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[med][b]Reglas de la batalla[/b].[/med]

El primer contendiente, el cual será mencionado a la brevedad, iniciará el turno indicando equipo que posee en ese momento, sea visible u oculto, indicará también el terreno, así como fauna posible, y todo lo relacionado al entorno.

El primer turno de todos los participantes será de presentación, o de como se unirá a la batalla, sea oculto, visible o llamando la atención de sus contrincantes. Si el personaje tiene habilidades de ocultamiento y otro lo descubre solo ese personaje sabrá que está en el lugar a menos que lo mencione
.
Tras cada ronda se decidirá si el daño o defensa de quien gana, esto se hará por privado entre los dos moderadores de la campaña, cabe mencionar que el daño, si no es curado o tratado adecuadamente podría interferir en el futuro del personaje

Estas batallas serán canónicas en las historias de cada personaje, por lo que sea que suceda (Incluso muerte) no hay manera de evitarse.

La batalla durará 8 rondas, donde se dictaminará el equipo ganador o perdedor, pudiendo capturar rehenes o matándolos si todo el grupo está de acuerdo (Los que perecen no podrán opinar)

El tiempo de respuesta será de 72 horas como máximo, si en ese tiempo no hay respuesta el daño pasará directo o por el contrario el bloqueo será absoluto.

En caso de no poder responder avisar al líder de facción, pudiendo así mover el turno o evitar el daño directo, dependiendo la situación.

No se admite metajuego de ningún tipo.

Tres faltas y el personaje morirá canónicamente.

[med][b]Turnos[/b][/med]

Siegfried, Lianette, Kalaran, Lazslo, Yuri

Este será el orden de los turnos
 
 
[center][youtube=https://www.youtube.com/watch?v=JoBExJpDVSw][/center]

-Los dados habian sido echados por parte de la faccion que luchaba en favor de la familia real de Eirween, los lugares habian sido fijados y cada uno de los equipos habian sido asignados con su propia mision en orden de proteger un area especifica, no habia duda alguna, la Guerra habia iniciado para todos los presentes, una cuyo final seria incierto. Siegfried había partido junto a su madre y su aliado Kalaran hacia el laboratorio, durante todo el viaje corto este se mantendría en silencio, habian demasiadas cosas que pasaban por su cabeza, mas que preocupación, mas que el odio que estuvo cosechando hacia el gran enemigo, era un sinfín de cosas las cuales le mantenían inquieto completamente.-

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/90/72/29/Siegfried-Russoft-Schwarzer-ID1XGARma-b.jpg][/center]

[b]…[/b]

-Mediante iban avanzando el albino pudo notar como varias personas ya eran evacuadas de las zonas pobladas, el ejercito hacia lo mejor posible para que los civiles no fuesen afectados por el conflicto que estaba tomando lugar en el imperio, ciertamente el caos estaba casi adueñándose de la población, reemplazando la paz que hacia no mucho reinaba sobre el continente. Ante todo el no dijo ni expreso nada, tan solo una vez giro su mirada hacia su madre, fijándose en su vientre, el conocía aquel secreto que ella guardaba, en su interior estaba gestándose una nueva vida, otro miembro de la familia estaba en camino, le era admirable ver que a pesar de estar en esa condición ella estuviese lista para luchar, sabia que su madre tenia una voluntad inquebrantable pero aun asi le era sorprendente.-

-La misión del albino era clara, no solamente iba a luchar por el derecho de existir que tienen sus sobrinos y todos y cada uno de sus familiares, uno que nadie puede negar, menos los caprichos de un ser que piensa debe medir cuantos deben existir, si no que también lucharía para proteger a su madre y la vida que se gesta en su interior en aquel instante, no tenia dudas, no tenia temores, estaba listo para darlo todo en esta batalla y poner en alto el apellido que porta.-

-Poco a poco el trio iba acercándose a la zona, apartada de varias edificaciones y demás sitios poblados podría verse como una planicie se alzaba en primera instancia ante ellos, algunos arboles se levantaban rodeando una edificación la cual a primera vista parecería una mansión para muchos, el lugar estaba tan bien cuidado que incluso el albino se había desconcertado, y era que seria esta la primera vez que visitaría el laboratorio de su madre, curioso que siempre había tenido el interés de conocer como era este y hasta una situación extrema podría verlo desde afuera. Los cielos no mostraban ninguna señal del sol aunque aun asi estaba iluminado, las nubes dominan la azulada inmensidad solo dejando que algunos rayos del sol traspasen atravez de estas, parecía que el astro rey estaba escondiéndose para no ver la guerra que se alzaba debajo de este. Los vientos eran calmos como si de un dia normal se tratase y no habian muestras de que fuese a llover pronto. -

