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** Aquella sede secreta de la nueva organización de Terra conocida como LOS se encuentra aprisionada en una montaña, siendo parte de la misma. Escarpadas y grandes rocas dan un aspecto sólido y fuerte a aquella edificación de la naturaleza, y de entre sus paredes sobresalen verdes y húmedas plantas como enredaderas y musgo. Una de estas grandes piedras en particular tenía la imaginativa forma de una cabeza, con dos notables hendiduras separadas estrechamente que, dándole bien a la mente, fácil podrían pasar como dos cuencas de ojos.
Para acceder al interior de la montaña, el interesado debe de "entrar desde dentro", es decir, que desde el exterior de la montaña no se puede acceder. Este mecanismo es posibilitado gracias a los objetos que cada miembro de la organización posee, que provoca en sus energías la aparición de un vínculo instantáneo una vez se activa, desde dentro, un sello de energía. Secretos y misterios a parte, estos objetos ahora mismo, estuviesen donde estuviesen sus dueños, se encuentran vinculados.

Una gran plataforma de piedra se eleva desde un gran precipicio en forma circular, cuyo fondo no logra abarcar la vista. Aquella torre se encuentra, a su vez, dentro de un cráter invertido, cuyo fondo se ubica hacia arriba, en el techo, y sus bordes iniciales junto a la torre, creándose una sensación de mareo en aquellos de visión destacada y en quienes sufren de cierto vértigo. El suelo de aquella plataforma es liso y pulido, y se deshace en piedras líquidas por los bordes, como si fuese un riachuelo que desborda sus aguas hacia el precipicio pero que en vez de agua lleva consigo piedras pequeñas. Alrededor del pilar de piedra no hay conexión sólida alguna con las paredes circundantes, alejadas varias decenas de metros en el perímetro. Lograr llegar a la plataforma a pie es imposible, y tampoco hay ningún sitio desde el que saltar pues la pared circular de aquel paisaje es totalmente plana, sin ningún tipo de agujero o saliente. No hay ningún atisvo de luminosidad natural; reina la más absoluta oscuridad, salvo por un detalle: una gran marca azul en el suelo que brilla intensamente y desplaza su luz hacia el techo y hacia el fondo, ambos imposibles de verse. Distribuídos por la plataforma circular, varias sillas de piedra, de diferentes formas y tamaños y todas ellas ancladas al suelo de forma natural, como árboles que han emergido de la tierra tras tiempo de gestación de sus raíces. Un total de 12 sillas dispuestas se pueden apreciar, separadas entre sí unos 4 metros salvo una, que distaría de su más cercana por la izquierda unos 10 metros y a su derecha, en cambio, apenas se separa de otra por 1 metro. Esta silla es muy pequeña, carece de respaldo y sus posabrazos ovalados están entrecruzados de lado a lado, como si su respectivo dueño tuviese que cruzarse de brazos para apoyarlos. La silla apegada a esta, en cambio, tiene un tamaño descomunal, un respaldo enigmático y unos posabrazos con grandes púas señalando al cielo.
En aquel escenario serían conjurados los integrantes de LOS mediante la función del sello, para cuyo funcionamiento una sombra de grandes dimensiones se había creado, abarcando toda la plataforma y dividiéndose en dos sombras alternas, cual gelatina partida en dos; una cayendo al vacío del precipicio y otra abducida por el techo sin fondo del cráter, creándose la luz celeste que conecta todas las sillas a un símbolo en el epicentro del suelo: un 8 tumbado, como signo del Infinito.
El primero en aparecer en escena sería Aino, ubicándose en la mencionada silla de menor tamaño. Viste exactamente el mismo atuendo que en la Reunión de AS: un traje oscuro ligero de una única pieza, que le cubre desde los pies hasta el cuello; cuello del que sobresale una majestuosa y sedosa capa roja que se mece por sí sola tras sus piernas. En su costado izquierdo, una katana enfundada en una vaina roja, y una espada similar sobresaliendo de su hombro derecho. Su cabeza protegida por un casco negro cuya visión le es permitida, con ampliaciones, por un triangular visor plateado en la franja de los ojos. Sentándose tranquilamente, esperaría la siguiente aparición del resto, sin orden de preferencia, quedando su capa alzada tras su cuerpo a modo de respaldo. **
 
