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Acompañó con sosiego, a espaldas de Athena y su actual acompañante; una joven peli-roja con unos ojos que se le asemejaban a un río profundo, verdoso, caudaloso. El crujir metálico de sus pisadas parecía hacerse muletilla de su absurdo silencio, mientras avanzaba, con su erguida postura y mirada valerosa.

Sonrió a medio labio, mostrando cierto grado de empatia por la joven; su mirada, aunque temerosa, reflejaba un brillo inusual que le invitaba intrépida a dudar acerca de su fragilidad, esa que percibió con solo verla. — [i][c=#608FBF]¿Es una Diosa realmente? [/c][/i]— Su inquisitiva mirada se clavó ahora sobre su Diosa; la gracia de sus palabras, de su paciencia o su extrema bondad le hacían querer enterarse de cualquier por menor de lo que ocurría allí.

Sin darse cuenta, habían llegado la morada patriarcal, no se percató del momento en que ascendieron hasta allí, quizá por estar ensimismado (?). Detuvo asperamente sus pasos tras llegar al salón de audiencias y giró su cuerpo para darles la espalda. Solo las acompañaría hasta allí, no era apropiado que un Caballero atendiera cuidado a una conversación divina.
 
 
Esperó pacientemente por las despedidas de la joven y mientras permanecía admirando un poco más el pueblo. Esas pequeñas casitas albergan familias que felices conviven día a día. Cuando todo estuvo listo, la diosa asiente y da la señal a sus caballeros para que emprendan el regreso al Santuario.

Mientras avanzan, llama al mensajero que los acompaña y lo envía por delante de ellos, le solicita que llegue lo antes posible y ponga al tanto de su regreso a los habitantes del lugar. Esto, principalmente por precaución al llevar una invitada inesperada.

Acerca las flores a su nariz e inhala profundamente, llenando sus pulmones del suave y delicado perfume de las rosas. Luego de ello, aprieta el ramo contra su pecho y sigue caminando con tranquilidad.

Tras de un tiempo, y aquella larga caminata, logran llegar a lo alto del santuario, y se dirigen directamente a la sala de audiencias donde normalmente se reúne la comitiva de santos con la diosa y el pope.

—[c=#8F60BF]Bien, cuéntame los detalles, Faye. ¿Por qué Ares te ha robado tu reino? Y ¿Cómo selló tus poderes? [/c]— Esa es la petición de la diosa para con la joven, esperando obtener una mayor información que le permita crear una buena estrategia para poder ayudarle.
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[center][image=https://photos1.iorbix.com/00/00/00/00/01/79/63/18/the----bEK82r3Bk-b.gif][/center]
 
 
En el momento de que pudiera responder, notó a aquel caballero casi interponiéndose entre ellas, lo cual hizo resignar un poco a Faye. Su esperanza se vio florecer al sentir aquellas manos pálidas tomar las suyas, levantó su mirada sonriendo y sin más se reincorporaba de nuevo, dando un pequeño suspiro.

[b][c=#8FBF60]—Muchas gracias, Athena… yo le contaré todo acerca de lo sucedido… [/c][/b]

Hizo una pequeña reverencia mientras se dirigía al interior de aquella tienda, hablando con la anciana de lo que había conseguido pero al notar que el lugar era muy estrecho por el montón de plantas que podías haber, siguió la recomendación de Athena para ir al Santuario

[c=#8FBF60][b]—Creo que es lo más conveniente pero deje que me despida, la anciana me ayudo a recuperarme y sin ella no estuviera aquí…espere aquí.[/b][/c]

Faye soltaba suavemente la mano de Athena y se volvía hasta la anciana, haciendo una reverencia para agradecerle por todo lo que había hecho por ella en esos días, realmente se sentía bien y si conseguía regresar a su reino, protegería a aquella casa con su alma. La dueña de la tienda sonrió tomando de la mesa una pequeña caja en la que contenía aquel secreto de ella para ponerle color a las flores que Faye jamás lo había logrado hacer y entregaba un ramo de rosas rosadas para la diosa Athena y le deseaba suerte a ambas en esa dura misión .

Faye salía de allí con ambos objetos en sus manos, sintiendo un pequeño nerviosismo en su cuerpo para así dirigirse a Athena y entregarle el ramo de rosas rosadas en sus manos.

[c=#8FBF60][b]—La anciana dice que espera que regresemos a este lugar y pueda visitarla… ya podemos retirarnos Athena. Una vez mas gracias por concederme charlar con usted.
[/b][/c]
Dicho esto, Faye comenzaba a caminar junto a Athena, prestando atención a sus acompañantes, los caballeros dorados, en la cual le llamó la atención en conocer a cada uno de ellos en un futuro y poder llevarse bien antes de volver a su reino, pues estaba esperanzada en su regreso a ese pacifico lugar.
 
 
Escoltó con cierto entusiasmo a su Diosa desde el pico del santuario, hasta las calles del Rodorio, donde, cauteloso mantuvo aquél avizor tan propio en él; deslizó de diestra a siniestra sus ágatas y las devolvió finalmente a la joven de cabellera violeta, asegurándose de su bienestar y encontrando en su humilde articular el consuelo que requería su orgulloso espíritu.

Las calles del Rodorio mantenían su característica calzada en adoquines y sus edificios, como si hubiesen sido congelados en el tiempo, conservaban su singular y pintoresca esencia: casas amplias, de frentes níveos y marcos en madera perfectamente empotrados. Su arquitectura, sin lugar a dudas, le generaba un sabor dulce en los labios.

