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[center][big]¿QUE SERA DE TI?
PARTE I[/big][/center]

Se deslizaba, paseaba y molestaba, el día era bello al cantar con los sonetos gentiles del sol de la mañana, era un milagro, al menos, así se podría apreciar en la mente de los sobrevivientes, haber pasado lo que paso, haber salido de donde se adentraron, de aquel abismo donde la muerte les susurro sus nombres, debía ser una dicha incomparable, especial énfasis en “debía” pues Arcturus, se preguntaba si la pareja se sentiría “Afortunada” de estar con vida y sobre todo, estar juntos.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/94/75/72/Grand-Arbiter-Arcturus-I-BJHbxQdH4-b.jpg][/center]
—[b]Espero estén presentables ustedes dos, voy a entrar.[/b]

Replico el Arbiter al momento de girar la perilla de la puerta y abrirse paso a la habitación que Sigrid e Indra compartían, esperando no hallarlos en circunstancias comprometedoras, se dirigió hacia una figura que permanecía afuera del cuarto, diciéndole que esperar hasta que él lo indicara.

—[b]Tenemos que hablar, es muy importante, he dejado mis ocupaciones para atenderlos, pues el futuro de nuestro clan ¡De su hijo! está en juego.[/b]

Él lo sabía ¿Cómo ocultarlo? Alguien que podía crear vida en un planeta lejano, con un solo ademan, o traer la destrucción de todo el universo en un parpadeo, dejaba en obviedad que conocía perfectamente la situación de ambos, y, cuando menos, la aprobaba, buscando que pese a los arrebatos de su amada hija, el “producto” del amor de aquella pareja, se desarrollara.

—[b]Prepárense rápido, partirán en diez minutos, lleven pertrechos para varios dias…[/b]

Arcturus siquiera les explicaba que sucedía cuando les solicitaba ya su completa disposición, el ver a un ente tan estoico y normalmente inalterable, agitado, era mal augurio, el Arbiter, cuya armadura dorada danzaba en tonos brillantes y fuegos fatuos matutinos, con el sol que los bañaba , se asomó hacia la puerta diciéndole al sujeto afuera del cuarto que ya podía entrar.

[quote][med][center]HINTS[/center][/med]:

►Esta aventura, ocurre semanas después del capitulo II, algunos "huecos" de la historia, serán llenados en la metatrama de Juicio.
►Se hablara con los participantes en privado para darles cierta información importante para la trama, que, no necesariamente, sabrán los otros personajes.
►La trama implica cuestiones temporales y el uso de recursos de paradojas, así mismo, entrara en cuestiones del pasado de rol, se nombraran a viejos jugadores y sus personajes legendarios.

[med][center]TURNOS[/center][/med]

Narrador (Se hará a través de la cuenta de Arcturus)
Indra.
Sigrid.
Adam.
[/quote]
 
 
La fortuna de estar vivo y el anhelo de aferrarse a la vida con más goce que nunca, en busca de la felicidad, eran lo que habían motivado a Indra a proponer un cambio radical a su amada hermana Sigrid. Los planes de paternidad que la pareja había puesto en marcha, habían tenido como consecuencia reacciones diversas entre sus familiares; unas de apoyo y aceptación incondicional, y otras de desprecio. Esta última había sido la de su hermano menor, trillizo de su amada, Siegfried, quien no había sido capaz de comprender la relación incestuosa que la envidia y la lujuria mantenían. Aún así, a pesar de la división familiar, el mago y la pelinegra permanecían juntos, más unidos que nunca, y ya no siendo solo ellos dos, sino que a sus vidas se sumaban dos pequeñas almas que recién se hallaban en gestación, desde hace unos pocos meses.

Esa mañana, Indra se encontraba dormido junto a Sigrid, como era habitual desde hace un tiempo. Sus brazos abrazaban con dulzura el cuerpo esbelto de su hermana, con las palmas sobre su vientre, el que si bien aun no era prominente, permitía al mago (por sus dotes) sentir las vidas que habitaban dentro. El albino ya había percibido el latir del corazón de sus hijos, inclusive podía diferenciar ambos palpitares, y ya había soñado en más de una ocasión con ellos. Sabía que eran un niño y una niña, y ya desde ese entonces, sentía una conexión especial y mucho más fuerte con la niña.

Se despertó sobresaltado cuando alguien irrumpió en la habitación. Esa noche se había permitido dormir como una persona corriente, en vez de ir a recorrer otros universos. Parpadeó un par de veces, desconcertado, intentando asimilar las palabras que el planeswalker les transmitía.

[c=#2D8056]-¿El futuro de mi hijo?[/c] -repitió lo que le había resonado más. Algo en el pecho de Indra dio un brinco, ver a ese ser tan imponente mostrarse alterado por algo, le daba mala espina, más aun si tenía que ver con su nonato hijo.