 
*Tednria ya un rato de haber llegado aquel serafín, pero había dado primero un recorrido a manera de revisión de solo una parte de aquella majestuosa estructura de roca. Quizás habría llegado un poco antes de lo que pensó que sería en su anterior parada, luego de un lapso de tiempo su atención fue robada por una ser, la presencia de Aino dentro de aquel santuario le parecía de cierta manera curiosa, a lo que solo el ángel, desviaba la mirada hacia la diestra, a través del camino que dirigía hacia la sala de juntas*..

Ya veo…

*Exclamo tranquilo, como no había estado dentro de la reunión misma no tenía total certeza de si el actual líder LOS, había o no asistido realmente, pero que su presencia se encontrara dentro del castillo le hacía pensar que al final, y como siempre, nunca estuvo presente en carne y hueso, sonreiría un poco de medio labio, a lo quedaría vuelta, girando unos 180 grados, para iniciar su camino hacia la sala de juntas, desde que arribo solo tenía claridad de la presencia de riel, aunque no logro encontrarla dentro de la zona médica, seguro se habría retirado a sus aposentos, aquella gabardina negra se ondeaba a cada paso que el serafín daba en su trayecto hacia la sala de juntas, no estaba lejos, por lo que no tardó mucho en llegar a la puerta que daba paso hacia aquel recinto, alzo la mano diestra posándola sobre la pesada puerta y ejerciendo algo de presión hacia adentro para poder abrir la misma, poco a poco hasta que hubiera forma de cruzar, y una vez habiendo logrado abría lo suficiente se adentraría en la sala de reuniones, dando un par de pasos al frente observando las sillas y al final, en medio de todas, aquel ninja de baja estatura*

Es imposible que hubieses llegado tan pronto, lo que solo se puede significar que no fue te presencia corpórea la que estuvo en dicha reunión….

*Agrego el serafín mientras caminaba por el lado diestro de la mesa buscando la que sería su silla, sin perder de vista en ningún momento la fisionomía del ninja Aino*
 
 
Bienvenido joven Asura. (?)
 
 
- El Gran Escudo caminaba tranquilamente por un rústico sendero junto a su compañero, el demonio de la lujuria, acreedor del título, "Lengua de platino", estos venían con buenos ánimos después de haber ido a una taberna y beber amistosamente una bebida que nunca había probado antes el gigante, la cerveza, el titán quedó tan maravillado que insistió tanto con su testarudez e ideas fijas, que el ángel caído se vio obligó a pagar para él un descomunal barril de madera que contenía aquel delicioso y efervescente trago, que habría de llevar con suma alegría cargando por sobre su hombro siniestro, rodeándole con el brazo izquierdo, afirmándole durante todo el amplio trayecto desde aquella guardería que se pensaba una "aldea". Ya habían caminado una buena porción del camino hacia la supuesta guarida de "LOS" y hablaba con su colega de armas de forma más fraternal y pasó algo, en ese instante que articulaba sus palabras con su fuerte e intensa voz fue cuando súbitamente desapareció absolutamente de la nada, como si se hubiera movido a una velocidad tan grandiosa que se volvió invisible ante los agudos sentidos de su camarada, o simplemente se desvaneció completamente del escenario quedando ni el más mínimo rastro de su presencia, sin dudas, un suceso muy surrealista y extraño que habría de entender momentos después.-

[c=#663300]"Dime algo, por la cara de esa tal Hebikawa.."[/c] -Todavía con Umbra, y sucede aquel fenómeno interrumpiendo su habla.-[c=#663300] "... Seguro te la foll-Eh..."[/c] -Atónito.-[c=#663300] "¿Qué?"[/c] -En un desliz de sus tajeados párpados, se notó que ya no estaba con el diablo libidinoso, si no en un lugar totalmente distinto que nunca más había visto en su vida; Pero aún así su ágil mente, siempre en alerta se dejó menguar al ver al ninja pigmeo que le invocó, a quién se diriguió a él solamente diciendo su nombre. "[c=#663300]Aino.."[/c] y después siguió inspeccionando la habitación, encontrando su mirada con aquél Serafín que le daba mala espina, también pronunció su nombre, pero con un ácido y agrio dejo en las vibraciones de su varonil voz. [c=#663300]"Asura.."[/c]