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/20/93/94/Siegfried-Schwarzer-rgOrWfsSr-b.jpg][/center]

-El albino llevaba consigo una armadura la cual siempre cargaba cuando se trataba de una lucha, Incursio, una coraza construida de un metal conocido como “Nth” mismo que había encontrado con anterioridad en uno de sus viajes lejos de sus tierras de origen. La composición de la armadura protege al usuario de impactos elementales asi como de temperaturas extremas, dando también un aumento en las características de fuerza y velocidad, una protección extra que siempre seria de gran ayuda, la armadura tenia ciertos mecanismos en su interior, como generadores de escudos/armas de energía y conductores de electricidad, asi como contenedores de agua, si bien gracias a la experiencia con el dominio elemental tales objetos no eran completamente necesarios para el albino siempre podrían servir como una ventaja necesaria en el combate. En su espalda se encontraban dos espadas enfundadas, cruzadas en forma de “X” , la primera se trataba de Balmug, nombre con el que había bautizado a la espada creada de colmillo de wurm la cual su madre le había entregado tras la primera caceria, por otro lado la segunda espada era conocida como “La espada de Surtr” un arma que habría obtenido en otra de sus expediciones fuera de Eirween.-[center]

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/88/56/01/Siegfried-Russoft-Schwarzer-2DfUeuac0-b.jpg][/center]

-Tras empezar a acercarse a tierra el caballero, no, el príncipe nacido bajo el pecado de la ira seria el primero en despegarse del apoyo telequinetico de su madre, posando sus pies sobre el pasto para después observar sus alrededores esperando la llegada de quienes quiera que fuesen sus contrincantes en esta batalla, no estaba dispuesto a flaquear ni a huir, iba a luchar con todo lo que tenia a la mano en orden de que su familia saliese victoriosa y a la vez seguros de esta contienda, no le importaba sobre quien tuviese que pasar o a cuantos fuese necesario exterminar, sea quien fuese el que amenazara la seguridad de los suyos, el no se detendrá hasta eliminarlo de una vez por todas.-

[center][quote][b]Basta el instante de un cerrar de ojos para hacer de un hombre pacífico un guerrero.

Samuel Butler
[/b][/quote][/center]
 
 
[center]El momento había llegado, las cartas estaban sobre la mesa y ya no había marcha atrás... No ahora. El viaje desde Heilween hasta su laboratorio lo sintió tan largo, a pesar de ser en un corto lapso de tiempo. Sentía ira, coraje por ver como una persona amenazaba a su familia, que los veía como si fuesen bestias incapaces de controlar su sed de caos. Durante su reinado, Liannette siempre trató de traer la paz a donde sea que fuera, siempre quiso tranquilidad para ella y los suyos, terminando con los tiempos de tiranía de su padre; trató que todos los errores del antiguo líder de la familia fuesen borrados y la historia fuese reescrita; una nueva era para los Schwarzer. Pero tal parece que la paz que tanto anhelaba la emperatriz era vilmente amenazada por un ser que hace un tiempo atrás le había advertido que no debía tener más hijos y no debía haber más nacimientos wurm. Cuando sus hijos, Sigrid e Indra incumplieron con esa amenaza, teniendo no solo a uno, si no a dos hijos, es entonces que el enemigo amenazó con arrasar con toda la casta de la albina. ¿Sentía miedo? Sí. No por ella, si no por sus hijos, aquellos hijos a quienes veía como su tesoro más preciado, el más grande y único que nunca pudo lograr tener por tanto tiempo. Los amaba a todos y cada uno de ellos, y ahora, en ese momento sentía miedo por no estar cerca de Sigrid, quien se había ido a otro punto de Eirween, a protegerlo.

En su cabeza se preguntaba una y otra vez que haría en caso de que Sigrid saliera lastimada, ¿cómo es que de un punto podría llegar a otro tan fácilmente? Y si lo hacía, ¿quién cuidaría de Siegfried? Tantas preguntas y el miedo que se arremolinaba en su estómago y en ese leve abultado vientre, el cual apenas y se distinguía de los pliegues de su abdomen plano.

