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[i][c=#01b906]“Nunca pensé que este día llegaría, de hecho, dentro de todas las posibilidades que pude plantear en mi mente, que eran absolutamente nulas. Sin embargo, el factor sorpresa siempre es una variable que cambia oportunamente el transcurso de las cosas, especialmente para el “pequeño enclenque” que, aunque idealista siempre logró sorprenderme en repetidas ocasiones, sobre todo cuando todos pensaban que debido a sus repentinas desapariciones su muerte era considerada. Sin contacto, ni una señal, y de repente, ¡Pum! Me vuelve a sorprender con un acto de reaparición tan novedosa como lo es la presentación de un nuevo modelo de auto tan novedoso y vistoso…”[/c][/i]

Fueron los pensamientos de aquel legendario alquimista mientras bajaba lentamente las escaleras. Ciertamente se mostraba sorprendido ante la curiosa petición que la emperatriz de Eirween había hecho, como guardián y principal investigador de aquel recinto del saber era algo que no podía rechazar, pero… ¿Esto? Simplemente era algo bastante curioso, pero tampoco iba a negarse, pues ambos eran personas que estimaba y respetaba mucho.

[i][c=#01b906]“… ¿En serio? ¿Esto es totalmente real? Digo… No tiene nada de malo, pero… En serio, nunca lo esperé tan pronto…”[/c][/i]

Se dirigía al recinto que se le había indicado con duda, pues no era muy bueno orientándose en aquel continente que permanecía oculto del mundo, muchas de las veces que tenía la necesidad de ingresar fácilmente se perdía en los pasillos y terrenos de dicho imperio. Sus pasos resonaban en los oscuros y fríos pasillos de piedra que lo guiaron hasta aquel espacio donde el silencio y la pureza parecían prevalecer muy a pesar de que se viese rodeado de una tenue oscuridad que se ve limitada por aquel boquete en el techo, permitiendo un as de luz pasar y nutrir el centro que contenía aquel árbol de rosado follaje.

[i][c=#01b906]“… Supongo que ya era tiempo de que sucediese. Ambos merecen la felicidad que tanto habían buscado, es un gran honor ahora que lo pienso mejor…”[/c][/i]

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/25/58/25/Nicolas-Flamel-08SEueCTM-b.jpg][/center]
 
 
[i]**El día finalmente había llegado, tal vez no por mucho tiempo, pero si era igualmente esperado como si hubiese sido por varios años. Sus latidos se aceleraban al grado de exceder el promedio al día, realmente estaba nervioso, era una extraña marejada que combinaba nervios, ansias y un gran deseo por este día.

Permanecía en una habitación apartada de su amada, preparándose para la ocasión, tal vez algo lo suficientemente formal, en definitiva, era un día digno de ser recordado. Por mucho tiempo había deseado que llegara el día de unirse totalmente, independientemente de quien fuese su compañera, era el simple hecho de unirse a alguien para toda la vida. Eso y otros pensamientos rondaban su cabeza mientras colocaba el atuendo que portaría.

Primero fueron los pantalones que, al colocarse y abrocharse correctamente, los últimos vestigios de duda fueron erradicados; su camisa, misma que coordinaba su color con la nueva apariencia de su cabellera.**
[/i]
 
 
[quote][i]"¿El amor? ¿Cómo es que se vive el amor? ¡Sí, sé que algún día me casaré y será para siempre! ¡Lo sé, lo sé... Es un sueño difícil de cumplir, pero lo lograré!"[/i][/quote]

[code]Finalmente el día había llegado; un día esperado, anhelado por la fémina, quien contaba día a día hasta que se perdió en el calendario.

Esa mañana, su par de mucamas entraron a la habitación que había asignado como suya y solo suya por esa noche, habitación que serviría como lugar para vestirse y prepararse para el momento más feliz de su vida - Claro, después del nacimiento de sus adorados hijos e hijas. -

[c=#2D8080]— Buenos días, emperatriz. Ya es hora. —[/c] Mencionó una de las mucamas, la cual respondía al nombre de Rem. [c=#BF608F]— Hay mucho que preparar, pero primero que nada, le he traído algo ligero para desayunar. Supongo que ahora en su estómago hay un gran nudo, así que le he traído solo un par de escamas de dragón, un jugo de naranja y fresas frescas de su huerto. —[/c] Habló la otra mucama en voz más baja y ligera, mucama quien respondía a nombre de Ashlyn.