El albino se puso de pie, se encontraba con pijama, por lo que tomó algunas prendas que tenía en un colgador cerca de la cama, dispuesto a cambiarse. Más cuando reparó en que Arcturus no estaba solo, se quedó inmóvil como petrificado. [i][c=#2D8056]"Ese latido..."[/c][/i], comenzó a pensar, con sus orbes ambarinas clavadas en la puerta de entrada, expectante, [i][c=#2D8056]"Ese latido lo conozco..."[/c][/i] Sintió una presión muy extraña en medio del pecho, acompañada por una emoción muy fuerte, como si quisiera reír y llorar a la vez, más se contuvo.[i][c=#2D8056] "¿Cómo es posible?" [/c][/i]
 
 
Sigrid, poseía un carácter fuerte, pero sobretodo era irreverente y burlona. Siempre había tenido debilidad, por desafiar las reglas, por romperlas, amaba sembrar el caos, con sus actos. Lo prohibido, le resultaba especialmente atractivo, esa fue una de las principales razones, por las que inició el romance prohibido con su hermano. Durante su vida, se había sentido atraída por muchos hombres. Su hermano era caso aparte, algo que inició como una banal atracción y desafío, se convirtió en una relación en la que ella estrechó toda clase de lazos.

Habían pasado años, desde el primer beso entre ambos, ahora, ella había madurado, con respecto a lo que sentía. Realmente amaba a su hermano, las consecuencias de su amor, estaba dispuesta a asumirlas. Cuando confesó su pecado ante su trilliza, había jurado eliminar a cualquiera que intentara separarlos. Desde que inició su relación, Indra la llevó al cielo con tan solo unas caricias y así ambos abrieron las puertas del infierno, con el fruto de su amor .

Una noche marcó para siempre la parte turbulenta de su amorío, y también el inicio de una nueva fase. Siegfried, los había descubierto, llevándolo a iniciar un confrontación. El tiempo confirmó a Sigrid e Indra, que serían padres y Eirween se escandalizó, ante el moralmente inaceptable acto, de los hijos de la emperatriz.

Poco o nada, le importó a Sigrid, quién estaba dispuesta a decapitar a todo aquel, que osara levantar algún comentario negativo sobre su amado y futuros hijos. Sabía que esperaba a dos, gracias a los dotes de Indra, aquellos benditos dones, le hacían poder saber lo que el futuro le esperaba. Sabía que su amado, percibía la vida dentro de su vientre, de manera distinta a ella, la forma en que él miraba la paternidad, era lo que más emocionaba a la peli negra.

Como cada noche, tras ser descubiertos, ambos compartían habitación, por varias razones. Primera, por seguridad, no sabían en que momento sus detractores, podrían querer atacar; la segunda, por comodidad, no había razones para separarse ahora que todos sabían que se amaban. Esa noche dormían con absoluta tranquilidad, la cual se vio interrumpida, por una figura conocida.

[center][b][c=#E50000]¿Arcturus? .... Abuelo...[/c][/b][/center]


Mencionó, Sigrid mientras se despertaba, aun somnolienta. El gesto de preocupación, era terrible, nunca espero ver a él, comportándose de esa manera. Al escuchar que todo era sobre sus hijos, Sigrid llevó su diestra a su vientre, protegiendo de manera inconsciente, el actual hogar de su descendencia. Al escuchar que debían ir preparados, Sigrid como pocas veces no utilizó su uniforme militar, con el que salía salir. Todo lo contrario, tomó por primera vez la armadura que Jennel le había conseguido, tras la pelea con su hermano, temiendo por su vida, le entregó una coraza, forjada en la tierra de los dragones a los cuales, ella protegía. Y no solo eso, en alguna ocasión habían salvado la vida de la pelinegra de su amado.

Aquella armadura estaba hecha de un material de dureza semejante a la de un wurm, la intención era protegerse no sólo ella, también a sus hijos, la colocó y tomó su guadaña, la cual ató a su espalda, la misma estaba hecha de colmillo de wurm, por lo que su nivel de combate era alto al igual que capacidad de daño. Antes de salir, recogió una bolsa con golosinas y una daga, las cuales ciño a su cintura y entonces se dispuso a salir de la habitación.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/95/34/90/Sigrid-Russoft-Schwarzer-Gn3EdieWs-b.jpg]

Sigrid, estaba a punto de hablar con Indra, cuando vio a entrar, a un sujeto desconodido y su corazón se volcó una y otra vez en unos segundos. Un extraño sentimiento la invadió, no podía entender lo que era, pero se sentía absolutamente grato, esa imagen frente a ella, le parecía familiar, aunque sin duda jamás lo había visto.

