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No hacía mucho tiempo que tanto los líderes, como algunos otros miembros de respaldo habían partido hacia la reunión acaecida en los terrenos del bando enemigo. “El Lirio Blanco de LOS” por su parte tenía tareas propias en la guarida, un templo de monumentales proporciones escondido en profundas y amplias cavernas con unas pocas aperturas en zonas estratégicas, que entregaban un tenue reflejo azulado de la luz al exterior de la construcción y otorgaba la sensación de que el lar gozaba de una noche eterna. Sus estructuras fuertemente afianzadas a la base rocosa se encontraban plagadas de enredaderas muy húmedas por el exterior dando una imagen tan imponente como desoladora. Ningún humano o ser vivo con la voluntad débil se aventuraría tan dentro de una montaña y de lograrlo, no soportaría acercarse demasiado a la edificación.

El ala norte cerca del centro del santuario, sector asegurado a lo lejos por cinco altas torres de vigilancia cercando los jardines interiores bien cuidados y ornamentados, correspondía al sector de salud donde se atendía a los posibles heridos, y fue allí donde se estableció la doncella de los ojos de oro, ordenando lo necesario para una emergencia y posibles imprevistos. Gasas, alcohol de curar, vendas, cuchillas filosas semejantes a bisturíes, ungüentos antibióticos, antimicóticos y pociones de hierbas que tenían la misma función, estaban en comunión para asegurar un buen tratamiento en caso de que el poder arcano por sí mismo no surtiera efecto. Por otro lado, cajas de pociones de maná provenientes de muchos artesanos distintos se encontraban organizadas en un cuarto de almacenamiento, conjuntamente con las de salud, las que curaban venenos y las de prevención de enfermedades mágicas.

Finalmente en un cuarto apartado de todo el resto, con mesa, e instrumentos tales como pequeños cuchillos, cucharas de palo, medidores de cantidad, morteros grandes y pequeños, un horno de barro, organizadores en cajoncillos de muchas especias, hierbas secas, piedras preciosas y de almas y un ala particular para realizar círculos varios de poder, atañían a la sección de alquimia y poder pagano, este último mezclaba magia “divina” o “hereje”, cada una de ellas en común con la arcana para extraer maldiciones, enfermedades y envenenamientos mágicos, entre otros muchos males no convencionales.

Iriel, además de llevar la larguísima cabellera trenzada, vestía cómodos zapatos de algodón que forraban perfectamente sus pies y un hábito blanco, galas cuyas mangas y falda iban forradas en un tramado de brocados plateados con la intención de asegurar la pulcritud en el manejo de medicamentos, y si debía realizar operaciones complicadas, mantener todo lo más estéril posible; pero también era para diferenciarse de los sirvientes anónimos que había reclutado de un mercado entre planos, pues era dueña de ese comercio y podía disponer de los servicios de sus vendedores y alquimistas bajo excelentes pagas.

Cinco siervos, tres hombres y dos mujeres actuaban según lo ordenado y caminaban de allá para acá ataviados en trajes blancos, camisa y pantalones a la medida, transportando cajas con productos varios en un estricto silencio mientras la dama de las agudas orejas comenzó una meditación lenta, repitiendo las siguientes palabras en su idioma natal cada ciertos minutos, como un susurro que primero se alzó tímido y dulce, pero que después paulatinamente fue adquiriendo ecos encantados e imponentes, teniendo como fin extender un aura de su energía neutra en el cuarto principal de heridos, densificándose con el paso del tiempo y que así se propiciara la regeneración de las heridas de quienes se aproximasen, mas aún no lograba el efecto requerido. Tomaría algo más de tiempo. Como se trataba de una energía neutra, ésta no dañaría a seres oscuros.

- [i][c=#2D802D]Na coilerya en-vinyanta. Sí a hlare ómaquettar. Na coilerya en-vinyanta…~ [/c][/i]

Y así es que esperó el arribo de sus compañeros.
 