"[c=#663300]Veo que esta es la supuesta reunión que me habías dicho... enano, veamos si haces las cosas más interesantes para mi."[/c] -Dijo con un toque de desafío, y posteriormente notó aquella gran silla que obviamente, sería la única adecuada para su apoteósica fisionomía, a cual habría de acercarse y sentarse respectivamente, sin nunca soltar aquel gran barril de cerveza, cual tendría el descaro de llevar un extremo a su boca, destapar el pequeño boquete acorchonado con sus dientes, escupirlo al suelo y después vierte aquel amarillento y espumoso alcohol en sus fauces. Siguió saciando su sed mientras esperaba que sucediera al igual que él, esa extraña hechicería que haría aparecer por primera vez, todos los miembros de la agrupación, juntos en un mismo punto.-
 
 
-Había pasado un buen tiempo deambulando por el templo, así poco a poco aprendía los caminos y lugares, del interior, aquel ser siniestro que deambulaba como un espectro por las inmediaciones, saldría finalmente del templo, dedicó una mirada a la gran torre en el interior, donde algo en el interior de sus ropajes, sacó de su bolsillo de su pantalón de color gris bajo aquella negra capa que cubría la totalidad de su cuerpo, sacando finalmente del interior de este y de su capa posteriormente su mano, la cual se podría apreciar como la carne del brazo y la mano se retorcía en finas fibras hiladas entre si, dando forma a aquella desagradable extremidad que finalizaba en largos y puntiagudos dedos, y en la palma de su mano sostenía aquello que celosamente escondía y guardaba en su bolsillo, una cadena dorada con un colgante con forma de ocho, el símbolo del infinito brillaba de forma intermitente, como si dicho peculiar objeto recibido no hace mucho le llamara a reunirse con los que seguramente sus compañeros de la organización llevaban consigo.-

[i]Ya veo, por fin es hora de conocernos, esto se torna interesante, jmjmjmjm.[/i]

-Finalmente apretó con su mano aquel dije, y su cuerpo se vio envuelto en una intensa luz, lo cual le resultó desagradable por ser un ser de la oscuridad, luego de abrir los ojos se vio en el interior de aquella sala de reuniones, donde pudo ver al pequeño líder sentado en la silla, a contraste con aquel gigante que se encontraba a su lado, bebiendo de aquel barril como cualquier salvaje, guardándose para si cualquier opinión al respecto, giró la cabeza y observó que también habría un ser angelical, sus orbes dorados que brillaban intensamente en la penumbra proyectada por la negra capucha que cubría su cabeza. Esbozó una sonrisa, la cual no se podría apreciar, salvo al ver sus orbes dorados deformarse al cerrar levemente sus ojos con sus parpados, a modo de cortesía, cargado de hipocresía, clara muestra de su desagradable actitud hacia los demás por su condición de demonio.-

[i]Vaya, tal parece que no estamos todos, pero puedo ver que mis queridos compañeros están llegando, muero de ansias por conocerlos a todos. [/i]

-No tardó en caminar hacía la mesa, buscando una silla acorde a sus proporciones, su negra capa rasgada por los bordes se arrastraba por el suelo, dándole un aspecto tétrico. Finalmente encontró la silla "ideal" y sin mas toma asiento escondiendo aquella demoníaca extremidad en el interior de su capa, guardando silencio y esperando tranquilamente a que los demás miembros llegaran y comenzar así la tan esperada reunión de "LOS" mientras sus orbes dorados se movían de lado a lado debajo de aquella penumbra que cubría su rostro, observando atentamente los gestos y movimientos de los demás, manteniendo escondida aquella sonrisa y ansiedad de la cual se estaba embargando.-
 