Cuando llegaron al laboratorio. Dejó que Sieg se posara sobre el suelo y ella se quedó en el aire, pero descendiendo un poco, quedando a escaso medio metro de altura. Con esa altura sabía que podría ver fácilmente cuando el enemigo se acercara. No sabía quien o quienes o cuantos vendrían contra ellos, pero de lo que si estaba segura, es que no dejaría que su casta cayera tan fácil.

A los costados de su cuerpo se encontraban sus espadas mellizas, [b]"Seven Hells"[/b] y [b]"Seven Heavens"[/b], espadas que le habían sido otorgadas en un tiempo atrás y con quienes había cruzado inmensas travesías y experiencias en el campo de batalla. Portaba su armadura, que a pesar de solo cubrir sus manos, antebrazos, piernas (Hasta debajo de sus rodillas), su vientre y caderas, era más que suficiente para ella, ya que, una pasiva activa que ella siempre llevaba era la pasiva de "Piel dura", que consistía solo en que su piel era casi tan resistente como la piel de su verdadera forma, la forma del wurm.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/76/35/76/Liannette-Schwarzer-pQ1TePlgc-b.jpg]


[c=#808080]— Debemos estar listos para cualquier situación... Sieg, Kalaran, cuento con ustedes. [/c]

Fueron las únicas palabras que la emperatriz pudo darle a ambos hombres, intentando no mostrar el inminente miedo que, ni siquiera en sus ojos se reflejaba, miedo que se tragaba para si misma, miedo que no la derrotaría fácilmente.

[sep]

[quote]Adelante, Yuri... Solo uno de los dos quedará con vida y esa... Esa seré yo. [/quote][/center]
 
 
Silencio. Esa palabra describía todo de él, su caminar, su presencia e incluso sus pensamientos. Había bloqueado todo lo externo, no pensaba nada fuera de lo que su misión conllevaba. Había llegado primero, solo por unos minutos antes que los contrincantes y había preparado el terreno para sus juegos, pues ese era el trabajo de un Ragabash ¿No? Su mirada y su atención se posaba en quienes llegaban, identificándolos enseguida. sus dedos temblaban ligeramente, no por el miedo, pero enseguida dejaron de hacerlo para así concentrarse en lo importante. Su olor era el del agua, su presencia no perturbaba a los animales, que incluso lo ignoraban por completo, puesto que siquiera lo veían gracias a que no lo buscaban activamente, puesto que no sabían que se encontraba allí. Benditos espíritus de Camaleones que le habían enseñado aquello. Su respiración era muy pausada, y solo exhalaba cuando el viento soplaba fuerte,

Frente a él se encontraba un Sniper Rifle M91 de calibre 7.62x54r mm, una joya de la tecnología de su nación. Esperaba paciente, tranquilo a que sus objetivos se confiaran. Las balas no eran balas comunes, eran balas con puntas de obsidiana, si, un material inusual para un arma así, estaban imbuidas con espíritus de dolor, ya de por si, sabiendo que tal vez el impacto no mataría a su contrincante, le causaría un dolor extremo que lo dejaría incapacitado para actuar durante un breve periodo de tiempo, el suficiente para cambiar el rumbo de la batalla. Por si eso no fuera poco, en su espalda, justo en la curvatura natural a su baja espalda llevaba un arma llamada "Daga colmillo" fabricada con los colmillos de algún heróico Garou caído en batallas ancestrales. A su costado diestro llevaba una Beretta Parabellum, no la había utilizado aún, sus balas estaban hechas de los mismos materiales. Se había preparado para esta batalla.

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Su falta de movimiento entumecía ligeramente su cuerpo, pero aquello no era nada de lo que no estuviese acostumbrado. Primero, muy lentamente, fijó la mira y apuntó a Liannette, observando su rostro decidido, sus cabellos y luego bajó ligramente para ver su vientre. Si, aquel garou sabía aquel secreto que guardaba celosamente, negó con su cabeza y volvió a acomodar su mira para apuntar a Siegfried, el hijo de Liannette, con el cual había entablado conversación solo una vez y brevemente- [c=#802D2D][i]"Creo que se llevará una sorpresa[/i][/c]" -Pensó cuando acarició el gatillo suavemente, aunque sabía que aún faltaba mucho para poder disparar-
 
 
[c=#663300][center]"Veo una tiniebla gris en el horizonte
Que promete que va a salir un sol poderoso
Para derretir a todas las lunas
Va a hacer que los antiguos fuegos de purificación
Parezcan brasas moribundas"
[/center][/c]

La tierra estaba llena de vegetación, la hierba ondeaba frente a los suaves vientos que con su bonanza estaba ajeno a lo que en ese lugar sucedería.