[b][c=#802D2D]¿Por qué me siento así? ¿Quién es?... ~[/c][/b] pensó para si, mientras giró su rostro para observar a Indra, quien parecía haber sido sacudido de la misma forma que ella, guardó silencio, no cuestionó, solo deseaba salvar a sus hijos, del peligro que les habían alertado.


[b][center][c=#E50000]Vamos, no hay tiempo que perder...[/c][/center][/b]
 
 
La orden alcanzó sus pensamientos como una molesta interrupción. [i]“Quédate ahí...” [/i]En seguida sus dedos se aferraron aún más a sus brazos cruzados, mientras que se giraba en seco, quedando de costado ante el mayor y apoyando su espalda contra el frío de la pared. Su rostro quedó automáticamente escondido por la gorra que siempre andaba puesta. Sentía como él mismo se estaba haciendo daño ahí donde hacía presión con sus manos, aun así era una sensación ajena y de alguna manera le era totalmente indiferente. Después de todo no le importaba el dolor de su piel o la presión que experimentaba su mandíbula. En esos momentos se trataba de la única manera que tenía para canalizar la furia que amenazaba con consumirlo.

Su abuelo como siempre había sido escueto. No que le importara porque generalmente cuando andaba con aires de misticismo él no tenía mucho que ver en la situación, o en el peor de los casos se trataba de alguna cátedra que tenía una finalidad clara… así podía ignorarlo nada más o interiorizar el punto esencial de sus palabras… y ya. Esa vez sin embargo, Adam mismo parecía ser el centro de toda aquella estúpida situación. Su abuelo casi que lo había arrastrado y ni siquiera entendía bien qué era lo que estaba sucediendo… y eso era lo que más le molestaba: no tenía control alguno ni siquiera de sus propias acciones. Aquello era un fastidio nada más… [b]-Qué estupidez…[/b] -Soltó de forma caprichosa e inaudible

Una nueva oleada de ira lo invadió y presionó aún más sus brazos y su mandíbula. Ya con la fuerza que empleaba podría doblar cualquier metal, pulverizar piedra… pero por supuesto gracias a sus genes wurm podía aguantar eso y mucho más. Aunque más de una vez sí había logrado hacerse daño en uno de sus arrebatos de furia y al no poder controlar su fuerza. La última vez había sido hacía mucho tiempo, pero sólo porque su madre le había enseñado a manejar aquellos impulsos: fijar la mirada en un punto específico, preferiblemente algo que tuviera movimiento rítmico… la llama de una vela, las hojas en los árboles, una flor. Además debía concentrarse en su respiración, contarla hasta que sintiera como el enojo se iba mitigando lentamente. En esos momentos sin embargo, le estaba costando enfocarse sin embargo. En aquel pasillo no había nada que pudiera observar y los murmullos a su espalda eran sumamente molestos y contrastaban demasiado con el despertar matutino.

Entonces logró descifrar las voces con repentina claridad y sus pensamientos en espiral fueron frenados en seco. En ese instante dirigió la mirada bruscamente a su abuelo y para su sorpresa este también lo observaba. De hecho le indicaba que entrara a la habitación. No sin cierto recelo se irguió, alejándose de la pared. Se giró con cierta pereza y entonces asomó todo su cuerpo a la habitación ahora que su tenía el espacio para hacerlo.

En seguida se detuvo. Su mirada carmesí, penetrante y aguda se estrelló con las dos personas que igualmente lo observaban con evidente estupor y sorpresa. No era que se vieran precisamente más jóvenes, pero sí tenían un cierto aire de inocencia que Adam no lograba reconocer. Eran sus padres, pero al mismo tiempo no… Eran ellos antes de que Astrid y él nacieran. Instintivamente desvió su mirada al vientre que la pelinegra parecía proteger de forma inconsciente con su mano y extrañamente se percibió a sí mismo… de una forma demasiado abstracta para poder entenderlo, pero estaba seguro de lo que sentía. Volvió a encararlos y trato de asimilar a su madre, a aquella mujer que lo era todo para él… estaba ahí y al mismo tiempo la sentía demasiado joven y suave. Luego desvió su mirada a su padre y extrañamente y de forma instintiva frunció el ceño y sus orbes vino se endurecieron… sintió furia nuevamente.

Era una situación demasiado bizarra y no le agradaba en lo absoluto. Volvió a cruzarse de brazos y entonces quitó la mirada y la dirigió a cualquier parte, aprovechando que su gorra lo cubriría parcialmente. [b]-Tch...[/b] -Chistó con evidente molestia y como única respuesta, sin dignarse a decir nada más ni siquiera a su abuelo.
 
