esbozar la pregunta pues de inmediato sus ojos notaron la presencia de un hombre, aquel que solía reclutar sus servicios. Carraspeo la garganta y tomo entre los dedos a la pequeña máquina que había creado, colocándolo luego en una caja de madera para guardarlo.
—[c=#BF60BF] ¿Y bien, debo ir de inmediato? No me gusta que me hagan perder el tiempo[/c]. — Dijo la mujer de largos cabellos violetas con un tono serio de voz y luego entorno los ojos observando aquellas piezas que yacían en el suelo desperdigadas.
—[b] Es una misión oficial señorita, tenga[/b].
Comentó el soldado, acercándose a trompicones hacia la esbelta mujer de piel cetrina y levantando una especie de pergamino, se lo entregó. Ella tomó el papel y lo observó en un principio con cierta curiosidad.
— [c=#BF60BF]Bien, bien, ahí estaré.[/c] — Murmuró con voz queda y se giró para seguir con lo suyo, dejando que el soldado saliera como pudiera del abarrotado lugar.[/i]
 
 
[quote=#ffffff]Los días a veces se hacían muy largos y fastidiosos para el líder de la Elite 5, quien no solo brindaba sus servicios al reino para proteger y asesinar, sino que también debía de ocuparse de asuntos políticos en los demás países del mundo, no obstante, no todo era estrés. Cada que tenía un tiempo para relajarse lo ocupaba en visitar pueblos enfocados en la minería y en ellos a veces conseguía pasar un momento intimo con algún investigador el lugar. Unas copas, charlas científicas, mágicas y arqueológicas que terminaban en un revolcón como era acostumbre.

Había pasado una agradable noche, donde no solo había gozado de los placeres de la vida, sino que también pudo recopilar información enriquecedora sobre piedras conductoras de electricidad, fuente renovable ilimitada para sus propias investigaciones cuales usaría prontamente en su armamento personal.
Estaba dispuesto a levantarse e iniciar el día, pese a que su compañero de copas se resistía, impidiendo que se moviese demasiado. Apestaba a alcohol, ambos apestaban, aunque Jingokai se mantenía lúcido luego de haber descansado lo suficiente. —[c=#2D8080][b] Debo irme. Los mineros están por irse y necesito acompañarlos... [/b][/c]— Comentó en un tono apacible al mismo tiempo que sus manos se posaron sobre los brazos ajenos para, de a poco separarlo sin causarle daño, hasta que por fin lo logró. Su compañero cayó rendido ante los efectos del alcohol y por fin el peliverde pudo levantarse, buscar sus ropas y una a una vestirse con ellas. Ya se le había hecho tarde, no tenía tiempo para ducharse, estaba seguro de que su aroma se mezclaría con el azufre de la mina. Pero, en todo aquel transcurso el golpeteo rápido de la puerta se hizo escuchar y seguido un mensajero entró, sin siquiera pedir permiso.

[center][image=https://i.imgur.com/zyYLFNI.png][/center]

— [b][c=#660033]¡Señor! ¡Tengo un mensaje urgente para usted! Por favor, regrese de inmediato, el Rey lo necesita. [/c][/b]— Exclamó el mensajero agitado, casi sin aliento, sudado y sobre todo mareado por haber hecho tanto esfuerzo físico. Desde luego pasó a entregarle una carta pero Jingokai se negó a leerla, no importaba ahora esos detalles. Se encaminó hacia la mesa, sirvió un poco de agua en un vaso de vidrio y se lo entregó al hombre para que recuperara el aliento. — [c=#2D8080][b]Gracias por el aviso, descansa. [/b][/c]— Le dedicó una calmaba sonrisa y seguido pasó ahora a tomar la carta. La leería camino al reino ya que de ser una emergencia real, usaría sus poderes para llegar en un instante pero de momento iba a disfrutar su día de descanso junto a los mineros. [/quote]
 
 
Una nevasca azota con moderada furia aquella pequeña villa a las afueras del suroeste de Kamsek. El lugar es tan recóndito y peligroso que pocas personas se atreven a visitarlo, los lugareños son amables, pero al mismo tiempo fuertes y salvajes.