Los pobladores, parecían consternados al ver a la Diosa y a algunos de sus caballeros, a quienes creían estaban muertos y lo que les delataba, no era más que aquella armadura áurea que brillaba junto a la luz del astro solar. Parecía un cuento de hadas, uno increíble o absurdo para creer.

—[c=#608FBF][i]Me pregunto si ella aun estará aquí...[/i][/c] —Su mente divagó ligeramente al encapsularse, por las fachadas y su sugestiva a visitar el pasado, a preguntarse por el paradero de cierta persona en particular, quien, para aquella época, debería ser una mujer.

[i][c=#E50000]- Diosa Athena… es un placer tenerla en este lugar y más porque hay algo que quiero pedirle. Mis poderes han sido sellados así como mi mundo por el Dios Ares… Mi nombre es Faye, hija de Atis y de Cibeles, ambos muertos por ese dios hace mucho tiempo… yo solamente quiero volver a estar en donde pertenezco ¡Por favor ayúdeme!-[/c][/i] El agudo tono de voz de una muchacha, parada frente a Athena le hizo reincorporarse en sí mismo; notó, de cierto modo, angustia en su mirar. Acortó distancia entre ambas y cuando se había decidido a plantarse en medio de ellas, Athena levanta paciente su brazo con palma extendida, dándole a entender que debía detenerse.

Asintió, devolviéndose a espaldas suyas. Verdaderamente, la humildad y nobleza del corazón de su Diosa no tienen igual, sonrió, tenuemente dejando caer la mirada junto con su mentón, exteriorizando, tras su sonrisa, la aprobación a la decisión de Athena y solo la levantó, cuando éstas, decididan retirarse del lugar a donde sin lugar a dudas, él las acompañará.
 
 
Con una sonrisa cálida y el gesto amable, la animosa joven de violáceos cabellos avanza caminando lentamente por las calles adoquinadas de la aldea. Hacía poco que regresó del sueño eterno para proteger a la humanidad, antes de tiempo y en condiciones extrañas, gracias a causas aún desconocidas, por lo que decidió visitar la aldea de Rodorio para saludar a sus fieles habitantes y protegidos.

Escoltada por algunos de sus santos, solo por precaución, Sasha saluda a las personas que amablemente se acercan a ella para tomar su mano e incluso obsequiarle alguna fruta o una flor. Todo transcurría en total calma, la risa jovial de la diosa del santuario brindaba calidez y esperanza a todos.

—[c=#8F60BF]¡Que la fortuna esté con ustedes![/c] — Comentaba con agrado mientras estrechaba las manos de una tercia de pequeños traviesos que acudieron a tomarla de su manto.

—[c=#8F60BF]¡Es una buena cosecha! [/c]— Alaba con sinceridad a un par de ancianos que le ofrecen una bella manzana carmesí, tomada de los enormes cestos que llevaban colgados a la espalda.

Todo era armonía y tranquilidad en ese paseo. El ver la cotidianidad en la aldea, la gente barriendo la entrada de sus casas, sacudiendo sus tapetes por las ventanas, aquellos que van y vienen cumpliendo uno a uno con sus deberes, le trajo una sensación de alegría mayor. Todo aquello es parte de los motivos por los que feliz usa todo su poder para proteger a la humanidad, la vida merece ser preservada de todo aquello que intenta atentar en contra. Inmersa en esos pensamientos, camina por la calle principal, el delicioso aroma de las flores llama su atención y gira el rostro hacia el bello local, apenas estaba acercándose a este cuando su trayecto fue interrumpido por una joven que, inesperadamente, se arrodilla ante su persona.

[quote]Faye:- [c=#E50000]Diosa Athena… es un placer tenerla en este lugar y más porque hay algo que quiero pedirle. Mis poderes han sido sellados así como mi mundo por el Dios Ares… Mi nombre es Faye, hija de Atis y de Cibeles, ambos muertos por ese dios hace mucho tiempo… yo solamente quiero volver a estar en donde pertenezco ¡Por favor ayúdeme! [/c][/quote]

Todo aquello fue repentino y tan rápido que, al principio, Sasha, se quedó un poco desconcertada sin saber cómo reaccionar. Uno de los caballeros que la escoltaban estaba por interponerse entre ellas, pero Athena levanta su mano con delicadeza haciendo una señal para que se detenga.

La diosa se acuclilla y toma las manos de la joven, las aprieta con suavidad y ternura entre las propias y busca su mirada para mostrarle el afecto y la compasión que su historia le ha hecho sentir.

—[c=#8F60BF]Levántate, Faye. Te ayudaremos.[/c]

Athena se incorpora de nuevo y ofrece su diestra a la joven para que también se levante.

—[c=#8F60BF]Necesito pedirte que me cuentes todos los detalles de tu historia, solo así podré decidir la mejor forma de ayudarte a recuperar lo que te fue arrebatado. Ven conmigo… [/c]

Inicialmente pediría permiso a la anciana para conversar con la joven en el interior del local de flores, pero, luego de meditarlo por unos segundos, la joven decide que es mejor llevarla al santuario en donde estarán más seguras de peligros y espías.

Es así como el tranquilo paseo por las calles del Rodorio termina y comienza el ascenso de vuelta al santuario en donde la joven podrá contar su historia a detalle y por fin, obtendrá la ayuda que necesita para recuperar al menos una parte de su vida.
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