 
Su orgullo, su joven bisnieto, Adam, era uno entre todos y de los pocos que tenía ese consentimiento por parte de su bisabuelo, una virtud de la que solo su madre gozaba pero de la cual, Sigrid no abusaba, pues a diferencia de su crio, ella no rayaba en el orgullo y en la osadía, cosa que el más joven heredero de la casta, podía desarrollar sin la reprimiendo de su ancestro; Arcturus no entendía si esta venia era innata, si era porque el joven Schwarzer compartía casta pura con él, cosa que no se veía en eones, o por su actitud indomable que le recordaba a una juventud pasada, casi olvidada donde él era igual de orgulloso al grado de no obedecer, más que a su propia furia.

—[b]No…no hay tiempo que perder.[/b]

El Arbiter interrumpió su propio ensimismamiento, contemplando la escena, el encuentro de Adam y sus progenitores, a sabiendas de que no necesitaba mayor explicación de quien era el jovial de gorra, limitándose a percibir las emociones entremezcladas de la habitación.

—[b]Ya habrá momento para el abrazo familiar, por ahora, deben escuchar…[/b]

El enorme Arcturus, camino en pesados pasos hasta colocarse frente al trio, observándolos, guardando la nostalgia de esa escena tan dulce que, sin negar, le conmovió una parte de su psique, sin más, señaló hacia el vientre de su querida nieta, a quien trataba con el dócil semblante con el que se trata a una niña pequeña.

—[b]Mi querida Sigrid lleva en el vientre algo maravilloso, el producto del amor entre ustedes, aunque nació del pecado del incesto, la biología siempre supera a la moral, provocando enormes saltos evolutivos de una generación a otra, sin embargo, este enorme poder que mi dulce nieta posee dentro de sí, se gesta de forma endeble, pues ustedes dos son híbridos, no son de raza pura como lo soy yo, el cuerpo de ella no soportara la liberación de todo el potencial de, siquiera, un Wurm puro, lo que también, puede provocar la pérdida de su descendencia.[/b]

El caminante de planos, miró de reojo a su querido Adam.

—[b]En otras palabras, este es un embarazo de altísimo riesgo, pueden morir la madre y su fruto, por lo que deben buscar la clave para la supervivencia.
[/b]
Observó de reojo al ventanal, con un ademan, las cortinas se corrieron dejando que la sagrada luz invadiera el cuarto.

—[b]Antes de que siquiera cuestionen: “¿Por qué no la salvo yo?” deben entender que, como su abuelo, haría hasta lo imposible por mantenerlos a salvo, pero, como Gran Arbitro, tengo prohibido actuar directamente en esta clase de eventos decisivos, por lo que estoy rompiendo las “reglas” al tan solo advertirles…
[/b]
Volvió su mirada a ellos.

—[b]Lo que no me importa, no si puedo salvarlos…[/b]

Ondeó su zarpa derecha, la figura del ancestral Wurm, trazó un circulo invisible enfrente de los presentes, que, en un santiamén, se materializó como un portal de dos metros de diámetro, que formaba una espiral hacia lo desconocido.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/95/89/90/Grand-Arbiter-Arcturus-I-pJiztzDyl-b.jpg]
[/center]
—[b]Solo hay alguien que puede ayudarlos, entren aquí, busquen al Gran Rey Apsu, solo él tiene la clave para que pueda sobrevivir, traje a Adam para su apoyo, él debe conocer esta parte de su vida.
[/b]
La forma de Arcturus, empezó a resplandecer en poder absoluto, estaba “caminando” entre planos en ese instante.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/95/89/92/Grand-Arbiter-Arcturus-I-J3b4E3Zzc-b.jpg][/center]

—[b]No lo olviden, el tiempo no es una corriente lineal, circula al mismo instante en puntos multilaterales, todo sucede en sintonia, y sus actos de esta aventura, afectaran pasado, presente y futuro, nada está escrito, todo es posible.[/b]

Y el portal quedó abierto a la espera del trio, mientras que la figura del Arbiter había salido de esa realidad.
 
 
Ver a Sigrid comenzar a alistarse con tanta determinación, lo sacó de su ensimismamiento, ocasionando que imitara su actuar. Se cambió de ropa en breve, poniéndose una pechera ligera pero muy resistente, hecha de escamas de wurm, y sobre esta, unas prendas holgadas de color oscuro. Acomodó en su espalda su cetro mágico y se echó al hombro un bolso que siempre tenía preparado en caso de emergencias, el que contenía gemas y pociones.