 
*Espero la respuesta de aquel pequeño líder que estaba de primero en el recinto de reunión, respuesta que no llego y algo sucedió, Aquel salto dimensional que habría traído consigo la presencia del gigante, que se le conocía como “El Escudo de LOS”, le llamaría la atención inicialmente, sin embargo no sería por mucho tiempo, aquel dije colgado en el pecho del arcángel con el emblema del ocho invertido también parecía reaccionar ante tal cruce dimensional. Tal llamado por lo que su atención se desviaría a este*

….Ya veo, con que de eso de eso de trata

*Exclamo el serafín antes de que el escudo de LOS mencionara palabra alguna y retiro la mano diestra del bolsillo de su gabardina llevándola hacia aquel dije que se encontraba en una de las dos cadenas que colgaban en su cuello, aquella con el signo del infinito, tomándolo y observándolo un par de segundos, pero su concentración seria irrumpida por la gruesa voz de Uronir, las palabras iniciales de su bárbaro compañero de organización solo le daría cierta gracia, era bien sabido que no se llevaban bien, por lo que solo pudo esbozar una sonrisa de medio labio, dirigiendo aquellos negros irises a la enorme fisionomía ajena y luego al barril que cargaba en su zurda*

…A mí también me alegra verte de nuevo, Uronir…

*Respondió de la manera tranquila, mientras soltaba su mano diestra de aquel emblema representativo del clan*

..Por lo visto alguien te compro un enorme biberón…

*Agrego mientras caminaba por el costado izquierdo de la mesa buscando su asiento y de repente aquel resplandor de luz aparecía dando paso a otro de los integrantes de LOS, uno que no conocía, pero a leguas para el que era un Arcángel exiliado de la orden oscura y guardián de la puerta del inframundo, notaba la presencia demoniaca que destilaba a simple vista el recién llegado, una presencia que había sentido en aquella aldea en la que había sido convocado*

….Así que la presencia dentro de la aldea era tuya..

*Agrego luego de escuchar las palabras que dirigía de manera hipócrita junto a la reverencia que presentaba el demonio, también aunque muy sutil por lo cual no presto mayor atención, la forma en que la mirada ajena parecía demostrar su desagrado por los presentes, suspiro brevemente encogiéndose de hombros hasta llegar a la que parece ser su silla*
 
 
Una saeta de luz en la oscuridad…


… El Lirio Blanco de LOS pasó por el acceso hacia la sala de reuniones, habiéndose guiado por las presencias que lograba sentir en el lugar, especialmente las dos que le resultaban familiares, correspondientes a Argosax y Asura.

El cabello iba en perfectas ondas, blanco hasta los tobillos con porciones por delante de los hombros, y su cuerpo fino iba enfundado en un “hábito” hecho a la medida, níveo y poseedor de bordados con hilos de oro, pequeños motivos de flores silvestres que recorrían verticalmente las líneas naturales de un corset, convergiendo a la altura de la cintura y finalmente delineando los primeros pliegues de la falda de seda dorada y recubierta por d’alecon blanco, dejando el centro libre de encaje. El cuello y el comienzo de sus brazos iban cubiertos con una suerte de armado delicado de encaje terminando en hombreras pequeñas cubiertas con plumas blanquísimas y ligeras que daba al atavío entero la sensación de ser “sagrado” y estas parecían salir de sus hombros, pues se insinuaban con delicadeza por el albor de su piel; y su armonioso y recatado escote estaba libre de tejidos, mas daba cuenta de que la elfa sabía cómo vestirse en una situación como esa. Su presencia fue atisbada desde la distancia, pues bajo su indumentaria aunque apenas visibles, se apreciaban la punta de unos zapatos que seguían la línea de la vestimenta, hechos con punta de oro y brillantes, y en general su imagen mostraba parsimonia, pero a la vez, la imagen sobria que tendría una sacerdotisa en cualquier grupo.

Observó tranquila tanto a Uronir, como a Argosax y Asura con júbilo al pasar, saludándoles con un ademán de cabeza, pero se detuvo en seco e incluso de sus labios se borró la sonrisa cordial que siempre llevaba encima, cuando en el fondo divisó la silueta de Aino.