El hombre lobo estaba preparado para la contienda, esta vez estaba fijo en su objetivo. Sus proezas y su linaje le daba fuerzas más que suficientes para que con un aullido, un aullido elevado, cualquiera que entendiese el lenguaje animal entendería este como la llamada a la guerra, estremecedor que desasosegaba a los contrincantes tomaran la atención del anciano guerrero. Su vestimenta era diferente a lo que estaba acostumbrado a usar. pantalones de cuero y botas, su torso desnudo por completo, exponiendose a heridas y a las impertinencias del clima su cabello siempre bien arreglado ahora estaba alborotado por el viento al igual que su barba canosa. De igual manera que todos sus compañeros jinetes decidió no llevar a su corcel ¿Casualidad? Probablemente. Su rostro no expresaba miedo ni duda, solo. Su diestra empuñaba su arma predilecta, su Gran Klaive, ganada en combate cuando aún era un joven ¿Cuantos años habían pasado? ¿40 años ya? La empuñaba con firmeza. La zurda en cambio portaba un arma completamente diferente, un arma conseguida recientemente, también lograda por méritos propios, la Chaoseater. Ambas espadas comúnmente deberían ser usadas a dos manos, pero la gran fuerza del garou permitía usar ambas. Estaba decidido a darlo todo en el campo de batalla.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/10/88/77/Yuri-Konietzko-3j7aXSuVn-b.jpg]

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/19/14/77/Yuri-Konietzko-CcM91NwCQ-b.jpg]

Sus pasos lentos, pues ni la más grande montaña es capaz de parar la tormenta, solo el choque del viento aumentaba la tensión. y en comparación de sus contrincantes él estaba solo. o al menos eso es lo que parecía. Su respiración era calma, en contrapartida a sus ojos llenos de rabia letal. La botas parecían hacer estremecer la misma tierra, tierra que con cada paso se movía a voluntad propia. Aquel escenario había sido santificado anterior a la incursión y había sido consagrado para un ritual sagrado. Los cuervos se posaban en los árboles, posiblemente como Heraldos Mensajeros. quienes llevarían las noticias lo más rápido posible a todas direcciones, tanto terrenales como espirituales. No interferirían en lo absoluto.

Cuando estuvo a unos escasos 30 metros tomó una posición completamente ofensiva, su pie diestro estaba por detrás de su pie izquierdo para así balancear en poder ambos lados, siendo diestro, cosa que solo quien estuvo en pendiente a sus estilos de pelea en el torneo podría darse cuenta de ello. las empuñaduras apuntaban a lo alto, casi uniéndose en la cúspide de ambas, inclinó un poco la mano diestra, cerrando más la postura formando una especie de "X" para balancear un poco más la defensa, pero no lo suficiente para poder responder un ataque con un bloqueo. Su objetivo era claro, no necesitaba mencionarlo ni menos que los contrincantes supieran de este. De todas formas estaba todo dicho ¿No? Los brazaletes con púas en sus muñecas que cubría hasta casi la mitad de su antebrazo segía portándolas, dandole un gesto aún más amenazador pues él era Guerra, y la Guerra siempre deja víctimas.



[c=#663300][center]"Dejo que la cuchilla hable
Para que mi lengua se transforme en hierro
Y mis palabras en el grito poderoso de la guerra
Descubriendo la flecha de mi ira divina debe acertar"[/center][/c]
 