[quote]Contenido del bolso:
1 poción antídoto contra venenos.
2 pociones de veneno de la legendaria serpiente Naga (para más información, leer el tema "Reunión en el Desierto").
3 gemas recuperadoras de energía mágica.
1 cristal negro, recuperador de su habilidad elemental de Oscuridad.[/quote]

Para cuando estuvo listo, la persona que se encontraba tras la puerta ya había entrado, entonces Indra corroboró aquello que había podido percibir antes de verlo: era su hijo, un muchacho adolescente, una criatura que irradiaba un poder que estaba más allá de él y de Sigrid, poder digno de un wurm puro, similar al que irradiaba Arcturus.
El mago tragó saliva con dificultad, sintió el corazón latirle con fiereza, retumbando en sus oídos, además de unas ganas de acercarse más a él, de tocar su rostro, ese rostro que tenía los tonos de Sigrid, y de abrazarlo; pero a la vez, una sensación muy extraña también se incrustó en su ser, haciéndolo dudar incluso de sus propios sentimientos respecto a su hijo. Mientras deseaba estrecharlo en sus brazos, también quería -y de forma totalmente opuesta- alejarse de él. ¿Le temía? ¿No lo comprendía? No estaba seguro de qué era, pero sí sabía que era una sensación similar a la que ya en el presente experimentaba al poner sus manos en el vientre de Sigrid y sentir los latidos de los pequeños nonatos... Era una falta de afinidad que sin duda con el pasar de los años debía haber ido creciendo. Así mismo, pudo sentir cierta oleada de furia y desprecio cuando su hijo le devolvió la mirada.

Una vez más, salió de su ensimismamiento, pero esta vez a raíz de la explicación que Arcturus les daba. [c=#2D8056]-¿Sigrid corre peligro?[/c] -Indra parecía más alarmado por la vida de su hermana que por la de sus hijos, y es que si bien ya sentía amor por ellos, en la actualidad ese amor no superaba al que sentía por la pelinegra.[c=#2D8056] -Vamos.[/c] -Murmuró decidido, viendo el magnífico portal que se abría ante ellos. Antes de cruzar, el albino miró al Arbitro y le dedicó una sonrisa genuina, apreciaba lo que hacía por ellos, apreciaba lo mucho que quería a Sigrid y apreciaba el afecto que estaba demostrando por su descendencia. La verdad es que le había tomado aprecio desde que lo había ayudado en aquel universo donde no eran más que meras ideas, la noche en que Eirween había sido atacado y su psiquis casi destruida. [c=#2D8056]-Gracias... [/c]

Miró hacia su amada y luego hacia su hijo -a este último dedicándole una expresión de incertidumbre, mezcla de deseos de estar muy cerca de él y a la vez, de alejarse a toda costa-, y entró al portal. Para un viajero astral como él, la experiencia de moverse en planos, realidades y universos, era algo muy habitual, aunque a decir verdad era la primera vez que su cuerpo físico viajaba de ese modo, dado que Indra aun no poseía las habilidades para viajar a su antojo mediante portales en ese plano, solo podía limitarse al plano astral y onírico.

No sabía con qué se iban a encontrar del otro lado, solo sabía que hallaría a como de lugar al Gran Rey Apsu y cambiaría el futuro para que su adorada hermana y sus hijos vivieran.
 
 
El incesto, un pecado que la joven pareja cargaba, auspiciado por uno de los sentimientos más sobre valorados, el amor. Ese sentir los había llevado a cruzar límites insospechados. Sigrid tenía cierta fascinación por romper reglas, no era secreto, sin embargo, romperlas por amor, sí era novedoso. Su corazón latía con fuerza cada que se encontraba con su hermano, no había límites que pudieran contener sus sentimientos hacia él. Podía perderse horas a su lado y días enteros entre sus brazos, la Schwarzer no terminaba por creer lo que el albino había despertado en ella. Podía recordar con absoluta claridad el sueño, aquel primer anuncio de lo que ella sentiría con el tiempo. Finalmente, transgredieron no sólo la moral, también parecían burlarse de la propia naturaleza, su amor ahora se materializó en dos pequeñas vidas que se formaban en el vientre de la joven amante.

¿Qué podía pasar? ¿Quién podía detener su amor? ¿Con qué derecho? ¿Acaso no eran sus vidas y sus cuerpos? Por qué detenerse, si incluso había un refugio, para huir de ser necesario. No contemplaron la consecuencias de la naturaleza, se enfocaron en el sentir de ellos y los que les rodeaban. ¿Dónde quedaba la genética, la biología? no lo pensaron, o quizás sí, pero no dieron la importancia necesaria. La voz preocupada de su abuelo, atravesó directamente su pecho, sintió una gran opresión, era ansiedad, miedo. Sabía que debía actuar, arreglar su imprudencia, por su vida, por la de sus hijos, por el amor que juraba sentir por Indra y por supuesto por poder. Sigrid no había perdido de vista, todo lo que con su amor había logrado, consiguió el visto bueno de Adler, de Jennel y el amor ciego de Indra. Al mismo tiempo, daría a luz a dos hijos, que criaría con sus propio sistema de valores. La familia se había dividido, pero de su lado estaban los hermanos a quién mas confianza les tenía. Consideraba que era cuestión de tiempo, para que al menos el resto pudiera aceptar a sus hijos. Amor, interés, orgullo, quizás eran los principales motores de la peli negra, pero prevalecía ese cariño enfermizo que sentía por su amante.