- [i][c=#2D802D]Suilannad…[/c] [/i]-Dijo seria en saludo, mostrándose desentendida y reacia a seguir avanzando. Allí, de pie a un costado de la silla que ella creía le pertenecía, puso sus manos a la altura de su regazo una sobre la otra con una tranquilidad y control inusitados, rasgando los ojos con sutileza, tensando las orejas agudas hacia atrás, las puntas de estas últimas escondiéndose entre las abundantes hebras de su cabellera y finalmente, luego de algunos segundos, volviendo a trazar una suave y pueril curvatura en sus labios, agregando con gentileza.- [c=#2D802D][i]Es una verdadera sorpresa el veros luego de tantos años, maese ninja… [/i][/c]-El tono que utilizó fue tan sereno, que sólo Asura podría llegar a enterarse de su buen ánimo.

- [i][c=#2D802D]Maese Asura y Argosax, es un placer volveros a ver, y a usted,[/c][/i] –Refiriéndose al gigante.- [i][c=#2D802D]es un placer el conoceros. Me imagino que tendremos tiempo de presentarnos apropiadamente cuando estemos todos… [/c][/i] -Iba mirando a cada uno mientras dedicaba estas palabras, finalmente deteniéndose nuevamente en Aino, a la espera de una respuesta.-
 
 
*Fue tal vez, unos minutos después de que la presencia de la Elfa albina iluminará la habitación, que él apareció, emergiendo a la claridad de los ojos desde sus grotescas capacidades mágicas, pues a diferencia de los demás que habían sido convocados mediante un rayo relumbrante, la naturaleza del mefistofélico vampiro había torcido la magia de su medallón para que respondiera a sus caprichos. El vortex que abrió para él fue violentó, un ondulante y perturbador agujero negro que despedía a raudales una espesa nubosidad que atenuaba la iluminación.

De golpe, el hidalgo infausto se manifiestó desde aquellas tinieblas, atravesando el portal en un lento ascenso, primero la cabeza y los hombros, y más adelante el resto del cuerpo. Cuando su efigie hubo atravesado totalmente el belén infernal, el agujero negro se contrajo hacia sus propias entrañas sellándose de forma tan abrupta como había aparecido.

[c=#802D2D][i]Dama, caballeros.-[/i][/c] Los nombró así a modo de saludo. Su estoica figura erguida en medio de la sala dedicó una rápida mirada sobre cada uno de los presentes, manteniendo en obviedad una expresión engreída que iba acorde a su aspecto aristocrático. Bastaba con mirarlo para saber que se había quedado congelado en una época donde la nobleza gobernaba los designios del mundo y su comportamiento eran petulante como se podía esperar.

Pero a pesar de la blandengue apariencia que pudiera darle ese largo abrigo que terminaba en una suntuosa cola napoleónica, o peor aún, el pañuelo de seda colgando por su cuello, el tinte de su naturaleza castrense se asomaba con valor al echar un vistazo sobre el enorme escudo en su espalda, o el sable espartano descansando en su cintura. El hecho de que sus armas insignes acompañaran la indumentaria del príncipe vástago asomaba tenuemente la falta de confianza que tenía a pesar de todo con el grupo.

Avanzó entre los presentes con un paso lento pero firme, tomando lugar en una de los asientos vacios. A diferencia de los demás que se guiaron por las características de las sillas, él simplemente escogió su lugar seleccionando asiento más alejado a los seres que irradiaban un aura de luz, no como muestra de debilidad, si no de evidente rechazo.*
 