 
-Su respiracion era calma aun cuando la situacion poco a poco se tornaba mas tensa, pudo escuchar las palabras de su madre a quien solo giro su mirada para verle unos instantes, sus ojos en ese momento pasaron de mostrar esa frívola expresión con la que había llegado para mostrar un poco mas de calidez y calma, a pesar de que desconocia cuanto miedo cargaba su madre internamente sabia que había al menos un rastro de eso en ella, después de todo conocía a su progenitora y el amor que profesaba por sus hijos, era normal que temiese por ellos; con su mirada trato de expresarle que todo estaría bien, que no se preocupara en absoluto. Conocia bien a sus hermanos, Sigrid era una gran peleadora, si bien su fuerza física no era tan grande su ingenio y habilidad eran imposibles de comparar por lo que no temia por ella, aunque le parecio extraño no llegar a ver a Lena o a su tio, pero se imaginaba que estaban en un lugar seguro, talvez listos para unirse a la pelea.-

-Tras ello volvió a fijar su mirada al frente, retomando su frívola expresión ¿Furioso? Probablemente, era obvio que no sentía alegría por la situacion pero tampoco perdia el control por el enojo, tenia un objetivo y no iba a permitir que sus emociones le alejaran de este. Seria ahí cuando la llegada de los cuervos y a su vez, de la cuarta presencia le pondrían alerta al instante, podía reconocerle desde la lejanía gracias a su vista desarrollada, se trataba de El.-

[b]…..[/b]

-No expreso nada, no dijo nada cuando observo la llegada de aquel que se había atrevido a desafiar a su familia, a poner en peligro lo mas importante para el, Yuri Konietzko. Habia tenido varios encuentros con el en el pasado, algunos fueron peleas cortas otros diálogos irónicamente calmos y a su vez gratificantes a pesar de que ambos fuesen enemigos, ciertamente algo inusual pero que al menos para el le fue de provecho puesto que la cordialidad siempre fue algo que Siegfried guardaba en su ser, mas ahora ya no había tal cosa, ese era el momento, la hora definitiva en la que lo que se gesto por tanto tiempo tomaría lugar, la batalla contra el garou.-

-No puso mente a las aves que llegaron al lugar mas aun asi estuvo atento a estas, a pesar de lo que parecía el albino estaba consiente de todo su alrededor, la experiencia le había enseñado que en una guerra siempre se debía tener todo en cuenta, después de todo no era una batalla de torneo, un enfrentamiento amistoso o un entrenamiento, esta era una guerra y como tal siempre debía tener un plan para pelear en ella. Este solo dio un paso al frente, tomando con una de sus manos la Espada de Surtr, no iba a usar por ahora a Balmug en esa batalla al menos que de verdad fuese necesario.-

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/24/46/82/Siegfried-Schwarzer-7Re0250kO-b.jpg][/center]

-Su siguiente acción fue posicionarse en una postura defensiva, poniendo el arma sostenida con ambas manos de forma oblicua, cubriendo su torso hasta llegar a la altura de su cuello, abrió ligeramente las piernas y las puso firmes sobre el suelo, la hoja del arma emanaba un aura casi llameante pero no se trataba de fuego exactamente, el yelmo de la armadura asi como todo su cuerpo le protegia, mas si esta llegara a fallar aun lo haría su piel dura, después de todo gracias a diferentes experiencias había logrado dominar gran parte de sus habilidades como wurm por lo que en ese instante ya era capaz de usar tal habilidad pasiva.-

-A pesar de todo, no se movia, no se lanzaba al ataque del garou, ¿Por qué lo hacia? ¿Miedo? Al contrario, el wurm de la ira era impulsivo pero no estúpido, era mas seguro que fuese el quien esperara un ataque a tomar ese turno, no sabia si había algo mas a los alrededores o si quizá su contrario estaba esperando ello por lo cual seria el albino quien esperaría el ataque para poder responder como tal. Sus piernas estaban listas para correr o saltar de ser necesario y la posición de su espada era correcta para defenderse o atacar, sus sentidos agudos estaban atentos al entorno, enfocándose mas en el oído, por lo que solo restaría esperar.-

[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/03/14/69/03/Siegfried-Schwarzer-BhhqcES6n-b.jpg][/center]
 
 
[center]Tranquilidad; eso le transmitió la fugaz mirada de su hijo varón, el menor de ellos. Asintió con la cabeza, no necesitaba palabras de él para entender todo lo que él quería transmitirle, pues él más que nadie la entendía y entendía su preocupación y más por su estado, al estar en cinta. Su hijo [b]Siegfried[/b] era el primero y el único de sus hijos que sabía de su embarazo y de ese rápido crecimiento del feto en su cuerpo. Una vez más su mano tocó su propio vientre el cual observó por unos segundos, con una enternecedora sonrisa en sus labios; lo que estaba creciendo en su ser era el producto de un extraño amor que había llegado a su vida y que sabía que, a pesar del tiempo, la distancia y las ausencias, era algo que no se iba a apagar con facilidad; un pequeño secreto que ella y solo ella sabía y que nadie más debía enterarse; quien era el padre de esa criatura.