El solo pensar en poder morir ella y su descendencia y dejar sólo a su amor, era una idea enloquecedora. La reacción de él, le dejo claro que, se había sentido tan aturdido como ella, no iban a permitirse perder a sus hijos, lucharon por estar juntos y lo harían por su familia. Nacida con el elemento de fuego y bajo el pecado de la lujuria, pasión era lo que desbordaba en su vida, en sus acciones y con esa determinación característica avanzó hacia aquel joven frente a ella. Sin duda era él, su hijo, esos ojos, ese aroma, esa manera en que su corazón reaccionó a su presencia. La arrogancia que desprendía, la ira que de él emanaba, era una conexión inexplicable, pero al mismo tiempo sublime. Se sentía especialmente feliz de verlo, a pesar de las malas noticias, pero si de verdad ese joven encantador era su hijo, había esperanza, era motor suficiente para buscar la respuesta que necesitaban para garantizar su vida.

[b][center][c=#E50000]El Gran Rey Apsu... [/c][/center][/b]

Murmuró, giró su rostro hacia el albino, notando que sus expresiones eran confusas, posiblemente seguía bajo el shock de ver al joven. Sigrid no tenía experiencia en ese tipo de viajes, pero no dudó en desear estar cerca de ambos varones, y ese deseo lo hizo realidad al instante. Antes de entrar al portal tomo las manos de cada uno de ellos, a su diestra su amado y a su siniestra a quien creía, veía y sentía como su adorado hijo.

[b][c=#E50000][center]Vamos, hay una misión que cumplir, cambiaremos la historia de la familia Schwarzer.[/center]
[/c][/b]
Profirió orgullosa ante ambos hombres, mientras ingresaba con ellos hacia el portal que definiría su destino como progenie.
 
 
La tensión que de por sí ya reinaba dentro del lugar pareció doblar su peso cuando el menor ingresó, su figura mayormente oculta bajo una capucha oscura ahora dejaba ver el pálido rostro, luciendo medio indiferente pese a tales circunstancias. Hubiera bromeado sobre como aquel encuentro bien podría asemejar una reunión familiar común y corriente con tanta incomodidad presente, pero no iba a ignorar la aborrecible importancia de toda esa situación, pues tal cual dijo su bisabuelo, los abrazos y puestas al día debían esperar. Claro que detestaba ir de aquí a allá sin poder decir o hacer algo relevante en un importantísimo asunto que, además, lo obligaba a ser protagonista, pero poco a poco estaba entendiendo la verdadera definición de “luchar contra tu destino”. No obstante el mayor anunció diversos detalles, sintió que la realidad era más compleja, todavía más fatídica que sus insignificantes existencias y, aunque admitirlo lastimara su orgullo, mayor que su futura grandeza.

Decir que el primer silencio fue sepulcral sería endulzar las cosas, también mentiría si no dijese que un recóndito ápice suyo hubiese preferido otro tipo de primera impresión. Al comienzo evitó hacer contacto visual, es decir, ¿y luego qué? Le complicaba no atribuirles la imagen de sus padres contemporáneos, sin embargo, cuando cruzó miradas con su padre, la aspereza que compartirán a futuro se encendió sin ningún esfuerzo. Los ojos rojos de Adam parecieron brillar en implicito desdén al reflejarse en los mayores, ¿incluso después de comprender cuánto peligro corría su amada no mostraría mejor convicción? Repudiando tal falta de determinación, confusión que él tomaba por debilidad, prosiguió.

Ni saludos, ni quejidos, avanzó junto a su familia hacia el portal recién abierto y comenzó a mentalizarse para tamaña responsabilidad, convenciéndose de ver a su progenitor como aliado o, al menos, herramienta y no un lastre parlante. Entonces, agradeció la intervención maternal con un indistinguible sonreír ladino, la mera silueta femenina dándole cierta confianza y tranquilidad cuya intensidad sólo aumentó tras escucharla. Todo acababa de volverse más tolerable.