 
** Aquella lúgubre morada de alocada arquitectura se iría llenando poco a poco. El ninja asentado en su pequeña silla examinaría detalladamente a cada uno de los miembros que, por medio de aquella habilidad de llamada, aparecerían uno a uno. Primero divisa a Asura, quien hace una suposición correcta acerca de la nula presencia de Aino en la reunión con los Drama Queen. - Efectivamente, serafín. - Responde con aquella voz susurrante y ronca que le caracteriza y por la cual no se le permite acercarse a los colegios a menos de 2 kilómetros a la redonda. - Pero he sido consciente de todo lo sucedido. - Miente vilmente, pero eso Asura no podría saberlo; ni él ni nadie, ya que su siesta temporal no fue percibida tampoco por sus compañeros de aula. No necesita girar la cabeza para seguir el movimiento de Asura hacia su silla. Pero pronto su mirada es desviada ante un segundo miembro, Uronir, el cual parece llegar bajo un estado de confusión. El paranóico ninja enseguida se fija en el barril de cerveza que carga consigo, y en vez de suponer que su desorientación al llegar se debe a que fue convocado de repente, lo achaca a un posible estado de embriaguez. Este hecho (que no es un hecho por ser falso, pero al ser considerado por Aino como real es la auténtica verdad) disgustaría al ninja, que ya de por sí estaría ofendido por aquel adjetivo que últimamente es tan común para referirse a su actual tamaño: "enano". Pero antes de que pueda reprenderlo por su actitud y supuesto mal estado, un tercer miembro hace acto de presencia. Observaría con detenimiento a Argosax, aquel ser demoníaco del que poco o nada sabían los demás. No lo saludaría, ni siquiera realizaría algún gesto ante su llegada. Prefiere mantenerse quedo en su sitio analizando la situación, esperando que ninguno de los ya reunidos se levante en armas u ocasione alguna discusión; en este aspecto se fijaría sobretodo en Uronir. Y es precisamente la actitud de Asura ante Uronir la que pone a Aino en estado de máxima precaución. Su diestro brazo se alzaría ágil y repentino, con los dedos abiertos ampliamente y direccionado hacia la ubicación del gigante. Anticiparía una reacción violenta por parte del salvaje, ante la cual esperaría que su acción quedase reflejada en sus ojos como un signo de quietud y pasividad; como si el ninja mandase una orden de sosiego sobre el dueño del biberón.
La visión del psicópata depende de aquel casco, en concreto de la franja plateada que porta en la franja de los ojos y que le permite ver en 180 grados sin necesidad de girarse. Así puede apreciar toda la plataforma desde su silla, y por ello a todos los presentes, teniendo pleno dominio sobre la reunión.
Aquellos dos tampoco tendrían mucho tiempo de generar algún tipo de conflicto ya que una majestuosa y lumínica presencia se haría notar sobre todas las cosas. Una elfa de renombre cuyo portento era suficiente para llamar la atención de todos, en particular de Aino. Le complacería ver cómo aquella sonrisa habitual con la que Iriel acaece, se desvanece rápidamente al verlo a él.
- Verdadera y sobrecogedora sorpresa, deduzco. - El ninja se levantaría de repente, ayudándose del respaldo de su capa para ponerse en pie cómodamente sin uso de sus músculos. Querría crear una sensación de hostigamiento meramente temporal y de ilusorias malas intenciones en la elfa, como si su llegada fuese una ofensa para él. Su capa de limitado tamaño (pues apenas cubre la espalda de esos 1,20 metros de ninja) se alzaría sobre su cabeza, amplificándose las dimensiones de aquel material moldeable. Una gran sombra se orginaría en el suelo frente a él, y la capa se doblaría en su cúspide de forma puntiaguda, apuntando este filo pico hacia la ubicación de Iriel.
Tras unos segundos de nula acción, en los que ansía ver los resultados de su intento por asustarla, la sombra del suelo desaparece, consumiéndose en el aire como una humareda al ser soplada. Un sentimiento de nostalgia y de compasión se apodera del villano, consumido en gran parte por su 1/2 naturaleza humana, y también limitado por su inteligencia, que le dice que no es el momento ni el lugar para matar a aquella lúcida mujer; y esta prohibición se mantendrá, espera, por mucho tiempo... quizá para siempre.
- Siéntate. - Firme sentencia acompañada de un dedo índice elevado que la señala mientras desciende nuevamente en su silla, acoplándose la capa retráctil a modo de respaldo.
Y justamente aquella especie de orden retumbaría por la plataforma al unísono del lento caminar del legendario vampiro al que vio llegar pero ignoró saludar.