Lentamente, Liannette se fue reincorporando, sentándose sobre su gran cama y miró a las mucamas. Ashlyn se acercaba con el desayuno mientras Rem abría las inmensas cortinas de la habitación para dejar entrar los primeros rayos de sol por la ventana. Un largo suspiro se escapó de los labios de la emperatriz de Eirween, quien, en efecto, tenía un gran nudo en el estómago al recordar su gran día, un nudo tal y como Ashlyn se lo había mencionado.

[c=#8C8C8C]— Ah... Ni recordaba ese nudo en el estómago. Ashlyn, debería castigarte por recordármelo. —[/c] Vaciló con la mujer, echándose luego a reír a carcajadas, recibiendo sobre sus piernas la pequeña mesilla con todo el desayuno.

Poco tiempo había pasado para que Liannette comenzara a comer sus alimentos, pero los nervios no la dejaban pasar tanto bocado como hubiese deseado, de hecho, echó la mesilla a un lado y negó con la cabeza, siendo solo el jugo de naranja su único alimento. Posteriormente, se levantó de la cama, caminó al baño y se preparó para su ducha.

[sep]

Las horas habían pasado volando, en un simple parpadear, ya se encontraba parada frente al espejo, portando su bellísimo vestido de novia el cual habían confeccionado y hecho las mujeres del pueblo, un vestido elegante, pero simple, algo no muy llamativo, pero hermoso, algo de lo que siempre había sido del gusto de la albina y que sus aldeanas sabían que le iba a fascinar, ese era su regalo para su emperatriz.

Se miraba de pies a cabeza, con las mejillas enrojecidas y perdida en sus pensamientos, en la belleza de su vestido, en lo maravilloso de ese día y en como ella se imaginaba que sería la unión con su amado. Tantas cosas habían pasado desde que lo conoció hasta este momento, tantos sucesos que le tocó vivir hasta que finalmente se decidió a dar este gran paso, este gran salto que cambiaría su vida para siempre. Siempre se vio solitaria y despegada de amoríos, después de tanto fracasar, pero su corazón deseaba que este fuera el amor que se quedaría siempre a su lado.

Las mucamas la veían enternecidas, incluso algunas mujeres del pueblo llegaron entrar a la habitación para ver los últimos arreglos al vestido y a la vez deleitarse con la belleza de la emperatriz. Todas estaban felices por ese enlace, pese a la sencillez con la que se llevaría tal ceremonia, todas las mujeres lo disfrutaban, como si fuera un cuento de hadas, que hasta murmuraban sobre la belleza y lo radiante que lucía Liannette, y esta última llegó a verlas, sintiendo aún más nervios al escucharlas, parecía que la felicidad nunca acabaría.

[sep]

Ya solo faltaban un par de retoques al vestido, así como el peinado y maquillaje de Liannette y sentía esta como si fuese a devolver el simple jugo de naranja, estaba más que nerviosa y temblorosa, hasta que escuchó en su cabeza una voz conocida.

[i][b]"Hija mía. Perdona que no esté contigo en tu día más feliz. Pero he de decirte que comparto contigo tal momento. Te quiero mucho, disfrútalo y deja tus nervios de lado, todo irá bien y si no... Ese mequetrefe ya sabe lo que le pasará."[/b][/i]

Al escuchar tales palabras, Liannette se echó a reír, era obvio que esa voz y esas palabras inconfundibles eran de su padre echándole porras para que todo saliera fantástico. Sus palabras le aliviaron un poco y la risa ayudó a disipar un poco el nerviosismo y a sentirse más segura de si misma y que todo saldría bien.

Caminó con lentitud hacia la puerta del cuarto, quedándose a un metro de esta, mirando a las mujeres.