Aquella obligación que sentía minutos atrás se transformó en disposición, determinado a cooperar, mas su egocentrismo no flaqueó ni un poco. La historia próxima a desenvolverse orbitaba a su alrededor, durante toda su vida comprendió el tremendo poder que blandiría como wurm puro, desde muy pequeño comprendió la extraña existencia que tenía por delante. Sus padres concibieron una bomba de tiempo, nacido de una unión insólita, tabú, le echaron encima un estigma y título que jamás pidió. Adam se sabía bendito y maldito, profundamente aborrecía la relación que ellos dos decidieron tener aunque amara a su madre. Él, quizá en su inmadurez, no hubiera dejado que algo así ocurriera, pero haría cuanto pudiera desde el error que cometieron. Sólo él podía salvarlos, a ellos y a sí mismo.

[c=#660033]—Movámonos —[/c]sentenció, dignándose a tomar esa mano guía y dar comienzo a esa caótica bola de nieva a punto de formarse.
 
 
Caer, la palabra más adecuada para lo que el trio percibió a continuación, entraron sin vacilar, sin dudar, sin un atisbo de renuencia, algo que llenó de orgullo al desaparecido Arcturus, quien, debía atender otros menesteres, habiendo deseado la mejor de las venturas a su familia, orando al único que estaba encima de su poder, por algo de misericordia y comprensión

Cayendo, apenas entrar al portal, el grupo “bajo” por la eternidad invisible ¿Cómo reaccionarían? Al viajar en ese camino abierto por su abuelo, que los llevo a un abismo que parecía infinito, repleto de algo, que, en ausencia de una buena descripción, era un fondo interminable de luz clara y casi nívea, donde no había realmente un punto de referencia, un arriba, un abajo, la emoción de la caída, era eso, una sensación que colmaría los aun intactos sentidos de la pareja y su crio, una emoción que cambió abruptamente, cuando la tercia salió de aquel portal, hacia su destino final.
[center][b][med]
GRAN DESIERTO DE CRISTAL[/med][/b][/center]

Cayeron, en arenas blancas que salpicaron cuando la eternidad los escupió sobre su meta, los arrojó sobre un denso mar desértico, donde un cielo azul, peculiarmente refrescante, les dio la bienvenida; no había mucho más ahí, ni estructuras ni final visible, quizá alguno de los incautos se preguntaría ahora ¿Por qué no les dio, el abuelo, más información? Solo tenían el nombre de su objetivo, el único sabio que podría representar la clave de su salvación, pero nada más, siquiera se dignó a darles detalles más importante, mucho menos a su adorado bisnieto a quien solo le informo, las cuestiones primordiales “No intervengas con información del futuro, no digas lo que sabes del devenir de tus padres, aunque puedes preguntar todo lo que desees a ellos”

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/01/28/24/Grand-Arbiter-Arcturus-I-Nv9ImiWI4-b.jpg][/center]

La confusión abordo a los tres, inclusive Indra, sentiría esa sensación de “no-ser” grabada en su mente por segundos, aunque estaba acostumbrado al viaje astral e interdimensional, esa transición había sido desconocida y un tanto agresiva para los Schwarzer, pero no hubo tiempo, no pudieron siquiera levantarse de entre el suelo arenoso cuando una voz jovial e inquisitiva los interrumpió de lo que fuera que pensaran.

—[b][c=#660000][i]Y bueno… ¿Quienes $%@#^& se supone que son ustedes?[/i][/c][/b]

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/01/28/27/Grand-Arbiter-Arcturus-I-66ugaB1dq-b.jpg][/center]

Una figura alta y esbelta, acorazada casi por completo, cubierto con una máscara de bordes dorados que distorsionaba su voz a algo mecanizado y escueto , volviendo su rostro una suerte insípida sin facciones, sus atavíos eran de un peculiar estilo egipcio, con contrastes que solo quien observara denotaría, la coraza que vestía aquel ser, al menos, la que se veía por entre sus ropajes escarlatas, era peculiarmente toca y asimétrica, no había sido moldeada a la par, resultando en imperfecciones visibles solo para el ojo perspicaz y entrenado en alguna clase de herrería o metalurgia, alrededor de ese “ser” que los espetaba, los habían rodeado cuatro sujetos, grandes (tres metros y medio) humanoides, esculpidos en una musculatura casi perfecta, portando lanzas de cuatro metros con un borde dorado que guardaba un cristal negro, apenas cubiertos con corazas doradas, de bordes negruzcos (Hombreras, guanteletes, volante y grebas) con la peculiaridad de un yelmo que ocultaba sus rostros, un yelmo que, solo los presentes con conocimiento en egiptología, reconocerían como el rostro de Apofis.

—[b][c=#660000][i]Les daré hasta tres para que respondan.[/i][/c][/b]

El tipo que los cuestionó, era el único que hablaba, no les dio tiempo de responder a la traída, cuando ya les había apuntado con sus brazos, cuyos brazaletes de bordes resplandecientes, emanaron dos salientes, un par de cañones que brillaron con la promesa de cargar energía

—[b][c=#660000][i]1…3[/i][/c][/b]

Menos fue el tiempo que les dio para responder, cuando un par de rayos de energía solar, altamente concentrados, capaces de derretir el acero templado en medio segundo, salieron proyectados hacia el grupo Schwarzer.