 
-Habrían pasado unas horas desde que había partido de aquella reunión, había dejado atrás a sus compañeros que iban de camino a la base de la organización, mantuvo el vuelo en todo momento, se bajó la capucha para así dejar ver su rostro, para ahorrarse el problema del viento en contra bajando esta a cada momento, sus alas batían con fuerza manteniendo la altura, las extendía para así planear y recorrer el cielo, mirando el paisaje nocturno que se asentaba sobre aquel bosque camino a las montañas, a lo lejos pudo divisar la base y poco a poco fue descendiendo, siendo más cauteloso a la hora de planear, finalmente llegó pasada aquella cueva oscura, donde detuvo aquel movimiento en linea recta que llevaba al agitar fuertemente sus alas para detenerse, luego las estiró hacia arriba para ir descendiendo lentamente a la entrada de aquel imponente templo oculto en el interior de aquella cueva en la montaña, cuando sus pies finalmente tocaron el suelo sus alas se desvanecieron, ocultándose así de la simple vista de quien pudiese observarle.-

[i]Vaya, quizá me he apresurado demasiado, en fin, buscaré a quien se encuentre dentro...[/i]


-Dijo sin más dejó mas abierta su capa, dejando así a la vista la figura que dentro de aquella siniestra capa se ocultaba, pantalones grises visibles hasta sus rodillas, vistiendo grebas de cuero reforzadas por metal, una camiseta negra ceñida a su cuerpo, tres gruesos cinturones rodeaban su cintura, sosteniendo en su espalda la funda de su gran espada Bellial oculta bajo la capa, su fino rostro pálido como una máscara perfecta de aquella espeluznante criatura que escondía debajo era perfectamente visible, sus ojos brillaban con aquel intenso color dorado, los cuales se posaban en los detalles de aquel templo erigido en tan inhóspito lugar, donde finalmente sin ninguna clase de temor o remordimiento accede, se dirige al ala norte donde estaba próximo al centro de este. Ahí pudo percibir una fuente de energía manifestándose, en un punto en concreto, donde por fin se topó con el recinto médico, observando detenidamente a la elfa que recitaba aquellas frases en su idioma con sus respectivos ayudantes, desconociendo totalmente cuanto tiempo estaba realizando dicho ritual de sanación se vio en la necesidad de interrumpir al abrir su boca y pronunciarse ante ellos.-

[i]Si no me equivoco esto es el ala medica. ¿No es así? debo informar que la reunión ha terminado, nadie por desgracia resulto herido así que deberían descansar, los demás estarán por venir y tal parece que todos los miembros nos reuniremos.[/i]

-Dicho aquello con una sonrisa, con una actitud bastante detestable, saludó a los presentes en dicha sala con una reverencia corta, inclinó su torso ligeramente y extendió su mano dibujando pequeños círculos en el aire, como si fuese un bufón irrespetuoso, posteriormente no dijo nada más y se retiró del lugar para así explorar lo que de ahora en adelante sería su nuevo hogar.-
 
 
Durante todas aquellas horas juntó en el lugar la energía suficiente como para estabilizar a los heridos de al menos diez batallones de humanos, y en aquella meditación, además pudo advertir las escasas otras presencias del lugar, cuyos rostros ella creía no conocer. Desde su llegada a la guarida transportada por Asura, se había enfocado de lleno a la tarea que le fue encomendada, por lo que no tuvo tiempo de explorar las otras secciones, y menos de reportarse ante los que hasta entonces habían sido los guardianes en las magnas instalaciones de LOS. Obedeciendo a esta sensibilidad es que percibió el acercamiento de una nueva presencia, y en aquel momento abrió los ojos cuya tonalidad ámbar, de profundidad cristalina que tenía talladas runas en luz, pudo apreciarse, mas el destello de éstas últimas fue desvaneciéndose lentamente conforme el hechizo dejaba de ser recitado… y la esencia de la elfa mermó hasta casi desaparecer del todo.

Cuando el hombre llegó a la habitación, se encontró con que la energía sanadora de Iriel aún vagaba en la habitación de manera densa y quizás algo sofocante pero gentil, y es que la situación lo ameritaba. Los sirvientes por un momento se detuvieron cautos el ver al ser oscuro, pero continuaron con su trabajo. Elenya se volteó para ver a Argosax, primero con los ojos rasgados y una sonrisa cordial, pero a medida que fue escuchando sus palabras el filo de sus facciones eternamente jóvenes fue adquiriendo mayor dulzura, hasta florecer en afabilidad. Y sólo bastó que la doncella alzase su mano diestra sutilmente para que los siervos se detuvieran, y en pleno silencio, se retiraran hacia el cuarto de alquimia.