Sus pensamientos fueron asaltados cuando una conocida presencia se sintió en el lugar, junto con la mezcla de pensamientos de su hijo, el cual sabía que, al ver a ese hombre que hizo acto de presencia, su hijo ardería en su pecado; la ira.

Empuñó ambas manos y las bajó a los costados de su cuerpo, observando como [b]Yuri[/b] iba aproximándose más y más al lugar; tenía tiempo de no verlo, de no saber de él, del peor de sus enemigos, incluso, el más letal de todos. Quería decir tantas palabras, pero todas se quedaron atoradas en su garganta y las guardó en su pecho; su corazón se aceleró y sus pies tocaron finalmente el suelo. Dio unos cuantos pasos al frente y observó por el rabillo de sus ojos a su albino hijo, llevando una de sus manos a su hombro para que este se calmara, nada ganarían si él perdía la cordura y de eso ella sabía mucho, pues, al poseer el caos y la destrucción y ser ambos su alimento principal, sabía lo que era perder la razón fácilmente. Retiró su mano y cuando vio a Yuri detenerse frente a ellos a unos cuantos metros, Lia llevó ambas manos a las empuñaduras de sus espadas gemelas [b]“Seven Heavens”[/b] y [b]“Seven Hells”[/b].

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/64/46/41/Liannette-Schwarzer-Yn3jUv4sZ-b.jpg]
[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/64/46/42/Liannette-Schwarzer-LfVbuWNmB-b.jpg]

La diestra la llevó sobre Seven Hells y la siniestra sobre Seven Heavens, desenvainando ambas espadas al mismo tiempo, haciendo una forma de “X” en el acto al tener sus brazos cruzados. Al tener dichas armas fuera, giró a Seven Heavens para que su filo quedara apuntando hacia atrás, mientras que Seven Hells la posicionó frente a su cuerpo en forma diagonal; con ello cubriría ambos flancos, la espalda y el frente. Su mirada, furiosa, irritada, se clavó en el garou, frunció el entrecejo y mordió su labio inferior; se sentía enfadada, enojada por todas las amenazas que había recibido por parte de este, el pensar que él quería acabar con su paz, con su casta y eso, como líder, como emperatriz y como madre no lo iba a permitir; cual animal hembra iba a defender a sus crías; una peligrosa leona que no dejaría que nadie tocara ni un solo cabello de sus crías.

[c=#8C8C8C]— Finalmente frente a frente, Yuri… Cazador que busca a su presa… Una leona que no permitirá que nadie toque a sus crías. Conocerás la ira de una madre dispuesta a proteger a sus hijos.
[/c]
Colocó la pierna diestra al frente y la siniestra detrás, flexionando ambas rodillas, esperando el momento oportuno para lanzarse al combate. El viento era el único que hacía ruido en el lugar, aquel que movía su larga y blanca cabellera.

[c=#8C8C8C]— Nymeria. Protocolo de protección. Pon en marcha el laboratorio. [/c]

Musitó, suave aquella orden que sería tomada por la androide que se encontraba en algún lugar del continente, su paradero era desconocido. Del brazalete que tenía en su muñeca se escuchó la voz de esta misma respondiendo:

[c=#608080]— A la orden, Emperatriz Schwarzer.[/c]

Mencionado esto, en su brazalete apareció un reloj de conteo regresivo que iniciaba en 2 minutos, corriendo hacia atrás.

[c=#608080]— Protocolo activado, lanzamiento en 2 minutos. [/c]

[c=#8C8C8C]— Muy bien, Nymeria. Sabes a donde debes transportarlo.[/c]

Terminó de hablar y mantuvo la mirada en Yuri esperando el primer movimiento por parte del garou.

[image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/02/81/16/87/Liannette-Schwarzer-1GNi0Vzyf-b.jpg]
[/center]
 
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Batalla en el laboratorio [ Liannette, Siegfried, Kalaran / Yuri y Lazslo] | En las Fauces de la Bestia | iOrbix
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