[c=#8C8C8C]— Avísenme cuando el novio salga de su habitación y vaya camino al lugar. No sería prudente que me topara con él... ¿O si?[/c]

Sonrió a todas las chicas y esperó para el momento prudente de salir y dirigirse al lugar donde se daría el enlace. [/code]
 
 
Era un calmo lugar que cubría la mayor parte del suelo con agua, al menos se podía caminar; eran aguas tan quietas que servían para reflejar perfectamente la imagen de dicho árbol, un perfecto e imperturbable espejo que partía de las bases en las columnas, mismas que sostenían con firmeza aquel techo que enlazaban en arcos, formando aquel recinto donde se llevaría a cabo la ceremonia.

Pese a la poca iluminación del sitio, tenía la luz suficiente y necesaria para ejercer dicho evento. Algo sencillo, nada elaborado, pero ello no restaba importancia a lo que representaba para aquella pareja. Con sigilo descendió hasta aquel sitio y avanzó hasta su centro, donde esperaría por aquellos que finalmente se presentarían para la sagrada unión.

[i][c=#01b906]“Supongo que este es uno de esos momentos en los que, pese a su vasta presencia, los vuelve tan volubles como cualquier humano… Han sufrido, han gozado, han luchado y, finalmente, han decidido abrir sus corazones una vez más a la imparable fuerza de su amor…”[/c][/i]

Llegó al centro, posicionándose justo a la sombra de aquel árbol de torcido tronco que se alzaba en un intento de espiral. Le miró con detenimiento por unos instantes, desde su base que notablemente las raíces parecían bastante firmes para aguantar la peculiar forma en que su tronco se había erguido; hasta el bello brote de cada una de las hojas que adornaba y daba color a semejante ser, parecía casi irreal. Posó su diestra sobre la madera, se sentía fuerte y rebosante de vida, parecía un ser que tenía mucho que contar, pero no en esta ocasión, no era el momento para preguntar sino para presenciar el fin de un par de historias, para dar comienzo a una nueva.

[c=#01b906]— Tal vez después venga a platicar contigo pequeño amigo, porque hoy, seremos testigos de una historia bastante alegre…[/c]

Espetó en silencio y complicidad, enmarcando su despreocupada sonrisa en su rostro, como si aquel árbol fuese cualquier otro ser humano con la capacidad de comunicarse y entenderle. Se alzaba ahí, justo en el centro, frente a éste, aguardando por aquella feliz pareja.

¿Su atuendo? No iba a meterse en tantos líos como el que representaba elegir el conjunto ideal para tal ceremonia, tan solo su atuendo más elegante, mismo que se usaba para los asuntos que envolvían a la Gran Biblioteca que la emperatriz le había puesto a cargo. Un conjunto bastante simple que constaba de un traje negro con diversos detalles bordados en hilo dorado, camisa blanca y corbata azulada, para ese entonces ya había cortado su larga y oscura cabellera, tras un leve desliz de molestia ante lo estorboso que a veces resultaba. Sin embargo, aquellas gafas pequeñas y ovaladas nunca las olvidaba, eran parte de él, como un brazo o una pierna.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/23/00/87/Nicolas-Flamel-DAYbVpk5H-b.jpg][/center]
 
 
[i]**Realmente no recordaba mucho de lo que había hecho durante las primeras horas del día, aquella marejada de sentires no le permitía concentrarse en el ahora, tan solo entendía que finalmente hoy podría oficiar su relación con la emperatriz Liannette, era un hecho que incluso no había puesto atención a los sirvientes que habían ofrecido sus servicios al varón. ¿El desayuno? Bueno, tan solo recordaba un vago sabor al jugo de naranja con algunas frutas frescas picadas con algo de miel y granola, aunque en gran cantidad.

Tal parecía que toda esa mañana había estado en una especie de trance que le había orillado a actuar en un modo automático y perdido, casi robótico pues incluso el saludar de aquellos sirvientes que llevaron el desayuno a su habitación había sido bastante automático y distraído; fue la ducha la única cosa que ayudó su mente regresar al ahora, y hacerle olvidar todos esos sentires que le distrajeron. Había sido una ducha con agua fría, tal vez no tan fría como acostumbraba a tomar algunos baños o nadar en las congeladas aguas de Siberia. Había sido de gran ayuda, ahora todo ese bochorno que alguna vez le incomodó al grado de poner sus orejas de un tono carmesí se había esfumado. Estaba más fresco y mejor preparado.