- Solo falta uno para dar comienzo la reunión... - Susurra para sí. Y es que precisamente falta el que debe de dar inicio a ciertas explicaciones, ya que el ninja desconoce algunos detalles que irónicamente debería de saber. **
 
 
Aún recordaba el sabor de la cebada humedeciendo su boca mientras esta pasaba por su garganta refrescando por completo su espíritu; bebida extraña de color negro, espumosa, efervescente y sabor dulzón a barril de cáñamo que, al igual que su compañero de armas, nunca había tenido la oportunidad de saborear y menos compartir con alguien ajeno a si mismo. Por un momento, tras el decimo tercer cuerno de madera lleno hasta rebosar de cerveza, unas pinceladas de rubor carmín adornaron los pómulos del ángel de la lujuria como símbolo de embriagues el cual procuró disfrutar con intensidad ya que su sangre y remanente de noxius natural, se encarga de inhibir los efectos del alcohol hasta hacerlo desaparecer tras unos minutos, pero mientras duró, “El Escudo de LOS”, pudo conocer una versión del peliplata relajada, de sonrisa sincera, chistes más negros que el gaznate de Leviatán y de orgullo honorable por todos los guerreros con los cuales se ha cruzado y de los que nunca habla.

Ya en el camino y de muy buen ánimo pese a que su estado etílico se había esfumado, departió con su compañero de viaje al cual se dedicó a escuchar, siempre le había gustado oír con atención las proezas de los guerreros y la pasión con la cual entonan cada una de sus dicciones, pero de repente, en medio de aquel camino baldío rodeados por la naturaleza, las palabras del gigante fueron silenciadas de forma tajante por lo que fue un desfogue energético que rasgó el telón de la realidad y el espacio en dos para engullir a Uronir para hacerlo desaparecer de forma abrupta. Fue así, como a sus pies, sobre el lodoso suelo del camino custodiado a lado y lado por verde y vivo césped, un gran circulo perfecto de luminoso oro se suscribió en torno al varón sombrío, luego las aristas aparecieron y formaron un hexagrama en cuyo centro se exponía el sello del gremio, “LOS”, el símbolo del infinito.

El viento comenzó a rugir con ira, sacudiendo los robles hasta hacerlos traquear, como si las sílfides expresaran su negativa ante aquel hecho que intenta apoderarse del cuerpo cubierto por ominosa armadura azabache con detalles en bajo relieve en forma de flamas que protege sus piernas, cintura y brazos, su cota de malla en el pecho y la capa carmín que se agita bestialmente en su retaguardia al compás de sus cabellos de plata pura. Le habían invocado y como cualquier demonio de su jerarquía sólo podía ser llamado mediante un sello de “maximum invocationem” que sólo los arcanos conocían y que gracias al dije en forma de infinito que brilla y se agita sobre su pecho hacía las veces de llave y vínculo, su cuerpo fue tomado literalmente por las sombras; un centenar de manos delgadas de mujer de negritud absoluta que le acariciaron de forma ascendente emergiendo desde los suelos y subieron por lo largo de sus piernas, tomaron su sexo pasaron por su cintura, pecho, cuello y rostro hasta simplemente hacerlo desaparecer entre lo que fue un gemido distorsionado de un coro de súcubos invisibles.

De la misma forma en la cual desapareció, Umbra Eterna emergió en escena formándose su figura en el centro del sello en medio de extravagantes gemidos y risas lascivas de mujeres ajenas a aquella realidad que desaparecieron al momento que aquel hombre se materializó por completo.

- Buena noche gente de “LOS”.

Sus perfume en plena expansión sutil se hacía presente en aquella estancia al mismo tiempo que llevaba su siniestra mano hacia el borde de su capa para dirigir esta fina seda sobre su hombro y cubrir mitad de su cuerpo entonando un porte señorial cual caballero medieval de alta alcurnia. Desvió su mirada hacia la oscuridad, allí donde las sombras se reunían para ver directamente al bien conocido Lord Vampiro al cual le dedicó una sonrisa de soslayo y una venia sutil en forma de saludo.
 
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