- [i][c=#2D802D]Es un placer, maese. [/c][/i]–Se puso de pie El Lirio Blanco, manteniendo movimientos ligeros, girándose completamente en el eje hasta quedar varios metros lejos, frente a él.- [i][c=#2D802D]Bienaventurados habéis sido, ya que la guerra no se ha concretado ni la muerte ha querido danzar ni con vosotros, ni con vuestras posibles víctimas. Si desde el comienzo hemos sido tocados por la providencia, puedo decir con seguridad que la prosperidad de esta organización no podrá ser puesta en duda.[/c][/i]- Todo aquello lo dijo con una reverencia breve pero no por ello menos respetuosa, tomando el hábito con sus manos a la altura de la falda, levantándola escasos centímetros del suelo y con ello, evitando que la fina y pulcra tela blanca y plateada se manchase en la inclinación, aunque con la limpieza del suelo de mármol cuyo brillo se acercaba al que podría tener un cristal, no lo haría, por lo que se entendía era sólo un gesto más de protocolo.

– [i][c=#2D802D]Buscaré mis galas de corte si hemos de reunirnos, y en poco tiempo me dirigiré hacia donde pueda sentir vuestras presencias. Le agradezco el aviso, Lord. Ya habrá tiempo para presentarnos adecuadamente.[/c][/i]- Y se retiró así hacia la habitación donde se almacenaban las pociones, buscando la soledad para reabastecerse de magia y posteriormente prepararse para la reunión. Cuando ella salió, las olas de energía neutral aún invadían el sector principal de sanación y lo harían por algunas horas más.
 
 
*El día transcurría y luego de haber viajado durante varias horas, camino que se dedicó a recorrer, en una caminata que se adentraba por diferentes parajes, cada uno con sus respectivos paisajes, y diversidad de flora y fauna, en algún momento se habría desviado del camino que recorrían sus compañeros para abrirse paso por aquella senda verde montañosa, llegando a un paraíso dotado con gigantes y frondosos árboles, un lago que era la compañía de una cristalina cascada, mas su arribar a tal lugar solo era esporádico y de un corto lapso de tiempo, solo quería estar seguro que aquel pequeño paraíso seguía intacto, y luego de cerciorarse de que así fuera, continuo su camino, por una ruta distinta, que quizá alargaría un poco más su tiempo de viaje*

Rayos, a este paso seré el último en llegar, supongo que no tengo de otra…

*Exclamo mientras comenzaba a caminar lentamente, sin embargo su cuerpo comenzó a ser rodeado lentamente por aquella bruma negra, a manera sutil, y poco después su cuerpo comenzaba a desintegrarse lentamente de pies a cabeza en cientos de partículas oscuras que poco a poco se aislaban y perdían en diferentes corrientes eólicas que los elevarían a los cielos inicialmente, y acto seguido comenzarían a viajar en un mismo grupo como si se tratara de un grupo de aves que se encuentran en vuelo de emigración, de esta forma su viaje tomaría se acortaría y no pasaría más de unos 20 minutos de recorrido, adentrándose en lo profundo de las montañas, cuando entre aquellas se alcanzaba a ver ya cerca la monumental estructura rocosa, estratégicamente ubicada entre lo más profundo de una senda verde, lentamente aquella infinidad de partículas comenzaban a descender a lo que parecía un enorme puente de acceso, que poco a poco daban paso a la fisionomía de aquel serafín, quien no detenía su avanzar, si no que procedía caminando para ingresar a aquella guarida, su gabardina, aquella que esta ocasión llevaba puesta se ondeaba ligeramente de diestra a siniestra al igual que su cabello, producto de las corrientes que se faltaban por en medio de las aberturas que dejaban las montañas, su esencia comienza a desaparecer mientras caminaba, y una vez dentro de la estructura, se dirigía hacia aquella “Ala Medica”, en pos de saludar a la dama elfo*
 
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