Después fue la camisa, misma que combinó armoniosamente con su pantalón; abotonó con precisión y rapidez, subiendo hasta alcanzar el cuello, mismo que se destacó por su borde dorado. Siguió con usar un chaleco azulado, y luego la chaqueta corte largo y abierta en dos colas; al igual que la camisa, aquel último par se hallaban con bordes de hilo dorado que bien enaltecía la elegancia del conjunto. Y por último, pero no menos importante, una corbata del mismo tono que aquel chaleco que, con excepción de los bordes, tan solo sus puntas se hallaron algunos diseños del mismo dorado tono para no perder el diseño. [c=#0073E5]– Supongo que eso es todo… ¿Verdad, Baian? –[/c] cuestionó a uno de los sirvientes que le asistió, empleando un suave y gentil tono en su hablar. – Así es, mi señor. - respondió con prontitud y de la misma manera aquel joven que había sostenido la chaqueta para, además, ayuda acomodar la larga y blanca cabellera que ahora alcanzaba sus muslos.

[c=#0073E5]– Creo que debería atar mi cabello. –[/c] agregó Melde pensando en voz alta tras ver el frente al espejo el aspecto que ahora lucía al estar listo para ir y esperar en el “altar”. [c=#BF608F]– Si me lo permite, debería mantenerlo suelto, así mostrará mayor esplendor. –[/c] Se apresuró otro de los sirvientes que se había mantenido en silencio como los otros cuatro. [c=#0073E5]– ¿Eso crees? –[/c] cuestionó en respuesta el mago ante aquella sugerencia.

No quiso dar más demora, sabía que tenía que ser el primero en llegar y recibir a la novia en el altar. Seguro quedaría maravillado con la apariencia que seguro mostraría. [c=#0073E5]– Entonces lo dejaré suelto. –[/c] Completó para dirigirse al punto de encuentro. Salió de aquella habitación y los pasillos recorrió hasta descender a la planta baja, era un largo camino, pero nada molesto, disfrutaba recorrer los pasillos para admirar la estructura y demás detalles.** [/i]

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/25/65/56/--BnOSyeiJe-b.jpg][/center]
 
 
[code]Ya había pasado el tiempo prudente de espera, pero fue una de las mucamas, la cual se había asomado, la que confirmó la partida de su prometido hacia el lugar donde se casarían, así que tras cruzar la puerta, esta asintió con la cabeza, dándole paso a que la emperatriz entendiese la señal de que era momento de salir de la habitación.

Otra de las mucamas dio un último retoque a la emperatriz, colocándole una gargantilla especial que siempre solía tener consigo, más oculto, una gargantilla que a simple vista se veía normal, pero desprendía un extraño poder que, solo ciertas personas con poderes especiales podrían percibirlo, cosa que sus mucamas no veían.

Era una gargantilla con una única piedra de esmeralda, rodeada por bellísimos diamantes que recubrían el material de plata de todo el collar, a excepción del broche.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/04/25/92/26/L-Vss-WfwvmHWrJ-b.jpg][/center]

Tras ponérselo, la emperatriz caminó hacia la puerta, la cual ya estaba abierta y salió por esta, siendo acompañada por sus mucamas, las cuales la acompañaron a la salida. Por un instante se quedó de pie en la puerta de salida y se acomodó el vestido, el cual quedó a lucir frente a todos los demás trabajadores y uno que otro pueblerino que paseaba por su palacio.