No dudan en ayudar a quien lo necesita, así como tampoco les tiembla la mano al pasar por el hacha a quienes lo merecen.
En la zona más apartada, lejos del centro de la villa y bordeando el enorme mar congelado una cabaña, abandonada y en pésimas condiciones, se levanta como si de la guardiana del lugar se tratara.

En el costado derecho de la casita destrozada se levantan 3 estacas de apariencia metálica, mismas que al ver de cerca revelan su estructura de hielo, que sostienen los cuerpos sin vida de dos varones y una fémina ya escarchados por la nieve. La sangre en sus bocas y su ropa tomó incluso la apariencia de piedras preciosas de un rojo intenso.

El sonido de una cadena metálica acompañando de un par de expresiones parecidas a quejidos de dolor, rompe con el sonido de la tormenta. Casi llegando a la parte trasera de la cabaña, una mujer alta de cabello azul, vestida de un uniforme militar blanco, con detalles negros y una gorra a juego, sostiene una gruesa cadena. Esta, a su vez, rodea el cuello de un varón que, de rodillas, besa las botas de la mujer. Tirita de frío a pesar de estar vestido y gime cada que ella enreda su mano en la cadena acortándola y estrechando el abrazo de esta contra el cuello del varón.

El hombre es el último sobreviviente de aquella pequeña banda de ladrones traicioneros que osaron proclamarse abiertamente en contra del Rey.

Obviamente esa afrenta no podía ser ignorada y, como una misión secreta, Mephiliaz fue enviada a terminar con ellos. No le representaron ningún tipo de problema y hace mucho pudo haber terminado también con aquel que osara proclamarse el líder de la nueva rebelión. Pero la vairant no iba a perder la oportunidad de humillar al tipo haciéndole creer que con ello podría perdonarle la vida.

—[c=#0073E5]¡Vamos, vamos! Puedes hacerlo mejor ¿Tan pocas ganas tienes de vivir?[/c]

Con una sonrisa maliciosa en los labios le mira besarle las botas con más ganas al tiempo que ruega por ser liberado.

Pero la diversión se terminó cuando a sus espaldas apareció uno de sus más confiables mensajeros que de inmediato se inclinó clavando una rodilla en la nieve, disculpándose por la interrupción.

Mephiliaz tiró de la cadena haciendo caer al hombre y lo arrastró unos centímetros sobre la nieve mientras ella se acercó al hombre.

[b][i]“La solicitan con urgencia en el palacio”[/i][/b] comentó el heraldo al tiempo que extiende para ella la misiva con las órdenes de regresar de inmediato y presentarse ante el rey.

—[c=#0073E5]Bien, regresaré de inmediato, puedes irte.
[/c]
El enviado desapareció tan rápido como había arribado y la mujer de largos cabellos azules se puso en cuclillas sosteniendo el rostro de su prisionero. Lo miró a los ojos y sonrió de una forma tan siniestra que al hombre se le erizó la piel.

—[c=#0073E5]Se nos acabó el tiempo.[/c] — Y antes de que el hombre pudiera musitar palabra alguna, ella estiró la cadena con fuerza apretándole el cuello al máximo. Luego, con la mano zurda, hizo aparecer una estaca de hielo que se movió rápidamente a su orden y se calvó en el cuerpo del hombre, atravesándole el corazón.

Mephiliaz desenredó la tira metálica del cuello ajeno, dejándolo inerte en el suelo, mientras la nieve que se precipitaba cada vez más rápido, comenzaba a cubrirlo. Entonces emprendió su retorno al concentrar energía en su espalda, formando así unas alas de hielo que se agitan despacio, batiendo el viento helado, causando que su cuerpo se eleve y comience a desplazarse hacia su nuevo destino. Da una última mirada y parte despreocupada de su pequeño jardín de cuerpos pues la nieve se encargará de ellos en unas horas.
 
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En Vailak || Daiones y Élite 5. | Z.Y.X.S | iOrbix
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