[quote][b][center][med][b]HINTS[/b][/med][/center]

►Como se mencionó, hay detalles en los NPC que los han recibido, si sus personajes tienen conocimientos de metalurgia, herrería o similares, así mismo, de egiptología, pueden consultar al GM en privado para que les dé más hints que solo ustedes conocerán (Deben justificar por qué sus personajes poseen conocimientos en dichas áreas, el GM juzgara su grado de expertos y el nivel de información extra que pueden captar)

[b][med][center]TURNOS[/center][/med][/b]

[b]►Indra
►Sigrid
►Adam (Bienvenido!)[/b][/b][/quote]
 
 
Las voces de su amada y su hijo fueron lo último que escuchó en aquel mundo, en Eirween, más la sensación de incomodidad que experimentó al estar ante Adam -misma que creía era recíproca-, lo acompañó durante todo el trayecto hasta el mundo desconocido al que entraban, a pesar de la vertiginosa sensación física y el desconcierto mental que el paso por el portal significó.

Luchando por no cerrar los ojos y abrazarse a sí mismo en busca de apoyo, Indra buscó con la mirada a Sigrid e hizo el amago de estirar un brazo para aferrarla, más no lo logró, todo era demasiado aprisa y sus movimientos le parecían extraños, lentos, pesados. Era incómoda y algo nauseabunda la ausencia de puntos de referencia, sentía que su estómago se doblaba en muchas partes y los músculos se le tensaban. En cierta medida, aunque en un grado inferior, le recordó al evento ocurrido cuando lucharon contra Arak; la remembranza de lo que había experimentado al estar en "la nada," y eso le erizó la piel, más para su suerte, la experiencia cesó con tal fiereza como había iniciado, y de un momento a otro su cuerpo tocó tierra firme.

Arena, lo primero que se percató fue de que se hallaba sobre arena, y no precisamente porque sus manos la tocara... Escupió y tosió, había tragado un poco de ésta y su lengua y garganta se sentían rasposas ahora. Las percepciones físicas, los sentidos, le parecieron ajenos, al parecer aun no se reponía del efecto generado por la "caída" a través del portal. Desorientado, se puso de pie torpemente con la intención de dar pasos, más por inercia que por otra cosa. Sin embargo, no alcanzó a mover más de un pie -que también sintió como extraño, como si no fuera parte de su cuerpo-, cuando algo acaparó su atención.
Como estaba acostumbrado a toparse con seres de otros mundos, la primera impresión de Indra no fue el temor ni el desconcierto, a pesar de que aquellas criaturas le sacaban varios metros de altura a su pequeño cuerpo de apenas metro sesenta. De todos modos, no fue capaz de responder a la ofensiva interrogante, aun sentía su cuerpo un tanto ajeno como para poder formular palabra alguna, solo pudo parpadear y mirar a sus costados, encontrando con cierto alivio a su hermana y a su hijo junto a sí.

—[b][i][c=#660000]Les daré hasta tres para que respondan.[/c][/i][/b] -Escuchó que habló el que parecía ser el líder. Desconcertado, el mago abrió la boca dispuesto a hablar. -[i][b][c=#660000]1...3 [/c][/b][/i]-Fue demasiado rápido, no pudo responder, unas luces resplandecientes emanaron de lo que no era difícil reconocer como un arma.

Formular un hechizo le habría tomado demasiado tiempo, por lo que, casi como un reflejo, permitió a la oscuridad, emanar de su cuerpo con violencia, rodeándolo a él y a sus seres queridos. Aquello no era un escudo, no alcanzó a darle esa propiedad a su elemento, era solo oscuridad pura. Los sujetos podrían ver como una especie de cortina de humo negra les impedía ver a la triada, ocultando así las acciones que estos realizaran, más no protegiéndolos de sus ataques, por lo que, aunque no pudieran verlos, era posible que cualquiera de sus ataques hubiese impactado en el cuerpo de los Schwarzer... A menos que alguno de los pelinegros hubiera conseguido hacer algo para evitarlo.

La bienvenida no había sido precisamente cortés, pero el albino jamás pensó que semejante travesía para salvar a su descendencia pudiera ser simple, y aunque en su viaje encontrara la muerte, estaba dispuesto a hacerlo por ver a nacer a la pequeña vida que latía en el vientre de su amada hermana: Astrid.
 
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¿Qué será de ti? (Priv. Indra, Sigrid, Adam.) | Eιʀɯᴇᴇɴ | iOrbix
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