Era un vestido de corte sirena, con una inmensa cola que arrastraba por todo el pasillo de la salida, que fielmente sus mucamas recogieron para que no se ensuciara. Era de color blanco, con toques celestes en los adornos que llevaba por la parte del frente, un color que solía usar para contrastar con su pareja. Cubriendo sus brazos llevaba un chal de tul blanco que era adornado por estrellas hechas de diamante que había sido fielmente trabajado por los pueblerinos, solo para ella. Sobre su cabeza llevaba una corona de piedras preciosas que denotaban que era parte de la realeza, no solía utilizar coronas y demás, pero en su ocasión especial, debía llevarlo puesto, y era un accesorio que de igual manera los pueblerinos habían hecho para ella.

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/55/42/83/Liannette-Schwarzer-vCPExcP6j-b.jpg][/center]

[sep]

Después de ese momento de espera, de nueva cuenta volvió a caminar a las afueras del palacio, hasta llegar a una hermosa carroza blanca que la esperaba para llevarla al jardín "secreto" que ella había creado para el momento tan especial que tendría ese día... Los nervios cada vez eran más grandes y su corazón latía más y más rápido, las ansias por acabar con todo ello y solo estar cerca de su amado, sus pensamientos y su amor, le llevaron a enrojecer sus mejillas y que ese amor aflorara en su mirar.

La carroza se movió tras la albina subir y se dirigió al lugar, ese jardín en el que seguramente su amado ya le esperaba. [/code]
 
 
Su espera sería calma, el correr de los minutos se mantenía como siempre: sin espera, absoluto y continuo; sin asunto que le orillase a acelerarse o piedad para esperar y retrasarse. De momento extrajo un pequeño reloj plateado atado a una cadena, este permanecía atado al bolsillo del cual fue extraído, era brillante bajo aquel as de luz que alumbraba aquel jardín secreto. Abrió su tapa, la cual mostraba un bello y detallado bordado de lo que muchos pensarían un dragón o una serpiente, para él, simplemente era el presente más hermoso que había recibido por parte de su sobrina. Hasta estaba de más mencionar que periódicamente le daba mantenimiento personalmente para mantener la vida de aquel mecanismo lo mayor posible.

Miró el interior de este para descubrir que el segundero era inmisericorde y seguía su perpetuo camino hasta completar otro ciclo de tan constante paso. La hora era… ¿Realmente importaba? Para aquel par de almas destinadas a la sagrada unión era totalmente irrelevante, llegarían en el momento que ellos estuviesen listos, al fin y al cabo, tenían demasiado tiempo como hasta el fin del mundo, tal vez, hasta más. Una mueca pícara se dibujó en su rostro durante aquel breve instante. Cerró la tapa de aquel reloj, acto que fue delatado tras el “click” que resonó en aquel vacío y silente jardín; para introducirlo nuevamente a la suavidad de su bolsillo, esto, con el objetivo de continuar con la espera, de alguna manera prediciendo que el primero en llegar sería el varón.
 
 
[i]**Fue el primero en llegar, se había tomado un poco de tiempo, aunque había hecho una pequeña “trampa”, ejecutando un simple hechizo que aceleraba sus movimientos y, que, a simple vista, parecía que éste desaparecía y reaparecía en un punto más alejado, aunque muchos de esos saltos eran distancias medias, por lo que si alguien le habría visto, habría sido mera suerte, además no ejecutaba movimientos bruscos sino que mantenía su tranquilo paso en una agradable caminata.

Llegó finalmente hasta la entrada de aquel jardín, parecía que se lo tenía bastante escondido aquella emperatriz, pues había sido un poco complicado el encontrar el lugar, aún cuando había memorizado el camino. Entró por la puerta y paso a paso, descendió por los fríos escalones de piedra, donde dichos pasos resonaron en el eco del lugar, dando aviso de su llegada. [c=#0073E5]– Lamento haberte hecho esperar, Nicolás. Pero ya sabes lo que dicen... "Un mago nunca llega tarde, ni pronto... llega exactamente cuando se lo propone." –[/c] espetó mientras bajaba los últimos escalones, había reconocido la figura de su mentor a lo lejos, aún cuando éste se había cortado aquella larga cabellera que normalmente tenía, dando a entender que los papeles se invertían pues Melde ahora tenía el cabello tan largo como lo tenía el alquimista.

[c=#0073E5]– Quería ejercitarme un poco en el camino. –[/c] Caminó por la penumbra hasta el centro del jardín y quedó de frente al azabache, le obsequió una suave sonrisa mientras su mente recibía los constantes recuerdos de su peculiar periodo de estudio con aquel hombre. Mas fallos que logros, pues constantemente tenía la tendencia de volver el laboratorio un desastre. Se acercó lo suficiente para dar un cálido abrazo como muestra del agradecimiento por tantas cosas, entre ellas su formación académica como el favor que el día de hoy hacía. [c=#0073E5]– Realmente te agradezco por esto, y por muchas cosas más. –[/c] **
[/i]
 
 
[code]El eco de un par de tacones fueron lo que evidenciaron que la emperatriz finalmente había llegado al lugar. Elegantemente bajaba escalón por escalón, a paso firme, tomándose su tiempo. Al terminar de bajar, se quedó parada, observando atentamente el lugar, con una sonrisilla en sus labios y sus mejillas enrojecidas, sentía nervios, emoción, felicidad, una marea de sentimientos, su corazón palpitaba rápido, su respiración era entrecortada y sentía como sus manos temblaban un poco.

[c=#8C8C8C]— Debo tranquilizarme... —[/c] Murmuraba para si misma, manteniendo la mirada algo baja. —[c=#8C8C8C] ... Todo estará bien, ¿No es así? —[/c] Volteó a ver a su prometido y a Nicolas de reojo, como si le preguntara aquello a ambos, más solo suspiró y siguió su camino.

Habría silencio en el lugar, de no ser por el agua que fluía, una pequeña cascada que adornaba preciosamente tal recinto que ella había creado para este momento único y especial que viviría con su amado.

[c=#8C8C8C]— Nicolas. Melde... [/c]

Mencionó en un tono bajo, tras estar a poca distancia de ellos y extendió la mano diestra hacia su amado, esperando a que la estrechara. A un lado de ella apareció Nymeria, el androide que solía acompañarla a todos lados y le entregó un precioso ramo de rosas y lirios blancos.

[c=#8C8C8C]— Gracias, Nymeria.[/c]

Hizo un ademán con la cabeza a la androide, quien se apartó en seguida, quedando detrás de ambos novios. Ahora los nervios estaban a flor de piel en la emperatriz y con ello lo denotaba en esas dulces miradas que le dedicaba a su amado. No podía creer ni ella misma lo que estaba por suceder. Er como un sueño y ella era la princesa que se sentía realizada.[/code]
 
 
Su mirada casi se sierra al recibir el abrazo de aquel joven, estuvo a punto de soltar un chiste referente a la apariencia nueva, de hecho, no iba a contenerse ya que había pasado mucho tiempo de no haberlo visto, tan solo hubo comunicación indirecta y simples menciones de la emperatriz.

[c=#60BF60]— Oh... veo que has ganado algunas canas de experiencia, niño. Creo que ahora eres más viejo que yo... hehehe...[/c]

Dijo con sarcasmo, le divertía la reacción que éste podía tener, pues siempre le entretenía al igual que hacía con su sobrina. no tardó mucho en corresponder ese abrazo con tanta calidez, era raro, pues siempre el cuerpo de aquel muchacho permanecía en niveles críticos de temperatura: frío.

[c=#60BF60]— Ni lo menciones, haría cualquier cosa por ustedes, así como ustedes por mí, además de que somos familia por así decirlo.[/c]

Soltaría el cuerpo contrario tras un rato, ya había sido suficiente por parte del abrazo, tal vez él sentiría lo mismo. Ajustó un poco sus ropas, tensándolas ligeramente.

[c=#60BF60]— Espero estés listo, y no te arrepientas.[/c]

Volvió a comentar divertido, buscando importunar y sacar de balance al muchacho. Aunque ahora era demasiado tarde, pues ingresando al recinto la esperada dama había hecho acto de presencia, entrando elegante y delicadamente. Había hecho una pequeña señal con la mirada hacia Melde, indicándole que su prometida había finalmente llegado, manteniendo aquella pícara sonrisa.

[c=#60BF60]— Estamos listos entonces...[/c]
 
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